Fuente Wikipedia con retoques y elaboración propia
La historia de España a beneficio de inventario
España, a lo largo de cuatrocientos años, ejerció la más notable influencia
[para bien y para mal] dentro de la colonización europea de América en cuanto
a extensión, población y asimilación cultural.
Dentro de
tomar la historia de España a beneficio de inventario,
sólo procede quedarse, endosar y aceptar lo bueno que hicieron los españoles y
los demás en las Indias, no lo malo, nada de lo malo, porque esto de
tomar la historia de España a beneficio de inventario es una
analogía, no es tomar el saldo positivo como en el derecho testamentario, si es
que jurídicamente se aplica así. En la analogía hay semejanzas y diferencias a
la vez. Aquí se aplica, aceptando sólo lo bueno y repudiando todo lo malo,
como el que más lo repudie con buena intención y no con la mala, acusatoria y
arrojadiza.
Hitos
positivos de la colonización española de América, los únicos que cuentan:
En este artículo se detalla que desde el siglo XVI, España crea en
América una gran cantidad de Universidades. Treintaytrés hasta el final de
la época virreinal, desde las ocho que se fundaron en el XVI y las doce que
se fundaron en el XVII. [Aparte de Filipinas, que son las Indias también]. Mientras que en Estados Unidos se creó la Universidad de Harvard
(Cambridge, Massachusets) en 1636; y las universidades más
antiguas de Estados Unidos son las universidades coloniales (Colonial
Colleges) es decir, las existentes en la época de las Trece
Colonias bajo la Corona
Británica:
Las nueve universidades coloniales en las Trece Colonias fueron:
Desde entonces el número de universidades ha crecido en los USA hasta las
4.599 de esta época.
Fuente: Wikipedia
Origen Religioso:
Siete de estas nueve instituciones nacieron con el objetivo
principal de
formar ministros y clérigos religiosos
para las diferentes corrientes protestantes coloniales.
Excepciones "Laicas":
La
Universidad de Pensilvania
(fundada por Benjamin Franklin) y la
Universidad de Brown
fueron pioneras al establecer planes de estudio basados en las
ciencias y las artes liberales,
sin afiliación a dogmas religiosos específicos [manera masónica
de decirlo].
La Ivy League:
Siete de estas instituciones coloniales (con excepción de
William & Mary y Rutgers) forman hoy parte de la prestigiosa
conferencia deportiva y académica conocida como la
Ivy League.
La distinción de "Universidad":
Aunque Harvard es la más antigua, la
Universidad de Pensilvania
fue la primera en ser reconocida oficialmente con el título
legal de
"Universidad"
en 1779,
además de abrir la
primera escuela de medicina
del país estadounidense.
La
primera imprenta en
el Nuevo
Mundo fue fundada en la ciudad de México en 1538, un siglo antes
que el invento apareciera en Anglo-América, en Cambridge,
Massachusetts.
Se denomina intercambio
colombino (del inglés, Columbian Exchange) al
proceso ocurrido entre los siglos XV y XVI en
el cual se transfirieron productos agrícolas y otros alimentos del Viejo
Mundo (Europa, África y Asia)
al Nuevo
Mundo (el continente
americano) y viceversa a finales del sigloXV y
en los siglos siguientes. Este proceso recibe su nombre de Cristóbal
Colón y se relaciona con la colonización y
el comercio
mundial que siguió a su viaje de 1492. Algunos de los
intercambios fueron intencionados; otros, accidentales. Las
enfermedades contagiosas de origen en el Viejo Mundo provocaron una
reducción de entre el 80 y el 95 por ciento en el número de miembros
de los pueblos precolombinos de América a partir del sigloXV,
siendo la zona más afectada la del Caribe.
Como se ha dicho más arriba, después de que Colón llegara a
América, las diversas culturas africanas, europeas, y asiáticas, comenzaron
a utilizar y consumir una gran cantidad de productos desarrollados por las
culturas americanas. Los de más rápida y fácil explotación fueron los
alimenticios como el maíz,
la mandioca,
el algodón,
el maní (cacahuete),
el ají,
la piña o
ananá, el aguacate,
el tabaco,
la vainilla,
el tomate,
la patata o
el cacao y
su derivado el xokolatl o
chocolate. Unos de los más apreciados fueron los pimientos,
en sus múltiples variedades, que proporcionaban unas ventajas parecidas a
las de la pimienta.[13]
Así mismo en las tierras americanas se comenzó a cultivar con gran éxito
planta ya conocidas por los europeos, como el azúcar o el café (Rossignon,
1859, p.93),
y también de las nuevas tierras se llevaron al Viejo continente cultivos que
florecieron bien, caso del tabaco (Rossignon,
1859, p.250
y siguientes).
Otros productos tardaron algo más de tiempo debido a distintos motivos. Así
el caucho,
obtenido del látex,
debió esperar más hasta depurar el método de extracción, lo mismo que los
nuevos tintes. El Palo
de Brasil no era de origen americano, provenía de Ceilán y
se le conocía desde la Edad Media, pero en Santo Domingo y Cuba se halló
otra planta, la Caesalpinia Crista, similar a la original
asiática, la Caesalpinia Brasiliensis(Ball,
2001, p.132-133).
El tinte obtenido de la especie americana no era tan bueno como el original,
pese a ello terminaría dando nombre a la región descubierta por Álvarez
Cabral. Los tintes eran muy apreciados en la Europa de aquellos siglo y
llegaron a provocar enfrentamientos armados, como sucedió con el otro
arbusto americano también muy demandado por los tintoreros, el palo
Campeche. Esta planta, la Haematoxylum campechianum,
era capaz de proporcionar diversos colores, pero necesitó de casi un siglo
para lograr una producción regular, en 1580 ya se ordenó un suministro
periódico de 3000 quintales métrico en palo o en pasta (Lucena
Salmoral, 1982, p.702).
Otra planta útil para las tintorerías resultó el palo
equa muy apreciado por su color negro. También necesitó tiempo el añil que
terminaría desbancando en Europa al tinte de la India por ser más barato y
de mejor calidad. El añil se descubrió en Nueva España en 1560, tres años
después ya se cosechaba en Guatemala y Yukatán, en 1576 se cosechaba en
Honduras y Campeche comenzando a desbancar por completo a tinte asiático
hacia 1600 (Lucena
Salmoral, 1982, p.702).
Otro aporte de gran importancia fue proporcionar suelo para
cultivar especies muy demandas en Europa, como el azúcar.
Los propietarios de plantaciones azucareras resultaron muy rentables y por
esta razón el Caribe resultó mucho más interesante que todo el subcontinente
norteamericano.[27] América
no contaba con pimienta ni canela que conservaran y dieran buen sabor a los
alimentos, sin embargo sí ofrecía pimientos con un efecto parecido. Además
portugueses, españoles e italianos pronto descubrieron los grandes aportes
nutricionales de tomates y patatas,[13] con
lo que se pondrían las bases nutricionales para futuras explosiones
demográficas.
Una vez asegurada la conquista, los principales focos de interés fue el
comercio de especias que hasta allí los había llevado, así como la
explotación de otras riquezas como los metales preciosos, principalmente oro y plata,
cuya acumulación haría posible el despegue de la sociedad
industrial a partir del sigloXVIII.
Las culturas de ambos
hemisferios se vieron muy afectadas por la migración de personas
(tanto libres como esclavizadas) del Viejo Mundo al Nuevo. Los
esclavos africanos y los colonos europeos sustituyeron a las
poblaciones precolombinas en toda América. Aunque es falsa la
afirmación de que el número de esclavos
africanos que llegaron al Nuevo Mundo fue mucho mayor que el
número de europeos que llegaron al Nuevo Mundo en los tres primeros
siglos después de Colón. Fue básicamente la población leonesa,
gallega, extremeña, andaluza y castellana de la corona de Castilla
la que nutrió la población de América, de modo que en 1825, el
resultado fue que los países que entonces se independizaban de
España tenían una población, no mayor que la de Los EE.UU, sino
mucho mayor: en una proporción de 70 a 30:
Lo
principal fue la evangelización
de América,la introducción de la religión católica,
promovida, desde Isabel
La Católica y mandada a sus sucesores (Codicilo testamentario del 23.11.1504).
La evangelización de América fue
la predicación para la
conversión al cristianismo y
la educación en la fe cristiana que realizaron misioneros católicos,
promovida y organizada por los reyes
de España, mediante una concesión
del Papa expresada en las
bulas alejandrinas.
Los temidos conquistadores
españoles, empezando por Hernán Cortés trataban a los religiosos,
poniéndose de rodillas ante ellos. Los religiosos fueron
respetadísimos por los precolombinos, no sólo por esto, sino sobre
todo, porque veían su modo de vida en el que iban los frailes
sin aquella multitud de mujeres, de tesoros y de ganas de tenerlos,
que veían en los respetados y temidos conquistadores. Los
precolombinos veían a los frailes como hombres totalmente libres y
liberados de todas aquellas ambiciones, riquezas y pasiones
esclavizantes y además los consideraban como propios, como sus
frailes, no como españoles, sino como hombres de Dios.
Un
indio precolombino hablando con un fraile,
como habían visto que los temidos conquistadores trataban con los
frailes, poniéndose de rodillas ante ellos; empezando por el
mismísimo Hernán Cortés
En algunas ocasiones
los religiosos católicos se relacionaron estrechamente con los
pobladores nativos, involucrándose en sus problemas y
solidarizándose ante los abusos que sufrían por parte de algunos
conquistadores y encomenderos, trasmitiendo las injusticias a las
autoridades de España.
Nuestra Señora de Coromoto es la
patrona de Venezuela, venerada por su aparición en 1652 al cacique
de la tribu de los cospes. La pequeña imagen de la Virgen que quedó
milagrosamente en las manos del cacique se conserva hoy en el
Santuario Nacional de Guanare. Su festividad principal se celebra el
11 de septiembre, fecha en la que se conmemora tanto su aparición
como su coronación canónica. Es un símbolo fundamental de fe, unión
y protección espiritual para el pueblo venezolano tanto dentro como
fuera de su país.
El mestizaje
A diferencia de
colonizadores de otros países, que no admitían el mestizaje por
considerar impuras otras razas que no fuesen la suya, en los
virreinatos españoles se realizaron matrimonios mixtos a partir de
1514 bajo la cobertura legal de la Real
Cédula de Fernando el Católico:
Es nuestra voluntad que los indios e
indias tengan, como deben, entera libertad para casarse
con quien quisieren, así con indios como con naturales
de estos nuestros reinos, o españoles nacidos en latí
Indias, y que en esto no se les ponga impedimento. Y
mandamos que ninguna orden nuestra que se hubiere dado o
por Nos fuera dada pueda impedir ni impida el matrimonio
entre los indios e indias con españoles o españolas. y
que todos tengan entera libertad de casarse con quien
quisieren, y nuestras audiencias procuren que así se
guardey cumpla.
(Recogida en la Recopilación de Leyes de las
Indias de 1680, Ley 2.º Tit. 1.º Libro VI). En 1556 Felipe
II reiteró esta Real Cédula de su abuelo.
Uno de
los matrimonios más emblemáticos del sigloXVI lo
protagonizaronIsabel
Moctezuma (Tecuichpo Ixcazochtzin, antes de bautizarse, hija de
Moctezuma II y última emperatriz de los aztecas) con el extremeño
Juan Cano, con el que tuvo cinco hijos que
iniciarían la genealogía de los duques de Miravista, título que
perdura en la actualidad. El palacio
de los Toledo-Moctezuma en Cáceres es hoy sede del Archivo
Histórico Provincial y en su fachada se conserva el blasón de los
Moctezuma. Una parte de los descendientes de ese matrimonio vive en
España y, otros, en México.
El historiador alemán
Enrique Otte recoge en la página 61 de su libro Cartas
Privadas de emigrantes a Indias: 1540-1616 (FCE 1993) una carta
de un colonizador llamado Andrés García, fechada el 10 de febrero de
1571, dirigida a su sobrino Pedro Guiñón, en Colmenar Viejo, en la
que le comunica su matrimonio con una indígena americana:
Caséme en esta tierra con una mujer
muy a mi voluntad. Y aunque allá os parezerá cosa reçia
en aberme casado con hindia, acá no se pierde honrra
ninguna, porque es una nación la de los hindios tenida
en mucho.
Se puede observar en
la pintura
de castas la variedad de combinaciones de mestizaje que
convivieron en América durante la época virreinal y posterior. El
léxico de castas testimonia también la rigidez de este sistema. Hoy
en día, gracias al mestizaje, la población de los países
hispanoamericanos comparte antepasados indígenas, europeos y
africanos, en diversos grados.
Aparte
de los matrimonios hubo, sobre todo, uniones sexuales
extramatrimoniales con mujeres indígenas. Esto se debió también a
que las mujeres castellanas siempre fueron escasas en América. El
ejemplo clásico es el de la
Malinche, amante de Hernán Cortés, con quien incluso tuvo un
hijo, Martín Cortés (al que reconoció en 1529 mediante bula papal de
Clemente VII), que no hay que confundir con su hijo
legítimo del mismo nombre. Pero el mestizaje extramatrimonial
tuvo otras expresiones ilícitas e ilegales. La poligamia,
existente en los pueblos precolombinos, fue prohibida por ser
contraria a la doctrina católica y a las leyes y costumbres, que
eran católicas. No hay estadísticas fiables sobre la proporción de
matrimonios mestizos frente a las fórmulas ilícitas e ilegales de
mezcla de españoles y amerindios durante la colonización española de
América, pero ahí están sus descendientes: en algunos conjuntos de
países, entre indios y mestizos, son el 95% de la población actual.
Se puede observar en
la pintura
de castas la variedad de combinaciones de mestizaje que
convivieron en América durante la época virreinal y posterior. El
léxico de castas testimonia también la rigidez de este sistema. Hoy
en día, gracias al mestizaje, la población de los países
hispanoamericanos comparte antepasados indígenas, europeos y
africanos, en diversos grados.
A continuación,
los principales intereses fueron la agricultura, la vertebración del
territorio, las
exploraciones (descubrimientos), entre los que destaca la primera
circunnavegación del mundo, la expedición
Magallanes-Elcano de 1519 a 1522.
La minería, y el comercio, fuertemente burocratizado desde la Casa
de Contratación de Sevilla.
La introducción
del idioma español, la legislación, el orden social y la administración española, especies animales (perros, bueyes,
caballos, gallinas, ovejas, conejos, burros o cerdos), cultivos (cebada, trigo,
olivo, vid, algodón, caña de azúcar, arroz o café), y técnicas de construcción
naval (astilleros), civil (puertos y caminos), militar (fortificaciones) o
eclesiástica (órdenes seglares o seculares). Entre los cultivos que se
explotaron en América se encontraban la goma,
el tabaco,
el palo
de campeche y la vainilla.
En el sector de
la minería destacó sobre todo la plata; también el oro y las esmeraldas. 17.000
toneladas de plata y unas 200toneladas
de oro arribaron a España hasta mediados del siglo XVII.
Después de 1492, la conquista y
colonización española pretendía integrar a las poblaciones americanas
precolombinas en la Cristiandad y en la Hispanidad. Y consiguió un verdadero
trasplante de civilización. Realizado incluso por los que tenían intereses
privados de enriquecerse, hacerse famosos, conseguir la gloria, adueñarse de
riquezas, utilizar mujeres para su placer, fueran consentidoras o no (que está
claro que es peor, y también está claro que no justifica lo que no llega a tanta
maldad, Mientras que otros intentos pretendieron constituir
factorías comerciales. Y hubo casos mixtos. Aunque no interesa, si otros lo
hicieron peor.
También hubo abusos. Los
cometieron los que allí fueron, no los que no fueron. La pretensión de
algunos hoy de constituirse en acusadores de la nación descubridora y
colonizadora, o de su sucesora actual, o de los actuales pobladores de países
colonizadores, descendientes de los que no fueron a las Indias, ¿no contiene
contradicciones internas, como ser ellos descendientes y continuadores de los
que allí fueron a conquistar y a beneficiarse, y al final desmembrar aquel
imperio para enriquecerse aún más con ello y hablar ellos en nombre de los
indios colonizados, o incluso de los de la época de la independencia, que en
realidad se opusieron a ella o no la apoyaron, no es hacer el indio? Y exigirles
que los culpabilizados les pidan perdón a ellos, ¿no es ocupar de hecho el lugar
de Dios, además sobre la base del ateísmo? Y exigir la propiedad de la tierra
como sucesores de los indios precolombinos, ¿no es, además de hacer el indio,
pretender que los primeros que llegan tienen ya el derecho de propiedad, total,
completo, absoluto y perpetuamente hereditario? Y como toda contradicción
interna, ¿no es exhibir una directriz fija, que es beneficiarse ellos, primero
como conquistadores, después como encomenderos, después como libertadores, que
sustituyeron los virreinatos, por sus caudillatos, para ser al final, como
miembros de la oligarquía, el proletariado interno de las potencias
neocolonizadoras liberales o comunistas.
En las
bulas alejandrinas de 1493 se dice que se concede el dominio sobre tierras descubiertas y por
descubrir en las islas y tierra firme del Mar Océano,
por ser tierras de infieles en
las que el Papa, como vicario de Cristo en la Tierra, tiene potestad para
hacerlo [pero en realidad no es así, el Papa no tiene potestad para ello, aunque fuese una creencia
extendida]. La concesión se hace con sus señoríos, ciudades, castillos,
lugares y villas y con todos sus derechos y jurisdicciones para que los Reyes
Católicos tuviesen tal dominio "como señores con plena, libre y absoluta
potestad, autoridad y jurisdicción", sin más condición que la de no perjudicar a
otro príncipe cristiano que pudiera tener un derecho reconocido en ellos; y se
excluye a toda otra persona de cualquier dignidad, estado, grado, orden o
condición, incluso imperial o real, en el comercio o en cualquier otra cosa, sin
licencia expresa de los Reyes Católicos. Las bulas,
por tanto, decretaban la excomunión para
todos aquellos que osasen viajar a las Indias por
el Oeste sin autorización de los reyes de Castilla. La contrapartida de la
presunta donación es la obligación que impone el Papa a los reyes de Castilla
y León de evangelizar las tierras supuestamente concedidas.
Las bulas de Alejandro VI de 1493
no daban realmente ningún derecho de posesión y mucho menos de conquista.
El Requerimiento de las Leyes de Burgos de 1512 pretendió inaceptablemente
justificar la guerras de conquista en la negativa a aceptar la sumisión a la
Iglesia y a la Corona de Castilla y León. La evangelización era un derecho de
los habitantes precolombinos de las Indias, del que se derivababa la obligación
de los colonizadores de evangelizarlos y civilizarlos.
Afortunadamente no queda ninguna
posesión en manos de España, aunque aún fue peor lo que hicieron para
independizar aquellos territorios y posteriormente los sucesores de los que
cometieron antes abusos en la conquista y colonización. Las riquezas, victorias
y recompensas que consiguieron los conquistadores deben dejar y dejan
indiferentes a los descendientes de los que no fueron a las Indias, y si derivan
de abusos, llevan al repudio total.
Los descubrimientos
(exploraciones)
El Reino
de Castilla compitió con Portugal, pero empezando sus exploraciones del
Atlántico con retraso respecto a los lusos:
hasta finales del sigloXV los
exploradores castellanos no entrarían en competencia directa con sus vecinos peninsulares aunque
su presencia comercial y pirática era activa en las aguas atlánticas. El primer
enfrentamiento fue por las islas
Canarias, que fueron confirmadas como posesión castellana en el Tratado
de Alcáçovas e incorporadas en su totalidad tras largas campañas contra los indígenas
insulares entre 1478 y 1496.
Por otro lado, los recursos
castellanos estaban dedicados al esfuerzo
bélico contra el reino
de Granada en la península
ibérica. Una vez terminada la Reconquista y
recuperada la población de los estragos debidos a la peste
negra, los Reyes
Católicos pudieron dedicarse a la financiación de nuevas exploraciones y
rutas comerciales ultramarinas.
El descubrimiento de América
En 1492, los monarcas deciden
financiar la expedición de Cristóbal
Colón con la esperanza de encontrar una ruta que llegase a las Indias,
navegando hacia el Oeste, buscando una alternativa a la ruta de las especias y
cumpliendo con el Tratado de Alcaçovas, que reservaba a Portugal el camino por
el sur de África.
En rigor, el continente americano
había sido descubierto
por culturas asiáticas, varios milenios antes de la llegada de Colón, pero
hasta ese momento, su existencia había permanecido desconocida por la mayor
parte de las culturas asentadas en Europa, África y Asia. Conocido el nuevo
camino al este del continente
asiático, denominado por algunas etnias europeas como «las
Indias». La delimitación de las áreas de influencia de España y
Portugal pasó a ser un asunto comprometido que acabó resolviéndose
diplomáticamente con la firma de un nuevo tratado en Tordesillas,
de 1494. Dicho tratado fijó el límite entre las dos potencias ibéricas tras
las demandas de Portugal por mover la línea hacia el oeste de un meridiano que
pasaba 370 leguas al
oeste de las islas de Cabo
Verde. Los portugueses se otorgaron todo el territorio no europeo que se
encontraba al este de dicho meridiano. Esto ponía en sus manos África, Asia y la
parte oriental de Sudamérica,
el extremo de Brasil.
Los españoles se adjudicaron los territorios que pudieran descubrirse al
occidente del mismo –tierras prácticamente desconocidas hasta ese momento–
principalmente la zona occidental del continente americano así como algunas
islas del océano
Pacífico.
Al principio, Colón y otros
exploradores españoles quedaron decepcionados por el resultado económico de sus
exploraciones. A diferencia de África o Asia, los habitantes de las islas
del Caribe no poseían especias ni seda, ni tenían bienes que los españoles
consideraran de valor, aunque sí poseían gran cantidad de productos agrícolas
desconocidos por el mal llamado Viejo
Mundo, como el maíz,
la mandioca,
el algodón,
el maní (cacahuete),
los pimientos,
la piña,
la patata y
el tabaco.
Tiempo después, al explorar más el continente, los europeos fueron hallando
nuevos productos y comenzaron a percatarse del valor comercial de los mismos en
los mercados de Europa, para competir con los bienes que portugueses e italianos
llevaban desde Asia y África. A los productos ya mencionados se sumaron nuevas
especias como la vainilla,
el tomate,
el cacao y
su derivado el xokolatl
o chocolate, la llamada pimienta
de Jamaica, o la cochinilla,
fuente de un apreciado tinte.[l]
Ya en 1496, Bartolomé
Colón funda Santo
Domingo, conocida por ser el lugar del primer asentamiento europeo en América y
por ser la primera sede del gobierno colonial español en el Nuevo Mundo.[28] Pero
en aquel momento no se conocía la existencia del continente, al otro lado del golfo
de México, ni del tamaño real del océano más
grande de la Tierra.
En el interior de América los
españoles encontraron dos grandes imperios, el azteca y
el inca que
eran tan extensos y poblados como cualquier reino de Europa.
Su conquista se vio facilitada por las alianzas que los conquistadores
españoles establecieron con los pueblos sojuzgados por dichos imperios y por
la catástrofe
demográfica que sufrieron provocada por las enfermedades llevadas
inconscientemente por los europeos, especialmente la viruela.
En otros casos, la resistencia de las culturas indígenas fue tan tenaz, que su
conquista por parte de los europeos exigió largas guerras, terminando siendo
conquistados siglos más tarde. Existe algunas excepciones de pueblos originarios
que resistieron la colonización Europea hasta bien avanzado el sigloXIX (cuando
España ya no poseía dominios en la América continental), tal caso es el pueblo
mapuche, quien terminó entrando
en conflicto con los criollos.
De todos modos, como las especias
más apreciadas en Europa no aparecían en el nuevo continente, la Corona española
siguió con sus miras puestas en las Indias orientales. Por ello, en 1519, año en
que Hernán
Cortés desembarcaba en México,
financió la expedición del marino portugués Fernando
de Magallanes. El objetivo del viaje era encontrar las Islas
de las Especias (las Molucas,
Indonesia) navegando hacia poniente para comerciar con ellas en beneficio de
Castilla, dado que por el Tratado de Tordesillas correspondían a su zona de
influencia. Magallanes había intentado antes que la expedición la financiase
Portugal pues había participado en la colonización de la India y Malaca,[n] pero
respetuosos los portugueses del Tratado, se negaron a ello y también a
incrementarle el sueldo. Decepcionado, se retira, pero permanece en suelo patrio
durante un año y traba amistad con un personaje que será importante en su
futuro: Rui
Faleiro.
Desde tiempo atrás Magallanes se
fue convenciendo de la existencia de un paso por poniente a
las Molucas, cruzando el mar
del Sur. El tal paso se había buscado con denuedo sin
conseguirlo, pero Magallanes se mantuvo firme en su convicción de que no había
una franja de tierra de Polo a Polo.[o] Con
el apoyo de Faleiro[29] lo
llevó a Sevilla el
20 de octubre de 1517 llega a Sevilla con la intención de ponerse al servicio de
la Corona española con el fin de ser el primero que descubra el deseado paso. Carlos
I el 22 de marzo de 1518 en la oportuna Capitulación.
El rey Manuel de Portugal, que ha conquistado Malaca, ve peligrar el último y
definitivo objetivo: las Molucas. Por lo que trataó de sabotear la expedición
enviando a su embajador Álvaro de Costa. Pero ambos monarcas tienen mucho
cuidado en salvar las apariencias; ay que, porque por aquellas fechas, Manuel I
iba a casarse con Leonor
de Austria, hermana del rey español, y Carlos I se mantuvo firma junto a
Magallanes en la empresa de La Especiería.
La
nao Victoria fue la única de la Armada de
Magallanes que regresó a España.
De acuerdo con las Capitulaciones la
armada tendría dos capitanes generales, en pie de igualdad: Magallanes y Faleiro,[29] el
astrónomo, quien se encargaría de la construcción de los instrumentos náuticos
necesarios y, sobre todo, de la ya comentada espinosa cuestión de la longitud; pero,
sin estar claro el porqué, Faleiro es apartado de la expedición,[p] y
sustituido por Andrés de San Martín, que se siguió las indicaciones de aquel
para determinar la posición en alta mar, con resultados satisfactorios para la
época; pero Magallanes queda como el capitán general. Sin
embargo, al frente de la mayor de las naves, San Antonio, se
pone a Juan
de Cartagena, primo del obispo de Burgos,
quien recibe además cédula de Veedor General y conjuncta
persona —«adjunto»— del portugués, con el encargo de velar por la buena
marcha general de la expedición y de cuidar que no haya negligencias, tareas de
límites ambiguos e imprecisos. Decisión un tanto política, resulta envenenada,
pues ambos hombres se enfrentarían con consecuencias muy graves.
