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Conquista y colonización de las Indias

Fuente Wikipedia con retoques y elaboración propia

La historia de España a beneficio de inventario

España, a lo largo de cuatrocientos años, ejerció la más notable influencia [para bien y para mal] dentro de la colonización europea de América en cuanto a extensión, población y asimilación cultural.

Dentro de tomar la historia de España a beneficio de inventario, sólo procede quedarse, endosar y aceptar lo bueno que hicieron los españoles y los demás en las Indias, no lo malo, nada de lo malo, porque esto de tomar la historia de España a beneficio de inventario es una analogía, no es tomar el saldo positivo como en el derecho testamentario, si es que jurídicamente se aplica así. En la analogía hay semejanzas y diferencias a la vez. Aquí se aplica, aceptando sólo lo bueno y repudiando todo lo malo, como el que más lo repudie con buena intención y no con la mala, acusatoria y arrojadiza.

Hitos positivos de la colonización española de América, los únicos que cuentan:

Las universidades de San Marcos de Lima (1551), la Real y Pontificia Universidad de México (1551) y la de Santo Tomás de Aquino de Santo Domingo (1558). Y otras treinta, hasta un total de treintaytrés, por consiguiente, hasta el final de la época virreinal .

Véase Las Universidades Indianas (América), por Cecilia Díaz, profesora de la Pontificia Universidad Católica Argentina.

En este artículo se detalla que desde el siglo XVI, España crea en América una gran cantidad de Universidades. Treintaytrés hasta el final de la época virreinal, desde las ocho que se fundaron en el XVI y las doce que se fundaron en el XVII. [Aparte de Filipinas, que son las Indias también]. Mientras que en Estados Unidos se creó la Universidad de Harvard (Cambridge, Massachusets) en 1636; y las universidades más antiguas de Estados Unidos son las universidades coloniales (Colonial Colleges) es decir, las existentes en la época de las Trece Colonias bajo la Corona Británica:

Las nueve universidades coloniales en las Trece Colonias fueron:

Otras universidades de la época colonial en las Trece Colonias, pero sin que se las considera colonial colleges fueron:

Desde entonces el número de universidades ha crecido en los USA hasta las 4.599 de esta época.

Fuente: Wikipedia

  • Origen Religioso: Siete de estas nueve instituciones nacieron con el objetivo principal de formar ministros y clérigos religiosos para las diferentes corrientes protestantes coloniales.
  • Excepciones "Laicas": La Universidad de Pensilvania (fundada por Benjamin Franklin) y la Universidad de Brown fueron pioneras al establecer planes de estudio basados en las ciencias y las artes liberales, sin afiliación a dogmas religiosos específicos [manera masónica de decirlo].
  • La Ivy League: Siete de estas instituciones coloniales (con excepción de William & Mary y Rutgers) forman hoy parte de la prestigiosa conferencia deportiva y académica conocida como la Ivy League.
  • La distinción de "Universidad": Aunque Harvard es la más antigua, la Universidad de Pensilvania fue la primera en ser reconocida oficialmente con el título legal de "Universidad" en 1779, además de abrir la primera escuela de medicina del país estadounidense.
  • L

    a primera imprenta en el Nuevo Mundo fue fundada en la ciudad de México en 1538, un siglo antes que el invento apareciera en Anglo-América, en Cambridge, Massachusetts.

    Se denomina intercambio colombino (del inglés, Columbian Exchange) al proceso ocurrido entre los siglos XV y XVI en el cual se transfirieron productos agrícolas y otros alimentos del Viejo Mundo (EuropaÁfrica y Asia) al Nuevo Mundo (el continente americano) y viceversa a finales del siglo XV y en los siglos siguientes. Este proceso recibe su nombre de Cristóbal Colón y se relaciona con la colonización y el comercio mundial que siguió a su viaje de 1492. Algunos de los intercambios fueron intencionados; otros, accidentales. Las enfermedades contagiosas de origen en el Viejo Mundo provocaron una reducción de entre el 80 y el 95 por ciento en el número de miembros de los pueblos precolombinos de América a partir del siglo XV, siendo la zona más afectada la del Caribe. 

    Como se ha dicho más arriba, después de que Colón llegara a América, las diversas culturas africanas, europeas, y asiáticas, comenzaron a utilizar y consumir una gran cantidad de productos desarrollados por las culturas americanas. Los de más rápida y fácil explotación fueron los alimenticios como el maíz, la mandioca, el algodón, el maní (cacahuete), el ají, la piña o ananá, el aguacate, el tabaco, la vainilla, el tomate, la patata o el cacao y su derivado el xokolatl o chocolate. Unos de los más apreciados fueron los pimientos, en sus múltiples variedades, que proporcionaban unas ventajas parecidas a las de la pimienta.[13]

    Así mismo en las tierras americanas se comenzó a cultivar con gran éxito planta ya conocidas por los europeos, como el azúcar o el café (Rossignon, 1859, p. 93), y también de las nuevas tierras se llevaron al Viejo continente cultivos que florecieron bien, caso del tabaco (Rossignon, 1859, p. 250 y siguientes).

    Otros productos tardaron algo más de tiempo debido a distintos motivos. Así el caucho, obtenido del látex, debió esperar más hasta depurar el método de extracción, lo mismo que los nuevos tintes. El Palo de Brasil no era de origen americano, provenía de Ceilán y se le conocía desde la Edad Media, pero en Santo Domingo y Cuba se halló otra planta, la Caesalpinia Crista, similar a la original asiática, la Caesalpinia Brasiliensis (Ball, 2001, p. 132-133). El tinte obtenido de la especie americana no era tan bueno como el original, pese a ello terminaría dando nombre a la región descubierta por Álvarez Cabral. Los tintes eran muy apreciados en la Europa de aquellos siglo y llegaron a provocar enfrentamientos armados, como sucedió con el otro arbusto americano también muy demandado por los tintoreros, el palo Campeche. Esta planta, la Haematoxylum campechianum, era capaz de proporcionar diversos colores, pero necesitó de casi un siglo para lograr una producción regular, en 1580 ya se ordenó un suministro periódico de 3000 quintales métrico en palo o en pasta (Lucena Salmoral, 1982, p. 702). Otra planta útil para las tintorerías resultó el palo equa muy apreciado por su color negro. También necesitó tiempo el añil que terminaría desbancando en Europa al tinte de la India por ser más barato y de mejor calidad. El añil se descubrió en Nueva España en 1560, tres años después ya se cosechaba en Guatemala y Yukatán, en 1576 se cosechaba en Honduras y Campeche comenzando a desbancar por completo a tinte asiático hacia 1600 (Lucena Salmoral, 1982, p. 702).

    Otro aporte de gran importancia fue proporcionar suelo para cultivar especies muy demandas en Europa, como el azúcar. Los propietarios de plantaciones azucareras resultaron muy rentables y por esta razón el Caribe resultó mucho más interesante que todo el subcontinente norteamericano.[27] América no contaba con pimienta ni canela que conservaran y dieran buen sabor a los alimentos, sin embargo sí ofrecía pimientos con un efecto parecido. Además portugueses, españoles e italianos pronto descubrieron los grandes aportes nutricionales de tomates y patatas,[13] con lo que se pondrían las bases nutricionales para futuras explosiones demográficas.

    Una vez asegurada la conquista, los principales focos de interés fue el comercio de especias que hasta allí los había llevado, así como la explotación de otras riquezas como los metales preciosos, principalmente oro y plata, cuya acumulación haría posible el despegue de la sociedad industrial a partir del siglo XVIII.

     

    Las culturas de ambos hemisferios se vieron muy afectadas por la migración de personas (tanto libres como esclavizadas) del Viejo Mundo al Nuevo. Los esclavos africanos y los colonos europeos sustituyeron a las poblaciones precolombinas en toda América. Aunque es falsa la afirmación de que el número de esclavos africanos que llegaron al Nuevo Mundo fue mucho mayor que el número de europeos que llegaron al Nuevo Mundo en los tres primeros siglos después de Colón. Fue básicamente la población leonesa, gallega, extremeña, andaluza y castellana de la corona de Castilla la que nutrió la población de América, de modo que en 1825, el resultado fue que los países que entonces se independizaban de España tenían una población, no mayor que la de Los EE.UU, sino mucho mayor: en una proporción de 70 a 30:

    Desarrollo de los Estados americanos en 1825, según procedieran de la civilización española o de la colonización inglesa, donde se ven los datos de que la nueva Hispanoamérica separada de España más Brasil reunía casi el 70% de la población americana, porque los Estados que procedían de la civilización española, más Brasil sumaban en ese año 1825 más de 20 millones de habitantes, y los EE.UU más Canadá, 11

    La primera cátedra de quechua (1576),

    Los hospitales de Jesús (1524) o San Andrés (1552).

    Lo principal fue la evangelización de América, la introducción de la religión católica, promovida, desde Isabel La Católica y mandada a sus sucesores (Codicilo testamentario del 23.11.1504).

    La evangelización de América fue la predicación para la conversión al cristianismo y la educación en la fe cristiana que realizaron misioneros católicos, promovida y organizada por los reyes de España, mediante una concesión del Papa expresada en las

    bulas alejandrinas.

     

    Los temidos conquistadores españoles, empezando por Hernán Cortés trataban a los religiosos, poniéndose de rodillas ante ellos. Los religiosos fueron respetadísimos por los precolombinos, no sólo por esto, sino sobre todo, porque veían su modo de vida en el que iban los frailes  sin aquella multitud de mujeres, de tesoros y de ganas de tenerlos, que veían en los respetados y temidos conquistadores. Los precolombinos veían a los frailes como hombres totalmente libres y liberados de todas aquellas ambiciones, riquezas y pasiones esclavizantes y además los consideraban como propios, como sus frailes, no como españoles, sino como hombres de Dios.

    U
    n indio precolombino hablando con un fraile
    , como habían visto que los temidos conquistadores trataban con los frailes, poniéndose de rodillas ante ellos; empezando por el mismísimo Hernán Cortés

    En algunas ocasiones los religiosos católicos se relacionaron estrechamente con los pobladores nativos, involucrándose en sus problemas y solidarizándose ante los abusos que sufrían por parte de algunos conquistadores y encomenderos, trasmitiendo las injusticias a las autoridades de España.

    Nuestra Señora de Coromoto es la patrona de Venezuela, venerada por su aparición en 1652 al cacique de la tribu de los cospes. La pequeña imagen de la Virgen que quedó milagrosamente en las manos del cacique se conserva hoy en el Santuario Nacional de Guanare. Su festividad principal se celebra el 11 de septiembre, fecha en la que se conmemora tanto su aparición como su coronación canónica. Es un símbolo fundamental de fe, unión y protección espiritual para el pueblo venezolano tanto dentro como fuera de su país.

    El mestizaje

    A diferencia de colonizadores de otros países, que no admitían el mestizaje por considerar impuras otras razas que no fuesen la suya, en los virreinatos españoles se realizaron matrimonios mixtos a partir de 1514 bajo la cobertura legal de la Real Cédula de Fernando el Católico:

    Es nuestra voluntad que los indios e indias tengan, como deben, entera libertad para casarse con quien quisieren, así con indios como con naturales de estos nuestros reinos, o españoles nacidos en latí Indias, y que en esto no se les ponga impedimento. Y mandamos que ninguna orden nuestra que se hubiere dado o por Nos fuera dada pueda impedir ni impida el matrimonio entre los indios e indias con españoles o españolas. y que todos tengan entera libertad de casarse con quien quisieren, y nuestras audiencias procuren que así se guarde y cumpla.
    (Recogida en la Recopilación de Leyes de las Indias de 1680, Ley 2.º Tit. 1.º Libro VI). En 1556 Felipe II reiteró esta Real Cédula de su abuelo.

    Uno de los matrimonios más emblemáticos del siglo XVI lo protagonizaron Isabel Moctezuma (Tecuichpo Ixcazochtzin, antes de bautizarse, hija de Moctezuma II y última emperatriz de los aztecas) con el extremeño Juan Cano, con el que tuvo cinco hijos que iniciarían la genealogía de los duques de Miravista, título que perdura en la actualidad. El palacio de los Toledo-Moctezuma en Cáceres es hoy sede del Archivo Histórico Provincial y en su fachada se conserva el blasón de los Moctezuma. Una parte de los descendientes de ese matrimonio vive en España y, otros, en México.

    El historiador alemán Enrique Otte recoge en la página 61 de su libro Cartas Privadas de emigrantes a Indias: 1540-1616 (FCE 1993) una carta de un colonizador llamado Andrés García, fechada el 10 de febrero de 1571, dirigida a su sobrino Pedro Guiñón, en Colmenar Viejo, en la que le comunica su matrimonio con una indígena americana:

    Caséme en esta tierra con una mujer muy a mi voluntad. Y aunque allá os parezerá cosa reçia en aberme casado con hindia, acá no se pierde honrra ninguna, porque es una nación la de los hindios tenida en mucho.

    Se puede observar en la pintura de castas la variedad de combinaciones de mestizaje que convivieron en América durante la época virreinal y posterior. El léxico de castas testimonia también la rigidez de este sistema. Hoy en día, gracias al mestizaje, la población de los países hispanoamericanos comparte antepasados indígenas, europeos y africanos, en diversos grados.

    Aparte de los matrimonios hubo, sobre todo, uniones sexuales extramatrimoniales con mujeres indígenas. Esto se debió también a que las mujeres castellanas siempre fueron escasas en América. El ejemplo clásico es el de la Malinche, amante de Hernán Cortés, con quien incluso tuvo un hijo, Martín Cortés (al que reconoció en 1529 mediante bula papal de Clemente VII), que no hay que confundir con su hijo legítimo del mismo nombre. Pero el mestizaje extramatrimonial tuvo otras expresiones  ilícitas e ilegales. La poligamia, existente en los pueblos precolombinos, fue prohibida por ser contraria a la doctrina católica y a las leyes y costumbres, que eran católicas. No hay estadísticas fiables sobre la proporción de matrimonios mestizos frente a las fórmulas ilícitas e ilegales de mezcla de españoles y amerindios durante la colonización española de América, pero ahí están sus descendientes: en algunos conjuntos de países, entre indios y mestizos, son el 95% de la población actual.

    Se puede observar en la pintura de castas la variedad de combinaciones de mestizaje que convivieron en América durante la época virreinal y posterior. El léxico de castas testimonia también la rigidez de este sistema. Hoy en día, gracias al mestizaje, la población de los países hispanoamericanos comparte antepasados indígenas, europeos y africanos, en diversos grados.

    A continuación, los principales intereses fueron la agricultura, la vertebración del territorio, las exploraciones (descubrimientos), entre los que destaca la primera circunnavegación del mundo, la expedición Magallanes-Elcano de 1519 a 1522.

    La minería, y el comercio, fuertemente burocratizado desde la Casa de Contratación de Sevilla.

    La introducción del idioma español, la legislación, el orden social y la administración española, especies animales (perros, bueyes, caballos, gallinas, ovejas, conejos, burros o cerdos), cultivos (cebada, trigo, olivo, vid, algodón, caña de azúcar, arroz o café), y técnicas de construcción naval (astilleros), civil (puertos y caminos), militar (fortificaciones) o eclesiástica (órdenes seglares o seculares). Entre los cultivos que se explotaron en América se encontraban la goma, el tabaco, el palo de campeche y la vainilla.

    En el sector de la minería destacó sobre todo la plata; también el oro y las esmeraldas. 17.000 toneladas de plata y unas 200 toneladas de oro arribaron a España hasta mediados del siglo XVII.

    Después de 1492, la conquista y colonización española pretendía integrar a las poblaciones americanas precolombinas en la Cristiandad y en la Hispanidad. Y consiguió un verdadero trasplante de civilización. Realizado incluso por los que tenían intereses  privados de enriquecerse, hacerse famosos, conseguir la gloria, adueñarse de riquezas, utilizar mujeres para su placer, fueran consentidoras o no (que está claro que es peor, y también está claro que no justifica lo que no llega a tanta maldad, Mientras que otros intentos pretendieron constituir factorías comerciales. Y hubo casos mixtos. Aunque no interesa, si otros lo hicieron peor.

    También hubo abusos. Los cometieron los que allí fueron, no los que no fueron. La pretensión de algunos hoy de constituirse en acusadores de la nación descubridora y colonizadora, o de su sucesora actual, o de los actuales pobladores de países colonizadores, descendientes de los que no fueron a las Indias, ¿no contiene contradicciones internas, como ser ellos descendientes y continuadores de los que allí fueron a conquistar y a beneficiarse, y al final desmembrar aquel imperio para enriquecerse aún más con ello y hablar ellos en nombre de los indios colonizados, o incluso de los de la época de la independencia, que en realidad se opusieron a ella o no la apoyaron, no es hacer el indio? Y exigirles que los culpabilizados les pidan perdón a ellos, ¿no es ocupar de hecho el lugar de Dios, además sobre la base del ateísmo? Y exigir la propiedad de la tierra como sucesores de los indios precolombinos, ¿no es, además de hacer el indio, pretender que los primeros que llegan tienen ya el derecho de propiedad, total, completo, absoluto y perpetuamente hereditario? Y como toda contradicción interna, ¿no es exhibir una directriz fija, que es beneficiarse ellos, primero como conquistadores, después como encomenderos, después como libertadores, que sustituyeron los virreinatos, por sus caudillatos, para ser al final, como miembros de la oligarquía, el proletariado interno de las potencias neocolonizadoras liberales o comunistas.

    En las bulas alejandrinas de 1493 se dice que se concede el dominio sobre tierras descubiertas y por descubrir en las islas y tierra firme del Mar Océano, por ser tierras de infieles en las que el Papa, como vicario de Cristo en la Tierra, tiene potestad para hacerlo [pero en realidad no es así, el Papa no tiene potestad para ello, aunque fuese una creencia extendida]. La concesión se hace con sus señoríos, ciudades, castillos, lugares y villas y con todos sus derechos y jurisdicciones para que los Reyes Católicos tuviesen tal dominio "como señores con plena, libre y absoluta potestad, autoridad y jurisdicción", sin más condición que la de no perjudicar a otro príncipe cristiano que pudiera tener un derecho reconocido en ellos; y se excluye a toda otra persona de cualquier dignidad, estado, grado, orden o condición, incluso imperial o real, en el comercio o en cualquier otra cosa, sin licencia expresa de los Reyes Católicos. Las bulas, por tanto, decretaban la excomunión para todos aquellos que osasen viajar a las Indias por el Oeste sin autorización de los reyes de Castilla. La contrapartida de la presunta donación es la obligación que impone el Papa a los reyes de Castilla y León de evangelizar las tierras supuestamente concedidas.

    Las bulas de Alejandro VI de 1493 no daban realmente ningún derecho de posesión y mucho menos de conquista. El Requerimiento de las Leyes de Burgos de 1512 pretendió inaceptablemente justificar la guerras de conquista en la negativa a aceptar la sumisión a la Iglesia y a la Corona de Castilla y León. La evangelización era un derecho de los habitantes precolombinos de las Indias, del que se derivababa la obligación de los colonizadores de evangelizarlos y civilizarlos.

    Afortunadamente no queda ninguna posesión en manos de España, aunque aún fue peor lo que hicieron para independizar aquellos territorios y posteriormente los sucesores de los que cometieron antes abusos en la conquista y colonización. Las riquezas, victorias y recompensas que consiguieron los conquistadores deben dejar y dejan indiferentes a los descendientes de los que no fueron a las Indias, y si derivan de abusos, llevan al repudio total.

    Los descubrimientos (exploraciones)

    El Reino de Castilla compitió con Portugal, pero empezando sus exploraciones del Atlántico con retraso respecto a los lusos: hasta finales del siglo XV los exploradores castellanos no entrarían en competencia directa con sus vecinos peninsulares aunque su presencia comercial y pirática era activa en las aguas atlánticas. El primer enfrentamiento fue por las islas Canarias, que fueron confirmadas como posesión castellana en el Tratado de Alcáçovas e incorporadas en su totalidad tras largas campañas contra los indígenas insulares entre 1478 y 1496.

    Por otro lado, los recursos castellanos estaban dedicados al esfuerzo bélico contra el reino de Granada en la península ibérica. Una vez terminada la Reconquista y recuperada la población de los estragos debidos a la peste negra, los Reyes Católicos pudieron dedicarse a la financiación de nuevas exploraciones y rutas comerciales ultramarinas.

    El descubrimiento de América

    En 1492, los monarcas deciden financiar la expedición de Cristóbal Colón con la esperanza de encontrar una ruta que llegase a las Indias, navegando hacia el Oeste, buscando una alternativa a la ruta de las especias y cumpliendo con el Tratado de Alcaçovas, que reservaba a Portugal el camino por el sur de África.

    En rigor, el continente americano había sido descubierto por culturas asiáticas, varios milenios antes de la llegada de Colón, pero hasta ese momento, su existencia había permanecido desconocida por la mayor parte de las culturas asentadas en Europa, África y Asia. Conocido el nuevo camino al este del continente asiático, denominado por algunas etnias europeas como «las Indias». La delimitación de las áreas de influencia de España y Portugal pasó a ser un asunto comprometido que acabó resolviéndose diplomáticamente con la firma de un nuevo tratado en Tordesillas, de 1494. Dicho tratado fijó el límite entre las dos potencias ibéricas tras las demandas de Portugal por mover la línea hacia el oeste de un meridiano que pasaba 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Los portugueses se otorgaron todo el territorio no europeo que se encontraba al este de dicho meridiano. Esto ponía en sus manos África, Asia y la parte oriental de Sudamérica, el extremo de Brasil. Los españoles se adjudicaron los territorios que pudieran descubrirse al occidente del mismo –tierras prácticamente desconocidas hasta ese momento– principalmente la zona occidental del continente americano así como algunas islas del océano Pacífico.

    Al principio, Colón y otros exploradores españoles quedaron decepcionados por el resultado económico de sus exploraciones. A diferencia de África o Asia, los habitantes de las islas del Caribe no poseían especias ni seda, ni tenían bienes que los españoles consideraran de valor, aunque sí poseían gran cantidad de productos agrícolas desconocidos por el mal llamado Viejo Mundo, como el maíz, la mandioca, el algodón, el maní (cacahuete), los pimientos, la piña, la patata y el tabaco. Tiempo después, al explorar más el continente, los europeos fueron hallando nuevos productos y comenzaron a percatarse del valor comercial de los mismos en los mercados de Europa, para competir con los bienes que portugueses e italianos llevaban desde Asia y África. A los productos ya mencionados se sumaron nuevas especias como la vainilla, el tomate, el cacao y su derivado el xokolatl o chocolate, la llamada pimienta de Jamaica, o la cochinilla, fuente de un apreciado tinte.[l]

    Ya en 1496, Bartolomé Colón funda Santo Domingo, conocida por ser el lugar del primer asentamiento europeo en América y por ser la primera sede del gobierno colonial español en el Nuevo Mundo.[28] Pero en aquel momento no se conocía la existencia del continente, al otro lado del golfo de México, ni del tamaño real del océano más grande de la Tierra.

    En el interior de América los españoles encontraron dos grandes imperios, el azteca y el inca que eran tan extensos y poblados como cualquier reino de Europa. Su conquista se vio facilitada por las alianzas que los conquistadores españoles establecieron con los pueblos sojuzgados por dichos imperios y por la catástrofe demográfica que sufrieron provocada por las enfermedades llevadas inconscientemente por los europeos, especialmente la viruela. En otros casos, la resistencia de las culturas indígenas fue tan tenaz, que su conquista por parte de los europeos exigió largas guerras, terminando siendo conquistados siglos más tarde. Existe algunas excepciones de pueblos originarios que resistieron la colonización Europea hasta bien avanzado el siglo XIX (cuando España ya no poseía dominios en la América continental), tal caso es el pueblo mapuche, quien terminó entrando en conflicto con los criollos.

    La vuelta al mundo. Fernando de Magallanes. Juan Sebastián Elcano

    De todos modos, como las especias más apreciadas en Europa no aparecían en el nuevo continente, la Corona española siguió con sus miras puestas en las Indias orientales. Por ello, en 1519, año en que Hernán Cortés desembarcaba en México, financió la expedición del marino portugués Fernando de Magallanes. El objetivo del viaje era encontrar las Islas de las Especias (las Molucas, Indonesia) navegando hacia poniente para comerciar con ellas en beneficio de Castilla, dado que por el Tratado de Tordesillas correspondían a su zona de influencia. Magallanes había intentado antes que la expedición la financiase Portugal pues había participado en la colonización de la India y Malaca,[n] pero respetuosos los portugueses del Tratado, se negaron a ello y también a incrementarle el sueldo. Decepcionado, se retira, pero permanece en suelo patrio durante un año y traba amistad con un personaje que será importante en su futuro: Rui Faleiro.

     

    Encontrar las Islas de las Especias (las Molucas) en el archipiélago indonesio, entre Nueva Guinea y Célebes, navegando hacia poniente

    fue el objetivo de la expedición.

    Desde tiempo atrás Magallanes se fue convenciendo de la existencia de un paso por poniente a las Molucas, cruzando el mar del Sur. El tal paso se había buscado con denuedo sin conseguirlo, pero Magallanes se mantuvo firme en su convicción de que no había una franja de tierra de Polo a Polo.[o] Con el apoyo de Faleiro[29] lo llevó a Sevilla el 20 de octubre de 1517 llega a Sevilla con la intención de ponerse al servicio de la Corona española con el fin de ser el primero que descubra el deseado paso. Carlos I el 22 de marzo de 1518 en la oportuna Capitulación. El rey Manuel de Portugal, que ha conquistado Malaca, ve peligrar el último y definitivo objetivo: las Molucas. Por lo que trataó de sabotear la expedición enviando a su embajador Álvaro de Costa. Pero ambos monarcas tienen mucho cuidado en salvar las apariencias; ay que, porque por aquellas fechas, Manuel I iba a casarse con Leonor de Austria, hermana del rey español, y Carlos I se mantuvo firma junto a Magallanes en la empresa de La Especiería.

     

    L

    a nao Victoria fue la única de la Armada de Magallanes que regresó a España.

    De acuerdo con las Capitulaciones la armada tendría dos capitanes generales, en pie de igualdad: Magallanes y Faleiro,[29] el astrónomo, quien se encargaría de la construcción de los instrumentos náuticos necesarios y, sobre todo, de la ya comentada espinosa cuestión de la longitud; pero, sin estar claro el porqué, Faleiro es apartado de la expedición,[p] y sustituido por Andrés de San Martín, que se siguió las indicaciones de aquel para determinar la posición en alta mar, con resultados satisfactorios para la época; pero Magallanes queda como el capitán general. Sin embargo, al frente de la mayor de las naves, San Antonio, se pone a Juan de Cartagena, primo del obispo de Burgos, quien recibe además cédula de Veedor General y conjuncta persona —«adjunto»— del portugués, con el encargo de velar por la buena marcha general de la expedición y de cuidar que no haya negligencias, tareas de límites ambiguos e imprecisos. Decisión un tanto política, resulta envenenada, pues ambos hombres se enfrentarían con consecuencias muy graves.

    Se aparejó una flota de cinco naos[q] con una tripulación de 265 hombres: Trinidad —la capitana—, San AntonioConcepciónVictoria y Santiago. Desplazaban entre 144 toneladas —San Antonio— y 90 toneladas —Santiago—. Se dotaron adecuadamente con armas, útiles diversos, mercaderías para trueques, y bastimentos abundantes: bizcocho, vino, vinagre, pescado seco, tocino, habas, garbanzos, lentejas, harina, ajos, quesos, miel, almendras, anchoas, sardinas, pasas, ciruelas, higos, azúcar, membrillo, mostaza, alcaparras, arroz. Incluso se embarcaron seis vacas[30] para disponer de leche fresca, y como reserva de carne. El costo total[30] de la Armada de Magallanes ascendió a 8 751 125 maravedíes y partió el martes 20 de septiembre de 1519. Seis días después arribaron a Tenerife para abastecerse de agua, carne y leña. Por último, el 3 de octubre, fecha en que zarpan a medianoche en dirección sur hacia las costas africanas de Sierra Leona en lugar Brasil, una decisión extraña.[r] Lo que incomodó a Cartagena. Aparentemente, el incidente no tiene consecuencias, pero después de catorce días sin vientos favorables el descontento de Cartagena fue a más y niegó el saludo protocolario al capitán general,[s] un acto inamistoso que terminaría con la destitución y arresto de Cartagena. Luis de Mendoza se ofreció a responsabilizarse del capitán destituido, para evitar que un hidalgo español fuera al calabozo, a lo que Magallanes accede. Antonio de Coca fue nombrado capitán del San Antonio. Este grave incidente va a tener peores consecuencias más adelante.

    Tras cruzar el Atlántico tocan tierras brasileñas en el cabo de San Agustín,[t] a 23 grados y medio de latitud sur, donde se proveen de carnes, fruta, patatas.[u] Pasados los 34 grados creen haber llegado al paso y se internan durante quince días para realizar el primer descubrimiento de importancia: Río de la Plata.[v] El 24 de febrero avistaron el golfo de San Matías,[w] más allá de los 40 grados, pero tampoco lograron localizar ningún paso hacia el oeste. El 31 de marzo de 1520, festividad de San Julián, fondearon en al que llamarán Puerto San Julián,[31] a 49 grados de latitud sur y Magallanes decidió invernar debido al tiempo.[x]

     

    La primera vuelta al mundo. Por vez primera se accede a Oriente navegando hacia Poniente.

    Los capitanes se quejaban del silencio de Magallanes: «Ni tomaba consejo de sus oficiales ni les daba la derrota que habían de seguir».[30] Y por si fuera poco se ordenó un racionamiento más estricto de los víveres. Tanto es así que el 1 de abril de 1520, Domingo de Ramos, se celebre la primera misa en tierras argentinas y tras ella la situación se volvió tan insostenible que Magallanes sustituye a Coca por su primo Álvaro de Mesquita como comandante del San Antonio, la mayor de las naves, que no podía arriesgarse a perder. Pero esa noche Quesada, Coca y Cartagena abordan la San Antonio, reducen a Mesquita y acuchillan a Juan de Elorriaga, el Maestre. Sin pérdida de tiempo los tripulantes portugueses fueron presos. Convidaron a comida y vino a quienes no se opusieron. Los amotinados pudieron regresar a sus naves, dejando la San Antonio al mando de Juan Sebastián Elcano.[y] En la Trinidad no se sospecha nada, hasta la mañana siguiente en que Magallanes cayó en la cuenta de que haber perdido tres navíos: ConcepciónVictoria y San Antonio; pero los amotinados debían estar indecisos por no haber formulado exigencias y Magallanes decisió enviar un boto señuelo con Gonzalo Gómez de Espinosa, alguacil del Trinidad, con una carta para Luis de Mendoza, y otro con sesenta hombres al mando de Duarte Barbosa que recuperaron la Victoria. Sofocado el motín, Magallanes envió el Santiago, mandadó por Joan Serrano,[32] hacia el sur para explorar. La nave llegó a la desembocadura del río Santa Cruz; pero una tempestad hundió la nave.

    El 24 de agosto zarparon las cuatro naves restantes, pero dos días después debieron volver a fondear para esperar la llegada del verano. aguardando la llegada del verano. Por fin el 18 de octubre levaron anclas hacia el Sur. Tres días después, festividad de Santa Úrsula y las Once mil Vírgenes, comenzaron a realizar uno de los descubrimientos de la expedición cuando llegaron a un cabo, posteriormente llamado Cabo Vírgenes, y una bahía de aguas oscuras, encajonada entre riscos y montañas coronadas de hielo, aparentemente sin salida. Sin embargo, siguiendo la rutina de tantas otras ocasiones, Magallanes dispuso que la San Antonio y la Concepción se internen cuanto puedan, mientras el Trinidad y Victoria exploran el exterior. Esteban Gómez, capitán de la San Antonio, se insubordinó regresó a España en secreto con la mayoría de los víveres.Por fortuna la Concepción informó que las aguas son saladas y con mareas. No se trata de otro río. El día de Todos los Santos las tres naves se internaron en aquellas aguas.[z] El curso es enrevesado con multitud de ramales y el avance es lento y peligroso, pero llegaron a la desembocadura de un río que llaman Río de las Sardinas, desde donde se adelanta un bote que tres días después retornó con la noticia de haber avistado el mar, localizando el estrecho de Magallanes, el ansiado paso hacia el Mar del Sur.

    La expedición no solamente consiguió su objetivo, al encontrar un paso por el sur de América y una ruta por el océano Pacífico, que supuso el hallazgo de islas Filipinas para los europeos, sino que acabó siendo la primera expedición que, a su regreso, tres años más tarde y al mando de Juan Sebastián Elcano, había circunnavegado el globo.

    El descenso del río Amazonas.Francisco de Orellana

    El descubrimiento del río más largo y caudaloso de la Tierra no se debió a un intento preconcebido, sino a un cúmulo de acontecimientos. Parte de dicho curso fluvial ya se conocía, pues Vicente Yáñez Pinzón había explorado la desembocadura de Río en 1500, pero el interior continuaba siendo una incógnita. Fue cuarenta años más tarde Francisco Pizarro ordenó a su hermano Gonzalo hacerse cargo de la provincia del norte, llamada gobernación de Quito, en la que algunas leyendas auguraban cubierta de canela e incluso cuna de El Dorado, e incluso un futuro virreinato era lo bastante grandes.[19]

     

    El 1 de diciembre de 1540 Gonzalo Pizarro realizó un primer intento partiendo de Cuzco con cien hombres a pie y otros tantos a caballo, pero un número así de reducido hizo fracasar el intento. Por ese motivo aceptó de muy buen grado el apoyo de su primo Francisco de Orellana para una segunda tentativa. Este volvió a Guayaquil para reclutar efectivos, porteadores y animales como llamas y cerdos, mientras Gonzalo hacía lo propio en Cuzco (Gheerbrant, 1990, p. 16). La comitiva reunida por Gonzalo Pizarro era la más grande vista en esas tierras. Constaba de 340 hidalgos, 200 de ellos a caballo, 2000 perros entrenados para la lucha, 4000 porteadores indios, 2000 llamas cargadas y 2000 cerdos. Por su parte Orellana reunió 21 hombres y séquito, por lo que pudo avanzar más ligero, pese a ello había perdido todos los caballos y pertrechos cuando se unió con Gonzalo (Gheerbrant, 1990, p. 16 y 17). Todos juntos emprendieron la marcha; pero, tras recorrer treinta leguas, unos 200 km, la expedición estaba extenuada y al llegar a lo que consideraban su destino descubrió que no había nada de lo esperado.[33] Debido a lo duro de la ruta seguida, los españoles trataron de hallar otro camino siguiendo un río poblado por nativos pacíficos que después sería conocido como río Coca. Por él llegaron al río Napo, en el cual decidieron comenzar la construcción de un bergantín para transportar los pertrechos y los enfermos hasta llegar a un poblado abastecido de víveres. Pero dicho poblado no apareció cuando habían consumido ya la mayor parte de los suministros; por lo que Orellana propuso adelantarse con setenta hombres por el agua con algunas embarcaciones para no desplazar a toda la expedición. Según relató el dominico Gaspar de Carvajal la fuerza de la corriente les impidió volver atrás e informar al grueso del grupo, llegaron a recorrer 25 leguas por día, es decir, más de 200 kilómetros. Por su parte, Gonzalo Pizarro agotó su paciencia y decidió regresar a Quito por tierra.[ab]

    Tras una semana de descenso y unos 1200 kilómetros recorridos, los hombres de Orellana estaban extenuados y hambrientos, pero gracias a un manto púrpura logran suministros para pasar un mes construyendo el barco que les debía llevar a Perú por ese río que creían un estuario del océano Pacífico. Antes de salir, Orellana trató de avisar a Gonzalo Pizarro sobre sus intenciones, pero no se presentaron voluntarios suficientes, por lo que consultó con sus hombres y fue nombrado jefe de la expedición.

     

    El llamado «el infierno verde»
    del Amazonas
    resultó muy duro para los españoles
    .

    El 11 de febrero de 1541 los hombres de Orellana dejaron atrás el futuro Napo y otros afluentes como el río Negro para navegar por el Amazonas. Quince días después encontraron un poblado donde pudieron abastecerse y construir otro barco. A partir de allí pocas aldeas les prestaran apoyo por lo que los detalles suministrados por el cronista Gaspar de Carvajal no se han considerado muy rigurosos. El 5 de junio de 1542 el dominico apunta que llegaron a un asentamiento en cuya plaza encontraron dos leones y hablaron con un indígena que les aseguró ser tributario de las Amazonas (De Carvajal, 1944, p. 36 y 37). Los días 24 y 25, según el cronista de la expedición, efectivamente divisaron un poblado habitado solo por mujeres que los atacaron, pero pudieron repelerlas con ballestas y disparos de arcabuces con pocas consecuencias, aunque De Carvajal (1944, p. 37) resultó herido en un ojo.

    Siempre han existido dudas sobre la veracidad del diario escrito por el religioso (Gheerbrant, 1990, p. 26 y 27). Así, durante la Ilustración, se dieron explicaciones a esos detalles extraños, en especial de aquel que cambió el nombre del Río por el de Amazonas (Gheerbrant, 1990, p. 56 y siguientes),[ac] una posible explicación afirma que los españoles coincidieron en un momento en que los hombres habían salido fuera del poblado por alguna razón (Gheerbrant, 1990, p. 56 y siguientes).

    Al pasar por la desembocadura del río Xingó, la selva fue dejando paso a la sabana, pero los ataques de los nativos continuaron.[ad] Pero los españoles ya notaban la marea penetrando en el Río, por lo que la desembocadura debía estar cerca. Finalmente, los hombres de Orellana llegaron al estuario a mediados de julio de 1542. Pese a todo, los expedicionarios aún tuvieron que repelar nuevos ataques, en esta ocasión de los caribes[ae] y reparar una de las embarcaciones, (Gheerbrant, 1990, p. 19 y 20) por lo que no fue hasta el 26 de agosto de 1542 cuando la expedición divisó el océano Atlántico.[35]

    Exploración de América del Norte

    Juan Ponce de León dio nombre a La Florida en 1513, cuando la tomó en nombre de la corona de España. Hasta 1563 los españoles enviaron varias expediciones para explorarla, pero sin llegar a levantar ninguna fortificación estable. Sin embargo, la presencia en 1564 de un nutrido contingente de hugonotes franceses, que alzaron un fuerte en la desembocadura del río San Juan, supuso una seria amenaza que llevó a España a la decisión de establecer una presencia militar permanente en el área. El 28 de agosto de 1565, Pedro Menéndez de Avilés funda la ciudad de San Agustín. Es el asentamiento europeo más antiguo ocupado hoy en EE. UU. Solo San Juan (Puerto Rico) la supera como ciudad más antigua de "los Estados Unidos".

    La conquista de México

    Los españoles continuaron explorando el Nuevo Mundo, y en 1517, Francisco Hernández de Córdoba llegó a la costa de Yucatán. Después de dos enfrentamientos con los mayas, Hernández de Córdoba fue herido y pereció a su regreso a Cuba.

    En 1518 Juan de Grijalva llegó a Campeche y Tabasco. En este último lugar se entrevistó con el cacique o gobernador maya Tabscoob y escuchó acerca de una ciudad poderosa, capital del imperio más grande de Mesoamérica, la Gran Tenochtitlan, culminando su viaje en Veracruz. En 1519, bajo la designación de Diego Velázquez de Cuéllar, gobernador de Cuba (llamada entonces Fernandina, en honor al rey de Aragón), Hernán Cortés zarpó y llegó a territorios recién descubiertos en febrero. En marzo arribó a Tabasco en donde derrotó a los indígenas en la batalla de Centla, fundando la villa de Santa María de la Victoria que sería la primera población española en la Nueva España. Es aquí donde le es obsequiada Malintzin, que sería su gran traductora y pieza clave en la conquista. Continuó su viaje y fundó La Villa Rica de la Veracruz en territorio azteca, primera villa europea institucionalizada en el Nuevo Mundo. El 8 de noviembre de 1519, Cortés llegó a México-Tenochtitlan.[36]

    Expedición de Coronado.

    La conquista del Colorado
     

    En el año 1540 la región sur de los actuales Estados Unidos fue explorada por la expedición de Francisco Vázquez de Coronado llegando a visitar el Gran Cañón. El primer europeo que contempló el Gran Cañón del Colorado fue García López de Cárdenas,[37] que al mando de un puñado de hombres partió desde la población indígena que los españoles llamaron Quivira, pueblo habitado por los indios Zuñi y supuestamente una de las siete ciudades de oro del reino de Cíbola, pueblo del cual actualmente se ignora su ubicación ya que los historiadores difieren sobre ello; algunos ubican Quivira en Nuevo México, en tanto otros piensan que estaba en Kansas. No se debe confundirla con una población ubicada en Nuevo México que expedicionarios españoles llamaron, alrededor del año 1600, Pueblo de las Humanas y posteriormente fue conocida como Gran Quivira.

    En Quivira se encontraba parte de la expedición comandada por Vázquez de Coronado con treinta hombres, y se comisionó a García López de Cárdenas junto con un puñado de hombres para encontrar un río del cual los indios Hopi les habían hablado, para lo cual se le concedieron 80 días para que fuera y regresara.

    Después de 20 días de viaje exploratorio encontraron el Gran Cañón del Colorado; sin embargo, no pudieron bajar hasta el río para abastecerse de agua, y después de varios intentos para descender empezaron a tener problemas de agua para beber, por lo cual decidieron regresar.

    Días después sería Fernando de Alarcón (quien participaba en el viaje de exploración pero por vía marítima) el primer europeo en tocar y navegar las aguas del río Colorado, pero a cientos de kilómetros del Gran Cañón. Quien descubrió el río Colorado fue Francisco de Ulloa el 28 de septiembre de 1539, tomando posesión de la desembocadura del río (la nombró Ancón de San Andrés), en beneficio de la Corona Española, sin navegar aguas arriba como lo hizo Fernando de Alarcón.

    Los países no ibéricos no reconocieron el Tratado de Tordesillas. Los Países Bajos, contaban con una tradición marinera (tras su independencia de los Austria), Francia, e Inglaterra y –pese a las prevenciones ibéricas– las nuevas técnicas y los nuevos mapas acabaron llegando al norte.

    La primera de estas expediciones fue la de Juan Caboto, un navegante italiano, que había navegado con los castellanos, financiado esta vez por Inglaterra llegó al golfo de Maine en mayo de 1497 (Cuthbertson, 1997, p. 39). Sería la primera de una serie de misiones francesas y británicas que exploraron América del Norte. En gran parte, España había ignorado la parte norte del continente americano ya que se había concentrado en ir expandiendo los conocimientos de continente de forma concéntrica. Los viajes de Caboto, Jacques Cartier y otros pretendían encontrar el Paso del Noroeste y, mediante él, tener acceso a las riquezas de Asia, no tuvieron éxito: jamás se descubrió dicho paso, pero las exploraciones revelaron otras posibilidades y a principios del siglo XVII empezaron a asentarse los primeros colonos del centro y el norte de Europa en la costa oriental de Norteamérica.

    Los países del norte no fueron rivales de los portugueses en África y en el océano Índico hasta el siglo XVII cuando los piratas franceses y después ingleses y neerlandeses crearon una cierta flota capaz de medirse con los lusitanos (zu Mondfeld, 1978, p. 169 y siguientes) y empezaron a competir con el monopolio portugués y español, atacando barcos, fundando fuertes y creando colonias propias. Poco a poco aumentó el comercio de los países nórdicos sin que por eso disminuyese el comercio oceánico de portugueses y españoles.

    Las demás naciones europeas no adquirirían su fuerza naval y terrestre hasta la llamada Era de los redescubrimientos. Así rodear los dominios portugueses más valiosos (como con Hong Kong, frente a la colonia portuguesa de Macao). También les tomaron la delantera en la exploración de las últimas regiones desconocidas del Océano Pacífico y de la costa este de América del Norte, que eran parte de la «zona española» del reparto del Tordesillas. Exploradores neerlandeses como Willem Jansz y Abel Tasman exploraron las costas de Australia, mientras que en el siglo XVIII fue el marino británico James Cook quien cartografió gran parte de la Polinesia. También cabe destacar que en ese mismo siglo fue cuando el danés Vitus Bering exploró el estrecho que lleva su nombre.[38]

    Exploraciones británicas

     

    Las exploraciones inglesas fueron escasas y generalmente trágicas.

    En palabras de Michael Alpert Inglaterra «había jugado un papel secundario» en las exploraciones y descubrimientos. Según el mismo autor, Inglaterra tenía un gran problema con el creciente poder español en el continente y con la pacificación de su primera colonia, Irlanda también católica y por tanto primitiva para los ingleses (Alpert, 2007, p. 50-52). Estos dos focos de atención acapararon la mayor parte de los recursos disponibles por la Corona, quien realizó muy pocas misiones por el Atlántico hasta lograr algunas décadas de paz en el siglo XVII, por lo tanto, cuando la Era de los descubrimientos tocaba a su fin.

    Uno de los pocos exploradores ingleses de aquella época fue Martin Frobisher quien realizó una ruta por el Ártico en busca de un paso para fondear en Asia. De aquella misión traería dos indígenas que fueron retratados después por John White (Alpert, 2007, p. 50). Pese a ello, los anglosajones británica enfatizan que dichos indígenas lo hicieron de forma voluntaria, muy al contrario que Jacques Cartier(Cartier, Biggar y Cook, 1993, p. 35).

    En 1584 expidió una patente de colonización y exploración a Walter Raleigh y poco después este tomó posesión de un territorio en América del Norte al que llamó Virginia, en honor de la reina Isabel I que por permanecer soltera era una reina virgen. Al año siguiente 108 ingleses desembarcaron en Roanoke para fundar una colonia, pero la dureza de la vida obligó a regresar a los supervivientes. Dos años después, en 1587, John White volvió a intentarlo con 117 colonos en la Colonia de Roanoke y alumbró el primer nacimiento de una colona: Virginia Dare, su nieta. John regresó a Inglaterra para recaudar fondos y cuando logró volver en 1590 toda la colonia había desaparecido, incluida su hija y nieta (Alpert, 2007, p. 51).

    Un final similar cosechó Henry Hudson (1565-1611), que exploró un río y una bahía que actualmente llevan su nombre.[39] Así mismo en 1611 planificó una ruta para profundizar en los descubrimientos de Frobisher por el cabo Norte, el mar Blanco y el océano Ártico (Butts, 2009, p. 62). Su muerte, cuando él quizá contaba 37 años, trucó una posible carrera como explorador y su viaje final ha quedado como una gesta casi mítica en obras como la del pintor John Collier o el escritor Edward Butts (2009, p. 11-12).

    Exploraciones francesas

    Quizá el más grande explorador francés fue Jacques Cartier. Este oriundo de Saint-Malo había tenido noticias de los descubrimientos españoles y de las riquezas que comenzaban a descubrirse. Francisco I de Francia no reconocía el Tratado de Tordesillas y encargó a Cartier tomar posesión de las nuevas tierras que pudiese descubrir. Cartier era un veterano marino que había estado ya en Carolina del Norte, bajo el mando del italiano Giovanni da Verrazzano (Cartier, Biggar y Cook, 1993, p. IX).

     

    Jacques Cartier fue el descubridor de río San Lorenzo

    El 20 de abril de 1534 Cartier partió de Saint Malo con dos naves y 65 hombres para realizar una primera exploración de las tierras en América del Norte en nombre del rey de Francia Francisco I (Cartier, Biggar y Cook, 1993, p. 35). En veinte días cruzó el océano avistando las costas del actual Labrador y Terranova. Al contrario de lo que había encontrado Francisco de Orellana en el Amazonas, los indios Micmac y los iroqueses no se mostraron hostiles a los europeos y pudieron intercambiar pieles por joyas y otros objetos, como podemos leer en la propia obra del navegante francés (Cartier, Biggar y Cook, 1993). Ante lo afable de los indígenas Cartier desembarca en la península de Gaspesia, frente a la desembocadura del futuro río San Lorenzo, y la reclama para Francia.

    En esa primera incursión se produjo un hecho no exento de controversia. Durante una visita al jefe iroquese Donnacona, acuerda que dos de sus hijos viajaran con los recién llegados a Francia para conocer las costumbres francesas, ver las maravillas que ofrecía el mundo y servir en un futuro de intérpretes (Cartier, Biggar y Cook, 1993, p. XXXVIII). Esta es una de las versiones, la otra sostiene que Cartier secuestró a los muchachos llevándolos en su barco contra su voluntad (Washburn y Sturtevant, 1989, p. 20). Sea como fuere, la expedición prosigue su exploración hacia el norte, hasta la isla de Anticosti, pero los fuertes vientos hacían peligrosa la navegación por lo que Cartier decidió regresar a Francia, arribando a Saint Malo el 5 de septiembre de 1534. El viaje había durado unas 15 semanas.

    El soberano francés vio posible aumentar sus dominios en unas tierras que quizá pudiesen aportar grandes beneficios a la corona gala, posteriormente se comprobaría lo equivocado de esta esperanza, pero en aquel momento Francisco I ordenó prepara una escuadra compuesta por el Gran-de-Hermine, el Petitte-Hermine y el Emerillon (Appell y Ballester, 1968, p. 24). El 15 de mayo de 1535 Cartier volvió a zarpar con la nueva escuadra rumbo a la que llamaría Nueva Francia, más tarde la provincia canadiense de Quebec. En este segundo viaje su objetivo era penetrar en el nuevo continente por el río recién descubierto.

    Tanto la nueva singladura por el Atlántico, como la navegación por el San Lorenzo fueron duras y azarosas. Dentro del Río encontraron una isla con frutos parecidos a las uvas y la denominaron «isla de Baco». En dicho accidente geográfico Cartier decidió dejar las dos primeras naves, las más dañadas, y buena parte de la tripulación, para proseguir a continuación la exploración en el Emerillon con algunos hombres. El cauce de agua seguía siendo muy ancho, pero al dejar atrás una gran isla, la actual isla Orleans, los franceses contemplaron su progresivo estrechamiento y en una de sus orillas avistaron un poblado indio. En él mantuvieron el primer contacto con la tribu de los Stadacone, donde después se levantaría la ciudad de Quebec. Dicha tribu los informó de la presencia de un gran asentamiento indígena más adelante, sin embargo los nativos trataron de disuadir a Cartier de continuar adentrándose más. Pese a las advertencias y al temor de sus hombres, el francés decidió seguir adelante (Appell y Ballester, 1968, p. 24 y 25).

     

    La mañana del 2 de octubre de 1535 los hombres de Cartier doblaron otro meandro para contemplar un montículo y un gran poblado llamado Hochelegua. Los indios los recibieron amigablemente dentro de la que después sería la ciudad de Montreal (Appell y Ballester, 1968, p. 26). Así terminaría la primera parte de la exploración francesa del Canadá para comenzar su colonización.

    Un célebre explorador francés fue René Robert Cavelier de La Salle (1643-1687) el cual realizó incursiones en América del Norte, donde recorrió la región de los Grandes Lagos, después el río Misisipi, explorando los territorios situados entre la región de Quebec y la desembocadura del río Misisipi.[40]

    La primera circunnavegación francesa la llevó a cabo Louis Antoine de Bougainville (1729-1811), quien además exploró las islas MalvinasTahitíSamoa, las islas Salomón y las Nuevas Hébridas.[41]

    Otro importante marino francés fue Jean-François de La Pérouse (1741-1788). Jean-François intentó continuar los trabajos de Bougainville y Cook en el océano Pacífico. Exploró las Filipinas y Macao, y llegó al estrecho que lleva su nombre. Las últimas noticias suyas que llegaron a buen puerto procedieron de Nueva Holanda en 1788, y a partir de ahí desapareció sin dejar rastro. En 1826, se hallaron los restos de su expedición en Vanikovo, al norte de las Nuevas Hébridas.[42]

    Exploraciones neerlandesas

     

    El primer neerlandés que consiguió circunnavegar el mundo fue el pirata Oliverio van Noort (1558-1627).[43] En 1596, Willem Barents (1550-1597) llegó al archipiélago de Svalbard y dio nombre al mar de Barents.[44] En 1616, los marinos Willem Schouten y Jacob Le Maire llegaron al cabo de Hornos durante un viaje de exploración que realizaban a lo largo del Pacífico.[45]

    Abel Janszoon Tasman (1603-1659) fue un navegante que exploró a TasmaniaNueva Zelanda y los archipiélagos de Tonga y Fiyi.[46] Otro famoso explorador neerlandés, Jacob Roggeveen (1659-1729), arribó a la isla de Pascua y algunas islas del archipiélago de Samoa.[47]

     

    La colonización del sur de África por los Países Bajos siguió unos fines parecidos a los portugués, al necesitar bases de avituallamiento para sus singladuras hacia la India. Sin embargo, en este caso la colonización la llevó a cabo una empresa privada, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oost-Indische Compagnie o VOC). Esta empresa transportó a los primeros pobladores y organizó los primeros asentamientos.

    En 1652 un pequeño grupo de colonos dirigidos por Jan van Riebeeck desembarca en el Cabo de Buena Esperanza. La misión de los europeos era fundar un asentamiento para plantar hortalizas y elaborar vino, todos ellos productos de gran efectividad contra el escorbuto sufrido por las tripulaciones de la VOC camino de Asia. Dicha colonia se llamaría primero Colonia de El Cabo y después Ciudad del Cabo (Ross, 2006, p. 22).

    El clima mediterráneo que imperaba e impera en esa parte del continente era mucho más saludable comparado con el de otras zonas de África, por tanto las enfermedades causaban muchos menos estragos entre los colonos. Al mismo tiempo, el territorio permitía el cultivo de diversas hortalizas, de la vid o la crianza de ganado bovino y ovino, además existían manadas de antílopes y otros grandes mamíferos para cazar. Por todo, la población descendiente de europeos, los afrikaners, se duplicaba con cada nueva generación (Ross, 2006, p. 27) y la población fue adentrándose en el interior paulatinamente. Ese siglo y medio de dominio neerlandés sería suficiente para imprimir un sello que perduraría en la futura Sudáfrica: el estar habitada por blancos africanos descendientes de otros blancos africanos, lo que no serían los rhodesianos o los argelinos franco parlantes. Fue solo siglo y medio porque las Guerras Napoleónicas en Europa y el apoyo de los Países Bajos a Napoleón llevó a la pérdida de la Colonia frente a los británicos.

    La exploración rusa

     

    Los mongoles y sus sucesores geográficos, los tártaros, contuvieron al exploración rusa durante décadas.

    Las exploraciones realizadas por los rusos realmente se restringen a Siberia, o más concretamente a la parte más oriental de Siberia, y Alaska. Bien es verdad que la palabra Siberia da nombre a una vasta región de la Tierra que va desde el frío ártico hasta el calor tropical, siguiendo la frase de Emil Lengyel (1943, p. 12).

    La existencia de una inmensa masa continental más allá de los montes Urales hasta el Pacífico ya era conocida muchos siglos antes de la Era de los descubrimientos. Los mongoles y los tártaros provenían de partes de Siberia o sus estribaciones. Así mismo, los japoneses y los chinos habían explorado la costa de la región más oriental y de la península de Kamchatka, situada a pocas millas náutica de las islas Kuriles. Por tanto, el tamaño y ubicación de la totalidad del territorio era conocida desde la Edad Media o incluso antes. Para los occidentales Siberia tampoco constituía ningún secreto porque Marco Polo había traído noticias de tierras al norte de las regiones que había recorrido. Pero debido a su gran tamaño gran parte de su interior permanecía desconocido.

    Fue la derrota de los tártaros a manos de Iván III el Grande y el progresivo nacimiento de un estado ducal hacia 1478 lo que permitiría a los rusos despojarse de su condición de vasallos y posteriormente colonizar y explorar Siberia. Los sucesores de Iván III continuaron sus políticas logrando cierta estabilidad para el reino (Anderson, 2007, p. 336 y siguientes) posibilitando su expansión. Sin embargo, los dirigentes rusos miraron hacia el Báltico y no a Crimea y Siberia, cosechando varias derrotas contra los ejércitos polaco y sueco (Anderson, 2007, p. 339). No fue hasta bien entrado el siglo XVI cuando se realizaron misiones importantes al interior siberiano. Estas les fueron confiados sobre todo a los cosacos (Lengyel, 1943, p. 46). Así tras muchas vicisitudes lo que quedaba del ejército mandado por Yerman Timofeievetch entró en Siberia en 1580 y negoció con el khan mongol la cesión de algunos territorios. Finalmente los ex convictos y exdelincuentes de Yerman lucharon contra el khan derrotándolo y consiguiendo para el Zar cierta sumisión de las distintas tribus y clanes que poblaban Siberia.

    Los sucesivos gobernantes de Moscú siguieron aumentando su presencia con legisladores, funcionarios, cobradores de impuestos y convictos (Lengyel, 1943, p. 50). Además las vastas extensiones siberianas ofrecían a los súbditos de los zares cierta libertad y ausencia de señores a los que obedecer. La inmensa región no mostraba signos de poseer oro, plata o piedras preciosas, pero era muy rica en pieles y ya en 1586 un tercio de los ingresos de Rusia provenían de las pieles siberianas (Lengyel, 1943, p. 56). Como se ha indicado, el avance ruso fue más bien una empresa colonizadora y no descubridora. Sería necesario esperar a Semjon Ivanov Deshnev para conseguir información de primera mano sobre territorios realmente desconocidos por los europeos. Este cosaco partió hacia el este con un grupo de convictos y ex convictos pare llegar al río Yenisei y descubrir una conexión con una de las corrientes fluviales más importantes de la Tierra: el río Lena. La expedición lo recorrió casi en su totalidad hasta el delta. Finalmente Deshnev y sus cosacos dejaron la dirección norte, que los hubiera llevado al océano Ártico, para seguir hacia el este hasta por fin atisbaron el Pacífico en 1636.

    La colonización y después exploración de la Siberia no conocida había llevado unos cincuenta años, por tanto se hizo más rápido que la de los Estados Unidos para una región con el doble de terreno aproximadamente. Esta celeridad se debe, para Lengyel (1943, p. 57), a dos razones: por una parte la demanda de pieles y por otra al carácter violento de los cosacos para quienes la paciencia no constituía su principal virtud.

    Posteriormente, fuera ya de la Era de los descubrimientos, los rusos siguieron avanzando hacia el este. Más de un siglo después de la expedición del ruso Semión Dezhniov, el danés Vitus Bering lideró a un grupo de rusos al servicio del Zar por el canal que después llevaría su nombre y tomaron posesión de Alaska en 1741 (Fuster, 1998, p. 78).

    Los efectos de la Era de los Descubrimientos fueron variados:

    Por una parte se puede mencionar el movimiento del eje comercial del mundo del este europeo al oeste. Durante la Edad Antigua fue la economía del Mediterráneo la más vibrante del Planeta, para convertirse las regiones de Asia menor y después los mares del norte en el otro centro económico en la Edad Media, destacando la Liga Hanseática, y sobre todo los reinos del Mediterráneo oriental que asimilaron a los cruzados.[48] Así regiones como la península itálica y Grecia habían sido las más ricas y poderosas, para pasarle después el testigo a los dominios árabes, y en 1441 con el descubrimiento de la ruta naval a Río de Oro con Enrique el Navegante, el nuevo centro económico pasó al Atlántico dominado por Portugal y España. A partir del siglo XIX la economía del Atlántico pasó a estar dominada por los estados de Europa septentrional como Francia, Inglaterra y los Países Bajos, algunos de los cuales siguen siendo los más prósperos y potentes del continente.

    Otra consecuencia fue la llegada de nuevos productos culinarios. Con el descubrimiento y la conquista de América los españoles y portugueses llevaron a Europa frutas y hortalizas de una especial relevancia para la dieta europea como las distintas especies de pimientos, la vainilla, el maíz, el tomate y una de gran importancia para evitar las hambres catastróficas: la patata. Pese a que la implantación en Europa no fue inmediata la llegada de la patata permitió conseguir una segunda cosecha no sincrónica con la de los cereales.[13]

    Como también se ha visto, la educación y sus métodos se vieron muy afectados al ponerse en duda primero y desmostarse falsos después muchos dogmas existentes. Así en las universidades españolas y portuguesas inicialmente y en las europeas más adelante los métodos escolásticos fueron perdiendo fuerza para ganarla los empíricos, contribuyendo así a la llegada de la Ilustración.

    De la misma forma, las técnicas navales recibieron un gran empuje con la invención de naves más pequeñas y maniobrables que pudieran competir con los grandes y poderosos galeones españoles (zu Mondfeld, 1978, p. 169). De la misma forma se investigaron métodos más exactos para marcar el rumbo con ruedas dentadas y posteriormente determinar el tiempo con la invención del reloj, que daba la posición del barco junto con las indicaciones del sextante.

    La etapa de las exploraciones fue seguida por una revolución comercial en la que el comercio transoceánico se generalizó. Las ciudades estado italianas perdieron su monopolio del comercio con Oriente, mientras que en los países del norte los señores feudales fueron perdiendo su condición de clase más poderosa de la sociedad, siendo reemplazados por los comerciantes y mercaderes, como ya había ocurrido en la Europa del sur varios siglos antes. Con el tiempo, en Gran Bretaña, Francia y otros países, la burguesía llegaría a hacerse con el dominio total de la política y el gobierno.

    Se dice que la época de las exploraciones acabó a comienzos del siglo XVII, pese a que la mayor parte de África permanecía inexplorada para los europeos, lo mismo que Australia y el archipiélago neozelandés. Esas tierras, lo mismo que la Antártida serían descubiertas en la llamada Era de los Redescubrimientos y ofrecerían la posibilidad a los anglosajones de contar con un Cristóbal Colón inglés en la persona de James Cook.[27]

    Cuando la Era de los descubrimientos llegó a su fin los navíos europeos estaban lo suficientemente bien construidos y existía una marinería lo suficientemente capaz de navegar hacia cualquier lugar del Planeta. Naturalmente, las exploraciones siguieron: a los ya citados continentes oceánico y antártico debe sumarse el desconocimiento de las Fuentes del Nilo, las cataratas Victoria o los cauces del río Congo y Orinoco. De la misma forma ningún ser humano había visto aún el polo Norte ni el polo Sur, no se conocía el tamaño ni la forma del norte siberiano ni se había visitado el polo norte magnético.

    Por otra parte, solo los continentes europeos y asiático habían sido explorados más o menos en su totalidad. La penetración europea o descendiente de europeos hacia el centro del subcontinente Norteamérica no culminaría definitivamente hasta después de la Guerra de Secesión. Algo similar a la exploración y conquista del sur de Chile y Argentina, que sería realizado por Santiago y Buenos Aires entre mediados y finales del siglo XIX. Aún con todo el interior africano resultó el más lento de todos pese a estar colonizada casi toda su costa. La penetración europea en el desierto del Sahara y las selvas centroafricanas no terminaría realmente hasta los siglos XIX y XX, cuando Portugal organizó de 1885 a 1890 varias expediciones para controlar el interior de Angola (Andresen, 2001, p. 4)Cecil Rhodes penetró en las dos colonias que llevarían su nombre y los alemanes ocuparan las partes de África no conquistadas todavía (Olusaga y Erichsen, 2010, p. 3). No fue hasta el siglo XX cuando todo el territorio terrestre puede darse por colonizado.

    Aún con todo las exploraciones siguieron y aún continúan. Los fondos oceánicos no fueron visitados hasta bien entrado el siglo XX y aún hoy la exploración del interior terrestre por cuevas y grutas aún se realiza por medio de actividades espeleólogas terrestres y subacuáticas.

     

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    Proceso histórico:

    ¿Son las tierras propiedad exclusiva, total y para siempre de los primeros que llegan? ¿Lo es América?

    A América fueron llegando:

    1. pobladores procedentes del Nordeste y del Este de Asia en la época final de las glaciaciones o Edad del Hielo (110.000 a JC-10.000 a JC); en dos oleadas o tres:
      1. Paleoindios llegados entre el 38.000 a. JC y el 14.000 a. JC
      2. Cazadores Apaches y Navajos y otros de habla Na-Dene llegados entre el 12.000 a. JC y el 10.000 a. JC
      3. Y la migración esquimal-aleutiana de 7.000 a. JC.
    2. Vikingos asentados en Groenlandia entre el año 1.000 d. JC y el 1.450 d. JC.
    3. Castellanos, portugueses y otros de las antiguas Hispanias, desde 1492
    4. Ingleses, neerlandeses, franceses, etc. desde el XVII principalmente
    5. Irlandeses, italianos y españoles en los siglos XIX y XX

    El puente de hielo actual
    Actualmente, los continentes de Asia y América están separados por el mar. Ambos se encuentran muy cerca en el norte. Entre el cabo Dezhniov, en la península de Chukotka en Siberia, y el cabo Príncipe de Gales, en Alaska, hay un paso marítimo que se conoce como el Estrecho de Bering y mide 82,7 kilómetros (km) de longitud. Entre los dos extremos continentales, a mitad del estrecho se encuentra las Islas DiómedesDiómedes Mayor y Diómedes Menor. En esta parte, entre noviembre y junio, se forma una capa de hielo que forma un "puente" entre Asia y América. Aunque este paso es peligroso, por las fuertes tormentas que allí se dan y la fragilidad del hielo en ciertas áreas, es posible atravesarlo navegando en verano.

    La conexión Beringia de la Edad del Hielo (110.000 a. JC-10.000 a. JC)
    Durante las glaciaciones, en las altas latitudes como la de Bering y en las montañas altas de nuestro planeta se formaron inmensos casquetes de hielo. Según los datos geológicos y oceanográficos, durante el último de estos períodos, conocido como la Edad de Hielo, que comenzó hace 110.000 años y finalizó hacia el 10.000 a. C., los niveles del mar descendieron hasta exponer la plataforma debajo de lo que ahora es el estrecho de Bering entre Alaska y Siberia, formándose más que un puente terrestre entre América y Asia: una ancha conexión Beringia, tan amplia como la distancia norte-sur a través de la Alaska actual, una región en la que vivían mamuts en la que los pastos esteparios de Siberia se fusionaban con los de América del Norte, sin interrupción alguna.

    Esta conexión entre Asia y América existió al menos dos veces: la primera vez fue desde el 38.000 a. JC y duró al menos 4 000 años; la segunda vez fue desde el 23.000 a. JC. hasta el 9.000 a. JC.

    Para la teoría del poblamiento tardío, los paleoamericanos entraron en el continente durante la última glaciación, cuando fue posible el paso hacia el Nuevo Mundo a través de Beringia (el istmo que actualmente está ocupado por el estrecho de Bering). Esto sucedió entre 15 000 y 14 000 años a. JC. Por otro lado, la teoría del poblamiento temprano afirma que los humanos llegaron a América mucho antes, y está basada en el descubrimiento de restos cuya datación por carbono 14 da una antigüedad mayor que 14 000 años a. C., algunas investigaciones recientes llevan esta fecha a hace unos 33 000 años.

    Los pueblos de habla na-dené (apaches, navajos y otros) son descendientes de una segunda ola migratoria que se estableció en el norte de América, mientras que los esquimales llegaron al continente en un flujo migratorio más reciente.

    Un estudio de base genética nos informa de tres oleadas
    1) Paleoindios de hace 16 000 a 40 000 años; 2) cazadores Na-Dene de hace 12 000 a 14 000 años; 3) la migración esquimal-aleutiana de hace 9 000 años.
    Los Pimans, los Puebloans y los Pai son descendientes de los paleoindios, mientras que l
    os Apaches y los Navajos son Na-Dene. Finalmente, se ha constatado la hipótesis de una migración de los paleoindios a Sudamérica, mientras que el lugar de origen más probable para las tres poblaciones ancestrales se sitúa en el noreste de Asia.

    Los esquimales tienen sus orígenes en Siberia, al noreste de Asia. Sus antepasados esquimo-aleutas cruzaron el estrecho de Bering y se asentaron también en Norteamérica.

    Hay dos subgrupos de esquimales:

    Se calcula que viven en esta región unas 100 000 personas. Desarrollan una vida nómada, siguiendo las migraciones de los animales que cazan, entre los cuales pueden destacarse los caribúesososballenas y focas. De estos y otros animales aprovechan todas las partes posibles para alimentarse, abrigarse y construir viviendas y herramientas para cazar. La caza de focas y la pesca les permiten conseguir alimentos incluso en el crudo invierno del Ártico.