Se aparejó una flota de cinco naos[q] con
una tripulación de 265 hombres: Trinidad —la capitana—, San
Antonio, Concepción, Victoria y Santiago.
Desplazaban entre 144 toneladas —San Antonio— y 90 toneladas
—Santiago—. Se dotaron adecuadamente con armas, útiles
diversos, mercaderías para trueques, y bastimentos abundantes: bizcocho, vino,
vinagre, pescado seco, tocino, habas, garbanzos, lentejas, harina, ajos, quesos,
miel, almendras, anchoas, sardinas, pasas, ciruelas, higos, azúcar, membrillo,
mostaza, alcaparras, arroz. Incluso se embarcaron seis vacas[30] para
disponer de leche fresca, y como reserva de carne. El costo total[30] de
la Armada de Magallanes ascendió a 8751125 maravedíes y
partió el martes 20 de septiembre de 1519. Seis días después arribaron a Tenerife para
abastecerse de agua, carne y leña. Por último, el 3 de octubre, fecha en que
zarpan a medianoche en dirección sur hacia las costas africanas de Sierra
Leona en lugar Brasil,
una decisión extraña.[r] Lo
que incomodó a Cartagena. Aparentemente, el incidente no tiene consecuencias,
pero después de catorce días sin vientos favorables
el descontento de Cartagena fue a más y niegó el saludo protocolario al capitán
general,[s] un
acto inamistoso que terminaría con la destitución y arresto de Cartagena. Luis
de Mendoza se ofreció a responsabilizarse del capitán destituido, para evitar
que un hidalgo español fuera al calabozo, a lo que Magallanes accede. Antonio de
Coca fue nombrado capitán del San Antonio. Este grave
incidente va a tener peores consecuencias más adelante.
Tras cruzar el Atlántico tocan
tierras brasileñas en
el cabo de San Agustín,[t] a
23 grados y medio de latitud sur,
donde se proveen de carnes, fruta, patatas.[u] Pasados
los 34 grados creen haber llegado al paso y se internan
durante quince días para realizar el primer descubrimiento de importancia: Río
de la Plata.[v] El
24 de febrero avistaron el golfo
de San Matías,[w] más
allá de los 40 grados, pero tampoco lograron localizar ningún paso hacia el
oeste. El 31 de marzo de 1520, festividad de San Julián, fondearon en al que
llamarán Puerto San Julián,[31] a
49 grados de latitud sur y Magallanes decidió invernar debido
al tiempo.[x]
La primera vuelta al mundo. Por vez primera se accede a
Oriente navegando hacia Poniente.
Los capitanes se quejaban del
silencio de Magallanes: «Ni tomaba consejo de sus oficiales ni les daba la
derrota que habían de seguir».[30] Y
por si fuera poco se ordenó un racionamiento más estricto de los víveres. Tanto
es así que el 1 de abril de 1520, Domingo de Ramos, se celebre la primera misa
en tierras argentinas y tras ella la situación se volvió tan insostenible que
Magallanes sustituye a Coca por su primo Álvaro de Mesquita como comandante del San
Antonio, la mayor de las naves, que no podía arriesgarse a perder. Pero esa
noche Quesada, Coca y Cartagena abordan la San Antonio, reducen a Mesquita
y acuchillan a Juan de Elorriaga, el Maestre. Sin pérdida de
tiempo los tripulantes portugueses fueron presos. Convidaron a comida y vino a
quienes no se opusieron. Los amotinados pudieron regresar a sus naves, dejando
la San Antonio al mando de Juan
Sebastián Elcano.[y] En
la Trinidad no se sospecha nada, hasta la mañana siguiente en
que Magallanes cayó
en la cuenta de que haber perdido tres navíos: Concepción, Victoria y San
Antonio; pero los amotinados debían estar indecisos por no haber formulado
exigencias y Magallanes decisió enviar un boto señuelo con Gonzalo Gómez de
Espinosa, alguacil del Trinidad,
con una carta para Luis de Mendoza, y otro con sesenta hombres al mando de Duarte
Barbosa que recuperaron la Victoria. Sofocado el motín,
Magallanes envió el Santiago, mandadó por Joan Serrano,[32] hacia
el sur para explorar. La nave llegó a la desembocadura del río
Santa Cruz; pero una tempestad hundió la nave.
El 24 de agosto zarparon las
cuatro naves restantes, pero dos días después debieron volver a fondear para
esperar la llegada del verano. aguardando la llegada del verano. Por fin el 18
de octubre levaron anclas hacia el Sur. Tres días después, festividad de Santa
Úrsula y las Once mil Vírgenes, comenzaron a realizar uno de los descubrimientos
de la expedición cuando llegaron a un cabo,
posteriormente llamado Cabo Vírgenes, y una bahía de
aguas oscuras, encajonada entre riscos y montañas coronadas
de hielo,
aparentemente sin salida. Sin embargo, siguiendo la rutina de tantas otras
ocasiones, Magallanes dispuso que la San Antonio y la Concepción se
internen cuanto puedan, mientras el Trinidad y Victoria exploran
el exterior. Esteban
Gómez, capitán de la San Antonio, se insubordinó regresó
a España en secreto con la mayoría de los víveres.Por fortuna la Concepción informó
que las aguas son
saladas y con mareas.
No se trata de otro río. El día
de Todos los Santos las tres naves se internaron en aquellas aguas.[z] El
curso es enrevesado con multitud de ramales y el avance es lento y peligroso,
pero llegaron a la desembocadura de un río que llaman Río de las Sardinas, desde
donde se adelanta un bote que tres días después retornó con la noticia de haber
avistado el mar, localizando el estrecho
de Magallanes, el ansiado paso hacia el Mar del Sur.
La expedición no solamente
consiguió su objetivo, al encontrar un paso por el sur de América y una ruta por
el océano
Pacífico, que supuso el hallazgo de islas
Filipinas para los europeos, sino que acabó siendo la primera expedición
que, a su regreso, tres años más tarde y al mando de Juan
Sebastián Elcano, había circunnavegado el
globo.
El descenso del río Amazonas.Francisco de Orellana
El
descubrimiento del río más largo y caudaloso de la Tierra no se debió
a un intento preconcebido, sino a un cúmulo de acontecimientos. Parte de dicho
curso fluvial ya se conocía, pues Vicente
Yáñez Pinzón había explorado la desembocadura de Río en 1500, pero el
interior continuaba siendo una incógnita. Fue cuarenta años más tarde Francisco
Pizarro ordenó a su hermano Gonzalohacerse
cargo de la provincia del norte, llamada gobernación de Quito,
en la que algunas leyendas auguraban cubierta de canela e
incluso cuna deEl
Dorado, e incluso un futuro virreinato era lo bastante grandes.[19]
El 1 de diciembre de 1540
Gonzalo Pizarro realizó un primer intento partiendo de Cuzco con
cien hombres a pie y otros tantos a caballo, pero un número así de reducido hizo
fracasar el intento. Por ese motivo aceptó de muy buen grado el apoyo de su
primo Francisco
de Orellana para una segunda tentativa. Este volvió a Guayaquil para
reclutar efectivos, porteadores y animales como llamas y cerdos, mientras
Gonzalo hacía lo propio en Cuzco (Gheerbrant,
1990, p.16).
La comitiva reunida por Gonzalo Pizarro era la más grande vista en esas
tierras. Constaba de 340 hidalgos, 200 de ellos a caballo, 2000 perros
entrenados para la lucha, 4000 porteadores indios, 2000 llamas cargadas y 2000
cerdos. Por su parte Orellana reunió 21 hombres y séquito, por lo que
pudo avanzar más ligero, pese a ello había perdido todos los caballos y
pertrechos cuando se unió con Gonzalo (Gheerbrant,
1990, p.16
y 17). Todos juntos emprendieron la marcha; pero, tras recorrer treinta
leguas, unos 200 km, la expedición estaba extenuada y al llegar a lo que
consideraban su destino descubrió que no había nada de lo esperado.[33] Debido
a lo duro de la ruta seguida, los españoles trataron de hallar otro camino
siguiendo un río poblado por nativos pacíficos que después sería conocido como río
Coca. Por él llegaron al río
Napo, en el cual decidieron comenzar la construcción de un bergantín para
transportar los pertrechos y los enfermos hasta llegar a un poblado abastecido
de víveres. Pero dicho poblado no apareció cuando habían consumido ya la mayor
parte de los suministros; por lo que Orellana propuso adelantarse con setenta
hombres por el agua con algunas embarcaciones para no desplazar a toda la
expedición. Según relató el dominicoGaspar
de Carvajal la fuerza de la corriente les impidió volver atrás e informar al
grueso del grupo, llegaron a recorrer 25 leguas por día, es decir, más de 200
kilómetros. Por su parte, Gonzalo Pizarro agotó su paciencia y decidió regresar
a Quito por tierra.[ab]
Tras una semana de descenso y unos
1200 kilómetros recorridos, los hombres de Orellana estaban extenuados y
hambrientos, pero gracias a un manto púrpura logran suministros para pasar un
mes construyendo el barco que les debía llevar a Perú por ese río que creían un
estuario del océano Pacífico. Antes de salir, Orellana trató de avisar a Gonzalo
Pizarro sobre sus intenciones, pero no se presentaron voluntarios suficientes,
por lo que consultó con sus hombres y fue nombrado jefe de la expedición.
El llamado «el infierno verde» del Amazonas
resultó muy duro para los españoles.
El 11 de febrero de 1541 los
hombres de Orellana dejaron atrás el futuro Napo y otros afluentes como el río
Negro para navegar por el Amazonas. Quince días después encontraron un
poblado donde pudieron abastecerse y construir otro barco. A partir de allí
pocas aldeas les prestaran apoyo por lo que los detalles suministrados por el
cronista Gaspar de Carvajal no se han considerado muy rigurosos. El 5 de junio
de 1542 el dominico apunta que llegaron a un asentamiento en cuya plaza
encontraron dos leones y hablaron con un indígena que les aseguró ser tributario
de las Amazonas (De
Carvajal, 1944, p.36
y 37). Los días 24 y 25, según el cronista de la expedición,
efectivamente divisaron un poblado habitado solo por mujeres que los atacaron,
pero pudieron repelerlas con ballestas y
disparos de arcabuces con
pocas consecuencias, aunque De
Carvajal(1944, p.37) resultó
herido en un ojo.
Siempre han existido dudas sobre
la veracidad del diario escrito por el religioso (Gheerbrant,
1990, p.26
y 27). Así, durante la Ilustración,
se dieron explicaciones a esos detalles extraños, en especial de aquel que
cambió el nombre del Río por el de Amazonas (Gheerbrant,
1990, p.56
y siguientes),[ac] una
posible explicación afirma que los españoles coincidieron en un momento en que
los hombres habían salido fuera del poblado por alguna razón (Gheerbrant,
1990, p.56
y siguientes).
Al pasar por la desembocadura del río
Xingó, la selva fue
dejando paso a la sabana,
pero los ataques de los nativos continuaron.[ad] Pero
los españoles ya notaban la marea penetrando en el Río, por lo que la
desembocadura debía estar cerca. Finalmente, los hombres de Orellana llegaron al
estuario a mediados de julio de 1542. Pese a todo, los expedicionarios aún
tuvieron que repelar nuevos ataques, en esta ocasión de los caribes[ae] y
reparar una de las embarcaciones, (Gheerbrant,
1990, p.19
y 20) por lo que no fue hasta el 26 de agosto de 1542 cuando la
expedición divisó el océano Atlántico.[35]
Exploración de América del Norte
Juan Ponce de León dio nombre a La Florida en
1513, cuando la tomó en nombre de la corona de España. Hasta 1563 los
españoles enviaron varias expediciones para explorarla, pero sin llegar a
levantar ninguna fortificación estable. Sin embargo, la presencia en 1564 de un
nutrido contingente de hugonotes franceses, que alzaron un fuerte en la
desembocadura del río San Juan, supuso una seria amenaza que llevó a España a la
decisión de establecer una presencia militar permanente en el área. El 28 de
agosto de 1565, Pedro
Menéndez de Avilés funda la ciudad de San Agustín. Es el asentamiento
europeo más antiguo ocupado hoy en EE.UU.
Solo San
Juan (Puerto Rico) la supera como ciudad más antigua de "los Estados
Unidos".
La conquista de México
Los españoles continuaron
explorando el Nuevo Mundo, y en 1517, Francisco
Hernández de Córdoba llegó a la costa de Yucatán.
Después de dos enfrentamientos con los mayas, Hernández de Córdoba fue herido y
pereció a su regreso a Cuba.
En 1518 Juan
de Grijalva llegó a Campeche y Tabasco.
En este último lugar se entrevistó con el cacique o
gobernador maya Tabscoob y
escuchó acerca de una ciudad poderosa, capital del imperio más grande de Mesoamérica,
la Gran
Tenochtitlan, culminando su viaje en Veracruz.
En 1519, bajo la designación de Diego
Velázquez de Cuéllar, gobernador de Cuba (llamada
entonces Fernandina, en honor al rey de Aragón), Hernán
Cortés zarpó y llegó a territorios recién descubiertos en febrero. En marzo
arribó a Tabasco en
donde derrotó a los indígenas en la batalla
de Centla, fundando la villa
de Santa María de la Victoria que sería la primera población española en la
Nueva España. Es aquí donde le es obsequiada Malintzin,
que sería su gran traductora y pieza clave en la conquista. Continuó su viaje y
fundó La Villa Rica de la Veracruz en
territorio azteca, primera villa europea institucionalizada en el Nuevo Mundo.
El 8 de noviembre de 1519, Cortés llegó a México-Tenochtitlan.[36]
Expedición de Coronado.
La conquista del Colorado
En el año 1540 la región sur de los actuales Estados
Unidos fue explorada por la expedición de Francisco
Vázquez de Coronado llegando a visitar el Gran
Cañón. El primer europeo que contempló el Gran Cañón del Colorado fue García
López de Cárdenas,[37] que
al mando de un puñado de hombres partió desde la población indígena que los
españoles llamaron Quivira,
pueblo habitado por los indios Zuñi y
supuestamente una de las siete ciudades de oro del reino de Cíbola,
pueblo del cual actualmente se ignora su ubicación ya que los historiadores
difieren sobre ello; algunos ubican Quivira en Nuevo
México, en tanto otros piensan que estaba en Kansas.
No se debe confundirla con una población ubicada en Nuevo
México que expedicionarios españoles llamaron, alrededor del año 1600, Pueblo
de las Humanas y posteriormente fue conocida como Gran
Quivira.
En Quivira se
encontraba parte de la expedición comandada por Vázquez de Coronado con treinta
hombres, y se comisionó a García López de Cárdenas junto con un puñado de
hombres para encontrar un río del cual los indios Hopi les
habían hablado, para lo cual se le concedieron 80 días para que fuera y
regresara.
Después de 20 días de viaje
exploratorio encontraron el Gran Cañón del Colorado; sin embargo, no pudieron
bajar hasta el río para abastecerse de agua, y después de varios intentos para
descender empezaron a tener problemas de agua para beber, por lo cual decidieron
regresar.
Días después sería Fernando
de Alarcón (quien participaba en el viaje de exploración pero por vía
marítima) el primer europeo en tocar y navegar las aguas del río
Colorado, pero a cientos de kilómetros del Gran Cañón. Quien descubrió el río
Colorado fue Francisco
de Ulloa el 28 de septiembre de 1539, tomando posesión de la desembocadura
del río (la nombró Ancón de San Andrés), en beneficio de la Corona
Española, sin navegar aguas arriba como lo hizo Fernando
de Alarcón.
Los países no ibéricos no
reconocieron el Tratado de Tordesillas. Los Países Bajos, contaban con una
tradición marinera (tras su independencia de los Austria), Francia, e Inglaterra
y –pese a las prevenciones ibéricas– las nuevas técnicas y los nuevos mapas
acabaron llegando al norte.
La primera de estas expediciones
fue la de Juan
Caboto, un navegante italiano, que había navegado con los castellanos,
financiado esta vez por Inglaterra llegó al golfo
de Maine en mayo de 1497 (Cuthbertson,
1997, p.39).
Sería la primera de una serie de misiones francesas y británicas que exploraron América
del Norte. En gran parte, España había ignorado la parte norte del
continente americano ya que se había concentrado en ir expandiendo los
conocimientos de continente de forma concéntrica. Los viajes de Caboto, Jacques
Cartier y otros pretendían encontrar el Paso
del Noroeste y, mediante él, tener acceso a las riquezas de Asia,
no tuvieron éxito: jamás se descubrió dicho paso, pero las exploraciones
revelaron otras posibilidades y a principios del sigloXVII empezaron
a asentarse los primeros colonos del centro y el norte de Europa en la costa
oriental de Norteamérica.
Los países del norte no fueron
rivales de los portugueses en África y en el océano
Índico hasta el sigloXVII cuando
los piratas franceses y después ingleses y neerlandeses crearon una cierta flota
capaz de medirse con los lusitanos (zu
Mondfeld, 1978, p.169
y siguientes) y empezaron a competir con el monopolio portugués y
español, atacando barcos, fundando fuertes y creando colonias propias. Poco a
poco aumentó el comercio de los países nórdicos sin que por eso disminuyese el
comercio oceánico de portugueses y españoles.
Las demás naciones europeas no
adquirirían su fuerza naval y terrestre hasta la llamada Era
de los redescubrimientos. Así rodear los dominios portugueses más valiosos
(como con Hong
Kong, frente a la colonia portuguesa de Macao). También les tomaron la
delantera en la exploración de las últimas regiones desconocidas del Océano
Pacífico y de la costa este de América del Norte, que eran parte de la «zona
española» del reparto del Tordesillas. Exploradores neerlandeses como Willem
Jansz y Abel
Tasman exploraron las costas de Australia,
mientras que en el sigloXVIII fue
el marino británico James
Cook quien cartografió gran parte de la Polinesia.
También cabe destacar que en ese mismo siglo fue cuando el danésVitus
Bering exploró el estrecho
que lleva su nombre.[38]
Exploraciones británicas
Las exploraciones inglesas fueron escasas y generalmente trágicas.
En palabras de Michael Alpert
Inglaterra «había jugado un papel secundario» en las exploraciones y
descubrimientos. Según el mismo autor, Inglaterra tenía un gran problema con el
creciente poder español en el continente y con la pacificación de su primera
colonia, Irlanda también
católica y por tanto primitiva para los ingleses (Alpert,
2007, p.50-52).
Estos dos focos de atención acapararon la mayor parte de los recursos
disponibles por la Corona, quien realizó muy pocas misiones por el Atlántico
hasta lograr algunas décadas de paz en el sigloXVII,
por lo tanto, cuando la Era de los descubrimientos tocaba a su fin.
Uno de los pocos exploradores
ingleses de aquella época fue Martin
Frobisher quien realizó una ruta por el Ártico en
busca de un paso para fondear en Asia. De aquella misión traería dos indígenas
que fueron retratados después por John White (Alpert,
2007, p.50).
Pese a ello, los anglosajones británica enfatizan que dichos indígenas lo
hicieron de forma voluntaria, muy al contrario que Jacques
Cartier. (Cartier,
Biggar y Cook, 1993, p.35).
En 1584 expidió una patente de
colonización y exploración a Walter
Raleigh y poco después este tomó posesión de un territorio en América del
Norte al que llamó Virginia, en honor de la reina Isabel I que por permanecer
soltera era una reina virgen. Al año siguiente 108 ingleses desembarcaron en Roanoke para
fundar una colonia, pero la dureza de la vida obligó a regresar a los
supervivientes. Dos años después, en 1587, John White volvió a intentarlo con
117 colonos en la Colonia
de Roanoke y alumbró el primer nacimiento de una colona: Virginia Dare, su
nieta. John regresó a Inglaterra para recaudar fondos y cuando logró volver en
1590 toda la colonia había desaparecido, incluida su hija y nieta (Alpert,
2007, p.51).
Un final similar cosechó Henry
Hudson (1565-1611), que exploró un
río y una
bahía que actualmente llevan su nombre.[39] Así
mismo en 1611 planificó una ruta para profundizar en los descubrimientos de
Frobisher por el cabo
Norte, el mar
Blanco y el océano Ártico (Butts,
2009, p.62).
Su muerte, cuando él quizá contaba 37 años, trucó una posible carrera como
explorador y su viaje final ha quedado como una gesta casi mítica en obras como
la del pintor John Collier o el escritor Edward Butts(2009,
p.11-12).
Exploraciones francesas
Quizá el más grande explorador
francés fue Jacques
Cartier. Este oriundo de Saint-Malo había
tenido noticias de los descubrimientos españoles y de las riquezas que
comenzaban a descubrirse. Francisco
I de Francia no reconocía el Tratado de Tordesillas y encargó a Cartier
tomar posesión de las nuevas tierras que pudiese descubrir. Cartier era un
veterano marino que había estado ya en Carolina
del Norte, bajo el mando del italiano Giovanni
da Verrazzano(Cartier,
Biggar y Cook, 1993, p.IX).
El 20 de abril de 1534 Cartier
partió de Saint Malo con dos naves y 65 hombres para realizar una primera
exploración de las tierras en América del Norte en nombre del rey de Francia
Francisco I (Cartier,
Biggar y Cook, 1993, p.35).
En veinte días cruzó el océano avistando las costas del actual Labrador y
Terranova. Al contrario de lo que había encontrado Francisco de Orellana en el
Amazonas, los indios Micmac y
los iroqueses no
se mostraron hostiles a los europeos y pudieron intercambiar pieles por joyas y
otros objetos, como podemos leer en la propia obra del navegante francés (Cartier,
Biggar y Cook, 1993). Ante lo afable de los
indígenas Cartier desembarca en la península
de Gaspesia, frente a la desembocadura del futuro río San Lorenzo, y la
reclama para Francia.
En esa primera incursión se
produjo un hecho no exento de controversia. Durante una visita al jefe iroquese Donnacona,
acuerda que dos de sus hijos viajaran con los recién llegados a Francia para
conocer las costumbres francesas, ver las maravillas que ofrecía el mundo y
servir en un futuro de intérpretes (Cartier,
Biggar y Cook, 1993, p.XXXVIII).
Esta es una de las versiones, la otra sostiene que Cartier secuestró a los
muchachos llevándolos en su barco contra su voluntad (Washburn
y Sturtevant, 1989, p.20).
Sea como fuere, la expedición prosigue su exploración hacia el norte, hasta la
isla de Anticosti,
pero los fuertes vientos hacían peligrosa la navegación por lo que Cartier
decidió regresar a Francia, arribando a Saint Malo el 5 de septiembre de 1534.
El viaje había durado unas 15 semanas.
El soberano francés vio posible
aumentar sus dominios en unas tierras que quizá pudiesen aportar grandes
beneficios a la corona gala, posteriormente se comprobaría lo equivocado de esta
esperanza, pero en aquel momento Francisco I ordenó prepara una escuadra
compuesta por el Gran-de-Hermine, el Petitte-Hermine y
el Emerillon(Appell
y Ballester, 1968, p.24).
El 15 de mayo de 1535 Cartier volvió a zarpar con la nueva escuadra rumbo a la
que llamaría Nueva Francia, más tarde la provincia canadiense de Quebec.
En este segundo viaje su objetivo era penetrar en el nuevo continente por el río
recién descubierto.
Tanto la nueva singladura por el
Atlántico, como la navegación por el San Lorenzo fueron duras y azarosas. Dentro
del Río encontraron una isla con frutos parecidos a las uvas y la denominaron
«isla de Baco». En dicho accidente geográfico Cartier decidió dejar las dos
primeras naves, las más dañadas, y buena parte de la tripulación, para proseguir
a continuación la exploración en el Emerillon con algunos hombres. El cauce de
agua seguía siendo muy ancho, pero al dejar atrás una gran isla, la actual isla
Orleans, los franceses contemplaron su progresivo estrechamiento y en una de sus
orillas avistaron un poblado indio. En él mantuvieron el primer contacto con la
tribu de los Stadacone, donde después se levantaría la ciudad de Quebec. Dicha
tribu los informó de la presencia de un gran asentamiento indígena más adelante,
sin embargo los nativos trataron de disuadir a Cartier de continuar adentrándose
más. Pese a las advertencias y al temor de sus hombres, el francés decidió
seguir adelante (Appell
y Ballester, 1968, p.24
y 25).
La mañana del 2 de octubre
de 1535 los hombres de Cartier doblaron otro meandro para contemplar un
montículo y un gran poblado llamado Hochelegua. Los indios los recibieron
amigablemente dentro de la que después sería la ciudad de Montreal(Appell
y Ballester, 1968, p.26).
Así terminaría la primera parte de la exploración francesa del Canadá para
comenzar su colonización.
Un célebre explorador francés fue René
Robert Cavelier de La Salle (1643-1687) el cual realizó incursiones en
América del Norte, donde recorrió la región de los Grandes
Lagos, después el río
Misisipi, explorando los territorios situados entre la región de Quebec y
la desembocadura del río Misisipi.[40]
La
colonización del sur de África por los Países Bajos siguió unos fines
parecidos a los portugués, al necesitar bases de avituallamiento para sus
singladuras hacia la India. Sin embargo, en este caso la colonización la llevó a
cabo una empresa privada, la Compañía
Neerlandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oost-Indische
Compagnie o VOC). Esta empresa transportó a los primeros pobladores y
organizó los primeros asentamientos.
En 1652 un pequeño grupo de
colonos dirigidos por Jan
van Riebeeck desembarca en el Cabo de Buena Esperanza. La misión de los
europeos era fundar un asentamiento para plantar hortalizas y elaborar vino,
todos ellos productos de gran efectividad contra el escorbuto sufrido por las
tripulaciones de la VOC camino de Asia. Dicha colonia se llamaría primero
Colonia de El Cabo y después Ciudad del Cabo (Ross,
2006, p.22).
El clima mediterráneo que imperaba
e impera en esa parte del continente era mucho más saludable comparado con el de
otras zonas de África, por tanto las enfermedades causaban muchos menos estragos
entre los colonos. Al mismo tiempo, el territorio permitía el cultivo de
diversas hortalizas, de la vid o la crianza de ganado bovino y ovino, además
existían manadas de antílopes y otros grandes mamíferos para
cazar. Por todo, la población descendiente de europeos, los afrikaners,
se duplicaba con cada nueva generación (Ross,
2006, p.27) y
la población fue adentrándose en el interior paulatinamente. Ese siglo y medio
de dominio neerlandés sería suficiente para imprimir un sello que perduraría en
la futura Sudáfrica: el estar habitada por blancos africanos descendientes de
otros blancos africanos, lo que no serían los rhodesianos o los argelinos franco
parlantes. Fue solo siglo y medio porque las Guerras Napoleónicas en Europa y el
apoyo de los Países Bajos a Napoleón llevó a la pérdida de la Colonia frente a
los británicos.
La
exploración rusa
Los mongoles y sus sucesores geográficos, los tártaros,
contuvieron al exploración rusa durante décadas.
Las exploraciones realizadas por
los rusos realmente se restringen a Siberia,
o más concretamente a la parte más oriental de Siberia, y Alaska.
Bien es verdad que la palabra Siberia da nombre a una vasta
región de la Tierra que va desde el frío ártico hasta el calor tropical,
siguiendo la frase de Emil Lengyel(1943,
p.12).
La existencia de una inmensa masa
continental más allá de los montes
Urales hasta el Pacífico ya era conocida muchos siglos antes de la Era de
los descubrimientos. Los mongoles y los tártaros provenían de partes de Siberia
o sus estribaciones. Así mismo, los japoneses y los chinos habían explorado la
costa de la región más oriental y de la península
de Kamchatka, situada a pocas millas náutica de las islas
Kuriles. Por tanto, el tamaño y ubicación de la totalidad del territorio era
conocida desde la Edad Media o incluso antes. Para los occidentales Siberia
tampoco constituía ningún secreto porque Marco Polo había traído noticias de
tierras al norte de las regiones que había recorrido. Pero debido a su gran
tamaño gran parte de su interior permanecía desconocido.
Fue la derrota de los tártaros a
manos de Iván
III el Grande y el progresivo nacimiento de un estado ducal hacia 1478 lo
que permitiría a los rusos despojarse de su condición de vasallos y
posteriormente colonizar y explorar Siberia. Los sucesores de Iván III
continuaron sus políticas logrando cierta estabilidad para el reino (Anderson,
2007, p.336
y siguientes) posibilitando su expansión. Sin embargo, los dirigentes
rusos miraron hacia el Báltico y no a Crimea y Siberia, cosechando varias
derrotas contra los ejércitos polaco y sueco (Anderson,
2007, p.339).
No fue hasta bien entrado el sigloXVI cuando
se realizaron misiones importantes al interior siberiano. Estas les fueron
confiados sobre todo a los cosacos(Lengyel,
1943, p.46).
Así tras muchas vicisitudes lo que quedaba del ejército mandado por Yerman
Timofeievetch entró en Siberia en 1580 y negoció con el khan mongol la
cesión de algunos territorios. Finalmente los ex convictos y exdelincuentes de
Yerman lucharon contra el khan derrotándolo y consiguiendo para el Zar cierta
sumisión de las distintas tribus y clanes que poblaban Siberia.
Los sucesivos gobernantes de Moscú
siguieron aumentando su presencia con legisladores, funcionarios, cobradores de
impuestos y convictos (Lengyel,
1943, p.50).
Además las vastas extensiones siberianas ofrecían a los súbditos de los zares
cierta libertad y ausencia de señores a los que obedecer. La inmensa región no
mostraba signos de poseer oro, plata o piedras preciosas, pero era muy rica en
pieles y ya en 1586 un tercio de los ingresos de Rusia provenían de las pieles
siberianas (Lengyel,
1943, p.56).
Como se ha indicado, el avance ruso fue más bien una empresa colonizadora y no
descubridora. Sería necesario esperar a Semjon
Ivanov Deshnev para conseguir información de primera mano sobre territorios
realmente desconocidos por los europeos. Este cosaco partió hacia el este con un
grupo de convictos y ex convictos pare llegar al río
Yenisei y descubrir una conexión con una de las corrientes fluviales más
importantes de la Tierra: el río
Lena. La expedición lo recorrió casi en su totalidad hasta el delta.
Finalmente Deshnev y sus cosacos dejaron la dirección norte, que los hubiera
llevado al océano
Ártico, para seguir hacia el este hasta por fin atisbaron el Pacífico en
1636.
La colonización y después
exploración de la Siberia no conocida había llevado unos cincuenta años, por
tanto se hizo más rápido que la de los Estados Unidos para una región con el
doble de terreno aproximadamente. Esta celeridad se debe, para Lengyel(1943,
p.57), a dos razones: por una parte la
demanda de pieles y por otra al carácter violento de los cosacos para quienes la
paciencia no constituía su principal virtud.
Posteriormente, fuera ya de la Era
de los descubrimientos, los rusos siguieron avanzando hacia el este. Más de un
siglo después de la expedición del ruso Semión
Dezhniov, el danés Vitus
Bering lideró a un grupo de rusos al servicio del Zar por el canal que
después llevaría su nombre y tomaron posesión de Alaska en 1741 (Fuster,
1998, p.78).
Los efectos de
la Era de los Descubrimientos fueron variados:
Por una parte se puede mencionar
el movimiento del eje comercial del mundo del este europeo al oeste. Durante la Edad
Antigua fue la economía del Mediterráneo la más vibrante del Planeta, para
convertirse las regiones de Asia menor y después los mares del norte en el otro
centro económico en la Edad Media, destacando la Liga
Hanseática, y sobre todo los reinos del Mediterráneo oriental que asimilaron
a los cruzados.[48] Así
regiones como la península itálica y Grecia habían
sido las más ricas y poderosas, para pasarle después el testigo a los dominios
árabes, y en 1441 con el descubrimiento de la ruta naval a Río
de Oro con Enrique
el Navegante, el nuevo centro económico pasó al Atlántico dominado por
Portugal y España. A partir del sigloXIX la
economía del Atlántico pasó a estar dominada por los estados de Europa
septentrional como Francia, Inglaterra y los Países Bajos, algunos de los cuales
siguen siendo los más prósperos y potentes del continente.
Otra consecuencia fue la llegada
de nuevos productos culinarios. Con el descubrimiento y la conquista
de América los españoles y portugueses llevaron a Europa frutas y hortalizas
de una especial relevancia para la dieta europea como las distintas especies de
pimientos, la vainilla, el maíz, el tomate y una de gran importancia para evitar
las hambres catastróficas: la patata. Pese a que la implantación en Europa no
fue inmediata la llegada de la patata permitió conseguir una segunda cosecha no
sincrónica con la de los cereales.[13]
Como también se ha visto, la
educación y sus métodos se vieron muy afectados al ponerse en duda primero y
desmostarse falsos después muchos dogmas existentes. Así en las universidades
españolas y portuguesas inicialmente y en las europeas más adelante los métodos
escolásticos fueron perdiendo fuerza para ganarla los empíricos, contribuyendo
así a la llegada de la Ilustración.
De la misma forma, las técnicas
navales recibieron un gran empuje con la invención de naves más pequeñas y
maniobrables que pudieran competir con los grandes y poderosos galeones
españoles (zu
Mondfeld, 1978, p.169).
De la misma forma se investigaron métodos más exactos para marcar el rumbo con
ruedas dentadas y posteriormente determinar el tiempo con la invención del
reloj, que daba la posición del barco junto con las indicaciones del sextante.
La etapa de las exploraciones fue
seguida por una revolución comercial en la que el comercio transoceánico se
generalizó. Las ciudades estado italianas perdieron su monopolio del comercio
con Oriente, mientras que en los países del norte los señores feudales fueron
perdiendo su condición de clase más poderosa de la sociedad, siendo reemplazados
por los comerciantes y mercaderes, como ya había ocurrido en la Europa del sur
varios siglos antes. Con el tiempo, en Gran Bretaña, Francia y otros países, la burguesía llegaría
a hacerse con el dominio total de la política y
el gobierno.
Se dice que la
época de las exploraciones acabó a comienzos del sigloXVII,
pese a que la mayor parte de África permanecía inexplorada para los europeos, lo
mismo que Australia y el archipiélago neozelandés. Esas tierras, lo mismo que la
Antártida serían descubiertas en la llamada Era
de los Redescubrimientos y ofrecerían la posibilidad a los anglosajones de
contar con un Cristóbal Colón inglés en la persona de James
Cook.[27]
Cuando la Era de los
descubrimientos llegó a su fin los navíos europeos estaban lo suficientemente
bien construidos y existía una marinería lo suficientemente capaz de navegar
hacia cualquier lugar del Planeta. Naturalmente, las exploraciones siguieron: a
los ya citados continentes oceánico y antártico debe sumarse el desconocimiento
de las Fuentes
del Nilo, las cataratas
Victoria o los cauces del río Congo y Orinoco.
De la misma forma ningún ser humano había visto aún el polo
Norte ni el polo
Sur, no se conocía el tamaño ni la forma del norte siberiano ni se había
visitado el polo
norte magnético.
Por otra parte, solo los
continentes europeos y asiático habían sido explorados más o menos en su
totalidad. La penetración europea o descendiente de europeos hacia el centro del
subcontinente Norteamérica no culminaría definitivamente hasta después de la Guerra
de Secesión. Algo similar a la exploración y conquista del sur de Chile y Argentina,
que sería realizado por Santiago y Buenos
Aires entre mediados y finales del sigloXIX.
Aún con todo el interior africano resultó el más lento de todos pese a estar
colonizada casi toda su costa. La penetración europea en el desierto del Sahara
y las selvas centroafricanas no terminaría realmente hasta los siglos XIX y XX,
cuando Portugal organizó de 1885 a 1890 varias expediciones para controlar el
interior de Angola (Andresen,
2001, p.4), Cecil
Rhodes penetró en las dos colonias que llevarían su nombre y los alemanes
ocuparan las partes de África no conquistadas todavía (Olusaga
y Erichsen, 2010, p.3).
No fue hasta el sigloXX cuando
todo el territorio terrestre puede darse por colonizado.
Aún con todo las exploraciones
siguieron y aún continúan. Los fondos oceánicos no fueron visitados hasta bien
entrado el sigloXX y
aún hoy la exploración del interior terrestre por cuevas y grutas aún se realiza
por medio de actividades espeleólogas terrestres y subacuáticas.
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Proceso histórico:
¿Son las tierras propiedad exclusiva, total y para siempre de los
primeros que llegan? ¿Lo es América?
A América fueron llegando:
pobladores procedentes del Nordeste y del Este de Asia en la época final
de las glaciaciones o Edad del Hielo (110.000 a
JC-10.000 a JC);
en dos oleadas o tres:
Paleoindios
llegados entre el 38.000 a. JC y el 14.000 a. JC
Cazadores Apaches y Navajos
y otros de habla Na-Dene
llegados entre el 12.000 a. JC y el 10.000 a. JC
Y la
migración esquimal-aleutiana de 7.000 a. JC.
Vikingos asentados en Groenlandia entre el año 1.000 d. JC y el 1.450 d. JC.
Castellanos, portugueses y otros de las antiguas Hispanias, desde 1492
Ingleses, neerlandeses, franceses, etc. desde el XVII principalmente
Irlandeses, italianos y españoles en los siglos XIX y XX
El puente de hielo actual Actualmente, los continentes de Asia y
América están separados por el mar. Ambos se encuentran muy cerca en el norte.
Entre el cabo
Dezhniov, en la península
de Chukotka en Siberia,
y el cabo
Príncipe de Gales, en Alaska,
hay un paso marítimo que se conoce como el Estrecho
de Bering y mide 82,7kilómetros
(km) de longitud. Entre los dos extremos continentales, a mitad del
estrecho se encuentra las Islas
Diómedes: Diómedes
Mayor y Diómedes
Menor. En esta parte, entre noviembre y junio, se forma una capa de
hielo que forma un "puente" entre Asia y América. Aunque este paso es
peligroso, por las fuertes tormentas que allí se dan y la fragilidad del hielo
en ciertas áreas, es posible atravesarlo navegando en verano.
La conexión Beringia de la Edad del Hielo (110.000 a. JC-10.000
a. JC) Durante las glaciaciones,
en las altas latitudes como la de Bering y en las montañas altas de nuestro
planeta se formaron inmensos casquetes de hielo. Según los datos geológicos y
oceanográficos, durante el último de estos períodos, conocido como la
Edad de Hielo, que comenzó hace 110.000 años y finalizó hacia el 10.000 a.C.,
los niveles del mar descendieron hasta exponer la plataforma debajo de lo que
ahora es el estrecho de Bering entre Alaska y Siberia, formándose más que un puente
terrestre entre América y Asia: una ancha conexión
Beringia, tan amplia como la distancia norte-sur a través de la Alaska
actual, una región en la que vivían mamuts en la que los pastos
esteparios de Siberia se fusionaban con los de América del Norte, sin
interrupción alguna.
Esta conexión entre Asia y América existió al menos dos veces:
la primera vez fue desde el 38.000
a. JC y duró al menos 4000
años;
la segunda vez fue
desde el 23.000
a. JC. hasta el 9.000
a. JC.
Para la teoría
del poblamiento tardío,
los paleoamericanos entraron
en el continente durante la
última glaciación,
cuando fue posible el paso hacia el Nuevo Mundo a través de Beringia (el
istmo que actualmente está ocupado por el estrecho
de Bering).
Esto sucedió entre
15000
y 14000
añosa. JC. Por
otro lado, la teoría
del poblamiento temprano afirma
que los humanos llegaron a América mucho antes, y está basada en el
descubrimiento de restos cuya datación
por carbono 14 da
una antigüedad mayor que 14000añosa.C.,
algunas investigaciones recientes llevan esta fecha a hace unos
33000
años.
Los pueblos de habla
na-dené (apaches,
navajos
y otros) son descendientes de una
segunda ola migratoria
que se estableció en el norte de América, mientras que
los esquimales llegaron
al continente en un flujo migratorio más reciente.
Un estudio de base genética nos informa de tres oleadas
1) Paleoindios
de hace 16 000 a 40 000 años;
2) cazadores Na-Dene de hace 12 000 a 14 000 años;
3)
la
migración esquimal-aleutiana de hace 9 000 años.
Los Pimans, los Puebloans y los Pai son descendientes de los paleoindios,
mientras que los
Apaches y los Navajos
son Na-Dene. Finalmente, se ha constatado la
hipótesis de una migración de los paleoindios a Sudamérica,
mientras que
el lugar de origen más probable para las tres poblaciones ancestrales se sitúa
en el noreste de Asia.
Se calcula que viven en esta región
unas 100000
personas. Desarrollan una vida nómada,
siguiendo las migraciones de los animales que cazan, entre los cuales pueden
destacarse los caribúes, osos, ballenas y focas.
De estos y otros animales aprovechan todas las partes posibles para alimentarse,
abrigarse y construir viviendas y herramientas para cazar. La caza de focas y la
pesca les permiten conseguir alimentos incluso en el crudo invierno del Ártico.
El perro
de trineo tiene un papel importante en la vida inuit. Sobre la nieve o el
hielo, un equipo de perros arrastran el qamutik, un trineo hecho
de madera, huesos de animales, barbas de la boca de una ballena e incluso
pescado congelado.
Después de que los paleoamericanos entrasen en el continente, el paso
de Beringia fue
cubierto nuevamente por el mar, de modo que quedaron aislados por tierra del
resto de la humanidad. Salvo la ininterrumpida comunicación entre esquimales y paleoesquimales de Alaska y Siberia y
el caso de unos breves asentamientos
vikingos en América de
finales del sigloX o
comienzos del sigloXI, en
la costa de Canadá y Groenlandia, no hay pruebas concluyentes que respalden un
contacto transoceánico entre la América precolombina y el resto del mundo,
aunque
hay evidencias de contactos con los polinesios.
«En 1511 fray Domingo
Montesinos pronuncia
el primer sermón contra la encomienda en Santo Domingo. Su argumentación
principal era que los indios tenían alma, por eso era necesario evangelizarlos y
salvarlos. En 1512 se reúne la Junta
de Burgos para
debatir el asunto de si los indios tenían alma, y se concluye con siete
principios. En las Leyes de Burgos se reconocía: que los indios son libres; que
los Reyes Católicos son señores de los indios por su compromiso evangelizador;
que se podía obligar a los indios a trabajar con tal de que el trabajo fuese
tolerable y el salario justo, aunque se podía pagar en especie y no en dinero;
se pretende inaceptablemente justifica la guerra de conquista si los indios se negaban a ser cristianizados; y se creó
la institución del requerimiento».
Juan de Escalante se auxilió de
«pueblos amigos» para guerrear contra los mexicas, con una tropa de «cuarenta
soldados y unos dos mil indios totonaques», relatado por Bernal
Díaz del Castillo en el Capítulo XCIV de su Historia verdadera de la
conquista de la Nueva
España.
Después de que los paleoamericanos entrasen en el continente, el paso
de Beringia fue
cubierto nuevamente por el mar, de modo que quedaron aislados por tierra del
resto de la humanidad. Salvo la ininterrumpida comunicación entre esquimales y paleoesquimales de Alaska y Siberia y
el caso de unos breves asentamientos
vikingos en América de
finales del sigloX o
comienzos del sigloXI,
en la costa de Canadá y Groenlandia, no hay pruebas concluyentes que respalden
un contacto transoceánico entre la América precolombina y el resto del mundo,
aunque hay evidencias de contactos con los polinesios.
La primera colonización europea en el continente americano se circunscribió a
las colonias groenlandesas bajo
soberanía noruega del
siglo X abandonadas
en el siglo XV,
que se extendieron hasta el efímero L'Anse
aux Meadows del
siglo XI,
en Terranova (Canadá).
Colonización española
España, a lo largo de cuatrocientos años, ejerció la más notable influencia
[para bien y para mal] dentro de la colonización europea de América en cuanto
a extensión, población y asimilación cultural.
Dentro de
tomar la historia de España a beneficio de inventario,
sólo procede quedarse, endosar y aceptar lo bueno que hicieron los españoles y
los demás en las Indias, no lo malo, nada de lo malo, porque esto de
tomar la historia de España a beneficio de inventario es una
analogía, no es tomar el saldo positivo como en el derecho testamentario, si es
que jurídicamente se aplica así. En la analogía hay semejanzas y diferencias a
la vez. Aquí se aplica, aceptando sólo lo bueno y repudiando lo malo, como el
que más lo repudie con buena intención y no con la mala, acusatoria.
El
iniciador de la colonización española de América fue Cristóbal
Colón al servicio de los Reyes
Católicos, quien en 1492 descubrió
América para la corona
de Castilla [y para todos, empezando por los americanos precolombinos].
Las sucesivas exploraciones y conquistas al amparo del Tratado
de Tordesillas dieron lugar a la soberanía de un vasto territorio. La conquista
de América llevó aparejada campañas militares y esfuerzos diplomáticos con
los indígenas para obtener el control de los reinos Azteca e Inca.
El avance de la colonización española fue especialmente rápido, con episodios de
rebelión como la Mapuche en
la guerra
de Arauco en el siglo XVI.El territorio se organizó en los virreinatos de Nueva
España al norte y Perú al
sur, con capitales en México y Lima,
respectivamente. Algunas regiones, como la Patagonia,
el Gran
Chaco, la Amazonía y
los desiertos del norte de Mesoamérica no
fueron completamente controladas por el Imperio Español.
La
rebelión de las naciones europeas al monopolio americano de España y Portugal
dio lugar a guerras transcontinentales, intentos de anexión y ocupación por
Inglaterra, Francia y Países
Bajos, principalmente, cuyo modelo de colonización se limitaba a la
explotación agrícola con mano de obra esclava procedente del comercio triangular
con sus colonias africanas, o de países aliados, o a factorías peleteras.
No todo fue horror:
sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles y los
portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa que, en
sus grandes trazos, todavía está en pie. Unieron a muchos pueblos
que hablaban lenguas diferentes, adoraban dioses distintos,
guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de
leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la
lengua, la cultura y la religión. Si las pérdidas fueron enormes,
las ganancias han sido inmensas.
Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay que
subrayar que sin ellos ―quiero decir: sin la religión católica y la
cultura que implantaron en nuestro país― no seríamos lo que somos.
Seríamos, probablemente, un conjunto de pueblos divididos por
creencias, lenguas y culturas distintas.
No,
claro que no todo fue horror, pero sólo es aceptable y sólo se acepta lo que no
fue horror, todo lo que fue horror se repudia totalmente, cosa por cosa, abuso
por abuso. Y la utilización de los abusos.
Posteriormente se
desarrollaron otras expediciones y
campañas militares, tanto de Hernán Cortés como de sus
capitanes, entre 1521 y 1525 en la zona central, norte y sur del
territorio de los actuales México y Centroamérica,
las cuales fueron sentando los primeros límites del Virreinato
de Nueva España. Desde esta base inicial, el proceso
continuó con la incorporación de otros territorios por diversos
conquistadores y adelantados españoles:
California, la península
de Yucatán, la zona occidental conocida como Nueva
Galicia, la zona noreste conocida como Nuevo
Reino de León, la zona norte donde
se encontraba la Nueva
Vizcaya y otros territorios de América
del Norte y Centra
En enero de 1516
murió Fernando
el Católico y para entonces había transcurrido casi un
cuarto de siglo desde los descubrimientos
colombinos. Debido a la imposibilidad para gobernar de su
hija Juana
I, había nombrado en su testamento a su nieto Carlos
I como su sucesor, pero antes de que este asumiera el trono,
el cardenalprimadoFrancisco
Jiménez de Cisneros ejerció brevemente la regencia de Castilla. En España ya
se tenían noticias de que en el territorio ignoto había pueblos
"muy ricos en oro y
otros metales preciosos". Como medio para hacerse de esas
riquezas, se proclamó una ley que autorizaba el rescate
de oro con la cual se promovía que los españoles viajaran a América para
comerciar con los nativos, dando de sus ganancias el 20% o «quinto
del rey» y a fin de lograr ese propósito y regular el
comercio de las Indias
Occidentales, se creó la Casa
de Contratación en 1503.
Esta fue controlada
por el obispo
de Burgos, Juan
Rodríguez de Fonseca, quien a su vez designó como tesorero a
Sancho de Matienzo y como contador a Juan López de Recalde. A la
muerte del cardenal Cisneros en octubre de 1517, los asuntos
ultramarinos del Imperio
español recayeron en el obispo de Burgos.
Años antes, en
1514, el almirante y gobernador de las islas del mar
CaribeDiego
Colón y Moniz Perestrello había sido llamado a
comparecer ante el rey Fernando el Católico por su mala
administración. Por ello el cardenal Cisneros envió como
sustitutos a los frailes
jerónimos Luis de Figueroa, Bernardino de Manzanedo,
Alonso de Santo Domingo, y Juan de Salvatierra a la isla La
Española. Por
aquel entonces Diego
Velázquez de Cuéllar era el teniente de gobernador de la
isla Fernandina (Cuba).
Residente en Baracoa,
estaba supeditado a las órdenes, más de nombre que en realidad,
de Diego
Colón.
Primera expedición
Los españoles
basaban su riqueza en las encomiendas,
pero debido a que la población nativa había sido diezmada por
las campañas de conquista y las enfermedades, los colonos estaban
ansiosos de conseguir nuevas oportunidades de medro. Fue así que
tres amigos de Velázquez: Francisco
Hernández de Córdoba, Lope Ochoa de Caicedo y Cristóbal de
Morante se organizaron para comprar dos naos con
la intención de viajar hacia occidente. El gobernador Diego
Velázquez pagó un bergantín,
consiguiendo también los permisos necesarios ante los frailes
jerónimos para realizar la expedición, pues era
requisito contar con su visto bueno. El objetivo del viaje fue
encontrar esclavos sobre todo en el caso del gobernador
Velázquez, pero los que encabezaron las naves pretendían
descubrir nuevas tierras para poblar y gobernar. Se contrató
como piloto mayor a Antón
de Alaminos, y como pilotos auxiliares a Pedro Camacho de
Triana y Juan Álvarez «el Manquillo» de Huelva. Como capellán
viajó fray Alonso González, y como veedor Bernardo Iñíguez.
El 8 de febrero de
1517 zarparon del puerto de Santiago
de Cuba tres embarcaciones con ciento diez hombres y
navegaron por la banda norte de la isla de Cuba realizando
diversas escalas. Al llegar a la punta de San Antón pretendieron
poner rumbo hacia las Islas
de la Bahía pero fueron sorprendidos por una tormenta en el canal
de Yucatán, habiendo llegado los primeros días de marzo a
la deshabitadaIsla
Mujeres. En dicho lugar encontraron diversas figurillas de
mujeres desnudas dedicadas a la diosa
maya de la fertilidad Ixchel.
Posteriormente cruzaron hacia la costa norte de la península
de Yucatán avistando Ekab,
lugar que bautizaron como el «Gran Cairo». Fondearon las naves y
los pobladores del lugar, con cara alegre y muestras de paz, se
acercaron en canoas invitando
a los recién llegados a tierra firme, diciendo (según la
transliteración española original) «cones cotoch», «cones
cotoch»; que significa: «andad acá a mis
casas» (en realidad, parece que fueron recibidos con la
expresión Maya
Yucateca «koonex u otoch» donde otoch significa «pequeña
casa/choza») motivo por el cual lo llamaron punta
Catoche. Al día siguiente, 5 de marzo, los expedicionarios
españoles aceptaron la invitación y al desembarcar, el capitán
Hernández de Córdoba tomó posesión formal en nombre del rey
de lo que él creía una isla a la que bautizó con el efímero
nombre de Santa María de los Remedios.
Terminado el protocolo, los expedicionarios siguieron a los mayas tierra
adentro donde fueron emboscados. En la escaramuza que siguió,
murieron dos españoles y quince nativos. Hernández dio la orden
de regresar a las embarcaciones, no sin antes haber capturando a
dos indígenas, a quienes más tarde apodaron Julianillo y Melchorejo.
Estos nativos fueron a la postre los primeros traductores maya-español.
La expedición
siguió navegando la costa norte de la península. El 22 de marzo
llegaron a Can
Pech, bautizando el lugar como puerto de
Lázaro y desembarcaron para aprovisionarse de agua. Mientras
se abastecían, los expedicionarios fueron rodeados por un grupo
de mayas quienes cuestionaron su presencia, asombrándose
cuando los nativos señalaron al oriente diciendo: «castilán», «castilán».
Los españoles fueron guiados a la población cercana en donde
fueron bien recibidos y ahí pudieron constatar que en un templo
se encontraban paredes manchadas de sangre de algún
sacrificio recientemente efectuado. Entonces el halach
uinik advirtió a los visitantes que deberían marcharse o
de lo contrario comenzarían las hostilidades, ante lo cual
Hernández de Córdoba ordenó a sus hombres zarpar de
inmediato. En el mar fueron sorprendidos por un viento
de norte que provocó el derrame del agua recién abastecida,
por lo que volvieron a desembarcar un poco más al sur en Chakán
Putum. En esta ocasión otro grupo de mayas, cuyo líder eraMoch
Couoh, atacó a los expedicionarios sin previo aviso
provocándoles más de veinte bajas e hiriendo al propio Hernández
de Córdoba. En ese punto hubieron de huir los expedicionarios,
dejando atrás una de las embarcaciones pues ya no tenían
suficientes hombres para navegarla. Los españoles sedientos se
dirigieron a La
Florida donde finalmente pudieron abastecerse de agua dulce,
pero nuevamente fueron atacados por los nativos de esta
región.