    El perro de trineo tiene un papel importante en la vida inuit. Sobre la nieve o el hielo, un equipo de perros arrastran el qamutik, un trineo hecho de madera, huesos de animales, barbas de la boca de una ballena e incluso pescado congelado.

    Después de que los paleoamericanos entrasen en el continente, el paso de Beringia fue cubierto nuevamente por el mar, de modo que quedaron aislados por tierra del resto de la humanidad. Salvo la ininterrumpida comunicación entre esquimales y paleoesquimales de Alaska y Siberia y el caso de unos breves asentamientos vikingos en América de finales del siglo X o comienzos del siglo XI, en la costa de Canadá y Groenlandia, no hay pruebas concluyentes que respalden un contacto transoceánico entre la América precolombina y el resto del mundo, aunque hay evidencias de contactos con los polinesios.

    «En 1511 fray Domingo Montesinos pronuncia el primer sermón contra la encomienda en Santo Domingo. Su argumentación principal era que los indios tenían alma, por eso era necesario evangelizarlos y salvarlos. En 1512 se reúne la Junta de Burgos para debatir el asunto de si los indios tenían alma, y se concluye con siete principios. En las Leyes de Burgos se reconocía: que los indios son libres; que los Reyes Católicos son señores de los indios por su compromiso evangelizador; que se podía obligar a los indios a trabajar con tal de que el trabajo fuese tolerable y el salario justo, aunque se podía pagar en especie y no en dinero; se pretende inaceptablemente justifica la guerra de conquista si los indios se negaban a ser cristianizados; y se creó la institución del requerimiento».

    Juan de Escalante se auxilió de «pueblos amigos» para guerrear contra los mexicas, con una tropa de «cuarenta soldados y unos dos mil indios totonaques», relatado por Bernal Díaz del Castillo en el Capítulo XCIV de su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.

    Después de que los paleoamericanos entrasen en el continente, el paso de Beringia fue cubierto nuevamente por el mar, de modo que quedaron aislados por tierra del resto de la humanidad. Salvo la ininterrumpida comunicación entre esquimales y paleoesquimales de Alaska y Siberia y el caso de unos breves asentamientos vikingos en América de finales del siglo X o comienzos del siglo XI,  en la costa de Canadá y Groenlandia, no hay pruebas concluyentes que respalden un contacto transoceánico entre la América precolombina y el resto del mundo, aunque hay evidencias de contactos con los polinesios.

    La primera colonización europea en el continente americano se circunscribió a las colonias groenlandesas bajo soberanía noruega del siglo X abandonadas en el siglo XV, que se extendieron hasta el efímero L'Anse aux Meadows del siglo XI, en Terranova (Canadá).

    Colonización española

     

    España, a lo largo de cuatrocientos años, ejerció la más notable influencia  [para bien y para mal] dentro de la colonización europea de América en cuanto a extensión, población y asimilación cultural.

    Dentro de tomar la historia de España a beneficio de inventario, sólo procede quedarse, endosar y aceptar lo bueno que hicieron los españoles y los demás en las Indias, no lo malo, nada de lo malo, porque esto de tomar la historia de España a beneficio de inventario es una analogía, no es tomar el saldo positivo como en el derecho testamentario, si es que jurídicamente se aplica así. En la analogía hay semejanzas y diferencias a la vez. Aquí se aplica, aceptando sólo lo bueno y repudiando lo malo, como el que más lo repudie con buena intención y no con la mala, acusatoria.

    El iniciador de la colonización española de América fue Cristóbal Colón al servicio de los Reyes Católicos, quien en 1492 descubrió América para la corona de Castilla [y para todos, empezando por los americanos precolombinos]. Las sucesivas exploraciones y conquistas al amparo del Tratado de Tordesillas dieron lugar a la soberanía de un vasto territorio. La conquista de América llevó aparejada campañas militares y esfuerzos diplomáticos con los indígenas para obtener el control de los reinos Azteca e Inca. El avance de la colonización española fue especialmente rápido, con episodios de rebelión como la Mapuche en la guerra de Arauco en el siglo XVI. El territorio se organizó en los virreinatos de Nueva España al norte y Perú al sur, con capitales en México y Lima, respectivamente. Algunas regiones, como la Patagonia, el Gran Chaco, la Amazonía y los desiertos del norte de Mesoamérica no fueron completamente controladas por el Imperio Español.

    La rebelión de las naciones europeas al monopolio americano de España y Portugal dio lugar a guerras transcontinentales, intentos de anexión y ocupación por Inglaterra, Francia y Países Bajos, principalmente, cuyo modelo de colonización se limitaba a la explotación agrícola con mano de obra esclava procedente del comercio triangular con sus colonias africanas, o de países aliados, o a factorías peleteras.

     

    Con el tiempo, se generó por primera vez en la historia una gran población mestiza, tanto genética como culturalmente, por la convivencia de pueblos americanos precolombinosafricanos subsaharianos y europeos.

    A finales del siglo XVIII España apoyó la independencia de las Trece Colonias del imperio británico con suministro militar y financiero, con la figura clave de Bernardo de Gálvez cuyo cuadro se encuentra en el Capitolio de los EE. UU. La inestabilidad del Imperio español americano comenzó con la expulsión de los jesuitas (1776), culminando con el sometimiento a Napoleón de los reyes de España y las invasión de las hordas napoleónicas de España de 1808 . A principios del siglo XIX, tras la pérdida de parte de su imperio colonial norteamericano, Inglaterra apoyó militar, económica y culturalmente (Leyenda Negra) las guerras de independencia de las naciones americanas de España.

    No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles y los portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa que, en sus grandes trazos, todavía está en pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas diferentes, adoraban dioses distintos, guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Si las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas.
    Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay que subrayar que sin ellos ―quiero decir: sin la religión católica y la cultura que implantaron en nuestro país― no seríamos lo que somos. Seríamos, probablemente, un conjunto de pueblos divididos por creencias, lenguas y culturas distintas.

    No, claro que no todo fue horror, pero sólo es aceptable y sólo se acepta lo que no fue horror, todo lo que fue horror se repudia totalmente, cosa por cosa, abuso por abuso. Y la utilización de los abusos.

    Lista de posesiones:

    La conquista de México

    La conquista de Méxicoconquista de México-Tenochtitlan o conquista del Imperio mexica (1519–1521) fue una serie de campañas militares dirigidas por Hernán Cortés en alianza con los pueblos originarios del valle de México, con el objetivo de sitiar, derrocar y ocupar la capital del Imperio Mexica acontecidos entre los años 1519 y 1521; que concluyeron con el asalto final y la toma de la ciudad de México-Tenochtitlan, el 13 de agosto de 1521. Este hecho marcó el inicio de un largo proceso de colonizaciónevangelización y mestizaje de Mesoamérica y el resto de lo que hoy es México y el sur de Estados Unidos por parte de los conquistadores españoles. No sería hasta tres siglos más tarde que luego de la independencia de México se entenderá a «México» como la totalidad del territorio heredado del anterior Virreinato de la Nueva España.

    Posteriormente se desarrollaron otras expediciones y campañas militares, tanto de Hernán Cortés como de sus capitanes, entre 1521 y 1525 en la zona central, norte y sur del territorio de los actuales México y Centroamérica, las cuales fueron sentando los primeros límites del Virreinato de Nueva España. Desde esta base inicial, el proceso continuó con la incorporación de otros territorios por diversos conquistadores y adelantados españoles: California, la península de Yucatán, la zona occidental conocida como Nueva Galicia, la zona noreste conocida como Nuevo Reino de León, la zona norte donde se encontraba la Nueva Vizcaya y otros territorios de América del Norte y Centra

    Las fuentes principales de información de las campañas de Cortés y sus capitanes son las crónicas de Indias redactadas en el siglo XVI, de las que destacan la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, quien participó en las campañas bélicas, las cartas de relación de Hernán Cortés al rey Carlos I de España, y la obra de Francisco López de Gómara, conocida como Historia general de las Indias, quien nunca pisó el continente americano pero pasó los últimos momentos de la vida de Hernán Cortés escuchando sus memorias.

    Antecedentes

    Las expediciones que antecedieron a la conquista

    En enero de 1516 murió Fernando el Católico y para entonces había transcurrido casi un cuarto de siglo desde los descubrimientos colombinos. Debido a la imposibilidad para gobernar de su hija Juana I, había nombrado en su testamento a su nieto Carlos I como su sucesor, pero antes de que este asumiera el trono, el cardenal primado Francisco Jiménez de Cisneros ejerció brevemente la regencia de Castilla. En España ya se tenían noticias de que en el territorio ignoto había pueblos "muy ricos en oro y otros metales preciosos". Como medio para hacerse de esas riquezas, se proclamó una ley que autorizaba el rescate de oro con la cual se promovía que los españoles viajaran a América para comerciar con los nativos, dando de sus ganancias el 20% o «quinto del rey» y a fin de lograr ese propósito y regular el comercio de las Indias Occidentales, se creó la Casa de Contratación en 1503.

    Esta fue controlada por el obispo de BurgosJuan Rodríguez de Fonseca, quien a su vez designó como tesorero a Sancho de Matienzo y como contador a Juan López de Recalde. A la muerte del cardenal Cisneros en octubre de 1517, los asuntos ultramarinos del Imperio español recayeron en el obispo de Burgos.

    Años antes, en 1514, el almirante y gobernador de las islas del mar Caribe Diego Colón y Moniz Perestrello había sido llamado a comparecer ante el rey Fernando el Católico por su mala administración. Por ello el cardenal Cisneros envió como sustitutos a los frailes jerónimos Luis de Figueroa, Bernardino de Manzanedo, Alonso de Santo Domingo, y Juan de Salvatierra a la isla La Española. Por aquel entonces Diego Velázquez de Cuéllar era el teniente de gobernador de la isla Fernandina (Cuba). Residente en Baracoa, estaba supeditado a las órdenes, más de nombre que en realidad, de Diego Colón.

    Primera expedición

    Los españoles basaban su riqueza en las encomiendas, pero debido a que la población nativa había sido diezmada por las campañas de conquista y las enfermedades, los colonos estaban ansiosos de conseguir nuevas oportunidades de medro. Fue así que tres amigos de Velázquez: Francisco Hernández de Córdoba, Lope Ochoa de Caicedo y Cristóbal de Morante se organizaron para comprar dos naos con la intención de viajar hacia occidente. El gobernador Diego Velázquez pagó un bergantín, consiguiendo también los permisos necesarios ante los frailes jerónimos para realizar la expedición, pues era requisito contar con su visto bueno. El objetivo del viaje fue encontrar esclavos sobre todo en el caso del gobernador Velázquez, pero los que encabezaron las naves pretendían descubrir nuevas tierras para poblar y gobernar. Se contrató como piloto mayor a Antón de Alaminos, y como pilotos auxiliares a Pedro Camacho de Triana y Juan Álvarez «el Manquillo» de Huelva. Como capellán viajó fray Alonso González, y como veedor Bernardo Iñíguez.

    El 8 de febrero de 1517 zarparon del puerto de Santiago de Cuba tres embarcaciones con ciento diez hombres y navegaron por la banda norte de la isla de Cuba realizando diversas escalas. Al llegar a la punta de San Antón pretendieron poner rumbo hacia las Islas de la Bahía pero fueron sorprendidos por una tormenta en el canal de Yucatán, habiendo llegado los primeros días de marzo a la deshabitada Isla Mujeres. En dicho lugar encontraron diversas figurillas de mujeres desnudas dedicadas a la diosa maya de la fertilidad Ixchel. Posteriormente cruzaron hacia la costa norte de la península de Yucatán avistando Ekab, lugar que bautizaron como el «Gran Cairo». Fondearon las naves y los pobladores del lugar, con cara alegre y muestras de paz, se acercaron en canoas invitando a los recién llegados a tierra firme, diciendo (según la transliteración española original) «cones cotoch»«cones cotoch»; que significa: «andad acá a mis casas» (en realidad, parece que fueron recibidos con la expresión Maya Yucateca «koonex u otoch» donde otoch significa «pequeña casa/choza») motivo por el cual lo llamaron punta Catoche. Al día siguiente, 5 de marzo, los expedicionarios españoles aceptaron la invitación y al desembarcar, el capitán Hernández de Córdoba tomó posesión formal en nombre del rey de lo que él creía una isla a la que bautizó con el efímero nombre de Santa María de los Remedios. Terminado el protocolo, los expedicionarios siguieron a los mayas tierra adentro donde fueron emboscados. En la escaramuza que siguió, murieron dos españoles y quince nativos. Hernández dio la orden de regresar a las embarcaciones, no sin antes haber capturando a dos indígenas, a quienes más tarde apodaron Julianillo y Melchorejo. Estos nativos fueron a la postre los primeros traductores maya-español.

    La expedición siguió navegando la costa norte de la península. El 22 de marzo llegaron a Can Pech, bautizando el lugar como puerto de Lázaro y desembarcaron para aprovisionarse de agua. Mientras se abastecían, los expedicionarios fueron rodeados por un grupo de mayas quienes cuestionaron su presencia, asombrándose cuando los nativos señalaron al oriente diciendo: «castilán»«castilán». Los españoles fueron guiados a la población cercana en donde fueron bien recibidos y ahí pudieron constatar que en un templo se encontraban paredes manchadas de sangre de algún sacrificio recientemente efectuado. Entonces el halach uinik advirtió a los visitantes que deberían marcharse o de lo contrario comenzarían las hostilidades, ante lo cual Hernández de Córdoba ordenó a sus hombres zarpar de inmediato. En el mar fueron sorprendidos por un viento de norte que provocó el derrame del agua recién abastecida, por lo que volvieron a desembarcar un poco más al sur en Chakán Putum. En esta ocasión otro grupo de mayas, cuyo líder era Moch Couoh, atacó a los expedicionarios sin previo aviso provocándoles más de veinte bajas e hiriendo al propio Hernández de Córdoba. En ese punto hubieron de huir los expedicionarios, dejando atrás una de las embarcaciones pues ya no tenían suficientes hombres para navegarla. Los españoles sedientos se dirigieron a La Florida donde finalmente pudieron abastecerse de agua dulce, pero nuevamente fueron atacados por los nativos de esta región.

    La accidentada expedición regresó al puerto de Carenas en la isla de Cuba, donde se dio parte de lo acontecido a Diego Velázquez. El gobernador dejó en claro que enviaría una nueva expedición pero bajo un nuevo mando. Al enterarse de esta decisión, Hernández de Córdoba juró viajar a España para quejarse ante el rey, pero murió diez días más tarde a consecuencia de las heridas recibidas en Chakán Putum. A causa de los indígenas que habían sido recogidos se creyó que existía oro en la región, se confirmó la existencia de algunos supervivientes al naufragio ocurrido en 1511 en el Golfo del Darién y por una mala interpretación se pensó que el lugar recientemente descubierto era llamado en idioma maya Yucatán, nombre con el que desde entonces, se llamó al territorio. Viendo Velázquez la importancia de estos hallazgos, solicitó dos permisos para continuar las exploraciones: el primero fue dirigido a los frailes jerónimos en Santo Domingo y el segundo directamente al rey Carlos I de España, solicitando el nombramiento de un adelantado.

    Segunda expedición

    Al año siguiente el gobernador organizó una segunda expedición recuperando las naos del primer viaje, y añadió una carabela y un bergantín. Nuevamente fueron como pilotos Alaminos, Camacho y Álvarez, a los que se sumó Pedro Arnés de Sopuerta como cuarto navegante. Velázquez designó a su sobrino Juan de Grijalva como capitán general y como capitanes de los otros navíos a Francisco de MontejoPedro de Alvarado y Alonso de Ávila, quienes se responsabilizaron de suministrar pertrechos y bastimentos a las embarcaciones. En el viaje participó Juan Díaz, quien además de desempeñarse como capellán, escribió el Itinerario de la armada. El veedor fue Peñalosa y el alférez general Bernardino Vázquez de Tapia. Hacia finales de enero de 1518 las embarcaciones zarparon de Santiago, navegaron por la banda norte haciendo escala en Matanzas, en donde completaron sus abastecimientos. El 8 de abril dejaron este puerto y llegaron a la isla de Cozumel el 3 de mayo. Por la fecha, Grijalva bautizó el lugar como Santa Cruz de la Puerta Latina.

    Cuando desembarcaron en la isla los nativos huyeron al interior de la misma, solamente contactaron a dos ancianos y a una mujer que resultó ser jamaiquina. La mujer había llegado dos años antes de forma accidental pues su canoa fue arrastrada por la corriente del canal de Yucatán y sus diez compañeros habían sido sacrificados a los dioses mayas. Esta mujer actuó como intérprete ya que algunos españoles conocían su idioma. En un pequeño templo, Vázquez de Tapia izó la bandera Tanto Monta y el notario Diego de Godoy de forma protocolaria leyó el requerimiento. Al poco rato se acercaron los mayas e ignorando inicialmente la presencia de los españoles, el halach uinik realizó una ceremonia a sus dioses quemando copal. Acto seguido, Grijalva ordenó a Juan Díaz oficiar una misa. De esta forma se entabló una comunicación amistosa por ambas partes. Los españoles no pudieron rescatar oro, pero recibieron pavos, miel y maíz. Prolongaron su estancia en este lugar durante cuatro días.

    La entrevista entre Juan de Grijalva y el cacique maya Tabscoob ocurrió en Potonchán el 8 de junio de 1518.

    Después de abandonar Cozumel navegaron brevemente hacia el sur, exploraron Zama (Tulúm), y la Bahía de la Ascensión, la cual creyeron que era el límite de la «isla de Yucatán». Grijalva ordenó cambiar de rumbo hacia el norte para rodear la península y dirigirse a las cercanías de Chakán Putum. Tal como lo hiciera la primera expedición, se abastecieron de agua en el lugar. Aunque en esta ocasión pudieron obtener de los nativos un par de máscaras adornadas con oro, fueron nuevamente advertidos de abandonar el sitio. Haciendo caso omiso, pasaron la noche escuchando los tambores de guerra y al día siguiente se entabló una terrible batalla. Esta vez el resultado favoreció a los españoles, quienes infligieron severas bajas a los mayas que terminaron por retirarse. A pesar de que los expedicionarios tuvieron sesenta heridos —entre ellos el capitán Grijalva que recibió tres flechazos y perdió dos dientes— la acción fue considerada una victoria contundente. Durante la batalla solo murieron siete españoles, incluyendo a Juan de Guetaria. Más tarde la cifra aumentó, pues durante el viaje murieron trece soldados a consecuencia de las heridas.

    Las embarcaciones se dirigieron hacia el oeste, llegaron a la Isla del Carmen en la Laguna de Términos, punto al que bautizaron como Puerto Deseado. El piloto Alaminos pensó que ahí era el otro límite de «la isla de Yucatán». Prosiguieron su viaje llegando a la región de Tabasco, en donde habitaban los mayas chontales. Se apoderaron de cuatro nativos, a uno de ellos lo llamaron Francisco, quien les sirvió como intérprete del idioma chontal. El 8 de junio descubrieron el afluente al que nombraron río Grijalva y desembarcaron en Potonchán, donde Juan de Grijalva se entrevistó con el cacique maya Tabscoob, quien le obsequia unas piezas de oro. Animados por ello, pasaron el río Tonalá y un poco más al oeste Pedro de Alvarado tomó la iniciativa de navegar el río Papaloapan. Este incidente molestó a Grijalva y a partir de entonces hubo un distanciamiento entre ellos.

    A lo largo de la costa fueron encontrando diversos asentamientos humanos. Llegaron a mediados de junio a una isla donde encontraron un templo y cuatro indígenas muertos, los cuales aparentemente habían sido sacrificados al dios Tezcatlipoca, por lo que el lugar fue nombrado Isla de Sacrificios.[35] Desembarcaron en Chalchicueyecan. Ahí Grijalva preguntó a Francisco por el motivo de aquellos sacrificios. El intérprete maya chontal respondió que habían sido ordenados por los colhuas, pero la respuesta fue malinterpretada y se creyó que el lugar se llamaba Ulúa. Por la fecha que era, 24 de junio, el lugar fue bautizado como San Juan de Ulúa. En el lugar rescataron oro con los totonacas. este era uno de los pueblos sometidos por los mexicas.[41]

    Días más tarde llegaron los calpixques Pínotl, Yaotzin, y Teozinzócatl, quienes acompañados de Cuitlapítoc y Téntlil, se presentaron como embajadores del huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.[42] En forma pacífica se realizaron intercambios de regalos. Grijalva pudo de esta forma percatarse que los aztecas —o mexicas— dominaban la región y que eran temidos y odiados por los pueblos sometidos. Pedro de Alvarado fue enviado de regreso a la isla de Cuba para notificar y entregar los tesoros obtenidos a Diego Velázquez.[35]

    Las embarcaciones fueron atacadas por los nativos huastecos en el río Pánuco, grabado de Van Beecq.

    Francisco de Montejo encabezó un viaje de reconocimiento al norte. Descubrió el río Cazones y el Nautla, lugar que fue bautizado con el nombre de Almería. Más adelante las embarcaciones navegaron el río Pánuco pero en este lugar doce canoas con nativos huastecos atacaron la incursión española,[36] por lo que los capitanes decidieron emprender el regreso.[43] Con una nave averiada el viaje fue lento, tomaron la decisión de no establecer ninguna guarnición.

    Mientras tanto en Santiago, Diego Velázquez no tenía noticias de los expedicionarios y se encontraba preocupado por la tardanza. Por tal motivo, decidió enviar una carabela de rescate al mando de Cristóbal de Olid, quien logró llegar a Cozumel, pero al continuar su trayectoria, la nave se averió. Olid abortó la misión y regresó a Cuba.

    Cuando el gobernador recibió a Pedro de Alvarado en la isla, quedó impresionado por el reporte del viaje. De inmediato mandó a fray Benito Martín a España, para que este notificara al obispo Juan Rodríguez de Fonseca y al rey Carlos I las noticias de los territorios descubiertos. Como soporte fue enviado el Itinerario de la armada y algunos objetos de oro.[35] A pesar de los logros de la expedición,[45] Velázquez estaba a disgusto con su sobrino ya que no había desobedecido sus órdenes. De acuerdo a las órdenes oficiales, Grijalva no debería haber establecido ninguna colonia durante el viaje, pero extraoficialmente el gobernador esperaba lo contrario.[46]

    Tercera expedición

    Sin haber recibido respuesta del nombramiento de adelantado, Diego de Velázquez organizó una tercera expedición. El gobernador consideró que su sobrino había fracasado en su misión y por tanto requería de un nuevo capitán. Después de ponderar sus opciones y a instancias de su secretario, Andrés de Duero, y el contador Amador Lares, optó por Hernán Cortés, quién entonces era alcalde de Santiago.

    Ambos firmaron unas capitulaciones e instrucciones el día 23 de octubre de 1518. En los documentos que fueron redactados por Andrés de Duero, el preámbulo se contrapone a las 24 instrucciones. Tales contradicciones fueron, y han sido a través de los siglos, el motivo principal de la controversia que surgió como resultado de la insurrección de Hernan Cortés. Diego de Velázquez firmó como adjunto del almirante y comandante en jefe Diego Colón y Moniz Perestrello, pues todavía no había recibido nombramiento por parte del rey de España. El gobernador de Cuba temía que desde La Española o Jamaica alguien más se adelantara en una empresa similar.

    Se lograron reunir en total once embarcaciones. Tres aportadas por Diego de Velázquez, tres por Hernán Cortés y el resto por los capitanes que participaron en la expedición. Pero a última hora el gobernador cambió de opinión y decidió destituir a Cortés, enviando a Amador de Lares a la entrevista y por otra parte bloqueando el suministro de insumos. Cortés decidió marcharse de Santiago evadiendo las órdenes y avisando al contador Lares, quien transmitió las noticias al gobernador Velázquez. El día de los hechos este se apersonó en el muelle para inquirir sobre la situación y Cortés, rodeado de sus hombres armados, lo interpeló «Perdonadme, pero todas estas cosas se pensaron antes de ordenarlas. ¿Cuáles son vuestras órdenes ahora?». Ante la evidente insubordinación Velázquez no respondió y los barcos zarparon de Santiago el 18 de noviembre de 1518 con dirección al occidente de la misma isla. Pararon en la banda sur del puerto de la Trinidad, durante casi tres meses se reclutaron soldados, asimismo se abastecieron de alimentos y de pertrechos.

    Los capitanes designados por Cortés fueron: Pedro de AlvaradoAlonso de ÁvilaAlonso Hernández PortocarreroDiego de OrdásFrancisco de MontejoFrancisco de MorlaFrancisco de SaucedoJuan de EscalanteJuan Velázquez de LeónCristóbal de Olid y Gonzalo de Sandoval. Como piloto mayor nombró a Antón de Alaminos quién conocía la zona por haber participado en las expediciones de Hernández de Córdoba en 1517, de Juan de Grijalva en 1518 y de Juan Ponce de León a la Florida en 1513.

    Cortés pudo reunir quinientos cincuenta españoles (de los cuales cincuenta eran marineros) y a dieciséis caballos. Además, según la crónica de Bartolomé de las Casas, llevó doscientos auxiliares, algunos nativos de la isla y otros esclavos negros. Mientras tanto en España, el rey Carlos I había firmado el 13 de noviembre de 1518, el documento que autorizaba a Velázquez a realizar la expedición. En esta expedición viajaron tanto africanos y afrodescendientes esclavos y libres, que participaron en la ocupación de México -Tenochtitlán, «un africano, posiblemente Juan Garrido o Juan Cortés, fue uno de los auxiliares armados que acompañaron los ejércitos de exploración, colonización y conquista de México», como se muestra en un fragmento del Códice Azcatitlán.

    El gobernador de Cuba realizó un segundo intento por detenerlo. Había enviado diversas cartas, una de ellas dirigida al propio Cortés, en la que se le ordenaba esperar. Las otras estaban dirigidas a Juan Velázquez de LeónDiego de Ordás, y al alcalde de la Trinidad Francisco Verdugo y en ellas pedía entretener la salida de la expedición e incluso ordenaba la aprehensión del caudillo. Como último intento, el gobernador envió a Gaspar de Garnica para aprehender a Cortés en La Habana, no obstante lo cual los barcos de Cortés abandonaron las costas de Cuba el 18 de febrero de 1519. Nueve barcos zarparon por la banda sur y dos barcos por la banda norte. La bandera de insignia era de fuegos blancos y azules con una cruz colorada en medio, y alrededor un letrero en latín que decía Amici sequamur crucem, & si nos habuerimus fidem in hoc signo vincemus, que significa: «Hermanos y compañeros: sigamos la señal de la Santa Cruz con fe verdadera, que con ella venceremos».

    Antecedentes del Imperio mexica

    Desde mediados del siglo XV el estado mexica se venía extendiendo por un gran territorio, sometiendo a diversos pueblos y volviéndolos tributarios, de ahí el calificativo de imperio. Hacia 1517 el huey tlatoani, o gobernante en turno, llamado Moctezuma Xocoyotzin continuaba las campañas militares de expansión. Los tlaxcaltecas, vecinos cercanos de los mexicas, eran una comunidad que había resistido tenazmente al dominio y la expansión de estos, encontrándose por ese entonces al límite de su resistencia, pues por todos los puntos cardinales a su alrededor las poblaciones que los rodeaban habían sido conquistadas, quedando ellos virtualmente sitiados.

    Por otro lado, tras la caída de Tula, corría la leyenda de que el dios Quetzalcóatl que había partido del panteón mexica y que volvería algún día llegando por el mar del oriente, de donde nace el sol y en donde supuestamente vivían los dioses. Esta leyenda de Quetzalcóatl era bien conocida por los mexicas. Algunos profetas y fanáticos religiosos vaticinaban el retorno de Quetzalcóatl y lo planteaban como el fin del señorío vigente. El huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin creía firmemente en estas profecías debido a ciertos presagios y acontecimientos, como la aparición de un cometa, un «fuego espontáneo» en la casa del dios Huitzilopochtli, un rayo en el templo de Xiuhtecuhtli y otros sucesos.

    Para los mexicas era el año 13-conejo, cuando comenzaron a llegar noticias de las embarcaciones españolas que fueron descritas como «montañas que se movían sobre el agua y con hombres barbados de piel blanca sobre ellas», inmediatamente se relacionó este hecho con el regreso del dios Quetzalcóatl. Moctezuma ordenó al calpixque de Cuextlan, llamado Pínotl, construir atalayas y montar guardias en la costa en los emplazamientos de Nautla, Toztlan y Mitlanquactla, para vigilar el posible regreso de las embarcaciones.

    Dado que los primeros encuentros con los españoles terminaban en intercambios comerciales por el «rescate de oro», en muchos pueblos corrió la idea de que la manera de deshacerse de ellos, sin pelear, era sencillamente entregarles oro o mujeres y aceptar lo que trajeran para intercambiar. De esta manera, los europeos retornarían a sus naves y se marcharían. Debido a esto, los intercambios se multiplicaron desde las primeras expediciones españolas pero el efecto fue el contrario al esperado por los aborígenes, pues se creó en los europeos la idea de que había tesoros inagotables en la zona, despertándose de esta manera su ambición.

    Las primeras escalas de Cortés: de Cozumel a Centla

    Cortés se dirigió a la isla de Cozumelsiguiendo el trayecto de sus antecesores. En el camino la embarcación capitaneada por Francisco de Morla sufrió una avería, lo cual retrasó a las demás naves que tuvieron que auxiliarla La embarcación de Pedro de Alvarado llegó a Cozumel dos días antes, lo cual molestó a Cortés quién mandó castigar al piloto.

    De la expedición de Hernández de Córdoba llevaban al intérprete bautizado como Melchorejo y de la expedición de Grijalva a la esclava jamaiquina. Cortés envió a estos intérpretes en busca de los jefes mayas de la isla, mandando decirles que la visita era pacífica. Al principio el jefe supremo o halach uinik y los jefes secundarios o batab de la isla se negaron a entrevistarse con los recién llegados.

    Tres días después se presentó ante Cortés una persona que se dijo señor de toda la isla. Tras una larga charla, Cortés le habló sobre el rey de España y la fe católica, además de recalcar sus intenciones pacíficas si toda la gente de la isla se subordinaba ante España. Aquel halach uinik aceptó las condiciones y mandó llamar a otros batabob de la isla. Unos días después todos los pueblos volvían a su vida habitual, abandonando aparentemente el culto a sus dioses y adorando a la cruz cristiana y a una imagen de la Virgen que Cortés les instaló.

    La Batalla de Centla en Tabasco, fue la primera gran batalla de Cortés en América.

    En este lugar, Cortés confirmó la presencia de otros dos españoles que hacia ocho años habían naufragado en el golfo de Darién y tras sobrevivir en un bote habían sido arrastrados por la corriente hasta las costas de la península donde fueron hechos prisioneros por los mayas. De estos náufragos ya había escuchado hablar Cortés en Cuba y quería contactarlos para rescatarlos. Por recomendación del halach uinik, Cortés envió «cuentas verdes» como pago de rescate a los captores y escribió una carta dirigida a los náufragos, la cual confió a dos habitantes de la isla para que la entregaran en secreto y pagaran el rescate. Además mandó dos barcos para que se acercaran lo más posible a aquellas costas, y esperaran como apoyo, el escape de los náufragos.

    Seis días les estuvieron esperando en esa costa sin tener noticia de los náufragos ni de los mensajeros enviados. Al ver que esta situación no cambiaba, ambas naves decidieron regresar a Cozumel a encontrarse con Cortés para notificarle la situación. Dos días después Cortés decidió continuar su trayectoria hacia Veracruz, sin embargo, el mal tiempo les obligó a detenerse en la costa de la península de Yucatán y regresar a la isla para reparar la embarcación capitaneada por Juan de Escalante que se había dañado. Al día siguiente, llegó a la isla una canoa con nativos y con el náufrago Jerónimo de Aguilar, a quien por su aspecto confundieron con uno de los mayas. Tras entrevistarse con Andrés de Tapia fue llevado ante Cortés, se unió a la expedición y actuó en adelante como intérprete maya-castellano.

    Aguilar declaró haberse entrevistado con otro compañero náufrago sobreviviente llamado Gonzalo Guerrero, pero este se había adaptado a la vida de la cultura maya y prefirió quedarse en Yucatán, pues en la población donde vivía había sido nombrado capitán de guerreros o nacom, era casado y tenía tres hijos. Antes de partir y por consejo de Jerónimo de Aguilar, el halach uinik de Cozumel pidió a Cortés una carta o salvoconducto que describiera que la población no fuese agredida por futuras expediciones españolas a la isla, la cual fue otorgada. El 4 de marzo de 1519 los conquistadores españoles zarparon de Cozumel despidiéndose amigablemente de los mayas de la isla.

    Doña Marina o Malintzin, traduce para Hernán Cortés

    La flota prosiguió el viaje costeando hasta Tabasco. En Potonchán decidieron aprovisionarse de agua y comida. Los mayas chontales, habitantes del lugar, permitieron el aprovisionamiento y les pidieron irse, pues no tenían suficiente comida para entregar a los expedicionarios. Cortés se negó y ordenó el desembarco Infructuosamente intentó por medio de Melchorejo y de Jerónimo de Aguilar más suministros de comida y oro. El intérprete maya aprovechó la oportunidad para escapar y aconsejó a los mayas chontales realizar el ataque; ante la negativa y amenazas de los nativos que se preparaban para la guerra, Diego de Godoy leyó el [inadmisible e impresentable] requerimiento siendo esta la primera actuación notarial en México, posteriormente y ante la negativa de los nativos de someterse a los españoles, se inició la batalla de Centla el 14 de marzo de 1519. que fue la primera gran batalla de los españoles en tierras de la Nueva España.

    Fundación de Santa María de la Victoria

    Los españoles lograron [indevidamente] la victoria gracias a la superioridad de armas y en especial al temor que los nativos tenían a los caballos. ya que era la primera ocasión que se usaba el caballo en una batalla en territorio mesoamericano. En el lugar, el capellán Juan Díaz ofició la que sería la primera misa católica en tierra firme de la Nueva España y Hernán Cortés fundó el 25 de marzo de 1519, el poblado al que bautizó con el nombre de Santa María de la Victoria, que más tarde sería la capital de la provincia de Tabasco

    Una vez vencidos, los mayas chontales entregaron como prenda de paz veinte mujeres, entre las que se encontraba una esclava de nombre Mallinalli o Malinche Tenépatl, llamada así —Tenépatl— por su facilidad de palabra, la cual fue bautizada y conocida por los españoles como doña Marina —o Malintzin por los indígenas—, quien se convirtió en intérprete a partir de entonces ya que conocía el idioma maya y el náhuatl. De esta forma, Jerónimo de Aguilar tradujo del español al maya, y doña Marina del maya al náhuatl para comunicarse con los mexicas.

    Malintzin, quien más tarde tuvo un hijo de Cortés que se llamó Martín (apodado «el Mestizo») —igual que Martín Cortés, el otro hijo que tuvo el propio Cortés con su esposa española Juana de Zúñiga—, habría de convertirse en figura medular de la conquista, no solo por ser intérprete invaluable, sino porque con su presencia y actuación fue personaje clave en el surgimiento de una nueva raza. De aquí que ella sea considerada como la madre y el símbolo del mestizaje que, casi medio milenio después, es representativo de la nacionalidad mexicana.

    Y con relación a Cortés, sus propios colegas habrían de referirse a él como Malintzine que significa "amo de Malintzin". Así se expresa Bernal Díaz del Castillo, refiriéndose a Cortés como Malinche. Años más tarde el apelativo fue confundido y usado para referir a doña Marina, como <la Malinche>.

    Los españoles permanecieron en Santa María de la Victoria hasta el 12 de abril, fecha en que Cortés decidió continuar su camino hacia Ulúa dejando a un puñado de españoles en la recién fundada villa, para pacificar y poblar la región.

    Fundación de Villa Rica en Veracruz

    Los españoles continuaron hacia el norte y llegaron el 21 de abril de 1519 a Chalchicueyecan, lugar previamente bautizado por Grijalva como San Juan de Ulúa. Para los mexicas era el año 1-caña y el calpixque en turno del emplazamiento de Cuextlan era Teudile, quien asistido por el sacerdote de Yohualichan, formó una pequeña comitiva de bienvenida. Siguiendo las órdenes previas de Moctezuma Xocoyotzin, se acercaron a los recién llegados en una canoa para preguntar por el señor al mando de las embarcaciones. Moctezuma estaba convencido de que se trataba de Quetzalcóatl, había enviado previamente diversos regalos, objetos de oro y máscaras con turquesas. Cortés les entregó cuentas de vidrio verdes y amarillas, una silla y un casco, este último, a los ojos de los mexicas, evocaba al dios de la guerra Huitzilopochtli. Habiendo desembarcado, y con el objeto de hacer alarde de su poderío militar e impresionar a los embajadores, Cortés organizó en la playa una carrera de caballos con disparos de artillería. Casi de inmediato salieron mensajeros hacia Tenochtitlan con los informes para el tlatoani.

    Tan pronto recibió las noticias de lo que sucedía en la costa, Moctezuma Xocoyotzin quedó impresionado, ya no estaba convencido del regreso de Quetzalcóatl, pensó que podría tratarse de Tezcatlipoca o incluso Huitzilopochtli. Asustado, el huey tlatoani envió mensajes con evasivas, diciendo a los españoles que le resultaría imposible recibirles en México-Tenochtitlan. Les sugirió marcharse lo antes posible y envió nuevamente ricos presentes. La respuesta del tlatoani solo excitó la codicia de los soldados: Cortés y sus hombres se dieron cuenta de que la riqueza del imperio era grande y que los pueblos sometidos resentían la dominación mexica, por lo que decidió avanzar hacia el interior.

    Conforme a la ley española, si se fundaba una ciudad con cabildo, esta era autónoma, así que entre el 5 y 10 de julio de 1519 se creó la Villa Rica de la Vera Cruz que eligió cabildo inmediatamente. Era un plan elaborado meticulosamente por Cortés, quien había analizado y comentado entre sus colegas la posibilidad de dar este paso mucho antes a la salida de Cuba; sabía por supuesto, que los seguidores de Velázquez se opondrían, por tal motivo, envió a Francisco de Montejo y Juan Velázquez de León en una misión de reconocimiento que tuvo el objetivo oficial de buscar un mejor emplazamiento para el campamento.

    Durante la ausencia de dichos capitanes, Cortés fingió estar decidido a regresar a Cuba, pues de acuerdo a las instrucciones de Velázquez, los objetivos ya se habían conseguido. Las «protestas» de sus amigos en favor de continuar la estancia en los territorios y poblar el lugar, cubrieron apariencias ante los ojos de los velazquistas. Solo un engaño para hacerles creer el fingimiento del caudillo. Cortés convocó una asamblea, se hizo de rogar para dimitir el cargo de capitán general del gobernador de Cuba que le había conferido Diego Velázquez junto a sus instrucciones, e hizo que las nuevas autoridades lo «eligieran» capitán general de una nueva expedición que solo debería obediencia al rey de España y de esta manera se desvinculó de la autoridad de las islas. Desde luego los regidores y funcionarios de la nueva villa fueron sus allegados. Fueron nombrados alcaldes Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, quien más tarde sería nombrado adelantado en la Conquista de Yucatán, para que de esta manera este último quedara implicado en la conspiración. Como regidores fueron nombrados Alonso de ÁvilaPedro de Alvarado, Alonso de Alvarado y Gonzalo de Sandoval, como alguacil mayor Juan de Escalante y como procurador general Francisco Álvarez Chico. Fue así como surgió el primer ayuntamiento en México.

    Se redactó la Carta del Cabildo, fechada el 10 de julio, en la cual «el concejo» comunicó a Carlos I la fundación de la villa, la designación como capitán general y justicia mayor de Hernán Cortés y se suplicó reiteradamente no otorgar el nombramiento de adelantado a Diego Velázquez, pues se le acusó de no haber administrado correctamente los asuntos de Cuba. Incluso se pidió un juicio de residencia para el gobernador; en el texto se describieron las tierras descubiertas y se anexó el Quinto del rey. Para el envío se designó como procuradores y representantes ante el rey a los alcaldes Francisco de Montejo y Alonso Hernández Portocarrero, quienes debían viajar directamente a España con el piloto Antón de Alaminos, pero desobedecieron las órdenes haciendo escala en Cuba, donde rápidamente las noticias y rumores llegaron hasta Santiago. Velázquez envió a Gonzalo de Guzmán y Manuel Rojas en persecución de los emisarios de Cortés, junto con una carta dirigida al obispo Fonseca a quien solicitaba ayuda.

    El gobernador de Cuba denunció el acto de rebeldía ante el licenciado Rodrigo de Figueroa, quien fungía como el nuevo juez de residencia y alcalde mayor de la isla La Española, y comenzó a organizar un ejército para capturar a Cortés. Por otra parte, en España, cuando el almirante Diego Colón y Moniz Perestrello se enteró de los acontecimientos, escribió una carta al rey solicitando que no fallase ni a favor de Velázquez, ni a favor de Cortés, pues reclamaba para sí, los derechos de las capitulaciones de Santa Fe que incluían estos territorios.

    Conquista del Imperio mexica

    Alianza con los totonacas e inicio de la guerra política

    Cortés se dirigió hacia Quiahuiztlán y Cempoala, pueblos totonacas que eran tributarios de los mexicas. Los gobernantes o teuctlis habían conocido a Juan de Grijalva, logrando una buena relación con los españoles. El teuctli de Cempoala, Chicomácatl, fue descrito como un hombre gordo con poca movilidad para desplazarse pero que, al igual que el teuctli de Quiahuiztlán, recibió amistosamente al contingente español. En la entrevista, Cortés prometió ayudar a liberarlos del tributo a los mexicas, a cambio de sellar una alianza militar de españoles y totonacas. Ahí empezó la política de pactos de Cortés que habría de permitirle capitanear una rebelión de pueblos sometidos que sería determinante en la conquista de los territorios del Imperio mexica.

    Durante esos días llegaron, de forma regular, cinco recaudadores de Moctezuma para cobrar los tributos pero Cortés aconsejó no pagarles y ponerles bajo arresto. Con temor, los totonacas siguieron el consejo. El caudillo español jugaba un doble papel: se entrevistó con los recaudadores y puso a dos de ellos en libertad fingiendo no conocer la actitud de los totonacas, además envió un falso mensaje de paz al tlatoani de Tenochtitlan, prometiendo ayudarlo para someter a los «alzados». A la mañana siguiente, Cortés reclamó a los teuctlis totonacas el «escape» de los dos recaudadores, y fingiendo enojo, hizo conducir a los tres restantes a las embarcaciones. La estratagema del caudillo era obtener el apoyo incondicional del pueblo totonaca y engañar a Moctezuma. Días más tarde, llegó una segunda embajada de Moctezuma, esta vez a cargo de Motelchiuh y dos sobrinos de Cacamatzin, que llegaron con regalos y agradeciendo el apoyo que ofrecía Cortés para someter a los «alzados». Este habló de forma secreta con el teuctli de Quiahuiztlán, a quien dijo que ya podía considerarse libre de su yugo y le recomendó «liberar» a los otros tres recaudadores. Motelchiuh regresó feliz a Tenochtitlan con los recién liberados.

    En Tizapancingo un grupo de mexicas comenzó a organizarse para someter a pueblos totonacas que dejaron de pagar tributo. Cortés asistió con la caballería y pudo vencerlos rápidamente, lo que convenció a los tecuhtlis de Quiahuiztlán y Cempoala de la efectividad de las fuerzas españolas y no dudaron en refrendar la alianza. Treinta pueblos totonacas se reunieron en Cempoala para sellar la alianza y marchar juntos a la conquista de Tenochtitlan, ofreciendo un gran número de tamemes para transportar la artillería de los europeos.

    Los totonacas aportaron mil trescientos guerreros a la empresa de Cortés. Sus comandantes principales fueron Mamexi, Teuch y Tamalli. El acuerdo se realizó sobre la base de que, una vez derrotados los mexicas, la nación totonaca sería libre. Las ciudades de Cempoala y Quiahuiztlán fueron bautizadas respectivamente como Nueva Sevilla y Archidona, pero dichos nombres no subsistieron.

    Destrucción de naves y conato de deserción

    Hernán Cortés mandó hundir sus naves («Cortés dio con los navíos al través»)

    Después de la partida de los emisarios, Alonso de Grado y Alonso de Ávila fueron nombrados alcaldes sustitutos de la Villa Rica de la Vera Cruz. Poco después de dicho nombramiento, un grupo inconforme de amigos de Diego Velázquez decidió regresar a Cuba, entre los que estaban fray Juan DíazJuan Velázquez de LeónDiego de Ordás, Alonso de Escobar, Juan Escudero, el piloto Diego Cermeño, y los marineros Gonzalo de Umbría y Alfonso Peñate. Ante la situación se celebró un consejo de guerra presidido por Cortés y organizado por el regimiento de la villa con el respaldo de los nuevos alcaldes. Como resultado Juan Escudero y Diego Cermeño fueron sentenciados a morir en la horca, a Gonzalo de Umbría se le cortó parte de un pie, y a los demás se le puso bajo arresto. Cuando los amotinados fueron puestos en libertad, se convirtieron en incondicionales del caudillo. Adicionalmente, como medida preventiva para futuras conspiraciones, Cortés mandó barrenar y hundir la mayor parte de los barcos. A manera de excusa se dijo que las embarcaciones eran «innavegables» y dicha declaración fue respaldada por los seguidores de Cortés. De acuerdo a la crónica de Díaz del Castillo, quienes pretendían desertar se vieron obligados a continuar en la empresa. Los que estaban a favor de la aventura, no necesitaban artificios para decidirse: Pues, ¿de qué condición somos los españoles para no ir adelante, y estarnos en partes que no tengamos provecho de guerra?

    El alguacil mayor de la Villa Rica, Juan de Escalante, quedó al cuidado de la guarnición con un pequeño grupo de soldados, en su mayoría viejos y heridos; las órdenes de Escalante incluían brindar el apoyo necesario al pueblo totonaca, ante eventuales hostilidades que perpetrasen los mexicas y vigilar la costa.

    Mientras tanto, el gobernador de la isla de JamaicaFrancisco de Garay, envió una expedición de exploración con tres navíos y doscientos setenta hombres al mando de Alonso Álvarez de Pineda al Golfo de México. Después de haber navegado desde la Florida hasta el río Pánuco fueron avistados por Escalante, quien de inmediato avisó a su capitán. Cortés creyó que eran embarcaciones enviadas por Velázquez y decidió poner una trampa en la playa para capturar a los nuevos expedicionarios, pero la argucia solo funcionó con siete hombres que desembarcaron en un bajel y el resto de la expedición pudo regresar a Jamaica. El 16 de agosto de 1519 Cortés con el resto de los españoles y un gran contingente de aliados totonacas comenzó la marcha hacia la ciudad de México-Tenochtitlan.

    Al inicio, la trayectoria de los conquistadores no fue fácil. Pasaron por Ixcalpan (Rinconada) y después Xalapa, donde fueron bien recibidos, así como Xicochimalco. Continuaron a Monte Grande, que tomó el nombre de Puerto de Dios, y siguieron a Teoizhuacán y Ayahualulco; cruzaron la Sierra de Puebla por el Cofre de Perote con abastecimiento muy limitado de agua; se dirigieron hacia el norte pasando por los poblados de Altotonga, Xalacingo y Teziutlán hasta llegar a Zautla, donde fueron recibidos por el gobernante local Olintetl. Cuando este fue cuestionado para saber si era tributario de los mexicas, su respuesta fue: «¿Acaso existe alguien que no sea vasallo de Moctezuma?». Durante la entrevista Cortés intentó convencerlo para dejar de tributar y aceptar soberanía de la Corona española, pero Olintetl se rehusó pues en el lugar se encontraba apostado un grupo de guerreros mexicas; no obstante, los españoles fueron bienvenidos y hospedados. El tecuhtli de Ixtacamaxtitlán, quien también era vasallo de Moctezuma, envió una invitación a los españoles y trató de convencerlos de seguir su ruta hacia Cholula para evitar el cruce por territorios tlaxcaltecas, pero Mamexi advirtió a Cortés de una posible celada y le propuso enviar mensajeros de paz a los dirigentes tlaxcaltecas para conformar una alianza en contra de los mexicas. Cortés, convencido de la fidelidad de los totonacas, siguió el consejo y prosiguió el itinerario preestablecido.

    Tlaxcala era una confederación de ciudades-estados unidas en una república gobernada por los integrantes de un senado. Tenochtitlan, estaba organizada de forma similar a un imperio; desde 1455 el poderío azteca estaba conformado sobre la base de una triple alianza cuyos integrantes eran los señoríos de TexcocoTlacopan, y Tenochtitlan, sin embargo este último ejercía la hegemonía del poder. En esos años ambas confederaciones rivalizaron y comenzaron las guerras floridas en contra de HuejotzingoCholula y Tlaxcala. El objetivo principal del ejercicio bélico era la captura de prisioneros.

    Bajo estas circunstancias de animadversión llegó Cortés al territorio de Tlaxcala al mando del ejército totonaca-español, el cual era numéricamente muy inferior con respecto a la densa población de Tlaxcala que se conformaba por los pinomes, los otomíes y los tlaxcaltecas, quienes vivían asentados en cientos de pequeñas localidades. El senado de Tlaxcala ya estaba enterado de los españoles y cuando recibieron a los mensajeros se reunieron para deliberar la propuesta de Cortés. Los principales representantes eran Xicohténcatl Huehue «el Viejo»Maxixcatzin, Citlalpopocatzin y Hueyolotzin. Al igual que los mexicas, los tlaxcaltecas consideraban a los españoles como semidioses pues las noticias al respecto de sus caballos y sus armas los habían impresionado. Maxixcatzin se inclinó por sellar la alianza y luchar contra sus acérrimos rivales, pero Xicohténcatl Axayacatzin argumentó la posibilidad de que los españoles no fueran semidioses, creyendo que la ambición que habían mostrado por el oro, los pequeños hurtos en los pueblos, la destrucción de templos y el desprecio de leyes ancestrales evidenciaba más un comportamiento humano que divino. La resolución fue atacar a los recién llegados: de lograrse la victoria se daría crédito a la nación tlaxcalteca, en caso de derrota se culparía a los otomíes de haber actuado en desobediencia a las órdenes del senado y se firmaría la alianza.

    El 2 de septiembre de 1519 un grupo de quince indígenas sirvió de anzuelo, se dejó perseguir por los extranjeros hasta el desfiladero de Tecóac, donde Xicohténcatl Axayacatzin había preparado una emboscada con un gran número de guerreros otomíes. Ante la situación el propio Cortés leyó el [impresentable e inadmisible] requerimiento pero no fue atendido. Al grito de «¡Santiago y cierra España!» se entabló [indebidamente] la primera batalla, cuyo resultado fue favorable para los españoles a pesar de encontrarse en desventaja numérica. Durante la noche que siguió, Cortés y sus hombres consideraron por primera vez la posibilidad de que su reducido ejército fuese aniquilado, estableciendo su campamento en el cerro de Tzompachtepetl.

    Buscando siempre la alianza, Cortés envió mensajeros de paz recibiendo una respuesta de Xicohténcatl irónica: «¿Paces?, ciertamente, las celebraremos, venid a Tlaxcala en donde esta mi padre. Allí haremos los paces, hartándonos de vuestras carnes y honrando a nuestros dioses con vuestros corazones». A pesar del anuncio de exterminio, los caballos, las armas y las tácticas militares españolas se impusieron a los tlaxcaltecas, quienes atacaban de forma inarticulada, sin cooperar entre sí, tratando siempre de capturar enemigos en lugar de liquidarlos.

    De cualquier forma, las subsecuentes batallas no fueron victorias fáciles para el ejército conformado por españoles y totonacas. Por su parte, Xicohténcatl envió espías con comida y regalos a la guarnición española, pero éstos fueron descubiertos rápidamente. Cortés ordenó amputarles manos y pulgares a manera de escarmiento. El espionaje tlaxcalteca resultó un fracaso pues los espías delataron la posición y planes de su ejército. Durante un nuevo enfrentamiento en los llanos, el cual volvió a ser desfavorable para Tlaxcala, Xicohténcatl tachó de incapaz a su lugarteniente Chichimecatecuhtli dando como resultado la deserción de las tropas de Ocotelulco y Tepetícpac.

    Tras evaluar la nueva situación, y considerando las repetidas derrotas, el senado de Tlaxcala ordenó a Xicohténcatl Axayacatzin detener la guerra para negociar un acuerdo de paz Xicohténcatl Huehue, Maxixcatzin, Citlalpopocatzin, Hueyolotzin y algunos otros señores importantes recibieron a los españoles el 18 de septiembre de 1519. En la reunión se estableció la crucial alianza para hacer frente a los mexicas. Como muestra de paz los tlaxcaltecas regalaron mujeres a los españoles, entre las que se encontraba una hija de Xicohténcatl el viejo, quién se casó con Pedro de Alvarado y fue bautizada como María Luisa Tecuelhuatzin. Los guerreros tlaxcaltecas que combatieron como aliados a partir de ese momento fueron Piltecuhtli, Aexoxécatl, Tecpanécatl, Cahuecahua, Cocomitecuhtli, Quauhtotohua, Textlípitl y Xicohténcatl Axayacatzin. Este último, sin embargo, nunca estuvo convencido de la alianza.

    La matanza de Cholula

    Antes de dirigirse hacia Tenochtitlan, Cortés había llegado a Cholula, ciudad tributaria y aliada de los mexicas con una población de treinta mil habitantes, que tenía un arraigado culto a Quetzalcóatl. Los tlaxcaltecas no eran amigos de los cholultecas y advirtieron a los españoles no confiar en ellos. Una comitiva de cholultecas dirigida por los capitanes Tlaquiach y Ttalchiac, salió al encuentro del ejército de Cortés siendo recibidos y hospedados cuatrocientos españoles y cuatrocientos totonacas dentro de la ciudad, pero los dos mil tlaxcaltecas a quienes consideraban enemigos, debieron acampar en la periferia. Durante dos días el trato para los recién llegados fue hospitalario; poco después, las autoridades cholultecas comenzaron a evadir a Cortés y sus capitanes,[126] ya que habían recibido en forma secreta instrucciones de Moctezuma para realizar una emboscada y aniquilar a los españoles. Una anciana que pretendía convertirse en la suegra de Malintzin confió a esta lo que se tramaba y poco después la intérprete por su parte alertó a Cortés.

    A la mañana siguiente el conquistador, anticipándose, capturó a los líderes cholultecas. Con una señal prevista mandó a su ejército a realizar un ataque preventivo, provocando la llamada matanza de CholulaMás de cinco mil hombres murieron en menos de cinco horas bajo el acero de las espadas españolas y la furia incontrolable de sus aliados tlaxcaltecas y totonacas. También se dio la orden de incendiar casas y templos. A pesar de haber sido una acción preventiva, muchas de las víctimas fueron civiles cholultecas que se encontraban desarmados. Pocos guerreros ofrecieron resistencia reaccionando hasta después de las dos primeras horas del sorpresivo ataque. Se sospechaba de veinte mil guerreros mexicas acampados en las inmediaciones de la ciudad para reforzar la emboscada; sin embargo, estos nunca aparecieron. Tras la victoria, los españoles se apoderaron del oro y las joyas, mientras que los aliados indígenas tomaron la sal y algodón. El contingente español, tlaxcalteca y totonaca permaneció en Cholula durante catorce días. Los cholultecas que habían sido tributarios de los mexicas, fueron sometidos y en la derrota, terminaron aliándose a las fuerzas de Cortés.

    Los conquistadores continuaron su expedición hacia Huejotzingo; atravesaron entre los dos volcanes vigías del valle, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl por un paraje boscoso que hoy lleva el nombre de Paso de Cortés. Del otro lado, avistaron por primera vez el lago de Texcoco y la isla de la ciudad de México-Tenochtitlan. Cruzaron por Amaquemecan y Chalco-Atenco, donde embajadores de Moctezuma intentaron convencerlos para detener su marcha. Tras una breve estancia en Ayotzinco continuaron la marcha hacia MixquicCuitláhuac (Tláhuac)Culhuacán e Iztapalapa. Al llegar a la ciudad, la población veía con asombro a los europeos y sus caballos.

    Entrada y estancia en Tenochtitlan

    Moctezuma realizó muchos intentos para disuadir a Cortés de avanzar hacia Tenochtitlan. El tlatoani envió regalos, embajadores e innumerables mensajes para convencer a los españoles de no visitar la ciudad pero todo fue inútil.Después de haber llegado al valle de México, el ejército compuesto por cuatrocientos españoles, cuatro mil tlaxcaltecas y dieciséis caballos entró el 8 de noviembre de 1519, correspondiente al día "8 Ehecatl" del año "1 acatl" en el mes Quecholli, a la ciudad de México-Tenochtitlan, construida en una isla del lago de Texcoco y unida a tierra por tres calzadas principales.

    Cortés y sus hombres fueron recibidos por el huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin y un amplio séquito, en el que se encontraban el tlahtoani de Tlacopan Totoquihuatzin, el tlatoani de Tetzcuco CacamatzinCuitláhuacTetlepanquetzaltzin, Itzcuauhtzin, Topantemoctzin, y algunos otros servidores.Tras una breve presentación, hubo un intercambio de regalos. Cortés entregó a Moctezuma un collar de cuentas de vidrio que se llamaban margaritas y el gobernante entregó al caudillo un collar con ocho camarones de oro. Posteriormente los españoles fueron alojados en el palacio de Axayácatl, cercano al recinto sagrado de la ciudad. Moctezuma era un guerrero experimentado, pero como hombre supersticioso, continuaba con la idea de que posiblemente los extraños visitantes eran semidioses. Se entrevistó de forma privada con Cortés y dio a entender, de acuerdo a diversas crónicas, la sumisión como vasallo del rey Carlos I de España.

    Mientras tanto en la costa, siguiendo los consejos de los conquistadores españoles, los totonacas dejaron de pagar el acostumbrado tributo a los mexicas. El calpixque Cuauhpopoca dirigió a los guerreros mexicas y comenzó el ataque contra los totonacas, pero estos fueron defendidos por la guarnición española de la Villa Rica de la Vera Cruz. Como resultado de la contienda, los españoles sufrieron siete bajas, entre ellas, Juan de Escalante quien logró incendiar la población de Nautla antes de la retirada de sus hombres pero murió más tarde a consecuencia de las heridas. Las noticias pronto llegaron a Tenochtitlan; desde la costa los mexicas enviaron a Moctezuma, junto con el reporte de la batalla, la cabeza decapitada del soldado español Juan de Argüello como prueba fehaciente de que los europeos eran seres mortales y no dioses. El tlahtoani, aterrado al ver la cabeza, prohibió las acciones militares y pidió mantener en secreto la noticia. De forma paralela mensajeros totonacas informaron los mismos sucesos a Cortés.

    El oro del quinto del rey fue fundido por los orfebres para ser enviado a España

    Durante la breve estancia, los españoles habían descubierto accidentalmente tesoros escondidos en una de las recámaras principales del suntuoso palacio de Axayácatl; pero también habían valorado el posible riesgo de una emboscada por parte de los mexicas y por tales motivos decidieron someter a Moctezuma. El 14 de noviembre Cortés tomó como pretexto los acontecimientos de Nautla para arrestar al tlahtoani, exigiendo también castigo para los responsables. Sorprendido, Moctezuma negó haber ordenado el ataque y mandó llamar a Cuauhpopoca, los emisarios mexicas fueron acompañados por Francisco de AguilarAndrés de Tapia y Gutiérrez de Valdelomar. A partir de ese momento el tlatoani fue vigilado por una escolta española. Cuando regresaron los emisarios, el tlahtoani otorgó el privilegio de juicio a Cortés; el proceso fue breve y se sentenciaron a morir en la hoguera a Cuauhpopoca, a su hijo y quince principales de Nautla. Para prevenir una sublevación, Moctezuma fue entonces sometido con grilletes y se le obligó a presenciar la ejecución. Este audaz secuestro del emperador Moctezuma II por parte de Cortés, como hará también Francisco Pizarro con el inca o inga Atahualpa, recuerda mucho al que sufrió casi cien años antes el rey Juan II de Castilla, el llamado Golpe de Tordesillas (1420), por parte de uno de los Infantes de Aragón; quizá incluso al parecido de Juana la Loca, y con similares intenciones.

    El pueblo mexica, en silencio y expectante, comenzó a dudar de su máximo dirigente por la sumisión mostrada.

    Permanentemente custodiado, Moctezuma continuó sus actividades cotidianas. Convivió con Cortés y sus capitanes, les mostró la ciudad y los alrededores. Durante los siguientes días el conquistador pidió al tlahtoani que abandonase a sus dioses y que prohibiese los sacrificios humanos. También averiguó los lugares de donde procedía el oro. Ante el asombro y disgusto de los sacerdotes mexicas, se derribaron las efigies de sus dioses, se impusieron imágenes cristianas y se celebró una misa en la cúspide del Templo Mayor.

    Se organizaron excursiones para inspeccionar las minas. Gonzalo de Umbría se dirigió hacia Zacatula en la región mixtecaDiego de Ordás hacia Tuxtepec y CoatzacoalcosAndrés de Tapia y Diego Pizarro se dirigieron a la zona de Pánuco.Cortés también pidió a Moctezuma solicitar oro a todos los pueblos tributarios de los mexicas. Nuevamente el tlahtoani accedió con la esperanza de que a cambio de entregar esos tesoros, los europeos se retiraran de Tenochtitlan. Para facilitar su transporte y reparto, todo el oro fue fundido en barras por los orfebres de Azcapotzalco, separándose el quinto del rey.

    Una pequeña comitiva de españoles fue enviada en búsqueda de oro a Tetzcuco. Los guías eran Netzahualquentzin y Tetlahuehuezquititzin, ambos hermanos de Cacama. Debido a un malentendido, se sospechó de una posible traición de Netzahualquentzin, motivo por el cual fue sentenciado a morir en la horca. Cacama, exacerbado, intentó sublevarse con los señores de Coyoacán, Tlacopan, Iztapalapa, Toluca y Matalcingo, pero Ixtlilxóchitl, también hermano y a la vez enemigo de Cacama, lo traicionó. Los rebeldes fueron arrestados y Cortés decidió nombrar a Coanácoch como nuevo tlahtoani de Tetzcuco. Días más tarde, Pedro de Alvarado torturó a Cacama para que este entregara una mayor cantidad de oro, acción que fue denunciada por Bernardino Vázquez de Tapia durante el juicio de residencia de Alvarado.

    Moctezuma le insistió a Cortés que se retirase de la ciudad, pero la respuesta fue negativa. La estancia se prolongó bajo la excusa de no contar con embarcaciones, pues estas habían sido destruidas. A pesar del malestar social de los mexicas por las acciones de los conquistadores españoles y el abyecto comportamiento del huey tlahtoani, este intentó por todos los medios evitar un levantamiento. A petición de Cortés, dirigió un discurso solemne frente a su pueblo, en el cual, llorando, se reconoció como vasallo de Carlos I y pidió rendir obediencia a los españoles. Creía en las profecías y supersticiones, pero también temía que en caso de un enfrentamiento armado su pueblo fuese masacrado.

    Considerando tener un relativo control sobre Tenochtitlan, Cortés envió a la región de Coatzacoalcos a Juan Velázquez de León con cien hombres con el objetivo de fundar una colonia, para de esta manera, extraer oro y vigilar la costa.Rodrigo Rangel fue enviado a Chinantla, y para tranquilizar a Moctezuma, Cortés envió a la Villa Rica de la Vera Cruz a Gonzalo de Sandoval, Martín López, Andrés Núñez, y Alfonso Yáñez con órdenes oficiales de construir nuevas embarcaciones a la vista de los mexicas, pero con instrucciones secretas de realizar los trabajos de la manera más lenta posible.

    Entrevista de los procuradores con el rey y el Consejo de Castilla

    Mientras eso ocurría en Tenochtitlan, los procuradores de la Villa Rica de la Vera Cruz, Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, habían llegado a Sevilla. Era octubre de 1519 cuando el obispo Juan Rodríguez de Fonseca se enteró de los acontecimientos, girando órdenes al contador de la Casa de Contratación Juan López de Recalde para incautar el tesoro que transportaban los procuradores. Fray Benito Martín había conseguido ya en la corte el título de adelantado para Diego Velázquez de Cuéllar y solicitó que se otorgara plena autoridad al gobernador de Cuba para castigar la insubordinación de Cortés.

    Rodríguez de Fonseca aún tenía el control del Consejo de Castilla, el cual atendía los asuntos de las Indias, pero el obispo de Badajoz Pedro Ruiz de la Mota y el secretario del rey Francisco de los Cobos y Molina quedaron impresionados por el oro traído de México. El obispo de Badajoz abogó por Cortés ante el rey Carlos I. Por otra parte los procuradores acudieron a Martín Cortés, padre del caudillo, para tratar de conseguir mediante cartas una entrevista con el rey, quien al escuchar esta solicitud se mostró interesado en recibirlos y en conocer a los totonacas que habían traído en el viaje. Los emisarios de Cortés llegaron tarde a Barcelona en donde encontrarían al rey, pero este, en constante movimiento, se había trasladado a Burgos. No obstante, pudieron contactar al abogado Francisco Núñez y al consejero del rey Lorenzo Galíndez de Carvajal, quien decidió apoyarlos.

    Carlos I había sido elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, además de atender los asuntos de la Guerra de las comunidades de Castilla, debería hacer frente al conflicto de la reforma luterana y viajar hacia Aquisgrán donde sería coronado. Sin embargo, mostró gran interés en los asuntos de Indias. Cuando los emisarios de Cortés llegaron a Burgos la corte se había desplazado a Valladolid. En Tordesillas el monarca sostuvo una reunión informal con los procuradores, pero fue el 30 de abril de 1520, en Santiago de Compostela, donde el comité del Consejo de Castilla escuchó finalmente a los procuradores.

    El comité estaba conformado por el cardenal Adriano de Utrecht, el canciller imperial Mercurino Arborio Gattinara, el obispo de Badajoz Pedro Ruiz de la Mota, el arzobispo de Palermo Jean Carondelete, el arzobispo de Granada Antonio de Rojas Manrique, el comendador mayor de Castilla Hernando de la Vega, y el obispo de Burgos Juan Rodríguez de Fonseca. Además estuvieron presentes en la reunión el doctor Diego Beltrán, Luis Zapata, Francisco de Aguirre, Lorenzo Galíndez de CarvajalPedro Mártir de AngleríaBartolomé de las Casas, Juan de Sámano, y Francisco de los Cobos y Molina.[98] Se realizó una larga sesión en la que fueron cuestionados los procuradores Francisco de MontejoAlonso Hernández Portocarrero y el emisario del gobernador de Cuba, Gonzalo de Guzmán. A pesar de que el obispo de Burgos acusó a Cortés y sus hombres como desertores y traidores, el 17 de mayo de 1520 el comité decidió aplazar la resolución hasta escuchar nuevas pruebas tanto de Velázquez como de Cortés.

    Expedición de Narváez

    Diego Velázquez, desconociendo aún los últimos sucesos en España, confiscó en la isla de Cuba los bienes de Cortés y de algunos de sus hombres. Organizó un ejército [enorme] que constaba de diecinueve embarcaciones, mil cuatrocientos hombres, ochenta caballos, veinte piezas de artillería y mil auxiliares cubanos. Designó a Pánfilo de Narváez como capitán con órdenes secretas para arrestar o matar a Cortés. Cuando Rodrigo de Figueroa, juez de residencia de La Española, se enteró de los planes de Velázquez, consideró que la pugna no era beneficiosa para la corona y por tal motivo envió al oidor (juez) Lucas Vázquez de Ayllón junto con el alguacil de Santo Domingo Luis de Sotelo y el escribano Pedro de Ledesma para detener la expedición. Vázquez de Ayllón encontró a Narváez en Xaraguas y le ordenó abortar la expedición. Adicionalmente, el 18 de febrero de 1520 notificó directamente a Velázquez las órdenes de Figueroa pero el gobernador de Cuba prosiguió con sus planes, desatendiendo la petición oficial y desafiando la autoridad de Figueroa. En esa circunstancia, Vázquez de Ayllón decidió viajar simultáneamente a la Villa Rica de la Vera Cruz para tratar de negociar un acuerdo. Las embarcaciones zarparon de Cuba el 5 de marzo de 1520. Poco antes de salir de Cuba se había extendido una epidemia de viruela en la isla, el virus fue transportado en la excursión.

    Participaron en la excursión de Narváez Juan Bono de Quejo, Leonel de Cervantes, el veedor (inspector) del gobernador de Cuba Gerónimo Martínez de Salvatierra, un sobrino homónimo de Velázquez conocido como «el Mozo», el alcalde de Trinidad Francisco Verdugo, Gaspar de Garnica, Baltasar Bermúdez y otros experimentados conquistadores. También viajó Andrés de Duero, secretario de Velázquez pero amigo de Cortés, ya que Amador de Lares había muerto a principios de 1520. Los barcos hicieron escala en Cozumel, en donde rescataron a los sobrevivientes del naufragio de Alonso de Parada y fundaron una pequeña guarnición. Se dirigieron hacia Tabasco llegando a Potonchan donde se encontraba la Villa de Santa María de la Victoria para reabastecerse de agua y en la etapa final del viaje fueron sorprendidos por una tormenta, perdiendo un barco y cincuenta hombres, entre ellos Cristóbal de Morante, quien había sido socio y capitán en la primera excursión a la península de Yucatán. Llegaron a San Juan de Ulúa el 19 de abril pero los barcos de Vázquez de Ayllón habían llegado un par de días antes, por lo que el oidor pudo contactar a los hombres de la Villa Rica de la Vera Cruz, enterándose antes de los logros de Cortés. Al desembarcar, Pánfilo de Narváez decidió fundar la ciudad de San Salvador. Hicieron contacto con los totonacas, a quienes informaron que pretendían arrestar a Cortés y liberar a Moctezuma. El tecutli gordo de Cempoala quedó impresionado ante las noticias, pero prefirió dar la bienvenida a los recién llegados, suministrándoles víveres durante tres semanas. Los totonacas enviaron los acostumbrados regalos pero Pánfilo los guardó para sí, provocando la antipatía de sus seguidores. Debido a que la zona se encontraba en paz, Ayllón habló bien de Cortés y los hombres al desconocer los planes de la expedición comenzaron a inquietarse. Narváez culpó al oidor de la situación y decidió arrestarlo. Vázquez de Ayllón, Pedro de Ledesma y algunos simpatizantes de Cortés fueron hechos prisioneros y enviados en un barco con dirección a Cuba. El oidor no pudo hacer nada frente a los hombres de Narváez, pero cuando zarparon, amenazó al capitán del barco, en el sentido de que si este obedecía las órdenes de ir a Cuba lo condenaría a la horca; por tal motivo, la embarcación se dirigió hacia La Española. Ahí, Vázquez de Ayllón denunció los hechos y envió cartas a España detallando la afrenta y el proceder violento de Narváez. Finalmente, lo sucedido fue contraproducente a los intereses de Diego Velázquez.

    Una comitiva de Moctezuma, quien estaba sometido, se puso en contacto con Narváez, y pronto fueron enviados mensajes al huey tlatoani. este albergó nuevas esperanzas de ser liberado y mantuvo en secreto esta comunicación, pero no pudo ocultar las noticias de la llegada de las embarcaciones. Cortés designó a fray Bartolomé de Olmedo y cinco emisarios para indagar las noticias de lo que ocurría. En la costa, Narváez comisionó a fray Antonio Ruiz de Guevara y al escribano Alfonso de Vergara para que notificasen a Gonzalo de Sandoval las nuevas provisiones de Diego Velázquez: se consideraba a Cortés un traidor y Narváez debía recibir el apoyo de todos los españoles. Sandoval, lejos de atender la petición, decidió apresar a los comisionados y enviarlos de inmediato a Tenochtitlan. Narváez también envió cartas a Juan Velázquez de León pensando, equivocadamente, que el pariente del gobernador de Cuba sería un aliado.

    Cortés recibió con halagos a Vergara y Guevara, les pidió disculpas por el trato de Sandoval. El caudillo organizó un banquete y les regaló oro, ante lo que los comisionados quedaron pasmados. Muy pronto se hicieron amigos del anfitrión e informaron a este de todos los detalles de la expedición, olvidaron leer las provisiones de Velázquez e incluso sugirieron enviar regalos a los hombres de Narváez. Cortés los envió de regreso a la costa con una escolta y una carta de respuesta para Narváez. En contraste, los emisarios de Cortés habían sido arrestados a excepción del clérigo Olmedo, quien se dedicó a describir las riquezas de la tierra. Cuando Vergara y Guevara llegaron a San Salvador, comenzaron a repartir oro de forma secreta a los hombres de Narváez. La misiva de Cortés contenía palabras de bienvenida e invitación a los miembros de la expedición, pero de sorpresa por la nueva designación de Narváez.

    Ante la expectativa, Cortés salió de Tenochtitlan marchando con parte de su ejército hacia la costa, dejando una guarnición de ochenta hombres al mando de Pedro de Alvarado, envió instrucciones a Velázquez de León y Rangel para que se reunieran con él en Cholula para ir de manera conjunta hacia Cempoala. Fueron diversas idas y venidas de mensajeros, Narváez hacía proposiciones no aceptadas por Cortés pues trataba de desposeerlo en favor de Velázquez, y Cortés hacía contraposiciones inaceptables por parte de Narváez, pues justificaba su actuación en su obediencia de forma directa al rey sin reconocer la autoridad del gobernador de Cuba. Las entrevistas con mensajeros sirvieron de espionaje, Andrés de Duero ayudó nuevamente a su amigo para sobornar a diferentes oficiales de Narváez. Los hombres de Cortés avanzaron hacia Mictlancuauhtla y acamparon el 28 de mayo en la ribera del río Chachalacas. Pocas horas antes de realizar el ataque sus espías informaron de los pormenores de las posiciones de los contrincantes. Narváez se encontraba en Cempoala, confiado en que no atacarían por las condiciones del tiempo.

    A pesar de que el ejército de Cortés era menos numeroso que el de Narváez, el ataque sorpresa fue veloz y certero. Diego Pizarro con sesenta hombres tenía órdenes de apoderarse de la artillería; Gonzalo de Sandoval con ochenta hombres debía capturar o matar a Narváez; Juan Velázquez de León enfrentaría a las fuerzas de su primo Diego Velázquez «el Mozo», sobrino del gobernador; Diego de Ordás tendría que capturar a las fuerzas comandadas por Salvatierra; finalmente, Andrés de Tapia y Cortés reforzarían con ayuda a cualquiera de los otros capitanes.

    Cuando Narváez se dio cuenta del ataque trató de reaccionar, pero era tarde. Los sobornos funcionaron, el jefe de artillería Bartolomé de Usagre había colocado cera en los cañones, la pólvora se había mojado, los hombres de Bermúdez no se encontraban en sus puestos y los espías de Cortés habían cortado las cinchas de las sillas de los caballos. Tras una breve refriega en lo alto del teocalli, el piquero Pedro Gutiérrez de Valdomar dejó tuerto a Narváez. Pedro Sánchez Farfán llevó al prisionero herido ante los capitanes Gonzalo de Sándoval, Alonso de Ávila, y Diego de Ordás, quienes le quitaron las supuestas provisiones del rey, que resultaron ser tan solo las instrucciones de Velázquez. Cuando Pánfilo fue llevado ante Cortés, le dijo «Señor capitán, tened en mucho esta victoria y el haberme preso», a lo que este contestó: «Doy gracias a Dios y a mis esforzados caballeros, mas una de las menores cosas que he hecho en esta tierra es desbarataros y prenderos». Hubo pocas bajas, no más de veinte, entre ellas el tecutli gordo de Cempoala Chicomácatl, Diego Velázquez «el Mozo» y Alonso Carretero. La mayor parte de los hombres se rindieron convencidos de la riqueza de las tierras descubiertas y reconocieron a Cortés como nuevo jefe, incrementando así la fuerza militar del conquistador. Entre los auxiliares viajaba Francisco de Eguía, un esclavo de raza negra enfermo de viruela. Al terminar la campaña se desmanteló San SalvadorJuan Velázquez de León partió hacia Pánuco para poblar la zona con cien hombres y vigilar posibles incursiones de Francisco de Garay. Un mensajero proveniente de Tenochtitlan informó a Cortés sobre una rebelión en la ciudad, mediante la cual tenían emboscados a todos los hombres que habían quedado al resguardo de la misma; así mismo, se enteró de la comunicación secreta que había sostenido Moctezuma con Narváez.

    Matanza del Templo Mayor

    Durante la ausencia de Cortés, en Tenochtitlan se debía celebrar la ceremonia en honor del dios Huitzilopochtli. Los mexicas pidieron permiso al capitán Pedro de Alvarado, quien otorgó el permiso correspondiente para llevar a cabo la fiesta de Tóxcatl, la cual era un extenso ritual en donde se hacía una estatua de Huitzilopochtli; sacerdotes, capitanes, así como jóvenes guerreros bailaban y cantaban desarmados. Pero Alvarado descubrió serios indicios de que una conspiración estaba en marcha contra los españoles aprovechando la ausencia de Cortés y que en la ceremonia de honor los españoles serían sacrificados. Alvarado mandó cerrar las salidas, pasos y entradas al patio sagrado, la entrada de Cuauhquiyauac (Águila) en el palacio menor, la de Ácatl iyacapan (Punta de caña), la de Tezcacóac (Serpiente de espejos) y entonces comenzó la masacre. «Dieron un tajo al que estaba tañendo el tambor, le cortaron ambos brazos y luego lo decapitaron, lejos fue a caer su cabeza cercenada, otros comenzaron a matar con lanzas y espadas; corría la sangre como el agua cuando llueve, y todo el patio estaba sembrado de cabezas, brazos, tripas y cuerpos de hombres muertos».

    Fue una gran pérdida porque los asesinados eran los dirigentes que se habían educado en el Calmécac, los veteranos de guerra, los calpixques, los intérpretes de códices. La presencia de los extranjeros ofendía al pueblo de Tenochtitlan, pero era tanto el respeto que sentían por la figura del huey tlatoani, que nadie se había atrevido a contradecirlo. La matanza del Templo Mayor provocó una enorme indignación y los mexicas se lanzaron contra el palacio de Axayácatl. Moctezuma pidió al tlacochcálcatl (jefe de armas) de Tlatelolco, Itzcuauhtzin, calmar a la población enardecida con un discurso en el que pedía a tenochcas y tlatelolcas no combatir contra los españoles. La rebelión ya no pudo ser detenida, la población ofendida por la actitud del tlatoani, gritaba «¡Ya no somos tus vasallos!». Además se encontraban irritados por el ataque alevoso a sus capitanes. Sitiaron el palacio durante más de veinte días, en los que los españoles se atrincheraron llevando con ellos a Moctezuma y a otros jefes.

    Expulsión de los españoles de Tenochtitlan

    De regreso en la ciudad y tras un enfrentamiento en Iztapalapa, Cortés pudo reunirse con sus compañeros en el palacio de Axayácatl desde el que se defendían de constantes ataques. De acuerdo a Díaz del Castillo, Cortés había llegado con más de mil trescientos soldados, noventa y siete caballos, ochenta ballesteros, ochenta escopeteros, artillería y más de dos mil tlaxcaltecas. Pedro de Alvarado había mantenido cautivo a Moctezuma, junto con algunos de sus hijos y varios sacerdotes.[158]

    Después de estos sucesos ocurrió la muerte de Moctezuma Xocoyotzin. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl afirma que fueron los españoles quienes asesinaron a Moctezuma por heridas de espada,cosa que niegan los cronistas españoles. Díaz del Castillo dice que Moctezuma subió a uno de los muros del palacio para que hablara con su gente y los tranquilizara; sin embargo, la multitud enardecida comenzó a arrojar piedras, una de las cuales hirió a Moctezuma de gravedad durante su discurso. Moctezuma fue llevado al interior pero falleció tres días después a causa de la herida. Su cuerpo y el de Itzcuauhtzin, señor de Tlatelolco, fueron llevados fuera del palacio por dos sirvientes del tlatoani y arrojados a la acequia. La convivencia entre Cortés y Moctezuma había creado un vínculo de amistad y el tlatoani, antes de morir, pidió a Cortés que favoreciese a su hijo, de nombre Chimalpopoca. Al morir Moctezuma, Cortés y los capitanes que lo habían arraigado entristecieron.

    El palacio quedó cercado, sin agua, ni alimentos, y el Tlahtocan (concejo) eligió como nuevo tlatoani a un hermano de Moctezuma, Cuitláhuac. En esas circunstancias, Cortés se vio forzado a abandonar la ciudad. Organizó el escape ordenando cargar la mayor cantidad de oro posible. Para impedir la huida de los españoles, los mexicas habían desmontado los puentes de los canales en la ciudad, Cortés utilizó las vigas del palacio de Axaycácatl para improvisar puentes portátiles.

    ..«Todo lo cogieron, de todo se adueñaron, todo lo arrebataron como suyo, todo se apropiaron como si fuera su suerte. Y después que le fueron quitando a todo el oro, cuando se lo hubieron quitado, todo lo demás lo juntaron, lo acumularon en la medianía del patio, a medio patio; todo era pluma fina»..
    Historia general de las cosas de la Nueva España.
     

    El 30 de junio de 1520 durante la noche, Cortés salió de Tenochtitlan. Ochenta tamemes tlaxcaltecas fueron previstos para transportar el oro y las joyas. Adelante marcharon Gonzalo de Sandoval, Antonio de Quiñones, Francisco de Acevedo, Francisco Lugo, Diego de Ordás, Andrés de Tapia, doscientos peones, veinte jinetes y cuatrocientos tlaxcaltecas. En el centro transportando el tesoro, Hernán Cortés, Alonso de Ávila, Cristóbal de Olid, Bernardino Vázquez de Tapia, la artillería, Malintzin y otras mujeres indígenas, Chimalpopoca con sus hermanas, los prisioneros mexicas y el grueso de las fuerzas españolas y aliadas. En la retaguardia Pedro de Alvarado, Juan Velázquez de León, la caballería y la mayor parte de los soldados de Narváez.

    Solo consiguieron salir los primeros ya que, descubiertos y dada la voz de alarma, fueron acosados desde canoas, muriendo unos ochocientos españoles y gran número de aliados, además de perder cuarenta caballos, cañones, arcabuces, espadas, arcos y saetas de hierro, así como la mayor parte del oro. Entre las bajas se encontraron el capitán Juan Velázquez de León, quien había sido fiel a Cortés a pesar de ser pariente de Diego Velázquez de CuéllarFrancisco de MorlaFrancisco de Saucedo. Cacama, dos hijas de Moctezuma y Chimalpopoca. El propio Cortés fue herido en una mano. Los supervivientes escaparon por la ruta de Tlacopan, episodio en el que el cronista López de Gómara describió el salto de Pedro de Alvarado en el puente de Toltacacalopan, mismo que fue desmentido por Díaz del Castillo. Todos los cronistas coinciden con el llanto de Cortés en la Noche Triste:

    .. «Cortés a esto se paró, y aun se sentó, y no a descansar, sino a hacer duelo sobre los muertos y que vivos quedaban, y pensar y decir el baque la fortuna le daba con perder tantos amigos, tanto tesoro, tanto mando, tan grande ciudad y reino; y no solamente lloraba la desventura presente, más temía la venidera, por estar todos heridos, por no saber adónde ir, y por no tener cierta la guardia y amistad en Tlaxcala; y ¿quién no llorara viendo la muerte y estrago de aquellos que con tanto triunfo, pompa y regocijo entrado habían?
    Historia general de las Indias, Francisco López de Gómara.

    Batalla de Otumba

    La ruta que tomaron hacia Tlaxcala fue a través de TlalnepantlaAtizapán, Teocalhueycan, CuautitlánTepotzotlán, Xóloc, Zacamolco. El 7 de julio los conquistadores fueron ferozmente atacados en la batalla de Otumba. Agotados tras días de ser perseguidos, y pese a la inmensa desigualdad de fuerzas, la habilidad militar de Cortés se centró en defenderse en círculo hasta conseguir matar al cihuacoatl o principal capitán de los mexicas, pues muerto este, los perseguidores se dispersarían y huirían y así fue, consiguiendo una victoria que hoy se estudia en las academias militares del mundo. Debido a que el mayor número de bajas correspondía a los indios aliados, Hernán Cortés pensó que la alianza con los tlaxcaltecas había terminado tras la derrota, pero de forma contraria a sus predicciones fue recibido con benevolencia por el senado de Tlaxcala, a pesar de la oposición de Xicohténcatl. Las fuerzas españolas comenzaron a reorganizarse, aunque tardaron más de un año para regresar a tomar la plaza de Tenochtitlan.

    Mientras tanto en la ciudad se desató una epidemia de viruela, enfermedad desconocida en América y a consecuencia de la cual mucha gente murió en un lapso corto. Como daño colateral se presentó una hambruna, en razón del desquiciamiento de los sistemas de abastecimiento. Cuitláhuac mandó reconstruir el templo mayor, reorganizó el ejército y lo envió al valle de Tepeaca. Intentó realizar alianza con los purépechas, pero el cazonci Zuanga después de considerar la oferta, se negó a aceptarla. También fueron enviados emisarios con intenciones de sellar la paz con los tlaxcaltecas, pero éstos se negaron rotundamente. En noviembre de ese mismo año, Cuitláhuac murió de viruela al igual que el tlatoani de Tlacopan Totoquihuatzin. Considerando que Cacama había muerto durante los hechos ocurridos el 30 de junio, la Triple Alianza tuvo nuevos sucesores, Coanácoch en TetzcucoTetlepanquetzaltzin en Tlacopan y Cuauhtémoc (Águila que desciende), sobrino de Moctezuma Xocoyotzin, en Tenochtitlan.

    Cuauhtémoc había participado en el episodio de la noche triste como tlacochcálcatl (jefe de armas) y se había pronunciado en contra de la actitud pasiva de Moctezuma. Debido a que su madre era Tiacapantzin, heredera al trono de Tlatelolco, pudo reunir el apoyo de toda la ciudad. Cuando fue elegido nuevo tlatoani continuó con los trabajos de reconstrucción y fortificación la ciudad, pues suponía el regreso de los españoles, envió embajadores a todos los pueblos solicitando aliados por medio de la disminución o eliminación de tributos. Buscó por segunda ocasión la alianza con el nuevo cazonci purépecha Tangáxoan Tzíntzicha, cuyo padre Zuanga también había muerto por la viruela; la negativa del heredero fue más violenta, los emisarios de Cuauhtémoc fueron asesinados en Tzintzuntzan.[168]

    Reagrupamiento de los españoles y abastecimiento de Cortés

    Los sobrevivientes españoles pasaron tres días en Hueyotlipan donde fueron auxiliados por los tlaxcaltecas. Poco después Cortés y Maxixcatzin se reunieron en Tlaxcala para refrendar su alianza. Durante veinte días los conquistadores descansaron, atendieron a los heridos y se reorganizaron.

    Poco antes a la última incursión a Tenochtitlan habían sido atacadas dos comitivas españolas. El primer ataque causó poco más de veinte bajas, algunos hombres de Narváez habían sido arrestados por las fuerzas de Cortés y eran conducidos al valle de México. Los prisioneros nunca llegaron a su destino pues fueron sorprendidos por guerreros mexicas en Quecholac. El segundo ataque causó cuarenta y cinco bajas españolas y doscientas bajas tlaxcaltecas cuando una excursión al mando de Juan de Alcántara fue aniquilada en Calpulalpan.

    Cortés decidió entonces emprender una campaña militar para castigar a la región, no solo para recuperar el honor y el ánimo de sus hombres, sino también para cortar la vía de suministros que recibía la ciudad de Tenochtitlan desde la costa oriental. Con base en el discurso de Moctezuma, el caudillo español consideró que todos los mexicas y tributarios eran oficialmente vasallos de Carlos I y que cualquier acción adversa, por tal motivo, debía ser considerada como acto de rebeldía. La lectura del requerimiento fue un procedimiento habitual para justificar legalmente los actos punitivos de la nueva campaña.

    Los tlaxcaltecas aportaron dos mil guerreros al mando de Tianquizlatoatzin, quien guio a Cortés a las zonas de ZacatepecAcatzingo y Tepeaca. El teuctli local se rindió el 4 de septiembre de 1520. Los prisioneros fueron esclavizados y se les marcó con hierro candente en la mejilla una «G» de «guerra». Muchos guerreros tepeacas fueron sacrificados por los tlaxcaltecas sin ninguna reclamación por parte de Cortés, quien toleró en repetidas ocasiones las acciones que sus aliados llevaban a cabo a pesar de que estas eran las mismas que tanto criticó de sus enemigos.

    El caudillo español fundó la villa de Segura de la Frontera el 9 de septiembre de 1520 y desde el nuevo emplazamiento dirigió ataques a las localidades de QuecholacHuaquechulaItzocanTecamachalcoZapotitlánIzúcar y Chiautla. Varios pueblos de la zona, entre ellos Huejotzingo y Cuetlaxtlan, prefirieron no oponer resistencia y aceptaron la alianza con las fuerzas españolas, pero otros como Tecamachalco y Acaptelahuacan fueron casi exterminados. El 30 de octubre, en Segura de la Frontera, Cortés redactó la segunda carta de relación, en la cual describió los últimos acontecimientos sin dar gran importancia al revés de Tenochtitlan. Alonso de Mendoza y Diego de Ordás fueron los responsables de llevar la misiva, pero zarparon con destino a la península ibérica hasta marzo de 1521:

    «...y por no dar cuenta de todas las particularidades que nos acaecieron en esta guerra, que sería prolijidad, no diré sino que, después de hechos los requerimientos para que viniesen a obedecer los mandamientos que de parte de vuestra majestad se les hacían acerca de la paz, no los quisieron cumplir y les hicimos la guerra y pelearon muchas veces con nosotros y con la ayuda de Dios y de la real ventura de vuestra alteza siempre les desbaratamos y matamos muchos, sin que en toda la dicha guerra me matasen ni hiriesen ni un español..en obra de veinte días hube pacíficas muchas villas y poblaciones a ella sujetas y los señores y principales de ellas han venido a ofrecerse y dar por vasallos de vuestra majestad...»
    Segunda carta de relación. Hernán Cortés.

    El jefe de carpinteros, Martín López, fue enviado por Cortés a Tlaxcala. Su misión era cortar y preparar madera para construir trece bergantines, los cuales serían utilizados en el asalto anfibio a Tenochtitlan. Cuando López llegó a Tlaxcala, se enteró de que Maxixcatzin había muerto víctima de la viruela pero pudo obtener sin problema la ayuda de Xicohténcatl Huehue.

    Alonso de Ávila y Francisco Álvarez Chico viajaron a Santo Domingo en busca de caballos, ballestaspólvoraarcabuces y cañones. Por otra parte, Francisco de Solís viajó a Jamaica en una misión similar. Los gastos fueron financiados con el poco oro rescatado de Tenochtitlan y del almacenado previamente en Tlaxcala.

    En esos días llegaron diferentes embarcaciones: una de ellas procedente de Cuba comandada por Pedro Barba, quien llevaba una carta de Velázquez dirigida a Narváez. El capitán de la nave y la tripulación decidieron unirse a Cortés. Lo mismo sucedió con una embarcación capitaneada por Rodrigo Morejón. Desde Castilla, Juan de Burgos llegó al mando de una embarcación que hizo escala en las islas Canarias; paralelamente, desde Sevilla llegó Juan de Salamanca, quien hizo escala en Santo Domingo.

    En la zona del río Pánuco una expedición dirigida por Diego de Camargo (futuro padre del historiador mestizo Diego Muñoz Camargo) bajo órdenes del gobernador de JamaicaFrancisco de Garay, había sido derrotada por los nativos huastecos. Para colmo, durante el escape una de las embarcaciones naufragó. Los sesenta sobrevivientes y Camargo se unieron a Cortés. El gobernador de Jamaica envió embarcaciones de apoyo, cincuenta hombres al mando del mestizo Miguel Díez de Aux y cuarenta hombres al mando de Francisco Ramírez «el Viejo». Estos capitanes, al evaluar la situación, también decidieron unirse a las fuerzas de Cortés.

    Con el objetivo de controlar la totalidad de la ruta hacia la costa oriental, Gonzalo de Sandoval fue designado para efectuar una nueva campaña en Zautla y Xalacingo. Con tan solo ocho bajas españolas, los pueblos fueron sometidos y al igual que en Tepeaca, los prisioneros fueron esclavizados y herrados.

    Avance hacia Tenochtitlan por el oriente

    Debido a que los tesoros fueron utilizados para conseguir los aprovisionamientos y se respetó además el quinto del rey, no hubo reparto de oro para los soldados. Algunos se inconformaron, entre ellos se encontraba Andrés de Duero, lo cual provocó el rompimiento de la larga amistad con Cortés. Este decidió dejar partir a los inconformes de regreso a Cuba para evitar posibles sublevaciones y redactó ordenanzas militares y civiles para controlar a los que se quedaron.

    Las fuerzas españolas comenzaron el avance hacia Texmelucan acompañadas por un gran contingente de tlaxcaltecas, quienes sumaron diez mil hombres bajo el mando de Chichimecatecuhtli. El objetivo de Cortés fue realizar un bloqueo a la ciudad de Tenochtitlan. Los pueblos de Huexotla, CoatlinchanChalcoAmecamecaTlalmanalcoOzumba, y Mixquic, decidieron apoyar a los españoles proveyéndoles también de alimentos.

    Cuando las fuerzas españolas llegaron a Tetzcuco, el tlatoani Coanácoch huyó hacia Tenochtitlan para reunirse con Cuauhtémoc. La población también evacuó la ciudad, yéndose en parte a Tenochtitlán en miles de barcas sin que Cortés pudiera evitarlo. Los tlaxcaltecas por su parte incendiaron el palacio de Nezahualpilli, en el cual se encontraban los códices texcocanos. Ixtlilxóchitl, enemigo y hermano del tlatoani, se convirtió en aliado incondicional de los españoles, fue designado señor de la ciudad, y sobre la base de esto Cortés logró que parte de la población volviera. Allí recibió delegados de varias localidades de la región comunicando su apoyo a los españoles.

    Después de ocho días fortificando su recinto en Texcoco, y sin recibir ataques, Cortés avanzó hacia el sur sobre Iztapalapa con 15 jinetes, 200 infantes y 5000 aliados indios, incluyendo un número indeterminado de texcocanos a las órdenes de Ixtlilxóchitl. Esto implicaba situarse casi sobre las veredas de acceso a Tenochtitlán. Tomó Itzapalapa, pero gran parte de los defensores pudieron ser evacuados en barcas. Por la noche los mexicas abrieron obras de contención provocando que la ciudad se inunde, por lo que Cortés debió evacuar la plaza esa misma noche, perdiendo las provisiones que había tomado. Al día siguiente los mexicas envían un ejército por tierra, y tropas que atacan desde balsas y se retiran cuando los españoles intentan cargar. Sin poder evitar el hostigamiento de las barcas, sin atreverse a atacar al ejército de tierra, que era muy numeroso, y sin alimentos, Cortés opta por replegarse a Texcoco. Pese a su temor de que haber sido rechazado evitara que continuaran pasando al bando español nuevas ciudades, recibe luego delegados de Otumba y otras poblaciones que le comunican su apoyo.

    Al no tener comunicación directa con la costa, Cortés envió a Gonzalo de Sandoval con tropas para escoltar aparte de las fuerzas tlaxcaltecas a sus tierras. Durante esta expedición, obtuvieron ropa como botín. Posteriormente, Sandoval llegó a Veracruz para enviar correspondencia en nombre de Cortés y, al regresar, expulsó a la guarnición mexica de Chalco, donde la población se mostraba dispuesta a pasarse al bando español. Mientras tanto, Cuauhtémoc había ordenado cortar las líneas de suministro españolas en Chalco y Huexotla, ya que el maíz de esa zona era de vital importancia. Después de alcanzar Veracruz, Sandoval derrotó a los mexicas en Chalco y regresó a Texcoco.

    El 15 de febrero de 1521 Cortés consideró que la construcción de los bergantines debía terminarse cerca del lago. Un gran número de tamemes y aliados tlaxcaltecas transportaron las tablas desde Tlaxcala hasta las orillas del lago de Texcoco y se excavaron zanjas para poner las embarcaciones en el agua.

    Campañas militares al norte y occidente de Tenochtitlan

    Una vez dispuestos los barcos, Cortés realizó una nueva salida para alcanzar los accesos a Tenochtitlán desde el oeste, dando vuelta a la laguna por el lado norte. Llevaba 25 jinetes y 300 infantes, más los aliados tlaxcaltecas. Una fuerza mayor que la empleada en la salida hacia Iztacpalapan. A pocos kilómetros de camino encontraron y desbarataron un ejército mexica, en el que fue el único combate campal de la salida. A continuación atacaron Xaltocan y alcanzaron a entrar en la ciudad, pero al caer el día se retiraron de ella y acamparon a una legua. En los días siguientes pasaron por Huatullan, que encontraron abandonada, y luego por TenayucaCuautitlán y Azcapotzalco sin encontrar resistencia. Finalmente atacaron Tlacopan, ciudad principal de los tepanecas, donde se concentró la resistencia mexica, ya que esta ciudad era cabecera de los accesos a Tenochtitlán desde el oeste. Tetlepanquetzaltzin y sus hombres fueron obligados a replegarse a Tenochtitlán y al día siguiente los españoles quemaron Tlacopán, en venganza por quienes habían muerto allí en la "Noche Triste". Durante seis días los españoles mantuvieron ocupada la ciudad, librando escaramuzas diarias con tropas que venían de Tenochtitlán y avanzando sobre el inicio de la calzada que cruzaba la laguna. Los mexicas los instaban a intentar cruzarla, pero Cortés no quería repetir la situación de quedar encerrados dentro de Tenochtitlán y se limitó a hostilizar las cabeceras de la calzada, pidiendo parlamentar con enviados de Cuauhtémoc, esperado obtener una rendición. Los mexicas se negaban a parlamentar, y en una ocasión en que los amenazó con que morirían de hambre en el sitio, desde la torre de defensa de la calzada le tiraron un pan de maíz, diciéndole que si quería ya tenían acopio de sobra para ellos. Viendo que no lograba parlamentar, y no podía sostenerse en Tlacopán, porque las ciudades y campos de la zona habían sido evacuados, Cortés desanduvo el camino y regresó a la base española en Texcoco. Viendo su retirada, un ejército mexica los siguió, pero la caballería lo emboscó y puso en fuga en Acolman.[177]

    Las victorias conseguidas por los españoles y el fortalecimiento de la alianza con los tlaxcaltecas ya eran noticia en todo el Imperio mexica. Tributarios y enemigos fueron aumentando, lenta pero inexorablemente, las fuerzas de Cortés. Poblaciones enteras de las comarcas vecinas enviaron embajadores de paz para rendir tributo a la Corona española y aliarse en el ataque a Tenochtitlan. La inercia avasalladora de la irrupción se había generado.

    Los nuevos aliados no solo incrementaron la fortaleza bélica del conquistador a lo largo de esa etapa, sino que además cumplieron la tarea estratégica de espionaje e información al alto mando acerca de las concentraciones y movimientos de las fuerzas enemigas. Viendo sus derrotas en los combates directos con los españoles frente a Tenochtitlán, Cuauhtémoc contraatacó con tropas enviadas a Chalco y Tlalmanalco, en el sur del sistema de lagos, para asegurar la posesión de la zona, con lo que obstaculizaban las comunicaciones y vías de suministro de los sitiadores con Tlaxacala. Cortés envió a Sandoval que atacó a las guarniciones mexicas en Huastepec y Acapichtlan tomando los dos pueblos. Tras retirarse Sandoval a Texcoco, los mexicas hicieron aún otro intento de reocupar Chalco. El ejército enviado allí marchó tan rápido que llegó antes de que Sandoval pudiera regresar con tropas españolas, pero en Chalco fue rechazado por un ejército local y Sandoval al llegar encontró ya la situación resuelta en favor de sus aliados. Con esto el camino más directo de Tlaxcala a la base española en Texcoco quedó definitivamente abierto, y los españoles dominaron tanto el este como el sur de la región de lagos.

    Campañas militares al sur de Tenochtitlan

    En respuesta a las gestiones de Francisco Álvarez Chico y Alonso de Ávila, en febrero de 1521 una nueva embarcación, procedente de Santo Domingo, ancló frente a la Villa Rica de la Vera Cruz. En ella, se transportaba armamento, pólvora, sesenta caballos y doscientos hombres. Entre estos, se encontraban el tesorero Julián de Alderete, el fraile Pedro Melgarejo de Urrea y el licenciado Alonso Pérez, quienes habrían de incorporarse a las campañas militares.

    Estando en Tetzcuco, durante los últimos días de marzo de ese año, Gonzalo de Sandoval reunió doscientos soldados españoles, veinte jinetes y un gran contingente de aliados chalcas y tlaxcaltecas. Partió en dirección a Cuauhnáhuac (Cuernavaca) para confrontar a un ejército mexica que se encontraba defendiendo esa posición. El lugar era importante para Tenochtitlan, debido a que era la ruta de comunicación hacia Xochicalco. Sandoval y sus hombres descansaron en Tlalmanalco, y al continuar su avance tuvieron enfrentamientos en Huaxtépec (Oaxtepec) y Chimalhuacán. Un segundo ejército mexica había reforzado la zona y se había posicionado en Yecapixtla. Sandoval decidió regresar a Texcoco.

    Cortés aumentó el contingente con texcocanos y huejotzingas; Olid, Tapia y Pedro de Alvarado relevaron a Sandoval. El siguiente encuentro fue en el peñón de Tlayacapan. Los capitanes Pedro de IrcioAndrés de MonjarazRodríguez de Villafuerte y Francisco Verdugo encabezaron el asalto. Ahí, los mexicas repelieron el primer intento, pero días más tarde fueron derrotados cuando las fuerzas españolas los rodearon y los dejaron sin agua.

    El avance de los conquistadores continuó hacia Yautepec. El segundo ejército mexica que se encontraba en la localidad huyó a Juchitepec, donde fue alcanzado y sometido. El 13 de abril, desde Tetzcuco, Cortés partió con refuerzos, incursionó por Tepoztlán y Cuauhtlan (Cuautla). Una vez dominadas las localidades, se reunió con la primera expedición para realizar el ataque final y definitivo a Cuauhnáhuac.

    La siguiente etapa de la campaña se desarrolló en Xochimilco. El tlatoani local Yaomahuitzin ofreció resistencia, casi a punto de ser vencido engañó a los españoles fingiendo tener intenciones de pactar pero solo con el objetivo de ganar tiempo y recibir ayuda desde Tenochtitlan. Cuauhtémoc envió un ataque combinado por tierra y por la laguna. Debido al factor sorpresa, mexicas y xochimilcas lograron una victoria temporal. Cortés casi fue hecho prisionero al caer de su caballo. Cristóbal de Olea pudo salvarlo a cambio de ser herido y de que un par de soldados españoles fueron capturados y más tarde, sacrificados. La batalla se prolongó durante tres días más y finalmente, los hombres de Cuauhtémoc se replegaron a Tenochtitlan.

    Tras haber roto la barrera defensiva, los conquistadores avanzaron a Coyoacán donde el teuctli Coapopocatizin prefirió huir y la localidad fue tomada por las fuerzas de Cortés. Desde este lugar, las fuerzas de ataque se dividieron con los objetivos de tomar Churubusco, controlar la retaguardia en Tláhuac y Mixquic, y rodear el lago por occidente hasta Tlacopan. De esta forma, se cerró totalmente el cerco a Tenochtitlan.

    Algunas fuerzas mexicas atacaron en escaramuzas aisladas, logrando capturar a algunos soldados más. Cortés subió a la cúspide de un teocalli para mostrar al tesorero Julián de Alderete, la ciudad de Tenochtitlan que se encontraba a trece kilómetros de distancia. El licenciado Alonso Pérez, notó cierta melancolía en la expresión del conquistador y le dijo:

    «Mira Nerón de Tarpeya
     
    a Roma cómo se ardía,
     
    gritos dan niños y viejos
     
    y él de nada se dolía»
     

    El caudillo español respondió:

    «que ya veía cuántas veces había enviado a México a rogarles paz, y la tristeza no la tenía por una sola causa, sino en pensar en los grandes trabajos en que habíamos de ver hasta tornarla a señorear, y que con la ayuda de Dios presto lo pondríamos por la obra».

    En repetidas ocasiones Cortés había pedido a los mexicas la rendición y ellos siempre se negaron. Era la víspera del ataque final.

    Sitio de Tenochtitlan

    Controlado el oriente, nororiente y sur, Cortés no dudó en reafirmar las posiciones en Tlacopan (Tacuba)AzcapotzalcoTenayuca y Cuautitlán. El objetivo de aislar la ciudad se había logrado y ahora faltaba coordinar un ataque simultáneo a la ciudad desde todos los accesos, al igual que el asalto apoyado en los bergantines que había venido construyendo.

    Poco antes de iniciar el sitio de la ciudad, Antonio de Villafaña, aún fiel a Diego Velázquez de Cuéllar, elaboró un plan para asesinar a Cortés y a los capitanes Sandoval, Alvarado y Tapia. Pronto Villafaña fue descubierto y sentenciado a la horca, por lo que el hecho no tuvo mayor repercusión.

    Tras el incidente, Cortés comenzó a reagrupar fuerzas; los bergantines estaban listos en Texcoco; solicitó hombres de ChalcoTlalmanalco; envió mensajeros a Xicohténcatl Huehue y pidió refuerzos de TlaxcalaCholula y Huejotzingo. Entre los capitanes tlaxcaltecas viajaba Xīcohténcatl Āxāyacatzin (el hijo), quién nunca había querido ser aliado de Cortés.

    Pedro de Alvarado fue asignado al frente de Tlacopan. Cristóbal de Olid con el apoyo de Andrés de Tapia, Francisco Verdugo y Francisco Lugo por Coyoacán. Gonzalo de Sandoval, apoyado por Luis Marín y Pedro de Ircio, por Iztapalapa. Hernán Cortés quedó al mando de los bergantines desde Texcoco.

    Antes de iniciar el ataque se supo que Xicohténcatl no se encontraba en su posición, probablemente por estar coordinando sus fuerzas o realizando tareas de acopio. Cortés aprovechó la ocasión para acusarlo de traición y lo sentenció a morir en la horca el 12 de mayo de 1521.

    Cortés siempre desconfió del capitán tlaxcalteca, quien había opuesto fuerte resistencia en las guerras confrontadas antes de ser aliados y con esta acción preventiva quiso eliminar la posibilidad de que sus más fuertes aliados se volvieran en su contra.[188]

    Fuerzas iniciales para sitiar a Tenochtitlan:
     
    Tlacopan - Pedro de Alvarado
    30 caballos, 18 ballesteros y escopeteros, 150 peones de espada y rodela, 25,000 tlaxcaltecas.
    Coyoacán - Cristóbal de Olid
    36 caballos, 18 ballesteros y escopeteros, 160 peones de espada y rodela, 20,000 tlaxcaltecas.
    Iztapalapa - Gonzalo de Sandoval
    24 caballos, 4 escopeteros, 13 ballesteros, 150 peones de espada y rodela, 30,000 aliados de Huejotzingo, Cholula y Chalco.
    Asalto anfibio Lago de Texcoco - Hernán Cortés
    13 bergantines, 325 hombres, cada bergantín con 25 españoles y una fusta, incluyendo capitán, veedor, 6 ballesteros y escopeteros.
    Tercera carta de relación, Hernán Cortés.

    Se dio la orden de cortar los suministros de agua dulce que llegaban a México-Tenochtitlan desde Chapultepec, los mexicas trataron de impedirlo en un férreo combate que perdieron. Comenzaron las batallas, por las aguas del lago de Texcoco, por las calzadas y los puentes en una forma coordinada. Sandoval cubrió también el área de Tepeyac. Al principio las bajas por ambos bandos eran semejantes, tanto atacantes como defensores tenían organizadas sus acciones. La estrategia de los conquistadores era destruir los puentes y albarradas de comunicación a la isla de México-Tenochtitlan y con los bergantines provocar incendios en las poblaciones, de tal suerte que no hubiera forma de abastecer comida y agua a los sitiados. La estrategia de los mexicas fue reconstruir y defender el paso de los puentes y albarradas, de vez en cuando enviaron escuadrones para contraatacar a los cuarteles de los conquistadores. Contrario a las costumbres de los mexicas, quienes usualmente no combatían durante la noche, las confrontaciones se llevaron a cabo a toda hora.

    Díaz del Castillo relató en su crónica que «cada día existían tantos combates (no siempre victorias) que si los hubiera relatado todos parecería un libro de Amadís o de Caballerías. Fueron noventa y tres días de sitio...» La falta de agua y alimento surtió efecto...«digo que en tres días con sus noches, en todas tres calzadas, llenas de hombres y mujeres y criaturas, no dejaron de salir y tan flacos y amarillos y sucios y hediondos, que era lástima de verlos...».

    Por otra parte López de Gómara relató en su crónica que al final del sitio «los mexicas solo se alimentaban de raíces, bebían agua salobre de la laguna, dormían entre los muertos y estaban en perpetua hedentina, jamás quisieron la paz».

    Caída de Tenochtitlan

    La última ofensiva externa de las fuerzas leales a los mexicas provenía de los malinalcasmatlatzincas y cohuixcas. Cortés envió fuerzas a cargo de Andrés de Tapia y Gonzalo de Sandoval para detener su avance.[192]

    Los conquistadores españoles pensaron que los mexicas estaban totalmente debilitados y realizaron una incursión general a la ciudad. En una escaramuza Cortés fue capturado, pero fue valientemente rescatado por Cristóbal de Guzmán, quien por salvar la vida de Cortés cayó prisionero en manos de los mexicas. En franca retirada, algunos otros españoles fueron hechos prisioneros.[193]

    De acuerdo con las costumbres de guerra de los mexicas, los prisioneros fueron sacrificados a sus dioses en lo alto de sus templos. Impotentes, sus conmilitones pudieron observar los hechos a lo lejos, reconociéndolos por la blancura de su piel. Sin embargo el hecho dio ánimo a Pedro de Alvarado, quien, en su afán de venganza, se colocó a la vanguardia para el asalto final.

    «Digamos ahora lo que los mexicanos hacían de noche en sus grandes y altos cués, y es que tañían el maldito tambor, que digo otra vez que era el maldito sonido y más triste que se podía inventar, y sonaba en lejanas tierras, y tañían otros peores instrumentos y cosas diabólicas, y tenían grandes lumbres y daban grandísimos gritos y silbos; y en aquel instante estaban sacrificando a nuestros compañeros de los que habían tomado a Cortés, que supimos que diez días arreo acabaron de sacrificar a todos nuestros soldados y al postrero dejaron a Cristóbal de Guzmán...».
    Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Díaz del Castillo.

    Los prisioneros españoles y tlaxcaltecas fueron sacrificados de acuerdo a los rituales religiosos

    Al final del sitio, que duró tres meses, Pedro de Alvarado tomó la plaza de Tlatelolco. Los tenochcas que aún quedaban confrontaron las últimas batallas y fue entonces cuando los conquistadores pudieron observar, horrorizados, que los mexicas no solo habían sacrificado a los prisioneros: además de extirparles el corazón, habían arrancado la piel de los españoles caídos para adornar sus templos u ofrendarla a su dios Xipe Tótec.

    En la refriega murieron algunos de los últimos señores y jefes mexicas. Los capitanes más destacados en la defensa del sitio por parte de los tlatelolcas fueron Coyohuehuetzin y Temilotzin, y por parte de los tenochcas Tlacutzin y Motelchiuhtzin. Cuauhtémoc se reunió en Tolmayecan con sus capitanes, intendentes y principales para deliberar la inminente rendición.

    El 13 de agosto de 1521, correspondiente al día "1 coatl" del año "3 calli" del mes XocotlhuetziCuauhtémoc salió de Tenochtitlan en una canoa, probablemente con la intención de negociar la rendición, pero fue avistado y capturado por el capitán García Holguín, mientras la ciudad caía en manos de los españoles y de sus aliados. Cuando Cuauhtémoc estuvo en presencia de Cortés, señaló el puñal que el conquistador llevaba al cinto y le pidió que lo matara, pues no habiendo sido capaz de defender su ciudad y a sus vasallos, prefería morir a manos del invasor. Este hecho fue descrito por el propio Hernán Cortés en su tercera carta de relación a Carlos I de España:

    «llegóse a mi y díjome en su lengua que ya él había hecho todo lo que de su parte era obligado para defenderse a sí y a los suyos hasta venir a aquel estado, que ahora hiciese de él lo que yo quisiese; y puso la mano en un puñal que yo tenía, diciéndome que le diese de puñaladas y le matase...»

    De acuerdo a las estimaciones de Hernán Cortés, los conquistadores españoles, junto con sus aliados tlaxcaltecas, texcocanos, huejotzincas, chalcas, cholultecas y demás coaligados mataron a más de cuarenta mil mexicas durante las últimas jornadas. López de Gómara describió en su obra que «el cerco duró tres meses, tuvo en él doscientos mil hombres, novecientos españoles, ochenta caballos, diecisiete tiros de artillería, trece bergantines y seis mil barcas. Murieron cincuenta españoles y seis caballos y no muchos indios. Murieron de los enemigos cien mil, sin contar los que mató el hambre y la pestilencia».

    Para celebrar el acontecimiento, los castellanos se reunieron en el palacio del señor de Coyoacán Coapopocatizin, pues en Tenochtitlan el hedor era insoportable. Organizaron un banquete con vino, carne de cerdo, carne de pavo y tortillas de maíz en abundancia. Al día siguiente celebraron misa y se cantó un tedeum.

    Los texcocanos en la conquista

    Tetzcoco (Texcoco) era una ciudad importante, la segunda del Valle de México, con el antecedente de una alianza con Tenochtitlan y Tacuba [90 años previo a la irrupción de los españoles]. A partir de la muerte de Nezahualcóyotl (1472) y posteriormente del sucesor Nezahualpilli (1515), su poderío disminuyó en tanto que el de los mexicas aumentaba.

    Cacamatzin (sobrino de Motecuhzoma Xocóyotl) asumió el cargo de nuevo tlatoani, había sido parte del grupo que recibió a Hernán Cortés en la Calzada de Iztapalapa (8 de noviembre de 1519) junto a los señores de Coyoacán, Iztapalapa y Tacuba. Según Bernal Díaz del Castillo, los españoles asumieron que Motecuhzoma era el emperador.

    No existe suficiente información para saber qué sucedía al interior de la casa real de Texcoco durante la invasión de los españoles, aunque están:

    -Las obras históricas de Fernando de Alva Ixtlilxóchilt, el Compendio histórico del Reino de Texcoco y la Historia de la nación chichimeca que narran la irrupción española desde la perspectiva de la “familia real texcocana”.

    -La Relación de Tezcoco de Juan Bautista Pomar.

    -El Fragmento 2 del Códice Ramírez acerca de los príncipes texcocanos.

    Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (1568-1648) era descendiente del último señor de Texcoco, su bisabuela Ana Cortés procedía de la casa real Acolhua, hija de Hernando Ixtlilxóxhitl, a su vez hijo de Nezahualpilli. Es considerado el “cronista original” de los texcocanos, estudió en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, fungió como intérprete del Juzgado de indios, falleció a la edad de 80 años. Interpretó las antiguas pinturas y posteriormente desarrolló las crónicas.

    Respecto a la Entrada de los españoles en Texcuco (escrita en 1608), Fernando de Alva narra que tras la muerte de Cacamatzin durante la batalla de la Noche triste (Noche victoriosa),[205] el 31 de diciembre de 1520 Coanacochtzin era el nuevo tlatoani. La razón de su designación es desconocida pues, cuando Cuitláhuac preguntó a los texcocanos a quién le correspondía el derecho al reino, Yoyontzin (hijo menor de Nezahualpilli) fue la opción evidente, sin embargo, eligieron a otro de sus hijos; Coanacochtzin.[203]

    El tlatoani de Texcoco estaba a favor Tenochtitlan a donde se trasladó, lo cual aprovecharon los príncipes Tecocoltzin, Yoyontzin e Ixtlilxóchitl quienes buscaban ser aliados de Cortés. Ante el vacío de poder en la ciudad texcocana Tecocoltzin asumió el cargo, a su muerte prematura le sucedió Ahuaxpictzatzin quien reinó unos días hasta que se nombró a Ixtlilxóchitl y fue bautizado con el nombre de Hernando Ixtlilxóchitl, “el único jefe de los conquistadores que se igualaba con Hernán Cortés” de manera que la caída de Tenochtitlan fue “hazaña de Cortés e Ixtlilxóchitl”.

    Después del ataque a Chalco (5 de abril de 1521), los españoles iniciaron el trayecto hacia Texcoco para terminar los 12 bergantines que utilizarían en la batalla por Tenochtitlan, a su paso enfrentaron a los mexicas y sus aliados quienes realizaban ataques “combinados entre la infantería y la marina”, sobrevivieron debido a la ayuda de los indígenas que les mostraron los pozos para beber agua, llegaron a Texcoco heridos y agotados.

    En Texcoco, los españoles ensamblaron y armaron los 12 bergantines que fueron tallados en Tlaxcala. Si bien los cañones eran una novedosa arma de guerra, los texcocanos tenían amplio conocimiento del sistema de agua, es decir; ventaja para el ataque a Tenochtitlan. Las crónicas refieren que Cortés “destruyó partes de los acueductos de Coyoacán y Chapultepec” con la intención de impedir el flujo de agua potable a México, una interpretación que corresponde a la versión de Cortés y no al saber de los pobladores originarios.[207]

    Para realizar la botadura de los bergantines participaron ocho mil indígenas quienes durante 50 días “prepararon la zanja”. Cortés “¿lo habría podido hacer sin la ayuda nativa? Y sin los bergantines ¿habría podido obtener el desenlace que todos conocemos?”. 

    La mayor parte del ejército que atacó Tenochtitlan estaba conformada por texcocanos, tlaxcaltecas y chalcas, por ello algunos historiadores mencionan que fue “una guerra entre indígenas, entre pueblos enemigos de Mesoamérica”.

    Los texcocanos acostumbrados a formar alianzas y mantener el poder, a vivir con un sistema de leyes, y donde el tlatoani “cesaba las guerras en caso de hambrunas”, eran aliados de los mexicas. A causa de la llegada de los españoles y sus diferencias al interior de la casa real optaron por romper la Triple Alianza y unirse a los europeos para continuar como “una ciudad poderosa”. 

    La postura de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl implica considerar a su antepasado “ganador-victorioso junto con Cortés frente a los verdaderos vencidos-mexicas”.

    Aunque texcocanos y tlaxcaltecas vencieron a los mexicas, con el tiempo su situación ante los españoles fue similar al resto de indígenas. Los europeos destruyeron los templos y palacios de la casa real de Texcoco, así como la amoxcalli (biblioteca) que incluía datos de la época mexica, algunos poemas de los tlatoanis lograron perdurar.

    Restauración de la ciudad y tormento de Cuauhtémoc

    A Cortés no le interesaba en ese momento la muerte de Cuauhtémoc.[215] Prefirió utilizar ante los mexicas su reconocimiento como tlatoani, aunque en realidad ya era súbdito del emperador Carlos V y del propio Cortés. Así lo hizo con éxito, aprovechando la iniciativa y el poder de Cuauhtémoc a quien le restituyó el estatus de noble mexica, respetado y bien tratado pero cautivo, para usar su prestigio y autoridad a fin de gobernar a los vencidos, asegurando la colaboración de los mexicas en los trabajos de limpieza y restauración de la ciudad. Lo primero que ordenó fue restablecer el suministro de agua potable a la ciudad. La reconstrucción de Tenochtitlan se realizó al estilo renacentista europeo para convertirla más tarde con el nombre de México, en la capital de la Nueva España, que fue el primer virreinato de las Indias.

    La codicia por el oro no se hizo esperar y no conforme con trescientos ochenta mil pesos oro ya fundido en barras de acuerdo a la crónica de Díaz del Castillo, o ciento treinta mil castellanos según la crónica de López de Gómara; el tesorero Julián de Alderete exigió el tormento de Cuauhtémoc, para que este confesase donde se escondía el resto del tesoro de Moctezuma Xocoyotzin. Fue entonces cuando a Tetlepanquetzaltzin y Cuauhtémoc les untaron los pies de aceite acercándoselos al fuego. Aquel se quejó con Cuauhtémoc del martirio y este le respondió: «¿Acaso estoy yo en algún deleite o baño?». Años más tarde en España, recayó en Hernán Cortés la culpabilidad de permitir el martirio.

    Se hizo entonces el recuento de los tesoros y se separó el quinto real, el cual incluía oro, perlas, plata, tarros, platos, ídolos de oro así como figuras de peces y pájaros, ropas lujosas de sacerdotes, plumas exóticas, animales vivos como aves, jaguares, y esclavos. Alonso de Ávila y Antonio de Quiñónez fueron los que llevaron este cargamento en tres carabelas, pero fueron asaltados por corsarios franceses comandados por Jean Fleury cerca de las islas Azores. Todo el quinto del rey fue robado y los españoles fueron hechos prisioneros. Ávila fue puesto en libertad dos años más tarde.

    Entre los conquistadores se realizó la repartición de oro. Descontando el pago a la corona, el porcentaje de Cortés, los gastos de expedición y los altos pagos de algunos capitanes, la suma a repartir entre la tropa solo alcanzó los setenta pesos. La cantidad era ridícula, pues en ese tiempo una espada tenía un costo de cincuenta pesos. Para conseguir nuevos tesoros y subir el ánimo de los hombres, Cortés organizó de inmediato nuevas expediciones. De esta forma evitó una rebelión.

    El caudillo español solicitó el envío de frailes o sacerdotes evangelizadores. Mientras tanto se estableció en Coyoacán a donde llegó su mujer, Catalina Juárez «la Marcaida», quien falleció al poco tiempo. Cuando en 1522 se recibió en la Nueva España la autorización correspondiente por parte del rey, Hernán Cortés comenzó la asignación de tierras a los soldados y capitanes participantes de las campañas, usando el régimen de encomiendas.

    Rendición de Michoacán

    Los purépechas eran enemigos de los mexicas, no obstante Cuitláhuac había enviado mensajeros pidiendo ayuda al cazonci Zuanga, quien, indiferente ante la situación de Tenochtitlan, decidió no apoyarlos. Alguno de los mensajeros mexicas había llegado enfermo de viruela, lo cual provocó una epidemia en la zona. Zuanga murió a los pocos días a causa de la enfermedad. El sucesor del gobernante purépecha fue su hijo mayor Tangáxoan Tzíntzicha, a quien también solicitó ayuda Cuauhtémoc, pero la negativa fue más violenta; el nuevo cazonci ordenó matar a los mensajeros.

    Poco tiempo después la noticia de la caída de Tenochtitlan a manos de los españoles llegó a Tzintzuntzan, capital del pueblo purépecha. Tangáxoan Tzíntzicha evaluó la situación y envió embajadores de paz a Coyoacán, quienes fueron bien recibidos por los conquistadores españoles. Cortés hizo alarde de sus fuerzas militares, caballos, artillería y bergantines, los embajadores quedaron impresionados y regresaron con las noticias a la meseta purépecha.

    El nuevo cazonci y sus asesores, a pesar de las dudas que tuvieron, finalmente prefirieron recibir pacíficamente el 25 de junio de 1522 a Cristóbal de Olid, quien lideraba una fuerza de cuarenta caballos, cien soldados de infantería e indios aliados. Tangáxoan Tzíntzicha entregó un gran tributo en oro y plata, jurando obediencia a la Corona española. Esta paz fue quebrantada más tarde a finales de 1529 y principios de 1530 por Nuño de Guzmán, cuando en un acto cruel y codicioso asesinó a Tangáxoan Tzíntzicha, provocando el levantamiento del pueblo purépecha.

    Campañas en Tuxtepec y Coatzacoalcos

    En la zona de Tuxtepec (Oaxaca) se había instalado una guarnición con soldados de la expedición de Narváez y algunas mujeres. En el lugar habitaban chinantecas y mazatecos, quienes habían atacado la guarnición matando poco más de sesenta soldados y a las mujeres. Cortés envió a Gonzalo de Sandoval a la zona y en una breve campaña militar capturó al líder de los nativos, a quien enjuició y sentenció a morir en la hoguera.

    Cortés convocó por medio del capitán Brionesa a los pueblos zapotecas a someterse sin lograrlo en esa primera instancia. Sería necesaria una campaña más reforzada para lograr el dominio de la zona mixteco-zapoteca.

    Después, viajando a través del Istmo de Tehuantepec, Gonzalo de Sandoval avanzó hacia Coatzacoalcos y Orizaba (Veracruz) y fundó en junio de 1522 la villa de Espíritu Santo (Coatzacoalcos) y la de Medellín cerca del actual Huatusco, comenzando a colonizar el litoral sur de lo que es hoy el estado de Veracruz.

    Campaña en Zacatula y Colima

    Fue Juan Álvarez Chico el encargado de tomar Zacatula (Guerrero), sin embargo después de establecer una villa, tuvo lugar una sublevación y los españoles fueron vencidos.

    A su vez, Juan Rodríguez de Villafuerte intentó conquistar el Reino de Colliman, ubicado en la zona del actual estado mexicano de Colima y se dirigió a Caxitlán, la antigua capital ubicada en Tecomán pero fue repelido por Colímotl, jefe de los colimas.

    Cortés envió a Cristóbal de Olid para ayudar a Villafuerte, pero este segundo intento también fue repelido. Cambió de estrategia y en 1523 envió a Gonzalo de Sandoval con un mayor número combatientes para lograr someter a Colímotl. Finalmente las fuerzas españolas lograron la victoria.

    El día 25 de julio de 1523, el conquistador español Gonzalo de Sandoval funda en Caxitlán (Municipio de Tecomán) la primitiva Villa de Colima y el primer Ayuntamiento de occidente de la Nueva España.
    Por otra parte, Olid y Villafuerte fueron enviados para apoyar la posición de Zacatula, logrando someter la región, y fundar una villa en la actual región de Acapulco. Años más tarde el lugar se convirtió en el principal puerto de comunicación hacia el continente asiático y fue un punto estratégico para el comercio.

    En 1524 Hernán Cortés nombró a Francisco Cortés de San Buenaventura como lugarteniente y alcalde de la villa de Colima.[233] Se realizaron campañas hacia Cihuatlán(Jalisco),[234] Autlán y Etzatlán arrasando a los pueblos que no se sometían y asignando encomiendas entre sus acompañantes. La zona era habitada por caxcanes. Las incursiones llegaron hasta el río Santiago en abril de 1525 pero al descubrir que no era una zona explotable, Francisco Cortés emprendió el regreso sin dejar establecimientos españoles.[235]

    Campaña de Oaxaca, Tehuantepec y Tututepec

    El 25 de noviembre de 1521 Francisco de Orozco y Tovar concentró sus fuerzas en Huaxyácac (Oaxaca) y estableció una villa donde el capellán Juan Díaz ofició una misa. Al principio, estos opusieron resistencia y emboscaron a las fuerzas españolas; sin embargo, poco después los zapotecas se aliaron con los españoles rindiendo tributo a cambio de una alianza contra el pueblo mixteco, lo cual favoreció la conquista de Oaxaca.[236] Desde esa región, los zapotecas habían enviado una embajada a Cortés ofreciendo su amistad a cambio de ser aliados contra los mixtecos, quienes habitaban la región de Tututepec. Asimismo informaron de la existencia de oro en la zona. Para esas fechas Cortés ya sabía del incidente del corsario francés donde se había perdido el quinto del rey, por lo que designó a Pedro de Alvarado para ir a la zona con órdenes de rescatar la mayor cantidad de oro posible. Alvarado se reunió con las fuerzas de Orozco y avanzó hacia Tututepec para cumplir la misión, en donde confrontó a los mixtecos que fueron derrotados después de presentar fuerte resistencia. El 16 de marzo de 1522 Orozco fundó la villa de Tututepec.

    Campaña en río Pánuco

    Francisco de Garaygobernador de Jamaica, había enviado a la región del río Pánuco dos expediciones al mando de Alonso Álvarez de Pineda y Diego de Camargo, las cuales habían fracasado en su intento de colonizar la zona pues fueron atacadas y repelidas por los huastecos. Los sobrevivientes se unieron a las fuerzas de Cortés, a quien también reportaron la derrota en la zona. Cortés realizó una campaña en la zona de la huasteca entrando por Coxcatlán, Chila, Tamuín, Tancuayalab, Tampamolón, derrotando finalmente a los huastecos. Una vez sometido el pueblo de Oxitipa, fundó la villa de Santiesteban del Puerto (Pánuco). Cortés nombró a Pedro Vallejo como teniente general de la guarnición.

    Mientras, Garay obtuvo el título de adelantado otorgado por la Corona española para colonizar la región y partió nuevamente en una tercera expedición. Ante la sorpresa de no encontrar rastro de Camargo y encontrar a los soldados de Cortés, su expedición se estableció en Santiesteban del Puerto (Pánuco) con Vallejo. Gonzalo de Sandoval y Pedro de Alvarado llevaron a Garay a la Ciudad de México donde se entrevistó con Cortés, estableciendo una buena relación y el acuerdo de que el hijo de Garay se casaría con una hija de Cortés. Sin embargo, poco después de la Navidad de 1523 Garay murió súbitamente de dolor de costado (neumonía).

    Muerto Garay, los capitanes Juan de Grijalva, Gonzalo de Figueroa, Alonso de Mendoza, Lorenzo de Ulloa, Juan de Medina, Antonio de la Cerda, y Taborda no quisieron obedecer al hijo de Garay y los soldados se amotinaron robando mujeres, gallinas y comida a los nativos de la zona. Los nativos furiosos atacaron a la guarnición y provocaron muchas bajas a los conquistadores españoles. De acuerdo a la crónica de Díaz del Castillo, al menos seiscientos españoles murieron, entre ellos Pedro Vallejo. Cortés, que tenía un brazo herido, envió a Gonzalo de Sandoval con caballería, arcabuceros, aliados tlaxcaltecas y mexicas para controlar la sublevación. Las represalias contra los nativos fueron contundentes y a los españoles amotinados se les amonestó enviándoseles de regreso a Cuba.

    Campaña de Guatemala

    Cortés, siempre en busca de oro, envió en diciembre de 1523 a Pedro de Alvarado al mando de un destacamento de soldados españoles, aliados cholultecas, tlaxcaltecas y mexicas hacia la región de Quauhtlemallan (Guatemala). Su expedición pasó por Tehuantepec y la región del Soconusco de forma pacífica, pero tuvo enfrentamientos con los quichés en Zapotitlán, Quetzaltenango y Utatlán.[242] Pronto se dio cuenta de que la zona estaba dividida en diferentes pueblos, los quichés, los cakchiquelesmames, pocomames, y zutuhiles. En su afán de conquistar la zona se alió con los gobernantes cakchiqueles Cahi Imox y Beleheb Qat y pudo vencer finalmente a los quichés, que eran liderados por Tecún Umán. Se estableció en Iximché, de donde salió para enfrentar a los zutuhiles en la lago de Atitlán, a quienes también derrotó. De esta manera fundó la villa de Santiago de Guatemala, en las cercanías de Iximché el 25 de julio de 1524. Gonzalo de Alvarado confrontó a los mames en MalacatánHuehuetenango y Zaculeu sin someterlos del todo pero logrando una cierta estabilidad en la región.

    Campaña de Cristóbal de Olid a las Hibueras

     

    En 1523 el rey Carlos I de España ordenó a Cortés buscar la ruta, estrecho, pasaje o puerto para viajar hacia oriente a las islas Molucas en busca de las especias que le permitiera competir con el Reino de Portugal.[244] Por esta razón o por la afanosa búsqueda de oro, Cortés designó a Cristóbal de Olid y lo envió al puerto de la Villa Rica de la Vera Cruz con orden de zarpar con cinco navíos y un bergantín hacia el sur. Olid, influenciado por soldados inconformes con Cortés o bien cegado por la ambición, se entrevistó con Diego Velázquez de Cuéllar en Cuba, llegando a un acuerdo para traicionar a su capitán.[245] En Hibueras, Olid fundó el Puerto de Caballos y la Villa de Triunfo de la Cruz. Olid capturó a Gil González Dávila y a Francisco de las Casas, sin embargo las condiciones se tornaron desfavorables cuando ambos prisioneros hirieron a Olid. Los soldados fieles a Cortés trastocaron la situación y en 1524 Olid fue sentenciado a muerte. La traición fue conocida por Cortés ocho meses más tarde.[246]

    Campaña en Chiapas

    También en 1523 Cortés envió a los capitanes Luis Marín y Diego de Godoy hacia las regiones de CentlaChamulaCoatzacoalcos y Chontalpa debido a que los tributarios de las encomiendas se encontraban en franca rebeldía. Fueron los zoques, y toztziles quienes ofrecieron la mayor resistencia a los españoles, pero poco a poco se fueron tomando las plazas de Chamula, realizándose un gran avance en la región y reafirmando posiciones en CoatzacoalcosChontalpaAcayucanHuimanguilloCupilco y Xicalango. Cinco años más tarde, en 1528, Diego de Mazariegos fundó Ciudad Real de Chiapa en la cercanía de Chiapa de Corzo.

    Campaña contra los zapotecas

    Cortés había asignado a Rodrigo Rangel y a Pedro de Ircio como responsables en la guarnición de la Villa Rica de la Vera Cruz. Rangel pidió a Cortés la asignación de alguna campaña y poder ganar para sí algún título personal. Fue entonces cuando le asignó ir a Cimatlán y Talatupán. Rangel no era considerado un buen capitán por Cortés, por lo que le apoyó con los mejores soldados para realizar esta campaña. Tras fracasar en el primer intento, el 5 de febrero de 1524 Rangel inició la segunda campaña en la que el resultado le fue favorable. Hernán Cortés reportó a Carlos I de España en su cuarta carta de relación que los mixtecas y zapotecas tenían lanzas de 25 a 30 palmos muy gruesas y bien hechas con las cuales habían muerto algunos españoles y que la labor de conquista no era fácil por ser tierras muy ásperas.

    Campaña en Tabasco

    El 25 de marzo de 1519, Hernán Cortés fundó la villa de Santa María de la Victoria. Al continuar su expedición hacia Veracruz, dejó pocos soldados con escasos bastimentos en defensa de la guarnición y pronto fueron derrotados por los mayas chontales quienes incendian la población. En 1523, sale desde la villa del Espíritu Santo, Luis Marín quien entabló combates con los indígenas tabasqueños en la región de la Chontalpa y Cimatlán, pero no pudo pacificar la zona ni reconquistar la villa de Santa María de la Victoria.[248] En un segundo intento el capitán Rodrigo Rangel con cien soldados, veintiséis ballesteros, escopeteros e indios aliados sostuvo diversos combates en Copilco, Zacualco y Cimatlán, sin lograr restablecer el control en la villa de Santa María de la Victoria. Durante esta campaña militar, en la zona de Cimatán, el cronista Bernal Díaz del Castillo fue herido de gravedad por una flecha en la garganta. Finalmente en 1525, el capitán Juan de Vallecillo cumplió la orden de Cortés, restaurando la guarnición de Santa María de la Victoria, pero Vallecillo enfermó y murió sin lograr el control total de la zona. Cortés nombró entonces Baltazar de Osorio, quien llegó en 1527, pero fracasó en su intento de pacificar la provincia.