La accidentada
expedición regresó al puerto de Carenas en la isla de Cuba,
donde se dio parte de lo acontecido a Diego Velázquez. El
gobernador dejó en claro que enviaría una nueva expedición
pero bajo un nuevo mando. Al enterarse de esta decisión,
Hernández de Córdoba juró viajar a España para quejarse ante el
rey, pero murió diez días más tarde a consecuencia de las
heridas recibidas en Chakán Putum. A causa de los indígenas
que habían sido recogidos se creyó que existía oro en la
región, se confirmó la existencia de algunos supervivientes
al naufragio ocurrido en 1511 en el Golfo
del Darién y por una mala interpretación se pensó que el
lugar recientemente descubierto era llamado en idioma maya Yucatán,
nombre con el que desde entonces, se llamó al territorio. Viendo
Velázquez la importancia de estos hallazgos, solicitó dos
permisos para continuar las exploraciones: el primero fue
dirigido a los frailes
jerónimos en Santo
Domingo y el segundo directamente al rey Carlos
I de España, solicitando el nombramiento de un adelantado.
Segunda expedición
Al año siguiente
el gobernador organizó una segunda expedición recuperando las naos del
primer viaje, y añadió una carabela y
un bergantín.Nuevamente fueron como pilotos
Alaminos, Camacho y Álvarez, a los que se sumó Pedro Arnés de
Sopuerta como cuarto navegante.Velázquez designó a su sobrino Juan
de Grijalva como capitán general y como capitanes de los
otros navíos a Francisco
de Montejo, Pedro
de Alvarado y Alonso
de Ávila, quienes se responsabilizaron de suministrar
pertrechos y bastimentos a las embarcaciones. En el viaje
participó Juan
Díaz, quien además de desempeñarse como capellán, escribió
el Itinerario
de la armada. El veedor fue Peñalosa y el alférez
generalBernardino
Vázquez de Tapia. Hacia finales de enero de 1518 las
embarcaciones zarparon de Santiago, navegaron por la banda norte
haciendo escala en Matanzas,
en donde completaron sus abastecimientos. El 8 de abril dejaron
este puerto y llegaron a la isla de Cozumel el
3 de mayo. Por la fecha, Grijalva bautizó el lugar como Santa
Cruz de la Puerta Latina.
Cuando
desembarcaron en la isla los nativos huyeron al interior de la
misma, solamente contactaron a dos ancianos y a una mujer que
resultó ser jamaiquina. La mujer había llegado dos años antes de
forma accidental pues su canoa fue
arrastrada por la corriente del canal
de Yucatán y sus diez compañeros habían sido sacrificados
a los dioses mayas. Esta mujer actuó como intérprete ya que
algunos españoles conocían su idioma. En un pequeño templo,
Vázquez de Tapia izó la bandera Tanto
Monta y el notario Diego de Godoy de forma protocolaria
leyó el requerimiento. Al
poco rato se acercaron los mayas e ignorando inicialmente la
presencia de los españoles, el halach
uinik realizó una ceremonia a sus dioses quemando copal.
Acto seguido, Grijalva ordenó a Juan Díaz oficiar una misa.
De esta forma se entabló una comunicación amistosa por ambas
partes. Los españoles no pudieron rescatar oro, pero recibieron
pavos, miel y maíz. Prolongaron su estancia en este lugar
durante cuatro días.
Después de
abandonar Cozumel navegaron brevemente hacia el sur, exploraron
Zama (Tulúm), y
la Bahía
de la Ascensión, la cual creyeron que era el límite de la
«isla de Yucatán». Grijalva ordenó cambiar de rumbo hacia el
norte para rodear la península y dirigirse a las cercanías de Chakán
Putum. Tal como lo hiciera la primera expedición, se
abastecieron de agua en el lugar. Aunque en esta ocasión
pudieron obtener de los nativos un par de máscaras adornadas con
oro, fueron nuevamente advertidos de abandonar el sitio. Haciendo
caso omiso, pasaron la noche escuchando los tambores de guerra y
al día siguiente se entabló una terrible batalla. Esta
vez el resultado favoreció a los españoles, quienes infligieron
severas bajas a los mayas que terminaron por retirarse. A pesar
de que los expedicionarios tuvieron sesenta heridos
—entre ellos el capitán Grijalva que recibió tres flechazos y
perdió dos dientes— la acción fue considerada una victoria
contundente. Durante la batalla solo murieron siete españoles,
incluyendo a Juan de Guetaria. Más tarde la cifra aumentó, pues
durante el viaje murieron trece soldados a consecuencia de
las heridas.
Las embarcaciones
se dirigieron hacia el oeste, llegaron a la Isla
del Carmen en la Laguna
de Términos, punto al que bautizaron como Puerto Deseado. El
piloto Alaminos pensó que ahí era el otro límite de «la isla
de Yucatán». Prosiguieron su viaje llegando a la región de Tabasco,
en donde habitaban los mayas chontales.
Se apoderaron de cuatro nativos, a uno de ellos lo llamaron Francisco,
quien les sirvió como intérprete del idioma
chontal. El 8 de junio descubrieron el afluente al que
nombraron río
Grijalva y desembarcaron en Potonchán,
donde Juan
de Grijalva se entrevistó con el cacique maya Tabscoob,
quien le obsequia unas piezas de oro. Animados por ello, pasaron
el río Tonalá y un poco más al oeste Pedro
de Alvarado tomó la iniciativa de navegar el río
Papaloapan. Este incidente molestó a Grijalva y a
partir de entonces hubo un distanciamiento entre ellos.
A lo largo de la
costa fueron encontrando diversos asentamientos humanos.
Llegaron a mediados de junio a una isla donde encontraron un
templo y cuatro indígenas muertos, los cuales aparentemente
habían sido sacrificados al dios Tezcatlipoca,
por lo que el lugar fue nombrado Isla
de Sacrificios.[35] Desembarcaron
en Chalchicueyecan. Ahí Grijalva preguntó a Francisco por
el motivo de aquellos sacrificios. El intérprete maya chontal
respondió que habían sido ordenados por los colhuas,
pero la respuesta fue malinterpretada y se creyó que el lugar se
llamaba Ulúa. Por la fecha que era, 24 de junio, el lugar fue
bautizado como San
Juan de Ulúa. En el lugar rescataron oro con los totonacas.
este era uno de los pueblos sometidos por los mexicas.[41]
Días más tarde
llegaron los calpixques Pínotl, Yaotzin, y
Teozinzócatl, quienes acompañados de Cuitlapítoc y Téntlil, se
presentaron como embajadores del huey
tlatoaniMoctezuma
Xocoyotzin.[42] En
forma pacífica se realizaron intercambios de regalos. Grijalva
pudo de esta forma percatarse que los aztecas —o
mexicas— dominaban la región y que eran temidos y odiados por
los pueblos sometidos. Pedro
de Alvarado fue enviado de regreso a la isla de Cuba para
notificar y entregar los tesoros obtenidos a Diego Velázquez.[35]
Francisco de Montejo encabezó un viaje de reconocimiento al
norte. Descubrió el río
Cazones y el Nautla,
lugar que fue bautizado con el nombre de Almería.
Más adelante las embarcaciones navegaron el río
Pánuco pero en este lugar doce canoas con nativos huastecos atacaron
la incursión española,[36] por
lo que los capitanes decidieron emprender el regreso.[43] Con
una nave averiada el viaje fue lento, tomaron la decisión de no
establecer ninguna guarnición.
Mientras tanto en
Santiago, Diego
Velázquez no tenía noticias de los expedicionarios y se
encontraba preocupado por la tardanza. Por tal motivo, decidió
enviar una carabela de
rescate al mando de Cristóbal
de Olid, quien logró llegar a Cozumel, pero al continuar su
trayectoria, la nave se averió. Olid abortó la misión y regresó
a Cuba.
Cuando el gobernador recibió a
Pedro de Alvarado en la isla, quedó impresionado por el reporte
del viaje. De inmediato mandó a fray Benito Martín a España,
para que este notificara al obispo Juan
Rodríguez de Fonseca y al rey Carlos
I las noticias de los territorios descubiertos. Como soporte
fue enviado el Itinerario
de la armada y algunos objetos de oro.[35] A
pesar de los logros de la expedición,[45] Velázquez
estaba a disgusto con su sobrino ya que no había
desobedecido sus órdenes. De acuerdo a las órdenes oficiales,
Grijalva no debería haber establecido ninguna colonia durante el
viaje, pero extraoficialmente el gobernador esperaba lo
contrario.[46]
Tercera expedición
Sin haber recibido
respuesta del nombramiento de adelantado,
Diego de Velázquez organizó una tercera expedición. El
gobernador consideró que su sobrino había fracasado en su misión y
por tanto requería de un nuevo capitán. Después de ponderar sus
opciones y a instancias de su secretario, Andrés
de Duero, y el contador Amador Lares, optó por Hernán
Cortés, quién
entonces era alcalde de Santiago.
Ambos firmaron
unas capitulaciones e
instrucciones el día 23 de octubre de 1518. En
los documentos que fueron redactados por Andrés de Duero, el
preámbulo se contrapone a las 24 instrucciones. Tales
contradicciones fueron, y han sido a través de los siglos, el
motivo principal de la controversia que surgió como resultado de
la insurrección de Hernan Cortés. Diego de Velázquez firmó como
adjunto del almirante y comandante en jefe Diego
Colón y Moniz Perestrello, pues todavía no había recibido
nombramiento por parte del rey de España. El gobernador de Cuba
temía que desde La
Española o Jamaica alguien
más se adelantara en una empresa similar.
Se lograron reunir
en total once embarcaciones. Tres aportadas por Diego de
Velázquez, tres por Hernán Cortés y el resto por los capitanes
que participaron en la expedición. Pero a última hora el
gobernador cambió de opinión y decidió destituir a Cortés,
enviando a Amador de Lares a la entrevista y por otra parte
bloqueando el suministro de insumos. Cortés decidió marcharse de
Santiago evadiendo las órdenes y avisando al contador Lares,
quien transmitió las noticias al gobernador Velázquez. El día de
los hechos este se apersonó en el muelle para inquirir sobre la
situación y Cortés, rodeado de sus hombres armados, lo
interpeló «Perdonadme, pero todas estas cosas se
pensaron antes de ordenarlas. ¿Cuáles son vuestras órdenes
ahora?». Ante
la evidente insubordinación Velázquez no respondió y los barcos
zarparon de Santiago el
18 de noviembre de 1518 con dirección al occidente de la misma
isla. Pararon
en la banda sur del puerto
de la Trinidad, durante casi tres meses se reclutaron
soldados, asimismo
se abastecieron de alimentos y de pertrechos.
Cortés pudo reunir
quinientos cincuenta españoles (de los cuales cincuenta eran
marineros) y a dieciséis caballos. Además, según la crónica de Bartolomé
de las Casas, llevó doscientos auxiliares, algunos nativos
de la isla y otros esclavos negros. Mientras
tanto en España, el rey Carlos I había firmado el 13 de
noviembre de 1518, el documento que autorizaba a Velázquez a
realizar la expedición. En
esta expedición viajaron tanto africanos y afrodescendientes
esclavos y libres, que participaron en la ocupación de México
-Tenochtitlán, «un africano, posiblemente Juan
Garrido o Juan Cortés, fue uno de los auxiliares armados que
acompañaron los ejércitos de exploración, colonización y
conquista de México», como se muestra en un fragmento del Códice
Azcatitlán.
El gobernador de
Cuba realizó un segundo intento por detenerlo. Había enviado
diversas cartas, una de ellas dirigida al propio Cortés, en la
que se le ordenaba esperar. Las
otras estaban dirigidas a Juan
Velázquez de León, Diego
de Ordás, y al alcalde de la Trinidad Francisco Verdugo y en
ellas pedía entretener la salida de la expedición e incluso
ordenaba la aprehensión del caudillo. Como
último intento, el gobernador envió a Gaspar de Garnica para
aprehender a Cortés en La Habana, no obstante lo cual los barcos
de Cortés abandonaron las costas de Cuba el 18 de febrero de
1519. Nueve
barcos zarparon por la banda sur y dos barcos por la banda
norte. La bandera de insignia era de fuegos blancos y azules con
una cruz colorada en medio, y alrededor un letrero en latín que
decía Amici sequamur crucem, & si nos habuerimus
fidem in hoc signo vincemus, que significa: «Hermanos
y compañeros: sigamos la señal de la Santa Cruz con fe
verdadera, que con ella venceremos».
Antecedentes del Imperio mexica
Desde mediados del sigloXV el estado
mexica se venía extendiendo por un gran territorio,
sometiendo a diversos pueblos y volviéndolos tributarios, de ahí
el calificativo de imperio. Hacia 1517 el huey
tlatoani, o gobernante en turno, llamado Moctezuma
Xocoyotzin continuaba las campañas militares de expansión. Los tlaxcaltecas,
vecinos cercanos de los mexicas,
eran una comunidad que había resistido tenazmente al dominio y
la expansión de estos, encontrándose por ese entonces al límite
de su resistencia, pues por todos los puntos cardinales a su
alrededor las poblaciones que los rodeaban habían sido
conquistadas, quedando ellos virtualmente sitiados.
Por otro lado,
tras la caída de Tula,
corría la leyenda de que el dios Quetzalcóatl que
había partido del panteón mexica y que volvería algún día
llegando por el mar del oriente, de donde nace el sol y en donde
supuestamente vivían los dioses. Esta leyenda de Quetzalcóatl
era bien conocida por los mexicas. Algunos
profetas y fanáticos religiosos vaticinaban el retorno de
Quetzalcóatl y lo planteaban como el fin del señorío vigente.
El huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin creía
firmemente en estas profecías debido a ciertos presagios y
acontecimientos, como
la aparición de un cometa,
un «fuego espontáneo» en la casa del dios Huitzilopochtli, un
rayo en el templo de Xiuhtecuhtli y
otros sucesos.
Para los mexicas
era el año 13-conejo, cuando
comenzaron a llegar noticias de las embarcaciones españolas que
fueron descritas como «montañas que se movían sobre el agua y
con hombres barbados de piel blanca sobre ellas», inmediatamente
se relacionó este hecho con el regreso del dios Quetzalcóatl. Moctezuma
ordenó al calpixque de Cuextlan, llamado Pínotl, construir atalayas y
montar guardias en la costa en los emplazamientos de Nautla,
Toztlan y Mitlanquactla, para vigilar el posible regreso de las
embarcaciones.
Dado que los
primeros encuentros con los españoles terminaban en intercambios
comerciales por el «rescate de oro», en muchos pueblos corrió la
idea de que la manera de deshacerse de ellos, sin pelear, era
sencillamente entregarles oro o mujeres y aceptar lo que
trajeran para intercambiar. De
esta manera, los europeos retornarían a sus naves y se
marcharían. Debido a esto, los intercambios se multiplicaron
desde las primeras expediciones españolas pero el efecto fue el
contrario al esperado por los aborígenes, pues se creó en los
europeos la idea de que había tesoros inagotables en la zona,
despertándose de esta manera su ambición.
Las primeras escalas de Cortés: de Cozumel a Centla
Cortés se dirigió a
la isla de Cozumelsiguiendo
el trayecto de sus antecesores. En el camino la embarcación
capitaneada por Francisco
de Morla sufrió una avería, lo cual retrasó a las demás
naves que tuvieron que auxiliarla La
embarcación de Pedro
de Alvarado llegó a Cozumel dos días antes, lo cual molestó
a Cortés quién mandó castigar al piloto.
De la expedición
de Hernández
de Córdoba llevaban al intérprete bautizado como Melchorejo
y de la expedición de Grijalva a
la esclava jamaiquina. Cortés
envió a estos intérpretes en busca de los jefes mayas de la
isla, mandando decirles que la visita era pacífica. Al principio
el jefe supremo o halach
uinik y los jefes secundarios o batab de
la isla se negaron a entrevistarse con los recién llegados.
Tres días después
se presentó ante Cortés una persona que se dijo señor de toda la
isla. Tras una larga charla, Cortés le habló sobre el rey de
España y la fe católica, además de recalcar sus intenciones
pacíficas si toda la gente de la isla se subordinaba ante
España. Aquel halach
uinik aceptó las condiciones y mandó llamar a otros batabob de
la isla. Unos
días después todos los pueblos volvían a su vida habitual,
abandonando aparentemente el culto a sus dioses y adorando a la
cruz cristiana y a una imagen de la Virgen que Cortés les
instaló.
En este lugar, Cortés confirmó la presencia de otros dos
españoles que hacia ocho años habían naufragado en el golfo
de Darién y tras sobrevivir en un bote habían sido
arrastrados por la corriente hasta las costas de la península
donde fueron hechos prisioneros por los mayas. De estos
náufragos ya había escuchado hablar Cortés en Cuba y quería
contactarlos para rescatarlos. Por recomendación del halach
uinik, Cortés envió «cuentas verdes» como pago de rescate a
los captores y escribió una carta dirigida a los náufragos, la
cual confió a dos habitantes de la isla para que la entregaran
en secreto y pagaran el rescate. Además mandó dos barcos para
que se acercaran lo más posible a aquellas costas, y esperaran
como apoyo, el escape de los náufragos.
Seis días les
estuvieron esperando en esa costa sin tener noticia de los
náufragos ni de los mensajeros enviados. Al ver que esta
situación no cambiaba, ambas naves decidieron regresar a Cozumel
a encontrarse con Cortés para notificarle la situación. Dos días
después Cortés decidió continuar su trayectoria hacia Veracruz,
sin embargo, el mal tiempo les obligó a detenerse en la costa de
la península
de Yucatán y regresar a la isla para reparar la embarcación
capitaneada por Juan
de Escalanteque se había dañado. Al día siguiente, llegó a
la isla una canoa con nativos y con el náufrago Jerónimo
de Aguilar, a quien por su aspecto confundieron con uno de
los mayas. Tras entrevistarse con Andrés
de Tapia fue llevado ante Cortés, se unió a la expedición y
actuó en adelante como intérprete maya-castellano.
Aguilar declaró
haberse entrevistado con otro compañero náufrago sobreviviente
llamado Gonzalo
Guerrero, pero este se había adaptado a la vida de la cultura
maya y prefirió quedarse en Yucatán, pues en la población
donde vivía había sido nombrado capitán de guerreros o nacom,
era casado y tenía tres hijos. Antes de partir y por consejo de
Jerónimo de Aguilar, el halach uinik de
Cozumel pidió a Cortés una carta o salvoconducto que describiera
que la población no fuese agredida por futuras expediciones
españolas a la isla, la cual fue otorgada.El
4 de marzo de 1519 los conquistadores españoles zarparon de
Cozumel despidiéndose amigablemente de los mayas de la isla.
La flota prosiguió el viaje costeando hasta Tabasco.
En Potonchán decidieron
aprovisionarse de agua y comida. Los mayas chontales,
habitantes del lugar, permitieron el aprovisionamiento y les
pidieron irse, pues no tenían suficiente comida para
entregar a los expedicionarios. Cortés se negó y ordenó el
desembarco Infructuosamente
intentó por medio de Melchorejo y de Jerónimo de Aguilar más
suministros de comida y oro. El intérprete maya aprovechó la
oportunidad para escapar y aconsejó a los mayas chontales
realizar el ataque; ante la negativa y amenazas de los nativos
que se preparaban para la guerra, Diego de Godoy leyó el [inadmisible
e impresentable] requerimientosiendo
esta la primera actuación notarial en México, posteriormente y
ante la negativa de los nativos de someterse a los españoles, se
inició la batalla
de Centla el 14 de marzo de 1519. que
fue la primera gran batalla de los españoles en tierras de la
Nueva España.
Fundación de Santa María de la Victoria
Los españoles
lograron [indevidamente] la victoria gracias a la superioridad de armas
y en
especial al temor que los nativos tenían a los caballos. ya
que era la primera ocasión que se usaba el caballo en una
batalla en territorio mesoamericano. En
el lugar, el capellán Juan
Díaz ofició la que sería la primera misa católica en tierra
firme de la Nueva España y Hernán Cortés fundó el 25 de marzo de
1519, el poblado al que bautizó con el nombre de Santa
María de la Victoria, que
más tarde sería la capital de la provincia de Tabasco
Una vez vencidos, los mayas chontales entregaron como prenda de
paz veinte mujeres, entre las que se encontraba una esclava de
nombre Mallinalli
o Malinche Tenépatl, llamada así —Tenépatl— por su facilidad
de palabra, la
cual fue bautizada y conocida por los españoles como doña
Marina —o Malintzin por los indígenas—,
quien se convirtió en intérprete a partir de entonces ya que
conocía el idioma
maya y el náhuatl.
De esta forma, Jerónimo
de Aguilar tradujo del español al maya, y doña Marina del
maya al náhuatl para comunicarse con los mexicas.
Malintzin, quien
más tarde tuvo un hijo de Cortés que se llamó Martín (apodado
«el Mestizo») —igual que Martín
Cortés, el otro hijo que tuvo el propio Cortés con su esposa
española Juana de Zúñiga—, habría de convertirse en figura
medular de la conquista, no solo por ser intérprete invaluable,
sino porque con su presencia y actuación fue personaje clave en
el surgimiento de una nueva raza. De aquí que ella sea
considerada como la madre y el símbolo del mestizaje que, casi
medio milenio después, es representativo de la nacionalidad
mexicana.
Y con relación a
Cortés, sus propios colegas habrían de referirse a él como Malintzine que
significa "amo de Malintzin". Así
se expresa Bernal Díaz del Castillo, refiriéndose a Cortés como Malinche.
Años más tarde el apelativo fue confundido y usado para referir
a doña Marina, como <la Malinche>.
Los españoles
permanecieron en Santa
María de la Victoria hasta el 12 de abril, fecha en que Cortés decidió
continuar su camino hacia Ulúa dejando
a un puñado de españoles en la recién fundada villa, para
pacificar y poblar la región.
Fundación de Villa Rica en Veracruz
Los españoles continuaron hacia el norte y llegaron el 21 de
abril de 1519 a Chalchicueyecan, lugar previamente bautizado por
Grijalva como San
Juan de Ulúa. Para los mexicas era el año 1-caña y el calpixque en
turno del emplazamiento de Cuextlan era Teudile, quien
asistido por el sacerdote de Yohualichan, formó una pequeña
comitiva de bienvenida. Siguiendo las órdenes previas de Moctezuma
Xocoyotzin, se acercaron a los recién llegados en una canoa
para preguntar por el señor al mando de las embarcaciones. Moctezuma
estaba convencido de que se trataba de Quetzalcóatl, había
enviado previamente diversos regalos, objetos de oro y máscaras
con turquesas. Cortés les entregó cuentas de vidrio verdes y
amarillas, una silla y un casco, este último, a los ojos de los
mexicas, evocaba al dios de la guerra Huitzilopochtli.
Habiendo desembarcado, y con el objeto de hacer alarde de su
poderío militar e impresionar a los embajadores, Cortés organizó
en la playa una carrera de caballos con disparos de artillería.
Casi de inmediato salieron mensajeros hacia Tenochtitlan con los
informes para el tlatoani.
Tan pronto recibió
las noticias de lo que sucedía en la costa, Moctezuma Xocoyotzin
quedó impresionado, ya no estaba convencido del regreso de Quetzalcóatl,
pensó que podría tratarse de Tezcatlipoca o
incluso Huitzilopochtli. Asustado,
el huey tlatoani envió mensajes con evasivas,
diciendo a los españoles que le resultaría imposible recibirles
en México-Tenochtitlan.
Les sugirió marcharse lo antes posible y envió nuevamente ricos
presentes. La respuesta del tlatoani solo
excitó la codicia de los soldados: Cortés y sus hombres se
dieron cuenta de que la riqueza del imperio era grande y que los
pueblos sometidos resentían la dominación mexica, por lo que
decidió avanzar hacia el interior.
Conforme a la ley
española, si se fundaba una ciudad con cabildo,
esta era autónoma, así que entre el 5 y 10 de julio de 1519
se
creó la Villa
Rica de la Vera Cruz que eligió cabildo inmediatamente. Era
un plan elaborado meticulosamente por Cortés, quien había
analizado y comentado entre sus colegas la posibilidad de dar
este paso mucho antes a la salida de Cuba; sabía por supuesto,
que los seguidores de Velázquez se opondrían, por tal motivo,
envió a Francisco
de Montejo y Juan
Velázquez de León en una misión de reconocimiento que tuvo
el objetivo oficial de buscar un mejor emplazamiento para el
campamento.
Durante la
ausencia de dichos capitanes, Cortés fingió estar decidido a
regresar a Cuba, pues de acuerdo a las instrucciones de
Velázquez, los objetivos ya se habían conseguido. Las
«protestas» de sus amigos en favor de continuar la estancia en
los territorios y poblar el lugar, cubrieron apariencias ante
los ojos de los velazquistas. Solo un engaño para hacerles creer
el fingimiento del caudillo. Cortés
convocó una asamblea, se hizo de rogar para dimitir el cargo de capitán
general del gobernador de Cuba que le había conferido Diego
Velázquez junto a sus instrucciones, e
hizo que las nuevas autoridades lo «eligieran» capitán
general de una nueva expedición que solo debería obediencia
al rey
de España y de esta manera se desvinculó de la autoridad de
las islas. Desde luego los regidores y funcionarios de la nueva
villa fueron sus allegados. Fueron
nombrados alcaldes Alonso
Hernández Portocarrero y Francisco
de Montejo, quien más tarde sería nombrado adelantado en
la Conquista
de Yucatán, para que de esta manera este último quedara
implicado en la conspiración. Como regidores fueron nombrados Alonso
de Ávila, Pedro
de Alvarado, Alonso de Alvarado y Gonzalo
de Sandoval, como alguacil mayor Juan
de Escalante y como procurador general Francisco Álvarez
Chico. Fue así como surgió el primer ayuntamiento en México.