    En 1528 Francisco de Montejo llegó a Santa María de la Victoria con el título de Alcalde Mayor de Tabasco para establecer su real y ejercer su cargo, iniciando una intensa campaña para someter a los indígenas de la provincia de Tabasco, logrando pacificar la zona del Grijalva y abrir un camino seguro hacia las Chiapas. En 1530, Montejo envió a Alonso de Ávila hacia la zona del Usumacinta, quien cruzó la Selva y logró fundar la villa de Salamanca de Acalán, pero debido a que era una zona hostil y de difícil acceso, a los pocos meses abandonó la guarnición para continuar su campaña en la península de Yucatán.[252] Fue hasta 1535 cuando Francisco de Montejo y León «el Mozo» pudo finalmente conseguir el control parcial de la zona de Santa María de la Victoria, siendo nombrado por su padre teniente de gobernador de Tabasco. En 1536 Franciso Gil, lugarteniente de Pedro de Alvarado incursionó desde Guatemala hacia el oriente de Tabasco rumbo a Pochutla, siguiendo el cauce del río Usumacinta y fundó la villa de San Pedro Tanoche. Cuando «el Mozo» se enteró de este evento avanzó hacia la zona para defender los derechos de su padre. Debido a que la población se encontraba en medio de la selva, incomunicada, y muy apartada de los centros de abastecimiento, «el Mozo» dio instrucciones a Lorenzo de Godoy para que la guarnición fuese trasladada a Salamanca de Champotón y así proseguir con la Conquista de Yucatán. La pacificación total del territorio de Tabasco, se lograría después de numerosas campañas militares, hasta 1564 al derrotar a los indígenas cimatecos, quienes fueron los últimos tabasqueños en rendirse a los españoles.

    Viaje de Cortés a las Hibueras y muerte de Cuauhtémoc

    Enterado Cortés de la rebelión de Cristóbal de Olid, decidió viajar hacia las Hibueras a pesar de tener pocos españoles en Tenochtitlan. Decidió llevar con él en el viaje, como medida preventiva ante una posible sublevación, a Cuauhtémoc y otros nobles mexicas.[254]

    Al cruzar el río Amazonas (afluente del río Grijalva) las huestes de Cortés tuvieron que construir una serie de puentes para lograr atravesar la zona del actual municipio de Candelaria, en el actual estado de Campeche. De acuerdo a las crónicas de Indias la tarea no fue nada fácil. En el lugar fue recibido por el batab o halach uinik de Acalán, llamado Apoxpalón, quién comerciaba cacaoalgodónsal y esclavos. La reunión fue pacífica y el gobernante local ayudó a la expedición a continuar su camino. Por su parte Cortés le entregó una carta o salvoconducto para mostrar a posibles futuras expediciones españolas, en la cual se hacía constar el acuerdo de paz logrado.

    Poco después Cortés sospechó de una posible sublevación simultánea por parte de los mexicas tanto en el viaje como en la ciudad. Por tal motivo, al sureste de Xicalango, aún dentro de la jurisdicción de Acalán de los mayas chontales, en un punto llamado “Itzamkanac se realizó la sentencia y ejecución por ahorcamiento del último huey tlatoani Cuauhtémoc. También fueron ejecutados el señor de Tlacopan Tetlepanquetzal y muy probablemente el señor de Tetzcuco Coanácoch. Este hecho ocurrió el día 28 de febrero de 1525.

    ..estando para ahorcar al Quauhtemoc, dijo estas palabras: «O capitan Malinche, dias ha que yo tenia entendido, é habia conocido tus falsas palabras: que esta muerte me habias de dar, pues yo no me la dí, cuando te entregaste en mi ciudad de Méjico; porque me matas sin justicia?»
    Conquista de Yucatán, Diego López de Cogolludo.[258]

    Esta acción preventiva fue utilizada en España como un argumento en contra de Hernán Cortés, por los seguidores de Diego Velázquez de Cuéllar y ha sido criticada a través de los siglos por los historiadores.

    El viaje continuó y la expedición tuvo contacto con los mayas itzáes en las inmediaciones de Tayasal. Fueron bien recibidos y Cortés se entrevistó con el Halach Uinik Ah Can Ek (Canek). Cortés explicó lo acontecido con el poderío mexica, y el halach uinik no tenía aún las noticias de Tenochtitlan pero le contó acerca de noticias de guerras acontecidas con los mayas chontales de Centla con los dzules (hombres blancos). Cortés explicó que él era el capitán de esas guerras y trató de convencerlos para su conversión al cristianismo.[259] Ante el resguardo de la ciudad y el número de habitantes mayas, Cortés prefirió no llevar a cabo ninguna acción militar y se despidió de los itzáes, dejando un caballo lastimado y moribundo que Ah Can Ek prometió cuidar. En 1618 los misioneros franciscanos encontraron a los descendientes mayas adorando a un caballo fabricado de madera.

    La expedición continuó el camino durante más de treinta días en un trayecto accidentado y sinuoso hasta Nito (Guatemala), donde no fueron bien recibidos por los nativos. Después de una pequeña escaramuza se establecieron en el sitio durante algunos días. Cortés envió un pequeño grupo para solicitar una embarcación y poder continuar su trayectoria por mar hacia Naco (las Hibueras). Al llegar la embarcación a Nito le informaron que Cristóbal de Olid ya había sido ejecutado.

    Llegando a Naco, Cortés se reunió con sus capitanes y evaluó las noticias que llegaban de México-Tenochtitlan, donde se habían amotinado los españoles. Envió inmediatamente a Gonzalo de Sandoval de regreso.

    En la zona, los pueblos vecinos de Papayca y Chiapaxina habían recibido amistosamente a los españoles, pero poco tiempo después las condiciones cambiaron y comenzaron los enfrentamientos. Cortés logró capturar a los señores principales llamados Chicuéytl, Póchotl y Mendexeto para de esta manera negociar la paz a cambio de la vida y libertad de los prisioneros. Los de Chiapaxina se rindieron, pero los nativos de Papayca continuaron las hostilidades. Fue capturado y ahorcado el líder llamado Mátzal. También fue capturado otro líder de nombre Pizacura, a quien Cortés mantuvo en cautiverio, pero las hostilidades continuaron. En las cercanías Cortés fundó la villa de Trujillo el 18 de mayo de 1525 y nombró a Juan de Medina como alcalde.[262] No obstante, en las inmediaciones de la zona los lencas, aliados con los cares y dirigidos por el caudillo lenca Lempira, resistieron la conquista durante doce años. En 1537 durante las campañas de conquista de Francisco de Montejo, el capitán Alonso de Cáceres concertó una reunión para negociar la paz, sin embargo la reunión fue una trampa y un arcabucero asesinó al dirigente indígena.

    Llegaron a la villa de Trujillo fuerzas españolas dirigidas por Francisco Hernández de Córdoba, fundador de Nicaragua, homónimo del descubridor de Yucatán, que estaba bajo las órdenes de Pedro Arias Dávila (Pedrarias). Al escuchar que la zona era rica en metales preciosos, Cortés se interesó en las minas y acciones de conquista. Se encontraba preparando su expedición a Nicaragua cuando llegó fray Diego de Altamirano con noticias acerca de la situación en la Ciudad de México, por lo que prefirió cancelar su expedición y regresar por vía marítima a San Juan de Ulúa. Envió a sus soldados a Guatemala para poblar la zona y dar apoyo a Pedro de Alvarado, y partió de la villa de Trujillo, el día 25 de abril de 1526.[264]

    Fundación del Virreinato de la Nueva España

     

    La pugna entre Cortés y Velázquez para obtener el derecho de gobernar los territorios conquistados había sido estudiada en mayo de 1520, antes de la caída de Tenochtitlan, por el Consejo de Castilla. En esa ocasión se determinó aplazar el veredicto para que las partes involucradas presentaran más pruebas y argumentos.

    Fray Benito Martín siguió transmitiendo quejas de Cortés al obispo Juan Rodríguez de Fonseca para que este apoyara a Velázquez, pero la Guerra de las Comunidades de Castilla había atraído la atención de todo el reino. Fue hasta abril de 1521 cuando Fonseca arrestó al procurador Alonso Hernández Portocarrero bajo la excusa amañada de haber seducido ocho años antes a una mujer llamada María Rodríguez. Portocarrero nunca fue puesto en libertad y murió en prisión. El siguiente paso del obispo de Burgos fue nombrar al veedor de Santo Domingo, Cristóbal de Tapia, como gobernador, sustituyendo la capitanía de Cortés. A pesar de que el cardenal Adriano de Utrecht desconfiaba de Fonseca, autorizó el nombramiento, pues se encontraba preocupado ante los acontecimientos relativos al discurso de la Dieta de Worms que había pronunciado Martín Lutero.

    En mayo de 1521 llegaron a Sevilla Diego de Ordás y Alonso de Mendoza con un cargamento de oro y portando la segunda carta de relación de Cortés. El oro fue confiscado por la Casa de Contratación, pero los emisarios lograron huir y se pusieron en contacto con Francisco de Montejo. Juntos lograron entrevistarse con el cardenal de Utrecht y le mostraron la carta dirigida a Carlos I. En el documento, Cortés utilizaba por primera vez el nombre de Nueva España. Había creído conveniente la denominación para bautizar al territorio recién conquistado, debido entre otros argumentos, a la similitud de climas con España.

    Además de notificar los avances de la conquista, los emisarios informaron al cardenal la confiscación del tesoro que se había efectuado en Sevilla y de las órdenes que Fonseca había girado para cerrar el paso a Ordás y Mendoza. La desconfianza de Utrecht aumentó, debido a que también había escuchado rumores de la pretensión del obispo de Burgos de casar a su sobrina con Velázquez. Tras las acusaciones, el cardenal investigó los hechos y ordenó a Fonseca abstenerse de intervenir en los asuntos de Cortés y Velázquez. Se revocaron las órdenes que había emitido el obispo, liberándose también los embargos de Sevilla.

    De cualquier forma, las instrucciones enviadas a Cristóbal de Tapia llegaron a Santo Domingo a finales del verano de 1521. Se ordenaba a Tapia tomar la gobernación del territorio, sustituyendo del cargo a Cortés. A pesar de que la Audiencia de la Española no estaba conforme con la determinación, Tapia viajó a la Villa Rica de la Vera Cruz y fue recibido por el alcalde Rodrigo Rangel y por el regidor Bernardino Vázquez de Tapia en diciembre de 1521. Se enviaron mensajeros con las nuevas noticias a Coyoacán, en donde ya residía Cortés.

    Con su acostumbrada diplomacia ante estas situaciones, Cortés envió una carta de bienvenida al veedor. La misiva fue llevada por fray Melgarejo y en ella se explicaba que los trabajos de conquista no habían sido concluidos, y por tanto, se excusaba de no poder asistir a la entrevista personalmente. Los procuradores de las villas de Vera Cruz y Segura de la Frontera, coludidos con el plan, hicieron eco a las aseveraciones de su capitán. De manera atenta reconocieron la autoridad de Tapia, así como las instrucciones reales pero le solicitaron retirarse por el bien de los trabajos de la conquista. Tapia no tuvo más opción que acceder, y zarpó de regreso a La Española.[270] Casi de inmediato arribó procedente de Cuba Juan Bono de Quejo. Velázquez lo había enviado con cartas en las cuales el nombre del destinatario era un espacio en blanco para ser llenado. Los documentos estaban firmados por el obispo Fonseca y en ellos se ofrecían beneficios a quienes aceptaran reconocer a Cristóbal de Tapia como nuevo gobernador. Para mala suerte de Velázquez, el veedor se había marchado a La Española, en donde había determinado no interferir más, por el bien de la conquista.

    En enero de 1522, el cardenal Utrecht fue nombrado sucesor del papa León X. A partir de entonces los asuntos de Indias fueron atendidos por el tesorero de Castilla, Francisco Pérez de Vargas. El nuevo papa, Adriano VI, ratificó al emperador Carlos V, la bula Exponi nobis fecisti y la intención de enviar frailes de la orden mendicante y frailes menores de orden regular a los territorios recién conquistados por Hernán Cortés.

    En marzo de 1522 ya habían llegado noticias del sometimiento de la Ciudad de México-Tenochtitlan. Carlos I organizó un nuevo comité que fue antecedente del Consejo de Indias. Confirmó la decisión de Adriano VI, de excluir al obispo Fonseca de los asuntos de la Nueva España. Entre los miembros que participaron en esta ocasión estuvo el doctor Diego Beltrán, el licenciado Francisco de Vargas, el canciller Mercurino Gattinara, el comendador de la orden de Santiago Hernando de la Vega, el consejero real Lorenzo Galíndez de Carvajal y los consejeros flamencos Charles de Poupet, señor de la Chaulx, y De La Roche.

    A fin de llegar a conclusiones, el comité analizó las cartas de Diego Velázquez, las quejas de Vázquez de Ayllón, el informe de Cristóbal de Tapia, las cartas de Hernán Cortés y las cartas firmadas por los procuradores de la Villa Rica de la Vera Cruz. Así mismo, se entrevistaron a diversos testigos, entre los más importantes Andrés de Duero, Benito Martín, Diego de Ordás, Alonso de Mendoza y Francisco de Montejo.

    Se determinó que no había razón para que Diego Velázquez tratara como suya la conquista, pues solamente había gastado parte de dinero para financiar la empresa y eso podría ser reembolsado por Cortés, siempre y cuando el gobernador demostrase que era su propio dinero y no de la corona. Además se concluyó que el documento con el que había nombrado a Cortés como capitán no tenía validez pues carecía de autoridad.

    El 11 de octubre de 1522 se nombró oficialmente a Hernán Cortés como «adelantado, repartidor de indios, capitán general y gobernador de la Nueva España». Cortés quedó obligado a reembolsar los gastos erogados por Diego Velázquez. A este último se le indicó que no volviera a inmiscuirse en los asuntos de Cortés y se le ordenó presentar una probanza por su conducta. Cuatro días más tarde, el 15 de octubre de 1522, se firmó un decreto real en el cual fue nombrado Alonso de Estrada como tesorero real de la Nueva EspañaGonzalo de Salazar como factor, Rodrigo de Albornoz como contador y Pedro Almíndez Chirino como veedor para ayudar a Hernán Cortés en su gobierno.

    Los primeros frailes que viajaron a Nueva España en 1523 fueron Juan de AoraJuan de Tecto, y Pedro de Gante. En mayo de 1524 llegaron a San Juan de Ulúa los franciscanos Martín de ValenciaToribio de Benavente «Motolinía», Francisco de Soto, Martín de Jesús, Juan Suárez, Antonio de Ciudad Rodrigo, García de Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Ribas, Francisco Ximénez, Andrés de Córdoba y Juan de Palos, conocidos como los doce apóstoles. En 1528 Juan de Zumárraga fue nombrado primer obispo de la Nueva España.

     

    Debido en parte a ausencias frecuentes de Cortés y también a permanentes intrigas, Alfonso de Aragón y de Estrada, Rodrigo de Albornoz y Alonso de Zuazo sustituyeron a Cortés en varias ocasiones entre 1526 y 1528. Debido a las mismas intrigas y con el objeto de restar poder a Hernán Cortés, el 13 de diciembre de 1527 se confió el gobierno a la primera Real Audiencia de México, presidida por Beltrán Nuño de Guzmán y cuatro oidores, la cual entró en funciones los primeros días de 1528. Ese mismo año, Carlos I de España también nombró a Nuño de Guzmán como gobernador de la provincia de Pánuco y como capitán general de la Nueva España en 1529. El nuevo gobernador se comportó como un acérrimo enemigo de Cortés, llegando al punto de arrestar a Pedro de Alvarado solo porque este hablaba bien del conquistador.

    En 1529 Carlos I ordenó a Cortés regresar a España recibiéndole en Toledo. El rey ya no le devolvió el cargo de gobernador de Nueva España, pero le nombró «marqués del Valle de Oaxaca», con veintidós villas y veintitrés mil vasallos. Después de esto Cortés volvió a casarse, esta vez con Juana de Zúñiga, hija del conde de Aguilar y sobrina del duque de Béjar y en 1530 regresó a México con el encargo de organizar expediciones al Pacífico sur.

    Nuño de Guzmán comenzó una campaña cruenta, sitiando poblados, arrasando cultivos, torturando y ejecutando a los jefes de las poblaciones. Quebrantó la paz con el cazonci purépecha Tangáxoan Tzíntzicha a quién asesinó. Su pueblo se sublevó y fue sometido. Nuño de Guzmán continuó su campaña por los actuales territorios de los estados de NayaritJaliscoColimaAguascalientes y partes de SinaloaZacatecas y San Luis Potosí, fundando el reino de Nueva Galicia. Fueron siete años hasta que las quejas hicieron que la Corona española lo enjuiciara y mandara regresar preso y con grilletes a España.

    El 17 de abril de 1535 se creó el Virreinato de Nueva España y Antonio de Mendoza fue nombrado virrey, gobernador, capitán general y presidente de la Real Audiencia de México. Durante su período los viajes de exploración fueron apoyados. Hernán Cortés realizó las expediciones a la península de Baja California; en 1540Francisco Vázquez de Coronado encabezó una expedición a los actuales territorios del noroeste de México y suroeste de Estados Unidos, en 1542 Juan Rodríguez Cabrillo realizó una expedición a las costas de las actuales ciudades de Los Ángeles y San Diego en California. Había concluido la conquista. Empezaba la época colonizadora propiamente dicha.

    Conquista de otros territorios de Mesoamérica

    Las misiones jesuitas se establecieron a finales del siglo XVII, y los franciscanos y dominicos en el siglo XVIII.

    Fue así, con lo que ha denominado la Conquista de México, como se forjó a partir de la expedición de Francisco Hernández de Córdoba, descubridor de Yucatán en 1517, la expedición de Juan de Grijalva en 1518 y hasta las campañas militares de Hernán Cortés y sus capitanes de 1519 a 1525 el territorio de lo que sería la Nueva España. Faltaban algunos territorios por agregarse al creciente dominio español en América del Norte y lo que se conoce hoy como México:

    Baja California

    Entre 1532 y 1539 se iniciaron los viajes al Golfo de California en expediciones organizadas por Hernán Cortés sin lograr éxito alguno en la colonización de la península de Baja California.[276] Pasaron alrededor de 150 años hasta que hacia finales del siglo XVII, las Misiones jesuíticas en la península de Baja California comenzaron a establecerse y a realizar tareas de evangelización de los pericúesguaycuras y cochimíes. Sin embargo, aun a principios del siglo XVIII, las misiones fueron el blanco de ataque de los nativos que habían sido hostigados por los soldados y colonizadores en el episodio conocido como «rebelión de los Pericúes». 

    Nueva Galicia

    Pedro de Alvarado murió en la Guerra del Mixtón

    En el occidente Nuño de Guzmán condujo cruentas campañas contra los purépechaspamesguamareszacatecos y guachichiles, logrando establecer el reino de Nueva Galicia en 1531. La posición fue de gran importancia estratégica para continuar la conquista hacia el noroeste, pero los pueblos indígenas se rebelaron en 1541 en el episodio conocido como «Guerra del Mixtón». Los caxcanesnayeríes (coras) se sublevaron y vencieron de manera contundente a Cristóbal de Oñate. El virrey solicitó ayuda al experimentado conquistador y capitán Pedro de Alvarado, quién en esa época era gobernador, capitán general y adelantado de Guatemala. Alvarado (que era apodado por los nativos «Tonatiuh» o Dios del sol debido a su cabello rubio) acudió a la zona para enfrentar a 15 000 caxcanes dirigidos por Tenamaxtle, pero murió el 12 de junio de 1541 siendo accidentalmente arrollado por un caballo de un jinete español inexperto en Nochistlán. La rebelión fue sometida hasta 1542.

    Yucatán

    La Conquista de Yucatán llevada a cabo por parte de Francisco de Montejo con ayuda de Alonso de Ávila, ambos experimentados excapitanes de Cortés, comenzó en 1527. Fue esta también una tarea harto difícil. La primera campaña realizada por el oriente de la península entre 1527 y 1529, así como la segunda campaña, realizada por el occidente de la península entre 1530 y 1535, fueron repelidas por las tribus mayas, quienes en forma organizada atacaron las posiciones españolas en la ciudad real de Chichén Itzá.

    Francisco de Montejo, quien había logrado el título de «adelantado» para la península de Yucatán, también tenía interés en las gobernaciones de GuatemalaChiapas y Tabasco, lo cual distrajo su atención durante cinco años, por lo que suspendió las actividades de conquista entre 1535 y 1540.

    Fueron Francisco de Montejo y León «el Mozo» y Francisco de Montejo, «el Sobrino» quienes lograron someter poco a poco a cada una de las tribus mayas en cada jurisdicción (Kuchkabal) de los ah Canultutul xiúescocomeschelescupules, y otras en una tercera campaña que inició en 1540 y terminó en 1546.

    Francisco de Montejo se reunió con su hijo y sobrino en San Francisco de Campeche en 1546 para ejercer su gobernación, pero una nueva rebelión de las tribus mayas estalló coordinadamente en la región, por lo que los Montejo tuvieron que realizar una labor de reconquista en toda la zona oriental de la península durante un año más, logrando su objetivo en 1547.

    No fue sino hasta 1697, cuando Martín de Ursúa pudo someter a las tribus mayas de los itzáes y los ko´woj (couohes) en el lago Petén Itzá a donde se habían retraído.

    Nueva Vizcaya y Nuevo México

    Las excursiones de Hernando de Soto y de Francisco Vázquez de Coronado hacia el norte del río Bravo entre 1539 y 1542 fueron un gran avance en la exploración del actual territorio sur de los Estados Unidos, pero no obtuvieron el éxito deseado para colonizarlo.

    Fue hasta la realización de las expediciones de Francisco de Ibarra, entre 1562 y 1565, cuando se sometió a los cáhitasacaxeestotoramespacaxes y xiximes, que eran los habitantes del actual estado de Sinaloa. Con ello se logró fundar las villas de San Juan Bautista de Carapoa y San Sebastián (Concordia) para explotar las minas de plata de Copala, Pánuco, Maloya y San Marcial, estableciéndose los primeros límites territoriales de Nueva Vizcaya.

    En 1595 el rey Felipe II autorizó la colonización de los territorios ubicados al norte del río Bravo. En 1598, Juan de Oñate cruzó el paso del norte, donde hoy se encuentran las ciudades de El Paso y Ciudad Juárez, para dirigirse a los territorios de los actuales estados de Nuevo México y Texas comenzando de esta manera la colonización y sometimiento de algunos pueblos originarios como los zuñihopiwichita y los acoma.

    Al no encontrar las riquezas buscadas avanzó hasta los territorios actuales de ArizonaKansasOklahoma y golfo de California, logrando encontrar algunas minas de plata. Fue acusado de castigar con fuerza excesiva a los acoma, por lo que en 1613 se le desterró a perpetuidad del territorio de Nuevo México. Las minas de plata descubiertas no fueron tan atractivas como se esperaba y los primeros colonos fueron abandonando el lugar paulatinamente, pero con la fundación de Santa Fe se logró ampliar «el camino real de tierra adentro».

    Nuevo Reino de León

    Hacia la zona noreste de los territorios actuales de TamaulipasCoahuila y Nuevo León, diferentes tribus nómadas de cazadores-recolectores habitaban la región. Entre ellos los azalapas, guachichilescoahuiltecas y borrados, pero los colonizadores los identificaron de acuerdo a diferentes características físicas, tatuajes y modo de comportamiento hasta en 250 tribus. Algunos de los nombres asignados fueron: los amapoalas, ayancuaras, bozalos o negritos, cuanaales, catujanes o catujanos, gualagüises, gualeguas y gualiches.

    Alberto del Canto exploró la región y fundó la Villa de Santiago de Saltillo en 1577. Poco después encontró un valle en donde estableció la villa de Santa Lucía, la cual fue considerada como la primera fundación de la actual ciudad de Monterrey. En 1579 el rey Felipe II autorizó a Luis de Carvajal y de la Cueva realizar la conquista, pacificación y colonización de lo que se llamaría el Nuevo Reino de León. En 1582, en las inmediaciones de Santa Lucía, fundó la villa de San Luis Rey de Francia hecho que se consideró como la segunda fundación de Monterrey. Sus tenientes fueron Felipe Núñez para la zona de Pánuco, Gaspar Castaño de Sosa para el noreste, y Diego de Montemayor en el centro.

    Carvajal fundó la villa de León, la villa de San Luis y la villa de la Cueva, pero en 1588 las localidades fueron atacadas por los nativos. En 1588 Diego de Montemayor fue nombrado lugarteniente y gobernador de Coahuila y en 1596 fundó la ciudad de Nuestra Señora de Monterrey. A finales del siglo XVII un grupo de tlaxcaltecas fue llevado para pacificar a los nativos de la región así como para enseñarles la agricultura; no obstante, los ataques a las ciudades eran constantes y causaron problemas a los colonizadores hasta principios del siglo XVIII, al grado que la producción minera y algunas de las ciudades fueron abandonadas.

    Más avanzado el período virreinal de la Nueva España, el Nuevo Reino de León se dividió en tres regiones: la colonia de Nuevo Santander, que corresponde en gran medida al actual estado de Tamaulipas; el propio Nuevo Reino de León, que corresponde prácticamente al actual estado de Nuevo León y Nueva Extremadura, que es el actual estado de Coahuila.

    Cronología de la conquista de México

     

    1518

    1519

    • 10 de febrero: Tras casi tres meses de organización, la expedición de Cortés finalmente parte de la isla de Cuba. Días después llegará a la isla Cozumel (México).
    • 12 de marzo: Cortés desembarca en la población de Potonchán (Tabasco).
    • 13 de marzo: Se oficia la primera misa cristiana y la primera actuación notarial en territorio continental de la Nueva España.
    • 14 de marzo: Batalla de Centla.
    • 25 de marzo: Después de derrotar a los chontales, Cortés funda la Villa de Santa María de la Victoria, primera población española en el continente.
    • 12 de abril: Cortés sale de Tabasco con rumbo a Culúa (San Juan de Ulúa).
    • 22 de abril: Cortés desembarca en Chalchicueyecan (San Juan de Ulúa).
    • 24 de abril: Cortés se reúne por primera vez con los embajadores de Moctezuma.
    • 15-25 de mayo: en la Villa Rica, los españoles crean el primer cabildo de América.
    • 1-3 de junio: Cortés y sus hombres viajan a Cempoala. Se alían con los totonacas y trasladan el cabildo a Quiahuiztlan.
    • 5-10 de julio: Reubicación de la Villa Rica de la Vera Cruz, redacción de la carta del Cabildo.
    • Julio: Después de un conato de amotinamiento, Cortés manda hundir las naves españolas.
    • 16 de agosto: Parte la expedición de conquista hacia México-Tenochtitlan.
    • 18 de agosto: Paso por Jalapa.
    • 1-10 de septiembre: Combates con los tlaxcaltecas.
    • 16-18 de octubre: Matanza de Cholula.
    • 3 de noviembre: Paso por Amecameca.
    • 8 de noviembre: Cortés arriba a México-Tenochtitlan.
    • 14 de noviembre: Prisión de Moctezuma.

    1520

    • 10 de mayo: Salida de Cortés a Cempoala, al encuentro de Pánfilo de Narváez.
    • 20 de mayo: Matanza del Templo Mayor, se inician las hostilidades armadas con los mexicas.
    • 24 de junio: Cortés vuelve a México-Tenochtitlan.
    • 30 de junio: Derrota de la Noche Triste y retirada de los invasores.
    • 7 de julio: Batalla de Otumba
    • 8 de julio: Regreso a Tlaxcala.
    • Julio-octubre: Cortés reafirma alianzas, recibe refuerzos considerables y prepara su regreso a Tenochtitlan.
    • 25 de noviembre: Cuitláhuac muere de viruela. Lo sustituye Cuauhtémoc.
    • Diciembre: Se prepara el asalto a Tenochtitlan y se realizan matanzas en los pueblos aledaños al lago.

    1521

    • Enero-abril: Cortés duplica el número inicial de guerreros.
    • Marzo: en Tlaxcala se terminan los preparativos de los 13 bergantines que Cortés utilizará en el ataque anfibio para asaltar la isla de Tenochtitlan.
    • 16 de abril: Los ejércitos conquistadores entran a Xochimilco.
    • 28 de abril: Los 13 bergantines están armados y listos en Texcoco.
    • 10 de mayo: Desde Texcoco, Olid se dirige a Coyoacán, y Alvarado a Tlacopan.
    • 12 de mayo: Sentencia y muerte de Xicohténcatl.
    • 13 de mayo: Da inicio el asalto y asedio a México-Tenochtitlan.
    • 1° de junio: Toma del fuerte Xoloc.
    • 10 de junio: Asalto al templo mayor.
    • 16 de junio: Destrucción del palacio de Axayácatl.
    • 30 de junio: Ataque al mercado y barrio de Tlatelolco.
    • 28 de julio: Ataque general, Cortés casi pierde la vida, es salvado por Cristóbal de Guzmán.
    • 13 de agosto: Captura de Cuauhtémoc, matanza de Tlatelolco y fin del sitio de Tenochtitlan.
    • 30 de octubre: Desde Coyoacán, Francisco de Orozco y Tovar se dirige a Oaxaca, Gonzalo de Sandoval se dirige a Tuxtepec y Coatzacoalcos.
    • 25 de noviembre: Orozco y Tovar concentra sus fuerzas en Oaxaca.

    1522

    • 16 de marzo: Francisco de Orozco y Tovar funda la villa de Tututepec.
    • Junio: Gonzalo de Sandoval funda la villa de Espíritu Santo (Coatzacoalcos).
    • 25 de junio: en Michoacán, Cristóbal de Olid es recibido pacíficamente por el cazonci Tanguaxán II.

    1523

    1524

    • 11 de enero: Desde Veracruz, Cristóbal de Olid se dirige hacia Hibueras (Honduras).
    • 5 de febrero: Rodrigo de Rangel sale de la Villa Rica para comenzar un segundo intento de conquista a zapotecos y mixtecos.
    • 25 de julio: Alvarado realiza la fundación de Santiago de Guatemala.

    1525

    • 28 de febrero: Durante la expedición a Hibueras, Hernán Cortés sentencia a Cuauhtémoc y Tetlepanquetzal y los condena a muerte.
    • 18 de mayo: Fundación de villa de Trujillo en Hibueras (Honduras).

    1526

    • 18 de diciembre: Francisco de Montejo obtiene el título de adelantado y autorización para conquistar Tabasco y la península de Yucatán.

    1528

    • 8 de mayo: Llega a Tabasco Francisco de Montejo con el título de Alcalde Mayor, con la misión de conquistar Tabasco.
    • 6 de julio: El emperador Carlos V otorga a Hernán Cortés el título de Marqués del Valle de Oaxaca y capitán general de la Nueva España.

    Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano (Medellín, 1485-Castilleja de la Cuesta, 2 de diciembre de 1547),[5] primer marqués del Valle de Oaxaca, fue un militarconquistadorexploradorfundadorcapitán general y escritor español que, a principios del siglo XVI, lideró la conquista del Imperio azteca, conocida como conquista de México-Tenochtitlan, que significó el fin de dicho imperio, poniéndolo bajo dominio de la Corona de Castilla y dando lugar a la creación del Virreinato de Nueva España.[6]

    Nació en la ciudad extremeña de Medellín, en el seno de una familia noble (hidalga), cuya riqueza ha sido tema de debate historiográfico.[7][8][9][10] Decidió buscar fortuna en el Nuevo Mundo viajando a La Española y Cuba, donde en 1512 fue alcalde de Baracoa, la segunda ciudad fundada por los españoles durante la tercera expedición a tierra firme, la cual financió parcialmente. Entre 1504 y 1519 se desarrolló como tesorero, escribano, ganadero, encomendero y hasta se dedicó a la extracción de oro. La ruptura en la relación con su socio y compadre, el gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, provocó la cancelación de su viaje a las recién descubiertas costas occidentales, una orden que Cortés ignoró.[11]

    Llegando al continente, Cortés realizó una exitosa estrategia de aliarse con determinados grupos indígenas para derrotar a otros. Fue de inestimable ayuda su relación con una mujer nativa, doña Marina (la Malinche), que le sirvió de intérprete y con quien tuvo un hijo llamado Martín. Cuando el gobernador de Cuba mandó emisarios para apresar a Cortés, este se enfrentó a ellos y los derrotó, al tiempo que enroló a la tropa que iba a arrestarlo como refuerzos para su expedición. Cortés mandó varias cartas al rey Carlos I a fin de que fuese reconocido su éxito de conquista en lugar de ser penalizado por su amotinamiento. Finalmente le fue concedido el título de marqués del Valle de Oaxaca, si bien el más prestigioso título de virrey le fue dado a un aristócrata de alto rango, Antonio de Mendoza y Pacheco. En 1541, Cortés retornó a España, donde falleció seis años después. Sus restos fueron exhumados y hubo intenciones hostiles/simbólicas contra él.

    Nacimiento y juventud

    Hernán Cortés fue hijo de Martín Cortés de Monroy, un hidalgo extremeño, y de su esposa Catalina Pizarro y Altamirano. Era pariente lejano de Francisco Pizarro, quien posteriormente conquistó el Imperio inca. Hay indicios de que tuvo tres hermanas.

    Su abuelo materno, Diego Alfón Altamirano, fue notario y mayordomo del castillo de Medellín. Sobre el padre, se sabe que en su juventud luchó junto a su pariente Alfonso de Hermosa, en el bando de Alonso de Monroy, quien aspiraba a convertirse en maestre de la Orden de Alcántara. Eso iba en contra de los deseos de la reina Isabel la Católica, por lo cual fue enfrentado por Alonso de Cárdenas, maestre de la Orden de Santiago, y perdió. Hernán Cortes fue admitido miembro de la Orden de Santiago en 1525, año en el que también obtuvo su escudo de armas.

    El único que relató su infancia fue Francisco López de Gómara. Según él, fue un niño enfermizo. En una ocasión, encontrándose en trance de muerte, su nodriza escogió al azar entre los nombres de los apóstoles el de san Pedro para que intercediera por él. Se dieron misas, se rezaron oraciones y sanó. Por eso Cortés tuvo a san Pedro por su intercesor y mandaba dedicarle una misa cada año en su día.

    Su padre lo envió a los catorce años a estudiar a Salamanca, donde estudió gramática en casa de Francisco Núñez de Valera, quien se encontraba casado con Inés de Paz, hermana de su padre. Según Juan Suárez de Peralta, estuvo un año en Valladolid trabajando con un notario. Estos estudios preparatorios y los conocimientos prácticos de la ley que adquirió en Valladolid han dado pie al mito de que Cortés cursó leyes en la Universidad de Salamanca. Según Bernal Díaz del Castillo, hablaba el latín, aunque algunos de sus biógrafos consideran que es una exageración.

    Tenía un temperamento altivo y bullicioso, y se decidió a abrazar la carrera de las armas. Se le presentaron dos opciones: participar en las campañas militares de Gonzalo Fernández de Córdoba en Nápoles o trasladarse a América en la flota de Nicolás de Ovando, que era la próxima en zarpar, allá por 1502. Se decidió por lo segundo, ya que era conocido de Ovando y pensaba que este le favorecería. Mientras esperaba para partir, escaló la tapia del corral de la casa de una recién casada para «tener una cita nocturna» con ella. La tapia se derrumbó, se cayó y salió el marido, que lo hubiera matado de no intervenir la suegra. Cortés quedó enfermo por la caída y además le apareció una fiebre palúdica que le impidió zarpar con Ovando. Luego decidió irse a las campañas militares en Italia, para lo cual se trasladó a Valencia. Pero aquí tampoco llegó a embarcar y pasó por trabajos y necesidades durante un año. Regresó a Medellín y decidió, nuevamente, ir a las Indias.

    Según López de Gómara, zarpó en 1504 en una nao de Alonso de Quintero, vecino de Palos de la Frontera. El propio Cortés, en una carta a Carlos I, dice que pasó a las Indias en 1504. Un documento del Archivo de Protocolos de Sevilla indica que el 29 de agosto de 1506, su padre se obligó a abonar un pasaje a Santo Domingo en la nao San Juan Bautista, propiedad de Luis Fernández Alfaro.Esteban Mira supone que debió ir en 1504, para posteriormente regresar a España, y que volvió a ir a América en 1506.

    Matrimonios y descendencia

    Hernán Cortés se casó dos veces y tuvo once hijos documentados en seis relaciones diferentes. Su primera esposa, Catalina Suárez Marcayda, contrajo matrimonio con él en 1512 y falleció el 1 de noviembre de 1522. Previamente y durante este enlace, Cortés tuvo cinco hijos extramatrimoniales:

    • Catalina Pizarro, nacida en 1514 o 1515 en Santiago de Cuba, o quizás más tarde en la Nueva España. Su madre fue Leonor Pizarro, probable pariente de Cortés. Fue legitimada junto con sus hermanos Martín y Luis en una bula papal de Clemente VII en 1529.
    • Martín Cortés Malintzin (el Mestizo) nacido en Coyoacán en 1522. Su madre fue la Malinche, la compañera y traductora indígena de Cortés. Fue legitimado junto con sus hermanos Catalina y Luis en una bula papal de Clemente VII en 1529. Se casó con Bernardina de Porras, de quien tuvo a Fernando Cortés de Porras.
    • Luis Cortés de Hermosillo, nacido en 1525, hijo de la española Antonia o Elvira de Hermosillo, y quien también sería legitimado junto con Martín y Catalina. Se casó en 1557 con Guiomar Vázquez de Escobar, sobrina del conquistador Bernardino Vázquez de Tapia, de quien tuvo a Antonia Cortés de Hermosillo Vázquez, casada y madre de Ana Rodríguez de Hermosillo, y Fernando Cortés de Hermosillo Vázquez.
    • Leonor Cortés Moctezuma, nacida en 1528 en Ciudad de México. Era hija de Tecuichpo o Ichcaxóchitl, quien fuera bautizada con el nombre de Isabel Moctezuma, a su vez hija de Moctezuma II Xocoyotzin y Tezalco Tecuichpo. Rechazada por su madre desde el nacimiento, fue su padre quien la reconoció posteriormente. Se casó con el vasco Juan de Tolosa, conquistador de Zacatecas. Fue suegra del conquistador Juan de Oñate, fundador de Nuevo México.
    • María Cortés, hija de una princesa mexica cuyo nombre se ignora. Bernal Díaz del Castillo menciona que nació con alguna deformidad.

    En abril de 1528 Cortés contrajo segundas nupcias con Juana Ramírez de Arellano y Zúñiga, hija del II conde de Aguilar de Inestrillas y sobrina materna del I duque de Béjar. Juana se estableció en el pueblo de Cuernavaca, viviendo en el palacio construido en 1526. De este matrimonio nacieron seis hijos:

    • Luis Cortés y Ramírez de Arellano, nacido en Texcoco en 1530 y fallecido poco después de nacer.
    • Catalina Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca en 1531 y fallecida poco después de nacer.
    • Martín Cortés Zúñiga, nacido en Cuernavaca en 1532. Sucesor de su padre como II marqués del Valle de Oaxaca.
    • María Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca entre 1533 y 1536. Su padre había pactado su casamiento con Álvar Pérez Osorio, hijo del IV marqués de Astorga, sin embargo, estos cancelaron en el último momento, causándole un grave enfado a Cortés, del que incluso se presume le causó la enfermedad de la que murió. Después María se casó con Luis Fernández de Quiñones y Pimentel, V conde de Luna.
    • Catalina Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca entre 1533 y 1536. Fallecida soltera en 1565 en Sevilla, después de morir su padre.
    • Juana Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca en 1538. Se casó en 1564 con Fernando Enríquez de Ribera, II duque de Alcalá.

    A diferencia de un rudo soldado, Cortés era bienhablado: nunca blasfemaba ni decía palabras altisonantes. Tenía un fino sentido del humor y resultaba un conversador ameno. Era un hombre muy culto, conocedor de la filosofía de Aristóteles, y con estudios en la Universidad de Salamanca de latín y de derecho. Pasó muchas horas ejercitándose en el manejo de las armas. Consiguió muchos éxitos, tanto con la espada como con la pluma.

    Según Bernal Díaz del Castillo, era:

    Buen jinete y diestro de todas las armas, así de a pie como a caballo, y sabía muy bien menearlas.

    Siguiendo con la descripción de Miralles, Cortés era muy emprendedor en materia de negocios y realización de obras públicas, de lo cual daría muestras en México. También sabía elegir los lugares, como cuando escogió Cuernavaca para edificar su casa palaciega.

    En ninguno de los escritos, incluso los que son obra de sus acérrimos enemigos, se dice algo de que le hubiese faltado el valor. Para Miralles, Cortés se crecía frente al peligro. En reiteradas ocasiones serían acciones personales suyas las que decidieran victorias militares. En los momentos que precedían al combate, hacía los planes, y cuando todo estaba a punto dejaba el puesto para incorporarse como un soldado más a primera fila.

    Según Bartolomé de las Casas, daba la impresión de que había nacido entre brocados. Para Miralles, era alguien con aires principescos. Solía vestir con elegancia sobria, con un jubón negro y dos medallas, una con la Virgen con el Niño y otra con San Juan Bautista, completando todo con unas lazadas de oro. En cuanto fue investido como alcalde de Santiago se puso un sombrero con plumas y se hizo tratar como señoría.

    Según fray Toribio de Benavente «Motolinia» (un defensor de los derechos de los indios), Cortes era un buen caballero y venturoso capitán. En su «Carta al Emperador», le comunicaría a Carlos I de España una descripción muy positiva de su personalidad, defendiéndolo de lo que consideraba difamaciones de Bartolomé de las Casas, y considerando a Cortés como un modelo de civilizador y evangelizador, ponderando las disposiciones dadas por éste en favor de los indios.

    Además, durante la llegada de su misión franciscana, Cortés los recibió con fuerte devoción y humildad, dándole reverencias para darles una buena impresión a los indios (quienes en un inicio, por la apariencia pobre de los franciscanos, no pensaban que tuvieran un papel importante para la futura organización social de Nueva España), facilitándoles en todo momento para hacer efectiva la misión de los franciscanos por hacer cumplir las Leyes Nuevas y las indicaciones de la Iglesia católica, mostrándose caballeroso e indicando a los caciques indígenas que tratasen con el mismo respeto y veneración a los sacerdotes católicos, que el que ellos le daban a los conquistadores y el propio Cortés a estos (quien presentó una fuerte admiración a los franciscanos por su humildad). Fue tal el respeto de Cortés a los sacerdotes católicos, que terminó confiándole a Toribio la supervisión del Reino de México cuando Cortés se ausentara en expediciones militares.

    ¿Quién así amó y defendió los indios en este mundo nuevo como Cortés? Amonestaba y rogaba muchos a sus compañeros que no tocasen a los indios ni a sus cosas, y estando toda la tierra llena de maizales, apenas había español que osase coger una mazorca. Y porque un español llamado Juan Polanco, cerca del puerto, entró en casa de un indio y tomó cierta ropa, le mandó dar cien azotes. Y a otro llamado Mora, porque tomó una gallina a indios de paz, le mandó ahorcar, y si Pedro de Alvarado no le cortase la soga, allí quedara y acabara su vida. Dos negros suyos, que no tenían cosa de más valor, porque tomaron a unos indios dos mantas y una gallina, los mandó ahorcar. Otro español, porque desgajó un árbol de fruta y los indios se le quejaron, le mandó afrentar. No quería que nadie tocase a los indios ni los cargase, so pena de cada (vez) cuarenta pesos.

    Cortés tenía fama de mujeriego. Tuvo 11 hijos de 6 mujeres, 4 de ellas eran nativas de Mesoamérica, entre estas La Malinche. Se desconoce cómo le afectó psicológicamente la muerte repentina de su primera esposa, Catalina Suárez Marcayda, pero lo cierto es que, al principio, no quiso casarse con ella y la consideraba una mujer débil de salud e inútil para llevar la hacienda.  Si bien, tres años después de casarse, le manifestó a Bartolomé de las Casas que estaba contento con ella. Debido a riñas por mujeres, tenía una cicatriz bajo el labio que cubría con la barba.

    De parte de un cronista coetáneo, Francisco López de Gómara, en su Historia general de las Indias, describe a Cortés con una personalidad más propia de un gobernador prudente, y no la de un déspota con afán de lucro (aunque críticos como Bernal Díaz del Castillo documentaron las excesivas alabanzas a Cortés en esta obra).

    La conquista de Méjico y conversión de los de la Nueva España, justamente se puede y debe poner entre las historias del mundo, así porque fue bien hecha, como porque fue muy grande. Por ser buena, la escribo aparte de las otras, como muestra de todas. Fue grande, no en el tiempo, sino en los hechos, pues se conquistaron muchos y grandes reinos con poco daño y sangre de los naturales, y se bautizaron muchos millones de personas, los cuales viven, a Dios gracias, cristianamente.

    Según el antropólogo e historiador francés Christian Duverger:

    Cortés rompe con el esquema clásico de la violencia y de la fuerza y es un conquistador que amó a los vencidos y más que rey o emperador soñó con ser tlatoani (el que habla, el gobernante).

    A Cortés le gustaban los juegos de azar: tanto naipes como dados. Pero en lo que respecta a la bebida, era muy parco e incluso rebajaba el vino con agua.

    Llegada al Nuevo Mundo

    Cortés desembarcó en 1504, con diecinueve años a la isla Española, donde el secretario del gobernador, Medina, le acogió con favor y le explicó los usos de la colonia; a cambio del compromiso de quedarse cinco años en la isla, recibiría un solar para edificar su casa, una tierra de una superficie decente para poder cultivar y, pasado un cierto tiempo, algunos indígenas en encomienda. Ya registrado como ciudadano, participó en una campaña contra los caciques taínos en las regiones de HigüeyBauruco, Dayguao, Iutagna, Zuaragua y Amguayagua. Como antes acordado y en recompensa, el entonces gobernador Nicolás de Ovando le dio tierras y un puesto de escribano público en la villa de Azua. Ya con su función de escribano en el pueblo de Azua y con sus indígenas se entregó a la cría de caballos y vacas, lo que le hizo un hacendado relativamente acomodado. Duró 7 años viviendo en Santo Domingo. Cuando el nuevo gobernador de la Española, Diego Colón, envió a Diego Velázquez de Cuéllar a la conquista de Cuba, en 1511, éste recluto a Cortés como secretario del tesorero de la empresa, con el fin de administrar el quinto real.[48]

    Conquista de Cuba

    Ya en Cuba, recibió en encomienda a los indios de Manicarao y pudo desarrollar su ganadería y explotar las minas de oro cubanas.[49][50][47] Cortés comenzó a cortejar a Catalina Suárez Marcayda y se convirtieron en pareja. Cortés le prometió matrimonio pero luego se arrepintió. Ella le exigió el cumplimiento de la palabra dada. Diego Velázquez, a su vez, era pareja de una de las hermanas de Catalina, aunque no tenía intención de casarse con ella. Catalina le pidió a su hermana que interviniese ante Velázquez y este, para complacer a su amante, exigió a Cortés que cumpliese la palabra dada y se casase con ella.

    Las quejas contra el gobierno de Velázquez fueron en aumento y los agraviados decidieron hacer llegar a la Audiencia una serie de memoriales denunciando sus manejos. Cortés se habría ofrecido a llevar estos memoriales a La Española. Varias versiones dicen que fue apresado por este motivo. Consiguió evadirse y se refugió en una iglesia, tras lo cual fue hecho prisionero de nuevo por el alguacil Juan de Escudero, ayudado por otros. Lo encerraron en las bodegas de un barco, pero escapó de nuevo. Finalmente, habría sido perdonado por Velázquez gracias la intercesión de varios amigos. Otra versión dice que fue hecho prisionero por negarse al casamiento con Catalina. Finalmente, Cortés fue liberado y se casó con ella en 1512.

    Cortés fue nombrado alcalde de Santiago de Baracoa. No vivirá con Catalina hasta que se asiente en Santiago en 1515. En 1517 Velázquez, ya gobernador de Cuba, encargó una expedición a Francisco Hernández de Córdoba, que volvió habiendo descubierto Yucatán. En 1518 mandó otra expedición a la zona al mando de Juan de Grijalva y, como tardaba en llegar, mandó a Cristóbal de Olid a buscarlo.

    El 23 de octubre de 1518 Velázquez le confió a Cortés el mando de una nueva expedición al Yucatán.[55] Entre los objetivos de la expedición se encontraban: buscar la flota de Grijalva y la carabela de Cristóbal de Olid para, en caso de necesidad, darles la ayuda necesaria; rescatar a seis españoles que se encontraban en el interior de Yucatán en poder de caciques; averiguar si ya habían predicado el Evangelio en esas tierras; y dar a conocer a los caciques quién era Carlos I señalándoles, al mismo tiempo, la obligación en que estaban de enviarle un tributo.[56]

    Se trataba de una expedición de refuerzo, pero Cortés empezó a darle la apariencia de una expedición de conquista, provocando la desconfianza de Velázquez. Reclutó un contingente de desocupados, entre los cuales había veteranos de las campañas de Italia. Cortés se gastó en esta expedición toda su fortuna y contrató empréstitos cuantiosos. De los cinco barcos que había en el puerto de Santiago, tres eran de él y otros dos lo eran a medias con Andrés Duero y con Pedro de Santa Clara respectivamente.[57]

    Cuenta Bernal Díaz del Castillo, autor de Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, que un bufón de Velázquez, llamado Cervantes el Loco, le dijo a su señor, a la manera de los bufones: «A la gala de mi amo Diego, Diego, ¿qué capitán has elegido? Que es de Medellín de Extremadura, capitán de gran ventura. Más temo, Diego, no se te alce con la armada, que le juzgo por muy gran varón en sus cosas».

    La conquista del Imperio mexica

    La expedición salió de Santiago el 18 de noviembre de 1518 y pasó por los puertos cubanos de Macaca[59] y Trinidad.[60] Velázquez intentó detener a la flota enviando cartas al alcalde de Trinidad, Francisco Verdugo, pero este vio imposible cumplir la orden.[61] Posteriormente, la expedición llegó a Puerto Carenas, de donde partió el 10 de febrero de 1519 con destino a Cozumel.

    Consistía aquella armada en once naves, con quinientos dieciocho infantes, dieciséis jinetes, trece arcabuceros, treinta y dos ballesteros y ciento diez marineros, y según la crónica de Bartolomé de las Casas, unos doscientos indios y negros como auxiliares de tropa.[64] Llevaban treinta y dos caballos, diez cañones de bronce y cuatro falconetes.[65] Por capitanes iban Alonso Hernández Portocarrero (que fue el primer amante de doña Marina), Alonso González DávilaDiego de OrdásFrancisco de MontejoFrancisco de Morla,[69] Francisco de SaucedoJuan de EscalanteJuan Velázquez de León (pariente del gobernador)Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval y Pedro de Alvarado. Muchos de estos eran veteranos de la guerra de Italia. En la expedición también fue Alonso de Ávila. Por piloto principal iba Antón de Alaminos con experiencia en las dos expediciones anteriores de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva.

    Primeros contactos con los pobladores

    La Malinche traduce la lengua de los mexicas a Cortés

    La expedición llegó a la isla de Cozumel, al noreste de la península de Yucatán. Cuando se produjo el contacto con los españoles, las poblaciones mayas más importantes y densas estaban en las 16 provincias autónomas de las tierras bajas que se asentaban en la región norteña de la península de Yucatán, en las costas oriental y occidental, y en los alrededores del lago Petén Itzá.[77] Ya se había producido la caída de la Liga de Mayapán, alrededor del 1441. Al momento de la llegada de los españoles algunos sitios que antes fueron importantes enclaves comerciales habían perdido su importancia y se habían convertido en lugares más o menos poblados, que subsistían explotando los recursos marinos.

    A su llegada, los nativos se escondieron en el interior de la isla. Ante ello, Alvarado ordenó una requisa de pavos y se apropió de los objetos de oro que se encontraban en los adoratorios. Hernán Cortés utilizaba de intérprete a un joven maya tomado prisionero por Hernández de Córdoba, que fue bautizado como Melchor. A través de él, se mandó un recado a los nativos que habían huido para que volviesen. Cuando estos regresaron, Cortés ordenó que les restituyesen lo que les habían robado, pero como ya se habían comido los pavos, fueron obligados a pagarlos con cuentas de colores y cascabeles. Aquello condujo a que hubiera una coexistencia pacífica entre españoles y nativos. Cortés instó a los sacerdotes y caciques a que se apartasen de su religión y que destruyeran los ídolos. Al no atreverse estos, a una orden suya, los soldados se encargaron de eso. Luego, mandó encalar la plataforma de un templo y puso allí una cruz de madera. El sacerdote Juan Díaz ofició una misa.

    Una biografía del rey Carlos I, escrita en 1603, relata la estancia de los españoles en Cozumel del siguiente modo:

    Espantáronse los isleños de ver aquella flota y metiéronse al monte, dejando desamparadas sus casas y haciendas. Entraron algunos españoles la tierra adentro y hallaron cuatro mujeres con tres criaturas y trajéronlas a Cortés, y por señas de los indios que consigo llevaba, entendió que la una dellas era la señora de aquella tierra y madre de los niños. Hízole Cortés buen tratamiento, y ella hizo venir allí a su marido, el cual mandó dar a los españoles buenas posadas y regalarlos mucho. Y cuando vio Cortés que ya estaban asegurados y contentos, comenzó a predicarles la fe de Cristo. Mandó a la lengua que llevaba, que les dijese que les quería dar otro mejor Dios que el que tenían. Rogóles que adorasen la Cruz y una imagen de Nuestra Señora, y dijeron que les placía. Llevólos a su templo y quebrantóles los ídolos y puso en lugar dellos cruces y imágines de Nuestra Señora, lo cual todo tuvieron los indios por bueno. Estando allí Cortés nunca sacrificaron hombres, que lo solían hacer cada día.
    Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V, de Prudencio de Sandoval.[

    Estando en Cozumel encontraron a Gerónimo de Aguilar, que llegó en canoa. Había naufragado en Yucatán en 1511 con otros siete hombres y dos mujeres cuando se dirigían del Darién a La Española. Escaparon de un cautiverio, donde los engordaban para comérselos, para caer en otro donde tenían que realizar duros trabajos, como resultado de los cuales fueron muriendo todos menos dos. Gerónimo partió en busca del otro superviviente: Gonzalo Guerrero. Este último vivía en Chetumal. Había estado al servicio del cacique Nachán Can, para volverse posteriormente un nacom o jefe militar maya. Se había casado con una nativa, que según algunos autores era la hija del cacique. Con ella había tenido varios hijos, que fueron los primeros mestizos de México. Aguilar decidió volver con Cortés convirtiéndose en uno de sus intérpretes de mayense, pero Guerrero decidió quedarse con los mayas y murió en 1536 en una batalla contra los españoles en las Hibueras.

    Toma de Potonchán y batalla de Centla

    La expedición de Cortés continuó bordeando la costa guiada por el piloto Antón de Alaminos hasta llegar el 12 de marzo de 1519 a la desembocadura del río Grijalva, en Tabasco. Grijalva ya había estado en este lugar, donde había sido recibido con regalos de oro por parte del cacique Taabscoob. Este le informó de que en al oeste había un lugar donde encontrarían más oro y que llamaban Culúa o México.

    A diferencia de la expedición de Grijalva a este lugar, en que los españoles fueron bien recibidos, los mayas chontales le pidieron a Cortés y a sus hombres que se fueran y que no entrasen al lugar.. Cortés intentó tranquilizarlos, a través de Aguilar, y les dijo que era portador de un mensaje del rey de España. Sin embargo, los nativos respondieron con una lluvia de flechas.

    El 13 de marzo, después de una misa, Cortés ordenó al Alonso de Ávila que se dirigiera a Potonchán con cien hombres mientras él se acercaba remontando el río y que, en cuanto escuchase disparos, entrase en el pueblo. Posteriormente, Cortés y sus hombres desembarcaron, enfrentándose a los nativos con armas de fuego. Al escuchar las detonaciones, Ávila se dispuso a atacar la ciudad por la retaguardia, mientras Cortés con sus hombres lo hacían por la parte delantera, y lograron tomar la ciudad. Cortés tomó posesión del territorio en nombre del rey y dio tres golpes con su espada en una ceiba, árbol sagrado de los mayas, que había en aquella ciudad.

    El 14 de marzo, los nativos continuaban negándose a ser vasallos del rey. El traductor Melchor se escapó y fue a darle a los mayas información sobre las tropas españolas. Cortés ordenó a Alvarado que se adentrase dos leguas con cien hombres, Al mismo tiempo, Francisco de Lugo se internó con cien hombres dos leguas en otra dirección. A poco de comenzar la marcha, ambos grupos fueron atacados. La batalla tuvo lugar en el valle de Centla.

    En la
    Batalla de Centla, que intervino de forma decisiva el caballo en una guerra en América.

    La batalla de Centla fue de grandes proporciones. Por todas partes aparecían escuadrones de nativos que pusieron a los españoles en una situación muy difícil. Pero apareció Cortés al mando de un pelotón de diez jinetes y cambió el curso de la contienda.

    Según una carta de Cortés a Carlos I, después del combate, al ser interrogados los caciques, estos dijeron que habían participado 40 000 indígenas, lo que tal vez sea una cifra exagerada.[95] En su crónica, Bernal dice que hubo ochocientos indios muertos y que murieron tres soldados españoles, pero Cortés dice que solo hubo doscientos veinte indios muertos y veinte heridos.[95] Con posterioridad, López de Gómara dijo que en la batalla aparecieron san Pedro y Santiago.

    Fundación de Santa María de la Victoria

    El 25 de marzo de 1519 Cortés fundó en esta zona la villa de Santa María de la Victoria, el primer asentamiento español en el territorio continental de América.[96]

    ... Y después de apeados debajo de unos árboles y casas que allí estaban, dimos muchas gracias a Dios por habernos dado aquella victoria tan cumplida; y como era día de Nuestra Señora de Marzo, llamóse una villa que se pobló, Santa María de la Victoria, así por ser día de Nuestra Señora, como por la gran victoria que obtuvimos. Esta fue la primera guerra que tuvimos en compañía de Cortés en la Nueva España(...) y dejemosle aquí y diré lo que más pasamos.
    Bernal Díaz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España

    Luego de la derrota, las autoridades nativas le hicieron a Cortés ofrenda de víveres, joyas, tejidos, y un grupo de veinte esclavas, que fueron aceptadas, cambiados sus nombres al ser bautizadas y repartidas entre sus hombres. Entre estas esclavas había una llamada Malinali, a la que los españoles renombraron Marina, conocida también como la Malinche. Según Alicia Gaspar de Alba, se trató de una mujer astuta e inteligente, que supo colaborar con diferentes grupos indígenas y con los españoles. Se trata de una mujer controvertida, sobre la que existen opiniones favorables y adversas. Ella, además de hablar el idioma de sus anteriores amos mayas, hablaba náhuatl, que era el idioma de sus padres. Cortés hablaba con Malinali a través de Aguilar y ella, a su vez, hablaba con los nativos. Cortés tendría con ella un hijo, Martín Cortés, del mismo nombre que el hijo legítimo que Hernán Cortés tendría catorce años después con Juana de Zúñiga.

    Cortés mandó grabar una cruz en una ceiba de la ciudad y ordenó construir un altar a la Virgen María y poner una cruz de madera. El fraile Bartolomé de Omedo predicó a los nativos contra la idolatría. Cortés celebró el Domingo de Ramos, 17 de abril, con los jefes indígenas y les encargó que cuidasen de la imagen de la Virgen y de las cruces.] Los españoles partieron de allí sin dejar a nadie.

    Ese año de 1519 comenzaría una epidemia de viruela, traída sin saberlo por los conquistadores, que en el curso de las siguientes décadas aniquiló al 97 % de la población de la región[106] y que facilitaría la conquista de México.

    Fundación de Veracruz

    Los españoles subieron a sus navíos y llegaron a San Juan de Ulúa, el último punto al que había llegado la anterior expedición de Grijalva, el Jueves Santo, 21 de abril de 1519. Desembarcaron el Viernes Santo.Marina informó de que esas tierras pertenecían a un señor llamado Moctezuma.

    El Domingo de Resurrección se personaron dos caciques, Cuitlalpitoc y Tehutile (Teuhtilli o Tendile para los españoles), quienes les entregaron obsequios y se sorprendieron de que Cortés quisiese ver a Moctezuma, el tlatoani o emperador del Imperio azteca, con capital en Tenochtitlán. Tehutile fue a la capital a informar a Moctezuma de lo que había visto. Este envió a Tehutile de regreso con cien cargadores con oro, piedras preciosas, mantas, plumas y dos grandes ruedas (una era un calendario y otra tenía contenido astral). Estos regalos, en lugar de disuadir a Cortés, le animaron a continuar y conquistar México.

    Los aztecas creían en un mito de origen tolteca, según el cual el mundo en que vivían debía desaparecer. El dios Quetzalcóatl, una serpiente emplumada, se había marchado con cincuenta y tres años de vida en un año Acalt y se había autoincinerado estallando en una gran llamarada que se dirigió a los cielos en la costa donde había desembarcado Cortés. El fin de ciclo era inevitable y llegaría con el retorno de Quetzalcóatl un año como aquel desde donde sale el sol. Según la obra del fraile Bernardino de Sahagún y sus colaboradores nahuas, según un discurso de Moctezuma recogido en la segunda carta de Cortés a Carlos I y según otras fuentes redactadas en español, el emperador azteca interpretó que Cortés era Quetzalcóatl. Por esto, los aztecas consideraban que los españoles eran teules (de teolt, dios) que marcharían sobre ellos inexorablemente.

    Cortés fundó la ciudad de Villa Rica de la Vera Cruz. La fundación tuvo lugar primero en un arenal en la costa con chozas.[116] Pronto se acercaron los totonacas, diciendo que el cacique les invitaba a visitar su pueblo. Luego Alaminos y Montejo informaron de que habían encontrado un buen fondeadero, situado a pocas jornadas al norte, y como el pueblo de los totonacas se encontraba en esa dirección emprendieron la marcha. Fueron recibidos a las afueras de Cempoala por el cacique Quauhtlaebana. Este les contó que hacía veinte años los totonacas eran libres, pero llegaron los mexicas con sus dioses. En un principio les ordenaron que les dieran culto, pero luego empezaron a pedir tributos y que enviaran a jóvenes de su nación para ser sacrificados en Tenochtitlan.Luego empezaron a construir la ciudad Villa Rica de la Vera Cruz con casas de piedra en un nuevo lugar, cerca del pueblo totonaca de Quiahuiztlán. Un grupo de españoles pensó que la expedición sería breve y, tras la fundación de la ciudad, pidieron regresar a Cuba. Cortés puso a su disposición un barco. Los que habían decidido quedarse se plantaron ante Cortés y le dijeron que marcharse era deserción ante el enemigo, por lo que este revocó la autorización.

    Hay tres documentos acerca de la fundación de esta ciudad: la primera carta de relación de Cortés (que se encuentra desaparecida), la carta del cabildo (del 10 de julio de 1519) y el pliego de instrucciones a los procuradores. Este último documento, escrito probablemente a principios de julio de 1519, abarca instrucciones impartidas por el cabildo a un grupo de procuradores y constituye un alegato en defensa de Cortés, justificando su actuación. Se solicitaba al rey que no concediese a Velázquez cargos sobre los nuevos territorios y que ratificase a Cortés en los cargos de capitán y justicia mayor que le habían sido otorgados por el cabildo.[120]

    Mientras se preparaba la partida de los procuradores, un grupo de partidarios de Velázquez quiso apoderarse de un navío para advertir a este de lo que se tramaba. Cortés procedió contra unos pocos: Escudero y Diego Cermeño fueron condenados a muerte, Gonzalo de Umbría a serle amputados los dedos de un pie y a unos marineros conocidos como los Peñates se les azotó.[121]

    Los procuradores partieron a España en el barco Santa María de la Concepción con los documentos y el tesoro que habían recibido de los nativos el 26 de julio de 1519.[122] Llegaron sin incidentes a Sevilla, donde todo lo que portaban les fue confiscado por la Casa de Contratación de Indias. Tras esto, optaron por dirigirse a Medellín para informar a Martín Cortés.[123]

    Posteriormente, llegó un barco desde Cuba con Francisco de Saucedo. Este trajo la noticia de que Velázquez había sido nombrado gobernador y adelantado, saltándose en el cargo a Diego Colón. Esto reveló que la pugna de Cortés ya no era contra un teniente de gobernador, sino contra un gobernador designado por la Corona.[123]

    «Quema» (barrenado) de las naves

    El paso siguiente de Cortés fue evitar futuras deserciones cortando la retirada. Un día en que se encontraba departiendo en medio de un grupo se acercaron unos maestres que le eran afectos y, según el plan convenido de antemano, le hicieron saber en público que unos navíos se encontraban carcomidos por el molusco broma y que no podían navegar. Según una declaración de Montejo, uno ya se había hundido por sí solo. Aparentando no tener otra opción, Cortés ordenó que se sacase de ellos todo lo aprovechable y que se los echase sobre la playa. Los marinos confabulados fueron abrieron vías de agua en otros buques para, a continuación, declararlos inservibles.[124]

    La primera vez que se mencionó que los barcos habían sido quemados fue en la epístola que prologaba un libro de 1546 de Cervantes de Salazar.[125][126] Más tarde, la quema fue representada pictóricamente en un cenotafio dedicado a Carlos V en México 1559.[126] Luego, siguieron difundiendo la historia de la quema Juan Martínez, Acosta, Andrés Dorantes de CarranzaAntonio Vázquez de EspinosaJuan Suárez de Peralta y, a finales del siglo XVIIPedro Fernández del Pulgar.[126] Este hecho recuerda otro similar del romano Fabio Máximo, recogido en las Estratagemas de Sexto Julio Frontino.[127][128] También se narran quemas de barcos en las vidas de otros personajes de la antigüedad, como Agatocles de Siracusa y Juliano el Apóstata.[126]

    Alianza con los totonacas

    En el pueblo totonaca de Quiahuiztlán aparecieron cinco recaudadores aztecas, llamados calpixques. Se dirigieron a los notables del pueblo, recriminándoles que hubiesen acogido a los españoles sin autorización de Moctezuma y exigieron como reparación la entrega de veinte jóvenes para el sacrificio. Cortés, al informarse de qué se trataba, animó a líder totonaca Quauhtlaebana a liberarse del yugo azteca. Este aceptó la ayuda de los españoles y apresaron a los recaudadores. Cortés encargó que dos de los calpixques fuesen a su presencia, se mostró ajeno a lo ocurrido y les dio un mensaje para Moctezuma, indicando que quería ser su amigo e ir a visitarlo. Posteriormente, repitió la operación con los otros tres.[129]

    Tras esto, un pueblo vecino, por instigación de los aztecas, se dispuso a atacarlos. Cortés mandó a un vasco apellidado Heredia con una escopeta que pegó un tiro y aterrorizó a los enemigos, provocando una victoria.[130]

    Cortés quiso formalizar su alianza con este pueblo. Malintzin les tradujo a los caciques totonacas el juramento de vasallaje al rey de España. Diego de Godoy lo consignó todo en una escritura pública. Los caciques ofrecieron ocho doncellas para que tuvieran descendencia con los españoles. Cortés exigió que estas mujeres se bautizasen y que se abandonase el culto a los dioses paganos. Ellos decidieron que no tocarían a sus ídolos pero no impedirían que otros los destruyesen y, tras esto, españoles destruyeron los ídolos. Cortés también prohibió los sacrificios humanos, el canibalismo y la sodomía. Según Bernal la prostitución con jóvenes travestidos era habitual entre estos nativos.[131]

    Guerra y posterior alianza con Tlaxcala. Matanza de Cholula

    El 16 de agosto de 1519, Cortés abandonó la costa e inició su marcha hacia el interior, rumbo hacia al corazón del Imperio mexica, con un ejército de 1300 guerreros totonacas,[132] 200 indios de carga, 6 cañones, 400 infantes españoles y 15 de caballería.

    Llegaron a Zautla, donde fueron atendidos por el cacique Olintetl.[134] En esta población, los españoles vieron por primera vez un tzompantli, hecho con centenares de cráneos humanos. Cortés le preguntó al cacique cuál era la mejor ruta para ir a ver a Moctezuma y este respondió que por Cholula. Sin embargo, los totonacas dijeron que ir por Cholula sería peligroso porque habría guarniciones de mexicas y señalaron que lo mejor era ir por Tlaxcala. En ese momento Cortés tuvo conciencia de la rivalidad entre los mexicas y los tlaxaltecas.