Se redactó la Carta
del Cabildo, fechada el 10 de julio, en la cual «el concejo»
comunicó a Carlos
I la fundación de la villa, la designación como capitán
general y justicia mayor de Hernán Cortés y se suplicó
reiteradamente no otorgar el nombramiento de adelantado a
Diego Velázquez, pues se le acusó de no haber administrado
correctamente los asuntos de Cuba. Incluso se pidió un juicio
de residencia para el gobernador; en el texto se
describieron las tierras descubiertas y se anexó el Quinto
del rey. Para
el envío se designó como procuradores y representantes ante el
rey a los alcaldes Francisco de Montejo y Alonso Hernández
Portocarrero, quienes debían viajar directamente a España con el
piloto Antón
de Alaminos, pero desobedecieron las órdenes haciendo escala
en Cuba, donde rápidamente las noticias y rumores llegaron hasta
Santiago.Velázquez
envió a Gonzalo de Guzmán y Manuel Rojas en persecución de los
emisarios de Cortés, junto con una carta dirigida al obispo
Fonseca a quien solicitaba ayuda.
El gobernador de
Cuba denunció el acto de rebeldía ante el licenciado Rodrigo de
Figueroa, quien fungía como el nuevo juez de residencia y
alcalde mayor de la isla La
Española, y
comenzó a organizar un ejército para capturar a Cortés. Por otra
parte, en España, cuando el almirante Diego
Colón y Moniz Perestrello se enteró de los acontecimientos,
escribió una carta al rey solicitando que no fallase ni a favor
de Velázquez, ni a favor de Cortés, pues reclamaba para sí, los
derechos de las capitulaciones
de Santa Fe que incluían estos territorios.
Conquista del Imperio mexica
Alianza con los totonacas e inicio de la guerra
política
Cortés se dirigió hacia Quiahuiztlán y Cempoala,
pueblos totonacas que
eran tributarios de los mexicas. Los gobernantes o teuctlis habían
conocido a Juan de Grijalva, logrando una buena relación con los
españoles. El teuctli de Cempoala, Chicomácatl, fue
descrito como un hombre gordo con poca movilidad para
desplazarse pero que, al igual que el teuctli de
Quiahuiztlán, recibió amistosamente al contingente español. En
la entrevista, Cortés prometió ayudar a liberarlos del tributo a
los mexicas, a cambio de sellar una alianza militar de españoles
y totonacas. Ahí empezó la política de pactos de Cortés que
habría de permitirle capitanear una rebelión de pueblos
sometidos que sería determinante en la conquista de los
territorios del Imperio mexica.
Durante esos días
llegaron, de forma regular, cinco recaudadores de Moctezuma para
cobrar los tributos pero Cortés aconsejó no pagarles y ponerles
bajo arresto. Con temor, los totonacas siguieron el consejo. El
caudillo español jugaba un doble papel: se entrevistó con los
recaudadores y puso a dos de ellos en libertad fingiendo no
conocer la actitud de los totonacas, además envió un falso
mensaje de paz al tlatoani de Tenochtitlan,
prometiendo ayudarlo para someter a los «alzados». A
la mañana siguiente, Cortés reclamó a los teuctlis totonacas
el «escape» de los dos recaudadores, y fingiendo enojo, hizo
conducir a los tres restantes a las embarcaciones. La
estratagema del caudillo era obtener el apoyo incondicional del
pueblo totonaca y engañar a Moctezuma. Días
más tarde, llegó una segunda embajada de Moctezuma, esta vez a
cargo de Motelchiuh y dos sobrinos de Cacamatzin,
que llegaron con regalos y agradeciendo el apoyo que ofrecía
Cortés para someter a los «alzados». Este habló de forma secreta
con el teuctli de Quiahuiztlán, a quien dijo
que ya podía considerarse libre de su yugo y le recomendó
«liberar» a los otros tres recaudadores. Motelchiuh regresó
feliz a Tenochtitlan con los recién liberados.
En Tizapancingo un
grupo de mexicas comenzó a organizarse para someter a pueblos
totonacas que dejaron de pagar tributo. Cortés asistió con la caballería y
pudo vencerlos rápidamente, lo que convenció a los tecuhtlis de
Quiahuiztlán y Cempoala de la efectividad de las fuerzas
españolas y no dudaron en refrendar la alianza.Treinta
pueblos totonacas se reunieron en Cempoala para sellar la
alianza y marchar juntos a la conquista de Tenochtitlan,
ofreciendo un gran número de tamemes para
transportar la artillería de los europeos.
Los totonacas
aportaron mil trescientos guerreros a la empresa de Cortés. Sus
comandantes principales fueron Mamexi, Teuch y Tamalli. El
acuerdo se realizó sobre la base de que, una vez derrotados los mexicas,
la nación totonaca sería libre. Las
ciudades de Cempoala y Quiahuiztlán fueron bautizadas
respectivamente como Nueva Sevilla y Archidona, pero dichos
nombres no subsistieron.
Destrucción de naves y conato de deserción
Hernán
Cortés mandó hundir sus naves («Cortés dio con los navíos al
través»)
Después de la partida de los emisarios, Alonso de Grado y Alonso
de Ávila fueron nombrados alcaldes sustitutos de la Villa
Rica de la Vera Cruz. Poco después de dicho nombramiento, un
grupo inconforme de amigos de Diego Velázquez decidió regresar a
Cuba, entre los que estaban fray Juan
Díaz, Juan
Velázquez de León, Diego
de Ordás, Alonso de Escobar, Juan Escudero, el piloto Diego
Cermeño, y los marineros Gonzalo de Umbría y Alfonso Peñate.Ante
la situación se celebró un consejo de guerra presidido por
Cortés y organizado por el regimiento de la villa con el
respaldo de los nuevos alcaldes. Como resultado Juan Escudero y
Diego Cermeño fueron sentenciados a morir en la horca, a Gonzalo
de Umbría se le cortó parte de un pie, y a los demás se le puso
bajo arresto. Cuando los amotinados fueron puestos en libertad,
se convirtieron en incondicionales del caudillo. Adicionalmente,
como medida preventiva para futuras conspiraciones, Cortés mandó
barrenar y hundir la mayor parte de los barcos. A
manera de excusa se dijo que las embarcaciones eran
«innavegables» y dicha declaración fue respaldada por los
seguidores de Cortés. De
acuerdo a la crónica de Díaz del Castillo, quienes pretendían
desertar se vieron obligados a continuar en la empresa. Los que
estaban a favor de la aventura, no necesitaban artificios para
decidirse: Pues, ¿de qué condición somos los
españoles para no ir adelante, y estarnos en partes que no
tengamos provecho de guerra?
El alguacil
mayor de la Villa Rica, Juan
de Escalante, quedó al cuidado de la guarnición con un
pequeño grupo de soldados, en su mayoría viejos y heridos; las
órdenes de Escalante incluían brindar el apoyo necesario al
pueblo totonaca, ante eventuales hostilidades que perpetrasen
los mexicas y vigilar la costa.
Mientras tanto, el gobernador
de la isla de Jamaica, Francisco
de Garay, envió una expedición de exploración con tres
navíos y doscientos setenta hombres al mando de Alonso
Álvarez de Pineda al Golfo
de México. Después de haber navegado desde la Florida hasta
el río
Pánuco fueron avistados por Escalante, quien de inmediato
avisó a su capitán. Cortés creyó que eran embarcaciones enviadas
por Velázquez y decidió poner una trampa en la playa para
capturar a los nuevos expedicionarios, pero la argucia solo
funcionó con siete hombres que desembarcaron en un bajel y
el resto de la expedición pudo regresar a Jamaica.El
16 de agosto de 1519 Cortés con el resto de los españoles y un
gran contingente de aliados totonacas comenzó la marcha hacia la
ciudad de México-Tenochtitlan.
Al inicio, la
trayectoria de los conquistadores no fue fácil. Pasaron por
Ixcalpan (Rinconada) y después Xalapa,
donde fueron bien recibidos, así como Xicochimalco. Continuaron
a Monte Grande, que tomó el nombre de Puerto de Dios, y
siguieron a Teoizhuacán y Ayahualulco;
cruzaron la Sierra
de Puebla por el Cofre
de Perote con abastecimiento muy limitado de agua; se
dirigieron hacia el norte pasando por los poblados de Altotonga,
Xalacingo y Teziutlán hasta
llegar a Zautla,
donde fueron recibidos por el gobernante local Olintetl.
Cuando este fue cuestionado para saber si era tributario de los
mexicas, su respuesta fue: «¿Acaso existe alguien
que no sea vasallo de Moctezuma?». Durante
la entrevista Cortés intentó convencerlo para dejar de tributar
y aceptar soberanía de la Corona española, pero Olintetl se rehusó pues en el
lugar se encontraba apostado un grupo de guerreros mexicas; no
obstante, los españoles fueron bienvenidos y hospedados. El tecuhtli de
Ixtacamaxtitlán, quien también era vasallo de Moctezuma, envió
una invitación a los españoles y trató de convencerlos de seguir
su ruta hacia Cholula para evitar el cruce por territorios
tlaxcaltecas, pero Mamexi advirtió a Cortés de una posible
celada y le propuso enviar mensajeros de paz a los dirigentes
tlaxcaltecas para conformar una alianza en contra de los
mexicas. Cortés, convencido de la fidelidad de los totonacas,
siguió el consejo y prosiguió el itinerario preestablecido.
Tlaxcala era
una confederación de ciudades-estados unidas en una república gobernada
por los integrantes de un senado. Tenochtitlan,
estaba organizada de forma similar a un imperio;
desde 1455 el poderío azteca estaba conformado sobre la base de
una triple
alianza cuyos integrantes eran los señoríos de Texcoco, Tlacopan,
y Tenochtitlan,
sin embargo este último ejercía la hegemonía del poder. En
esos años ambas confederaciones rivalizaron y comenzaron las guerras
floridas en contra de Huejotzingo, Cholula y Tlaxcala.
El objetivo principal del ejercicio bélico era la captura de
prisioneros.
Bajo estas
circunstancias de animadversión llegó Cortés al territorio de
Tlaxcala al mando del ejército totonaca-español, el cual era
numéricamente muy inferior con respecto a la densa población de
Tlaxcala que se conformaba por los pinomes, los otomíes y
los tlaxcaltecas,
quienes vivían asentados en cientos de pequeñas localidades. El
senado de Tlaxcala ya
estaba enterado de los españoles y cuando recibieron a los
mensajeros se reunieron para deliberar la propuesta de Cortés.
Los principales representantes eran Xicohténcatl
Huehue «el Viejo», Maxixcatzin,
Citlalpopocatzin y Hueyolotzin.Al
igual que los mexicas, los tlaxcaltecas consideraban a los
españoles como semidioses pues las noticias al respecto de sus
caballos y sus armas los habían impresionado. Maxixcatzin se
inclinó por sellar la alianza y luchar contra sus acérrimos
rivales, pero Xicohténcatl
Axayacatzinargumentó la posibilidad de que los españoles no
fueran semidioses, creyendo que la ambición que habían mostrado
por el oro, los pequeños hurtos en los pueblos, la destrucción
de templos y el desprecio de leyes ancestrales evidenciaba más
un comportamiento humano que divino. La resolución fue atacar a
los recién llegados: de lograrse la victoria se daría crédito a
la nación tlaxcalteca, en caso de derrota se culparía a los
otomíes de haber actuado en desobediencia a las órdenes del
senado y se firmaría la alianza.
El 2 de septiembre de 1519 un grupo de quince indígenas sirvió
de anzuelo, se dejó perseguir por los extranjeros hasta el
desfiladero de Tecóac, donde Xicohténcatl Axayacatzin había
preparado una emboscada con un gran número de guerreros otomíes.
Ante la situación el propio Cortés leyó el [impresentable
e inadmisible] requerimiento pero
no fue atendido. Al
grito de «¡Santiago y cierra España!» se
entabló [indebidamente] la primera batalla, cuyo
resultado fue favorable para los españoles a pesar de
encontrarse en desventaja numérica. Durante la noche que siguió,
Cortés y sus hombres consideraron por primera vez la posibilidad
de que su reducido ejército fuese aniquilado, estableciendo su
campamento en el cerro de Tzompachtepetl.
Buscando siempre la
alianza, Cortés envió mensajeros de paz recibiendo una respuesta
de Xicohténcatl irónica: «¿Paces?, ciertamente,
las celebraremos, venid a Tlaxcala en donde esta mi padre. Allí
haremos los paces, hartándonos de vuestras carnes y honrando a
nuestros dioses con vuestros corazones». A
pesar del anuncio de exterminio, los caballos, las armas y las
tácticas militares españolas se impusieron a los tlaxcaltecas,
quienes atacaban de forma inarticulada, sin cooperar entre sí,
tratando siempre de capturar enemigos en lugar de liquidarlos.
De cualquier forma,
las subsecuentes batallas no fueron victorias fáciles para el
ejército conformado por españoles y totonacas. Por su parte, Xicohténcatl
envió espías con comida y regalos a la guarnición
española, pero éstos fueron descubiertos rápidamente. Cortés
ordenó amputarles manos y pulgares a manera de escarmiento. El
espionaje tlaxcalteca resultó un fracaso pues los espías
delataron la posición y planes de su ejército. Durante
un nuevo enfrentamiento en los llanos, el cual volvió a ser
desfavorable para Tlaxcala, Xicohténcatl tachó de incapaz a su
lugarteniente Chichimecatecuhtli dando
como resultado la deserción de las tropas de Ocotelulco y
Tepetícpac.
Tras evaluar la
nueva situación, y considerando las repetidas derrotas, el
senado de Tlaxcala ordenó a Xicohténcatl Axayacatzin detener la
guerra para negociar un acuerdo de paz Xicohténcatl
Huehue, Maxixcatzin, Citlalpopocatzin, Hueyolotzin y algunos
otros señores importantes recibieron a los españoles el 18 de
septiembre de 1519. En
la reunión se estableció la crucial alianza para hacer frente a
los mexicas. Como
muestra de paz los tlaxcaltecas regalaron mujeres a los
españoles, entre las que se encontraba una hija de Xicohténcatl
el viejo, quién se casó con Pedro de Alvarado y fue bautizada
como María
Luisa Tecuelhuatzin. Los guerreros tlaxcaltecas que
combatieron como aliados a partir de ese momento fueron Piltecuhtli, Aexoxécatl, Tecpanécatl, Cahuecahua,
Cocomitecuhtli, Quauhtotohua, Textlípitl y Xicohténcatl
Axayacatzin. Este último, sin embargo, nunca estuvo convencido
de la alianza.
La matanza de Cholula
Antes de dirigirse
hacia Tenochtitlan, Cortés había llegado a Cholula, ciudad
tributaria y aliada de los mexicas con una población de treinta
mil habitantes, que tenía un arraigado culto a Quetzalcóatl. Los
tlaxcaltecas no eran amigos de los cholultecas y advirtieron a
los españoles no confiar en ellos. Una
comitiva de cholultecas dirigida por los capitanes Tlaquiach y
Ttalchiac, salió al encuentro del ejército de Cortés siendo
recibidos y hospedados cuatrocientos españoles y cuatrocientos
totonacas dentro de la ciudad, pero los dos mil tlaxcaltecas a
quienes consideraban enemigos, debieron acampar en la periferia. Durante
dos días el trato para los recién llegados fue hospitalario;
poco después, las autoridades cholultecas comenzaron a evadir a
Cortés y sus capitanes,[126] ya
que habían recibido en forma secreta instrucciones de Moctezuma
para realizar una emboscada y aniquilar a los españoles. Una
anciana que pretendía convertirse en la suegra de Malintzin confió
a esta lo que se tramaba y poco después la intérprete por su
parte alertó a Cortés.
A la mañana
siguiente el conquistador, anticipándose, capturó a los líderes
cholultecas. Con una señal prevista mandó a su ejército a
realizar un ataque preventivo, provocando
la llamada matanza
de Cholula. Más
de cinco mil hombres murieron en menos de cinco horas bajo el
acero de las espadas españolas y la furia incontrolable de sus
aliados tlaxcaltecas y totonacas. También
se dio la orden de incendiar casas y templos. A
pesar de haber sido una acción preventiva, muchas de las
víctimas fueron civiles cholultecas que se encontraban
desarmados. Pocos
guerreros ofrecieron resistencia reaccionando hasta después de
las dos primeras horas del sorpresivo ataque. Se sospechaba de
veinte mil guerreros mexicas acampados en las inmediaciones de
la ciudad para reforzar la emboscada; sin embargo, estos nunca
aparecieron. Tras
la victoria, los españoles se apoderaron del oro y las joyas,
mientras que los aliados indígenas tomaron la sal y algodón. El
contingente español, tlaxcalteca y totonaca permaneció en
Cholula durante catorce días. Los
cholultecas que habían sido tributarios de los mexicas, fueron
sometidos y en la derrota, terminaron aliándose a las fuerzas de
Cortés.
Los conquistadores
continuaron su expedición hacia Huejotzingo;
atravesaron entre los dos volcanes vigías del valle, el Popocatépetl y
el Iztaccíhuatl por
un paraje boscoso que hoy lleva el nombre dePaso
de Cortés. Del otro lado, avistaron por primera vez el lago
de Texcoco y la isla de la ciudad de México-Tenochtitlan.
Cruzaron por Amaquemecan y Chalco-Atenco,
donde embajadores de Moctezuma intentaron convencerlos para
detener su marcha. Tras una breve estancia en Ayotzinco continuaron
la marcha hacia Mixquic, Cuitláhuac
(Tláhuac), Culhuacán e Iztapalapa.
Al llegar a la ciudad, la población veía con asombro a los
europeos y sus caballos.
Entrada y estancia en Tenochtitlan
Moctezuma realizó muchos intentos para disuadir a Cortés de
avanzar hacia Tenochtitlan. El tlatoani envió
regalos, embajadores e innumerables mensajes para convencer a
los españoles de no visitar la ciudad pero todo fue inútil.Después
de haber llegado al valle
de México, el ejército compuesto por cuatrocientos
españoles, cuatro mil tlaxcaltecas y dieciséis caballos entró el
8 de noviembre de 1519, correspondiente al día "8 Ehecatl" del
año "1 acatl" en el mes Quecholli, a
la ciudad de México-Tenochtitlan,
construida en una isla del lago
de Texcoco y unida a tierra por tres calzadas principales.
Cortés y sus hombres fueron recibidos por el huey
tlatoaniMoctezuma
Xocoyotzin y un amplio séquito, en el que se encontraban el tlahtoani de TlacopanTotoquihuatzin,
el tlatoani de TetzcucoCacamatzin, Cuitláhuac, Tetlepanquetzaltzin,
Itzcuauhtzin, Topantemoctzin, y algunos otros servidores.Tras
una breve presentación, hubo un intercambio de regalos. Cortés
entregó a Moctezuma un collar de cuentas de vidrio que se
llamaban margaritas y el gobernante entregó
al caudillo un collar con ocho camarones de oro. Posteriormente
los españoles fueron alojados en el palacio
de Axayácatl, cercano al recinto sagrado de la ciudad.
Moctezuma era un guerrero experimentado, pero como hombre
supersticioso, continuaba con la idea de que posiblemente los
extraños visitantes eran semidioses. Se
entrevistó de forma privada con Cortés y dio a entender, de
acuerdo a diversas crónicas, la sumisión como vasallo del rey Carlos
I de España.
Mientras tanto en
la costa, siguiendo los consejos de los conquistadores
españoles, los totonacas dejaron
de pagar el acostumbrado tributo a los mexicas.
El calpixque Cuauhpopoca dirigió
a los guerreros mexicas y comenzó el ataque contra los
totonacas, pero estos fueron defendidos por la guarnición
española de la Villa Rica de la Vera Cruz. Como resultado de la
contienda, los españoles sufrieron siete bajas, entre ellas, Juan
de Escalante quien logró incendiar la población de Nautla antes
de la retirada de sus hombres pero murió más tarde a
consecuencia de las heridas. Las
noticias pronto llegaron a Tenochtitlan; desde la costa los
mexicas enviaron a Moctezuma, junto con el reporte de la
batalla, la cabeza decapitada del soldado español Juan de Argüello como prueba fehaciente de que los europeos eran seres
mortales y no dioses. El tlahtoani, aterrado
al ver la cabeza, prohibió las acciones militares y pidió
mantener en secreto la noticia. De forma paralela mensajeros
totonacas informaron los mismos sucesos a Cortés.
Durante la breve estancia, los españoles habían descubierto
accidentalmente tesoros escondidos en una de las recámaras
principales del suntuoso palacio de Axayácatl;
pero también habían valorado el posible riesgo de una emboscada
por parte de los mexicas y por tales motivos decidieron someter
a Moctezuma.El
14 de noviembre Cortés tomó como pretexto los acontecimientos de
Nautla para arrestar al tlahtoani, exigiendo
también castigo para los responsables. Sorprendido, Moctezuma
negó haber ordenado el ataque y mandó llamar a Cuauhpopoca,
los emisarios mexicas fueron acompañados por Francisco
de Aguilar, Andrés
de Tapia y Gutiérrez de Valdelomar. A partir de ese momento
el tlatoani fue vigilado por una escolta
española. Cuando regresaron los emisarios, el tlahtoani otorgó
el privilegio de juicio a Cortés; el proceso fue breve y se
sentenciaron a morir en la hoguera a Cuauhpopoca, a su hijo y
quince principales de Nautla. Para prevenir una sublevación,
Moctezuma fue entonces sometido con grilletes y se le obligó a
presenciar la ejecución. Este audaz secuestro del emperador
Moctezuma II por parte de Cortés, como hará también Francisco
Pizarro con el inca o
inga Atahualpa,
recuerda mucho al que sufrió casi cien años antes el rey Juan
II de Castilla, el llamado Golpe
de Tordesillas (1420), por parte de uno de los Infantes
de Aragón; quizá incluso al parecido de Juana
la Loca, y con similares intenciones.
El pueblo mexica,
en silencio y expectante, comenzó a dudar de su máximo dirigente
por la sumisión mostrada.
Permanentemente
custodiado, Moctezuma continuó sus actividades cotidianas.
Convivió con Cortés y sus capitanes, les mostró la ciudad y los
alrededores. Durante los siguientes días el conquistador pidió
al tlahtoani que abandonase a sus dioses y
que prohibiese los sacrificios humanos. También averiguó los
lugares de donde procedía el oro. Ante el asombro y disgusto de
los sacerdotes mexicas, se derribaron las efigies de sus dioses,
se impusieron imágenes cristianas y se celebró una misa en la
cúspide del Templo
Mayor.
Se organizaron
excursiones para inspeccionar las minas. Gonzalo de Umbría se
dirigió hacia Zacatula en
la región
mixteca; Diego
de Ordás hacia Tuxtepec y Coatzacoalcos; Andrés
de Tapia y Diego Pizarro se dirigieron a la zona de Pánuco.Cortés
también pidió a Moctezuma solicitar oro a todos los pueblos
tributarios de los mexicas. Nuevamente el tlahtoaniaccedió
con la esperanza de que a cambio de entregar esos tesoros, los
europeos se retiraran de Tenochtitlan. Para facilitar su
transporte y reparto, todo el oro fue fundido en barras por los orfebres de Azcapotzalco,
separándose el quinto
del rey.
Una pequeña
comitiva de españoles fue enviada en búsqueda de oro a Tetzcuco.
Los guías eran Netzahualquentzin y Tetlahuehuezquititzin, ambos
hermanos de Cacama. Debido a un malentendido, se sospechó de una
posible traición de Netzahualquentzin, motivo por el cual fue
sentenciado a morir en la horca. Cacama, exacerbado, intentó
sublevarse con los señores de Coyoacán, Tlacopan, Iztapalapa,
Toluca y Matalcingo, pero Ixtlilxóchitl, también hermano y a la vez enemigo de Cacama, lo
traicionó. Los rebeldes fueron arrestados y Cortés decidió
nombrar a Coanácoch como
nuevo tlahtoani de Tetzcuco. Días
más tarde, Pedro
de Alvarado torturó a Cacama para que este entregara una
mayor cantidad de oro, acción que fue denunciada por Bernardino
Vázquez de Tapia durante el juicio
de residencia de Alvarado.
Moctezuma le
insistió a Cortés que se retirase de la ciudad, pero la
respuesta fue negativa. La estancia se prolongó bajo la excusa
de no contar con embarcaciones, pues estas habían sido
destruidas. A pesar del malestar social de los mexicas por las
acciones de los conquistadores españoles y el abyecto
comportamiento del huey tlahtoani, este
intentó por todos los medios evitar un levantamiento. A petición
de Cortés, dirigió un discurso solemne frente a su pueblo, en el
cual, llorando, se reconoció como vasallo de Carlos I y pidió
rendir obediencia a los españoles. Creía en las profecías y
supersticiones, pero también temía que en caso de un
enfrentamiento armado su pueblo fuese masacrado.
Considerando tener
un relativo control sobre Tenochtitlan, Cortés envió a la región
de Coatzacoalcos a Juan
Velázquez de León con cien hombres con el objetivo de fundar
una colonia, para de esta manera, extraer oro y vigilar la
costa.Rodrigo
Rangel fue enviado a Chinantla, y para tranquilizar a Moctezuma,
Cortés envió a la Villa Rica de la Vera Cruz a Gonzalo
de Sandoval, Martín López, Andrés Núñez, y Alfonso Yáñez con
órdenes oficiales de construir nuevas embarcaciones a la vista
de los mexicas, pero con instrucciones secretas de realizar los
trabajos de la manera más lenta posible.
Entrevista de los procuradores con el rey y el Consejo de
Castilla
Mientras eso
ocurría en Tenochtitlan, los procuradores de la Villa Rica de la
Vera Cruz, Alonso
Hernández Portocarrero y Francisco
de Montejo, habían llegado a Sevilla.
Era octubre de 1519 cuando el obispo Juan
Rodríguez de Fonseca se enteró de los acontecimientos,
girando órdenes al contador de la Casa
de Contratación Juan López de Recalde para incautar el
tesoro que transportaban los procuradores. Fray Benito Martín
había conseguido ya en la corte el título de adelantado para
Diego Velázquez de Cuéllar y solicitó que se otorgara plena
autoridad al gobernador de Cuba para castigar la insubordinación
de Cortés.
Rodríguez de
Fonseca aún tenía el control del Consejo
de Castilla, el cual atendía los asuntos de las Indias, pero
el obispo
de Badajoz Pedro Ruiz de la Mota y el secretario del rey Francisco
de los Cobos y Molina quedaron impresionados por el oro
traído de México. El obispo de Badajoz abogó por Cortés ante el
rey Carlos I. Por otra parte los procuradores acudieron a Martín
Cortés, padre del caudillo, para tratar de conseguir mediante
cartas una entrevista con el rey, quien al escuchar esta
solicitud se mostró interesado en recibirlos y en conocer a los totonacas que
habían traído en el viaje. Los emisarios de Cortés llegaron
tarde a Barcelona en
donde encontrarían al rey, pero este, en constante movimiento,
se había trasladado a Burgos.