    A partir de 1455 el Imperio mexica, conformado sobre la base de la Triple Alianza entre TenochtitlánTetzcuco y Tlacopan, había iniciado las llamadas guerras floridas contra HuejotzingoCholula y Tlaxcala, con el fin de capturar prisioneros para sus sacrificios religiosos, y las cuales le garantizaron el repudio del resto de los señoríos indígenas.[137] La Confederación o República de Tlaxcala estaba integrada por los señoríos de TepeticpacOcotelulcoTizatlán y Quiahuiztlán. Tlaxcala se había organizado como una confederación de ciudades-estados unidas en una república gobernada por un Senado; México-Tenochtitlán, por el contrario se organizó como un imperio.

    Cortés y sus hombres llegaron a una construcción antigua de unos tres metros de altura que discurría entre dos montañas y cerraba un valle. En este lugar, el cacique de Ixtacamaxtitlan, llamado Tenamaxcuicuitl, puso a cargo de Cortés a trescientos guerreros nativos. Era 29 o 30 de agosto cuando atravesaron esta construcción, por una pequeña puerta en forma de ese.

    El primer día en tierras de Tlaxcala tuvieron que enfrentarse a contingentes indígenas hasta el anochecer, logrando derrotarlos a todos sin ninguna baja entre los españoles. Estos combates dejaron algunos caballos muertos. Luego llegó una delegación tlaxcalteca que hizo responsables de pagar los caballos muertos y argumentaron que los de Cortés habían sido atacados por una fuerza a su servicio formada por otomíes. No obstante, al día siguiente llegaron huestes de Tlaxcala con un estandarte del guerrero Xicohténcatl Axayacatzin que también fueron derrotadas. Cortés hizo algunos prisioneros importantes, les transmitió que quería la amistad de su pueblo y los dejó en libertad. Este gesto no tuvo consecuencias, porque dos días después les atacaron tropas de Xicohténcatl y del chichimeca Chichimecatecuhtli, que terminó desertando.[139] Este ataque tampoco provocó entre los españoles ninguna baja.[140]

    Los tlaxcaltecas pasaron a culpar de nuevo a los otomíes y enviaron mensajeros con comida, que en realidad eran espías. Cortés detuvo a cincuenta de estos y ordenó cortarles las manos a todos.[141]Cortés mandó una expedición de castigo que quemó algunos caseríos. Luego se dirigió al poblado de Tzompantzinco. Los moradores huyeron y Cortés dio orden de no perseguirlos ni hacerles daño.[142]

    Xicohténcatl se presentó en el campamento español. Cortés dijo que había venido de muy lejos para buscar su amistad y el guerrero nativo se disculpó diciendo que les había atacado porque iban con los de Ixtacamaxtitlan, que consideró tributarios de Moctezuma y enemigos suyos.[143]

    Cortés y sus hombres entraron en Tlaxcala el 23 de septiembre de 1519. Fueron recibidos por Maxicatzin de Ocoteluco, Xicohténcatl de Tizatlán, Tlahuexolotzin de Tepeticpac y Citlalpococa de Quiahuiztlán. Los jefes nativos fueron catequizados por fray Bartolomé de Olmedo y se bautizaron. También se fueron bautizando el resto de los habitantes y se colocó una cruz sobre la pirámide de Tlaxcala.[144]

    En su paso hacia Tenochtitlan Cortés llegó a Cholula, aliada del Imperio mexica, que era la segunda ciudad más grande después de México-Tenochtitlan, con 30 000 habitantes. Bernal Díaz del Castillo cuenta en su crónica que luego de haber recibido a Cortés y su enorme ejército, las autoridades de Cholula planearon tenderle una emboscada y aniquilar a los españoles. Díaz del Castillo cuenta que él y las tropas vieron a un costado de los templos las varas con collares que supuso destinadas a los españoles para ser llevados cautivos a Tenochtitlan. Díaz del Castillo también cuenta que una anciana y unos sacerdotes de los templos de Cholula alertaron a Cortés, quien mandó inmediatamente a su ejército a atacar, masacrando a entre 4000 y 6000 cholultecas en lo que se conoció como la matanza de Cholula. Este episodio ha sido analizado por historiadores, como Christian Duverger, como una batalla entre dos bandos, no como una matanza. El contingente permaneció en Cholula durante octubre y noviembre y al salir Cortés mandó incendiar la ciudad.

    Después llegó a Santa Catarina Ayotzingo, desde donde preparó el ataque a Tenochtitlan. A su llegada a México-Tenochtitlan, Cortés quedó sorprendido por la belleza del lugar, que es descrita por Díaz del Castillo como «un sueño». En su paso desde Cholula, Cortés había recorrido el camino hacia el Valle de México, cruzando por entre dos volcanes, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl hasta llegar a en un paraje boscoso y de espléndida belleza que hasta hoy lleva el nombre de Paso de Cortés. Del otro lado, avistó por primera vez el lago de Texcoco aproximándose a ella por el rumbo de Xochimilco.

    Tenochtitlan

    Hernán Cortés, en su marcha hacia México-Tenochtitlan, el ejército de Cortés (unos trescientos españoles) y el apoyo de unos 3000 tlaxcaltecas avistó los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Y uno de los capitanes de Cortés, llamado Diego de Ordás fue el primer europeo en ascender a la cima del volcán Popocatépetl en compañía de dos compañeros de armas, causando una gran impresión entre los nativos que acompañaban la expedición de Cortés. Por tal hazaña y méritos militares, el emperador Carlos V le otorgó a Diego de Ordás mediante decreto expedido el 22 de octubre de 1523, el derecho de poseer un escudo de armas con una vista del volcán.

    A la entrada de la ciudad, realizada el 8 de noviembre de 1519, se produjo el encuentro de Moctezuma y Cortés, haciendo de intérpretes Doña Marina y Gerónimo de AguilarMoctezuma II creyó que los españoles eran enviados del dios que vendría del Este —este es Quetzalcóatl o Serpiente Emplumada— y fue un espléndido anfitrión de estos, obsequiándole entre otras cosas, el Tocado del Dios Quetzalcóatl, conocido como Penacho de Moctezuma y el cual, fue enviado junto con otros presentes a la Corte Imperial. Dado que Carlos V era un Austria —casa de los Habsburgo— al extinguirse la rama española, este regalo terminó en Austria.

    Mientras los españoles se quedaban en Tenochtitlan, Moctezuma los hospedó en el templo de su antecesor Axayácatl (en el palacio del padre de Moctezuma), pudiendo entonces admirar la grandiosidad de aquella ciudad. En los días siguientes, los españoles visitaron los palacios y templos de la gran capital mexica, así como el gran cú (templo) de la ciudad gemela del imperio, Tlatelolco, y su mercado: una plaza de más del doble de grande que la Plaza Mayor de Salamanca (tenida entonces por la más grande de la cristiandad). Residiendo los españoles en el palacio, se les ocurrió que ya era hora de tener capilla propia y, puesto que Moctezuma se había negado a que la erigieran en el templo de Huitzilopochtli, resolvieron levantarla en su alojamiento, previo permiso del emperador.

    Buscaban los capitanes el mejor sitio para emplazarla cuando un soldado, que era carpintero, notó en una pared la existencia de una puerta tapiada y encalada de pocos días. Recordaron entonces que se susurraba que en aquellos aposentos tenía depositados Moctezuma los tesoros que había ido reuniendo su padre Axayácatl.

    Allí entraron Cortés y algunos capitanes y tras la vista de un enorme tesoro ordenó que se volviera a tapiar. Debido a advertencias previas de los tlaxcaltecas, les empezó a inquietar entonces la posibilidad de ser asesinados. Cuatro capitanes y doce soldados se presentaron a Cortés para hacerle presente la conveniencia de prender al emperador, manteniéndole como rehén, para que respondiera con su vida de la vida del ejército. No se tomó de momento ningún acuerdo, pero una noticia precipitó la resolución.

    Mientras tanto en las cercanías de la Villa Rica de la Vera Cruz, aconteció la batalla de Nautla, entre los mexicas dirigidos por Cuauhpopoca y los totonacas aliados de los conquistadores españoles, en el conflicto mataron a Juan de Escalante, alguacil mayor, y a siete españoles lo que supuso un desprestigio para las armas españolas al ver que no eran semidioses y que podían ser vencidos. Un soldado llamado Argüello fue hecho prisionero, murió en el camino por las heridas de la guerra y su cabeza enviada al emperador mexica, quien no quiso colocarla en ningún templo.

    Una vez que Moctezuma cayó en la celada de los españoles, Cortés lo tuvo como rehén so pena de muerte inmediata. Apaciguó a su guardia diciendo que iba de propia voluntad, y tras ser trasladados con los españoles todos sus enseres siguió manifestando a todas sus visitas que estaba allí de propia voluntad.

    Cortés exigió que los caciques autores de la agresión a Veracruz fueran castigados. Llevados a su presencia, confirmaron que obedecían órdenes de Moctezuma. Los capitanes mexicas fueron sentenciados a morir en la hoguera. Consiguió también que Moctezuma se declarase vasallo de Carlos V. La casta sacerdotal y la nobleza conjuraron para liberar a su señor y aniquilar a los españoles.

    Lucha entre españoles

    En esos días se recibió la noticia de la llegada de 18 navíos al Puerto de Veracruz, creyéndose en un principio que eran refuerzos del emperador, pero enseguida se supo que eran tropas mandadas por Diego de Velázquez para castigar a los rebeldes. Estas tropas estaban mandadas por Pánfilo de Narváez. Para colmo, pusieron sobre aviso a Moctezuma de que Cortés era un rebelde a su rey, y que si podía, lo matase. Así que Cortés no tuvo más remedio que dejar una guarnición de poco más de un centenar de españoles en México-Tenochtitlan al mando de Pedro de Alvarado, y él con trescientos españoles y varios cientos de indios, salió al encuentro de las tropas de Narváez. Cortés atacó el campamento enemigo en plena noche, derramando muy poca sangre y capturando a Narváez solo unos momentos después de haber entablado combate. Tras mostrar a los soldados los adornos de oro, y de incitarlos a unírsele, la mayoría cambió de bando a favor de Cortés, que gracias a esto triplicó sus efectivos de la noche a la mañana. Por su parte, Narváez regresó por donde había venido, con unos cuantos seguidores, mientras que Cortés regresaba a Tenochtitlán.

    La matanza del Templo Mayor

    Mientras, en Tenochtitlan, Alvarado, temeroso de una concentración masiva de guerreros en la Plaza Mayor de Tenochtitlán, y temiendo los posibles augurios de Cholula, había cometido una matanza de nativos, de nobles, caciques y jefes de ejército cuando estos estaban celebrando la fiesta de Tóxcatl (quinto mes de los 18 que tenía el calendario mexica) en honor a Tezcatlipoca. Algunas fuentes hablan también de culto al siempre presente Huitzilopochtli. Dado el desatino de Alvarado, la población, lógicamente, se indignó, porque Pedro de Alvarado les quitó sus joyas y materiales preciosos que vestían. Al haber hecho esto los pobladores se rebelaron contra Moctezuma, no teniéndole nadie respeto. Los españoles se tuvieron que refugiar en los alojamientos del palacio.

    La rebelión y La Noche Triste

    El 24 de junio de 1520 el ejército de Cortés entraba nuevamente en la ciudad. El hermano de Moctezuma, Cuitláhuac, fue liberado para que gestionase la pacificación, pero en vez de eso, se puso al frente de los mexicas y se unió al jefe de los caciques, llamado Cuauhtémoc —y quien sería el siguiente tlatoani mexica—, para oponerse a la ocupación española. Cortés consiguió que Moctezuma tratase de apaciguar a los inconformes y que dejasen salir a los españoles de la ciudad. Existen dos versiones de la muerte de Moctezuma: una es que cuando hablaba a su pueblo, recibió una pedrada de los propios mexicas que lo hirió de muerte; la otra dice que Hernán Cortés ordenó matarlo cuando vio que no podía calmar al pueblo, si bien esta última versión fue aportada por los mexicas y se considera menos probable.[145]

    Estando así la situación, los soldados españoles fueron sitiados en la casa en la que estaban alojados, rodeados por multitudes de indígenas indignados. Los sitiados veían disminuir el agua, las municiones y toda clase de víveres. La única salida era la retirada. Y la hicieron en la lluviosa noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520, conocida como la Noche Triste. Al escabullirse silenciosamente, los españoles se dirigieron a una de las calzadas que conducían a la salida de Tenochtitlán. Ya no les faltaba mucho para completar la retirada cuando fueron descubiertos por una anciana, que dio la alarma, y en unos momentos, miles de guerreros mexicas atacaron en tromba a los españoles; les acosaron a lo largo de la calzada, mientras otros atacaban desde sus canoas. En aquella retirada cayó la mayoría de los españoles, sobre todo los que llegaron con Narváez, que al llevar muchas piezas de oro consigo, a pesar de las advertencias de Cortés, murieron ahogados en el lago: Se perdió además gran cantidad de piezas de artillería y de caballos, así como gran parte del tesoro que se transportaba. Perseguidos por los mexicas, el 7 de julio, cerca de Otumba, los españoles se reorganizaron, y plantaron batalla a los guerreros que les perseguían, logrando derrotarles.

    Sitio y caída de Tenochtitlan

    Después de su derrota de la Noche Triste, los españoles y sus aliados tlaxcaltecas se replegaron en Tlaxcala; se reorganizaron y atacaron Tenochtitlan, poniendo en sitio a la ciudad. Cabe meditar si en este punto la alianza de los tlaxcaltecas podría o no considerarse legítima, porque dada la fragilidad de los españoles, les hubieran podido eliminar y no lo hicieron. En vez de eso, les aprovisionaron y les cobijaron, con la consecuente obtención de prebendas y privilegios posteriores, que el conquistador esta vez sí parece haber respetado.

    Dada la indignación de los mexicas por la profanación de una de sus fiestas principales —donde ocurrió la matanza perpetrada por Alvarado—, y entendiendo que los mexicas no se rendirían, Cortés mandó construir en Tlaxcala 13 bergantines, de unos 12 m, llevarlos desmontados a Texcoco, pieza por pieza, y montarlos allí, equipándolos con material de los navíos que estaban varados en Veracruz, con el fin de ponerle sitio a Tenochtitlan también por las aguas. Tras un sitio que duró 75 días, los mexicas, que pelearon hasta su práctico exterminio, finalmente fueron derrotados y sometidos a esclavitud. Es por esta razón que podemos decir, que los actuales descendientes indígenas o el mestizaje derivado de estos, se dio más que con el pueblo mexica, con los vencedores tlaxcaltecas y otros señoríos indígenas que, al término de la guerra, obtuvieron estatus de principales en sus provincias y en diferentes casos, como representantes ante la Corona española como caciques gobernantes.

    Después de consumada la conquista, Cortés se hizo acompañar por Cuauhtémoc. Cortés llevó a Cuauhtémoc a sus expediciones posteriores donde más tarde resultaría muerto, presuntamente mandado a ahorcar por Cortés.

    El viaje de Cortés a Las Hibueras

    Cortés tenía conocimiento de las riquezas que existían en Las Hibueras (actual Honduras), así que envió en el año de 1524 al mando de su capitán Cristóbal de Olid cinco navíos y un bergantín, a bordo de los cuales iban 400 hombres, suficiente artillería, armas y municiones, además de ocho mil pesos oro para comprar en Cuba caballos y bastimentos. Simultáneamente, había partido una expedición por tierra al mando del capitán Pedro de Alvarado para conquistar y explorar Centroamérica.

    En Las Hibueras, el capitán Cristóbal de Olid, hombre de toda su confianza, había entrado en tratos con su principal enemigo, el gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, para robarle a Cortés las nuevas tierras que se habrían de descubrir en el viaje de exploración y conquista que él mismo estaba sufragando. El conquistador montó una segunda expedición en junio de 1524 al mando de su primo Francisco de las Casas, en cinco navíos y con cien hombres con órdenes de aprehender y castigar al infiel Cristóbal de Olid. Al arribar la expedición punitiva a la actual Honduras después de un naufragio, se sucedieron unas escaramuzas y fue tomado prisionero el enviado de Cortés, su primo Francisco de las Casas, en compañía de Gil González de Ávila, este recién llegado con el título de gobernador del golfo Dulce.

    De las Casas y Gil González lograron escapar. Amigos de Cortés en una cena tomaron prisionero a Cristóbal de Olid y lo degollaron. Enterado Cortés de la rebelión de Cristóbal de Olid, decidió viajar hacia Las Hibueras a pesar de tener pocos españoles en Tenochtitlan. Decidió llevar con él en el viaje, como medida preventiva ante una posible sublevación, a Cuauhtémoc y otros nobles mexicas.[146]

    Hernán Cortés se dirigió hasta Veracruz rumbo a Las Hibueras en compañía de su ejército, en donde se embarcó hasta la villa del Espíritu Santo. De ahí continuó por tierra hasta Tabasco transitando por Cupilco, Cimatán, Nacaxuxuca, Zaguatán, Chilapan, Ixtapa, Acalán, Tatahuitalpan, Teutiercas y Usumacinta.

    Al cruzar el río Candelaria (afluente del río Grijalva) las huestes de Cortés tuvieron que construir una serie de puentes para lograr atravesar la zona del actual municipio de Candelaria, en el actual estado de Campeche. De acuerdo a las crónicas de Indias la tarea no fue nada fácil. En el lugar fue recibido por el batab o halach uinik de Acalán, llamado Apoxpalón, quien comerciaba cacaoalgodónsal y esclavos. La reunión fue pacífica y el gobernante local ayudó a la expedición a continuar su camino. Por su parte Cortés le entregó una carta o salvoconducto para mostrar a posibles futuras expediciones españolas, en la cual se hacía constar el acuerdo de paz logrado.

    De acuerdo con el investigador Juan Miralles, uno de los caciques de Itzamkanac previno a Cortés acerca de que Cuauhtémoc junto con Tetlepanquétzal y Coanácoch promovían una conjura para matarlo a él junto a todos los españoles. Cortés detuvo a los sospechosos de la posible sublevación y los interrogó por separado. El interrogatorio sacó en limpio que los principales responsables eran Cuauhtémoc y Tetlepanquétzal.[147] Por tal motivo, al sureste de Xicalango, aún dentro de la jurisdicción de Acalán de los mayas chontales, se realizó la sentencia y ejecución por ahorcamiento del último huey tlahtoani Cuauhtémoc.

    También fueron ejecutados el señor de Tlacopan, Tetlepanquétzal, y muy probablemente el señor de Tetzcuco, Coanácoch. De acuerdo a Ixtlilxóchitl, el ahorcamiento fue en Acalán y no en Itzamkanac, por otra parte Coanácoch fue salvado cuando estaba siendo ejecutado en la horca, sin embargo murió a consecuencia de la acción, pocos días después, el día 28 de febrero de 1525. Años más tarde, Juan de Torquemada en su obra Monarquía Indiana introdujo la versión de que Coanácoch fue otro de los ahorcados.

    ... estando para ahorcar al Quauhtemoc, dijo estas palabras: «O capitan Malinche, dias ha que yo tenia entendido, é habia conocido tus falsas palabras: que esta muerte me habias de dar, pues yo no me la di, cuando te entregaste en mi ciudad de Méjico; porque me matas sin justicia?»
    Conquista de Yucatán, Diego López de Cogolludo.

    Estadía en Tayasal

    El viaje continuó y la expedición tuvo contacto con los mayas itzáes en las inmediaciones de Tayasal. Fueron bien recibidos y Cortés se entrevistó con el Halach Uinik Ah Can Ek (Canek). Cortés explicó lo acontecido con el poderío mexica, y el halach uinik no tenía aún las noticias de Tenochtitlan, pero le contó acerca de noticias de guerras acontecidas con los mayas chontales de Centla con los dzules (hombres blancos). Cortés explicó que él era el capitán de esas guerras y trató de convencerlos de que se convirtiesen al cristianismo. Ante el resguardo de la ciudad y el número de habitantes mayas, Cortés prefirió no llevar a cabo ninguna acción militar y se despidió de los itzáes, dejando un caballo lastimado y moribundo que Ah Can Ek prometió cuidar. En 1618 los misioneros franciscanos encontraron a los descendientes mayas adorando a un caballo fabricado de madera.

    La expedición continuó el camino durante más de treinta días en un trayecto accidentado y sinuoso hasta que, en abril de 1525 llegaron al puerto maya de Nito (actual aldea Buena Vista, departamento de Izabal, Guatemala). Para entrar en la localidad, tuvieron que cruzar el río Dulce; allí encontraron, sorpresivamente, a cuatro españoles pescando en el río, los que fueron capturados para ser interrogados. Los colonos habían sido dejados allí por Gil González de Ávila en marzo de 1524, cuando atacaron el puerto de noche, tomando el pueblo, provocando que los nativos huyeran del sitio, el cual González Dávila había renombrado como San Gil de Buena Vista. Después de la pequeña escaramuza establecieron su base en el sitio durante algunos días. Los 80 colonos vivían en la miseria y no pusieron abastecer de alimentos a las tropas de Cortés, pero la inesperada llegada de un navío mercante de las Antillas permitió a Cortés construir una pequeña flota, lo que les permitió subir por el río Dulce y el lago de Izabal, y así incursionar en el río Polochic río arriba, en busca de provisiones. Al inicio, confiscó las milpas de las aldeas de las riberas, al no ser suficiente, indagó dónde conseguir más alimentos. Fue así como supo de la existencia de una ciudad en el río Polochic, que llamó Chacujal:

    En este pueblo estuve dos días porque la gente descansase, y pregunté a los indios que allí se prendieron si sabían de algún pueblo adonde hobiese bastimiento de maíz seco, y dijéronme que sí, que ellos sabían un pueblo que se llama Chacujal, que era muy grande pueblo y muy antiguo, y que era muy abastado de todo género de bastimientos.

    Cortés cruzó el lago y dejó sus naves en la boca del río Polochic para seguir a pie. Atacó la ciudad por la noche, pero ya estaba abandonada, toda su población había huido. Aparentemente ya avisados, debieron haber visto desde días antes la flota en el lago. De todas formas, debió ser impresionante, pues Cortés quedó impresionado por su grandeza y la planificación de sus plazas, calles y edificios. Lo comparó con las ciudades del valle de México (Culúa) e Itzamkanac de Acalán, la última referencia, en el río Candelaria, Campeche. Había pasado después por Tayasal de los itzaes y luego por Nito, sin que estos pueblos lo impresionaran tanto como Chacujal.

    ... y con mi gente junta salí a una gran plaza donde tenían sus mezquitas (templos) y oratorios, y como vimos las mezquitas y los aposentos alrededor de ellas a la forma y manera de Culúa, púsonos más espanto del que traíamos, porque hasta allí, después que pasamos de Acalan, no las habíamos visto de aquella manera...

    Cortés envió un pequeño grupo para solicitar una embarcación y poder continuar su trayectoria por mar hacia Naco (las Hibueras). Al llegar la embarcación a Naco les informaron que Cristóbal de Olid ya había sido ejecutado.

    Llegada y estadía en Las Hibueras

    Llegando a Naco, Cortés se reunió con sus capitanes y evaluó las noticias que llegaban de México-Tenochtitlan, donde se habían amotinado los españoles. Envió inmediatamente a Gonzalo de Sandoval de regreso. En la zona, los pueblos vecinos de Papayca y Chiapaxina habían recibido amistosamente a los españoles, pero poco tiempo después las condiciones cambiaron y comenzaron los enfrentamientos. Cortés logró capturar a los señores principales llamados Chicuéytl, Póchotl y Mendexeto para de esta manera negociar la paz a cambio de la vida y libertad de los prisioneros. Los de Chiapaxina se rindieron, pero los nativos de Papayca continuaron las hostilidades. Fue capturado y ahorcado el líder llamado Mátzal. También fue capturado otro líder de nombre Pizacura, a quien Cortés mantuvo en cautiverio, pero las hostilidades continuaron. En las cercanías Cortés fundó la villa de Trujillo el 18 de mayo de 1525 y nombró a Juan de Medina como alcalde.[158] No obstante, en las inmediaciones de la zona los lencas, aliados con los cares y dirigidos por el caudillo lenca Lempira, resistieron la conquista durante doce años. En 1537 durante las campañas de conquista de Francisco de Montejo, el capitán Alonso de Cáceres concertó una reunión para negociar la paz, sin embargo la reunión fue una trampa y un arcabucero asesinó al dirigente indígena.

    Llegaron a la villa de Trujillo fuerzas españolas dirigidas por Francisco Hernández de Córdoba, fundador de Nicaragua, homónimo del descubridor de Yucatán, que estaba bajo las órdenes de Pedro Arias Dávila (Pedrarias). Al escuchar que la zona era rica en metales preciosos, Cortés se interesó en las minas y acciones de conquista. Se encontraba preparando su expedición a Nicaragua cuando llegó fray Diego de Altamirano con noticias acerca de la situación en Ciudad de México, por lo que prefirió cancelar su expedición y regresar por vía marítima a San Juan de Ulúa. Envió a sus soldados a Guatemala para poblar la zona y dar apoyo a Pedro de Alvarado, y partió de la villa de Trujillo, el día 25 de abril de 1526.

    Descubrimiento de la «California»

    Sabed que a la diestra mano de las Indias existe una isla llamada California muy cerca de un costado del Paraíso Terrenal; y estaba poblada por mujeres negras, sin que existiera allí un hombre, pues vivían a la manera de las amazonas. Eran de bellos y robustos cuerpos, fogoso valor y gran fuerza. Su isla era la más fuerte de todo el mundo, con sus escarpados farallones y sus pétreas costas. Sus armas eran todas de oro y del mismo metal eran los arneses de las bestias salvajes que ellas acostumbraban domar para montarlas, porque en toda la isla no había otro metal que el oro.

    Se considera actualmente a Hernán Cortés como el descubridor de la península de Baja California, cuando el primer europeo que desembarcó en dicha península fue el piloto y navegante español Fortún Jiménez, quien al mando del navío Concepción, propiedad de Hernán Cortés, avistó y desembarcó en el año 1534 en la península, de la cual pensó que era una isla.

    En la cuarta Carta de Relación, fechada en México el 15 de octubre de 1524, escribe Hernán Cortés al rey de España de la preparación de barcos para explorar y someter nuevos reinos sobre la mar del Sur (océano Pacífico), idea que bullía en su mente desde dos años atrás, recién consumada la conquista de la gran Tenochtitlan. En 1529, estando Cortés en España, firmó un convenio con la Corona española por el cual se obligaba a enviar por su cuenta «armadas para descubrir islas y territorios en la mar del Sur».

    Deseaba encontrar además del dominio territorial y las posibles ganancias en metales preciosos en las nuevas tierras a descubrir, un paso de mar entre el Pacífico y el Atlántico, pues se pensaba que si Fernando de Magallanes había encontrado un estrecho que comunicaba ambos océanos por el Sur, también debería existir otro paso por el Norte. Ese paso marítimo era el mítico estrecho de Anián. En el mencionado convenio se estipulaba que de las tierras y ganancias que se obtuvieran, una décima parte corresponderían al descubridor en propiedad perpetua, para sí y sus descendientes.

    Expediciones posteriores

    La primera expedición

    Durante su estancia en España en 1529, Cortés consiguió de Carlos V el título de marqués del Valle de Oaxaca[161] y el gobierno sobre los futuros descubrimientos en el mar del Sur.[162] Ya de regreso a México, el 30 de junio de 1532 envió a su primo Diego Hurtado de Mendoza para que explorara las islas y litorales de la mar del Sur, más allá de los límites de la audiencia de la Nueva Galicia gobernada por Nuño de Guzmán enemigo acérrimo de Hernán Cortés. Partió la expedición en dos barcos desde el golfo de Tehuantepec, después de tocar el actual puerto de Manzanillo (Colima) se fueron costeando las costas de Jalisco y Nayarit, que en aquel entonces formaban parte de la audiencia de la Nueva Galicia, hasta descubrir las islas Marías, de allí regresaron a tierra firme y trataron de obtener abastecimiento de agua en la bahía de MatanchénNayarit, abastecimiento que les fue negado por órdenes de Nuño de Guzmán, dueño y señor de la región.

    Uno de los barcos maltratados por las tormentas emprendió el regreso, arribó a las costas de Jalisco y terminó en manos de Nuño de Guzmán, en tanto el otro navío en el que iba Diego Hurtado de Mendoza tomó rumbo al norte, jamás ninguno de los que iban a bordo regresó a la Nueva España, no se volvió a tener noticias de ellos, años después el autor de la Segunda Relación anónima de la jornada que hizo Nuño de Guzmán a la Nueva Galicia, recogió algunas informaciones que hacen suponer que la nave que comandaba Diego Hurtado de Mendoza había naufragado en el litoral norte del hoy estado de Sinaloa, pereciendo él y el resto de la tripulación.

    La segunda expedición

    El navío Concepción al mando del capitán y comandante de la expedición Diego de Becerra, era una de las dos naves que Cortés envió en 1533, poco después de la conquista de la gran Tenochtitlan, en un segundo viaje de exploración de la Mar del Sur, la otra nave era el navío San Lázaro al mando del Capitán Hernando de Grijalva.

    Zarpó la expedición desde el hoy puerto de Manzanillo el 30 de octubre de 1533, para el día 20 de diciembre las naves se habían separado. El barco San Lázaro, que se había adelantado, esperó en vano al navío Concepción durante tres días y al no tener avistamiento del navío acompañante se dedicó a explorar el océano Pacífico y descubrió las islas Revillagigedo. A bordo del Concepción todo era diferente, el navegante y segundo en el mando, Fortún Jiménez, se amotinó y asesinó mientras dormía al capitán Diego de Becerra, después agredió a los tripulantes que se mostraron leales al asesinado capitán para posteriormente abandonar a los heridos en las costas de Michoacán junto con los frailes franciscanos que le acompañaban en la travesía.

    Fortún Jiménez navegó hacia el noroeste siguiendo la costa y en algún momento giró hacia el oeste y llegó hacia una apacible bahía, hoy se sabe que arribó a la hoy ciudad y puerto de La Paz, él pensó que había arribado a una isla, jamás supo que había arribado a una península que con el tiempo se llamaría península de Baja California, allí se encontró con nativos que hablaban una lengua no conocida y además andaban semidesnudos, eran muy diferentes de los nativos del altiplano mexicano que tenían una cultura propia.

    Los tripulantes que le acompañaban al ver a las mujeres semidesnudas y a causa de la larga vigilia sexual, se dedicaron a tomarlas por la fuerza. Para ese entonces se habían dado cuenta de que en el lugar abundaban las perlas que los nativos extraían de las conchas de moluscos que abundaban en la bahía, así que se dedicaron a saquear el lugar y a abusar de las mujeres. Es necesario resaltar que Fortún Jiménez y acompañantes no otorgaron nombre alguno a ninguno de los sitios que encontraron, siendo otros exploradores quienes diesen nombre a los lugares visitados por Fortún Jiménez.

    El abuso de las mujeres por parte de la tripulación aunado al saqueo al cual se dedicaron provocó un violento enfrentamiento con los nativos que terminó en la muerte de Fortún Jiménez y algunos de sus compañeros, los sobrevivientes se retiraron del lugar, abordaron a duras penas el navío Concepción, navegaron erráticamente durante varios días hasta llegar a las costas del hoy estado de Jalisco, en donde se toparon con los subalternos de Nuño de Guzmán quienes les requisaron la nave y los tomaron prisioneros.

    La tercera expedición

    Después de haber patrocinado dos viajes de exploración en la Mar del Sur y sin haber obtenido resultados materiales, Hernán Cortés decidió encabezar el tercer viaje de exploración. Molesto Cortés porque Nuño de Guzmán, su archienemigo de siempre, le había requisado un buque durante la primera expedición que sufragó, además del buque Concepción que Cortés había enviado en el segundo viaje de exploración del mar del Sur, decidió enfrentarlo en su propio terreno y desde allí montar la tercera expedición, para ello preparó un gran número de tropas a pie y a caballo para marchar sobre la provincia de la Nueva Galicia de la cual Nuño de Guzmán era gobernador.

    El virrey de la Nueva España advierte a Hernán Cortés el 4 de septiembre de 1534 «que no enfrentase a quien le había requisado sus barcos» a lo que Hernán Cortés se negó alegando que había gastado más de 100 000 castellanos de oro, además de haber sido designado por su majestad el rey de España Carlos I para conquistar y descubrir nuevos territorios. Para ese entonces Cortés ya había organizado un astillero en Tehuantepec y tenía tres navíos dispuestos; el San Lázaro (en el que regresó Grijalva de la segunda expedición a la mar del Sur), y el Santa Águeda y el Santo Tomás que recién habían sido construidos.

    El proyecto de Cortés era ambicioso, enviaría los navíos a ChametlaSinaloa (cerca de la actual población de Escuinapa) en el territorio gobernado por Nuño de Guzmán y allí abordaría el ejército de tierra comandado por él. Para llegar a Chametla, Cortés tuvo que atravesar por varios días con su ejército el Nuevo Reino de la Nueva Galicia, la Nueva Galicia era una provincia de la Nueva España gobernada por su acérrimo enemigo Nuño de Guzmán.

    Cuenta Bernal Díaz del Castillo que cuando en la Nueva España se supo que el marqués de Oaxaca iba de conquista nuevamente, muchos «creyeron que era cosa cierta y rica» y se ofrecieron a servirle soldados de a caballo, arcabuceros y ballesteros, y 34 casados con sus mujeres, en total 320 personas y 150 caballos. Y añade que los navíos estaban muy bien provistos de bizcocho, carne, aceite, vino y vinagre, mucho rescate, tres herreros con sus fraguas y dos carpinteros de ribera con sus herramientas, además de clérigos y religiosos, y médicos, cirujanos y botica.

    Con los pendones a todo lo alto arribó el ejército de Cortés a la población de Santiago de Galicia de Compostela, ubicada en esos días en el valle de Matatipac (en la actualidad la ciudad de Tepic), donde fue acogido amistosamente por el gobernador Nuño Beltrán de Guzmán, su enemigo de siempre. En esa población Cortés y su ejército permanecieron durante cuatro días antes de proseguir su viaje. Se dice que Nuño de Guzmán aconsejó a Cortés no proseguir con el viaje de exploración y le proveyó de bastimentos, en tanto Cortés se asombró de la pobreza en que vivía Nuño de Guzmán. Sin duda alguna el recibimiento de que fue objeto el Conquistador de México de parte de Guzmán se debió al ejército que acompañaba a Cortés.

    Después de la partida de Cortés, Nuño de Guzmán dirigió una carta a la Audiencia en México en «que se queja de que el marqués del Valle quería penetrar con su gente en su gobernación, siendo que solo era Capitán General de la Nueva España». En Chametla (Sinaloa), después de atravesar los hoy estados de Jalisco y Nayarit, territorio conocido como parte del reino de la Nueva Galicia en esa época, Cortés y su comitiva embarcaron los buques Santa Águeda y San Lázaro en los cuales subieron 113 peones, 40 jinetes con todo de a caballo y dejó en tierra a 60 jinetes más, según lo reportó a la Real Audiencia el gobernador Nuño de Guzmán.

    Una vez embarcado en el buque San Lázaro, Cortés junto con su expedición tomó rumbo al noroeste, y el día 3 de mayo de 1535 arribó a la bahía que nombró bahía de la Santa Cruz, actualmente La Paz (Baja California Sur), lugar en el cual confirmó la muerte de su subalterno Fortún Jiménez a manos de los nativos.

    Una vez que hubo tomado Cortés posesión de la bahía de la Santa Cruz, decidió establecer una colonia, mandó traer a los soldados y bastimentos que había dejado en Sinaloa pero el mal tiempo no le ayudó, los buques se perdieron y únicamente regresó a la bahía de la Santa Cruz un navío llevando una carga de cincuenta fanegas de maíz, insuficientes para alimentar a la población, por lo cual Cortés salió personalmente en busca de víveres, mas lo conseguido fue insuficiente por lo cual decidió retornar a la Nueva España con la intención de proveer desde ahí a la nueva colonia.

    Al mando del poblado de la Santa Cruz quedó Francisco de Ulloa, pero las quejas de los familiares de quienes se habían quedado en la península hicieron que el virrey ordenara el abandono de la población y el retorno de los pobladores a la Nueva España.

    La cuarta expedición

    Península de Baja California y el mar de Cortés o golfo de California (NASA).

    Hernán Cortés quien ya había patrocinado tres viajes de exploración de la mar del Sur (océano Pacífico) y los cuales habían terminado en fracasos, decide enviar un cuarto viaje de exploración a la Mar del Sur al mando de Francisco de Ulloa en 1539. Partió la expedición del puerto de Acapulco el día 8 de julio del año citado a bordo de los buques Santo TomásSanta Águeda y Trinidad, a la altura de las islas Marías se vieron obligados a abandonar el navío Santo Tomás, por lo cual continuaron el viaje de exploración en los dos buques restantes.

    Se adentraron en el golfo de California y visitaron en el viaje de ida y de regreso la abandonada población de la Santa Cruz, conocida actualmente como la ciudad de La Paz, en el viaje de ida llegaron al extremo norte del golfo el 28 de septiembre, a lo que se conoce actualmente como desembocadura del río Colorado y llamaron a la boca del río Ancón de San Andrés, una breve acta fue levantada cuyo texto se transcribe:

    Yo Pedro de Palenzia, escribano público desta armada, doy fe e verdadero testimonio a todos los señores que la presente vieren, a quienes Dios nuestro señor guarde de mal, como en veinte e ocho días del mes de septiembre de quinientos e treinta e nueve años, el muy magnfifíco señor Francisco de Ulloa, teniente de gobernador y capitán desta armada por el iustrísimo señor Marqués del Valle de Guajaca, tomó posesión en el ancón de San Andrés y mar bermeja, que es en la costa desta Nueva España hazia el Norte, que está en altura de treinta y tres grados y medio, por el dicho Sr. Marqués del Valle en nombre del Emperador nuestro rey de Castilla, actual y realmente, poniendo mano a la espada, diziendo que si abía alguna persona que se lo contradijese, que él estaba presto para se lo defender, cortando con ella árboles, arrancando yerbas, meneando piedras de una parte a otra, y sacando agua de la mar; todo en señal de posesión. (...) Testigos que fueron presentes a lo que dicho es los reverendos padres del señor San Francisco, el padre Fray Raymundo, el padre fray Antonio de Mena, Francisco de Terrazas, veedor Diego de Haro, Gabriel Márquez. Fecho día mes y año susodicho. E yo Pedro de Palenzia, escribano público desta armada, le escribí según ante mi pasó; por ende fize aquí este signo mío, que es tal, en testimonio de verdad. — Pedro de Palencia, escribano público. Frater Ramundus Alilius, Frater Antonius de Mena, — Gabriel Márquez. — Diego de Haro. — Francisco de Terrazas.
    Acta del viaje

    Después de haber desembarcado y tomado posesión de las tierras del extremo norte de la Mar Bermeja (conocido hoy en día como golfo de California), nombre que le dieron por la coloración rojiza de las aguas, que se teñían con las aguas procedentes del río Colorado, iniciaron el regreso al poblado de la Santa Cruz, doblaron el cabo San Lucas e ingresaron en el océano Pacífico. Por la actual bahía Magdalena pasaron el día 5 de diciembre sin haber ingresado por estar herido Ulloa, a causa de una escaramuza que sostuvo con los nativos.

    Con fecha del 5 de abril de 1540 dirigió a Cortés desde la isla de Cedros una relación de los sucesos de la exploración en el navío Santa Águeda, en el navío Trinidad continuó con la exploración, nunca más se supo de Francisco de Ulloa y de sus compañeros de navegación.

    Faceta de encomendero

    Inmediatamente después de la caída de Tenochtitlan, Cortés comenzó a repartir encomiendas, con la doble intención de estabilizar el control de la región ante una eventual rebelión de sus propios soldados —constantemente inconformes por la retribución de sus servicios— y a la vez para impedir que las comunidades indígenas se organizaran bajo sus propias autoridades.

    Desde 1523, la encomienda ya era una institución ampliamente establecida en el valle de México, que se mantendría a pesar de recibir, ese mismo año, una orden real prohibiéndola expresamente. 

    El desacato abierto de Cortés a la provisión real, se convirtió en el primer acto de desafío de los encomenderos mexicanos contra el rey. La corona se vio obligada a ceder, otorgando una aprobación condicionada, para no poner en riesgo su soberanía sobre las regiones conquistadas.

    Por la riqueza y población de la región del Anáhuac, los encomenderos mexicanos se fueron convirtiendo en una pujante aristocracia colonial hereditaria, encabezada por el propio Cortés, quien se quedó con el control —así como el monopolio del tributo y la mano de obra— de los núcleos más poblados y productivos del valle de México, como Texcoco, Huexotla, Chiauhtla, Tezayuca, Coatlichan, Chalco (incluyendo todas sus cabeceras), Otumba, Tacubaya y Coyoacán. Incluso buscó impedir que la propia Tenochtitlan fuese entregada a la corona en 1526, y trató de retenerla como su feudo privado.

    En 1529, Cortés recibió títulos que, además de otorgarle la dignidad de marqués, le concedieron la propiedad un gran número de pueblos, con más de 23 mil vasallos indígenas, convirtiéndose en el hombre más rico de América y quizá de todo el mundo hispánico.

    Acreditado la experiencia lo molestados que eran los yndios que estaban en ellas, y la disminuzión a que avían venido por los malos tratamientos y demasiado trabajo que les havían dado los españoles (...) mandó S.M. para cumplir principalmente con el servicio de Dios, y con lo que la Santa Sede le tenía encomendado por Bula de Donación y Concesión, (...) ordenó al Virrey de México Don Hernando Cortés no lo consistiese sino que los dejase vivir libremente como vasallos de estos reynos, y en caso de averles hecho algunos repartimientos o encomiendas las revocase, y pusiese abominaciones. Capítulo de ynstrucción de 26 de Junio de 1523. Cedulario tomo 34, fol. 267 vº, n.º 237[sic][163]
    Carlos V

     

     

    Fallecimiento y sucesivos traslados de sus restos

    Hernán Cortés
    falleció
    en una casa palacio de
    de Castilleja de la CuestaSevilla
    , que fue construida como si fuera una fortaleza.  La casa pasó en 1855 a manos del duque de Montpensier, que realizó algunas reformas en el interior. En 1889 la ocuparon monjas irlandesas, que crearon en ella un colegio.

    En 1540, Cortés retornó a España, donde falleció siete años después, el viernes 2 de diciembre del año 1547, cuando pensaba volver a sus posesiones americanas. Su muerte se produjo en una casa palacio en Castilleja de la Cuesta que pertenecía al jurado don Alonso Rodríguez, amigo de Hernán Cortés, en la que el conquistador residió hasta su fallecimiento. Recibió sepultura en el cercano monasterio de San Isidoro del Campo, en la cripta de la familia del duque de Medina Sidonia, bajo las gradas del altar mayor, con un epitafio que le dedicó su hijo Martín Cortés, segundo marqués del Valle. El epitafio decía:

    Padre cuya suerte impropiamente

    Aqueste bajo mundo poseía

    Valor que nuestra edad enriquecía,

    Descansa ahora en paz, eternamente.
    Martín Cortés

    Los restos mortales de Hernán Cortés fueron inhumados nueve veces.[171] Esto se debió, en parte, porque en su testamento cambió varias veces la ubicación del lugar en donde deseaba reposar. Cuando residía en la Nueva España, primero solicitó ser sepultado en la iglesia contigua al Hospital de Jesús Nazareno, en Ciudad de México, hospital que el conquistador había fundado. Posteriormente declaró sus deseos de ser sepultado en un monasterio que había ordenado construir en Coyoacán, una población aledaña a la capital mexicana, monasterio que nunca fue construido debido a que tuvo que partir a España con el fin de enfrentarse a un juicio de residencia al que fue citado. En octubre de 1547, pocas semanas antes de su muerte, había modificado una vez más su testamento para indicar su voluntad de ser sepultado en la parroquia del lugar donde falleciera. Fue sepultado en Sevilla, en el monasterio de San Isidoro del Campo el 4 de diciembre de 1547.

    En 1550, a los tres años de su muerte, sus restos fueron cambiados de lugar, en la misma iglesia de San Isidoro del Campo, e inhumado justo a un lado del altar dedicado a Santa Catalina. En 1566, y por decisión familiar sus restos mortales fueron trasladados a la Nueva España y sepultados junto con su madre y una de sus hijas en el templo de San Francisco de Texcoco, ubicado en la población de Texcoco cercana a la Ciudad de México. Sus restos yacerían allí hasta 1629.

    En 1629 a la muerte de Pedro Cortés, cuarto marqués del Valle y último descendiente de Hernán Cortés en línea masculina, las autoridades civiles y eclesiásticas de la provincia española decidieron sepultarlos en la misma iglesia, así que los restos de Cortés fueron inhumados cerca del altar mayor (en un nicho detrás del sagrario) en la iglesia del convento de San Francisco (México), ubicado frente a la plaza de Guardiola, en la capital mexicana, allí dejaron grabada la siguiente inscripción: Ferdinandi Cortés ossa servatur hic famosa.

    En 1716 una remodelación del templo de San Francisco obligó a los franciscanos a exhumar los restos y trasladarlos a la parte posterior del retablo mayor, lugar en el que permanecerían durante 78 años.

    En 1794 las autoridades del virreinato exhumaron nuevamente los restos de Cortés con el fin de cumplir con los deseos del conquistador de México que en una ocasión solicitó ser sepultado en la iglesia contigua al hospital de Jesús Nazareno, así que sacaron la osamenta de Cortés del templo de San Francisco que yacía en su nicho en una urna de madera y cristal con asas de plata y pintado en la cabecera de la urna el escudo de armas de marqués de Oaxaca, sus restos fueron trasladados con gran pompa a lo que se creía sería su última morada, se colocaron blandones de plata sobre el sepulcro y dentro del templo se erigió un zócalo y sobre el zócalo un busto del conquistador, en ese sitio sus restos descansarían durante 23 años.

    En 1823, a los dos años de la independencia de México inició el monumento para honrar a los insurgentes muertos durante la guerra de Independencia, los restos de ellos fueron llevados a Ciudad de México, en cuya catedral fueron depositados, un gran movimiento nacionalista surgió entre los habitantes de la capital mexicana al grado que se temió que una turba asaltara el templo para tomar los restos de Cortés, por ello el ministro mexicano Lucas Alamán y el capellán mayor del hospital desmantelaron la noche del 15 de septiembre el mausoleo, en tanto el busto y demás ornamentos fueron enviados a Italia para hacer creer a los agitadores que los restos mortales de Cortés habían salido del país, en realidad la urna con la osamenta fue escondida bajo la tarima del templo del hospital de Jesús Nazareno, durante trece años los restos permanecieron escondidos allí.

    En 1836, ya calmadas las pasiones se extrajeron los restos y fueron depositados en un nicho que se construyó en la pared del templo a un lado de donde estuvo el mausoleo, en ese lugar reposaron los restos durante 110 años hasta ser encontrados. El ministro Lucas Alamán en algún momento informó a la embajada española del lugar en el cual habían depositado los restos de Cortés.

    La

    tumba de Hernán Cortés está en el Templo del Hospital de Jesús Nazareno (Ciudad de México).

    En 1946, algunos historiadores del Colegio de México tuvieron acceso al acta notarial, en la cual se detallaba la última morada de Cortés y decidieron buscar los restos, el lunes 25 de noviembre del mismo año los historiadores encontraron el nicho que guardaba la urna, después de realizar algunos estudios para autentificar los huesos procedieron a restaurar la urna y recomendaron conservar los restos de Hernán Cortés en el mismo lugar. El 28 de noviembre de 1946 el presidente de México Manuel Ávila Camacho expidió un decreto mediante el cual confirió al Instituto Nacional de Antropología e Historia la custodia de los restos mortales de Hernán Cortés.

    El 9 de julio de 1947 se reinhumaron los restos en el mismo lugar en el que los encontraron y se puso sobre el muro de la iglesia una placa de bronce con el escudo de armas de Cortés grabado y la inscripción:

    HERNÁN CORTÉS
    1485-1547

    Desde entonces, sus restos descansan en el lugar que eligió en su juventud para ser sepultado: el templo del Hospital de Jesús Nazareno, edificio que en 2015 estaba abandonado y necesitado de restauración.

    Bernal Díaz del Castillo, posible «seudónimo» de Hernán Cortés

    En los últimos años ha surgido la teoría, impulsada por académicos como el historiador Christian Duverger, de que Hernán Cortés fue el verdadero autor de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, pero el texto se mantuvo anónimo y se trajo de la península ibérica al continente americano bajo un relativo secreto, para evadir la censura de Carlos V y Felipe II. Años después, Bernal Díaz simplemente habría adquirido el manuscrito y sus hijos lo publicaron. Duverger respalda su teoría en el hecho de que la Historia Verdadera narra múltiples datos y conversaciones de Cortés, tanto en territorio americano como europeo, a los que Bernal Díaz jamás habría podido tener acceso, además de que el texto de la Historia verdadera está salpicado de referencias de «alta cultura», que Cortés sí conocería, pero le serían completamente ajenas al casi analfabeto Bernal Díaz. Sin embargo, la tesis de Duverger ha sido refutada, entre otros, por el académico español Guillermo Serés, quien defiende la autoría de Bernal Díaz de la obra que siempre se le ha atribuido.

    Heráldica

     

    El rey Carlos I reconoció los hechos de Cortés mediante la concesión de un escudo de armas para él y sus descendientes otorgado en Madrid el 7 de marzo de 1525:

    [...] traher por vuestras armas propias y conocidas un escudo que en el medio del a la mano derecha en la parte de arriba aya una aguila negra de doss cabezas en campo blanco que son las armas de nuestro ymperio y en la otra meitad del dicho medio escudo a la parte de abaxo un leon dorado en campo colorado en memoria que vos el dicho hernando cortes y por vuestra yndustria y esfuerzo truxistes las cosas al estado arriba dicho y en la meytad del otro medio escudo de la mano yzquierda a la parte de arriba tress coronas de oro en campo negro launa sobre las dos en memoria de tress Señores de la gran cibdad de tenustitan y sus provincias que vos vencistes que fue el primero muteccuma que fue muerto por los yndios temendole vos preso y cuetaoacin su hermano que sucedio en el señorio y se rrevelo contra nos y os echo de la dicha cibdad y el otro que sucedio en el dicho señorio guauctemncin y sostubo la dicha rrevelion hasta que vos le vencistes y prendistes y en la otra meytad del dicho medio escudo de la mano yzquierda a la parte de abaxo podais traher la cibdad de tenustitan armada sobre agua en memoria que por fuerza de armas la ganastes y sujetastes a nuestro señorio y por orla del dicho escudo en campo amarillo siete capitanes y señores de siete provincias y poblaciones que están en laguna y en torno della que se rrevelaron contra nos y los enastes y prendistes en la dicha cibdad de tenustitan apresionados y atados con una cadena que se venga a cerrar con un candado debaxo del dicho escudo y encima del un yelmo cerrado con su tinble en un escudo atal [...]
    Privilegio de armas[178]

    Las armas representan una sinopsis de la gesta del conquistador. El primer cuartel representa el patronazgo del emperador mediante el águila de dos cabezas propio del Sacro Imperio Romano Germánico aunque sobre campo de plata en lugar del habitual oro. El segundo representa la victoria sobre los tres últimos huey tlatoque o grandes gobernantes de Tenochtitlan. El tercero representa el valor de Cortés («yndustria y esfuerzo») y finalmente el cuarto cuartel trae la ciudad de México-Tenochtitlan sobre ondas de azur y plata (representando el lago de Texcoco, similar al escudo otorgado a Ciudad de México dos años antes, en el que la ciudad era simbolizada, sin embargo, con un castillo dorado). La bordura (llamada orla, que es otra pieza heráldica) es una pieza habitual que otorga el emperador y simboliza mediante cadenas y cabezas a los líderes indígenas de las ciudades próximas a Tenochtitlan. Timbra el escudo un yelmo, condición de caballero y propio a la condición de Cortés de hidalgo.

    Posteriormente Cortés modificaría el escudo añadiendo varios símbolos personales. Sobre el todo añadió un escusón con las armas de los Rodríguez de las Varillas, que eran las armas que escogió utilizar como propias de su linaje. El padre de Hernán Cortés, Martín Cortés, aunque llevaba el apellido de su madre pertenecía por vía paterna a la rama extremeña de la ilustre familia Monroy, o más correctamente a los Monroy-Rodríguez de las Varillas. Desde que los Monroy se unieron por matrimonio con los Rodríguez de las Varillas, utilizaron desde entonces como blasón una combinación de las dos armas: las de los Monroy, escudo cuartelado, en el primer y cuarto cuartel un castillo de oro sobre campo de gules, en el segundo y tercer cuartel un campo de veros blancos y azules; y las de los Rodríguez de las Varillas, un escusón con las barras de Aragón rodeadas de una bordura con ocho cruces de brazos iguales).

    Posiblemente por evitar recargar demasiado sus nuevas armas y porque los Cortés no tenían armas propias, Hernán Cortés solo incorporó como referencia a su linaje el mismo escusón que aparecía en las armas de los Monroy, y que como ya se ha dicho, eran las propias de la familia Rodríguez de las Varillas. Posteriormente, siguiendo el ejemplo del conquistador, hubo miembros de la familia Cortés que se apellidaron Cortés de Monroy y que utilizaron el escudo de las barras de Aragón, como fue el caso de Pedro Cortés de Monroy y Zabala, nombrado en 1697 marqués de Piedra Blanca de Huana. Hernán Cortés añadió también posteriormente a su blasón un lema personal: Judicium domini aprehendit eos et fortitudo ejus corroboravit brachium meum. (El señor los juzgó en sus actos y fortaleció mi brazo). Y sobre el yelmo añadió un león alado que algunos de sus descendientes continuaron utilizando.

    El 20 de julio de 1529 concedió el rey a Cortés el título nobiliario de marqués del Valle de Oaxaca por lo que pudo timbrar sus armas con corona de marqués además de otros beneficios sujetos a este privilegio.

    Monumentos y representaciones artísticas en México

    En México existen pocas representaciones de Cortés. Sin embargo, muchos puntos geográficos de interés llevan su nombre, desde el castillo en la ciudad de Cuernavaca a nombres de calles en toda la República Mexicana.

    Uno de los pocos monumentos auténticos de Ciudad de México está en el paso entre los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, por donde Cortés llevó a sus soldados en su marcha a la Ciudad de México. Actualmente es conocido como el Paso de Cortés.

    En 1981, el entonces presidente de México José López Portillo trató de promover el reconocimiento público de Hernán Cortés. En primer lugar, hizo pública una copia del busto de Cortés hecha por Manuel Tolsá en el Hospital de Jesús Nazareno con una ceremonia oficial, pero pronto un grupo nacionalista trató de destruirla, por lo que tuvo que ser retirado de la vista del público. Hoy en día la copia del busto se encuentra en el «El Hospital de Jesús» en un rincón poco visitado, mientras que el original se encuentra en Nápoles, Italia, en la Villa Pignatelli (propiedad de los descendientes de Cortés).

    Más tarde, otro monumento conocido como «Monumento al Mestizaje» de Julián Martínez y M. Maldonado (1982) fue comisionado por López Portillo para ser puesto en el «zócalo» (plaza principal) de la delegación de Coyoacán (Ciudad de México), cerca del lugar donde Cortés tuvo su casa de campo. Debido a las protestas públicas, este tuvo que ser trasladado a un parque poco conocido: el Jardín Xicoténcatl, en el barrio de San Diego Churubusco, cerca del exconvento de Churubusco. La estatua muestra a Cortés, la Malinche y su hijo.

    Hay otra estatua de Cortés, realizada por Sebastián Aparicio, en la ciudad de Cuernavacaestado de Morelos. Se encontraba en un popular hotel, El Casino de la Selva. La figura de Cortés es apenas reconocible, por lo que provocó muy poca polémica. El hotel fue cerrado para hacer un centro comercial, y la estatua quedó fuera de la exhibición pública por disposición de Costco, el constructor del centro comercial, y hasta la fecha no está disponible al público

    La conquista del Perú

    La conquista del Imperio incaico, también conocida como conquista del Perú o del Tahuantinsuyo, fue el proceso mediante el cual la Monarquía Hispánica incorporó los territorios del Imperio incaico a sus dominios en América durante el siglo XVI. Formó parte de la expansión española en el continente y condujo al establecimiento de las gobernaciones de Nueva Castilla y Nueva Toledo, antecedentes del posterior Virreinato del Perú.

    Las primeras expediciones españolas hacia los Andes partieron desde Panamá durante la década de 1520. Inicialmente fueron encabezadas por Pascual de Andagoya, y después por Francisco PizarroDiego de Almagro y Hernando de Luque. La conquista se desarrolló en un contexto de crisis interna del Tahuantinsuyo, marcada por el conflicto entre Huáscar y Atahualpa. Después de la captura de Atahualpa en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532 y la ejecución del Sapa Inca al año siguiente, los conquistadores marcharon en dirección al Cuzco con el apoyo de diversos pueblos indígenas, así como sectores de la nobleza cusqueña, logrando ocupar la ciudad el 15 de noviembre de 1533. La derrota definitiva de los partidarios de Atahualpa no se completó hasta finales de 1534 y comienzos de 1535, con la muerte de Quizquiz a manos de su propia soldadesca, la captura y ejecución de Rumiñahui, y la ocupación de las regiones septentrionales del antiguo imperio.

    Aunque los españoles gobernaron inicialmente en alianza con una facción de la nobleza incaica, pronto surgieron tensiones entre conquistadores e incas, así como entre los propios españoles. Estas culminaron en la rebelión de Manco Inca en 1536. Tras el fracaso de los sitios de Cuzco y Lima, el soberano inca se retiró primero a Vitcos y posteriormente a Vilcabamba, desde donde dirigió la resistencia contra el dominio español y promovió levantamientos en diferentes regiones andinas. Paralelamente, el control de los europeos se vio debilitado por una serie de guerras civiles entre los propios conquistadores.

    La autoridad de la Corona se consolidó tras la derrota de los rebeldes españoles a mediados del siglo XVI. No obstante, la resistencia de Vilcabamba perduró hasta 1572, cuando las fuerzas del virrey Francisco de Toledo ocuparon el territorio y ejecutaron a Túpac Amaru I, poniendo fin al último Estado inca independiente. Este acontecimiento se considera el cierre definitivo de la conquista del Tahuantinsuyo.

    Hipótesis sobre los primeros contactos entre europeos e incas

    Los primeros contactos entre los europeos y el mundo andino son poco claros. El cronista mestizo Felipe Guamán Poma de Ayala afirma que el inca Huayna Cápac recibió en el Cuzco al conquistador Pedro de Candía hacia 1526. De acuerdo con este relato, ambos se comunicaron por señas. El Sapa Inca interpretó que Candía comía oro, por lo que le dio oro en polvo y después le permitió marcharse. Guamán Poma también sostiene que Candía trajo consigo a España con un indígena huancavelica, llamado Felipillo, que después sería un importante traductor. , Se dice que la entrevista fue utilizando señas, según la cual el Inca interpretó que Candía comía oro, por lo que le brindó oro en polvo y luego le permitió marcharse. Pedro de Candía llevó a España a un indígena huancavilca que posteriormente regresó al Tahuantinsuyo; este personaje sería identificado más tarde con Felipillo.

    Sin embargo, diversos historiadores consideran que la crónica de Guamán Poma contiene imprecisiones históricas, por lo que el supuesto encuentro entre Candía y Huayna Cápac suele ser considerado una leyenda carente de respaldo documental.

    Por otro lado, el historiador José Antonio del Busto sostiene que el primer encuentro de los europeos con el Imperio incaico se habría producido en realidad entre 1524 y 1526, cuando el portugués Aleixo Garcia, atraídos por la leyenda del “Rey blanco” o Reino de la plata, se internó en el Tahuantinsuyo al frente de una expedición compuesta por portugueses e indígenas aliados. Según esta hipótesis, la expedición atacó a la fortaleza incaica de Cuscotuyo situada en el límite oriental del Imperio, y aniquiló su guarnición. El cronista Pedro Sarmiento de Gamboa cuenta que, durante el reinado de Huayna Cápac los chiriguanas asaltaron dicha fortaleza, por lo que el inca mandó tropas al mando del general Yasca, para repeler a los atacantes, aunque no menciona la presencia de Aleixo Garcia. Este emprendió luego el retorno, cargado de un rico botín e incluso informó a Martim Afonso de Sousa, gobernador de San Vicente de Brasil, hoy Santos, sobre la existencia de un opulento reino hacia el oeste de su gobernación. No obstante, él y sus compañeros acabaron siendo asesinados por sus propios aliados indios, en la orilla izquierda del río Paraguay, desapareciendo también su botín y las pruebas de la existencia del imperio incaico.

    Situación del Tahuantinsuyo

    En 1527, cuando los españoles se hallaban explorando las costas norteñas del imperio incaico, el inca Huayna Cápac y su heredero Ninan Cuyuchi murieron a causa de una rara enfermedad,[17] que algunos autores atribuyen a la viruela traída con los europeos, aunque también se ha sugerido que Huayna Cápac fue envenenado por un curaca chachapoya.

    Tras la anarquía posterior al deceso del Inca, Huáscar asumió el gobierno por orden de los orejones (nobles) del Cuzco, quienes creían que su experiencia como vicegobernante era suficiente para asumir el mando. Huáscar, preocupado por el excesivo poder que tenía su hermano Atahualpa en la región de Quito, donde era apoyado por los generales QuizquizRumiñahui y Chalcuchímac, ordenó a Atahualpa que le rindiera vasallaje. Pero este reaccionó organizando un ejército y declarándole la guerra. El enfrentamiento, que habría de durar tres años, finalizó con la victoria de Atahualpa y la captura y posterior muerte de Huáscar.

    Contexto político de España

    A finales del siglo XV, los reinos de Castilla y Aragón quedaron unidos bajo los Reyes CatólicosIsabel I y Fernando II. La Conquista de Granada en 1492 puso fin a la presencia política musulmana en la península ibérica y, ese mismo año, el descubrimiento de América abrió el camino a la expansión ultramarina de la Monarquía Hispánica.

    Durante las primeras décadas del siglo XVI, la expansión hacia América estuvo impulsada por la búsqueda de riqueza, prestigio y nuevas tierras, así como por la intención de difundir el cristianismo. Muchos conquistadores procedían de la baja nobleza o de sectores sin grandes recursos, y vieron en las expediciones una oportunidad de ascenso social.

    En el aspecto político, la Monarquía Hispánica era una monarquía compuesta, formada por distintos reinos unidos bajo un mismo soberano, pero que conservaban sus propias leyes, instituciones y tradiciones administrativas. El modelo se basaba en la idea de una autoridad común del rey, más que en una unificación política uniforme. La administración de los territorios se realizaba mediante instituciones delegadas, como los virreinatos, encabezados por representantes del monarca encargados de gobernar en su nombre. El Virreinato de Indias estaba adscrito al Consejo de Castilla, ya que la conquista y organización inicial de los territorios americanos se vinculó a esta Corona. En la relación con las poblaciones indígenas, la Corona reconocía formalmente la existencia de autoridades locales, como caciques o curacas, que en muchos casos fueron incorporados al sistema colonial. El derecho indiano establecía su protección jurídica en el plano formal,[21] aunque su aplicación en la práctica fue variable durante el proceso de conquista y colonización.

    Exploración y descubrimiento

    Descubrimiento del Mar del Su

    Después de los viajes descubridores de Cristóbal Colón, los españoles se fueron asentando en las islas de las Antillas y se dedicaron a explorar las costas septentrionales de América Central y América del Sur, territorio al que llamaron Tierra Firme.[22]

    En 1508, la Corona española dividió Tierra Firme en dos circunscripciones, con miras a su colonización, teniendo como eje el golfo de Urabá [23]. Al oeste del golfo de Urabá se encontraba Veragua, futura Castilla de Oro, concedida a Diego de Nicuesa. Al este estaba Nueva Andalucía o Urabá, entregada a Alonso de Ojeda.

    Estos conquistadores, partieron hacia sus provincias desde la isla de La Española, que por entonces era el centro de las operaciones de los españoles en el Nuevo Mundo[24]. Nicuesa fundó Nombre de Dios, pero tuvo que lidiar con el agreste territorio y la hostilidad de los indígenas. Ojeda, por su parte, desembarcó en la actual Cartagena de Indias y fundó el fuerte de San Sebastián. Dejó allí a un soldado poco conocido en ese momento, llamado Francisco Pizarro.[25] No obstante, la situación del fuerte se volvió insostenible, por lo que, tras escapar en un bergantín con otros sobrevivientes, Pizarro se unió de mala gana a los refuerzos enviados desde La Española por Martín Fernández de Enciso, en cuya expedición también estaba Vasco Núñez de Balboa. Juntos a Tierra Firme.

    Enciso fundó la villa de Santa María la Antigua del Darién, considerada el primer asentamiento estable español del continente americano en 1510.[27] Pero su autoridad fue pronto cuestionada por los colonos, especialmente por Balboa, quien aprovechó que el asentamiento se encontraba en territorio legalmente asignado a Nicuesa para iniciar una disputa legal. Tras una serie de conflictos, Enciso fue enviado preso a España y Nicuesa, despojado del mando por Balboa, murió en el trayecto rumbo a La Española[28]. De ese modo, Balboa terminó convirtiéndose en el principal caudillo de los españoles en Tierra Firme.

    Fue también el primero en recibir noticias de un fabuloso imperio situado más al sur, por el lado donde se abría un inmenso mar. Las crónicas cuentan que, en una ocasión, estando un grupo de españoles riñendo por una pequeña cantidad de oro, se alzó la voz de Panquiaco, el hijo del cacique Comagre, quien les increpó:

    «¿Qué es esto cristianos? ¿Por tan poca cosa reñís? Si tanta gana tenéis de oro... yo os mostraré provincia donde podáis cumplir vuestro deseo; pero es menester para esto que seáis más en número de los que sois, porque habéis de tener pendencia con grandes reyes, que con mucho esfuerzo y rigor defienden sus tierras».

    Y al decir esto señaló hacia el sur, añadiendo que allí había un mar

    «donde navegan otras gentes con navíos o barcos... con velas y remos». (Bartolomé de las CasasHistoria de las Indias, libro III, cap. XLI).

    Balboa tomó en serio la información y organizó una expedición desde La Antigua con dirección al oeste. Tras cruzar el istmo, el 25 de septiembre de 1513 avistó el Mar del Sur, hoy Océano Pacífico. Este hecho fue decisivo para la futura conquista del Perú, pues orientó la expansión española hacia las costas meridionales en busca del imperio rico en oro mencionado por Panquiaco.

    Exploraciones preliminares

    Primeros intentos de llegar al Imperio Incaico

    Tras el descubrimiento del Mar del Sur, el istmo de Panamá se convirtió en un punto clave para la conquista y colonización de América del Sur. Balboa fue nombrado Adelantado de la Mar del Sur en 1514[31] y planeó una expedición por sus costas, para lo cual comenzó a construir una flota. Sin embargo, el proyecto no llegó a realizarse. Las quejas de Enciso ante la Corona llevaron al nombramiento de Pedro Arias Dávila, o Pedrarias, como gobernador de las nuevas tierras conquistadas. Este llegó con más de 2000 hombres, en la expedición más numerosa enviada hasta entonces desde España al Nuevo Mundo.[32]

    Pedrarias acusó a Balboa de conspiración y ordenó su arresto, ejecutado por un grupo al mando de Francisco Pizarro. Balboa fue llevado a La Antigua, juzgado con rapidez por Pedrarias y el alcalde Gaspar de Espinoza, y decapitado en Acla en 1519[33]. Pedrarias comprendió la importancia del a Mar del Sur u Océano Pacífico para los futuros descubrimientos y trasladó la sede de su gobernación a Panamá, fundada el 15 de agosto de 1519. Desde entonces, la ciudad se convirtió en la principal vía de comunicación con el Pacífico y en la puerta de entrada hacia el Perú[34]Nombre de Dios quedó como puerto de conexión con el Atlántico

    Las noticias sobre un imperio rico en oro y plata impulsaron nuevas expediciones hacia el sur. En 1522, Pascual de Andagoya fue el primero en intentarlo, aunque su expedición fracasó estrepitosamente[35]. A partir de entonces, las tierras situadas al sur del golfo de San Miguel comenzaron a ser llamadas Birú, término que luego derivaría en Perú[36]. Su origen es incierto, aunque posiblemente aludía al nombre de un cacique de la actual costa pacífica colombiana, nombre que los soldados españoles, en el habla coloquial, harían paulatinamente extensivo a todo el Levante, como también se conocía a esa región en términos geográficos.

    Formación de la empresa conquistadora y primer viaje de Francisco Pizarro

    Hacia 1523, Francisco Pizarro residía en Panamá como vecino acomodado. Allí comenzó a coordinar con su más cercano amigo, Diego de Almagro la organización de una expedición hacia el llamado Birú. Ambos eran soldados experimentados en la conquista de Tierra Firme. En 1524 se concretó la sociedad con la incorporación del cura Hernando de Luque, encargado de aportar el financiamiento necesario. Pizarro comandaría la expedición, Almagro se ocuparía del abastecimiento militar y de alimentos, y Luque asumiría las finanzas y la provisión de apoyo. Las ganancias serían divididas en tres partes iguales para cada socio o sus herederos, y que ninguno tendría más ventaja que otro.

    La necesidad de asociarse con Luque sugiere que Pizarro y Almagro no contaban con recursos suficientes para financiar la empresa por sí solos. También se menciona la existencia de un cuarto socio oculto, el licenciado Gaspar de Espinosa, quien habría sido el verdadero financista de las expediciones mediante Luque como intermediario, aportando hasta 20.000 pesos.[39]Ello debió ser así, por cuanto nunca uno solo de los socios decidía de manera unilateral las acciones. Solo posteriormente, iniciada ya la conquista física del Perú, Pizarro tomaría decisiones de campaña o sobre acciones militares y administrativas, prerrogativas de su cargo de gobernador de Nueva Castilla, concedido por la Corona española a través de la Capitulación de Toledo, firmada en 1529.

    Con la autorización del gobernador Pedrarias Dávila, Pizarro partió de Panamá el 14 de noviembre de 1524 a bordo del bergantín Santiago, con cerca de 80 hombres, algunos indígenas nicaraguas de servicio y cuatro caballos.[40] Dejó a Almagro el encargo de reclutar más voluntarios y armar otra nave para que le siguiera cuando estuviera listo.

    Pizarro pasó por las islas Perlas y bordeó las costas de Chochama o Chicamá, Puerto Piñas y Puerto del Hambre, en la actual costa pacífica colombiana. La expedición sufrió hambre, enfermedades y falta de víveres hasta llegar a Pueblo Quemado, donde enfrentó a los indígenas. El combate dejó varios españoles muertos y heridos, entre ellos el propio Pizarro.

    Pizarro llegó a las islas Perlas y bordeó las costas de Chochama o Chicamá, llegando hasta Puerto Piñas y Puerto del Hambre, en la costa pacífica de la actual Colombia.[40] La expedición sufrió hambre, enfermedades y falta de víveres hasta llegar a Pueblo Quemado, donde enfrentó a los indígenas locales en una batalla, dejando al menos entre 2 y 5 españoles muertos, además de entre 17 y 20 heridos incluido el mismo Pizarro.

    La hostilidad indígena y las malas condiciones de la zona obligaron a Pizarro a regresar hacia el norte, arribando nuevamente a las costas de Chochama. Por su parte, Almagro, salió de Panamá con 60 hombres y siguió su rastro, aunque no llegó a encontrarlo. Desembarcó también en Pueblo Quemado, donde combatió con los indígenas y perdió un ojo a causa de un lanzazo o un flechazo.[Almagro decidió continuar más al sur, llegando hasta el río San Juan, pero, al no hallar a Pizarro, regresó a la isla de Perlas. Allí supo de sus movimientos y fue a reunirse con él en Chochama. Pizarro, interesado en continuar con la empresa, ordenó a Almagro que dejara allí a sus soldados y que retornara él solo a Panamá para reparar los dos navíos y juntar más gente.

    En Panamá, el gobernador Pedrarias culpó del fracaso de la expedición y de la pérdida de vidas españolas a Pizarro. Ello motivó a que Almagro y Luque intercedieran por Pizarro ante el gobernador, logrando aplacar por el momento la tensa situación. Pedrarias autorizó con recelo la continuación de la empresa, y Almagro obtuvo el nombramiento de capitán adjunto

    egundo viaje de Pizarro y la Capitulación de Toledo

    Antes del segundo viaje, Pizarro, Almagro y Luque formalizaron su sociedad mediante el llamado Contrato de Panamá, suscrito el 10 de marzo de 1526, aunque existen discrepancias sobre la fecha.[44] En diciembre de 1525, Almagro partió de Panamá con dos navíos, el Santiago y el San Cristóbal, llevando refuerzos para reunirse con Pizarro en Chochama. Entre los nuevos expedicionarios destacaban el piloto Bartolomé Ruiz y el artillero Pedro de Candía.[45] Reunidos ambos grupos, la expedición alcanzó unos 160 hombres.[46]

    El año siguiente Pizarro y Almagro, junto con sus 160 soldados, zarparon nuevamente hacia el sur. Al llegar al río San Juan, Almagro regresó a Panamá en busca de refuerzos y provisiones, mientras Bartolomé Ruiz fue mandado al sur con el fin de seguir explorando la costa.[47]Ruiz avanzó hasta la zona de Atacames y Coaque, donde encontró una balsa de indígenas tumbesinos que comerciaban por mar. Tomó algunas mercancías, como objetos de oro y plata, tejidos de algodón, frutas y víveres, y retuvo a tres jóvenes indígenas para prepararlos como intérpretes. Luego enrumbó al norte, de vuelta al río San Juan, donde le esperaba Pizarro.[48]Bartolomé Ruiz fue el primer navegante europeo que traspasó la línea ecuatorial en el Océano Pacífico, de norte a sur (Magallanes también lo había hecho en 1521, pero de sur a norte),[49] descendiendo uno o dos grados de la línea equinoccial (1527).[47]

    Mientras Ruiz exploraba y Almagro buscaba refuerzos, Pizarro permaneció en la zona del río San Juan, donde sus hombres sufrieron enfermedades, hambre y ataques de animales como caimanes.[50] Cuando Ruiz y Almagro regresaron, la expedición continuó hacia el sur.[51] Los españoles llegaron a la bahía de San Mateo y luego a Atacames, donde encontraron alimentos y algunas piezas de oro,[52]pero también enfrentaron resistencia indígena. Las pérdidas, enfermedades y frustraciones ocasionaron tensiones entre los expedicionarios, especialmente entre Pizarro y Almagro, episodio conocido como la Porfía de Atacames, donde se hubieran batido en duelo de no ser porque sus hombres lograron separarlos.[53]

    Ante las dificultades, Pizarro y Almagro decidieron trasladarse a la isla del Gallo en mayo de 1527. Allí se acordó que Almagro volvería a Panamá para conseguir más apoyo.[54] Sin embargo, las quejas de los soldados llegaron al nuevo gobernador, Pedro de los Ríos, mediante una copla escondida en un ovillo de lana enviado como obsequio a su esposa, Catalina de Saavedra:

    Pues señor gobernador,
    mírelo bien por entero,
    que allá va el recogedor
    y aquí queda el carnicero.

    Informado así de los padecimientos de los expedicionarios, el gobernador impidió la salida de Almagro con nuevos auxilios y, por el contrario, envió un barco al mando del capitán Juan Tafur para que recogiese a Pizarro y sus acompañantes, que se hallaban en la isla del Gallo.

    El descontento entre los soldados de Pizarro era grande, pues llevaban mucho tiempo enfrentando hambre, enfermedades y peligros sin conseguir ningún resultado. Cuando Juan Tufaur llegó a la isla del Gallo en agosto de 1527, buena parte de los 80 maltrechos hombres decidió regresar a Panamá[58]. Según la tradición, Pizarro trazó una raya en la arena y pidió que quienes desearan continuar la expedición la cruzaran. Solo trece hombres aceptaron seguirlo, conocidos luego como los Trece de la Fama o Trece de la isla del Gallo".

    Sobre la escena que se vivió en la Isla del Gallo, luego que Juan Tafur le trasmitiera a Pizarro la orden del gobernador Pedro de los Ríos, cuenta el historiador José Antonio del Busto:

    "El trujillano [Pizarro] no se dejó ganar por la pasión y, desenvainando su espada, avanzó con ella desnuda hasta sus hombres. Se detuvo frente a ellos, los miró a todos y evitándose una arenga larga se limitó a decir, al tiempo que, según posteriores testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena: Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere. Un silencio de muerte rubricó las palabras del héroe, pero pasados los primeros instantes de la duda, se sintió crujir la arena húmeda bajo los borceguíes y las alpargatas de los valientes, que en número de trece, pasaron la raya. Pizarro, cuando los vio cruzar la línea, "no poco se alegró, dando gracias a Dios por ello, pues había sido servido de ponelles en corazón la quedada". Sus nombres han quedado en la Historia".
    José Antonio del Busto, La conquista del Perú.[60]

    Pizarro y los Trece de la Fama esperaron cinco meses por los refuerzos, los cuales llegaron de Panamá en enero de 1528, enviados por Diego de Almagro y Hernando de Luque, al mando de Bartolomé Ruiz .[61]El navío los encontró en la isla Gorgona, (situada más al norte de la isla del Gallo), hambrientos y acosados por los indígenas.[62] Ese mismo día, Pizarro ordenó zarpar hacia el sur, dejando en la Gorgona a tres de los “Trece” que se hallaban enfermos: Cristóbal de Peralta, Gonzalo Martín de Trujillo y Martín de Paz. Estos quedaron al cuidado de unos indígenas de servicio.[63]

    La expedición llegó luego a Tumbes, en el extremo norte del actual Perú, la primera ciudad incaica que divisaron los españoles divisaban. Allí fueron recibidos por un noble inca, quien invitó a Pizarro a visitar a Chilimasa, curaca tallán de Tumbes y tributario del Imperio inca. Pizarro envió primero a Alonso de Molina que desembarcara con un esclavo negro y llevara como obsequios para el curaca un par de puercos y unas gallinas, todo lo cual causó gran impresión entre los indígenas.[64]Luego a Pedro de Candía, quien mostró el uso del arcabuz y pudo recorrer los principales edificios de la ciudad: el Templo del Sol, el Acllahuasi o casa de las escogidas y la Pucara o fortaleza, donde el griego apreció los ricos ornamentos de oro y plata. Luego, sobre un paño Candía trazó el plano de la ciudad, y posteriormente escribió una relación, hoy perdida. De vuelta donde sus compañeros, relató su experiencia, afirmando que Tumbes era una gran ciudad construida a base de piedra, todo lo cual causó asombro y alentó más a continuar en la empresa conquistadora.

    Pizarro prosiguió la exploración más hacia el sur, recorriendo las costas de los actuales departamentos peruanos de PiuraLambayeque y La Libertad, hasta la desembocadura del río Santa, el 13 de mayo de 1528. En algún punto de la costa piurana, se entrevistó con la curaca lugareña, de la etnia de los tallanes, a la que los españoles dieron el nombre de Capullana, por la forma de su vestido. Durante el banquete con el que le agasajó la Capullana, Pizarro aprovechó para tomar posesión del lugar a nombre de la Corona de Castilla. Se dice que uno de los Trece de la Fama, Pedro de Halcón, se enamoró locamente de la Capullana y quiso quedarse en tierra, pero sus compañeros lo subieron a la fuerza al navío y zarparon todos.

    Durante el viaje de retorno, Pizarro volvió a pasar por Tumbes, donde Alonso de Molina obtuvo permiso para quedarse entre los indígenas.[68]Otros españoles, como Bocanegra y Ginés, también habían permanecido en distintos puntos de la costa.[69][70] Finalmente, Pizarro pasó por la isla Gorgona, recogió a los expedicionarios que había dejado allí y supo que Gonzalo Martín de Trujillo había muerto.[71]Luego regresó a Panamá convencido de haber encontrado un opulento imperio.

    Ante la negativa del gobernador Pedro de los Ríos de autorizar un nuevo viaje, Pizarro, Almagro y Luque acordaron solicitar el permiso directamente ante la corte española. Para ello designaron a Pizarro como el procurador, encargado de presentar la petición directamente al rey Carlos I de España.[72] Esa elección no estuvo limpia de consecuencias, pues Pizarro terminó obteniendo mayores beneficios personales que sus socios, pese a haber prometido defender los intereses de todos.[73]

    Pizarro salió de Panamá en septiembre de 1528 y viajó a España, acompañado por el griego Pedro de Candía,Domingo de Soraluce, algunos indígenas tallanes de Tumbes (entre ellos el intérprete Felipillo), además de tejidos, objetos de oro y plata, camélidos sudamericanos, y otros elementos recogidos durante sus viajes. El fin era mostrarlas al soberano español, como pruebas del descubrimiento de un gran imperio.[74]

    Tras llegar a Sevilla en marzo de 1529, Pizarro fue apresado brevemente por una demanda de deudas presentada por Martín Fernández de Enciso, aunque el rey Carlos I ordenó su liberación.[75] Luego viajó a Toledo, donde fue recibido por el monarca. Sin embargo, como Carlos I estaba próximo a partir hacia Italia, el asunto quedó en manos del Consejo de Indias.[76][77]En Toledo también se encontró con Hernán Cortés, destacado conquistador por sus acciones durante la conquista de México y próximo a recibir su título de Marqués del Valle de Oaxaca, quien se dice que lo ayudó a vincularse con la Corte.

    Fue así como Francisco Pizarro terminó negociando con el Consejo de Indias, presidido entonces por el conde de Osorno, García Fernández Manrique. Tanto Pizarro como el griego Candía expusieron ante los consejeros sus razones para que el rey diera la autorización para la conquista y población de la provincia del Perú; Candía exhibió su paño donde había dibujado el plano de la ciudad de Tumbes.

    Finalizadas las negociaciones, se redactó la Capitulación de Toledo, firmada el 26 de julio de 1529 por la reina consorte Isabel de Portugal, en nombre de Carlos I. Mediante esta capitulación, la Corona autorizó a Pizarro la conquista y población de la provincia del Perú o Nueva Castilla. Además, le concedió los títulos de gobernador, capitán general, alguacil mayor y adelantado, todos de por vida. A Diego de Almagro se le otorgó la gobernación de la fortaleza de Tumbes y el título de hidalgo; a Hernando de Luque, el Obispado de Tumbes y el cargo de Protector de los Indios; a Bartolomé Ruiz, el título de Piloto Mayor de la Mar del Sur; y a Pedro de Candía, el de Artillero Mayor del Perú. También se reconoció a los Trece de la isla del Gallo con títulos honoríficos[79].

    La Capitulación de Toledo favoreció principalmente a Francisco Pizarro, en desmedro de sus socios Almagro y Luque. En el caso de Almagro, Pizarro arguyó en su defensa que fue el rey en persona quien se opuso a que el mando se dividiera entre ambos socios;[80][81] fue así que Pizarro concentró en su persona los títulos de gobernador, capitán general, alguacil mayor y adelantado, mientras que a Almagro solo se le dio la gobernación de Tumbes.

    El tercer viaje de Pizarro y la llegada al Imperio Inca (1531-1532)

     

    Tras obtener en España la autorización para emprender la conquista del Perú, Francisco Pizarro regresó a América acompañado de sus hermanos GonzaloHernando y Juan.[82][83] Aunque tuvo dificultades para reunir los hombres exigidos por la Capitulación de Toledo, logró organizar una nueva expedición y zarpó de España en enero de 1530.[84]

    Al llegar a Panamá se reunió con sus socios Diego de Almagro y Hernando de Luque. La distribución de cargos y privilegios obtenidos por Pizarro generó tensiones con Almagro, quien se sintió relegado. Sin embargo, Luque consiguió mantener unida la sociedad conquistadora.

    Durante varios meses se realizaron en Panamá los preparativos de la expedición definitiva. Durante ocho meses, de abril a diciembre de 1530, los soldados reclutados realizaron su adiestramiento militar.[87] Pizarro logró reunir tres naves a las que proveyó con todo lo necesario para realizar la “entrada” definitiva al Perú.[86] El 28 de diciembre de 1530 los expedicionarios oyeron misa en la iglesia de La Merced de Panamá.[86] Estaban ya listos para embarcarse, pero tuvieron que esperar unos días más para dar cumplimiento a las disposiciones que exigía que la expedición llevara oficiales reales.[86]Los que se preparaban para embarcar fueron 180 ochenta hombres y 37 caballos.[88]

    El 20 de enero de 1531, Francisco Pizarro partió de Panamá rumbo al Perú, mientras Diego de Almagro permanecía en la ciudad para gestionar refuerzos y suministros.[89] Tras trece días de navegación, la expedición llegó a la bahía de San Mateo, en la actual costa ecuatoriana, desde donde continuó su avance por tierra.[90] La marcha estuvo marcada por las dificultades del clima tropical, las enfermedades y la escasez de alimentos. En Coaque, los españoles permanecieron varios meses y obtuvieron un importante botín de oro, plata y esmeraldas. Pizarro envió parte de estas riquezas a Panamá y Nicaragua para atraer nuevos expedicionarios, logrando la llegada de refuerzos y despertando el interés de conquistadores como Hernando de Soto.[91]Durante su estancia en Coaque, una epidemia conocida por los españoles como "bubas" afectó al campamento y causó numerosas bajas.Del Busto señala: "Una epidemia de verrugas había atacado el campamento".

    En octubre de 1531, Pizarro reanudó la marcha hacia el sur a lo largo de la costa del actual Ecuador. Recorrió luego la bahía de Caráquez, donde embarcaron a toda la gente enferma, continuado el resto por tierra. A toda esa región los cronistas llaman Puerto Viejo o Portoviejo.[94]La expedición recibió un importante refuerzo al incorporarse Sebastián de Belalcázar con treinta hombres y doce caballos procedentes de Nicaragua.

    Pasaron después por Picuaza, Marchan, Manta, la Punta de Santa Elena, Odón, hasta la entrada del golfo de Guayaquil.[96] El hambre y la sed siguieron castigando a los expedicionarios, pero se hallaban ya cerca de las puertas del imperio incaico.

    Al llegar al golfo de Guayaquil, Pizarro se dirigió a la isla de Puná, cuyo curaca, Tumbalá, recibió inicialmente a los españoles incitándolos a que visitaran sus dominios Pizarro aceptó, pese al peligro de una emboscada, pues planeaba usar la isla como cabeza de puente para el desembarco en Tumbes.[98][93] Durante su estancia, los conquistadores tuvieron noticia de la muerte de algunos españoles que habían permanecido en la región tras expediciones anteriores.

    Por el golfo de Guayaquil, Pizarro y sus expedicionarios avistaron la gran isla de Puná, separada de tierra firme por un delgado brazo de mar, llamado «el paso de Huayna Cápac». El curaca de la isla, llamado Tumbalá, invitó a los españoles a que cruzaran el paso y visitaran sus dominios. Pizarro aceptó, pese al peligro de una emboscada, pues planeaba usar la isla como cabeza de puente para el desembarco en Tumbes.[98][93]De acuerdo con el Diego de Trujillo, cuando Pizarro arribó a Puná en el curso de su tercer viaje, halló en la isla un lugar que tenía una cruz alta y una casa con un crucifijo pintado en una puerta y una campanilla colgada y que luego salieron de dicha casa más de treinta chiquillos de ambos sexos, diciendo en coro «Loado sea Jesucristo, Molina, Molina».[99]

    En la isla, Pizarro estableció una alianza con el curaca Tumbalá, quien le ofreció apoyo para su proyectado avance hacia Tumbes.[100] La alianza se desarrolló en el contexto de la rivalidad existente entre los habitantes de Puná y los de Tumbes, conflicto que había dado lugar a la captura de numerosos tumbesinospor parte de los punaeños. Poco después llegó a la isla Chilimasa, curaca de Tumbes, quien también entró en contacto con los españoles. La intervención de Pizarro para mediar en el conflicto favoreció un acercamiento entre ambos líderes locales, quienes, siguiendo órdenes de Atahualpa, crearon un plan para eliminar a los europeos.

    Las tensiones entre los españoles y los habitantes de Puná desembocaron en un enfrentamiento armado conocido como la Batalla de Puná. Durante los combates, los conquistadores recibieron importantes refuerzos procedentes de Nicaragua al mando de Hernando de Soto, cuya llegada contribuyó decisivamente a la victoria española.

    Pizarro buscó consolidar su posición en la región y obtener el apoyo de los líderes de Tumbes, para lo cual liberó a prisioneros tumbesinos que se encontraban en la isla y aseguró el uso de embarcaciones locales para el traslado de sus hombres y pertrechos. Estas medidas facilitaron la reorganización de la expedición tras los enfrentamientos en Puná.

    Pizarro buscó consolidar su posición en la región y obtener el apoyo de los líderes de Tumbes, para lo cual liberó a prisioneros tumbesinos que encontraron en la isla. Como señal de agradecimiento, Chilimasa aceptó prestar sus balsas para que los españoles pudieran trasladar en ellas sus fardajes. Pero detrás de esas muestras de amistad, Chilimasa mantenía su plan secreto de exterminar a los españoles, siguiendo las directiva que le había dado Atahualpa.[103] Pizarro permaneció en Puná hasta abril de 1532, cuando emprendió el avance hacia la costa tumbesina.

    Tras zarpar desde Puná, la expedición de Pizarro llegó a las costas de Tumbes en tres días de navegación. Durante el desembarco se produjo un enfrentamiento con los habitantes locales, en el que varios españoles que viajaban en las primeras balsas fueron atacados antes de que el resto de la expedición pudiera intervenir y restablecer la situación.[105]Una vez en tierra, los españoles encontraron Tumbes parcialmente destruida, con una población reducida y comprobaron que no era una gran ciudad de piedra, como había informado el griego Candía, sino de adobes, lo que desilusionó a no pocos pues contrastaba con las descripciones previas sobre su riqueza y tamaño.[106] Esta situación generó descontento entre algunos miembros de la expedición, que no reconocían la ciudad que esperaban hallar.

    En los días siguientes se produjeron nuevos enfrentamientos con grupos locales. Estos actos bélicos se conocen como la Batalla de los Manglares, tras los cuales el curaca Chilimasa fue capturado e interrogado por los españoles, quien, después de negarlo todo y acusar a sus jefes principales de haber tramado la conspiración contra los españoles, restableció la alianza con Pizarro. 

    Con los datos proporcionados por los cronistas españoles, se puede reconstruir el contexto de la situación encontrada en Tumbes por los conquistadores. Según estas fuentes, el poblado habría sido arrasado por orden de Atahualpa, en castigo por su apoyo a Huáscar durante la guerra civil incaica. Se señala también la posible incidencia de una epidemia que habría diezmado a la población, posiblemente la viruela traída por los españoles, relacionada a su vez con la muerte de Huayna Cápac. Los tumbesinos habrían sido obligados a rendir vasallaje a Atahualpa, quien ordenó al curaca Chilimasa una misión para ganarse la confianza de los españoles y, llegado el momento del desembarco, atacarlos. Sin embargo, otras versiones indican que el plan habría sido ejecutado por un capitán incaico dejado en la región, con apoyo parcial de algunos jefes locales, mientras Chilimasa se mantenía al margen. En cualquier caso, el intento no tuvo éxito.

    Con los datos proporcionados por los cronistas españoles, se puede reconstruir el contexto de la situación encontrada en Tumbes, por los conquistadores: el poblado habría sido arrasado por orden de Atahualpa, en castigo por su apoyo a Huáscar durante la guerra civil incaica. Es posible también la aparición de una epidemia que mermó a sus pobladores, tal vez la viruela traída por los españoles, relacionada a su vez con la muerte de Huayna Cápac. Los tumbesinos fueron obligados a rendir vasallaje a Atahualpa, quien ordenó al curaca Chilimasa una misión para demostrar su lealtad: ganarse la confianza de los españoles y, llegado el momento del desembarco, atacarlos. Otras versiones indican que quien llevó a cabo el plan fue un capitán incaico dejado en Tumbes por el mismo Atahualpa, con el apoyo de algunos jefes de Chilimasa, mientras que este se mantuvo al margen. En cualquier caso, el intento fue infructuoso.[108]

    Fue en Tumbes donde Pizarro se enteró de la existencia de la ciudad del Cuzco, a través de una conversación que sostuvo con un indio tumbesino, según se relata en la crónica de Pedro Pizarro:

    «...pues preguntando al indio qué era, el dijo que era un pueblo grande donde residía el Señor de todos ellos, y que había mucha tierra poblada y muchos cántaros de oro y plata, y casas chapeadas con planchas de oro...».

    Se informó también sobre la existencia de valles más fértiles. Todos estos informes entusiasmaron a Pizarro, quien quedó muy alentado para continuar con la conquista.[109]

    Cabe contar también que hubo un conato de rebelión entre los españoles, específicamente en la persona de Hernando de Soto. Este, durante la correría que hizo al interior persiguiendo a los tumbesinos rebeldes, quedó maravillado al ver el majestuoso camino inca (el Qhapaq Ñan) que iba hacia el norte, a la provincia de Quito. Quiso entonces Soto, que comandaba una nutrida hueste, independizarse de Pizarro y dirigir por su cuenta una expedición a ese territorio, pero varios de sus hombres no quisieron seguirle, y algunos fueron a contarle a Pizarro, por lo que el motín debió frustrarse. Pizarro hizo como que no se enteró, pero a partir de entonces vigiló rigurosamente a Soto.[110] El 16 de mayo de 1532 Pizarro abandonó Tumbes, donde dejó una guarnición española al mando de los oficiales reales.[111]

    Primeras noticias de Atahualpa y el espionaje del Inca a la hueste hispana

    Las huestes de Pizarro, de unos 200 hombres, avanzaron hacia Poechos, divididos en dos grupos: la vanguardia estaba al mando del susodicho Francisco Pizarro con Hernando de Soto, y la retaguardia encabezada por Hernando Pizarro, que seguía desde Tumbes con mayor lentitud debido a la presencia de enfermos.

    El 25 de mayo de 1532 llegaron a Poechos,[113] localidad de los tallanes gobernada por el curaca Maizavilca, quien recibió cordialmente a los españoles y facilitó la incorporación de su sobrino, posteriormente bautizado como Martinillo, que actuó como intérprete.[114]Desde allí los españoles emprendieron exploraciones en las zonas adyacentes. Hernando de Soto recorrió los márgenes del río Chira, donde encontró poblaciones numerosas y capturó a varios curacas locales, a quienes trasladó a Poechos. Allí fueron obligados a jurar vasallaje al rey de España.

    Fue en Poechos donde los españoles recibieron las primeras noticias detalladas sobre el inca Atahualpa, el cual se estaba desplazando de Quito a Cajamarca, así como sobre el conflicto dinástico con Huáscar, quien tras ser derrotado se hallaba prisionero. Preocupado por la guarnición dejada en Tumbes, Francisco comisionó a Hernando Pizarro a que volviera allá y trajera consigo a todos sus hombres.[116]

    Hernando Pizarro regresó por tierra, mientras algunos contingentes lo hicieron por mar. En ese contexto, los curacas de la Chira y de Amotape se sublevaron, obligando a las fuerzas de Hernando Pizarro a atrincherarse en la huaca Chira y a solicitar auxilio a Francisco Pizarro. Este acudió con 50 jinetes y logró salvarlos. Tras la acción los curacas fueron castigados: luego de someterlos a tormento para que confesaran su conjura, trece de ellos fueron estrangulados y quemados sus cuerpos, según lo cuenta Pedro Pizarro en su crónica.[117] Pizarro quería tener una visión lo más clara posible de las fuerzas a las que se disponía a enfrentarse y además esperaba refuerzos. Entonces decidió tomarse su tiempo y montar una especie de colonia que podía servir como cabeza de puente de cara a futuras operaciones.

    Al conocer estos planes, el curaca Maizavilca se mostró inquieto y coordinó con otros líderes tallanes la forma de expulsar a los españoles. Enviaron mensajeros al inca Atahualpa, que se encontraba entonces en Huamachuco celebrando su triunfo sobre Huáscar, para informarle de la presencia de hombres blancos y barbados llegados por mar, a quienes identificaban con los dioses viracochas de la tradición loca, con el propósito de que el Sapa Inca mostrara interés e invitara a los españoles a su encuentro.[118]En efecto, Atahualpa se interesó y mandó un espía a Poechos. Pedro Pizarro lo describe como un orejón o noble inca, llamado Apo (que en realidad es un título, que significa “señor”). Cristóbal de Mena lo llama simplemente “capitán del Inca” y Juan de Betanzos afirma que se llamaba Ciquinchara y que era un orejón natural de Jaquijahuana.[119]El espía ingresó disfrazado de vendedor de pacaes en el campamento español, pero fue descubierto por Hernando Pizarro, lo que provocó un incidente que le permitió retirarse y regresar con Atahualpa. En su informe destacó a tres españoles: el domador de caballos, el barbero y el herrero, recomendando que, en caso de un futuro ataque, fueran preservados por su utilidad.

    Fundación de San Miguel de Tangarará

    Luego de apaciguar a Chira, Pizarro se dirigió a Tangarará o Tangarala, a orillas del río Chira, en donde se propuso fundar una villa. Se encomendó la exploración de la región al fraile dominico Vicente de Valverde.

    La villa de San Miguel de Tangarará, fue fundada el 15 de agosto de 1532 (según el cálculo hecho por el historiador José Antonio del Busto). Se eligió ese lugar pues era muy fértil y se hallaba regularmente poblada de nativos; estaba a la margen derecha del río Chira, a unas 6 leguas de un lugar llamado Amotape y a 40 km del mar.] Luego de la ceremonia se inscribieron como vecinos 46 conquistadores. Como su teniente de gobernador fue nombrado el contador Antonio Navarro y como alcaldes ordinarios al asturiano Gonzalo Farfán de los Godos y al castellano Blas de Atienza. Francisco Pizarro hizo el primer reparto de tierras y siervos indios entre los españoles que quisieron afincarse en la villa. Este primer reparto incluyó además de Piura, Tumbes, el más codiciado repartimiento, que le fue concedido a Hernando de Soto.

    Tenía todas las apariencias de un pequeño pueblo español. Estaba dotado de una iglesia, una fortaleza y hasta una sala de audiencias, donde funcionaban distintas instituciones, cada una con sus propios administradores civiles o eclesiásticos. Este acto pretendía demostrar que la colonización de la región había comenzado.

    Para validar mejor la posesión del distrito, Pizarro impuso a todos los habitantes el respeto a las leyes españolas, suscitando evidentemente un descontento generalizado que derivó, en algunos casos, en abierta rebelión. Sin embargo, los españoles no tenían la intención de soportar acciones hostiles y golpearon con una violencia despiadada.

    San Miguel de Tangarará, actual ciudad de Piura, fue la primera ciudad española fundada en el Perú y en todo el hemisferio sur. Tiempo después, en 1588, su sede fue trasladada a donde se halla actualmente, en Tacalá, en el valle del río Piura.

    El camino hacia Cajamarca

    Los españoles siguieron recibiendo noticias sobre la riqueza y extensión del imperio incaico. Supieron de la existencia de Chincha, importante emporio comercial marítimo y terrestre, y del Cuzco, capital del imperio. Sabían también que Atahualpa, luego de derrotar a su hermano Huáscar, se hallaba en Cajamarca, al otro lado de la cordillera. El temor ante la expedición hacia el interior del imperio condujo a algunos españoles a plantear el regreso a Panamá. En ese contexto, Juan de la Torre, uno de los trece de la fama, fue acusado de haber escrito una copla contra Pizarro. Aunque confesó bajo tortura y fue condenado a muerte, la pena le fue conmutada. Sería desterrado, aunque años después se comprobó su inocencia y retornó al Perú.[125]

    Atahualpa fue el primero de los dos contendientes de la guerra civil inca en establecer contacto con los españoles, enviando una embajada, para obtener información sobre los recién llegados. Por su parte, Pizarro decidió dirigirse a Cajamarca para entrevistarse con el Inca.

    Tras asegurar su retaguardia, Pizarro partió de San Miguel el 24 de septiembre de 1532. Luego de cruzar el río Chira y permanecer varios días en el valle de Piura, reorganizó sus fuerzas. La expedición que continuó hacia Cajamarca quedó conformada por 62 jinetes y 102 infantes.

    El 8 de octubre de 1532. Pizarro mandó una avanzada al mando de Hernando de Soto hacia Caxas, donde se suponía que se encontraba el ejército de Atahualpa; de paso, Soto debía conseguir el vasallaje de los nativos.[128] Al llegar, Soto encontró al poblado destruido y parcialmente despoblado, situación atribuida a las represalias de los partidarios de Atahualpa contra un curaca favorable a Húascar. Recibió allí a Ciquinchara, el espía inca enviado a Poechos, quien se presentó como embajador de Atahualpa, con la misión de ir a invitar a Pizarro para que fuese al encuentro con el Sapa Inca. Ciquinchara llevaba unos curiosos presentes para Pizarro: unos patos desollados y unas fortalecillas de piedra.[129] El 13 de octubre, Soto continuó hacia Huancabamba acompañado por Ciquinchara. Durante el recorrido los españoles observaron el Qhapaq Ñan, que causó asombro a los españoles por su grandeza y su buena fábrica, enterándose de que unía Quito con el Cuzco a lo largo de 300 leguas.[130]

    Mientras tanto, Pizarro llegó a Serrán, donde permaneció hasta reunirse con Hernando de Soto el 16 de octubre.[131] Ciquinchara se entrevistó con Pizarro para hacerle saber que el Inca deseaba recibir a los españoles pacíficamente en Cajamarca. Luego de esto el embajador retornó donde Atahualpa llevando consigo unos regalos que enviaba con él Francisco Pizarro (una camisa blanca y muy fina, cuchillos, tijeras, peines y espejos de España) y para informarle que el jefe español «se apresuraría en llegar a Caxamarca y ser amigo del Inca». El 19 de octubre de 1532, Pizarro reanudó la marcha hacia Cajamarca atravesando diversos poblados de la costa norte. Durante el trayecto recibió noticias de que Atahualpa había estado en Huamachuco y que se dirigía a Cajamarca con un numeroso ejército. Desde Cinto, Pizarro envió a un jefe tallán, de nombre Guachapuro, como su mensajero para hablar con Atahualpa, con algunos presentes (una copa de cristal de Venecia, borceguíes, camisas de Holanda, cuenta de vidrio y perlas). Cinto, unida posteriormente a Collique, sería el origen de la ciudad de Chiclayo.

    El 4 de noviembre Pizarro prosiguió su marcha, pasando por RequeMocupe y Saña, esta última una población grande y con mucha comida, al pie de la sierra.[135] Allí los españoles encontraron una bifurcación del camino, donde uno de ellos llevaba a Chincha y el otro a Cajamarca. Aunque algunos españoles propusieron dirigirse a la costa y postergar el encuentro con Atahualpa, Pizarro decidió continuar hacia Cajamarca, pues cambiar la ruta haría creer a Atahualpa de que los españoles rehuían por cobardía.[136] Pizarro consideraba importante asegurar la captura del principal líder indígena como forma de controlar la situación, una táctica que asociaba a la experiencia de otras campañas anteriores de la conquista de América como la de Hernán Cortés en México.

    El 8 de noviembre de 1532, los españoles empezaron a subir la cordillera. Pizarro decidió dividir su ejército en dos grupos: la vanguardia con él y cuarenta de a caballo y sesenta de a pie. El resto, al mando de Hernando Pizarro, formaría la retaguardia y se uniría a Pizarro cuando él lo indicase. Luego de un día de marcha, Pizarro mandó decir a su hermano Hernando que se le uniese para continuar el viaje juntos.

    La expedición avanzó por un terreno montañoso y difícil, atravesando desfiladeros y zonas de acantilados, en condiciones climáticas adversas que afectaron especialmente a los caballos. Durante la marcha, los españoles no encontraron resistencia indígena, aunque recibieron mensajes de Atahualpa que reiteraban su presencia en Cajamarca y su disposición a recibirlos.

    El 9 de noviembre de 1532, Pizarro acampó en la sierra, donde recibió una embajada con regalos de Atahualpa, avisándole que este se hallaba hacía cinco días en Cajamarca. Al día siguiente, la expedición continuó su marcha y volvió a recibir nuevos emisarios del Inca con información similar, reiterando la invitación a los españoles para que acudieran a la ciudad. Ciquinchara acompañó a Pizarro durante todo el camino a Cajamarca.[139] El avance prosiguió por terreno montañoso y difícil hasta las proximidades de Llapa, donde la expedición descansó brevemente antes de continuar hacia Cajamarca.[140]

    El 13 de noviembre de 1532 regresó Guachapuro, mensajero tallán enviado por Pizarro, quien, según Jerez, agredió al emisario de Atahualpa (Ciquinchara) al encontrarse con él, siendo separado por Pizarro. Informó además que Atahualpa no se encontraba en Cajamarca sino en los Baños del Inca, con un numeroso ejército, relantando las dificultades de su misión. No permitieron que hablara directamente con el Inca, porque estaba ayunando, y se entrevistó, por fin, con un tío de Atahualpa, quien le requirió por los cristianos, siendo esta su respuesta:

    «Y yo les dije que son valientes hombres y muy guerreros; que traen caballos que corren como viento y los que van en ellos, llevan unas lanzas largas, y con ellas matan a cuantos hallan, porque luego en dos saltos los alcanzan, y los caballos con los pies y bocas matan muchos. Los cristianos que andan a pie dije son muy sueltos, y traen en el brazo una rodela de madera con que se defienden y jubones fuertes colchados de algodón y unas espadas muy agudas que cortan por ambas partes, de cada golpe, un hombre por medio, y a una oveja (nota: llama) llevan la cabeza, y con ella cortan todas las armas que los indios tienen; y otras traen ballestas que tiran de lejos, que de cada saeteada matan un hombre y tiros de pólvora que tiran pelotas de fuego, que matan mucha gente».

    Ciquinchara respondió que Atahualpa no estaba en Cajamarca porque sus alojamientos habían sido preparados para los españoles, y que el Inca acostumbraba permanecer en campaña debido a la guerra con Huáscar. Añadió que, durante sus ayunos rituales, el soberano solo trataba con su entorno más cercano. Pizarro dio por buenas estas explicaciones y reafirmó su confianza en la disposición pacífica de Atahualpa.[142]

    Los españoles continuaron su camino. El 14 de noviembre, descansaron en Zavana, a falta de un solo día para llegar a Cajamarca. En Zavana recibieron otra embajada de Atahualpa, con comida.[143] Estando a solo una legua de Cajamarca, «toda la gente y caballos se armaron, y el Gobernador los puso en concierto para la entrada del pueblo, e hizo tres haces de los españoles de pie y de caballo». Los españoles divisaron Cajamarca desde las alturas de Shicuana, al noreste del valle. Era el mediodía del viernes 15 de noviembre de 1532. Habían caminado 53 días desde San Miguel de Tangarará.[144][134]

    El Inca Garcilaso de la Vega y Miguel de Estete aseguran que los españoles encontraron en Cajamarca «gente popular y algunos de la gente de guerra» de Atahualpa. Además, que fueron bien recibidos. Otros cronistas, como Jerez, aseguran que los españoles no encontraron gente en el poblado. Antonio de Herrera y Tordesillas dice que «sólo se veían en un extremo de la plaza unas mujeres que lloraban la suerte que el destino reservaba a los españoles que habían provocado la cólera del emperador indio»[145]

    Cuando Pizarro entró en Cajamarca, Atahualpa se encontraba a media legua de la ciudad, en Pultumarca o los Baños del Inca, donde había asentado su real, «con cuarenta mil indios de guerra», como cuenta Pedro Pizarro. Este campamento, conformado por extensas hileras de tiendas blancas, con miles de guerreros y servidores incas, apostados en la falda de una sierra, debió ofrecer una vista sorprendente a los conquistadores. El cronista soldado Miguel de Estete, testigo de los hechos, relata así sus impresiones:

    Y eran tantas las tiendas... que cierto nos puso harto espanto; porque no pensamos que indios pudieran tener tan soberbia estancia, ni tantas tiendas, ni tan a punto; lo cual hasta allí en las Indias nunca se vio; que nos causó a todos los españoles harta confusión y temor…

    Embajada española ante Atahualpa

    Al llegar a Cajamarca, Francisco Pizarro mandó a Hernando de Soto con veinte jinetes y el intérprete Felipillo, como embajada para invitar a Atahualpa a reunirse con él en nombre de Dios y del rey de España. Después de apreciar la magnitud del campamento inca, Pizarro decidió reforzar la embajada enviando a su hermano Hernando Pizarro con otros veinte jinetes y el intérprete Martinillo.[146]

    Los españoles atravesaron el campamento y llegaron al palacete donde se encontraba Atahualpa, custodiado por unos 400 guerreros incas. Los españoles inquirieron la presencia del Sapa Inca, pero este demoró en salir, a tal punto que inquietó a Hernando, quien ofuscado, ordenó a Martinillo: «¡Decidle al perro que salga...!»[147]. Tras ser informado de la presencia de los españoles, Atahualpa se animó a salir, caminando hacia la puerta del palacete y procediendo a sentarse sobre un banco colorado, siempre tras una cortina que únicamente dejaba ver su silueta.

    Soto se acercó a la cortina, aún encabalgado, y presentó la invitación a Atahualpa, pero el Inca inicialmente lo ignoró y conversó con uno de sus nobles. Tras un nuevo exabrupto de Hernando Pizarro, Atahualpa ordenó retirar la cortina que lo ocultaba. Por primera vez, los españoles pudieron ver al soberano inca, a quien describieron como un hombre de unos 35 años, de cabello largo,[148] vestido con un traje multicolor y portando la mascapaicha, insignia del soberano del Tahuantinsuyo.[149]

    Atahualpa respondió a Soto que al día siguiente acudiría a reunirse con Francisco Pizarro en Cajamarca, donde los españoles deberían devolver o compensar lo tomado durante su paso por sus dominios. Hernando Pizarro intentó reafirmar su autoridad ante el Inca, pero este continuó dirigiéndose principalmente a Soto. Durante la conversación, Atahualpa reprochó a Hernando el trato dado a varios caciques y mencionó los informes de Maizavilca sobre los enfrentamientos con los españoles, a lo que este respondió desafiando el poder militar de los incas.

    El Sapa Inca ofreció chicha a los españoles, quienes inicialmente dudaron en beberla por temor a un posible envenenamiento. Tras comprobar el Inca la bebida, aceptaron el ofrecimiento. Durante el encuentro, Hernando de Soto realizó una demostración ecuestre ante Atahualpa, quien permaneció impasible incluso cuando el caballo se aproximó bruscamente a él. Algunos de los servidores del Inca mostraron temor y por ello fueron castigados. Atahualpa ordenó luego traer más bebida y todos bebieron. Finalizó la entrevista con la promesa de Atahualpa de ir al día siguiente a encontrarse con Francisco Pizarro.

    Tras la partida de los españoles, Atahualpa ordenó que 20 000 soldados se apostaran en las afueras de Cajamarca para capturarlos, encargando la operación a Rumiñahui. Sin embargo, el plan no llegó a ejecutarse debido a la captura del Sapa Inca al día siguiente.

    Los sucesos de Cajamarca

    El enfrentamiento de Cajamarca

    La hueste española estaba integrada por 165 hombres: 63 jinetes, 93 infantes, 4 artilleros, 2 arcabuceros y 2 trompetas. Además de Francisco Pizarro, sólo Hernando de Soto y Pedro de Candía eran soldados de profesión. También contaban con los interpretes Felipillo, Francisquillo y Martinillo, así como un reducido número de esclavos negros e indígenas auxiliares. No tenían perros de guerra, pues estos se habían quedado en San Miguel.[153]

    La noche del 15 de noviembre de 1532, víspera del encuentro con Atahualpa, el temor se apoderó de la hueste española ante la superioridad numérica del ejército inca.[154] Pese a ello, Pizarro decidió ejecutar un plan inspirado en la captura de Moctezuma por Hernán Cortés, consistente en sorprender al Sapa Inca y tomarlo prisionero.

    Para ello, distribuyó a sus hombres en los edificios que rodeaban la plaza de Cajamarca. Pedro de Candía se situó con la artillería en un tambo que dominaba la plaza, mientras que la caballería y la infantería quedaron divididas en varias compañías al mando de Hernando de Soto, Hernando Pizarro, Juan Pizarro y el propio Francisco Pizarro. La señal para iniciar el ataque sería un disparo de arcabuz, acompañado del grito de «¡Santiago!», tras lo cual debían irrumpir en la plaza y capturar al Sapa Inca.

    Antes de entrar en combate, Pizarro en forma de arenga alentó a sus hombres:

    Los cronistas sitúan hacia las cuatro de la tarde la llegada de Atahualpa a la plaza de Cajamarca. El Sapa Inca ingresó acompañado por su séquito y una vanguardia de unos 400 hombres, confiado en que la superioridad numérica de su ejército intimidaría a los españoles, por lo que sus tropas no iban armadas. Atahualpa llegó en una litera ricamente adornada, que según Jerez estaba «guarnecida de chapas de oro y plata» y cubierta con plumas de diversos colores. Detrás de él iban otras dos literas ocupadas por figuras importantes del Imperio: el Chinchay Cápac, el gran señor de Chincha, y el otro probablemente era el Chimú Cápac o en todo caso, el señor de Cajamarca. Los guerreros incas que entraron en la plaza se estiman entre 6 000 y 7 000, ocupando parte del recinto.[157]

    Francisco Pizarro envió ante Atahualpa al fraile dominico Vicente de Valverde, acompañado por Hernando de Aldana y el intérprete Martinillo. Valverde realizó el requerimiento para que el Sapa Inca aceptara la fe católica y se sometiera al rey de España, entregándole un breviario o Evangelio. Las crónicas difieren sobre el desarrollo exacto del diálogo, aunque coinciden en que Atahualpa rechazó la propuesta, arrojó el libro al suelo tras examinarlo, exigió la devolución de los bienes tomados por los españoles y cuestionó su autoridad para imponerle sus demandas, diciendo que si no se retiraban los mataría.

    Tras el intercambio, Valverde regresó junto a Pizarro y le informó de la reacción del Inca, solicitando la intervención española. Según las crónicas, el fraile interpretó el gesto de Atahualpa como una ofensa religiosa y alentó a los españoles a actuar contra él.

    A una señal de Francisco Pizarro, los españoles iniciaron el ataque: Pedro de Candía disparó el falconete, sonaron las trompetas y la caballería, dirigida por Hernando de Soto y Hernando Pizarro, irrumpió en la plaza. La aparición de los caballos provocó el pánico entre los incas, quienes intentaron huir en medio de la confusión, causando numerosas muertes por la aglomeración y el derrumbe de parte del muro que rodeaba la plaza. Los jinetes españoles persiguieron a los fugitivos fuera de Cajamarca.[160]

    Mientras tanto, en la plaza, Francisco Pizarro avanzó hacia el anda de Atahualpa, mientras Juan Pizarro y sus hombres atacaban a otros nobles incas. Los españoles arremetieron especialmente contra los nobles y curacas, que se distinguían por sus libreas o uniformes con escaques de color morado.[161] Al final el soberano fue capturado, siendo llevado preso a un edificio, llamado Amaru Huasi.[162]

    De acuerdo con Fernando de Trazegnies, Pizarro habría decidido mantener con vida a Atahualpa debido a la importancia política del Sapa Inca como figura de autoridad dentro del Tahuantinsuyo y como posible intermediario en la incorporación del territorio a la Monarquía española. Esta estrategia no implicaba necesariamente la desaparición inmediata del sistema político inca, sino su adaptación bajo dominio español, como demostraría el posterior reconocimiento de soberanos incas como Túpac Huallpa y Manco Inca Yupanqui, así como la continuidad de la nobleza indígena como vínculo entre ambas sociedades.[21]

    Jerez estimó en unos 2000 los muertos incas durante el episodio, muchos de ellos a causa de la estampida y la aglomeración durante la huida. Por ello, algunos autores han cuestionado la denominación de "batalla" para referirse al enfrentamiento.[163]

    Tras la captura de Atahualpa, los españoles se apoderaron de un abundante botín compuesto por objetos de oro, plata, textiles y otros bienes, que fue trasladado a Cajamarca para su reparto. Los metales preciosos alcanzaron aproximadamente 80 000 pesos de oro y 7000 marcos de plata, además de 14 esmeraldas. [164]Debido a la magnitud del botín, recurrieron a numerosos cargadores indígenas para transportar principalmente las piezas de oro y plata. Según las crónicas, muchos de estos indígenas eran partidarios de Huáscar y consideraban a los españoles aliados contra Atahualpa. Pizarro seleccionó entre ellos a algunos cargadores para el traslado del botín.

    Negociaciones para el rescate de Atahualpa

    Los relatos que nos han dejado los cronistas españoles y en especial los de Pedro Pizarro, que pudo entrevistar al soberano durante su encarcelamiento, permiten conocer las fuertes emociones que sufrió tras las traumáticas situaciones del enfrentamiento en la plaza de Cajamarca.

    Una vez conducido al recinto de una casa estrecha, Atahualpa había temido por su vida. Cada vez que un soldado español aparecía en el umbral de su celda, se ponía rígido ante la expectativa de un golpe fatal, pero el tiempo pasaba y nadie lo ofendía. Finalmente apareció Pizarro y, a través de un intérprete, le dijo que se preparara para disfrutar con él de una sencilla cena. El Inca se esforzó por mantener durante toda la velada un porte lo más digno posible, respondiendo en pocas palabras a las muchas preguntas que le hacían. Mientras tanto, estudiaba a sus interlocutores.

    Estando en prisión Atahualpa, recibía en visita a los curacas que le traían obsequios, en oro y plata. El Inca se dio cuenta entonces de que esos metales preciosos tenían para los españoles otro valor, diferente, al que él y su pueblo le daban. También se dio cuenta y se convenció de que la única forma de salvarse era ofreciéndoles gran cantidad de oro y plata. Y así lo hizo. Le propuso a Francisco Pizarro que le daría, a cambio de su libertad, una sala llena, hasta donde alcanzaba su mano alzada, con diversas piezas de oro: cántaros, ollas, tejuelos, etc.; y dos veces la misma sala llena de objetos de plata. La sala, conocida ahora como el Cuarto del Rescate, medía 22 pies de largo y 17 de ancho (datos de Jerez). Atahualpa prometió que cumpliría en reunir toda esa cantidad de metales preciosos en un plazo de dos meses.

    Pizarro, incrédulo, no había pensado en un rescate y aún estudiaba cómo sacar el mejor provecho de su prisionero real. Evidentemente, el encarcelamiento hirió al gobernante inca y le provocó alucinaciones. Sin embargo, al ver que el Inca persistía, le siguió el juego, tal vez pensando que aunque solo obtuviera una cantidad mínima de oro, sería mejor que nada. Para evitar dudas, Pizarro hizo venir a un notario y se estipuló un contrato en toda regla.

    Pizarro comenzó a tomar una serie de providencias; reforzó la seguridad de Cajamarca, con obras civiles, en las cuales trabajaron «muchos indios huascaristas». La vigilancia se hizo permanente, por rondas, de 50 soldados de a caballo, durante el día y gran parte de la noche. Durante las madrugadas, era de 150 de a caballo, amén de los espías, informantes y vigías de pie; indios y españoles.

    El primer cargamento de oro ofrecido por Atahualpa llegó del sur y lo trajo un hermano del Inca, «trájole unas hermanas y mujeres de Atahualpa, y trajo muchas vasillas de oro; cántaros y ollas y otras piezas y mucha plata, y dijo que por el camino venía más; que como es tan larga la jornada, cansan los indios que lo traen y no pueden llegar tan aína; que cada día entrará más oro y plata de los que quedan más atrás». «Y así, entran algunos días veinte mil, y otras veces treinta mil, y otras cincuenta, y otras sesenta mil pesos de oro en cántaros y ollas grandes de tres arrobas y de a dos, y cántaros y ollas grandes de plata y otras muchas vasijas». Pizarro, cambiado de percepción, iba acumulando esas piezas en uno de los aposentos donde estaba Atahualpa, «hasta que cumpla su promesa».

    Sin embargo, los soldados españoles comenzaron a murmurar que, al ritmo que iba la recolección, no se llenarían los cuartos o galpones en el plazo fijado. Al darse cuenta de esos comentarios, Atahualpa propuso a Pizarro que, para agilizar el acarreo del oro y la plata, enviara a sus soldados, tanto al santuario de Pachacámac, que se encontraba a «diez jornadas al sur», como a la ciudad del Cuzco, capital del Imperio, lugares que estaban repletos de esas riquezas. Pizarro aceptó la propuesta.[167]

    La expedición de Hernando Pizarro a Pachacámac

    Mientras ocurrían los sucesos de Cajamarca, arribaron al puerto de Manta (actual Ecuador) seis navíos. El 20 de enero de 1533, Pizarro recibió mensajeros enviados desde San Miguel de Tangarará, avisándole de tal arribo. Tres de las naves mayores venían de Panamá, al mando de Diego de Almagro, con 120 hombres. Las otras tres carabelas llegaron de Nicaragua, con 30 hombres más. En total desembarcaron 150 hombres, además de 84 caballos, refuerzo apreciable para la empresa de la conquista. El curaca de Tumbes entró en rebeldía, mas no levantó a su gente.

    Se iniciaba una nueva etapa de la conquista, que fue más de consolidación del triunfo que habían tenido en la plaza de Cajamarca y de reparto del primer botín de guerra. A Francisco Pizarro debió preocuparle no sólo la presión de sus hombres para el reparto del oro y la plata, sino la presión que debían estar recibiendo sus socios en Panamá y Nicaragua para el pago de los fletes y demás pertrechos, para demostrar el éxito de su empresa y poder así reclutar más gente para la empresa, gente que por otro lado debía necesitar con suma urgencia, dada la escasez de hombres con que contaban.[137]

    Siguiendo el consejo de Atahualpa para apresurar la recolecta del oro y la plata, Pizarro envió a un grupo de españoles a Pachacámac, en la costa del valle de Lima; se trataba de un célebre santuario de origen preinca, sede de un oráculo de prestigio, donde iban en peregrinación los nativos.[168] La expedición a Pachacámac estuvo al mando de Hernando Pizarro; lo conformaban 14 jinetes, 9 infantes y un número indeterminado de cargueros indígenas. Entre los expedicionarios se hallaba Miguel de Estete, quien escribiría una Relación de este viaje. Para que les sirvieran de guías, Atahualpa entregó a los españoles al gran sacerdote de Pachacámac y otros cuatro sacerdotes menores; también fueron en la expedición cuatro orejones o nobles incaicos.[169] Atahualpa no sentía ningún respeto por el dios Pachacámac, pues, en una ocasión, no acertó en uno de sus oráculos consultados con respecto a su persona, durante la guerra contra Huáscar.[170] La expedición partió de Cajamarca el 5 de enero de 1533 y siguió el camino real o Qhapaq Ñan. La primera escala importante fue Huamachuco. Luego siguieron por el Callejón de HuaylasHuaylasHuaraz y Recuay, bajando a la costa. Pasaron luego por la fortaleza de ParamongaBarranca y Chancay, y entrando al valle de Lima, se detuvieron en el pueblo de Surco, antes de llegar a Pachacámac, el 2 de febrero de 1533.[171]

    Llegado ante el templo principal de Pachacámac (llamado Templo del Sol), que era una pirámide escalonada, Hernando exigió a los servidores del templo que le entregaran todo el oro que guardaban. Estos le dieron una pequeña cantidad, que no contentó al español, quien ingresó al recinto sagrado y subió hasta la cima, donde se hallaba, dentro de una bóveda pequeña, el ídolo del dios Pachacámac, tallado en madera. Viéndolo como cosa de idolatría, Hernando sacó la imagen y lo quemó, aprovechando la ocasión para adoctrinar a los pobladores en la fe cristiana.[172] La profanación conmovió a los nativos, quienes temieron una catástrofe como castigo; sin embargo, nada ocurrió.

    Como encontró poco metal precioso en Pachacámac, en los siguientes días, Hernando mandó mensajeros a los curacazgos aledaños, ordenándoles que trajeran todo el oro posible. Llegaron cargamentos de distintas zonas, como de Chincha, Yauyos y Huarochirí. Los españoles reunieron un botín valorado en 90.000 pesos. Según Cieza «es público entre los indios que los principales y los sacerdotes del templo [de Pachacámac] habían sacado [de este] más de 400 cargas de oro, lo cual no ha aparecido ni los indios que hoy son vivos saben donde está».

    El 26 de febrero de 1533, Hernando Pizarro partió de Pachacámac y se adentró en la sierra, rumbo a Jauja, pues se enteró de que allí se encontraba el general atahualpista Chalcuchímac, con gente de guerra y más oro. Pasando por la meseta de Bombón y Tarma, Hernando llegó a Jauja, el 16 de marzo. Allí, Chalcuchímac lo recibió con grandes fiestas y comedimientos. Hernando, con astucia, convenció al general atahualpista para que lo acompañara con sus tropas a Cajamarca: "sería un deshonor que tan prestigioso general no visite a su majestad inca".

    La expedición de Hernando Pizarro regresó a Cajamarca el 14 de abril de 1533, trayendo «veintisiete cargas de oro y dos mil de plata», pero quizás lo más importante: traía como rehén al feroz Chalcuchímac, así como el conocimiento del vasto territorio en que se extendía el Tahuantinsuyo, al que pudo recorrer gracias a su maravilloso camino o Qhapaq Ñan.

    La misión al Cuzco y la muerte de Huáscar

    Mientras tanto, el 21 de enero de 1533, ingresó a Cajamarca otro cargamento de oro y plata, traídos por un hermano de Atahualpa. Fueron «trescientas cargas de oro y plata en cántaros y ollas grandes y otras diversas piezas».

    Francisco Pizarro, desde Cajamarca, comisionó a un orejón o noble incaico (posiblemente un hermano de Atahualpa), junto con los españoles Pedro Martín de Moguer, Martín Bueno y Juan de Zárate (que se ofrecieron de voluntarios), para que viajaran hacia el Cuzco. Su misión era apresurar el envío del oro y plata, tomar posesión de la capital del Imperio e informarse de su situación.

    Los comisionados salieron de Cajamarca el 15 de febrero de 1533, acompañados de negros esclavos y cientos de nativos aliados. Los españoles iban en hamacas cargadas por muchos indios y con la confianza que les inspiraba la compañía del noble incaico, que garantizaba el respeto de los nativos hacia sus personas.

    Los tres españoles llegaron a Jauja, continuando a Vilcashuamán, y finalmente, tras dos semanas de viaje, avistaron la gran ciudad del Cuzco, de la que sin duda quedaron impresionados. Fueron los primeros europeos en ver la capital de los incas. Allí se hallaba acantonado el general atahualpista Quizquiz, con tropas quiteñas que sumaban unos 30 000 hombres. Este acogió amigablemente a los españoles, pues iban acompañados del orejón o noble inca, por lo que les dejó en plena libertad de actuar. Los españoles procedieron a saquear la ciudad todo lo que pudieron, llegando a deschapar las planchas de oro del templo de Coricancha. Al descubrir el acllahuasi o casa de las vírgenes del sol, se dedicaron a violar a las doncellas.

    Los tres españoles retornaron a Cajamarca llevando unas 600 arrobas de oro, no pudiendo llevar el cargamento de plata, por ser excesivo, dejándolo al cuidado de Quizquiz, que prometió guardarlo hasta la llegada de Francisco Pizarro. Uno de esos españoles, Juan de Zárate, que era escribano, informó a Pizarro que «se había tomado posesión en nombre de su majestad en aquella ciudad del Cuzco», entre otras cosas, como el número y descripción de las ciudades existentes entre Cajamarca y el Cuzco, de la cantidad de oro y plata recogidas. Un dato importante que informaron a Pizarro fue la presencia en el Cuzco del general Quízquiz con «treinta m

    . 1851).

    Atahualpa, en su prisión, se mostraba desenvuelto, alegre y conversador con los españoles, aunque sin perder nunca su solemnidad de gran monarca. Sus captores le permitieron tener todas las comodidades, siendo atendido por sus servidores y sus mujeres. Demostraba tener una inteligencia superior. Los españoles le enseñaron a jugar ajedrez y a los dados.[181]

    Atahualpa recibía todas las noches la visita de Francisco Pizarro. Ambos cenaban y conversaban a través de un intérprete. En una de esas conversaciones, el español se enteró de que Huáscar, el hermano y rival de Atahualpa, estaba vivo y prisionero de los atahualpistas, en las cercanías del Cuzco. Pizarro hizo prometer a Atahualpa que no mataría a su propio hermano y que lo trajese a Cajamarca sano y salvo.[182]

    En efecto, Huáscar fue trasladado con dirección a Cajamarca, a través de los caminos de la cordillera, con los hombros horadados con las cuerdas que arrastraban sus custodios. En algún momento Huáscar, ya enterado de la prisión de Atahualpa a manos de extrañas gentes, se enteró de que aquel había ofrecido un enorme tesoro en oro y plata por su libertad. Se dice que en ese momento, Huáscar dijo en voz alta que él era el verdadero dueño de todos esos metales, y que se los entregaría a los españoles para salvarse y sería Atahualpa el que fuera muerto. Al parecer, ello llegó a oídos de Atahualpa, quien decidió entonces eliminar a Huáscar antes de que se encontrara con los españoles, enviando un mensajero con el encargo. Los atahualpistas cumplieron la misión: arrojaron a Huáscar desde un acantilado al río Andamarca (en la sierra de Áncash). Asimismo, la mujer y la madre de Huáscar, que le acompañaban en su cautiverio, fueron asesinadas. Ello debió ocurrir por el mes de febrero de 1533.

    Llegada de Almagro y reparto del tesoro

    El 25 de marzo de 1533, poco antes del retorno de Hernando Pizarro de Pachacámac, arribó Diego de Almagro a Cajamarca. Traía 120 hombres de Tierra Firme y 84 caballos, más los 30 soldados procedentes de Nicaragua que se le sumaron en la bahía de San Mateo. En total, 150 hombres. Entre ellos estaban el tesorero Alonso de Riquelme, y dos de los Trece de la Fama, Nicolás de Ribera y Laredo y Martín de Paz. También estaban Nicolás de HerediaJuan de Saavedra, entre otros.[185]

    Almagro y sus hombres quedaron completamente decepcionados al enterarse de que no les correspondía nada del fabuloso rescate del Inca, pues habían llegado muy tarde. Sin embargo, se tranquilizaron en algo al saber que, en adelante, todo lo recaudado se repartiría entre todos. Pero para que ello pudiera ser viable debía morir el Inca.[186] Fue por eso que Almagro fue uno de los que más instigó la ejecución de Atahualpa, contra la opinión de los hermanos Francisco y Hernando Pizarro, en especial de este últim

    Mientras tanto, seguían llegando a Cajamarca los cargamentos de metales preciosos. El 28 de marzo de 1533 entró un envío de oro y plata procedente de Jauja, que traía «ciento siete cargas de oro y siete de plata».

    Pizarro y los suyos, ansiosos por repartirse el rescate, no esperaron a que se llenaran las habitaciones y dispusieron el inicio de la tarea del reparto. El 13 de mayo de 1533, se empezaron a fundir las piezas de oro y plata, labor que realizaron metalistas indígenas, de acuerdo con su método. Los tomó un mes entero en realizar la labor.[187] Comúnmente se fundían cada día cincuenta o sesenta mil pesos. No entró en la fundición el trono o sitial que el Inca usaba cuando entró en andas en la plaza de Cajamarca, el cual era una pieza de gran valor, pues era oro de 11 quilates y pesaba 83 kilos. Esta pieza quedó en poder de Francisco Pizarro.

    El 17 de junio de 1533, culminada la fundición, Francisco Pizarro ordenó por bando el reparto del botín. Al día siguiente presidió dicho reparto.[189] La suma total del oro alcanzó «un millón y trescientos veintiséis mil quinientos treinta y nueve pesos de oro» (1.326.539 pesos de oro). El total de plata fundida se valorizó en «cincuenta y un mil seiscientos diez marcos.» (51.610 marcos de plata). Para dar una idea de la magnitud del valor del oro, Prescott dice que «teniendo presente el mayor valor de la moneda en el siglo XVI, vendría a equivaler en el actual (siglo XIX) a cerca de tres millones y medio de libras esterlinas o poco menos de quince millones y medio de duros… La historia no ofrece ejemplos de semejante botín, todo en metal precioso y reducible como era a dinero constante.»

    Luego de pagar los derechos del fundidor español (1% del total, que da 13.421 pesos), se separó el quinto real para la Corona española, que fue de 262.259 pesos de oro de alta pureza. En cuanto a la plata, a la Corona le tocó 10.121 marcos.

    Pizarro, según su criterio, premió a unos con más y a otros les quitó algo. A continuación, reseñamos algunos datos tomados del acta de repartición del rescate de Atahualpa levantada por el escribano Pedro Sancho de la Hoz. Para el obispado de Tumbes se separó 2220 pesos de oro y 90 marcos de plata. A Pizarro, el gobernador, se le otorgaron 57.220 pesos de oro y 2350 marcos de plata. A Hernando Pizarro le correspondió 31.080 pesos y 1267 marcos; a Hernando de Soto, 1.740 pesos y 724 marcos; a Juan Pizarro, 11.100 pesos y 407,2 marcos; a Pedro de Candía, 9.909 pesos y 407,2 marcos; a Sebastián de Benalcázar, 9.909 pesos y 407.2 marcos… Los de a caballo recibieron en total 610.131 pesos de oro y 25.798,60 marcos de plata, lo que da un promedio individual de 8880 pesos de oro y 362 marcos de plata. Los de infantería recibieron en total 360.994 pesos de oro y 15.061,70 marcos de plata, lo que da un promedio individual de 4.440 pesos de oro y 181 marcos de plata. Algunos más o algunos menos; se trata solo de promedios.[191]

    También se entregó unos 15.000 pesos de oro a los vecinos que quedaron en San Miguel. A pesar de que a Diego de Almagro y su hueste no le correspondía nada del rescate, Pizarro quiso mostrarse algo generoso y les otorgó 20.000 pesos de oro para que se repartieran entre todos ellos (150 hombres), es decir, a cada uno les correspondió muchísimo menos que a los caballeros e infantes que intervinieron directamente en la captura de Atahualpa (si tenemos en cuenta que a cada uno de estos se les dio una cifra que va de 4.000 a 8.000 pesos).[191] Almagro había pedido que a él y a sus compañeros les tocase la mitad que a los de Cajamarca. Como no se pusieron de acuerdo, fue otro motivo para que ambos socios se distanciasen más, arrastrando en sus diferencias a los soldados que estaban bajo el mando de cada uno de ellos.

    Pablo Macera nos da cifras calculando el peso del oro y la plata en kilogramos: «El Rescate de Atahualpa consistió en 6,087 kilogramos de oro y 11,793 kilogramos de plata. A cada soldado a caballo le tocaba 40 kilogramos de oro y 80 kilogramos de plata. A los peones, la mitad. A los soldados con perros más que a los peones. A Pizarro 7 veces lo que a un jinete de caballo, además del trono de Atahualpa que pesaba 83 kilogramos de oro. Los sacerdotes recibieron la mitad de un peón.»

    Muchos españoles decidieron entonces retornar a España, con miras a disfrutar en su patria de las riquezas que habían conseguido; y así fue que unos treinta de los que participaron en la captura del Inca, colmados de oro y plata, arribaron a principios de 1535 a Sevilla. Sin embargo, no habían podido enterarse de que, por orden de Carlos I, todos sus bienes les serían confiscados apenas al desembarcar, ya que el emperador estaba reuniendo fondos para costear sus empresas de conquista en el norte de África.[192] Dice el cronista Jerez, uno de los que abandonó la conquista, que era tanta la abundancia de dinero que hizo que aumentara enormemente el valor de las cosas. Se ha dicho que fue la primera inflación de la historia del Perú.[n 3] Este fenómeno se produjo también en España, cuando llegaron a Sevilla los tesoros procedentes del Perú.