No obstante, pudieron contactar al abogado Francisco Núñez y al
consejero del rey Lorenzo
Galíndez de Carvajal, quien decidió apoyarlos.
Diego Velázquez, desconociendo aún los últimos sucesos en
España, confiscó en la isla de Cuba los bienes de Cortés y de
algunos de sus hombres. Organizó un ejército [enorme] que constaba de
diecinueve embarcaciones, mil cuatrocientos hombres, ochenta
caballos, veinte piezas de artillería y mil auxiliares cubanos.
Designó a Pánfilo
de Narváez como capitán con órdenes secretas para arrestar o
matar a Cortés. Cuando Rodrigo de Figueroa, juez de residencia
de La Española, se enteró de los planes de Velázquez, consideró
que la pugna no era beneficiosa para la corona y por tal motivo
envió al oidor (juez) Lucas
Vázquez de Ayllón junto con el alguacil de Santo
Domingo Luis de Sotelo y el escribano Pedro de Ledesma
para
detener la expedición. Vázquez
de Ayllón encontró a Narváez en Xaraguas y
le ordenó abortar la expedición. Adicionalmente, el 18 de
febrero de 1520 notificó directamente a Velázquez las órdenes de
Figueroa pero el gobernador de Cuba prosiguió con sus planes,
desatendiendo la petición oficial y desafiando la autoridad de
Figueroa. En esa circunstancia, Vázquez de Ayllón decidió viajar
simultáneamente a la Villa Rica de la Vera Cruz para tratar de
negociar un acuerdo. Las embarcaciones zarparon de Cuba el 5 de
marzo de 1520. Poco
antes de salir de Cuba se había extendido una epidemia de viruela en
la isla, el virus fue transportado en la excursión.
Participaron en la
excursión de Narváez Juan Bono de Quejo, Leonel de Cervantes,
el veedor (inspector) del gobernador de Cuba Gerónimo Martínez de Salvatierra, un sobrino homónimo de
Velázquez conocido como «el Mozo», el alcalde de Trinidad
Francisco Verdugo, Gaspar de Garnica, Baltasar Bermúdez y otros
experimentados conquistadores. También viajó Andrés de Duero,
secretario de Velázquez pero amigo de Cortés, ya que Amador de
Lares había muerto a principios de 1520. Los barcos hicieron
escala en Cozumel,
en donde rescataron a los sobrevivientes del naufragio de Alonso
de Parada y fundaron una pequeña guarnición. Se dirigieron
hacia Tabasco llegando
a Potonchan donde se encontraba la Villa de Santa
María de la Victoria para reabastecerse de agua y en la
etapa final del viaje fueron sorprendidos por una tormenta,
perdiendo un barco y cincuenta hombres, entre ellos Cristóbal de
Morante, quien había sido socio y capitán en la primera
excursión a la península de Yucatán. Llegaron a San
Juan de Ulúa el 19 de abril pero los barcos de Vázquez de
Ayllón habían llegado un par de días antes, por lo que el oidor
pudo contactar a los hombres de la Villa Rica de la Vera Cruz,
enterándose antes de los logros de Cortés. Al desembarcar,
Pánfilo de Narváez decidió fundar la ciudad de San
Salvador. Hicieron contacto con los totonacas,
a quienes informaron que pretendían arrestar a Cortés y liberar
a Moctezuma. El tecutli gordo de Cempoala
quedó impresionado ante las noticias, pero prefirió dar la
bienvenida a los recién llegados, suministrándoles víveres
durante tres semanas. Los totonacas enviaron los acostumbrados
regalos pero Pánfilo los guardó para sí, provocando la antipatía
de sus seguidores. Debido
a que la zona se encontraba en paz, Ayllón habló bien de Cortés
y los hombres al desconocer los planes de la expedición
comenzaron a inquietarse. Narváez culpó al oidor de la situación
y decidió arrestarlo. Vázquez de Ayllón, Pedro de Ledesma y
algunos simpatizantes de Cortés fueron hechos prisioneros y
enviados en un barco con dirección a Cuba. El oidor no pudo
hacer nada frente a los hombres de Narváez, pero cuando
zarparon, amenazó al capitán del barco, en el sentido de que si
este obedecía las órdenes de ir a Cuba lo condenaría a la horca;
por tal motivo, la embarcación se dirigió hacia La
Española. Ahí, Vázquez de Ayllón denunció los hechos y envió
cartas a España detallando la afrenta y el proceder violento de
Narváez. Finalmente, lo sucedido fue contraproducente a los
intereses de Diego Velázquez.
Una comitiva de
Moctezuma, quien estaba sometido, se puso en contacto con
Narváez, y pronto fueron enviados mensajes al huey
tlatoani. este albergó nuevas esperanzas de ser liberado y
mantuvo en secreto esta comunicación, pero no pudo ocultar las
noticias de la llegada de las embarcaciones. Cortés designó a
fray Bartolomé
de Olmedo y cinco emisarios para indagar las noticias de lo
que ocurría. En
la costa, Narváez comisionó a fray Antonio Ruiz de Guevara y al
escribano Alfonso de Vergara para que notificasen a Gonzalo
de Sandoval las nuevas provisiones de Diego Velázquez: se
consideraba a Cortés un traidor y Narváez debía recibir el apoyo
de todos los españoles. Sandoval, lejos de atender la petición,
decidió apresar a los comisionados y enviarlos de inmediato a
Tenochtitlan. Narváez también envió cartas a Juan
Velázquez de León pensando, equivocadamente, que el pariente
del gobernador de Cuba sería un aliado.
Cortés recibió con
halagos a Vergara y Guevara, les pidió disculpas por el trato de
Sandoval. El caudillo organizó un banquete y les regaló oro,
ante lo que los comisionados quedaron pasmados. Muy
pronto se hicieron amigos del anfitrión e informaron a este
de todos los detalles de la expedición, olvidaron leer las
provisiones de Velázquez e incluso sugirieron enviar regalos a
los hombres de Narváez. Cortés los envió de regreso a la costa
con una escolta y una carta de respuesta para Narváez. En
contraste, los emisarios de Cortés habían sido arrestados a
excepción del clérigo Olmedo, quien se dedicó a describir las
riquezas de la tierra. Cuando Vergara y Guevara llegaron a San
Salvador, comenzaron a repartir oro de forma secreta a los
hombres de Narváez. La misiva de Cortés contenía palabras de
bienvenida e invitación a los miembros de la expedición, pero de
sorpresa por la nueva designación de Narváez.
Ante la
expectativa, Cortés salió de Tenochtitlan marchando con parte de
su ejército hacia la costa, dejando una guarnición de ochenta
hombres al mando de Pedro
de Alvarado, envió instrucciones a Velázquez de León y
Rangel para que se reunieran con él en Cholula para
ir de manera conjunta hacia Cempoala. Fueron
diversas idas y venidas de mensajeros, Narváez hacía
proposiciones no aceptadas por Cortés pues trataba de
desposeerlo en favor de Velázquez, y Cortés hacía
contraposiciones inaceptables por parte de Narváez, pues
justificaba su actuación en su obediencia de forma directa al rey sin reconocer
la autoridad del gobernador de Cuba. Las entrevistas con
mensajeros sirvieron de espionaje, Andrés de Duero ayudó
nuevamente a su amigo para sobornar a diferentes oficiales de
Narváez.Los
hombres de Cortés avanzaron hacia Mictlancuauhtla y acamparon el
28 de mayo en la ribera del río Chachalacas. Pocas horas antes
de realizar el ataque sus espías informaron de los pormenores de
las posiciones de los contrincantes. Narváez se encontraba en Cempoala, confiado en que no atacarían por las condiciones del
tiempo.
A pesar de que el
ejército de Cortés era menos numeroso que el de Narváez, el
ataque sorpresa fue veloz y certero. Diego Pizarro con sesenta
hombres tenía órdenes de apoderarse de la artillería; Gonzalo de
Sandoval con ochenta hombres debía capturar o matar a Narváez;
Juan Velázquez de León enfrentaría a las fuerzas de su primo
Diego Velázquez «el Mozo», sobrino del gobernador; Diego de
Ordás tendría que capturar a las fuerzas comandadas por
Salvatierra; finalmente, Andrés de Tapia y Cortés reforzarían
con ayuda a cualquiera de los otros capitanes.
Cuando Narváez se
dio cuenta del ataque trató de reaccionar, pero era tarde. Los
sobornos funcionaron, el jefe de artillería Bartolomé de Usagre
había colocado cera en los cañones, la pólvora se había mojado,
los hombres de Bermúdez no se encontraban en sus puestos y los
espías de Cortés habían cortado las cinchas de las sillas de los
caballos. Tras
una breve refriega en lo alto del teocalli,
el piquero Pedro
Gutiérrez de Valdomar dejó tuerto a Narváez. Pedro Sánchez
Farfán llevó al prisionero herido ante los capitanes Gonzalo de Sándoval, Alonso de Ávila, y Diego de Ordás, quienes le quitaron
las supuestas provisiones del rey, que resultaron ser tan solo
las instrucciones de Velázquez. Cuando
Pánfilo fue llevado ante Cortés, le dijo «Señor
capitán, tened en mucho esta victoria y el haberme preso», a
lo que este contestó: «Doy gracias a Dios y a mis
esforzados caballeros, mas una de las menores cosas que he hecho
en esta tierra es desbarataros y prenderos». Hubo
pocas bajas, no más de veinte, entre ellas el tecutli gordo
de Cempoala Chicomácatl, Diego Velázquez «el
Mozo» y Alonso Carretero. La mayor parte de los hombres se
rindieron convencidos de la riqueza de las tierras descubiertas
y reconocieron a Cortés como nuevo jefe, incrementando así la
fuerza militar del conquistador. Entre los auxiliares viajaba
Francisco de Eguía, un esclavo de raza negra enfermo de viruela. Al
terminar la campaña se desmanteló San Salvador, Juan
Velázquez de León partió hacia Pánuco para poblar la zona
con cien hombres y vigilar posibles incursiones de Francisco
de Garay. Un mensajero proveniente de Tenochtitlan informó a
Cortés sobre una rebelión en la ciudad, mediante la cual tenían
emboscados a todos los hombres que habían quedado al resguardo
de la misma; así mismo, se enteró de la comunicación secreta que
había sostenido Moctezuma con Narváez.
Matanza del Templo Mayor
Durante la ausencia
de Cortés, en Tenochtitlan se debía celebrar la ceremonia en
honor del dios Huitzilopochtli.
Los mexicas pidieron permiso al capitán Pedro
de Alvarado, quien otorgó el permiso correspondiente para
llevar a cabo la fiesta de Tóxcatl,
la cual era un extenso ritual en donde se hacía una estatua de
Huitzilopochtli; sacerdotes, capitanes, así como jóvenes
guerreros bailaban y cantaban desarmados. Pero Alvarado
descubrió serios indicios de
que una conspiración estaba en marcha contra los españoles
aprovechando la ausencia de Cortés y que en la ceremonia de
honor los españoles serían sacrificados. Alvarado mandó cerrar
las salidas, pasos y entradas al patio sagrado, la entrada de Cuauhquiyauac (Águila)
en el palacio menor, la de Ácatl iyacapan (Punta
de caña), la de Tezcacóac (Serpiente de
espejos) y entonces comenzó la masacre. «Dieron un tajo al que
estaba tañendo el tambor, le cortaron ambos brazos y luego lo
decapitaron, lejos fue a caer su cabeza cercenada, otros
comenzaron a matar con lanzas y espadas; corría la sangre como
el agua cuando llueve, y todo el patio estaba sembrado de
cabezas, brazos, tripas y cuerpos de hombres muertos».
Fue una gran pérdida porque los asesinados eran los dirigentes
que se habían educado en el Calmécac,
los veteranos de guerra, los calpixques, los
intérpretes de códices.
La presencia de los extranjeros ofendía al pueblo de
Tenochtitlan, pero era tanto el respeto que sentían por la
figura del huey tlatoani, que nadie se había
atrevido a contradecirlo. La matanza
del Templo Mayorprovocó una enorme indignación y los
mexicas se lanzaron contra el palacio de Axayácatl. Moctezuma
pidió al tlacochcálcatl(jefe de armas) de
Tlatelolco, Itzcuauhtzin, calmar a la población enardecida con
un discurso en el que pedía a tenochcas y tlatelolcas no
combatir contra los españoles. La rebelión ya no pudo ser
detenida, la población ofendida por la actitud del tlatoani,
gritaba «¡Ya no somos tus vasallos!». Además
se encontraban irritados por el ataque alevoso a sus capitanes.
Sitiaron el palacio durante más de veinte días, en los
que los
españoles se atrincheraron llevando con ellos a Moctezuma y a
otros jefes.
Expulsión de los españoles de Tenochtitlan
De regreso en la
ciudad y tras un enfrentamiento en Iztapalapa,
Cortés pudo reunirse con sus compañeros en el palacio de
Axayácatl desde el que se defendían de constantes ataques. De
acuerdo a Díaz del Castillo, Cortés había llegado con más de mil
trescientos soldados, noventa y siete caballos, ochenta
ballesteros, ochenta escopeteros, artillería y más de dos mil
tlaxcaltecas. Pedro de Alvarado había mantenido cautivo a
Moctezuma, junto con algunos de sus hijos y varios sacerdotes.[158]
Después de estos
sucesos ocurrió la muerte de Moctezuma Xocoyotzin. Fernando
de Alva Ixtlilxóchitl afirma que fueron los españoles
quienes asesinaron a Moctezuma por heridas de espada,cosa
que niegan los cronistas españoles. Díaz del Castillo dice que
Moctezuma subió a uno de los muros del palacio para que hablara
con su gente y los tranquilizara; sin embargo, la multitud
enardecida comenzó a arrojar piedras, una de las cuales hirió a
Moctezuma de gravedad durante su discurso. Moctezuma fue llevado
al interior pero falleció tres días después a causa de la
herida. Su
cuerpo y el de Itzcuauhtzin,
señor de Tlatelolco,
fueron llevados fuera del palacio por dos sirvientes del tlatoani y
arrojados a la acequia. La
convivencia entre Cortés y Moctezuma había creado un vínculo de
amistad y el tlatoani, antes de morir, pidió a
Cortés que favoreciese a su hijo, de nombre Chimalpopoca. Al
morir Moctezuma, Cortés y los capitanes que lo habían arraigado
entristecieron.
El palacio quedó
cercado, sin agua, ni alimentos, y el Tlahtocan (concejo)
eligió como nuevo tlatoani a un hermano de
Moctezuma, Cuitláhuac.
En esas circunstancias, Cortés se vio forzado a abandonar la
ciudad. Organizó el escape ordenando cargar la mayor cantidad de
oro posible. Para impedir la huida de los españoles, los mexicas
habían desmontado los puentes de los canales en la ciudad,
Cortés utilizó las vigas del palacio de Axaycácatl para
improvisar puentes portátiles.
..«Todo lo cogieron, de todo se adueñaron, todo lo
arrebataron como suyo, todo se apropiaron como si
fuera su suerte. Y después que le fueron quitando a
todo el oro, cuando se lo hubieron quitado, todo lo
demás lo juntaron, lo acumularon en la medianía del
patio, a medio patio; todo era pluma fina»..
Historia general de las cosas de la Nueva España.
El 30 de junio de 1520 durante la noche, Cortés salió de
Tenochtitlan. Ochenta tamemes tlaxcaltecas
fueron previstos para transportar el oro y las joyas. Adelante
marcharon Gonzalo de Sandoval, Antonio de Quiñones, Francisco de
Acevedo, Francisco Lugo, Diego de Ordás, Andrés de Tapia,
doscientos peones, veinte jinetes y cuatrocientos tlaxcaltecas.
En el centro transportando el tesoro, Hernán Cortés, Alonso de
Ávila, Cristóbal de Olid, Bernardino
Vázquez de Tapia, la artillería, Malintzin y otras mujeres
indígenas, Chimalpopoca con sus hermanas, los prisioneros
mexicas y el grueso de las fuerzas españolas y aliadas. En la
retaguardia Pedro de Alvarado, Juan Velázquez de León, la
caballería y la mayor parte de los soldados de Narváez.
Solo consiguieron
salir los primeros ya que, descubiertos y dada la voz de alarma,
fueron acosados desde canoas, muriendo unos ochocientos
españoles y gran número de aliados, además de perder cuarenta
caballos, cañones, arcabuces, espadas, arcos y saetas de hierro,
así como la mayor parte del oro. Entre las bajas se encontraron
el capitán Juan
Velázquez de León, quien había sido fiel a Cortés a pesar de
ser pariente de Diego
Velázquez de Cuéllar, Francisco
de Morla, Francisco
de Saucedo. Cacama,
dos hijas de Moctezuma y Chimalpopoca. El propio Cortés fue
herido en una mano. Los supervivientes escaparon por la ruta de Tlacopan,
episodio en el que el cronista López de Gómara describió el
salto de Pedro
de Alvarado en el puente de Toltacacalopan, mismo que fue
desmentido por Díaz del Castillo. Todos los cronistas coinciden
con el llanto de Cortés en la Noche
Triste:
.. «Cortés a esto se paró, y aun se sentó, y no a
descansar, sino a hacer duelo sobre los muertos y
que vivos quedaban, y pensar y decir el baque la
fortuna le daba con perder tantos amigos, tanto
tesoro, tanto mando, tan grande ciudad y reino; y no
solamente lloraba la desventura presente, más temía
la venidera, por estar todos heridos, por no saber
adónde ir, y por no tener cierta la guardia y
amistad en Tlaxcala; y ¿quién no llorara viendo la
muerte y estrago de aquellos que con tanto triunfo,
pompa y regocijo entrado habían?
Historia general de las Indias, Francisco López de
Gómara.
Batalla de Otumba
La ruta que tomaron hacia Tlaxcala fue
a través de Tlalnepantla, Atizapán,
Teocalhueycan, Cuautitlán, Tepotzotlán,
Xóloc, Zacamolco. El 7 de julio los conquistadores fueron
ferozmente atacados en la batalla
de Otumba. Agotados tras días de ser perseguidos, y pese a
la inmensa desigualdad de fuerzas, la habilidad militar de
Cortés se centró en defenderse en círculo hasta conseguir matar
al cihuacoatl o principal capitán de los
mexicas, pues muerto este, los perseguidores se dispersarían y
huirían y así fue, consiguiendo una victoria que hoy se estudia
en las academias militares del mundo. Debido a que el mayor
número de bajas correspondía a los indios aliados, Hernán Cortés
pensó que la alianza con los tlaxcaltecas había terminado tras
la derrota, pero de forma contraria a sus predicciones fue
recibido con benevolencia por el senado de Tlaxcala, a pesar de
la oposición de Xicohténcatl.
Las fuerzas españolas comenzaron a reorganizarse, aunque
tardaron más de un año para regresar a tomar la plaza de
Tenochtitlan.
Mientras tanto en
la ciudad se desató una epidemia de viruela,
enfermedad desconocida en América y a consecuencia de la cual
mucha gente murió en un lapso corto. Como daño colateral se
presentó una hambruna,
en razón del desquiciamiento de los sistemas de abastecimiento. Cuitláhuac mandó
reconstruir el templo mayor, reorganizó el ejército y lo envió
al valle de Tepeaca.
Intentó realizar alianza con los purépechas,
pero el cazonciZuanga después
de considerar la oferta, se negó a aceptarla. También fueron
enviados emisarios con intenciones de sellar la paz con los
tlaxcaltecas, pero éstos se negaron rotundamente. En noviembre
de ese mismo año, Cuitláhuac murió de viruela al igual que el tlatoani de
Tlacopan Totoquihuatzin. Considerando
que Cacama había muerto durante los hechos ocurridos el 30 de
junio, la Triple Alianza tuvo nuevos sucesores, Coanácoch en Tetzcuco, Tetlepanquetzaltzin en Tlacopan y Cuauhtémoc (Águila
que desciende), sobrino de Moctezuma
Xocoyotzin, en Tenochtitlan.
Cuauhtémoc había
participado en el episodio de la noche triste como tlacochcálcatl (jefe
de armas) y se había pronunciado en contra de la actitud pasiva
de Moctezuma. Debido a que su madre era Tiacapantzin, heredera
al trono de Tlatelolco,
pudo reunir el apoyo de toda la ciudad. Cuando fue elegido
nuevo tlatoani continuó
con los trabajos de reconstrucción y fortificación la ciudad,
pues suponía el regreso de los españoles, envió embajadores a
todos los pueblos solicitando aliados por medio de la
disminución o eliminación de tributos. Buscó por segunda ocasión
la alianza con el nuevo cazonci purépecha Tangáxoan
Tzíntzicha, cuyo padre Zuanga también había muerto por la
viruela; la negativa del heredero fue más violenta, los
emisarios de Cuauhtémoc fueron asesinados en Tzintzuntzan.[168]
Reagrupamiento de los españoles y abastecimiento de
Cortés
Los sobrevivientes
españoles pasaron tres días en Hueyotlipan donde
fueron auxiliados por los tlaxcaltecas. Poco después Cortés y
Maxixcatzin se reunieron en Tlaxcala para refrendar su alianza.
Durante veinte días los conquistadores descansaron, atendieron a
los heridos y se reorganizaron.
Poco antes a la
última incursión a Tenochtitlan habían sido atacadas dos
comitivas españolas. El primer ataque causó poco más de veinte
bajas, algunos hombres de Narváez habían sido arrestados por las
fuerzas de Cortés y eran conducidos al valle de México. Los
prisioneros nunca llegaron a su destino pues fueron sorprendidos
por guerreros mexicas en Quecholac.
El segundo ataque causó cuarenta y cinco bajas españolas y
doscientas bajas tlaxcaltecas cuando una excursión al mando de
Juan de Alcántara fue aniquilada en Calpulalpan.
Cortés decidió
entonces emprender una campaña militar para castigar a la
región, no solo para recuperar el honor y el ánimo de sus
hombres, sino también para cortar la vía de suministros que
recibía la ciudad de Tenochtitlan desde la costa oriental. Con
base en el discurso de Moctezuma, el caudillo español consideró
que todos los mexicas y tributarios eran oficialmente vasallos
de Carlos I y que cualquier acción adversa, por tal motivo,
debía ser considerada como acto de rebeldía. La lectura del requerimiento fue
un procedimiento habitual para justificar legalmente los actos
punitivos de la nueva campaña.
Los tlaxcaltecas
aportaron dos mil guerreros al mando de Tianquizlatoatzin, quien
guio a Cortés a las zonas de Zacatepec, Acatzingo y Tepeaca.
El teuctli local se rindió el 4 de septiembre
de 1520. Los prisioneros fueron esclavizados y se les marcó con
hierro candente en la mejilla una «G» de «guerra». Muchos
guerreros tepeacas fueron sacrificados por los tlaxcaltecas sin
ninguna reclamación por parte de Cortés, quien toleró en
repetidas ocasiones las acciones que sus aliados llevaban a cabo
a pesar de que estas eran las mismas que tanto criticó de sus
enemigos.
El caudillo español
fundó la villa
de Segura de la Frontera el 9 de septiembre de 1520 y desde
el nuevo emplazamiento dirigió ataques a las localidades de Quecholac, Huaquechula, Itzocan, Tecamachalco, Zapotitlán, Izúcar y Chiautla.Varios
pueblos de la zona, entre ellos Huejotzingo y Cuetlaxtlan,
prefirieron no oponer resistencia y aceptaron la alianza con las
fuerzas españolas, pero otros como Tecamachalco y
Acaptelahuacan fueron casi exterminados. El 30 de octubre, en Segura
de la Frontera, Cortés redactó la segunda carta
de relación, en la cual describió los últimos
acontecimientos sin dar gran importancia al revés de
Tenochtitlan. Alonso de Mendoza y Diego
de Ordás fueron los responsables de llevar la misiva, pero
zarparon con destino a la península ibérica hasta marzo de 1521:
«...y por no dar cuenta de todas las
particularidades que nos acaecieron en esta guerra,
que sería prolijidad, no diré sino que, después de
hechos los requerimientos para que viniesen a
obedecer los mandamientos que de parte de vuestra
majestad se les hacían acerca de la paz, no los
quisieron cumplir y les hicimos la guerra y pelearon
muchas veces con nosotros y con la ayuda de Dios y
de la real ventura de vuestra alteza siempre les
desbaratamos y matamos muchos, sin que en toda la
dicha guerra me matasen ni hiriesen ni un
español..en obra de veinte días hube pacíficas
muchas villas y poblaciones a ella sujetas y los
señores y principales de ellas han venido a
ofrecerse y dar por vasallos de vuestra majestad...»
Segunda carta de relación. Hernán Cortés.
El jefe de
carpinteros, Martín López, fue enviado por Cortés a Tlaxcala. Su
misión era cortar y preparar madera para construir trece
bergantines, los cuales serían utilizados en el asalto anfibio a
Tenochtitlan. Cuando López llegó a Tlaxcala, se enteró de que
Maxixcatzin había muerto víctima de la viruela pero pudo obtener
sin problema la ayuda de Xicohténcatl
Huehue.
Alonso de Ávila y Francisco Álvarez Chico viajaron a Santo
Domingo en busca de caballos, ballestas, pólvora, arcabuces y cañones.
Por otra parte, Francisco de Solís viajó a Jamaica en
una misión similar. Los gastos fueron financiados con el poco
oro rescatado de Tenochtitlan y del almacenado previamente en
Tlaxcala.
En esos días
llegaron diferentes embarcaciones: una de ellas procedente de
Cuba comandada por Pedro
Barba, quien llevaba una carta de Velázquez dirigida a
Narváez. El capitán de la nave y la tripulación decidieron
unirse a Cortés. Lo mismo sucedió con una embarcación
capitaneada por Rodrigo Morejón. Desde Castilla,
Juan de Burgos llegó al mando de una embarcación que hizo escala
en las islas
Canarias; paralelamente, desde Sevilla llegó
Juan de Salamanca, quien hizo escala en Santo
Domingo.
En la zona del río
Pánuco una expedición dirigida por Diego de Camargo (futuro
padre del historiador mestizo Diego
Muñoz Camargo) bajo órdenes del gobernador de Jamaica, Francisco
de Garay, había sido derrotada por los nativos huastecos.
Para colmo, durante el escape una de las embarcaciones naufragó.
Los sesenta sobrevivientes y Camargo se unieron a Cortés. El
gobernador de Jamaica envió embarcaciones de apoyo, cincuenta
hombres al mando del mestizo Miguel
Díez de Aux y cuarenta hombres al mando de Francisco Ramírez
«el Viejo». Estos capitanes, al evaluar la situación, también
decidieron unirse a las fuerzas de Cortés.