    Los conquistadores pudieron hacer todo ello gracias a la cooperación prestada por los indígenas y a la tranquilidad que reinaba en el Imperio. Nada turbó la paz de los españoles: ninguno de los generales de Atahualpa, ni Rumiñahui en el norte, ni Chalcuchímac en el centro, ni Quizquiz en el sur, movilizaron sus ejércitos, posiblemente en acatamiento de lo ordenado por el Sapa Inca que esperaba confiado su libertad. Ya vimos que incluso Chalcuchímac fue traído a Cajamarca por Hernando Pizarro, donde quedó vigilado;[193] incluso, fue torturado con fuego para que revelara el lugar donde ocultaba el tesoro del rescate proveniente del Cuzco. El general atahualpista se limitó a responder que todo el oro lo guardaba Quizquiz en dicha ciudad. Sufrió quemaduras en las piernas y quedó bajo la custodia de Hernando Pizarro.[194]

    Viaje de Hernando Pizarro a España

    El 12 de junio de 1533, Hernando Pizarro partió de Cajamarca, rumbo a España, comisionado para llevar lo que hasta ese día se había separado del Quinto Real. Francisco Pizarro se deshacía así de uno de los más fervorosos defensores de la vida del Inca; evidentemente planeaba acabar ya con el problema que significaba la prisión de Atahualpa. Hernando llegó a San Miguel de Tangarará; ahí embarcó rumbo a Panamá. Cruzando el istmo, se embarcó nuevamente, rumbo a Sevilla, España. La primera de las cuatro naos, llegó a Sevilla, el 5 de diciembre de 1533, con los españoles Cristóbal de Mena y Juan de Sosa (misionero de la Orden de La Merced); el oro y la plata que se desembarcó de dicha nao, ascendía a 38.946 pesos. El 4 de enero de 1534, arribó y ancló en Sevilla la nao Santa María del Campo, en donde estaba embarcado Hernando Pizarro.

    Desembarcó con 153.000 pesos de oro y 5.048 marcos de plata. Todo lo traído de Perú, fue depositado en la Casa de la Contratación de Indias; de ahí fue trasladado al aposento del rey de España. Finalmente, el 3 de junio de 1534, llegaron las otras dos naos, en donde estaban embarcados Francisco de Jerez, primer secretario del gobernador Francisco Pizarro y Francisco Rodríguez, en una y otra nao; se desembarcó de estas naos, 146.518 pesos de oro y 30.511 marcos de plata. Villanueva dice que el total desembarcado por las cuatro naos «… fue valorizado en 708.580 pesos. El peso y el castellano eran monedas equivalentes; pero cada uno era igual a 450 maravedíes. Sólo el oro fundido (convertido en barras y otros pedazos) se valorizó en 318.861.000 maravedíes. La plata fundida valió 180.307.680 maravedíes».

    Proceso y ejecución de Atahualpa

    Uno de los acontecimientos de la conquista del Perú del cual se carece de documentación fidedigna es el proceso que se le siguió al Inca Atahualpa. Todo indica que Pizarro nunca tuvo la intención de dejar libre al Sapa Inca. Cuando terminó el reparto del rescate, la situación de los españoles en Cajamarca se tornó espinosa para Pizarro. Especialmente por la gente que había llegado con Almagro, que estaban ansiosos por entrar en acción y marchar al sur, hacia los territorios aún desconocidos.[197]

    El carácter del Inca y su digno comportamiento, hicieron que muchos de los capitanes de Pizarro tomaran partido por su persona (incluido el propio Pizarro). De entre ellos sobresalen Hernando de Soto y Hernando Pizarro, que se opusieron tenazmente a la muerte del Atahualpa. En especial, se resalta la amistad que trabó Hernando Pizarro con el Inca. En cuanto a Soto, se dice que quería que Atahualpa fuera llevado a España. Pero otros, los más, deseaban la eliminación del Inca, entre los que se contaban Almagro y los suyos (quienes querían de una vez salir de Cajamarca y continuar con la conquista), el cura Valverde (que se escandalizaba por los “pecados” del Inca), el tesorero Riquelme y otros más.[198]

    También es de mencionar el papel desempeñado por el intérprete Felipillo, que puso sus ojos en una de las jóvenes prometidas de Atahualpa, Cuxirimay Ocllo,[n 5] lo que le atrajo la ira del Inca. Tuvo que intervenir el mismo Pizarro para obligar a Felipillo a desistir de sus pretensiones. El intérprete se vengó del Inca transmitiendo noticias alarmantes a los españoles, fingiendo que aquel preparaba su fuga en connivencia con sus generales y planeaba la muerte de todos los cristianos.[199]

    Pizarro solo habría fallado por la ejecución por presión de sus socios almagristas que argumentaban que más importaba la seguridad de la empresa (ya que los soldados españoles no tendrían posibilidad de ganarle al ejército incaico, en caso volviera la hostilidad), mientras que los pizarristas eran más partidarios de enviar a Atahualpa a España a entablar relaciones con Carlos I de España (mientras la facción almagrista rechazo tal opción arguyendo falta de tiempo, influyendo en que Francisco Pizarro se deshiciera de los defensores de Atahualpa para evitar una guerra civil entre españoles).[200] [201]

    Francisco Pizarro utilizó una vez más la astucia, urdiendo todo un esquema para deshacerse de Atahualpa. Su hermano Hernando ya estaba lejos, comisionado para llevar el Quinto Real a España. Solo quedaba Hernando de Soto como único opositor prominente de la muerte del Inca. Pizarro, aprovechando las denuncias formuladas contra el Inca, en el sentido de que estaba en secretas connivencias con sus capitanes para atacar a los españoles por sorpresa, despachó a Hernando de Soto con una fuerte dotación hacia Huamachuco, a fin de comprobar y batir si era preciso a los nativos que se hallaran en pie de guerra. Apartado así Soto, Pizarro hizo abrir un proceso al Inca con la finalidad de justificar la sentencia de muerte que le tenía reservada.[202]

    El tribunal que juzgó a Atahualpa fue un consejo de guerra. Lo presidió el mismo Francisco Pizarro. Lo integraba un “doctor” (no identificado) y un escribano (posiblemente Pedro Sancho de la Hoz). También es probable que lo conformasen el tesorero Alonso de Riquelme, el alcalde mayor Juan de Porras, el fraile Vicente de Valverde y algunos capitanes como Diego de AlmagroPedro de CandíaJuan Pizarro y Cristóbal de Mena. También se nombraron un fiscal, un defensor del reo y se citaron diez testigos. El juicio fue sumario y se realizó en Cajamarca, iniciándose el 25 de julio de 1533, y culminando al amanecer siguiente.[203] Se dice que las respuestas del Inca, como las declaraciones de los testigos debieron ser amañadas y modificadas por el intérprete Felipillo, quien así remataba su venganza contra el Inca.

    Vargas Ugarte dice que sobre el proceso, «no conocemos ni ha llegado a nuestras manos y por lo tanto, sobre el mismo no existen sino conjeturas». Agrega que las famosas preguntas del proceso mencionadas en la Historia General del Perú (Libro 1, capítulo 37) del Inca Garcilaso de la Vega, «o fueron un amaño del Inca Historiador, bastante propenso a tejer estas marañas, o bien, se las sugirió a él, o a alguno de los cronistas de entonces los partidos del Cuzco que, en el hermano de Huáscar no veían sino un usurpador sanguinario». Sin embargo, el historiador Del Busto considera que esas preguntas bien pueden] Las preguntas que transcribe Garcilaso fueron las siguientes:

    ¿Qué mujeres había tenido Huayna Cápac? ¿Si Huáscar era hijo legítimo y Atahualpa bastardo? ¿Si Huayna Cápac había tenido otros hijos fuera de los citados? ¿Cómo había llegado Atahualpa a adueñarse del Imperio? ¿Fue Huáscar declarado heredero de su padre o lo destituyó éste? ¿Cuándo y cómo tuvo lugar la muerte de Huáscar? ¿Atahualpa forzaba a sus súbditos a sacrificar a sus dioses mujeres y niños? ¿Habían sido justas las guerras que movió Atahualpa, pereciendo en ellas mucha gente? ¿Habían derrochado las riquezas del Imperio? ¿Favoreció a sus parientes en estos derroches? ¿Hallándose preso, dio órdenes para que se diese muerte a los españoles?

    Atahualpa fue hallado culpable de idolatría, herejía, regicidio, fratricidio, traición, poligamia e incesto y fue condenado a morir quemado en la hoguera. La sentencia se dio el 26 de julio de 1533 y para ese mismo día se programó la ejecución de la misma. Atahualpa rechazó todas las acusaciones y solicitó hablar en privado con Pizarro, pero este se negó.[206]

    A las 7 de la noche Atahualpa fue sacado de su celda y llevado al centro de la plaza, donde se hallaba clavado un tronco. Allí, rodeado de los soldados españoles que portaban antorchas y del cura Valverde, fue puesto de espaldas al tronco y luego atado fuertemente, mientras que a sus pies eran arrimados leños. Un español se acercó con una tea encendida. Viendo que iba a ser quemado, Atahualpa entabló un diálogo con Valverde. Preocupado por el hecho de que su cuerpo fuera consumido por las llamas y no conservado como se estilaba entre los incas, aceptó la oferta que Valverde le hizo, es decir, bautizarse como cristiano para de esa manera cambiar la pena de hoguera por la del garrote (ahorcamiento); de esa manera su cuerpo sería enterrado.[n 6] Fue bautizado allí mismo y le pusieron de nombre Francisco (no Juan, como algunas versiones dicen). Luego se le enrolló una soga al cuello ajustándola al tronco, y aplicando un torniquete, se procedió a su estrangulamiento (26 de julio de 1533).[207]

    Ha habido mucha discusión sobre la fecha de este acontecimiento. Prescott menciona el 29 de agosto como la fecha de la ejecución del Inca. Pero María Rostworowski la considera errónea:

    «…parece lógico suponer que la muerte del Atahualpa ocurriera después del 8 de junio y antes del 29 de julio de 1533. Los españoles se quedaron aún unos días en Cajamarca preparando la partida que tuvo lugar hacia mediados de agosto. El día 26 [de agosto] ya estaban en Andamarca y el dos de septiembre en Huaylas. Es importante aclarar la fecha de la muerte de Atahualpa y rectificar que no tuvo lugar el 29 de agosto como ha sido sugerido sin fundamento alguno».

    Fue el historiador peruano Rafael Loredo quien fijó la fecha en el 26 de julio, basándose en un documento que halló en el Archivo de Indias de Sevilla en 1954, donde se dice lo siguiente:

    “Y en dicho pueblo de Caxamalca en treinta y un días del dicho mes de julio en presencia de los dichos oficiales de S.M. manifestó Francisco Pizarro mil ciento ochenta y cinco pesos en piezas labradas de indios que dijo que se le había dado el cacique Atahualpa y manifestóles después de la muerte de dicho Atahualpa cinco días”.

    Lo que, haciendo cuentas, nos da la fecha de 26 de julio de 1533. El historiador Del Busto apoya esta fecha.[210]

    De hecho, y pese a la creencia popular, cronistas como Pedro Cieza de León o Pedro Pizarro mencionan que Pizarro quedó deprimido por haber asesinado a quien ya había logrado apreciar y considerar como un amigo (pues ambos comían y jugaban a cartas, ajedrez o dados), a palabras de Pedro Pizarro: «Yo vide llorar al marqués de pesar por no podelle dar la vida…».[211]

     

    Muerto Atahualpa, terminó la dinastía de los Incas, que gobernaron el Imperio más grande de la América precolombina (aunque Atahualpa no fuera reconocido por las panacas reales cusqueñas, los españoles si lo consideraron Sapa Inca). Para guardar las apariencias, y tener un seguro hasta la toma del Cuzco, Francisco Pizarro, decidió nombrar otro Inca, título que recayó en otro de los hijos del inca Huayna Cápac: Túpac Hualpa, que los cronistas españoles nombran como Toparpa, un gobernante títere, que reconoció vasallaje al rey de España.

    Consolidación de la presencia española (1533–1535)

    Marcha hacia el Cuzco

    Tras consolidar su dominio en el norte del Tahuantinsuyo, Francisco Pizarro controlaba solo la región comprendida entre San Miguel de Piura y Cajamarca. El resto del territorio permanecía bajo el poder de los atahualpistas. Aunque contaban con el apoyo de curacas aliados, de los partidarios de Huáscar y de diversos pueblos andinos contrarios a Atahualpa, el avance hacia el Cuzco seguía siendo incierto. Las fuerzas atahualpistas, dirigidas por el general Quizquiz, mantenían posiciones defensivas en la ruta hacia la capital imperial.

    En ese contexto, tras la captura de Atahualpa en Cajamarca, los cañaris establecieron contacto con los españoles y ofrecieron su alianza. Su oposición al dominio de Atahualpa los convirtió en uno de los primeros grupos del Tahuantinsuyo en colaborar con los conquistadores. Poco después, se sumaron los chachapoyashuaylashuancaschankas, así como de algunos nobles del bando huascarista del Cuzco. Con el apoyo de estas alianzas iniciales, Pizarro organizó su ejército en Cajamarca y partió a la conquista del Cuzco.

    Pizarro decidió partir desde Cajamarca con dirección al sur. Antes de iniciar la marcha, envió a diez soldados a San Miguel para recibir los refuerzos y suministros que llegaran desde Panamá o Nicaragua, con orden de reunirse luego con la expedición.

    El ejército español salió de Cajamarca el 11 de agosto de 1533. Lo integraban cerca de 400 soldados europeos, númerosos guerreros indígenas aliados (principalmente huancas, cañaris y cajamarcas) y cargueros nativos, en su mayoría cajamarcas, encargados de transportar el oro y la plata. Entre los prisioneros iba Chalcuchímac, general atahualpista, aún convaleciente de las torturas sufridas en Cajamarca, pero considerado por los españoles un líder peligroso.

    La vanguardia estaba encabezada por Túpac Hualpa, el Inca designado por los españoles, acompañado de su séquito. Detrás marchaban los soldados, seguidos por los cargueros indígenas, y finalmente los jinetes cerraban la columna. Ese primer día acamparon junto a un afluente del valle de Cajamarca, donde recibieron la noticia del asesinato de Huari Tito, hermano de Túpac Hualpa, cometido por atahualpistas mientras inspeccionaba los caminos y puentes. El 14 de agosto la expedición llegó a Cajabamba y el 17 a Huamachuco. Esta ciudad, centro principal del antiguo señorío de Huamachuco, era un importante santuario dedicado al dios Catequil. Sus habitantes, resentidos por la profanación del santuario y la ejecución de su sacerdote ordenadas por Atahualpa, recibieron a los españoles como aliados. Tras descansar dos días, Pizarro continuó hacia el sur y envió una avanzada dirigida por Diego de Almagro. Ambos grupos se reencontraron en el valle de Huaylas el 31 de agosto, donde permanecieron una semana para reagruparse antes de continuar hacia el sur. El paso por esta región resultó decisivo para consolidar la ruta andina que conduciría al Callejón de Huaylas y, posteriormente, al Cuzco

    El 8 de septiembre la expedición avanzó por el callejón de Huaylas, pasando por Andamarca, CorongoYungayHuaraz y Recuay. El 1 de octubre alcanzaron Cajatambo, donde Pizarro reforzó la vanguardia y la retaguardia ante el riesgo de levantamientos locales. Observó que muchos pueblos estaban deshabitados, lo que interpretó como señal de resistencia.

    El 2 de octubre los españoles partieron de Cajatambo y llegaron al día siguiente a Oyón. El 4 de octubre cruzaron la cordillera de Huayhuash, bordeando la laguna de Chinchaycocha y divisando el río Mantaro.[217] Informantes locales advirtieron a Pizarro que los generales atahualpistas Inquillabilla, Yquaparro y Motay reclutaban tropas en Bombón (Pumpu) y seguían los movimientos españoles gracias a noticias enviadas por Chalcuchíma, quien fue entonces puesto bajo estricta vigilancia.[218] Según el cronista Sancho de la Hoz, los atahualpistas deseaban enfrentarse a los conquistadores porque “veían la tierra ganada por los españoles y querían gobernarla ellos”.

    El 7 de octubre los españoles ocuparon Bombón. Pizarro temió un ataque inminente y extremó la vigilancia. Esa noche supo que en las cercanías de Jauja se concetraban las fuerzas quiteñas y otros grupo aliados, que planeaban replegarse al Cuzco tras devastar la zona para impedir el abastecimiento enemigo. Pizarro decidió avanzar sin demora hacia Jauja, llevando encadenado a Chalcuchímac como rehén.[218] Con esta decisión, consolidó la ruta del valle del Mantaro como eje principal de la marcha hacia el Cuzco y de las futuras expediciones españolas en la sierra central.

    En Chacamarca hallaron 70.000 pesos de oro, parte del rescate de Atahualpa que había quedado allí. Pizarro dejó el tesoro bajo custodia y prosiguió la marcha. El 10 de octubre alcanzaron Tarma, donde acamparon bajo lluvia y granizo y padecieron la falta de alimentos y agua. Al amanecer reanudaron el avance hacia Jauja,[219]cuya próxima ocupación marcaría el establecimiento del primer centro administrativo español en la sierra central antes del ingreso al Cuzco.

    Batalla de Jauja o Huaripampa

    A dos leguas de Jauja, Francisco Pizarro dividió su ejército para asegurar la entrada al valle. Al aproximarse, comprobó que el poblado permanecía intacto y fue recibido cordialmente por los huancas, habitantes del valle del Mantaro, aliados de los españoles desde la caída de Atahualpa.[220] Su apoyo reforzó la posición de Pizarro antes del enfrentamiento con las fuerzas atahualpistas.

    En Jauja, Pizarro se enfrentó a las fuerzas atahualpistas comandadas por los generales Yurac Huallpa e Ihua Paru. Los españoles, con apoyo de sus aliados huancas, emboscaron a las fuerzas contrarias y las derrotaron, en un combate que culminó con la masacre de los atahualpistas. Este episodio, conocido como la batalla de Jauja o batalla de Huaripampa, consolidó el control de Pizarro sobre el valle del Mantaro.

    Las fuerzas atahualpistas vencidas formaban parte del contingente principal dirigido por los generales Inquillabilla, Yquaparro y Motay, acampados a unas seis leguas de Jauja y en comunicación constante con el ejército de Quizquiz, establecido en el Cuzco. Al conocer su posición, Pizarro envió un destacamento para enfrentarlos, pero las fuerzas atahualpistas lograron hacer retroceder a los españoles. Posteriormente, Pizarro intentó atacarlos por sorpresa, pero las fuerzas atahualpistas anticiparon la maniobra y destruyeron los puentes estratégicos del camino, lo que impidió el avance español hacia el Cuzco.

    Muerte de Túpac Hualpa

    En Jauja murió Túpac Hualpa en circunstancias no esclarecidas. Según las crónicas de Pedro Cieza de León y Pedro Sancho de la Hoz, ya se hallaba enfermo desde su partida de Cajamarca y que su estado se agravó durante el viaje, hasta perder el conocimiento y fallecer poco después.

    Tras su fallecimiento, circuló el rumor de que el general Chalcuchímac lo había envenenado con un brebaje administrado en Cajamarca. Francisco Pizarro desestimó inicialmente esa versión y convocó a una reunión con Chalcuchímac y otros nobles incas para designar a un nuevo soberano. Durante la deliberación resurgieron las divisiones entre los partidarios de Huáscar y los de Atahualpa. Chalcuchímac propuso a Ataoc (o Aticoc, según algunas crónicas), quien habría sido hijo de Atahualpa y originario de Quito, mientras que los nobles del Cuzco apoyaron a Manco Inca, hermano del Inca fallecido. Dado que el ejército español se encontraba ya próximo al Cuzco, Pizarro respaldó al candidato cuzqueño

    Mientras se buscaba al nuevo soberano, Pizarro envió destacamentos hacia la costa para reconocer lugares adecuados para fundar puertos. Permaneció en Jauja a la espera de los resultados y, al mismo tiempo, ordenó otra expedición hacia el Cuzco para reparar los puentes destruidos durante las campañas anteriores.

    Asentamiento español en Jauja

    Tras la victoria sobre las fuerzas atahualpistas, Francisco Pizarro decidió establecer una población española en el valle del Mantaro, con el fin de asegurar la ruta hacia el Cuzco y disponer de un punto intermedio entre la costa y la sierra central. La elección del lugar respondió a la fertilidad del territorio y al apoyo ofrecido por los huancas, quienes proporcionaron víveres, alojamiento y asistencia militar.

    Pizarro comunicó su proyecto a los expedicionarios, y alrededor de ochenta españoles solicitaron ser admitidos como vecinos para resguardar el oro y la plata del tesoro de Atahualpa, mientras el resto continuaba la marcha hacia el sur. Sin embargo, antes de concretar la fundación, el conquistador recibió noticias de sus aliados huancas sobre nuevas incursiones atahualpistas en los alrededores, lo que lo llevó a posponer el establecimiento.

    Dejó una pequeña guarnición al mando del tesorero Alonso de Riquelme y partió con el resto de su ejército hacia el Cuzco el 27 de octubre de 1533, tras permanecer quince días en Jauja. El capitán Hernando de Soto se había adelantado con una avanzada de jinetes.[222]

    Batalla de Vilcas o Vilcashuamán

    Durante la marcha por el valle del Mantaro, las tropas españolas continuaron recibiendo apoyo de los huancas, cuya colaboración fue decisiva en el avance hacia el Cuzco. El 30 de octubre de 1533 llegaron a Panarai (actual Paucaray) y luego a Tarcos (actual Parcos), donde un curaca local informó a Pizarro sobre el paso de Hernando de Soto, que se preparaba para enfrentar a las fuerzas atahualpistas en Vilcas (actual Vilcashuamán). El 3 de noviembre[223], al llegar a un asentamiento cercano —probablemente el actual Tambillo de Illahuasi—, Pizarro recibió una carta de Soto relatando el combate librado en Vilcas.

    Hernando de Soto había partido como avanzada con un destacamento de jinetes españoles y numerosos aliados huancas. Su destino era Vilcas, donde se hallaba una fortaleza incaica que funcionaba como centro administrativo y militar del Tahuantinsuyo, bajo el mando del general atahualpista Apo Maila. En ese momento, las fuerzas quiteñas estaban fuera de la ciudad realizando un chaku o cacería colectiva, lo que permitió a Soto ocupar la ciudadela y tomar prisioneras a las mujeres que la habitaban.

    Al conocer la incursión, Apo Maila regresó para recuperar la plaza. Hacia fines de octubre de 1533 se produjo el combate. Las fuerzas españolas y sus aliados indígenas fueron rodeadas, pero lograron resistir el ataque. Apo Maila murió durante la batalla, lo que provocó la dispersión de sus tropas. Los atahualpistas intentaron reorganizarse, pero Soto, para evitar nuevas pérdidas, inició negociaciones y liberó a las mujeres cautivas.

    La ofensiva indígena concluyó cuando Quizquiz ordenó la retirada hacia el sur al conocer la aproximación de Pizarro con el grueso del ejército. La maniobra puso fin a los enfrentamientos en la zona y permitió a las fuerzas españolas asegurar su avance hacia el Cuzco.

    La presencia de Chalcuchímac, prisionero de los españoles, también influyó en la reducción de los ataques atahualpistas. Las tropas de Quizquiz temían que una ofensiva provocara su ejecución, ya que el general era muy estimado entre los guerreros quiteños.

    Continúa la marcha española

    Francisco Pizarro llegó a Vilcas el 4 de noviembre de 1533 y comprobó que Soto había partido dos días antes. Al día siguiente, reanudó la marcha hacia el sur. En las cercanías de Curamba observó grandes piedras dispuestas estratégicamente en las laderas, lo que interpretó como una posible defensa. Temiendo que Soto hubiera sido atacado nuevamente, envió a Diego de Almagro con un destacamento de caballería en su auxilio.[225]

    El 6 de noviembre Pizarro entró en Andahuaylas (llamada Andabailla por los españoles) sin encontrar resistencia y acampó allí. Al día siguiente continuó hacia Airamba, donde recibió una carta de Hernando de Soto informando que se dirigía hacia el Cuzco. Señalaba que el camino estaba despejado y que aún no había logrado reunirse con Diego de Almagro, lo que confirmaba que ambos destacamentos seguían avanzando por rutas separadas.

    Tras abandonar Andahuaylas, Pizarro avanzó por Curahuasi. Cerca del río Apurímac recibió una nueva carta de Soto, en la que le comunicaba que se encontraba cercado en Vilcaconga por un numeroso contingente de guerreros atahualpistas. La comunicación terminaba abruptamente y el mensajero indígena no pudo aportar más información, ya que había partido de noche y desconocía el desenlace. Este silencio llevó a Pizarro a temer que la fuerza de Soto hubiera sido destruida.

    Batalla de Vilcaconga

    Durante el avance hacia el Cuzco, Soto decidió adelantarse con un grupo de jinetes españoles para llegar antes a la capital inca y apropiarse de sus riquezas. Después de vadear un río cuyo puente había sido destruido, se encontró con tropas atahualpistas que lo enfrentaron en la empinada cuesta de Vilcaconga el 8 de noviembre de 1533. Estas fuerzas pertenecían al ejército de Quizquiz y contaban con el apoyo de guerreros tarmas, procedentes del valle andino de Tarma. El jefe de las tropas era Yurac Huallpa.

    Los tarmas se habían aliado con Quizquiz tras sufrir una afrenta de Soto, quien había mutilado a sus emisarios por desconfiar de ellos y temer un engaño. Aprovechando el cansancio de los españoles, los atahualpistas atacaron durante el ascenso por la cuesta. En el enfrentamiento murieron cinco jinetes: Hernando de Toro, Francisco Martín (“el narigudo”), Rodas (sastre), Gaspar de Marquina, de origen vasco, y Miguel Ruiz. Los cronistas relatan que fueron rodeados y abatidos con hachas y porras.

    Tras el primer ataque, los atahualpistas se replegaron a una colina cercana a la espera de un combate abierto, de acuerdo con las prácticas bélicas andinas. Soto fingió una retirada hacia el llano para atraerlos y, cuando parte de las tropas quiteñas los persiguió, la caballería española contraatacó y logró desorganizar sus filas. Al observar la derrota, el resto del ejército atahualpista se retiró y ambos bandos acamparon a poca distancia.

    Poco después llegó Diego de Almagro con un contingente de refuerzo, lo que consolidó la posición española y provocó la retirada definitiva de las fuerzas atahualpistas. Según las crónicas españolas, la llegada de Almagro fue decisiva. Sin embargo, el Inca Titu Cusi Yupanqui atribuye la retirada a una orden de Quizquiz, quien habría recibido noticias del avance de Manco Inca, líder del bando huascarista, que se dirigía hacia la zona con intención de enfrentarlo y de aliarse con los españoles.[231]

    Superado el enfrentamiento, Hernando de Soto y Diego de Almagro continuaron juntos el viaje hacia el Cuzco, donde esperaban reunirse con Francisco Pizarro.

    Ejecución de Chalcuchímac

    Durante la marcha hacia el Cuzco, Francisco Pizarro atribuyó los ataques contra la avanzada de Hernando de Soto a una posible filtración interna y dirigió sus sospechas hacia Chalcuchímac, prisionero desde Cajamarca. Las crónicas españolas presentan esta sospecha como una de las razones de su posterior ejecución, aunque no registran pruebas directas de colaboración con las fuerzas de Quizquiz. Durante la marcha hacia el Cuzco, Diego de Almagro se incorporó a la expedición y un contingente cañari encabezado por Chilche reafirmó su alianza con los españoles. Este grupo, originario del actual Ecuador, apoyaba a Pizarro desde la captura de Atahualpa debido a su oposición al dominio quiteño y a las tropas de Quizquiz.[232] El ejército español acampó en Sacsahuana el 12 de noviembre de 1533. Almagro y Soto sostuvieron ante Pizarro que los ataques en Vilcashuamán y Vilcaconga se debían a la supuesta traición de Chalcuchímac, pues el enemigo conocía con precisión los movimientos del ejército. Pizarro atribuía las pérdidas de Vilcaconga a la imprudencia de Soto, pero evitó formular cargos para mantener la cohesión del mando.

    Los jefes españoles acordaron ejecutar a Chalcuchímac. El clérigo Vicente de Valverde, por medio de un intérprete, intentó persuadirlo para que aceptara el bautismo. Chalcuchímac rechazó la conversión y afirmó que desconocía la fe cristiana, invocando al dios Pachacámac en espera de la llegada de Quizquiz

    Chalcuchímac fue ejecutado en Sacsahuana el 12 de noviembre de 1533. Tras su muerte, Pizarro declaró que perseguiría y castigaría de igual modo a Quizquiz, quien continuaba en resistencia.

    Manco Inca se alía con los españoles

    El 14 de noviembre de 1533, se presentó en el campamento de Francisco Pizarro, en Jaquijahuana, Manco Inca, hijo de Huayna Cápac, de ascendencia cuzqueña (es decir, del bando huascarista). Este personaje, llamado también Manco II, era uno de los hijos de Huayna Cápac con la coya imperial, nacido probablemente en 1515, de modo que era todavía muy joven. Había escapado de la matanza de nobles cuzqueños que los atahualpistas hicieron en el Cuzco, durante la guerra civil, y desde esa época había permanecido escondido. Ahora reaparecía, para ofrecer su apoyo a los españoles, en la guerra común que enfrentaban contra las tropas atahualpistas de Quizquiz. Pizarro aceptó gustoso esta alianza, y apresuró la marcha al Cusco, que según Manco, se hallaba amenazada de ser incendiada por los quiteños.

    Villanueva Sotomayor opina que los incas habían observado las costumbres de los españoles, y que fatalmente, no pudieron aprovechar las debilidades de los mismos, por las rivalidades, producto de la guerra civil que aún continuaba, a pesar de la presencia del verdadero invasor. Y lo gráfica muy bien, diciendo que Manco Inca, sabía muy bien que los españoles en día domingo, no comían carne roja y habiendo ido a pescar con unos indios la «comida de los españoles del día de guardar», recibió a un chasqui que le avisaba noticias del Cuzco. Regresó Manco Inca al campamento donde Francisco Pizarro para decirle: «… dice que Quízquiz con su gente de guerra va a quemar el Cusco y que está ya cerca, y he querido avisártelo para que pongas remedio».

    Batalla de Anta

    La adhesión de Manco Inca a los españoles, adicionó más tropas cuzqueñas al lado de Francisco Pizarro; este inesperado apoyo, influyó en el ánimo del conquistador para entrar al Cuzco. Ya cerca de la ciudad imperial, se toparon con las huestes de Quizquiz, a las que presentaron batalla en Anta. Los atahualpistas atacaron y lograron matar a 3 caballos y a herir a muchos más; muchos españoles resultaron también heridos (se salvaban más que nada por estar protegidos con corazas y cascos de metal), y llegaron incluso a retroceder varios grupos de jinetes. Pero finalmente, viendo que era improbable ganar la batalla, los hombres de Quizquiz se retiraron; tampoco quisieron defender el Cuzco, pues vieron lo difícil que sería defender la ciudad imperial calle por calle.[238] Cansados de una larga campaña llevada tan lejos de su tierra, muchos de ellos querían solo volver a Quito.

    Toma y saqueo del Cuzco

    Entrada de los españoles en la ciudad

    El 15 de noviembre de 1533, y sin obstáculos, Pizarro entró al Cusco, junto con Manco Inca, la hueste española y los aliados incas (huascaristas o cusqueños).

    «De este modo entró el Gobernador con su gente en aquella gran ciudad del Cusco sin otra resistencia ni batalla, el viernes a la hora de misa mayor, a quince días del mes de noviembre del año del Nacimiento de Nuestro Salvador y Redentor Jesucristo MDXXXIII [año 1533].»

    No hay duda que en el Cuzco era la ciudad principal de todo el Tahuantinsuyo. Al ser tomada por los españoles, mermó significativamente la resistencia nativa, no sólo porque allí se encontraba toda la organización del imperio, sino por el significado que tenía para los ejércitos incas ver su capital tomada y dominada por los españoles.

    Hay en dicha ciudad otros muchos aposentos y grandezas; pasan por ambos lados dos ríos que nacen una legua (5,5 kilómetros) más arriba del y desde allí hasta que llegan a la ciudad y dos leguas (11 kilómetros) más abajo, todos van enlosados para que el agua corra limpia y clara y aunque crezca no se desborde; tienen sus puentes por lo que se entra a la ciudad...

    Pizarro llegó con su gente hasta la gran plaza cuadrada y, después de escudriñar sus edificios, mandó a algunos peones para que los visitasen. Como no encontraron nada que los llevase a desconfiar el gobernador tomó para sí el palacio de Casana, morada que fue del inca Huayna Cápac. Almagro se apropió de otro palacio que daba a la plaza ubicado junto al de su compañero. Gonzalo Pizarro hizo lo propio con el de Cora-Cora, mansión edificada por el inca Túpac Yupanqui.[240]

    Según explica el historiador José Antonio del Busto; parece que a continuación los soldados pidieron permiso para saquear la ciudad y el gobernador les concedió la gracia; por lo que los españoles entraron en los edificios de piedra, algunos de los cuales habían sido incendiados por los atahualpistas pero la mayoría se encontraba en buen estado. Dentro no hallaron tanto oro como quisieron encontrar pero recogieron, en cambio, muchísima cantidad de plata y piedras preciosas, chaquira reluciente, topos artísticos, cántaros metálicos y plumería multicolor. Después visitaron los depósitos de ropa fina siguiendo por los depósitos de comida, de calzado, de sogas de todos los tamaños, de armas ofensivas y defensivas, de barretas de cobre, los depósitos de coca y de ají; encontraron, también, los depósitos de cuerpos desollados usados para fabricar tambores de guerra.

    Los españoles prosiguieron el saqueo hacia los barrios sacerdotales. Primero enrumbaron al Acllahuasi o Casa de las Vírgenes, con la intención de violar a las vírgenes del Sol, pero los atahualpistas se las habían llevado para librarlas de ser profanadas junto con el oro y la plata del recinto. Enfadados y llenos de indignación, prosiguieron al Coricancha esperando hallar allí "más oro que en todo el Cuzco junto". Se cuenta que los soldados iban corriendo por las calles de muros pétreos rumbo al Templo del Sol cuando salió de aquel el anciano Víllac Umu o sumo sacerdote "lleno de santa ira" quien, tratando de cerrarles el paso, les advirtió que para entrar al recinto sagrado se debía ayunar un año, además de estar descalzo y con una carga sobre los hombros. Los españoles se detuvieron un instante y alguien tradujo sus palabras. Al entender estas ideas, lanzaron una carcajada y se precipitaron al interior del templo.[241]

    El oro y plata recolectados fueron fundidos, obteniéndose 580.200 pesos de «buen oro». El quinto real representó 116.460 pesos de oro; además la plata representó 25.000 marcos: 170.000 «eran de plata buena en vajilla y planchas limpias y buena, y el resto no porque estaba en planchas y piezas mezcladas con otros metales conforme se sacaba de la mina.»

    Proclamación de Manco Inca

    Francisco Pizarro se apresuró en nombrar Sapa Inca a Manco Inca, por las razones que nos explica Villanueva Sotomayor:

    “El 16 de noviembre, a un año de la toma de Cajamarca y de la captura de Atahualpa, Pizarro convirtió a Manco Inca en Sapa Inca. … e hízolo tan presto para que los señores y caciques no se fueran a sus tierras, que eran de diversas provincias y muy lejos unas de otras, y para que los naturales, no se juntaran con los de Quito sino que tuvieran un señor separado al que habían de reverenciar y obedecer y no se abanderizaran, y así mandó a todos los caciques que lo obedecieran por señor e hicieran todo lo que les mandara”.

    Era costumbre inca que cada curaca tuviera en el Cuzco su alojamiento, porque tenía que venir a la ciudad imperial para entregar sus tributos al Sapa Inca, a las fiestas (principalmente, al Inti Raymi) y a toda convocatoria que se le hiciera desde el «Ombligo del mundo». Pero, además, el auqui del curaca (su hermano o uno de sus hijos) siempre estaba en el Cusco, disfrutando de los favores de la corte del Inca. Su permanencia era la garantía del vínculo entre el Estado cuzqueño y los dominios del curaca. Era una especie de rehén. Si Pizarro no optaba por darle el mando imperial a Manco Inca, los auquis y los curacas que estaban en esos momentos en el Cuzco, podían romper ese vínculo y actuar a su manera. Tal vez, podrían haberse unido a las tropas rebeldes de Quizquiz u organizar de otro modo la resistencia.

    Los nobles del Cusco no se daban cuenta aún de que Francisco Pizarro estaba manipulando el gobierno del Imperio al nombrar como Sapa Inca primero a Túpac Hualpa y luego a Manco Inca, manteniéndolos como rehenes, incluso. Para organizar mejor la resistencia inca, bien pudieron haber nombrado los curacas del Cusco al nuevo Inca de entre las panacas reales y manejar el gobierno con más independencia, pero la guerra civil ya había llegado a la capital del imperio. Lo cierto es que ni huascaristas ni atahualpistas lo hicieron, con lo que se perdió la oportunidad de unir nuevamente al Imperio y ofrecer a los españoles una resistencia más organizada y efectiva.

    El otro concepto que podría explicar la aislada resistencia sería el modo de combatir de ambos ejércitos: mientras los incas ofrecían batalla en campo abierto de manera franca; los españoles apelaban a argucias para derrotarlos incluso antes de presentar batalla.

    Manco Inca fue proclamado Sapa Inca, pero a la vez vasallo de la Corona española. Los españoles lo llamaron Manco II, pues se enteraron de que el primer Inca se llamaba también Manco (Manco Cápac). Francisco Pizarro hizo legalizar el vasallaje de Manco Inca un día domingo saliendo de misa a la que había asistido junto con él. Los hizo salir a la plaza al Sapa Inca, y le ordenó a su secretario Sancho de la Hoz que leyera la «demanda y requerimiento.» Pizarro siguió el protocolo español tradicional para estos casos; al final Pizarro abrazó a Manco Inca y este retribuyó el gesto, ofreciéndole chicha en un vaso de oro.

    Batalla de Capi

    Pizarro, entre tanto, al no ser hostilizado cuando tomó el Cusco, organizó otro ejército con gente de Manco Inca que logró reunir «cinco mil guerreros». Pizarro ordenó a Hernando de Soto, que apoyara a dicha tropa indígena con 50 de a caballo, saliendo del Cuzco para presentar batalla a Quizquiz a 5 leguas de la ciudad, en donde estaba su campamento. En la localidad de Capi, se enfrentaron ambos ejércitos, de donde salió victoriosa la tropa combinada de Manco Inca y los españoles, pero sin poder redondear su triunfo. Luego de esta batalla, regresaron al Cusco. El general Paullu Inca, que comandaba las tropas de Manco Inca, persiguió al ejército de Quizquiz, siendo derrotados en esa persecución; en el Cuzco se recibió la noticia «que les habían muerto mil indios». Entre tanto Manco Inca solicitó a los curacas «gente de guerra», y en menos de diez días, tenía en el Cuzco un ejército de 10 mil guerreros.

    Segunda batalla de Jauja

    Llegado el verano y las copiosas lluvias estivales, no se organizó ninguna campaña contra las tropas de Quizquiz. En febrero de 1534, el ejército de Manco Inca, que a la sazón contaba con 25 mil soldados y los 50 de a caballo de Hernando de Soto, se puso en movimiento, persiguiendo al general atahualpista, por la ruta de Vilcashuamán. Llegando a Vilcashuamán, el ejército de Manco Inca, descansó; allí fueron noticiados de que el ejército de Quizquiz marchaba sobre Jauja. Esto preocupó sobremanera a la tropa española, porque en Jauja, se encontraba la guarnición que había dejado Pizarro, durante su avance sobre el Cuzco. No pudiendo cruzar el río Pampas en balsas, demoraron 20 días en rehacer el puente destruido por los atahualpistas.

    Mientras tanto, en Jauja se producía una cruenta batalla, entre el capitán Gabriel de Rojas y Córdova y el general Quizquiz. El primero tenía a su mando 40 españoles, 20 de ellos jinetes, y estaba apoyado por 3000 huancas, especialmente jaujinos, enemigos mortales de los atahualpistas. Los españoles alinearon también en su bando a los indios yanaconas, que por primera vez participaban como soldados. La alianza indo-española surtió efecto y las tropas de Quizquiz tuvieron que retirarse sin lograr tomar Jauja.

    Por su parte, los jinetes de Hernando de Soto más 4.000 guerreros del ejército de Paullu Inca, se apresuraron a ir en auxilio de los españoles de Jauja. Manco Inca y el resto de su ejército, regresó al Cuzco.

    Fundaciones españolas y campañas finales

    Fundación española del Cusco

    El 23 de marzo de 1534, Francisco Pizarro realiza la fundación española de la ciudad del Cuzco con el título de «La Muy Noble y Gran Ciudad de Cuzco». Se hizo el acta de fundación, extendida por el escribano Pedro Sancho de la Hoz, que firmaron Diego de Almagro, Hernando de Soto, Juan Pizarro y el capitán Gabriel de Rojas y Córdova. Al día siguiente se formó el primer Cabildo: como alcaldes ordinarios figuraban Francisco Beltrán de Castro y Pedro de Candía; y como regidores, Juan Pizarro, Rodrigo Orgóñez, Gonzalo Pizarro, Pedro del Barco, Juan de Valdivieso, Gonzalo de los Nidos, Francisco Mexía y Diego Bazán.[243] Como en toda ciudad española, se escogió la Plaza Mayor, el sitio de la iglesia, y se procedió a hacerse el reparto de solares, tierras e indios, entre los 40 españoles que decidieron instalarse como vecinos.

    Bajo el pretexto de «los enseñaran y doctrinarán en las cosas de nuestra santa fe católica», se entregó a los españoles una cantidad de indios para su uso en trabajo e impuestos. Pizarro favoreció a sus amigos en el reparto de solares, tierras y nativos. Ello disminuyó la ya frágil cohesión española, aumentó las diferencias y ahondó los resentimientos entre ellos.

    Por ese tiempo llegó la noticia de que Pedro de Alvarado, el conquistador que actuó en México y Guatemala, se hallaba proyectando un expedición al Perú, reuniendo barcos y gente, con el evidente propósito de arrebatarle a Pizarro y a sus hombres la conquista del imperio incaico. Esa fue una de las razones que impulsó a Pizarro la fundación del Cuzco, a fin de que Alvarado no arguyera que la tierra carecía de dueño y que podía reclamar derechos sobre ella. Pizarro envió también a Diego de Almagro a que bajara a la costa y la tomara en posesión del rey de España. Luego, como ya vimos, envió a Hernando de Soto con una partida de jinetes e indios aliados en persecución de Quizquiz. Por su parte, Pizarro se alistó para regresar a Jauja, donde dejara una guarnición al mando de Alonso de Riquelme; se proponía fundar allí una ciudad destinada a ser la capital de su gobernación.[244]

    Fundación española de Jauja

    Preocupado por la situación de Jauja, Francisco Pizarro, en compañía de Manco Inca y de su ejército, salió del Cuzco con dirección al norte, en busca de Quizquiz. En el trayecto encontró las señales de guerra que dejaron los atahualpistas en su retirada: puentes quemados, campos de cultivo arrasados, tambos saqueados. En Vilcas, se enteró de que Quízquiz y su ejército se hallaban en retirada hacia el norte, tras haber sido rechazados por los españoles de Jauja y sus aliados huancas. Pero junto con esta noticia alentadora, llegó otra preocupante: un hijo de Atahualpa bajaba desde Quito con un gran ejército de indios caníbales, dispuesto a vengar la muerte de su padre. Pizarro le pidió entonces a Manco Inca que avisara a los suyos el envío de un refuerzo de 2000 indios; luego continuó a Jauja, donde entró el 20 de abril de 1534. Allí le recibió alborozado Riquelme, quien le puso al tanto de los sucesos ocurridos.

    El 25 de abril de 1534, Pizarro fundó la nueva ciudad española de Jauja, con el propósito de convertirla en la capital de su gobernación. Se realizó el reparto de solares y demás actos protocolares de la ocasión. En este ínterin llegaron los refuerzos del Cuzco, consistente en otros 2000 indígenas, que se sumaron a los españoles.

    Batalla de Maracaylla

    Hernando de Soto y Paullu Inca, al frente de 20 españoles de a caballo y 3000 guerreros incas, fueron en búsqueda de Quizquiz, alcanzándolo en Maracaylla, en donde se produjo el enfrentamiento (posiblemente a fines de mayo de 1534). Villanueva, dice que el enfrentamiento fue duro, aunque no de «cuerpo a cuerpo», ya que un ejército se encontraba en una orilla del río Mantaro y el otro, en la otra orilla; las armas que más se usaron en esta batalla, fueron la ballesta, flechas y «arcos como de piedra». Los españoles, decidieron cruzar el río, mientras las tropas atahualpistas iniciaron la retirada del lugar, siendo perseguidas por las tropas de Paullu Inca «hasta hacerlas ocultar en un monte». Como no salían de él, las tropas de Paullu Inca, las atacaron en ese monte, muriendo varios curacas comarcanos y miles de las tropas de Quizquiz, que se retiraron, siendo perseguidos por Paullu Inca, «tres leguas». Maracaylla significó la derrota definitiva de Quizquiz.

    El ejército atahualpista se retiró a Tarma. Allí, el curaca lugareño le impidió la entrada al pueblo, presentándole batalla. Quizquiz continuó entonces su retirada hacia Quito.

    Campañas en Quito y expedición de Pedro de Alvarado

    Por su parte, Diego de Almagro recorría la costa. Cerca de la antigua ciudad chimú de Chan Chan realizó la primera fundación de la ciudad de Trujillo.

    Siguiendo más al norte, Almagro llegó a San Miguel de Tangarará (Piura), donde se enteró de que el capitán Sebastián de Belalcázar (que había quedado allí al frente de la guarnición española), había partido rumbo a Quito, al frente de 200 hombres, atraído por las inmensas riquezas que, según se decía, poseía esa región.

    Belalcázar emprendió así, por su cuenta la conquista de Quito, donde se hallaba en pie de guerra el general atahualpista Rumiñahui, que había levantado un numeroso y aguerrido ejército de quiteños. Los cañaris, que hasta entonces formaban parte de la confederación quiteña, se aliaron con los españoles, y juntos marcharon contra Rumiñahui. Se libró la sangrienta batalla de Tiocajas o Teocaxas. En ella se revelaron los cañaris como excelentes guerreros, convirtiéndose así en valiosos auxiliares de los españoles. Las tropas hispano-cañaris lograron romper el cerco de los quiteños y maniobrando con la caballería, atacaron al enemigo por la retaguardia, derrotándole. Rumiñahui se fortificó en Riobamba, donde los españoles y cañaris le atacaron; aunque estos en un primer momento fueron rechazados, luego contraatacaron dando un rodeo y capturaron la ciudad. Otra victoria española se produjo en Pancallo, cerca de Ambato.

    Es muy célebre un episodio de esta guerra, que cuenta que, estando Rumiñahui a punto de ganar a las tropas españolas y cañaris, erupcionó el volcán Tungurahua (julio de 1534), lo que causó que parte de su ejército, temiendo la ira divina, se desmoralizara y se retirara, pudiendo así los españoles contraatacar y hacerse del triunfo.

    Los quiteños se retiraron más hacia el norte. Rumiñahui, viendo que era imposible defender la ciudad de Quito, la abandonó, llevándose sus riquezas y matando a las acllas o vírgenes del sol, para evitar que cayeran en poder de los hispanos. Belalcázar ingresó a Quito, encontrándola incendiada.

    Rumiñahui, con los últimos restos de sus diezmadas tropas, puso todavía alguna resistencia en Yurbo, hasta que se adentró en la selva y no se supo de él por algún tiempo.

    Tras la retirada de Rumiñahui, Almagro y Benalcázar se encontraron cerca de Riobamba, donde fundaron, en las llanuras de Cicalpa, cerca de la laguna de Colta, la ciudad de Santiago de Quito (antecedente de la actual Quito), el 15 de agosto de 1534.[251] Pero antes de consolidar la conquista, los dos capitanes españoles se pusieron de acuerdo para enfrentar otro peligro que se cernía: la presencia del adelantado Pedro de Alvarado, que pretendía arrebatarles sus conquistas.

    Efectivamente, una expedición de cuatro navíos, procedente de Guatemala y al mando Pedro de Alvarado, había arribado a las costas del actual Ecuador, desembarcando en Puerto Viejo, más precisamente en la Bahía de Caráquez, el 10 de febrero de 1534.[252] En total eran 500 soldados españoles, de los cuales 150 eran de a caballo, así como 2000 indios centroamericanos y considerable número de negros. Enrumbaron hacia Quito, a través de una región tropical poblada de pantanos y maleza. Fue una de las más desgraciadas expediciones de la conquista española. El hambre y el frío causaron grandes estragos. Murieron 85 españoles y 6 mujeres castellanas; así como un crecido número de indios auxiliares y negros esclavos, aunque nadie se preocupó en llevar la cuenta exacta. La marcha por la cordillera fue igualmente penosa, en medio de la nieve que cegaba la vista y en el preciso momento en que erupcionaba el volcán Cotopaxi. Pero Alvarado insistió en su empeño de llegar a Quito y no torció de rumbo.

    Preocupado Francisco Pizarro por la presencia de Pedro de Alvarado en el Perú, instruyó a Diego de Almagro para que celebrase negociaciones con él. Almagro dejó a Sebastián de Benalcázar como gobernador en Quito y fue al encuentro de Pedro de Alvarado. En el trayecto, trabó un encuentro con los indios rebeldes, a quienes derrotó en la batalla de Liriabamba.

    El encuentro entre Almagro y Alvarado se produjo en Riobamba.[254] En un principio se temió un enfrentamiento bélico entre ambos, a tal punto que el intérprete de Almagro, el célebre Felipillo, viendo que las fuerzas de Alvarado eran más numerosas, se pasó al campamento de este y le ofreció su apoyo, llevando consigo a algunos curacas o caciques indios. Pero ambos capitanes españoles optaron por celebrar conversaciones para solucionar el problema de manera pacífica. Alvarado sostenía que la ciudad del Cuzco no estaba incluida dentro de los límites de la gobernación de Pizarro, por lo que cualquiera podía ir a marchar a conquistar esa ciudad y los territorios situados más al sur. Alvarado se equivocaba, pero se dice que Almagro, al principio, quiso negociar con él una alianza para ir a conquistar juntos las regiones situadas al sur del Cuzco. Pero luego de tres días de conversaciones, Almagro notó que los títulos de Alvarado no estaban del todo claros, por lo que optó por defender la causa de Pizarro. Almagro aprovechó también la ocasión para ganarse a los soldados de Alvarado, quienes se pasaron a su bando. Pedro de Alvarado, viendo que tenía las de perder, optó por transar con Almagro: decidió retornar a Guatemala, dejando en el Perú a su tropa, buques y todo el parque, a cambio una crecida suma de dinero: 100.000 pesos de oro.[255] Esa compensación significaba el doble del oro que recibió Francisco Pizarro en la repartición de Cajamarca. Por solo llegar hasta el Perú, Alvarado recibió más oro que la que obtuvo por todas sus conquistas de Mesoamérica.[137] El acuerdo se firmó el 26 de agosto de 1534.

    Posteriormente, a principios de 1535, Alvarado se entrevistó con Pizarro en Pachacámac, y recibió su pago en oro. Hubo festejos por este acontecimiento.[257] Se dice que Pizarro, no tan conforme con el abultado precio acordado, adulteró el oro con cobre.[258] De todos modos, para Pizarro y Almagro, fue un gran negocio haber adquirido las tropas, los navíos y los pertrechos traídos por Pedro de Alvarado, pues con ellos podían consolidar la conquista.

    Poco después de la firma del pacto con Alvarado, Almagro fundó la villa de San Francisco de Quito, el 28 de agosto de 1534. Esta fundación se realizó en la llanura de Cicalpa, en el mismo sitio donde poco antes fundara la ciudad de Santiago de Quito. Sentó el acta respectiva el escribano Gonzalo Díaz. Se nombró a los funcionarios del cabildo y se designó a Sebastián de Benalcázar como teniente de gobernador. Sin embargo, se trataba solo de disposiciones nominales, ya que la conquista aún no se había definido.[259]

    Benalcázar se quedó en Quito, mientras que Diego de Almagro y Pedro de Alvarado, iniciaron su marcha hacia el sur, rumbo al Perú, al encuentro de Pizarro.[260]

    Benalcázar se encargó de asentar la conquista española de Quito, lo que le llevó algunos meses. Finalmente, el 6 de diciembre de 1534, ingresaba, por segunda vez, en el centro de la ciudad incaica de Quitu, fundando, sobre los escombros que dejara Rumiñahui, la villa de San Francisco de Quito, actual ciudad de Quito.[261]

    Campaña en el norte y muerte de Quizquiz

    Mientras que Almagro y Alvarado avanzaban al sur, Quizquiz, que había escapado de la persecución de Hernando de Soto y Manco Inca, reorganizaba sus fuerzas y marchaba hacia la región de Quito. Planeaba recuperar esta ciudad. Actuando con habilidad, el general atahualpista logró separar a las fuerzas de Almagro y Alvarado, y se abalanzó sobre este último. Pero Alvarado, hábil militar fogueado en la conquista de México, pasó a la ofensiva y capturó al general Socta Urco, jefe de la vanguardia de Quizquiz.

    Envalentonado, Alvarado prosiguió su avance hacia el sur, sin esperar a Almagro, que se había quedado rezagado. En una pelea que entabló con Quizquiz perdió a 14 españoles. Por su parte, Almagro enfrentaba a un lugarteniente atahualpista, Huayna Palcón (un noble de sangre inca), sin lograr desalojarlo de las posiciones que ocupaba.

    En otro ocasión, Quizquiz atacó a los españoles cuando subían por una cuesta luego de cruzar un río, logrando matar a 53 de ellos y a un buen número de caballos. Fue la primera batalla en la que murieron un número crecido de españoles, si se compara con el número total de la hueste hispana. Sin embargo, unos 4.000 hombres atahualpistas desertaron y se pasaron al bando español (posiblemente eran los cargadores, reclutados a la fuerza). A partir de entonces, Quizquiz sufrió grandes derrotas, hasta que finalmente, los últimos restos de sus tropas fueron deshechas por Benalcázar en la segunda batalla de Riobamba.

    Quizquiz, junto con Huayna Palcón, se replegó hacia la selva para planear la estrategia a seguir en la lucha contra los invasores hispanos. Quizquiz quería desarrollar una lucha de guerrillas hasta rehacer sus fuerzas, a lo que Huayna Palcón se opuso. Este, al parecer, deseaba un entendimiento con los españoles. En medio de la acalorada discusión que se desató, Huayna Palcón cogió una lanza y atravesó el pecho de Quizquiz, matándolo.

    Así terminó la vida el indómito general de Atahualpa que en todo momento se mantuvo fiel a su señor. Se sabe que, al igual que Chalcuchímac, era cuzqueño, de origen plebeyo, y que por sus hazañas militares mereció su ascenso a la nobleza de privilegio. Su nombre quechua significa “langosta” y dícese que lo adoptó pues al igual que el sonido de las langostas atemorizaba a sus enemigos. Cabe señalar que del famoso trío de generales atahualpistas –Rumiñahui, Quisquis y Chalcuchímac–, solo el primero era quiteño; sin embargo, hay que destacar que todos ellos condujeron tropas quiteñas en apoyo de Atahualpa, enfrentando al bando cusqueño u huascarista, durante la guerra civil incaica.

    Fin de Rumiñahui y conquista de Quito

    Rumiñahui intentó reorganizar la resistencia indígena y recuperar Quito, pero fracasó ante la poderosa alianza forjada entre españoles e indios. Si bien los españoles eran solo unos cientos, sus aliados indígenas eran miles; estos últimos fueron sin duda los que inclinaron la balanza a favor de los invasores europeos. No solo eran los cañaris los que apoyaban a los españoles, sino también los cuzqueños, traídos por Almagro, que clamaban venganza contra los quiteños por las masacres que estos habían cometido en el Cuzco durante la guerra civil incaica. Los cuzqueños pensaban que los españoles les ayudaban a recuperar la comarca de Quito; pronto se darían cuenta de su error. El indómito Rumiñahui fue finalmente reducido y capturado junto con algunos de sus capitanes, siendo ejecutado en Quito, en junio de 1535.

    Con la muerte de Quizquiz y Rumiñahui, se cerró todo un ciclo de la conquista española del Tahuantinsuyo. En resumen, esta etapa se vio marcada por la resistencia que los atahualpistas, al mando de Quizquiz y Rumiñahui, dieron a los españoles, mientras que estos eran apoyados por los cusqueños o huascaristas, así como por diversas etnias del imperio incaico, como los cañaris y los huancas. En la siguiente etapa, sería un grupo de rebeldes incas propiamente dichos, es decir, pertenecientes a la etnia del Cuzco, quienes, al mando de Manco Inca, emprenderían un levantamiento armado que se convertiría en una cruzada por la reconquista, enfrentando a los españoles, los demás nobles incaicos y a sus aliados nativos de otras etnias.

    De la coexistencia a las rebeliones indígenas (1536–1540)

    Consolidación del dominio español

    Fundación de la Ciudad de los Reyes (Lima)

    Con la entrada de los españoles en la ciudad del Cuzco en noviembre de 1533, concluyó la conquista militar del Tahuantinsuyo llevada a cabo por Francisco Pizarro, y dio comienzo el desarrollo del asentamiento español en el área dominada hasta ese momento por el Imperio inca. La Corona española nombró a Pizarro gobernador de las tierras que había conquistado,[264] éste emprendió la búsqueda de un lugar adecuado para establecer su capital.

    Su primera elección fue la ciudad de Jauja, sin embargo, esta ubicación fue considerada inconveniente por su altitud y su lejanía del mar al estar situada en medio de los Andes.[265] Exploradores españoles dieron cuenta de un mejor lugar en el valle del Rímac, cerca del océano Pacífico, con abundantes provisiones de agua y madera, extensos campos de cultivo y un buen clima. Se trataba del pueblo de Rimac (pronunciado por los yungas como Limac), habitado aproximadamente por 20.000 habitantes[266] y ubicado en territorios del curaca de Rímac, Taulichusco.

    En la que sería la Plaza Mayor de Lima, Pizarro, como era costumbre entre los conquistadores españoles, fundó su nueva capital sobre una ciudad ya existente, el 18 de enero de 1535 con el nombre de "Ciudad de los Reyes", denominada de esta forma en honor a la epifanía.[267] Con todo, al igual que había sucedido con la región, en un principio llamada Nueva Castilla y después Perú, la Ciudad de los Reyes perdió pronto su nombre en favor de "Lima".[268] Pizarro, con la colaboración de Nicolás de RiberaDiego de Agüero y Francisco Quintero trazaron personalmente la Plaza de Armas y el resto de la cuadrícula de la ciudad, construyendo el Palacio Virreinal (hoy día transformado en el Palacio de Gobierno del Perú, que de ahí conserva el nombre tradicional de "Casa de Pizarro") y la Catedral, cuya primera piedra puso Pizarro con sus propias manos.

    En agosto de 1536, la floreciente ciudad fue sitiada por las tropas de Manco Inca, pero los españoles y sus aliados indígenas consiguieron derrotarlas.[270] En los siguientes años Lima ganó prestigio al ser designada capital del Virreinato del Perú y sede de una Real Audiencia en 1543.

    Expedición de Almagro al Collasuyo

    Reforzada el dominio español por el norte del Tahuantinsuyo, Almagro inició los preparativos de su expedición al Collasuyo con buenos auspicios. Le llegaron noticias de los incas de que la región al sur del Cuzco estaba poblada de oro, por lo que juntó fácilmente 500 españoles para la expedición, muchos de los cuales no lo habían acompañado al Perú. Iban también en la expedición unos 100 esclavos negros y unos 1500 yanaconas para el transporte de las armas, ropas y víveres.

    Las noticias que les llegaban del valle de Chile eran absolutamente falsas, pues los incas planeaban una rebelión contra sus dominadores y deseaban que aquel grupo tan numeroso de españoles se alejara del Perú, sabiendo que al sur solo encontrarían indígenas hostiles. Para convencerlos, Almagro le pidió a Manco Inca que les preparara el camino junto a tres soldados españoles, el Inca les entregó a Vila Oma (sumo sacerdote inca) y a su hermano Paullu Inca como guías.

    Almagro encomendó a Juan de Saavedra que se adelantase con una columna de 100 soldados para que, a la distancia de unas 130 leguas, fundase un pueblo y lo esperase con los alimentos e indios de relevo que pudiera reunir en aquellas comarcas.

    Terminada los preparativos, el conquistador español salió del Cuzco el 3 de julio de 1535 con 50 hombres y se detuvo en Moina (a 5 leguas al oeste del Cuzco) hasta el 20 de ese mes, detenido por el inesperado arresto de Manco Inca por Juan Pizarro, acción que le dio problemas. En el Cuzco Almagro dejó a Rodrigo Orgóñez reclutando soldados para unirse a la expedición, cumpliendo Juan de Rada la misma comisión en la Ciudad de los Reyes.

    Dejada atrás Moina, Almagro se encaminó por el Qhapaq Ñan recorriendo el área occidental del lago Titicaca. Cruzó el río Desaguadero y se encontró con Saavedra en Paria (Bolivia) a principios de agosto, quien había reunido a sus fuerzas a 50 españoles más, que pertenecían al grupo del capitán Gabriel de Rojas, y que decidieron abandonar a su jefe y dirigirse a Chile.

    En Tupiza, Paullu Inca y Vila Oma habían recolectado oro de los tributos de la región. Los tres españoles que los acompañaban, mientras esperaban a Almagro, se habían dedicado al pillaje y continuaron el viaje sin esperarlo. Una caravana que supuestamente provenía de Chile con 90 000 pesos de oro fino de los tributos al Inca fue entregada a Almagro. En dicha ciudad, el conquistador se informó de los dos caminos posibles para llegar a Chile, desechando el del inhóspito desierto de Atacama.

    Antes de que Almagro llegara a Tupiza, Vila Oma se escapó de la expedición con todos los porteadores y volvió al norte con planes de aprovechar la división de las fuerzas españolas. Pero Almagro y sus hombres siguieron adelante, ya que aún contaban con Paullu Inca como aliado.

    En el otoño austral de 1536 llegaron al pie de la cordillera de los Andes, Almagro inició la transmontada con aproximadamente 2.500 hombres entre españoles, yanaconas y esclavos negros. En su avance por la cordillera, los expedicionarios sufrieron muchas penalidades, ya que caminaban agotados por el frío y el congelamiento de sus manos y pies, y además las penurias aumentaron al internarse por ese paisaje helado, inhóspito y silencioso, llegando incluso a detener el avance por falta de ánimos.

    Después de cruzar la cordillera llegaron al valle de Copiapó y continuaron hacia el sur. En el valle de Aconcagua los indígenas fueron amistosos, gracias a la influencia que Gonzalo Calvo de Barrientos tenía sobre el cacique. Calvo era un español que se había establecido entre los indígenas luego de que en el Perú le cortaran las orejas como castigo por robo. Instalaron allí su campamento base y en el invierno de 1536, Gómez de Alvarado, con cerca de 90 hombres, avanzó por el valle central hasta el río Itata, donde se enfrentaron por primera vez con los mapuches en la batalla que después se conoció como Reinohuelén.

    La ausencia de oro y ciudades indígenas, pero principalmente la noticia de que los representantes de la capitulación para resolver la jurisdicción sobre el Cuzco, habían llegado de España, decidieron a Almagro regresar a Copiapó. Allí, dos de sus capitanes que habían salido más tarde del Cuzco, le informaron que los españoles se encontraban sitiados en esa ciudad por un levantamiento por parte de Manco Inca. Tal situación reafirmó su intención de regresar al Cuzco, ayudar a los españoles, y después reclamar la ciudad de Cuzco para su gobernación. Una vez en Perú, el conflicto entre Almagro y Pizarro se agudizó convirtiéndose en una cruenta guerra civil.

    Rebelión de Manco Inca (1536–1539)

    Sublevación contra el régimen español

    Finalizada la guerra contra los que acabaron con su panaca, se esperaría que existiese una armonía entre Manco Inca y los españoles, sin embargo la realidad fue diferente. Pronto el nuevo monarca se dio cuenta del craso error de confiar en los peninsulares por la serie de razones siguientes:

    1. Estando en el palacio de sus antepasados, no podía reinar.
    2. No podía recibir a sus súbditos sin ser vigilado.
    3. No podía circular por el Cuzco con libertad.
    4. Veía múltiples abusos que cometían los españoles contra las mujeres de la nobleza, pueblo y vírgenes del sol.
    5. Se burlaban de él con bromas muy pesadas.
    6. Era, desde el principio, un rehén de los conquistadores, llegando a ser en dos ocasiones un vilipendiado prisionero.

    Por estas y otras razones planeó sacudirse de la influencia española. No obstante, sus planes fueron descubiertos y fue hecho prisionero a mediados del año 1535.

    Mientras seguía prisionero Manco Inca, llegó a la capital imperial el conquistador Hernando Pizarro, incipiente teniente de gobernador general del Cuzco, quien prontamente lo puso en libertad en febrero de 1536, aunque sin que pudiera salir de la ciudad de Cuzco.

    El monarca escondió su ira y se mostró resignado ante el español, al cual en señal de agradecimiento le regaló una vajilla, estatuas, vigas del Coricancha y aríbalos, todos hechos enteramente de oro. Notando el aumento de la ambición de Hernando le ofreció traerle la estatua del Inca Huayna Cápac «toda de oro, incluso las tripas».[272] El comandante español mordió el anzuelo y dejó salir al Inca y a Vila Oma (mismo que se había escapado de la expedición de Almagro) de la ciudad, el 18 de abril de 1536, haciéndoles prometer su retorno.[272] Sin embargo, la verdadera intención de Manco era reunir a sus generales y capitanes en Calca para rebelarse contra los españoles.

    Hernando Pizarro, tras darse cuenta de su error, encabezó una expedición contra el ejército inca, que se había reunido en el cercano valle de Yucay. Este ataque fue un fracaso debido a que los españoles subestimaron gravemente el tamaño del ejército de Manco Inca. Éste, sin embargo, no atacó Cusco directamente sino que esperó hasta que reunió a todo su ejército, de entre 100.000 y 200.000 soldados con los que el 3 de mayo de 1536, de acuerdo con la cronología establecida por el historiador José Antonio del Busto,[273] inició el cerco del Cusco contra las tropas españolas compuestas por 190 españoles (80 de ellos a caballo) y algunos miles de auxiliares indios.[274]

    Asedio del Cuzco

    Manco Inca dividió su ejército en cuatro cuerpos: las tropas del Chinchaysuyo eran conducidas por los generales Coyllas, Osca, Curi Atao y Taype; las del Collasuyo, las más numerosas, eran conducidas por el general Lliclli; las del Contisuyo, por los generales Sarandaman, Huaman Quilcana y Curi Huallpa; y las del Antisuyo, mayormente flecheros y cerbataneros, por los generales Rampa Yupanqui y Anta Allca.

    El ejército inca lanzó un ataque a gran escala contra la plaza principal de la ciudad, conquistando gran parte de esta. Los 190 conquistadores comandados por HernandoJuan y Gonzalo Pizarro, junto con esclavos negros, nicaraguas, guatemalas, chachapoyascañaris, huascaristas y miles de indios auxiliares a su servicio, se hicieron fuertes en dos grandes edificios cercanos a la plaza central, desde donde consiguieron rechazar los ataques incas y lanzaron frecuentes contraataques.[275]

    La estrategia inicial de los españoles fue resistir el ataque perpetrado en los edificios. Ello generó burlas por parte del ejército de Manco Inca, quienes desde sus posiciones avanzaron sobre la ciudad, logrando incendiar los tejados de las casas. Los españoles, presas del pánico, creyeron ver al Apóstol Santiago el Mayor luchando contra los incas y a la Virgen María apagando los incendios.