Con el objetivo de
controlar la totalidad de la ruta hacia la costa oriental, Gonzalo
de Sandoval fue designado para efectuar una nueva campaña
en Zautla y
Xalacingo. Con tan solo ocho bajas españolas, los pueblos fueron
sometidos y al igual que en Tepeaca, los prisioneros fueron
esclavizados y herrados.
Avance hacia Tenochtitlan por el oriente
Debido a que los tesoros fueron utilizados para conseguir los
aprovisionamientos y se respetó además el quinto
del rey, no hubo reparto de oro para los soldados. Algunos
se inconformaron, entre ellos se encontraba Andrés de Duero, lo
cual provocó el rompimiento de la larga amistad con Cortés. Este
decidió dejar partir a los inconformes de regreso a Cuba para
evitar posibles sublevaciones y redactó ordenanzas militares y
civiles para controlar a los que se quedaron.
Las fuerzas
españolas comenzaron el avance hacia Texmelucan acompañadas
por un gran contingente de tlaxcaltecas, quienes sumaron diez
mil hombres bajo el mando de Chichimecatecuhtli.
El objetivo de Cortés fue realizar un bloqueo a la ciudad de
Tenochtitlan. Los pueblos de Huexotla, Coatlinchan, Chalco, Amecameca, Tlalmanalco, Ozumba,
y Mixquic,
decidieron apoyar a los españoles proveyéndoles también de
alimentos.
Cuando las fuerzas
españolas llegaron a Tetzcuco, el tlatoaniCoanácoch huyó
hacia Tenochtitlan para reunirse con Cuauhtémoc. La población
también evacuó la ciudad, yéndose en parte a Tenochtitlán en
miles de barcas sin que Cortés pudiera evitarlo. Los
tlaxcaltecas por su parte incendiaron el palacio de Nezahualpilli,
en el cual se encontraban los códices texcocanos. Ixtlilxóchitl,
enemigo y hermano del tlatoani, se convirtió
en aliado incondicional de los españoles, fue designado señor de
la ciudad, y sobre la base de esto Cortés logró que parte de la
población volviera. Allí recibió delegados de varias localidades
de la región comunicando su apoyo a los españoles.
Después de ocho días fortificando su recinto en Texcoco, y sin
recibir ataques, Cortés avanzó hacia el sur sobre Iztapalapa con
15 jinetes, 200 infantes y 5000 aliados indios, incluyendo un
número indeterminado de texcocanos a las órdenes de
Ixtlilxóchitl. Esto
implicaba situarse casi sobre las veredas de acceso a
Tenochtitlán. Tomó Itzapalapa, pero gran parte de los defensores
pudieron ser evacuados en barcas. Por la noche los mexicas
abrieron obras de contención provocando que la ciudad se inunde,
por lo que Cortés debió evacuar la plaza esa misma noche,
perdiendo las provisiones que había tomado. Al día siguiente los
mexicas envían un ejército por tierra, y tropas que atacan desde
balsas y se retiran cuando los españoles intentan cargar. Sin
poder evitar el hostigamiento de las barcas, sin atreverse a
atacar al ejército de tierra, que era muy numeroso, y sin
alimentos, Cortés opta por replegarse a Texcoco. Pese a su temor
de que haber sido rechazado evitara que continuaran pasando al
bando español nuevas ciudades, recibe luego delegados de Otumba
y otras poblaciones que le comunican su apoyo.
Al no tener
comunicación directa con la costa, Cortés envió a Gonzalo de
Sandoval con tropas para escoltar aparte de las fuerzas
tlaxcaltecas a sus tierras. Durante esta expedición, obtuvieron
ropa como botín. Posteriormente, Sandoval llegó a Veracruz para
enviar correspondencia en nombre de Cortés y, al regresar,
expulsó a la guarnición mexica de Chalco, donde la población se
mostraba dispuesta a pasarse al bando español. Mientras tanto,
Cuauhtémoc había ordenado cortar las líneas de suministro
españolas en Chalco y Huexotla, ya que el maíz de esa zona era
de vital importancia. Después de alcanzar Veracruz, Sandoval
derrotó a los mexicas en Chalco y regresó a Texcoco.
El 15 de febrero de
1521 Cortés consideró que la construcción de los bergantines
debía terminarse cerca del lago. Un gran número de tamemes y
aliados tlaxcaltecas transportaron las tablas desde Tlaxcala
hasta las orillas del lago
de Texcoco y se excavaron zanjas para poner las
embarcaciones en el agua.
Campañas militares al norte y occidente de
Tenochtitlan
Una vez dispuestos los barcos, Cortés realizó una nueva salida
para alcanzar los accesos a Tenochtitlán desde el oeste, dando
vuelta a la laguna por el lado norte. Llevaba 25 jinetes y 300
infantes, más los aliados tlaxcaltecas. Una fuerza mayor que la
empleada en la salida hacia Iztacpalapan. A pocos kilómetros de
camino encontraron y desbarataron un ejército mexica, en el que
fue el único combate campal de la salida. A continuación
atacaron Xaltocan y
alcanzaron a entrar en la ciudad, pero al caer el día se
retiraron de ella y acamparon a una legua. En los días
siguientes pasaron por Huatullan, que encontraron abandonada, y
luego por Tenayuca, Cuautitlán y Azcapotzalco sin
encontrar resistencia. Finalmente atacaron Tlacopan,
ciudad principal de los tepanecas,
donde se concentró la resistencia mexica, ya que esta ciudad era
cabecera de los accesos a Tenochtitlán desde el oeste. Tetlepanquetzaltzin y
sus hombres fueron obligados a replegarse a Tenochtitlán y al
día siguiente los españoles quemaron Tlacopán, en venganza por
quienes habían muerto allí en la "Noche Triste". Durante seis
días los españoles mantuvieron ocupada la ciudad, librando
escaramuzas diarias con tropas que venían de Tenochtitlán y
avanzando sobre el inicio de la calzada que cruzaba la laguna.
Los mexicas los instaban a intentar cruzarla, pero Cortés no
quería repetir la situación de quedar encerrados dentro de
Tenochtitlán y se limitó a hostilizar las cabeceras de la
calzada, pidiendo parlamentar con enviados de Cuauhtémoc,
esperado obtener una rendición. Los mexicas se negaban a
parlamentar, y en una ocasión en que los amenazó con que
morirían de hambre en el sitio, desde la torre de defensa de la
calzada le tiraron un pan de maíz, diciéndole que si quería ya
tenían acopio de sobra para ellos. Viendo que no lograba
parlamentar, y no podía sostenerse en Tlacopán, porque las
ciudades y campos de la zona habían sido evacuados, Cortés
desanduvo el camino y regresó a la base española en Texcoco.
Viendo su retirada, un ejército mexica los siguió, pero la
caballería lo emboscó y puso en fuga en Acolman.[177]
Las victorias
conseguidas por los españoles y el fortalecimiento de la alianza
con los tlaxcaltecas ya eran noticia en todo el Imperio mexica.
Tributarios y enemigos fueron aumentando, lenta pero
inexorablemente, las fuerzas de Cortés. Poblaciones enteras de
las comarcas vecinas enviaron embajadores de paz para rendir
tributo a la Corona española y aliarse en el ataque a
Tenochtitlan. La inercia avasalladora de la irrupción se había
generado.
Los nuevos aliados
no solo incrementaron la fortaleza bélica del conquistador a lo
largo de esa etapa, sino que además cumplieron la tarea
estratégica de espionaje e información al alto mando acerca de
las concentraciones y movimientos de las fuerzas enemigas.
Viendo sus derrotas en los combates directos con los españoles
frente a Tenochtitlán, Cuauhtémoc contraatacó con tropas
enviadas a Chalco y Tlalmanalco, en el sur del sistema de lagos,
para asegurar la posesión de la zona, con lo que obstaculizaban
las comunicaciones y vías de suministro de los sitiadores con
Tlaxacala. Cortés envió a Sandoval que atacó a las guarniciones
mexicas en Huastepec y Acapichtlan tomando los dos pueblos. Tras
retirarse Sandoval a Texcoco, los mexicas hicieron aún otro
intento de reocupar Chalco. El ejército enviado allí marchó tan
rápido que llegó antes de que Sandoval pudiera regresar con
tropas españolas, pero en Chalco fue rechazado por un ejército
local y Sandoval al llegar encontró ya la situación resuelta en
favor de sus aliados. Con esto el camino más directo de Tlaxcala
a la base española en Texcoco quedó definitivamente abierto, y
los españoles dominaron tanto el este como el sur de la región
de lagos.
Estando en Tetzcuco,
durante los últimos días de marzo de ese año, Gonzalo
de Sandoval reunió doscientos soldados españoles, veinte
jinetes y un gran contingente de aliados chalcas y
tlaxcaltecas. Partió en dirección a Cuauhnáhuac
(Cuernavaca) para confrontar a un ejército mexica que se
encontraba defendiendo esa posición. El lugar era importante
para Tenochtitlan, debido a que era la ruta de comunicación
hacia Xochicalco.
Sandoval y sus hombres descansaron en Tlalmanalco,
y al continuar su avance tuvieron enfrentamientos en Huaxtépec
(Oaxtepec) y Chimalhuacán.
Un segundo ejército mexica había reforzado la zona y se había
posicionado en Yecapixtla.
Sandoval decidió regresar a Texcoco.
Cortés aumentó el
contingente con texcocanos y huejotzingas;
Olid, Tapia y Pedro de Alvarado relevaron a Sandoval. El
siguiente encuentro fue en el peñón de Tlayacapan.
Los capitanes Pedro
de Ircio, Andrés
de Monjaraz, Rodríguez
de Villafuerte y Francisco
Verdugo encabezaron el asalto. Ahí, los mexicas repelieron
el primer intento, pero días más tarde fueron derrotados cuando
las fuerzas españolas los rodearon y los dejaron sin agua.
El avance de los conquistadores continuó hacia Yautepec.
El segundo ejército mexica que se encontraba en la localidad
huyó a Juchitepec,
donde fue alcanzado y sometido. El 13 de abril, desde Tetzcuco,
Cortés partió con refuerzos, incursionó por Tepoztlán y Cuauhtlan
(Cuautla). Una vez dominadas las localidades, se reunió con
la primera expedición para realizar el ataque final y definitivo
a Cuauhnáhuac.
La siguiente etapa
de la campaña se desarrolló en Xochimilco.
El tlatoani local Yaomahuitzin ofreció
resistencia, casi a punto de ser vencido engañó a los españoles
fingiendo tener intenciones de pactar pero solo con el objetivo
de ganar tiempo y recibir ayuda desde Tenochtitlan. Cuauhtémoc
envió un ataque combinado por tierra y por la laguna. Debido al
factor sorpresa, mexicas y xochimilcas lograron una victoria
temporal. Cortés casi fue hecho prisionero al caer de su
caballo. Cristóbal de Olea pudo salvarlo a cambio de ser herido
y de que un par de soldados españoles fueron capturados y más
tarde, sacrificados. La
batalla se prolongó durante tres días más y finalmente, los
hombres de Cuauhtémoc se replegaron a Tenochtitlan.
Tras haber roto la
barrera defensiva, los conquistadores avanzaron a Coyoacán donde
el teuctli Coapopocatizin prefirió huir y la
localidad fue tomada por las fuerzas de Cortés. Desde este
lugar, las fuerzas de ataque se dividieron con los objetivos de
tomar Churubusco,
controlar la retaguardia en Tláhuac y Mixquic,
y rodear el lago por occidente hasta Tlacopan. De esta forma, se
cerró totalmente el cerco a Tenochtitlan.
Algunas fuerzas mexicas atacaron en escaramuzas aisladas,
logrando capturar a algunos soldados más. Cortés subió a la
cúspide de un teocalli para mostrar al tesorero Julián de
Alderete, la ciudad de Tenochtitlan que se encontraba a trece
kilómetros de distancia. El licenciado Alonso Pérez, notó cierta
melancolía en la expresión del conquistador y le dijo:
«Mira Nerón de Tarpeya
a Roma cómo se ardía,
gritos dan niños y viejos
y él de nada se dolía»
El caudillo español respondió:
«que ya veía cuántas veces había enviado a México
a rogarles paz, y la tristeza no la tenía por una
sola causa, sino en pensar en los grandes trabajos
en que habíamos de ver hasta tornarla a señorear, y
que con la ayuda de Dios presto lo pondríamos por la
obra».
En repetidas
ocasiones Cortés había pedido a los mexicas la rendición y ellos
siempre se negaron. Era la víspera del ataque final.
Sitio de Tenochtitlan
Controlado el oriente, nororiente y sur, Cortés no dudó en
reafirmar las posiciones en Tlacopan
(Tacuba), Azcapotzalco, Tenayuca y Cuautitlán.
El objetivo de aislar la ciudad se había logrado y ahora faltaba
coordinar un ataque simultáneo a la ciudad desde todos los
accesos, al igual que el asalto apoyado en los bergantines que
había venido construyendo.
Poco antes de
iniciar el sitio de la ciudad, Antonio de Villafaña, aún fiel a Diego
Velázquez de Cuéllar, elaboró un plan para asesinar a Cortés
y a los capitanes Sandoval, Alvarado y Tapia. Pronto Villafaña
fue descubierto y sentenciado a la horca, por lo que el hecho no
tuvo mayor repercusión.
Pedro de Alvarado
fue asignado al frente de Tlacopan. Cristóbal de Olid con el
apoyo de Andrés de Tapia, Francisco Verdugo y Francisco Lugo por
Coyoacán. Gonzalo de Sandoval, apoyado por Luis
Marín y Pedro de Ircio, por Iztapalapa. Hernán Cortés quedó
al mando de los bergantines desde Texcoco.
Antes de iniciar el
ataque se supo que Xicohténcatl no se encontraba en su posición,
probablemente por estar coordinando sus fuerzas o realizando
tareas de acopio. Cortés aprovechó la ocasión para acusarlo de
traición y lo sentenció a morir en la horca el 12 de mayo de
1521.
Cortés siempre desconfió del capitán tlaxcalteca, quien había
opuesto fuerte resistencia en las guerras confrontadas antes de
ser aliados y con esta acción preventiva quiso eliminar la
posibilidad de que sus más fuertes aliados se volvieran en su
contra.[188]
13 bergantines, 325 hombres, cada bergantín
con 25 españoles y una fusta, incluyendo
capitán, veedor, 6 ballesteros y
escopeteros.
Tercera carta de relación, Hernán Cortés.
Se dio la orden de
cortar los suministros de agua dulce que llegaban a
México-Tenochtitlan desde Chapultepec,
los mexicas trataron de impedirlo en un férreo combate que
perdieron. Comenzaron las batallas, por las aguas del lago de
Texcoco, por las calzadas y los puentes en una forma coordinada.
Sandoval cubrió también el área de Tepeyac.
Al principio las bajas por ambos bandos eran semejantes, tanto
atacantes como defensores tenían organizadas sus acciones. La
estrategia de los conquistadores era destruir los puentes y
albarradas de comunicación a la isla de México-Tenochtitlan y
con los bergantines provocar incendios en las poblaciones, de
tal suerte que no hubiera forma de abastecer comida y agua a los
sitiados. La estrategia de los mexicas fue reconstruir y
defender el paso de los puentes y albarradas, de vez en cuando
enviaron escuadrones para contraatacar a los cuarteles de los
conquistadores. Contrario a las costumbres de los mexicas,
quienes usualmente no combatían durante la noche, las
confrontaciones se llevaron a cabo a toda hora.
Díaz del Castillo relató en su crónica que «cada
día existían tantos combates (no siempre victorias) que si los
hubiera relatado todos parecería un libro de Amadís o de
Caballerías. Fueron noventa y tres días de sitio...» La
falta de agua y alimento surtió efecto...«digo que
en tres días con sus noches, en todas tres calzadas, llenas de
hombres y mujeres y criaturas, no dejaron de salir y tan flacos
y amarillos y sucios y hediondos, que era lástima de verlos...».
Por otra parte López
de Gómara relató en su crónica que
al final del sitio «los mexicas solo se
alimentaban de raíces, bebían agua salobre de la laguna, dormían
entre los muertos y estaban en perpetua hedentina, jamás
quisieron la paz».
Los conquistadores
españoles pensaron que los mexicas estaban totalmente
debilitados y realizaron una incursión general a la ciudad. En
una escaramuza Cortés fue capturado, pero fue valientemente
rescatado por Cristóbal de Guzmán, quien por salvar la vida de
Cortés cayó prisionero en manos de los mexicas. En franca
retirada, algunos otros españoles fueron hechos prisioneros.[193]
De acuerdo con las costumbres de guerra de los mexicas, los
prisioneros fueron sacrificados a sus dioses en lo alto de sus
templos. Impotentes, sus conmilitones pudieron observar los
hechos a lo lejos, reconociéndolos por la blancura de su piel.
Sin embargo el hecho dio ánimo a Pedro de Alvarado, quien, en su
afán de venganza, se colocó a la vanguardia para el asalto
final.
«Digamos ahora lo que los mexicanos hacían de noche
en sus grandes y altos cués, y es que tañían el
maldito tambor, que digo otra vez que era el maldito
sonido y más triste que se podía inventar, y sonaba
en lejanas tierras, y tañían otros peores
instrumentos y cosas diabólicas, y tenían grandes
lumbres y daban grandísimos gritos y silbos; y en
aquel instante estaban sacrificando a nuestros
compañeros de los que habían tomado a Cortés, que
supimos que diez días arreo acabaron de sacrificar a
todos nuestros soldados y al postrero dejaron a
Cristóbal de Guzmán...».
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España,
Díaz del Castillo.
Los
prisioneros españoles y tlaxcaltecas fueron sacrificados de
acuerdo a los rituales
religiosos,
Al final del sitio, que duró tres meses, Pedro de Alvarado tomó
la plaza de Tlatelolco.
Los tenochcas que aún quedaban confrontaron las últimas batallas
y fue entonces cuando los conquistadores pudieron observar,
horrorizados, que los mexicas no solo habían sacrificado a los
prisioneros: además de extirparles el corazón, habían arrancado
la piel de los españoles caídos para adornar sus templos u
ofrendarla a su dios Xipe
Tótec.
En la refriega
murieron algunos de los últimos señores y jefes mexicas. Los
capitanes más destacados en la defensa del sitio por parte de
los tlatelolcas fueron
Coyohuehuetzin y Temilotzin, y por parte de los tenochcas Tlacutzin
y Motelchiuhtzin. Cuauhtémoc se reunió en Tolmayecan con
sus capitanes, intendentes y principales para deliberar la
inminente rendición.
El 13 de agosto de 1521, correspondiente al día "1 coatl" del
año "3 calli"del
mes Xocotlhuetzi, Cuauhtémoc salió
de Tenochtitlan en
una canoa, probablemente con la intención de negociar la
rendición, pero fue avistado y capturado por el capitán García
Holguín, mientras la ciudad caía en manos de los españoles y de
sus aliados. Cuando
Cuauhtémoc estuvo en presencia de Cortés, señaló el puñal que el
conquistador llevaba al cinto y le pidió que lo matara, pues no
habiendo sido capaz de defender su ciudad y a sus vasallos,
prefería morir a manos del invasor. Este hecho fue descrito por
el propio Hernán
Cortés en su tercera carta
de relación a Carlos
I de España:
«llegóse a mi y díjome en su lengua que ya él había
hecho todo lo que de su parte era obligado para
defenderse a sí y a los suyos hasta venir a aquel
estado, que ahora hiciese de él lo que yo quisiese;
y puso la mano en un puñal que yo tenía, diciéndome
que le diese de puñaladas y le matase...»
De acuerdo a las
estimaciones de Hernán Cortés, los conquistadores españoles,
junto con sus aliados tlaxcaltecas, texcocanos, huejotzincas, chalcas,
cholultecas y demás coaligados mataron a más de cuarenta mil
mexicas durante las últimas jornadas. López de Gómara describió
en su obra que «el cerco duró tres meses, tuvo en él doscientos
mil hombres, novecientos españoles, ochenta caballos, diecisiete
tiros de artillería, trece bergantines y seis mil barcas.
Murieron cincuenta españoles y seis caballos y no muchos indios.
Murieron de los enemigos cien mil, sin contar los que mató el
hambre y la pestilencia».
Para celebrar el
acontecimiento, los castellanos se reunieron en el palacio del
señor de Coyoacán Coapopocatizin, pues en Tenochtitlan el hedor
era insoportable. Organizaron un banquete con vino, carne de
cerdo, carne de pavo y tortillas de maíz en abundancia. Al día
siguiente celebraron misa y se cantó un tedeum.
Los texcocanos en la conquista
Tetzcoco (Texcoco)
era una ciudad importante, la segunda del Valle de México,con
el antecedente de una alianza con Tenochtitlan y Tacuba [90 años
previo a la irrupción de los españoles]. A partir de la muerte
de Nezahualcóyotl (1472)
y posteriormente del sucesor Nezahualpilli (1515),
su poderío disminuyó en tanto que el de los mexicas aumentaba.
Cacamatzin (sobrino de Motecuhzoma Xocóyotl) asumió el cargo
de nuevo tlatoani, había sido parte del grupo que recibió a Hernán
Cortés en la Calzada de Iztapalapa (8 de noviembre de 1519)
junto a los señores de Coyoacán, Iztapalapa y Tacuba. Según
Bernal Díaz del Castillo, los españoles asumieron que
Motecuhzoma era el emperador.
No existe
suficiente información para saber qué sucedía al interior de la
casa real de Texcoco durante la invasión de los españoles,
aunque están:
-Las obras
históricas de Fernando
de Alva Ixtlilxóchilt, el Compendio histórico
del Reino de Texcoco y la Historia de la
nación chichimeca que narran la irrupción española desde la
perspectiva de la “familia real texcocana”.
-El Fragmento
2 del Códice Ramírez acerca de los príncipes texcocanos.
Fernando de Alva
Ixtlilxóchitl (1568-1648) era descendiente del último señor de
Texcoco, su bisabuela Ana Cortés procedía de la casa real
Acolhua, hija de Hernando
Ixtlilxóxhitl, a su vez hijo de Nezahualpilli.
Es considerado el “cronista original” de los texcocanos, estudió
en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, fungió como
intérprete del Juzgado de indios, falleció a la edad de 80 años.
Interpretó las antiguas pinturas y posteriormente desarrolló las
crónicas.
Respecto a la Entrada
de los españoles en Texcuco (escrita en 1608), Fernando de
Alva narra que tras la muerte de Cacamatzin durante la batalla
de la Noche
triste (Noche victoriosa),[205] el
31 de diciembre de 1520 Coanacochtzin era el nuevo tlatoani. La
razón de su designación es desconocida pues, cuando Cuitláhuac
preguntó a los texcocanos a quién le correspondía el derecho al
reino, Yoyontzin (hijo menor de Nezahualpilli) fue la opción
evidente, sin embargo, eligieron a otro de sus hijos;
Coanacochtzin.[203]
El tlatoani de
Texcoco estaba a favor Tenochtitlan a donde se trasladó, lo cual
aprovecharon los príncipes Tecocoltzin, Yoyontzin e
Ixtlilxóchitl quienes buscaban ser aliados de Cortés. Ante el
vacío de poder en la ciudad texcocana Tecocoltzin asumió el
cargo, a su muerte prematura le sucedió Ahuaxpictzatzin quien
reinó unos días hasta que se nombró a Ixtlilxóchitl y fue
bautizado con el nombre de Hernando
Ixtlilxóchitl, “el único jefe de los conquistadores que se
igualaba con Hernán Cortés” de manera que la caída de
Tenochtitlan fue “hazaña de Cortés e Ixtlilxóchitl”.
Después del ataque
a Chalco (5 de abril de 1521), los españoles iniciaron el
trayecto hacia Texcoco para terminar los 12 bergantines que
utilizarían en la batalla por Tenochtitlan, a su paso
enfrentaron a los mexicas y sus aliados quienes realizaban
ataques “combinados entre la infantería y la marina”,
sobrevivieron debido a la ayuda de los indígenas que les
mostraron los pozos para beber agua, llegaron a Texcoco heridos
y agotados.
En Texcoco, los
españoles ensamblaron y armaron los 12 bergantines que fueron
tallados en Tlaxcala. Si bien los cañones eran una novedosa arma
de guerra, los texcocanos tenían amplio conocimiento del sistema
de agua, es decir; ventaja para el ataque a Tenochtitlan. Las
crónicas refieren que Cortés “destruyó partes de los acueductos
de Coyoacán y Chapultepec” con la intención de impedir el flujo
de agua potable a México, una interpretación que corresponde a
la versión de Cortés y no al saber de los pobladores
originarios.[207]
Para realizar la botadura
de los bergantines participaron ocho mil indígenas quienes
durante 50 días “prepararon la zanja”. Cortés “¿lo habría
podido hacer sin la ayuda nativa? Y sin los bergantines
¿habría podido obtener el desenlace que todos conocemos?”.
La mayor parte del
ejército que atacó Tenochtitlan estaba conformada por
texcocanos, tlaxcaltecas y chalcas, por ello algunos
historiadores mencionan que fue “una guerra entre indígenas,
entre pueblos enemigos de Mesoamérica”.
Los texcocanos
acostumbrados a formar alianzas y mantener el poder, a vivir con
un sistema de leyes, y donde el tlatoani “cesaba las guerras en
caso de hambrunas”, eran
aliados de los mexicas. A causa de la llegada de los españoles y
sus diferencias al interior de la casa real optaron por romper
la Triple Alianza y unirse a los europeos para continuar como
“una ciudad poderosa”.
La postura de
Fernando de Alva Ixtlilxóchitl implica considerar a su
antepasado “ganador-victorioso junto con Cortés frente a los
verdaderos vencidos-mexicas”.
Aunque texcocanos y
tlaxcaltecas vencieron a los mexicas, con el tiempo su situación
ante los españoles fue similar al resto de indígenas. Los
europeos destruyeron los templos y palacios de la casa real de Texcoco, así como la amoxcalli (biblioteca) que incluía datos de
la época mexica, algunos poemas de los tlatoanis lograron
perdurar.
Restauración de la ciudad y tormento de Cuauhtémoc
A Cortés no le interesaba en ese momento la muerte de
Cuauhtémoc.[215] Prefirió
utilizar ante los mexicas su reconocimiento como tlatoani,
aunque en realidad ya era súbdito del emperador Carlos
V y del propio Cortés. Así lo hizo con éxito, aprovechando
la iniciativa y el poder de Cuauhtémoc a quien le restituyó el
estatus de noble mexica, respetado y bien tratado pero cautivo,
para usar su prestigio y autoridad a fin de gobernar a los
vencidos, asegurando la colaboración de los mexicas en los
trabajos de limpieza y restauración de la ciudad. Lo primero que
ordenó fue restablecer el suministro de agua potable a la
ciudad. La reconstrucción de Tenochtitlan se realizó al estilo renacentista
europeo para convertirla más tarde con el nombre de México,
en la capital de la Nueva
España, que fue el primer virreinato
de las Indias.