    Nuevamente la situación de los conquistadores se logró empeorar, cuando las tropas de Manco Inca tomaron Sacsayhuamán, lugar estratégico para dominar el Cuzco. Una vez roto el cerco, impetuosamente se dirige el ataque español a la fortaleza, chocando varias veces con las enormes murallas del complejo.

    Batalla de Sacsayhuamán

    Tras varios días de lucha, las tropas incas conquistaron la fortaleza de Sacsayhuamán desde la que se dominaba la ciudad, lo que ponía en graves dificultades a los defensores españoles.

    Como respuesta, cincuenta soldados a caballo al mando de Juan Pizarro, acompañados por auxiliares indios, fingieron una retirada y salieron del Cusco, rodearon la ciudad y atacaron Sacsayhuamán desde el exterior de la ciudad. Durante el ataque, Juan Pizarro fue alcanzado por una piedra en la cabeza y murió varios días después debido a sus heridas. Muchos españoles cayeron de la misma forma y tuvieron que ser retirados de la lucha en dirección a la ciudad.

    Al día siguiente, las fuerzas españolas y sus aliados indígenas rechazaron varios contraataques incas e intentaron un nuevo asalto nocturno con escalas. En este ataque consiguieron el control de las murallas de Sacsayhuamán y el ejército inca tuvo que refugiarse en dos torres del complejo. El comandante inca Paúcar Huaman decidió abandonar las torres con parte de sus soldados para dirigirse hacia Calca (donde se encontraba el cuartel de Manco Inca) y volver con refuerzos.[276] Con el número de defensores disminuido, los españoles consiguieron conquistar el resto de la fortaleza, y cuando Paúcar Huaman volvió con refuerzos, la encontró bajo firme control español.

    La lucha había sido tan intensa que comenzó a disminuir el número de flechas y piedras que llovían de la fortaleza. El agua, así mismo, empezó a escasear y el ánimo de los cusqueños comenzó a decaer. El sumo sacerdote Vila Oma dispuso que se abandone la lucha, pero muchos de sus capitanes decidieron permanecer en el lugar.

    Dado esto, los españoles apreciaron que un gran número de soldados enemigos se retiraban, por lo que presionaron con mayor continuidad hasta ganar las terrazas y llegar a los torreones de la fortaleza.

    En la defensa de una de las torres de Sacsayhuamán se destacó un "jefe orejón" (de la realeza incaica), llamado Cahuide por los españoles, quien, con una maza de puntas de cobre y armado de coraza y escudos españoles, causó estragos entre los españoles que escalaban la fortaleza. Al fin, estos atacaron con más número, aniquilando la poca resistencia que quedaba. Hernando Pizarro, admirado del valor del capitán incaico ordenó que lo capturaran vivo. Pero Cahuide cuando fue evidente que los españoles iban a conquistar la torre se lanzó al vacío envolviéndose en su manto, "se arrojó al vacío donde se hizo muchos pedazos".[277]

    Campañas de Quizu Yupanqui en la sierra central

    Iniciada la rebelión inca, Quizu Yupanqui fue nombrado capitán general (apuquispay) del ejército de la sierra central, por Manco Inca y Vila Oma (sumo sacerdote inca). Salió de Tambo para atacar Lima y acabar con la recién fundada ciudad española, de manera simultánea al sitio del Cusco.

    En su avance hacia Lima, derrotó a cuatro expediciones de españoles, que partiendo de Lima iban en auxilio de la guarnición sitiada en el Cusco:

    • La primera, que estaba al mando del capitán Gonzalo de Tapia, fue derrotada en Huaytará.
    • La segunda, que estaba al mando del capitán Diego Pizarro, fue derrotada en Parcos.
    • La tercera, al mando del capitán Alonso de Gaete, fue derrotada en Jauja.
    • La cuarta, al mando de Mogrovejo Quiñones, fue derrotada en el camino a Vilcashuamán en Angoyacu y Lunahuaná.

    Todos los expedicionarios españoles, incluyendo sus indios auxiliares, fueron exterminados por Quizu Yupanqui. Solo se salvaron dos soldados españoles, quienes en su huida a la costa se tropezaron con el capitán y alcalde de LimaFrancisco de Godoy, quien subía a la sierra al frente de una quinta expedición. Enterado de los hechos, Godoy ordenó el repliegue total de sus tropas a Lima (120 españoles y miles de aliados indígenas). En total, durante estas expediciones frustradas, los españoles perdieron casi 200 hombres y cuatro capitanes experimentados. Pizarro llegó a creer que los indios habían acabado con todos los españoles que se hallaban en el Cusco, entre ellos sus hermanos Hernando, Gonzalo y Juan.

    Cerco de Lima

    Con una fuerza aproximada de 40.000 hombres, Quizu Yupanqui inició la marcha hacia Lima. Iba acompañado de los capitanes Illa Túpac y Puyo Vilca. Algunas crónicas mencionan también los nombres de otros capitanes, como Páucar Huamán, Yanqui Yupanqui, Hualpa Roca, Apu Siloalla y Allín Songo Inca.

    Quizu Yupanqui descendió sobre la sierra de Huarochirí, por el pueblo de Mama y acampó en las faldas del actual cerro San Cristóbal, previamente capturado antes de entrar en Lima y destruida la cruz que allí se encontraba. En Lima los vecinos españoles se refugiaron en el puerto a la espera de que los barcos los recojan para Panamá mientras los defendía Francisco Pizarro y unos mil soldados españoles, quienes se prepararon para la lucha, contaban, además, con el valioso apoyo de miles de indios aliados.

    Una avanzada del ejército incaico trabó combate con un contingente español-indígena al mando de Pedro de Lerma, en el lecho seco del río Rímac. Los cuzqueños lograron matar un caballo y a un español, y a herir a varios españoles; sin embargo, la lucha más recia se trabó entre las fuerzas indígenas rivales. Luego de la lucha, ambas fuerzas se retiraron a sus posiciones.

    Según una Relación Anónima de 1539, Quizu Yupanqui, al sexto día de asedio, reunió a sus capitanes y les dijo:

    ”Yo quiero entrar hoy en el pueblo y matar todos los españoles que están en él, y tomaremos sus mujeres con quien nosotros nos casaremos y haremos generación fuerte para la guerra, los que fueren conmigo han de ir con esta condición, que si yo muriese mueran todos y si yo huyese huyan todos”.

    Tras estas palabras, el ejército inca, luciendo sus estandartes y sus indumentos de vistosa policromía, y al compás de sus pututos y tambores, inició el asalto de la ciudad de Lima, al grito de “¡A la mar barbudos!”.[282]

    Quizu Yupanqui, que iba adelante, cargado en andas, junto con un selecto número de sus capitanes, cruzó el río Rímac, pero cuando ya comenzaba a entrar por las calles de la ciudad, en la zona donde después se elevaría el barrio de Santa Ana, fue emboscado por la caballería española. Según fuentes españolas, Quizu, que combatía desde su litera, recibió un lanzazo en el pecho, que le privó de la vida; la autoría de esa hazaña se le atribuye a Pedro Martín de Sicilia. Los demás jefes incas que acompañaban a Quizu sufrieron la misma suerte.[283] En otras versiones se asegura que Quizu Yupanqui recibió un disparo de arcabuz que le destrozó una pierna, herida que le causó la muerte, cuando ya se hallaba retirado en la meseta de Bombón, cerca al lago Chinchaycocha, en la sierra central del Perú.[284]

    A pesar de ello, la lucha continuó por algún tiempo más, aunque con resultados desfavorables a los incas, pues no sólo tenían que enfrentar a la caballería, armas de fuego y ballestas españolas sino también a los miles de aliados indios de estos. Entre estos últimos se encontraban un ejército huayla de alrededor de un millón de soldados, enviados por Contarhuacho, curaca de Huaylas y madre de Quispe Sisa, concubina de Pizarro.

    Ante los resultados desfavorables del asalto a la ciudad, los capitanes Páucar Huamán e Illa Túpac, convencidos de la inutilidad de sus esfuerzos, decidieron levantar el cerco y replegarse por el valle del Chillón, obligando a Puyo Vilca hacerlo por el de Lurín.[287]Poco después llegó un ejército hispano-cañari comandado por Diego de Sandoval, encomendero de los cañaris, y el curaca Vilchumlay, cuya presencia habría contribuido a la retirada de Quizu Yupanqui.[288] Según el historiador José Antonio del Busto, influyó también en la retirada el hecho que Manco Inca no les enviara capitanes de relevo,[289] pues los soldados incas acostumbraban replegarse al perder a la mayoría de sus jefes.

    Para Juan José Vega, el fracaso del cerco de Lima se debió, fundamentalmente, a la deserción de los huancas y otras etnias, las cuales debían penetrar por el sur en apoyo de Quizu Yupanqui. Los huancas, en especial, se convirtieron en los más entusiastas aliados de los españoles. Otros historiadores, como María Emma MannarelliLuis Guillermo Lumbreras y María Rostworowski han destacado que la intervención de los huaylas enviados por Contarhuacho constituyó un factor determinante en el desenlace del sitio de Lima[290] y ha sido vinculada con la inesperada retirada de las tropas de Manco Inca.[286] Los mismos españoles reconocieron que, de haberse puesto en práctica el plan completo de Quizu, no habría sobrevivido ningún español en Lima.

    Batalla de Ollantaytambo

    Con la conquista española de Sacsayhuamán, la presión sobre la guarnición de Cusco se aligeró, y la lucha se convirtió en una secuencia de escaramuzas diarias, interrumpidas solo por la tradición religiosa inca de suspender la lucha durante la Luna nueva.[291]

    Alentado por el éxito, Hernando Pizarro lideró un ataque contra el cuartel general de Manco Inca, que se encontraba en ese momento en Ollantaytambo, más alejado de Cusco. Los españoles enviaron un contingente de 100 soldados españoles y unos 30 000 aliados indígenas a atacar a Manco Inca.[292]

    Contra los españoles, Manco Inca tenía más de 30 000 soldados reunidos en Ollantaytambo, entre ellos había una gran cantidad de reclutas provenientes de tribus de la selva amazónica.[293] El ejército de Manco Inca era una milicia compuesta en su mayoría de agricultores conscriptos con solo una buena capacitación militar como mayor ventaja en el conflicto.[294] Esta era la práctica habitual en el Imperio Inca, donde el servicio militar formaba parte del deber de todos los hombres casados entre la edad de 25 y 50 años.[295] En combate, estos soldados eran organizados por grupo étnico y conducidos a la batalla por sus propios líderes étnicos, llamados curacas.[296]

    Al llegar a la fortaleza, Hernando Pizarro decide mandar una expedición de flanqueo al mando de un capitán. Luego, momentos después, se dirige al pie de la misma, con intención de capturar al monarca inca topándose con una situación completamente inesperada....

    "...Llegado pues Hernando al amanecer sobre Tambo halló las cosas muy diferentes de lo que esperaba porque había puestas muchas centinelas en el campo y por los muros, y muchos cuerpos de guardia tocando al arma con gran gritería como los indios suelen... era cosa notable ver salir algunos ferozmente con espadas castellanas, rodelas y morriones, y tal indio hubo que armado de esta manera se atrevió a embestir con un caballo... aparecía el Inca a caballo entre su gente con su lanza en la mano, teniendo al ejercito recogido y arrimado al lugar que estaba muy bien fortificado de muralla y de un río, con buenas trincheras y fuertes terraplenes, a trechos y en buen orden."
    crónicas de Antonio de Herrera. Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano . Madrid (1601 – 1615).

    Oportunamente informado Manco Inca descubrió el plan de Hernando y mandó que se sacara al río de su lecho, con fin de inundar la tierra de tal forma que los españoles no pudieran usar bien su caballería. Se desata el combate con una carga frontal coordinada entre caballería española e infantería indígena por oleadas hacia los andenes del lugar, siendo repelido por una enorme cantidad de piedras y flechas con una puntería mortal.

    La batalla se tornaba más sangrienta y la lucha era heroica en ambos bandos. Si bien es cierto los españoles podían resistir mejor los ataques de los rivales, los aliados indígenas se hallaban en igualdad de armamento con los soldados cusqueños por lo que la cantidad de bajas entre ellos era enorme, además las armas y caballos capturados a los españoles muertos en los enfrentamientos anteriores eran ahora hábilmente utilizados por los guerreros incas, más aún estos sustrajeron prácticas hispanas de combate como los perros y las aplicaban a su modo presentándose en esa fase del combate un escuadrón de pumas amaestrados que causaron gran mortandad entre los atacantes y sus aliados. 

    Mientras más dura se tornaba la lucha, Hernando Pizarro recibió noticias de que la tropa que había enviado para flanqueo resultó vencida por los soldados incas. Para empeorar la situación, un grupo de soldados había pasado inadvertido y los atacó desde un flanco. Hernando había ido a atrapar al inca en su propia base, pero ahora los papeles habían cambiado. Era Manco el que quería capturar vivo al capitán español. La victoria cuzqueña empezaba a tomar forma y el comando español dispuso una retirada pronta antes del anochecer.

    El plan de Hernando era sacar a su ejército en orden, pero las medidas tomadas por el comando cuzqueño hicieron que los españoles cayeran en la desesperación, por lo que la retirada se transformó en fuga, los españoles huyeron precipitadamente del campo de batalla, olvidando a sus aliados indígenas en el camino, quienes fueron siendo eliminados por los soldados cuzqueños que los perseguían.

    La persecución fue feroz, otro pariente del conquistador Francisco Pizarro, su primo Pedro Pizarro al perder su montura estuvo a punto de ser víctima de los guerreros incas...

    "...acudieron tantos indios sobre Pizarro y su caballo que se le soltó, y a él le cercaron defendiéndose valerosamente con su espada y su adarga, acudieron a socorrerle dos de a caballo, que tomandole en medio aunque trabajosamente le sacaron de la furia y porque para salir de entre ellos era necesario correr, hallandose Pedro Pizarro muy cansado se ahogaba y rogó a los compañeros que le aguardasen porque más quería morir peleando que huyendo ahogado ... ."
    crónicas de Antonio de Herrera. Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano . Madrid (1601 – 1615).

    La victoria había sido tan contundente que, al día siguiente, un grupo de cuzqueños que había ido a perseguir a los rivales que huían, encontraron el campamento español completamente abandonado. Dice la crónica de Titu Cusi Yupanqui que los cuzqueños rieron ruidosamente porque los españoles habían huido de miedo.

    Estado neo-inca de Vilcabamba (1539–1572)

    Retirada hacia Vilcabamba e instalación del Estado inca

    Con la llegada de las tropas de Almagro desde Chile, Manco Inca se retiró a Ollantaytambo para pasar de allí hacia Vilcabamba. Desde allí, e invitado por los antis, marchó hacia Chachapoyas, derrotando en Ongoy a un ejército español que intentó sorprenderlo, obteniendo una aplastante victoria en la que solo se salvaron dos cristianos. Sin embargo tuvo que distraer sus victoriosas fuerzas en sostener un nuevo frente, el de los huancas.

    El Sapa Inca mandó a someterlos y castigarles por haberse aliado a los españoles, para lo cual mandó expediciones de castigo que acabaron vencidas por la coalición huancas-hispana. Enfurecido el Inca, marchó el mismo saliendo de Sapallanga matando a todos los que encontró en reñidos combates en el camino. Llegó a Jauja, la Grande, donde se produjo un gran combate en el que tropas españolas participaron de lado de los huancas. Tras dos días de combate, el Inca vence al ejército enemigo matando 50 españoles y miles de aliados huancas. Tras estas acciones de castigo en el valle del Mantaro, Manco Inca regresa al sur donde manda sacar al ídolo huanca, llamado Varihuillca, y echarlo al río Mantaro, cumpliendo de esta forma su venganza.

    Después de terminada la campaña huanca, el Inca pasa a Pillcosuni, donde en Yeñupay derrota y pone en fuga a una expedición española. Después de producida la batalla de las Salinas el 6 de abril de 1538, Manco Inca regresa a Vilcabamba y Vitcos, desde donde pone espías y atalayas en los caminos que llevan a esa región, enterándose de que una gran expedición iba en su búsqueda al mando de Gonzalo Pizarro y con la compañía de sus traidores hermanos, Paullo, Inguill y Huaspar. Salió Manco a defender el paso y para mejor cumplir se encastilló en una fortalecilla de piedra junto a un río.

    La lucha fue tan tenaz como ardua, prolongándose durante 10 días. En la refriega caen presos del monarca Inguill y Huaspar, y pese a las súplicas de la coya Cora Ocllo, los decapitó diciendo: «más justo es que corte yo sus cabezas que no llevar ellos la mía».

    Se reanuda la lucha con furor y los españoles logran capturar la fortalecilla. Acosado por sus enemigos, Manco Inca hubo de echarse al río y atravesarlo a nado, ganando la otra orilla para gritar a sus burlados adversarios desde ella: «Yo soy Manco Inca, yo soy Manco Inca», para desconcertarlos y que lo dejasen de buscar, pero no pudo impedir que capturen a su esposa la Coya y al general Cusi Rimachi.

    Los vencedores partieron inmediatamente al Cusco y, estando descansando en Pampacona, algunos quisieron violar a la Coya pero ella se defendió cubriéndose con «cosas hediondas y de desprecio», por lo que el abuso no se consumó. Así llegaron al pueblo de Tambo, donde para vengarse de su marido entendieron más provechoso matar a la Coya, lo que hicieron los españoles ballesteros asaeteándola.

    Los españoles, como vieron que no se podían aprovechar dél, determinaron de bolverse al Cuzco y llevaron por delante a mi tia Cura Ocllo y a Cusirimache, hermano tanbien de mi padre, que consigo tenia y otras cosas, los quales llegaron con mi tia al pueblo de Panpaconac, a donde intentaron a querer forçar a mi tia y ella no queriendo se defendia fuertemente, en tanto que vino a ponerse en su cuerpo cosas hediondas y de disprescio, porque los que quisiesen llegar a ella hubiesen asco, y ansi se defendio muchas vezes en todo el camino hasta el pueblo de Tanbo, donde los españoles de muy enojados con ella, lo uno porque no quiso consentir a lo que ellos querían y lo otro porque hera hermana de mi padre, la asaletearon biva, sufriendo ella por la castidad, la qual dixo estas palabras quando la asaletearon: ¿En una muger bengais vuestros enojos? ¿Qué mas hiziera otra mujer como yo?, Dados priesa a acabarme porque se cunpla vuestro apetito en todo. Y ansi la acabaron de presto, teniendo con un paño tapados sus ojos ella mesma.[297]

    También sirvió la ocasión para encender varias hogueras y matar en ellas al valeroso Vila Oma y a los generales Tisoc, Taipi, Tangui, Huallpa, Urca Huaranga y Atoc Supi; días después estando ya en Yucay, los españoles quemaron a Ozcoc y Curi Atao, también caudillos de la rebelión incaica, en mayo de 1539.

    Gobierno y muerte de Manco Inca

    Vuelto el Inca a Vilcabamba, hizo hurtar del Cusco a su hijo Titu Cusi Yupanqui y a la madre de este, saliéndolos a recibir a Victos en 1541. Estando en Victos llegaron siete almagristas sobrevivientes de las Salinas, suplicando servir al Inca a perpetuidad si este protegía sus vidas. Aceptó Manco Inca a tomarlos como vasallos para aprender mejor los usos de la guerra entre los españoles, por lo que pronto se supo que ningún indio los debería tocar siendo establecidos como criados y amigos del Inca. Pronto los españoles alcanzaron una amistad con el monarca, enseñándole a este y a su corte a perfeccionar sus conocimientos sobre los caballos y adentrándolo también en los juegos de bolos y el herrón. Manco Inca utilizó a los esclavos para que se vayan a la guerra a luchar con otros.

    Alonso de Toroteniente gobernador general de Cuzco, ofreció en 1545 (algunos sostienen que fue en 1544) una oportunidad a los almagristas que habían traicionado a España. Les dijo que si mataban a Manco Inca les perdonarían, y ellos aceptaron; por lo que un día de los primeros meses de 1545, en Vilcabamba, los siete almagristas asesinaron a Manco Inca delante de su hijo,[298] Titu Cusi Yupanqui, quien fue más tarde cronista y narró la muerte de su padre:

    Estaban un día con mucho regocijo jugando al herrón (nota: juego antiguo con tejo de hierro, que tenía hueco en el centro, y que se trataba de meter en un clavo hincado en el suelo) solos mi padre y ellos y yo, que entonces era muchacho, sin pensar mi padre cosa ninguna ni haber dado crédito a una india de uno de ellos, llamada Bauba, que le había dicho muchos días antes que le querían matar aquellos españoles. Sin ninguna sospecha de esto ni de otra cosa se holgaba con ellos como antes; y en este juego como dicho tengo, yendo mi padre a levantar el herrón para haber de jugar, descargaron todos sobre él con puñales y cuchillos y algunas espadas; y mi padre como se sintió herido, con mucha rabia de la muerte, procuraba defenderse de una parte y de otra; mas como era solo y ellos siete, y mi padre no tenía arma ninguna, al fin lo derrocaron al suelo con muchas heridas y lo dejaron por muerto. Y unos andes, que a la sazón llegaron y el capitán Rimachi Yupangui, les pararon luego de tal suerte, que antes que pudiesen huir mucho trecho, a unos tomaron el camino mal de su grado, derrocándolos de sus caballos abajo, y trayéndolos por fuerza para sacrificarlos. A todos los cuales dieron muy crudas muertes.

    Los españoles salieron por la puerta celebrando la muerte del que fuera su protector y amigo, más los descubrió el capitán Rimachi Yupanqui, quien con algunos antis les cortó la retirada derribándolos de sus cabalgaduras y arrastrándolos hasta el poblado, donde enterados de lo sucedido, dieron cruel muerte a aquellos, quemando a los más culpados. Las cabezas de los siete españoles que asesinaron a Manco Inca fueron exhibidas en las plazas y calles de Vitcos y Vilcabamba.[299]

    Manco Inca sobrevivió unos cuantos días en agonía y entre las últimas conversaciones que tuvo con su hijo se encuentra este mensaje:

    No te dejes engañar con sus melosas palabras, son todas mentiras, si tú les crees te engañarán como lo hicieron conmigo.[298]

    Le sucedió su segundo hijo, Sayri Túpac, quien renunció y dejó el trono a su hermano mayor (hijo mayor de Manco Inca) llamado Titu Cusi Yupanqui y cuando este murió le dejó el trono a su hermano llamado Túpac Amaru. Los cuatro Incas de Vilcabamba fueron de la familia de Manco Inca, descendientes de la panaca de Huayna Cápac.

    Primeros años coloniales (1542–1572)

    Consolidación del dominio español

    Creación del Virreinato del Perú

    Al mismo tiempo que se producía la caída del Tahuantinsuyo, se desató un conflicto entre los conquistadores. Para concluirla, el 20 de noviembre de 1542, el rey Carlos I de España firmó en Barcelona por Real Cédula las llamadas Leyes Nuevas, un conjunto legislativo para las Indias entre las cuales dispuso la creación del Virreinato del Perú en reemplazo de las antiguas gobernaciones de Nueva Castilla y Nueva Toledo, al tiempo que la sede de la Real Audiencia de Panamá fue trasladada a la Ciudad de los Reyes o Lima, capital del nuevo virreinato.

    y te ordenamos y mandamos que en las provincias o reinos del Perú resida un virrey y una audiencia real de cuatro oidores letrados y el dicho virrey presida en la dicha audiencia la cual residirá en la ciudad de los reyes por ser en la parte mas convenible porque de aquí adelante no ha de haber audiencia en panamá.
    Leyes Nuevas

    El flamante virreinato comprendió en un inicio y durante casi trescientos años gran parte de Sudamérica y el istmo de Panamá, bajo diversas formas de control o supervigilancia de sus autoridades. Abarcaba una inmensa superficie que correspondía a los actuales territorios que forman parte de las repúblicas de ArgentinaUruguayParaguayBoliviaColombiaChileEcuadorPanamáPerú y toda la región oeste, sureste y sur del Brasil. Quedaban exceptuadas Venezuela, bajo jurisdicción del Virreinato de Nueva España a través de la Real Audiencia de Santo Domingo, y Brasil, que integraba el Imperio portugués.

    Fue su primer virrey Blasco Núñez Vela, nombrado por real cédula del 1 de marzo de 1543. Sin embargo, no pudo ejercer la autoridad real debido a los enfrentamientos entre los partidarios de Francisco Pizarro y Diego de Almagro por el dominio del Perú, y pereció asesinado por Gonzalo Pizarro. El asesinato de la primera autoridad del rey produjo mucha consternación en España; la Corona dispuso castigar severamente a quien había atentado contra el virrey, el representante del rey en territorios conquistados. Para ello, Carlos I envió a Pedro de la Gasca con el título de Pacificador para solucionar esta situación. Ya en el Perú, La Gasca, seguro de haber infundido la semilla de la traición entre los partidarios de Gonzalo Pizarro, se enfrentó al conquistador cerca del Cuzco, en 1548. Gonzalo Pizarro vio a sus capitanes pasarse al bando de la Gasca y la derrota para él resultó aplastante. Conducido a la ciudad del Cuzco, fue ejecutado por delito de alta traición al rey.

    Sucesión de los incas de Vilcabamba

     

    Tras la muerte de Manco Inca en 1544, sus hijos continuaron al frente del reducto de la resistencia incaica, pero su accionar ya no tuvo la radicalización, ni la fuerza del movimiento que encabezó su padre. Desde los primeros años en que Sayri Túpac estuvo a cargo del gobierno, buscó establecer relaciones con el gobernador español Pedro de la Gasca. Sin embargo el pacificador solo le ofreció unas cuantos terrenos para aquietar sus necesidades. El Sapa Inca prefirió quedarse en su reducto hasta poder lograr un mejor acuerdo. También tuvo contacto con el virrey Andrés Hurtado de Mendoza en 1550 y 1556. Sayri Túpac logró un acuerdo beneficioso en 1558 y salió de Vilcabamba con un repartimiento en el valle de Yucay. El monarca entendió que debía adecuarse a las nuevas reglas establecidas por los españoles. La nobleza incaica era reconocida de alguna manera y por ello recibían ventajosos beneficios.

    Sayri Túpac murió en 1561 y es su hermano Titu Cusi Yupanqui quien toma el control del gobierno. Este nuevo Sapa Inca se declaró enemigo de los intereses españoles, organizando en un primer momento expediciones de hostilización a las poblaciones cercanas a Vilcabamba. En 1564, se temía la organización un alzamiento general desde Quito hasta Tucumán, aliándose con las resistencias chiriguanadiaguita y jurí; se llegaron a encontrar y destruir armerías y depósitos clandestinos en Jauja [301]

    Titu Cusi también se contactó con el gobernador Lope García de Castro, tratando de llegar a algún acuerdo beneficioso para los rebeldes. Firmó el Tratado de Acobamba en 1566 y en dicha capitulación se ponía fin a las hostilidades y se perdonaban los actos cometidos por los rebeldes. Una de las medidas de la capitulación fue el bautizó de Titu Cusi Yupanqui y su familia en 1568, hecho que no fue bien visto por los curacas más radicales.

    El Inca murió repentinamente de una extraña enfermedad. Los misioneros agustinos que lograron entrar tras el tratado, fueron vistos como responsables de la muerte, ya que en su afán de ayudar le dieron brebajes que los andinos pensaron era veneno. El misionero Diego Ortiz fue encontrado culpable siendo torturado y ajusticiado posteriormente. Los españoles y mestizos que se encontraban en Vilcabamba también fueron ajusticiados. La elite buscó un sucesor y fue así que su hermano Túpac Amaru empuñó el cetro y se ciñó la mascapaycha a comienzos de 1570.

     

    El más joven de los hermanos de Titu Cusi tomó entonces el mando: Túpac Amaru —es decir: Serpiente de Fuego—, (conocido como Túpac Amaru I para diferenciarlo de José Gabriel Condorcanqui quien también llevó el mismo nombre aunque en el siglo XVIII, y que también se enfrentó a los españoles). El nuevo Sapa Inca formó un ejército y lo puso a las órdenes de los generales Huallpa Yupanqui, Cori Páucar Yauyo y Colla Túpac. Denunció el Tratado de Acobamba, expulsó a los españoles de Vilcabamba, cerró sus fronteras y pregonó que luchaba por la restauración del Tahuantinsuyo.

    El virrey del PerúFrancisco Álvarez de Toledo, quinto gobernante del Perú hispano (1569–1581), que ya había recibido de España el "cúmplase" que incluida la bula que autorizaba el matrimonio de Quispe Titu, el 20 de julio de 1571, envió al dominico Gabriel de Oviedo y al licenciado García de los Ríos a Vilcabamba, para que entregaran los documentos a Túpac Amaru y solucionar el problema de forma pacífica. Esta comisión no fue recibida por el monarca y tuvo que volver al Cusco. Encontrándose el virrey en el Cusco, envió a Tilano de Anaya con una carta amenazante al Inca. Al cruzar el puente de Chuquichaca, fue muerto por los leales a Túpac Amaru. Conocido el hecho, el virrey Toledo decidió terminar las conversaciones y el concordato con Vilcabamba, enviando una expedición militar al mando de Martín García Óñez de Loyola, Martín Hurtado de Arbieto y Juan Álvarez Maldonado, para ocupar Vilcabamba "a sangre y fuego". Ofreció a la ñusta Beatriz, heredera de las riquezas de su padre Sayri Túpac, como trofeo en matrimonio para quien capturase al Inca rebelde.

    Para la defensa de Vilcabamba, el inca Túpac Amaru contaba con aproximadamente 2000 soldados, de los cuales 600 o 700 eran guerreros anti (llamados chunchos por los incas del Cuzco), de quienes el fallecido Titu Cusi solía decir a los emisarios españoles, fingida o realmente, que aún practicaban el canibalismo. Entre sus generales figuraban Hualpa Yupanqui, Parinango, Curi Paucar y Coya Topa.[302]

    Para atacar el baluarte, Hurtado de Arbieto dividió a su ejército en dos grupos, el primero de ellos bajo su mando directo atacaría por Chuquichaca mientras que la segunda columna, al mando de Arias de Sotelo, lo haría por Curahuasi. Las tropas virreinales estaban compuestas por españoles, diversas etnias indígenas e incluso un destacamento 1500 tropas de "alrededores del Cusco" comandados por el inca Francisco Cayo Topa.[301]

    Se libraron gran cantidad de escaramuzas, pero la única gran batalla de la campaña tuvo lugar en Coyaochaca, a orillas del río Vilcabamba. Los vilcabambinos atacaron primero con mucho espíritu a pesar de estar solo ligeramente armados, pero los españoles y sus aliados lograron resistirlos; según Martín García Óñez de Loyola, los españoles llegaron a estar en un momento crítico a punto de ser arrollados, pero el ejército de Vilcabamba colapsó súbditamente tras ser arcabuceados y muertos sus generales Maras Inga y Parinango.[303] Un momento cumbre del combate se alcanzó con la pelea personal y a mano limpia entre el capitán vilcabambino Huallpa y el español García de Loyola, cuando este último se hallaba en una situación desesperada por haber recibido varios golpes directos y encontrarse en riesgo de ser desabarrancado, uno de sus leales disparó traidoramente sobre la espalda del inca, matándolo y provocando un clima de indignación que reavivó el combate.

    Tras esta batalla los españoles capturaron la ciudad y el palacio de Vitcos. Al acercarse la expedición a la ciudadela de Tumichaca, fueron recibidos por su comandante Puma Inga, quien rindió sus fuerzas y manifestó que la muerte del comisionado español Anaya había sido responsabilidad de Curi Paucar y otros capitanes rebeldes a sus incas deseosos de la paz. El 23 de junio cayó ante la artillería española el último foco de resistencia vilcabambina, el fuerte de Huayna Pucará, que los nativos habían construido recientemente y se encontraba defendido por 500 amazónicos armados con arco y flecha. Los restos del ejército inca, ahora en retirada, optaron por abandonar Vilcabamba, su última ciudad, y adentrarse en la selva para reagruparse.

    El 24 de junio los españoles tomaron posesión de la ciudad cumpliendo Sarmiento con las solemnidades del caso, quien tras enarbolar el estandarte real en la plaza del poblado proclamó:

    "Yo, el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa, alférez general de este campo, por mandato del ilustre señor Martín Hurtado de Arbieto, general de él, tomo posesión de este pueblo de Vilcabamba y sus comarcas, provincias y jurisdicciones".

    Acto seguido campeó tres veces el estandarte y a grandes voces dijo:

    «Vilcabamba, por don Felipe, Rey de Castilla y León

    Clavó el estandarte en la tierra y realizó las salvas de ordenanza. Acompañado de los suyos, Túpac Amaru se había marchado el día anterior con dirección al oeste, dentro de los bosques de las tierras bajas. El grupo, que incluía a sus generales y a los miembros de su familia, se había dividido en pequeñas partidas en un intento de evadir la persecución. Grupos de soldados españoles y sus indios auxiliares fueron enviados para cazarlos trenzándose en sangrientas escaramuzas con la escolta del inca. Uno capturó a la esposa e hijo de Wayna Cusi. El segundo regresó. El tercero regresó también; lo hizo con dos hermanos de Túpac Amaru, otros parientes y sus generales. El inca y su comandante permanecieron sueltos.

     

    A continuación, un grupo de cuarenta soldados españoles elegidos personalmente salieron en persecución del inca. Siguieron el río Masahuay durante 170 millas, donde encontraron un almacén inca con cantidades de oro y vajilla de los incas. Los españoles capturaron un grupo de chunchos y los obligaron a informarles de los movimientos incas, y si habían visto al monarca inca. Estos informaron que se había ido río abajo, en bote, por lo que los españoles construyeron 20 balsas y continuaron la persecución.

    Río abajo descubrieron que Túpac Amaru había escapado por tierra. Continuaron con la ayuda de los aparis, los cuales avisaron qué ruta habían seguido los incas e informaron que Túpac se veía ralentizado debido a que su mujer estaba a punto de dar a luz. Después de una marcha de 50 millas vieron una fogata alrededor de las nueve de la noche.[cita requerida] Encontraron al inca Túpac Amaru y a su mujer calentándose entre sí. Les aseguraron que no se les produciría ningún daño y asegurarían su rendición. Túpac Amaru fue apresado.

    Los cautivos fueron traídos de regreso a las ruinas de Urcos y, desde allí, llegaron al Cuzco por el arco de Carmenca[304] el 30 de noviembre. Los vencedores también trajeron los restos momificados de Manco Cápac y Titu Cusi Yupanqui, y una estatua de oro de Punchao, la más preciada reliquia del linaje inca que contenía los restos mortales de los corazones de los incas fallecidos. Estos objetos sagrados fueron luego destruidos.[cita requerida]

    Tupac Amaru fue conducido por su captor, García de Loyola, ante el virrey Francisco de Toledo, quien ordenó su reclusión en la fortaleza de Sacsayhuamán bajo la alcaidía de su tío, Luis de Toledo.[304] Refiere Guamán Poma que pesó mucho en el animo de Toledo que habiéndole mandado llamar, Amaru le contestó.

    Los españoles hicieron varios intentos para convertir a Túpac Amaru al cristianismo pero se cree que estos esfuerzos fueron rechazados por un hombre muy fuerte, que estaba convencido de su fe. Los cinco generales incas capturados recibieron un juicio sumario en el que nada fue dicho en su defensa y fueron sentenciados a la horca, aunque varios no pudieron ser ejecutados porque la peste -la llamada chapetonada- atacó a todos en prisión imposibilitándolos de caminar, tuvieron que sacarlos agónicos y en mantas de la celda, muriendo tres en el trayecto y solo dos, Cusi Paúcar y Ayarca, llegaron al patíbulo.[304]

    El juicio del inca comenzó un par de días más tarde. Túpac Amaru fue condenado por el asesinato de los sacerdotes en Urcos, de lo cual fue probablemente inocente.[305] Fue sentenciado a la decapitación. Numerosos clérigos, convencidos de la inocencia de Túpac Amaru, suplicaron de rodillas al virrey que el líder inca fuera enviado a España para ser juzgado en vez de ser ejecutado.

    Ejecución de Túpac Amaru I y fin de la conquista española

    Un testigo ocular del día de la ejecución, el 24 de septiembre de 1572, lo recordaba montado en una mula con las manos atadas a su espalda y una soga alrededor del cuello. Otros testigos dijeron que había grandes masas de personas y que el Uari inca salió de Sacsayhuamán rodeado por entre 500 cañaris,[306] enemigos de los incas, armados con lanzas y la comitiva bajó a la ciudad. Frente a la catedral, en la plaza central de Cuzco, un patíbulo había sido erigido. Había más de 300 000 personas presentes en las dos plazas, calles ventanas y tejados.[306] Túpac Amaru subió al patíbulo acompañado por el obispo de Cuzco. Mientras lo hacía, se dice en las fuentes que

    una multitud de indios [sic], que llenaron completamente la plaza, vieron el lamentable espectáculo de que su señor e inca iba a morir, ensordecieron los cielos, haciéndolos reverberar con sus llantos y lamentos
    (Murúa, 271)

    Refiere Garcilaso que el Inca alzó el brazo derecho con la mano abierta y la puso en el oído, y de allí la bajó poco a poco hasta ponerla sobre el muslo derecho. Con lo cual los presentes cesaron su grito y vocería, quedando con tanto silencio que «parecía no haber ánima nacida en toda aquella ciudad».[307]

    Como es relatado por Baltasar de Ocampo y fray Gabriel de Oviedo, prior de los dominicos en Cuzco, ambos testigos oculares, el inca levantó su mano para silenciar a las multitudes, y sus últimas palabras fueron:[308]

    Ccollanan Pachacamac ricuy auccacunac yahuarniy hichascancuta (‘Ilustre Pachacamac, atestigua como mis enemigos derraman mi sangre’)
    Túpac Amaru I

    Los españoles y el Virrey entre ellos, quienes desde una ventana observaban la ejecución de la sentencia, se admiraron mucho de esta escena. Notando con espanto la obediencia que los indígenas tenían a su príncipe el Virrey mandó a su criado, Juan de Soto, quien salió a caballo con un palo en la mano para abrirse paso hasta llegar al cadalso, diciendo allí que se procediese a ejecutar al Inca. El verdugo, que era un español (según Martín de Murúa[309] y Felipe Guamán Poma[310]), preparó el alfanje y Túpac Amaru puso la cabeza en el degolladero «con estoicismo andino».[311] Al momento de la ejecución rompieron a doblar todas las campanas del Cuzco, incluyendo las de la catedral.

    La cabeza quedó clavada en una picota, pero el cuerpo se llevó a casa de Da. María Cusi Huarcay, tía del decapitado monarca, enterrándosele al día siguiente en la capilla mayor de la catedral, asistiendo los vecinos españoles que no creyeron comprometerse con ello ante el Virrey, y la totalidad de indígenas Nobles, descendientes de los incas.[312] El virrey Toledo comunicó al rey Felipe II la ejecución de Túpac Amaru, en una carta del 24 de septiembre de 1572, manifestándole

    lo que vuestra majestad manda acerca del Inca, se ha hecho[313]

    Algunos historiadores[314] indican que, cuando el virrey Toledo dejó su cargo para regresar a España, fue recibido por el rey Felipe ll con las siguientes palabras aludiendo a la ejecución de Túpac Amaru.

    Podéis iros a vuestra casa, porque yo os envié a servir reyes, no a matarlos

    Con su muerte terminó oficialmente la conquista del Tahuantinsuyo. No obstante, el último territorio alguna vez dominado por los incas no fue conquistado definitivamente hasta 1667, tratándose de la antigua provincia de Kiri-Kiri en el marco de las Guerras calchaquíes. Los territorios incaicos ocupados por los chiriguanos tras las invasiones guaraníes tampoco fueron conquistados e integrados plenamente.

    Asimismo, se suscitarían distintas protestas, motines y alzamientos indígenas a lo largo del periodo virreinal que crecerían exponencialmente durante el siglo XVIII, integrando incluso a españoles y criollos, alcanzando su punto álgido con las rebeliones del Gran Pajonal, liderada por Juan Santos Atahualpa y que consiguió exitosamente expulsar a los españoles de la Selva Central, y la de José Gabriel Túpac Amaru la cual desató una ola de persecución contra la cultura andina.

     

    Colonización portuguesa

    Portugal obtuvo del Tratado de Tordesillas un amplio territorio en América, dando inicio a la colonización de América.

    Reclamó la soberanía de isla de Terranova, Labrador (Canadá) y Groenlandia (Dinamarca) tras la exploración de las costas de Gaspar Corte Real en 1500, fundando São João (1519).

    El primer asentamiento permanente en el Estado de Brasil (Brasil) fue San Vicente, fundada en 1532 por Martim Afonso de Sousa para la explotación del palo brasil. El sistema de capitanías, semejante a los señoríos, se abandonó en 1549 cuando el gobierno pasó al gobernador general de Brasil, con capital en Salvador de Bahía (1549). La principal actividad económica era la explotación azucarera con mano de obra esclava procedente del comercio triangular desde las colonias portuguesas en África.

    La oposición del resto de las naciones europeas a la exclusividad americana de España y Portugal ocasionó sucesivas guerras transcontinentales e intentos de ocupación o anexión.  Además, durante el periodo de la Unión Ibérica, del siglo XVI y hasta 1640 los comerciantes criptojudíos del imperio portugués tenían en exclusiva el asiento de negros para la importación desde sus colonias de la costa oeste de África de esclavos africanos a los puertos Hispanoamericanos de Cartagena y Veracruz.

    La guerra luso holandesa supuso el cambio en la soberanía de algunos territorios, especialmente en Asia. De 1630 a 1654 el imperio holandés estableció el Brasil holandés. Además, 1678 Portugal estableció la Colonia do Sacramento (Uruguay) en la Banda Oriental, considerado por los españoles una amenaza a la integridad del virreinato del Perú, ocasionado sucesivos abandonos y reconquistas a lo largo de los años.

    Lista de posesiones:

    Colonización francesa

     

    Francia estableció el control de un amplio territorio en Norteamérica, además de colonias en las Antillas. En la actualidad, mantiene territorios franceses en América.

    Un primer intento de colonización a expensas del imperio portugués tuvo lugar con la fundación del fuerte Coligny en 1555.

    Tras la exploración del río San LorenzoSamuel de Champlain fundó Quebec (Canadá) en 1608 con el propósito de establecer una factoría peletera. Esta fundación fue precedida de varios intentos de establecer colonias y la presencia habitual durante el siglo XVI de pesqueros franceses en la costa atlántica del norte del continente. Francia emprendió acciones junto a la confederación Huronesa contra sus enemigos, conocidas como las guerras de los Castores. Además de Quebec, Francia estableció puestos en Nueva EscociaAnnapolis y la zona de Grandes Lagos y a lo largo del río Misisipi. Durante el siglo XVII Francia llevó a cabo exploraciones adentrándose en Norteamérica, con el propósito de ocupar el territorio y evangelizar a los indígenas, siguiendo un modelo similar al español y opuesto al inglés. Por ello, para la primera mitad del siglo XVIII había establecimientos franceses en DetroitNiágaraIllinois y Nueva Orleans. Estos puestos le proporcionaron a Francia el control de un territorio que se extendía desde Canadá hasta la actual Luisiana. En sus inicios, la administración del territorio estaba descentralizada y conferida a los comerciantes o corredores de bosques que colonizaban cada zona. Posteriormente, la administración se profesionalizó con el nombramiento de gobernadores o capitanes generales.

    En 1612 el rey Luis XIII propició el efímero establecimiento de São Luís (Brasil). Sin embargo, los esfuerzos colonizadores de Francia se materializaron al norte, con la fundación de Cayena (1643) en la denominada Francia Equinoccial, actual Guayana Francesa, que en 1674 pasó ser propiedad personal de Luis XIV. En el transcurso del siglo XVII, estableció colonias en las Antillas menores en el Caribe ocupando las islas de Saint Christopher, Saint Croix, San Bartolomé, Granada, San Martín, Tortuga, Marie Galante. En 1697, tras la guerra de los Nueve Años, obtuvo un tercio de La Española que se llamó Saint Domingue (Haití). Las islas francesas tenían una economía basada en la producción y exportación de azúcaralgodóncacao y tabaco con mano de obra esclava procedente del comercio triangular de sus colonias en Gorea (Senegal) o de otros comerciantes europeos de esclavos africanos. Además, Francia promovió acciones de corso y piratería contra España como el ataque a Cartagena de Indias en 1697. En la segunda mitad del siglo XVII el gobierno de los territorios americanos era de carácter absolutista y centralizado. Canadá fue convertida en provincia y se otorgaron señoríos jurisdiccionales, que a su vez se dividían en parroquias bajo autoridad eclesiástica o militar.

    Otros intentos fallidos de establecer colonias francesas fue la iniciativa de la Compañía Francesa de las Indias Orientales eislas Delphine (Brasil) en 1736. El Tratado de París de 1763 supuso la pérdida de gran parte de las colonias francesas en América. Sin embargo, se reconoció la soberanía francesa de las islas San Pedro y Miquelón. Además, en 1795 la Paz de Basilea otorgó a Francia el control de la capitanía de Santo Domingo francesa (República Dominicana) hasta 1809.

    En 1858 Francia se anexionó la isla Clipperton, cuya soberanía frente a México le fue reconocida en 1931. Tras la invasión de México de 1862, Napoleón III estableció el gobierno títere del Segundo Imperio mexicano. Tras la retirada del ejército francés en 1865 y gracias al apoyo de los estadounidenses Grant y Sheridan, en 1867 Juárez volvió a hacerse con el poder en México. Además, en 1878 Francia obtuvo la Concesión Wyse sobre el territorio del Canal de Panamá, que terminó en 1903 con la independencia de Panamá de Colombia propiciada por EE. UU. para el control estadounidense del estratégico Canal.

    Lista de posesiones:

    Colonización británica

    Inglaterra fue el segundo país que se rebeló contra el reparto hispano-luso de América, y en la actualidad mantiene posesiones ingleses en América (considerados territorios no autónomos), además de ejercer influencia política y económica y control de hecho sobre los que se independizaron teóricamente en el XIX; y de la monarquía del rey británico en Canadá y de la influencia británica a través de la Commonwealth.

    Desde finales del siglo XVI el Inglaterra estableció las Trece Colonias, que abarcaron un territorio costero desde la Bahía de Massachusetts a Georgia. El primer establecimiento fue Jamestown fundada en 1607 por la Compañía de Londres.

    Otros establecimientos fueron la colonia de Terranova (Canadá) establecida en 1610 o la colonia de Bermudas con capital en Saint George (1612). De 1650 data la colonia de Anguila (Reino Unido), y en 1670 Inglaterra ocupó las islas Caimán y ya en 1649 Jamaica (Jamaica). Además, en 1672 estableció las colonias de las islas Vírgenes Británicas.

    Durante el siglo XVIII Inglaterra fue ocupando los territorios al norte de las Trece Colonias incorporándolos a la Norteamérica británica. En 1718 ocuparon las islas Bahamas. En 1763, tras la guerra de los Siete Años, ocupó Nueva Francia, después Canadá Británico. Tras la guerra de Independencia de Estados Unidos, Inglaterra perdió las Trece Colonias y le fue permitido en 1787 ocupar la Honduras británica (Belice), Islas Turcas y Caicose isla Montserrat . Tras la guerra de Coalición obtuvo la Guyana Británica, habiendo tenido establecimientos temporales en los siglos anteriores. Los territorios caribeños ingleses fueron empleados para la explotación agrícola con destino al comercio monopolístico con la metrópoli, con el uso de mano de obra esclava procedente del comercio triangular, siendo la Royal African Company, fundada por Carlos II y Jacobo II, una de las principales empresas comerciantes de esclavos desde África. Las principales poblaciones y puertos relacionados con el comercio de esclavos y con el Caribe inglés fueron LondresLiverpool y Bristol. Del siglo XVIII data también el sistema de segregación de las reservas indias en Norteamérica.

    En 1806 Inglaterra intentó, sin éxito, invadir el virreinato del Río de la Plata. En 1817 logró incluir en su esfera de influencia totalmente controladora, política, financiera y comercial a las naciones nacidas de la independencia de España mediante el apoyo militar y financiero británico a su causa. En 1833 Inglaterra ocupó las islas Malvinas (Reino Unido).

    Lista de posesiones:

    Colonización neerlandesa

    Provincias Unidas de los Países Bajos fue el primer país en intentar socavar la exclusividad americana luso-española del Tratado de Tordesillas y en la actualidad mantiene posesiones neerlandesas en América.

    Desde finales del siglo siglo XVI la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales estableció la Guayana Neerlandesa. El primer establecimiento fue Nieuw Middelburg en el río Pomeroon (Guayana esequiba), fundado en 1581. Durante la guerra luso-neerlandesa fundaron las colonias de Demerara (1611), Berbice (1627) (Guyana) y ocuparon Cayena (1654) (Guayana Francesa) y Surinam (1667). Su principal actividad era la producción de caña de azúcar con mano de obra esclava procedente del comercio triangular con sus colonias africanas.

    Tras realizar la exploración del río Hudson en 1609 y el establecimiento de puestos en 1621, en 1625 se fundó Nueva Ámsterdam (la actual Nueva York) como capital de Nuevos Países Bajos, cuya actividad era la peletera.

    En 1624 el imperio holandés comenzó la invasión del Estado de Brasil de Portugal, fundando el Brasil holandés, con capital en Mauritsstad, cuya soberanía mantuvo hasta la pérdida ante Fernando de Noronha en 1654.

    En 1634 Países Bajos ocupó la isla de Curaçao y en 1636 Aruba) y Bonaire. Desde el final de la Unión Ibérica en 1640 y hasta finales del siglo XVII el imperio neerlandés controló el comercio de esclavos africanos en América.

    Además, durante el siglo XVII y XVIII ocuparon de manera interrumpida algunas de las Antillas menores del Caribe dentro del marco de alianzas y comercio con el resto de naciones europeas con colonias en esta islas.

    En cuanto al régimen administrativo implantado por los neerlandeses durante la época colonial, en sus orígenes fue similar al inglés y al portugués dado el carácter de factorías o establecimientos comerciales que tuvieron sus efímeras colonias. Sin embargo, la colonia establecida en Brasil fue gobernada por un miembro de la familia real. En las islas también se estableció un gobierno subordinado a la Corona.

    Lista de posesiones:

    (*):Actualmente en posesión del Reino de los Países Bajos

    Colonización alemana

    En 1528 el rey Carlos I de Castilla concedió a los banqueros ausburgueses Welser el arrendamiento de Klein-Venedig o Welserland en la provincia de Venezuela (Venezuela) por su apoyo en la elección a emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La colonia no prosperó por el empeño en la costosa expedición en busca de El Dorado, la huida o rebelión de los indígenas por el riesgo de ser esclavizados en contra de la legislación española y las acusaciones de abusos y saqueos reportados a la Real Audiencia de Santo Domingo.

    En el siglo XVIIFederico Guillermo impulsó que la Compañía Brandemburguesa Africana arrendara una parte, Saint Thomas a Dinamarca. La colonia duró de 1685 a 1693, con el empleo de esclavos de la Costa de Oro brandeburguesa (Ghana) para la producción de caña de azúcar. Además, ocupó isla Vieques (Puerto Rico) de 1689 a 1693. Brandeburgo-Prusia llevó a cabo otros intentos por hacerse con colonias en las islas caribeñas, sin resultado ante la competencia de las diferentes naciones europeas en la zona. En 1669 el condado de Hanau negoció sin éxito con Países Bajos el establecimiento de la colonia de Indias hanauesas (Surinam, Guayana Francesa y Brasil). En 1731 colonos alemanes se asentaron en los terrenos de la Compañía del Mississipi dando lugar a la Costa Alemana (actual Luisiana, EE. UU.).

    Durante el siglo XIX hubo iniciativas privadas de control económico en América como el control de la producción de café en Guatemala propiciada por Barrios Auyón, la fallida colonia de Nueva Germania (Paraguay) o la colonización de Valdivia, Osorno y Llanquihue (Chile). Desde finales del siglo XIX diáspora alemana se encuentra repartida por todo el continente.

    En cuanto a iniciativas gubernamentales, Alemania impulsó desde finales del siglo XIX la obtención sin éxito de colonias en el Caribe, el denominado Caribe alemán. Además, en 1972 la RDA obtuvo la isla Ernest Thaelmann (Cuba), a cuya soberanía renunció en 1990 con la reunificación alemana.

    Lista de posesiones:

    Colonización italiana

    Catedral primada de América, Santo Domingo, en estilo plateresco (siglo XVI), que, al formar parte de la época renacentista, se incluye dentro de la influencia italiana, por abultarla.

    Lo mismo que la colonización de la Italia española (reinos Nápoles y de Sicilia o ducado de Milán, entre otros) en América se describe dentro de la colonización del Imperio Español en América. Lo mismo que indicar  que los padres del descubrimiento de América Cristóbal Colón o Américo Vespucio son de origen italiano, como italiano era Antonio Pigafetta, cronista de la primera circunnavegación de Magallanes-Elcano. Además, se puede señalar a los exploradores Juan Caboto, al servicio de Inglaterra, y a Giovanni da Verrazzano al servicio de Francia. En el ámbito literario, las obras de Dante,Tasso y Ariosto se difundieron, tradujeron y fueron precursoras de la producción literaria de la época como La Araucana o La Grandeza Mexicana. Además, ingenieros italianos al servicio de España contribuyeron a las fortificaciones españolas en América, donde predominaba la traza italiana.

    En realidad, el plateresco es español. Y más aún la arquitectura y demás artes en la época virreinal en América.

    En 1630 Fernando I de Médici, gran duque del Gran Ducado de Toscana, realizó un intento fallido de establecer una colonia en el norte de Brasil con la expedición Thorton, comandada por el inglés Robert Thorton y con apoyo neerlandés, ambas naciones enemigas de Portugal.

    Durante el siglo XIX se sucedieron las iniciativas privadas como la malograda colonia venezolana impulsada por Carlo Castelli de 1841. Desde finales del siglo XIX diáspora italiana se encuentra repartida por todo el continente. Lo que demuestra que no es necesario tener colonias para dar salida a la demografía creciente. Ni a la inversa.

    Colonización danesa

    La fundación del reino de Dinamarca y Noruega supuso la adquisición por Dinamarca de los territorios noruegos de Groenlandia que habían sido abandonados en el siglo XV. En 1728 el religioso Hans Egede realizó un nuevo esfuerzo colonizador en Groenlandia con la fundación de Godthåb, cuyo principal interés económico era la pesca ballenera.

    En 1672 la Compañía danesa de las Indias Occidentales y Guinea ocupó Santo Tomás (Islas Vírgenes hoy posesión de EE. UU.), y se estableció también en otras islas del Caribe como Saint John (1683) o Saint Croix (1733), adquirida a Francia. En 1754 pasaron a la propiedad personal del rey Federico V. Se trataba de colonias productoras de caña de azúcar con empleo intensivo de mano de obra esclava procedente del comercio triangular con la Costa de Oro danesa (Ghana). Además, el grueso de los esclavos africanos fue vendido a otras colonias europeas establecidas en el Caribe, siendo Saint Thomas el centro de este comercio, en el que se permitía la participación de los piratas. Tras la abolición del comercio de esclavos en 1803, y su posesión en 1848, estas colonias entraron en declive. Dinamarca vendió la Costa de Oro danesa a Inglaterra en 1850 y en 1917 vendió las Indias Occidentales danesas a EE. UU.

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    Colonización sueca

    En 1638, durante la guerra de los Treinta Años, el Imperio sueco estableció una serie de colonias a lo largo del río Delaware (Estados Unidos) denominadas Nueva Suecia. Fueron propiciadas por el neerlandés Peter Minuit, gobernador de la vecina Nuevos Países Bajos, quien cedió algunos asentamientos previos como Fort Nassau o Fort Christina. Los colonos procedían de Savo y Kainuu (actual Finlandia). Otras poblaciones fueron Nuevo Estocolmo o Swedesboro. En 1655 el militar neerlandés Peter Stuyvesant derrotó a los suecos y anexionó Nueva Suecia a Nuevos Países Bajos.

    En 1784 el rey Gustavo III negoció con Francia la compra de Saint-Barthélemy (Francia) y el uso del puerto de Gotemburgo. La Compañía Sueca de las Indias Occidentales la convirtió en puerto franco y se importaron esclavos africanos. De 1812 a 1844 fue una colonia en propiedad personal del rey Carlos XIII. Tras casi un siglo de ocupación, en 1878 fue vendida a Francia. Además, Suecia ocupó brevemente Guadalupe (Francia) de 1813 a 1814.

    Lista de posesiones:

    Colonización rusa

    El Imperio ruso estableció el territorio de la América rusa en Alaska (hoy, Estados Unidos) siguiendo la ruta de las islas Aleutianas.

    En 1741 se llevó a cabo la exploración de las islas Aleutianas y las costas de Alaska, y en 1759 el peletero Stepan Gavrilovich Glotov fundó el puesto de Unalasca (Alaska). En época de Catalina la Grande se fundaron otras poblaciones como Kenai (1781) o Kodiak (1784), y después Sitka (1799), capital de la América rusa. El principal interés económico eran las factorías peleteras con mano de obra aleuta, atha o tlingit cautiva, y sus principales desafíos fueron lo costoso de su aprovisionamiento desde Siberia, las expediciones españolas hasta Alaska y los ataques de los indígenas. Además, para frenar la amenaza expansionista rusa, España comenzó en 1769 un sistema de misiones y presidios militares hasta la actual Columbia Británica (Canadá).

    Aprovechando la invasión francesa de España, en 1812 la Compañía ruso-americana realizó una expedición a la costa de la Alta California española fundando el puesto de Fort Ross, que se mantuvo como un enclave comercial aislado hasta 1848. Finalmente, como ya los EE. UU. se habían adueñado de California, el 9 de abril de 1867 Alejandro II firmó la venta de Alaska a EE. UU. para financiar la guerra ruso-turca y compensar los daños de la guerra de Crimea. Se trataba de un vasto territorio agreste, escasamente poblado por población autóctona.

    Lista de posesiones:

    Colonización noruega

    El reino de Noruega fue el primer país con colonias en América, con la fundación en Groenlandia de la población de Brattahlíd por Eric el Rojo en 985. Su economía se basaba en la pesca, la piel y el marfil y alcanzó los 5.000 habitante contando con la diócesis de Gardar. La Pequeña Edad de Hielo, lo costoso del aprovisionamiento y la rebelión de los inuit thule supuso el declive y abandono en el XV tras más de cuatrocientos años de presencia en Groenlandia.

    Desde su proclamación de soberanía en 1905 Noruega ha llevado a cabo intentos de control sobre algunos territorios de Canadá y Dinamarca. Los territorios controlados por Noruega antes de 1814, por formar parte Noruega del reino de Dinamarca y Noruega  se refieren a la colonización dano-noruega de América.

    El explorador Otto Sverdrup reclamó para Noruega las islas Sverdrup (Canadá) durante su expedición de 1898 a 1902. Finalmente, en 1930 Noruega reconoció la soberanía canadiense de éstas a cambio de establecer la soberanía noruega de isla Jan Mayen. En 1933 la Corte Internacional de Justicia reconoció la soberanía danesa de Tierra de Erik el Rojo (Groenlandia), reclamada por Noruega desde 1931.

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    Colonización escocesa

    El reino de Escocia estableció una serie de colonias efímeras en la costa atlántica de Canadá y Panamá y asentamientos de población en EE. UU.

    De 1629 a 1632 ocupó la península de Nueva Escocia y la isla de Cabo Bretón (Canadá), con capital en Port Royal, tras la toma de Quebec durante la guerra anglo-francesa.

    De 1698 a 1699 la Compañía Escocesa de Comercio a África y las Indias amenazó los puertos atlánticos del Darién con dos expediciones fallidas para fundar Nueva Caledonia en pleno reino de Tierra Firme

    A finales del siglo XVIII siguieron intentos de establecimiento de población en los territorios de las Trece Colonias británicasStuart Town, fundada en 1684, fue considerada una amenaza anexionista y fue desmantelado en 1686 por una expedición española desde el fuerte de San Agustín. A partir de 1683 el gobernador ausente Robert Barclay importó mano de obra barata de origen escocés en East Newark. En 1735 se fundó Darien (Georgia) con colonos escoceses.

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    Colonización hospitalaria de la Orden de Malta

    Los Caballeros de Malta estaban integrados por un amplio número de aristócratas franceses, influyentes en el desarrollo de la colonización francesa en Nueva Francia, actual Canadá y Estados Unidos. Sin embargo, en 1635 el Gran Maestre Antoine de Paule rechazó el proyecto de Isaac de Razilly para establecer un priorato en Acadia (Canadá).

    En 1627 la isla de San Cristóbal se repartió entre Inglaterra y Francia. En 1648 Phillippe de Longvilliers de Poincy firmó el tratado de Concordia para el reparto de la isla de Saint Martín entre Francia y Provincias Unidas. En 1651 el Gran Maestre Juan de Lascaris-Castellar promovió la compra de las colonias francesas de Saint-Christophe, junto con las dependencias de Saint Croix, Saint Barthélemy y Saint Martin a la Compañía de las Islas de América. Con el empleo de esclavos de Senegambia (hoy, Senegal), traídos por la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, Longville cultivó principalmente azúcar y tabaco. San Bartolomé fue abandonado tras un ataque caribe, con un nuevo intento de colonización en 1664. Además, una revuelta expulsó a la Orden de Saint Croix en 1657. Ante la falta de rentabilidad de las colonias por la imposibilidad de control del territorio, en 1665 la Orden las revendió a Compañía francesa de las Indias Occidentales, sucesora de Compañía de Islas de América.

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    Colonización curlandesa

    El ducado de Curlandia, vasallo de la república de las Dos Naciones, estableció una colonia en la isla de Tobago (Trinidad y Tobago) con el apoyo de Países Bajos en época del duque Jacob Kettler. La colonia de Nueva Curlandia existió entre 1654 y 1659, y de nuevo entre 1660 y 1689, estando la isla repartida entre Curlandia y la colonia holandesa de Nueva Walcheren. Durante la ocupación curlandesa fueron llevados a Tobago 4.500 esclavos de la colonia curlandesa de la isla Kunta Kinteh (Gambia) para el comercio triangular. En 1689 fue vendida a Ingaterra.

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    Efectos sobre la población indígena

     

    Las enfermedades de origen asiático y africano, como la viruela que se originó en África o Asia, la peste en Asia, el cólera en Asia, la gripe en Asia, la malaria en África y Asia, el sarampión viene de la peste bovina en Asia, la tuberculosis en Asia, la fiebre amarilla en África, la lepra en Asia,  la fiebre tifoidea en África, la sífilis en América y África, el herpes en África, el zika en África, fueron introducidas en América desde el Viejo Mundo a partir de los primeros contactos entre los indígenas y los europeos.

    En cuanto a la propagación de las enfermedades procedentes del Viejo Mundo se puede destacar la mortandad producida por la viruela y el contagio del sarampión y las paperas, entre otras. Las epidemias de los siglos XVI y XVII de viruela, tifus, gripe, difteria y sarampión afectaron al conjunto de la población americana. Hay estudios que afirman que el 90% de los indígenas de Hispanoamérica perecieron por las enfermedades

    Además, el proceso de conquista de los territorios llevó aparejado una sucesión de acciones bélicas y de alianzas con los reinos y pueblos indígenas, alterando la estructura de poder vigente.

    El alcance de la mortandad debido a enfermedades y el sometimiento de la población indígena de América en estos años es objeto de estudio y varía en función de los autores.

    En Hispanoamérica, los reyes de España concedieron encomiendas Los reyes de España promovieron las pioneras Leyes de Burgos (1512-13) y las Leyes Nuevas (1542) que prohibían la esclavitud de los indígenas americanos.

    En ocasiones los indígenas también poseían y comerciaban con esclavos indígenas como en el caso de los comanches durante el siglo XVIII. Sin embargo, en el conjunto de América, en el siglo XVIII el trabajo esclavo indígena era menos frecuente por la presencia masiva de esclavos africanos.

    La segregación y mestizaje de los pueblos indígenas con respecto a los europeos y africanos fue desigual en función de la potencia colonizadora. Norteamérica fue un exponente de segregación y la población de Hispanoamérica un exponente de mestizaje.

    Asentamiento de población afroamericana

    El comercio triangular trajo a América 12'5 millones de personas desde África en condiciones de esclavitud. La duración en el tiempo y la dimensión en cifras de este comercio de esclavos se debió a alianzas entre las élites africanas, los agentes comerciales o negreros, y comerciantes europeos. Hasta el siglo XIX los principales comerciantes de esclavos negros fueron ingleses, portugueses, franceses y holandeses. En Hispanoamérica el comercio de esclavos negros se licitaba a través del asiento de negros.

    El rigor de las condiciones de esclavitud varió en función de la potencia colonizadora, siendo más duras en las colonias inglesas, portuguesas y francesas (code Noir) y, después, en Estados Unidos. En Hispanoamérica, la raza en sí no implicaba limitaciones en derechos civiles o sociales, siendo frecuentes los matrimonios mestizos. La esclavitud de negros fue abolida, siendo Cuba la última en abolir la esclavitud en 1886.

    En la actualidad los países con mayor proporción de población de origen africano son antiguas colonias situadas en países del Caribe, con porcentajes superiores al 90 % en el caso de antiguas colonias inglesas y francesas. En Estados Unidos se importaron unos esclavos africanos, es decir, el 5% de los 12 millones de esclavos traídos de África. El modelo de colonización basado en la explotación agraria, siendo el cultivo principal la caña de azúcar, suponía el uso intensivo de mano de obra esclava. 

    Intercambio colombino

    La época posterior a 1492 se conoce como el periodo del Intercambio colombino. Supone la introducción de especies animales nuevas y la difusión a nivel mundial de plantas americanas. Las especies animales introducidas fueron perros, bueyes, caballos, gallinas, ovejas, conejos, burros o cerdos. Las especies vegetales fueron la cebada, trigo, olivo, vid, algodón, caña de azúcar, arroz o café. Entre las procedentes de América se encuentran la patata, el maíz, el girasol, el tabaco, el cacao, el tomate, el palo de campeche, elpalo brasil, la piña y la vainilla. El chocolate llegó a ser la bebida nacional en España, siglos después.

    Además, el intercambio colombino supone la difusión de las lenguas europeas en el continente americano y los americanismos en las lenguas europeas. Las lenguas más habladas en la actualidad son el españolinglésportugués, seguidas en menor medida del francés y neerlandés. La pervivencia hasta la actualidad de idiomas indígenas americanos de relativo gran uso, como el quechua, guaranímapudungún o náhuatl se sostuvo en su gran peso demográfico y amplia difusión que tuvieron respecto otros idiomas prehispánicos dentro del continente, lo que motivó a estudiosos españoles, sobre todo misioneros a publicar obras detalladas como Gramática o arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú o establecer la primera cátedra de quechua en 1576. Sólo en Brasil se hablan en la actualidad unos 150 idiomas indígenas, entre los que los más usados en ese país son el tikuna, el guaraní kaiowá, el kaingang, el xavante y el yanomami, que en muchos casos han subsistidos en contextos de relativo aislamiento geográfico. En EE. UU. el navajo es la lengua indígena más empleada con mayor presencia en los estados de Arizona y Nuevo México en los territorios que pertenecieran a la Nueva España. En Canadá subsisten también diversos idioma indígenas.

    Evangelización de América

    La colonización europea supuso la evangelización, es decir, difusión del cristianismo en América, siendo la rama católica propia de Hispanoamérica, imperios portugués y francés y el protestantismo calvinista en el imperio neerlandés, o anglicano en el imperio inglés. El cristianismo es la religión predominante en América. En número, Brasil es el país con más cristianos de América, EE.UU. el de mayor número de cristianos practicantes y Colombia el de mayor proporción de cristianos en su población.