La codicia por el
oro no se hizo esperar y no conforme con trescientos ochenta mil
pesos oro ya fundido en barras de acuerdo a la crónica de Díaz
del Castillo, o ciento treinta mil castellanos según la crónica
de López de Gómara; el tesorero Julián de Alderete exigió el
tormento de Cuauhtémoc, para que este confesase donde se
escondía el resto del tesoro de Moctezuma
Xocoyotzin. Fue entonces cuando a Tetlepanquetzaltzin y Cuauhtémoc les
untaron los pies de aceite acercándoselos al fuego. Aquel se
quejó con Cuauhtémoc del martirio y este le respondió: «¿Acaso
estoy yo en algún deleite o baño?». Años más tarde en
España, recayó en Hernán Cortés la culpabilidad de permitir el
martirio.
Se hizo entonces el
recuento de los tesoros y se separó el quinto
real, el cual incluía oro, perlas, plata, tarros, platos,
ídolos de oro así como figuras de peces y pájaros, ropas lujosas
de sacerdotes, plumas exóticas, animales vivos como aves,
jaguares, y esclavos. Alonso
de Ávila y Antonio de Quiñónez fueron los que llevaron este
cargamento en tres carabelas, pero fueron asaltados por
corsarios franceses comandados por Jean
Fleury cerca de las islas Azores. Todo
el quinto
del rey fue robado y los españoles fueron hechos
prisioneros. Ávila fue puesto en libertad dos años más tarde.
Entre los
conquistadores se realizó la repartición de oro. Descontando el
pago a la corona, el porcentaje de Cortés, los gastos de
expedición y los altos pagos de algunos capitanes, la suma a
repartir entre la tropa solo alcanzó los setenta pesos. La
cantidad era ridícula, pues en ese tiempo una espada tenía un
costo de cincuenta pesos. Para
conseguir nuevos tesoros y subir el ánimo de los hombres, Cortés
organizó de inmediato nuevas expediciones. De esta forma evitó
una rebelión.
El caudillo español
solicitó el envío de frailes o sacerdotes evangelizadores.
Mientras tanto se estableció en Coyoacán a
donde llegó su mujer, Catalina Juárez «la Marcaida», quien
falleció al poco tiempo.Cuando
en 1522 se recibió en la Nueva España la autorización
correspondiente por parte del rey, Hernán Cortés comenzó la
asignación de tierras a los soldados y capitanes participantes
de las campañas, usando el régimen de encomiendas.
Rendición de Michoacán
Los purépechaseran
enemigos de los mexicas, no obstante Cuitláhuac había
enviado mensajeros pidiendo ayuda al cazonciZuanga,
quien, indiferente ante la situación de Tenochtitlan, decidió no
apoyarlos. Alguno de los mensajeros mexicas había llegado
enfermo de viruela,
lo cual provocó una epidemia en la zona. Zuanga murió a los
pocos días a causa de la enfermedad. El
sucesor del gobernante purépecha fue su hijo mayor Tangáxoan
Tzíntzicha, a quien también solicitó ayuda Cuauhtémoc,
pero la negativa fue más violenta; el nuevo cazonci ordenó
matar a los mensajeros.
Poco tiempo después
la noticia de la caída de Tenochtitlan a manos de los españoles
llegó a Tzintzuntzan,
capital del pueblo
purépecha. Tangáxoan Tzíntzicha evaluó la situación y envió
embajadores de paz a Coyoacán,
quienes fueron bien recibidos por los conquistadores españoles.
Cortés hizo alarde de sus fuerzas militares, caballos,
artillería y bergantines, los embajadores quedaron impresionados
y regresaron con las noticias a la meseta
purépecha.
El nuevo cazonci y
sus asesores, a pesar de las dudas que tuvieron, finalmente
prefirieron recibir pacíficamente el 25 de junio de 1522 a Cristóbal
de Olid, quien lideraba una fuerza de cuarenta caballos,
cien soldados de infantería e indios aliados. Tangáxoan
Tzíntzicha entregó un gran tributo en oro y plata, jurando
obediencia a la Corona española. Esta paz fue quebrantada más
tarde a finales de 1529 y principios de 1530 por Nuño
de Guzmán, cuando en un acto cruel y codicioso asesinó a
Tangáxoan Tzíntzicha, provocando el levantamiento del pueblo
purépecha.
Campañas en Tuxtepec y Coatzacoalcos
En la zona de Tuxtepec (Oaxaca)
se había instalado una guarnición con soldados de la expedición
de Narváez y algunas mujeres. En el lugar habitaban chinantecas y mazatecos,
quienes habían atacado la guarnición matando poco más de sesenta
soldados y a las mujeres. Cortés envió a Gonzalo
de Sandoval a la zona y en una breve campaña militar capturó
al líder de los nativos, a quien enjuició y sentenció a morir en
la hoguera.
Cortés convocó por
medio del capitán Brionesa a los pueblos
zapotecas a someterse sin lograrlo en esa primera instancia.
Sería necesaria una campaña más reforzada para lograr el dominio
de la zona mixteco-zapoteca.
Después, viajando a
través del Istmo
de Tehuantepec, Gonzalo de Sandoval avanzó hacia Coatzacoalcos y Orizaba (Veracruz)
y fundó en junio de 1522 la villa de Espíritu Santo
(Coatzacoalcos) y la de Medellín cerca del actual Huatusco,
comenzando a colonizar el litoral sur de lo que es hoy el estado
de Veracruz.
Campaña en Zacatula y Colima
Fue Juan Álvarez Chico el encargado de tomar Zacatula (Guerrero),
sin embargo después de establecer una villa, tuvo lugar una
sublevación y los españoles fueron vencidos.
Cortés envió a Cristóbal
de Olid para ayudar a Villafuerte, pero este segundo intento
también fue repelido. Cambió de estrategia y en 1523 envió a Gonzalo
de Sandoval con un mayor número combatientes para lograr
someter a Colímotl. Finalmente las fuerzas españolas lograron la
victoria.
El día 25 de julio
de 1523, el conquistador español Gonzalo de Sandoval funda en Caxitlán (Municipio
de Tecomán)
la primitiva Villa de Colima y el primer Ayuntamiento de
occidente de la Nueva España.
Por otra parte,
Olid y Villafuerte fueron enviados para apoyar la posición de
Zacatula, logrando someter la región, y fundar una villa en la
actual región de Acapulco.
Años más tarde el lugar se convirtió en el principal puerto de
comunicación hacia el continente asiático y fue un punto
estratégico para el comercio.
En 1524 Hernán
Cortés nombró a Francisco Cortés de San Buenaventura como
lugarteniente y alcalde de la villa de Colima.[233] Se
realizaron campañas hacia Cihuatlán(Jalisco),[234]Autlán y Etzatlán arrasando
a los pueblos que no se sometían y asignando encomiendas entre
sus acompañantes. La zona era habitada por caxcanes.
Las incursiones llegaron hasta el río
Santiago en abril de 1525 pero al descubrir que no era una
zona explotable, Francisco Cortés emprendió el regreso sin dejar
establecimientos españoles.[235]
Campaña de Oaxaca, Tehuantepec y Tututepec
El 25 de noviembre de 1521 Francisco de Orozco y Tovar concentró
sus fuerzas en Huaxyácac
(Oaxaca) y estableció una villa donde el capellán Juan
Díaz ofició una misa. Al principio, estos opusieron
resistencia y emboscaron a las fuerzas españolas; sin embargo,
poco después los zapotecas se aliaron con los españoles
rindiendo tributo a cambio de una alianza contra el pueblo
mixteco, lo cual favoreció la conquista de Oaxaca.[236] Desde
esa región, los zapotecas habían
enviado una embajada a Cortés ofreciendo su amistad a cambio de
ser aliados contra los mixtecos, quienes habitaban la región de Tututepec.
Asimismo informaron de la existencia de oro en la zona. Para
esas fechas Cortés ya sabía del incidente del corsario francés
donde se había perdido el quinto
del rey, por lo que designó a Pedro
de Alvarado para ir a la zona con órdenes de rescatar la
mayor cantidad de oro posible. Alvarado se reunió con las
fuerzas de Orozco y avanzó hacia Tututepec para cumplir la
misión, en donde confrontó a los mixtecos que fueron derrotados
después de presentar fuerte resistencia. El 16 de marzo de 1522
Orozco fundó la villa de Tututepec.
Campaña en río Pánuco
Francisco de Garay, gobernador
de Jamaica, había enviado a la región del río
Pánuco dos expediciones al mando de Alonso
Álvarez de Pineda y Diego de Camargo, las cuales habían
fracasado en su intento de colonizar la zona pues fueron
atacadas y repelidas por los huastecos.
Los sobrevivientes se unieron a las fuerzas de Cortés, a quien
también reportaron la derrota en la zona. Cortés realizó una
campaña en la zona de la huasteca entrando por Coxcatlán, Chila,
Tamuín, Tancuayalab, Tampamolón, derrotando finalmente a los
huastecos. Una vez sometido el pueblo de Oxitipa, fundó la villa
de Santiesteban
del Puerto (Pánuco). Cortés nombró a Pedro Vallejo como
teniente general de la guarnición.
Mientras, Garay
obtuvo el título de adelantado otorgado
por la Corona española para colonizar la región y partió
nuevamente en una tercera expedición. Ante la sorpresa de no
encontrar rastro de Camargo y encontrar a los soldados de
Cortés, su expedición se estableció en Santiesteban
del Puerto (Pánuco) con Vallejo. Gonzalo de Sandoval y Pedro
de Alvarado llevaron a Garay a la Ciudad de México donde se
entrevistó con Cortés, estableciendo una buena relación y el
acuerdo de que el hijo de Garay se casaría con una hija de
Cortés. Sin embargo, poco después de la Navidad de 1523 Garay
murió súbitamente de dolor de costado (neumonía).
Muerto Garay, los
capitanes Juan
de Grijalva, Gonzalo de Figueroa, Alonso
de Mendoza, Lorenzo de Ulloa, Juan de Medina, Antonio de la
Cerda, y Taborda no quisieron obedecer al hijo de Garay y los
soldados se amotinaron robando mujeres, gallinas y comida a los
nativos de la zona. Los nativos furiosos atacaron a la
guarnición y provocaron muchas bajas a los conquistadores
españoles. De acuerdo a la crónica de Díaz del Castillo, al
menos seiscientos españoles murieron, entre ellos Pedro Vallejo.
Cortés, que tenía un brazo herido, envió a Gonzalo
de Sandoval con caballería, arcabuceros, aliados
tlaxcaltecas y mexicas para controlar la sublevación. Las
represalias contra los nativos fueron contundentes y a los
españoles amotinados se les amonestó enviándoseles de regreso a Cuba.
Campaña de Guatemala
Cortés, siempre en busca de oro, envió en diciembre de 1523 a Pedro
de Alvarado al mando de un destacamento de soldados
españoles, aliados cholultecas, tlaxcaltecas y mexicas hacia la
región de Quauhtlemallan
(Guatemala). Su expedición pasó por Tehuantepec y
la región del Soconusco de
forma pacífica, pero tuvo enfrentamientos con los quichés en
Zapotitlán, Quetzaltenango y Utatlán.[242] Pronto
se dio cuenta de que la zona estaba dividida en diferentes
pueblos, los quichés, los cakchiqueles, mames,
pocomames, y zutuhiles.
En su afán de conquistar la zona se alió con los gobernantes
cakchiqueles Cahi Imox y Beleheb Qat y pudo vencer finalmente a
los quichés,
que eran liderados por Tecún
Umán. Se estableció en Iximché,
de donde salió para enfrentar a los zutuhiles en la lago
de Atitlán, a quienes también derrotó. De esta manera fundó
la villa de Santiago
de Guatemala, en las cercanías de Iximché el 25 de julio de
1524. Gonzalo
de Alvarado confrontó a los mames en Malacatán, Huehuetenango y Zaculeu sin
someterlos del todo pero logrando una cierta estabilidad en la
región.
Campaña de Cristóbal de Olid a las Hibueras
En 1523 el rey Carlos
I de España ordenó a Cortés buscar la ruta, estrecho, pasaje
o puerto para viajar hacia oriente a las islas
Molucas en busca de las especias que le permitiera competir
con el Reino
de Portugal.[244] Por
esta razón o por la afanosa búsqueda de oro, Cortés designó a Cristóbal
de Olid y lo envió al puerto de la Villa
Rica de la Vera Cruz con orden de zarpar con cinco navíos y
un bergantín hacia el sur. Olid, influenciado por soldados
inconformes con Cortés o bien cegado por la ambición, se
entrevistó con Diego
Velázquez de Cuéllar en Cuba, llegando a un acuerdo para
traicionar a su capitán.[245] En Hibueras,
Olid fundó el Puerto de Caballos y la Villa de Triunfo de la
Cruz. Olid capturó a Gil
González Dávila y a Francisco
de las Casas, sin embargo las condiciones se tornaron
desfavorables cuando ambos prisioneros hirieron a Olid. Los
soldados fieles a Cortés trastocaron la situación y en 1524 Olid
fue sentenciado a muerte. La traición fue conocida por Cortés
ocho meses más tarde.[246]
Campaña en Chiapas
También en 1523
Cortés envió a los capitanes Luis Marín y Diego de Godoy hacia
las regiones de Centla, Chamula, Coatzacoalcos y Chontalpa debido
a que los tributarios de las encomiendas se
encontraban en franca rebeldía.Fueron
los zoques,
y toztziles quienes
ofrecieron la mayor resistencia a los españoles, pero poco a
poco se fueron tomando las plazas de Chamula, realizándose un
gran avance en la región y reafirmando posiciones en Coatzacoalcos, Chontalpa, Acayucan, Huimanguillo, Cupilco y
Xicalango. Cinco años más tarde, en 1528, Diego de Mazariegos
fundó Ciudad
Real de Chiapa en la cercanía de Chiapa
de Corzo.
Campaña contra los zapotecas
Cortés había
asignado a Rodrigo Rangel y a Pedro de Ircio como responsables
en la guarnición de la Villa
Rica de la Vera Cruz. Rangel pidió a Cortés la asignación de
alguna campaña y poder ganar para sí algún título personal. Fue
entonces cuando le asignó ir a Cimatlán y Talatupán. Rangel
no era considerado un buen capitán por Cortés, por lo que le
apoyó con los mejores soldados para realizar esta campaña. Tras
fracasar en el primer intento, el 5 de febrero de 1524 Rangel
inició la segunda campaña en la que el resultado le fue
favorable. Hernán
Cortés reportó a Carlos
I de España en su cuarta
carta de relación que los mixtecas y zapotecas tenían
lanzas de 25 a 30 palmos muy gruesas y bien hechas con las
cuales habían muerto algunos españoles y que la labor de
conquista no era fácil por ser tierras muy ásperas.
Campaña en Tabasco
El 25 de marzo de
1519, Hernán Cortés fundó la villa de Santa
María de la Victoria. Al continuar su expedición hacia
Veracruz, dejó pocos soldados con escasos bastimentos en defensa
de la guarnición y pronto fueron derrotados por los mayas
chontales quienes incendian la población. En 1523, sale
desde la villa del Espíritu Santo, Luis Marín quien entabló
combates con los indígenas tabasqueños en la región de la Chontalpa y
Cimatlán, pero no pudo pacificar la zona ni reconquistar la
villa de Santa María de la Victoria.[248] En
un segundo intento el capitán Rodrigo Rangel con cien soldados,
veintiséis ballesteros, escopeteros e indios aliados sostuvo
diversos combates en Copilco,
Zacualco y Cimatlán, sin lograr restablecer el control en la
villa de Santa
María de la Victoria. Durante esta campaña militar, en la
zona de Cimatán, el cronista Bernal
Díaz del Castillo fue herido de gravedad por una flecha en
la garganta. Finalmente en 1525, el capitán Juan de Vallecillo
cumplió la orden de Cortés, restaurando la guarnición de Santa
María de la Victoria, pero Vallecillo enfermó y murió sin
lograr el control total de la zona. Cortés nombró entonces
Baltazar de Osorio, quien llegó en 1527, pero fracasó en su
intento de pacificar la provincia.
En 1528 Francisco
de Montejo llegó a Santa
María de la Victoria con el título de Alcalde
Mayor de Tabasco para establecer su real y ejercer su cargo,
iniciando una intensa campaña para someter a los indígenas de la
provincia de Tabasco, logrando pacificar la zona del Grijalva y
abrir un camino seguro hacia las Chiapas. En 1530, Montejo envió
a Alonso
de Ávila hacia la zona del Usumacinta,
quien cruzó la Selva y logró fundar la villa de Salamanca de
Acalán, pero debido a que era una zona hostil y de difícil
acceso, a los pocos meses abandonó la guarnición para continuar
su campaña en la península de Yucatán.[252] Fue
hasta 1535 cuando Francisco
de Montejo y León «el Mozo» pudo finalmente conseguir el
control parcial de la zona de Santa
María de la Victoria, siendo nombrado por su padre teniente
de gobernador de Tabasco.
En 1536 Franciso Gil, lugarteniente de Pedro
de Alvarado incursionó desde Guatemala hacia
el oriente de Tabasco rumbo
a Pochutla, siguiendo el cauce del río
Usumacinta y fundó la villa de San
Pedro Tanoche. Cuando «el Mozo» se enteró de este evento
avanzó hacia la zona para defender los derechos de su padre. Debido
a que la población se encontraba en medio de la selva,
incomunicada, y muy apartada de los centros de abastecimiento,
«el Mozo» dio instrucciones a Lorenzo de Godoy para que la
guarnición fuese trasladada a Salamanca
de Champotón y así proseguir con la Conquista
de Yucatán. La pacificación total del territorio de Tabasco,
se lograría después de numerosas campañas militares, hasta 1564
al derrotar a los indígenas cimatecos, quienes fueron los
últimos tabasqueños en rendirse a los españoles.
Viaje de Cortés a las Hibueras y muerte de Cuauhtémoc
Enterado Cortés de la rebelión de Cristóbal
de Olid, decidió viajar hacia las Hibueras a
pesar de tener pocos españoles en Tenochtitlan.
Decidió llevar con él en el viaje, como medida preventiva ante
una posible sublevación, a Cuauhtémoc y
otros nobles mexicas.[254]
Al cruzar el río
Amazonas (afluente del río
Grijalva) las huestes de Cortés tuvieron que construir una
serie de puentes para lograr atravesar la zona del actual
municipio de Candelaria,
en el actual estado de Campeche.
De acuerdo a las crónicas
de Indias la tarea no fue nada fácil. En el lugar fue
recibido por el batab o halach
uinik de Acalán, llamado Apoxpalón, quién comerciaba cacao, algodón, sal y esclavos.
La reunión fue pacífica y el gobernante local ayudó a la
expedición a continuar su camino. Por su parte Cortés le entregó
una carta o salvoconducto para mostrar a posibles futuras
expediciones españolas, en la cual se hacía constar el acuerdo
de paz logrado.
Poco después Cortés sospechó de una posible sublevación
simultánea por parte de los mexicas tanto en el viaje como en la
ciudad. Por tal motivo, al sureste de Xicalango,
aún dentro de la jurisdicción de Acalán de los mayas chontales,
en un punto llamado “Itzamkanac se
realizó la sentencia y ejecución por ahorcamiento del último huey
tlatoaniCuauhtémoc.
También fueron ejecutados el señor de TlacopanTetlepanquetzal y
muy probablemente el señor de TetzcucoCoanácoch. Este
hecho ocurrió el día 28 de febrero de 1525.
..estando para ahorcar al Quauhtemoc, dijo estas
palabras: «O capitan Malinche, dias ha que yo tenia
entendido, é habia conocido tus falsas palabras: que
esta muerte me habias de dar, pues yo no me la dí,
cuando te entregaste en mi ciudad de Méjico; porque
me matas sin justicia?»
Esta acción
preventiva fue utilizada en España como un argumento en contra
de Hernán
Cortés, por los seguidores de Diego
Velázquez de Cuéllar y ha sido criticada a través de los
siglos por los historiadores.
El viaje continuó y la expedición tuvo contacto con los mayas itzáes en
las inmediaciones de Tayasal.
Fueron bien recibidos y Cortés se entrevistó con el Halach
Uinik Ah Can Ek (Canek).
Cortés explicó lo acontecido con el poderío mexica, y el halach
uinik no tenía aún las noticias de Tenochtitlan pero le
contó acerca de noticias de guerras acontecidas con los mayas
chontales de Centla con
los dzules (hombres blancos). Cortés explicó que él era el
capitán de esas guerras y trató de convencerlos para su
conversión al cristianismo.[259] Ante
el resguardo de la ciudad y el número de habitantes mayas,
Cortés prefirió no llevar a cabo ninguna acción militar y se
despidió de los itzáes, dejando un caballo lastimado y moribundo
que Ah Can Ek prometió cuidar. En
1618 los misioneros franciscanos encontraron a los descendientes
mayas adorando a un caballo fabricado de madera.
La expedición
continuó el camino durante más de treinta días en un trayecto
accidentado y sinuoso hasta Nito (Guatemala), donde no fueron
bien recibidos por los nativos. Después de una pequeña
escaramuza se establecieron en el sitio durante algunos días.
Cortés envió un pequeño grupo para solicitar una embarcación y
poder continuar su trayectoria por mar hacia Naco (las Hibueras).
Al llegar la embarcación a Nito le informaron que Cristóbal de
Olid ya había sido ejecutado.
Llegando a Naco,
Cortés se reunió con sus capitanes y evaluó las noticias que
llegaban de México-Tenochtitlan, donde se habían amotinado los
españoles. Envió inmediatamente a Gonzalo
de Sandoval de regreso.
En la zona, los
pueblos vecinos de Papayca y Chiapaxina habían recibido
amistosamente a los españoles, pero poco tiempo después las
condiciones cambiaron y comenzaron los enfrentamientos. Cortés
logró capturar a los señores principales llamados Chicuéytl,
Póchotl y Mendexeto para de esta manera negociar la paz a cambio
de la vida y libertad de los prisioneros. Los de Chiapaxina se
rindieron, pero los nativos de Papayca continuaron las
hostilidades. Fue capturado y ahorcado el líder llamado Mátzal.
También fue capturado otro líder de nombre Pizacura, a quien
Cortés mantuvo en cautiverio, pero las hostilidades continuaron.
En las cercanías Cortés fundó la villa
de Trujillo el 18 de mayo de 1525 y nombró a Juan de Medina
como alcalde.[262] No
obstante, en las inmediaciones de la zona los lencas,
aliados con los cares y dirigidos por el caudillo lenca Lempira,
resistieron la conquista durante doce años. En 1537 durante las
campañas de conquista de Francisco
de Montejo, el capitán Alonso
de Cáceres concertó una reunión para negociar la paz, sin
embargo la reunión fue una trampa y un arcabucero asesinó al
dirigente indígena.
Llegaron a la villa
de Trujillo fuerzas españolas dirigidas por Francisco
Hernández de Córdoba, fundador de Nicaragua, homónimo del
descubridor de Yucatán, que estaba bajo las órdenes de Pedro
Arias Dávila (Pedrarias). Al escuchar que la zona era rica
en metales preciosos, Cortés se interesó en las minas y acciones
de conquista. Se encontraba preparando su expedición a Nicaragua cuando
llegó fray Diego de Altamirano con noticias acerca de la
situación en la Ciudad de México, por lo que prefirió cancelar
su expedición y regresar por vía marítima a San
Juan de Ulúa. Envió a sus soldados a Guatemala para poblar
la zona y dar apoyo a Pedro de Alvarado, y partió de la villa de
Trujillo, el día 25 de abril de 1526.[264]
Fundación del Virreinato de la Nueva España
La pugna entre Cortés y Velázquez para obtener el derecho de
gobernar los territorios conquistados había sido estudiada en
mayo de 1520, antes de la caída de Tenochtitlan, por el Consejo
de Castilla. En esa ocasión se determinó aplazar el
veredicto para que las partes involucradas presentaran más
pruebas y argumentos.
Fray Benito Martín
siguió transmitiendo quejas de Cortés al obispo Juan
Rodríguez de Fonseca para que este apoyara a Velázquez, pero
la Guerra
de las Comunidades de Castilla había atraído la atención de
todo el reino. Fue hasta abril de 1521 cuando Fonseca arrestó al
procurador Alonso
Hernández Portocarrero bajo la excusa amañada de haber
seducido ocho años antes a una mujer llamada María Rodríguez.
Portocarrero nunca fue puesto en libertad y murió en prisión. El
siguiente paso del obispo de Burgos fue nombrar al veedor de
Santo Domingo, Cristóbal
de Tapia, como gobernador, sustituyendo la capitanía de
Cortés. A pesar de que el cardenal Adriano
de Utrecht desconfiaba de Fonseca, autorizó el nombramiento,
pues se encontraba preocupado ante los acontecimientos relativos
al discurso de la Dieta
de Worms que había pronunciado Martín
Lutero.
En mayo de 1521
llegaron a SevillaDiego
de Ordás y Alonso de Mendoza con un cargamento de oro y
portando la segunda carta
de relación de Cortés. El oro fue confiscado por la Casa
de Contratación, pero los emisarios lograron huir y se
pusieron en contacto con Francisco
de Montejo. Juntos lograron entrevistarse con el cardenal
de Utrecht y le mostraron la carta dirigida a Carlos
I. En el documento, Cortés utilizaba por primera vez el
nombre de Nueva
España. Había creído conveniente la denominación para
bautizar al territorio recién conquistado, debido entre otros
argumentos, a la similitud de climas con España.
Además de notificar
los avances de la conquista, los emisarios informaron al
cardenal la confiscación del tesoro que se había efectuado en
Sevilla y de las órdenes que Fonseca había girado para cerrar el
paso a Ordás y Mendoza. La desconfianza de Utrecht aumentó,
debido a que también había escuchado rumores de la pretensión
del obispo de Burgos de casar a su sobrina con Velázquez. Tras
las acusaciones, el cardenal investigó los hechos y ordenó a
Fonseca abstenerse de intervenir en los asuntos de Cortés y
Velázquez. Se revocaron las órdenes que había emitido el obispo,
liberándose también los embargos de Sevilla.
De cualquier forma,
las instrucciones enviadas a Cristóbal de Tapia llegaron a Santo
Domingo a finales del verano de 1521. Se ordenaba a Tapia tomar
la gobernación del territorio, sustituyendo del cargo a Cortés.
A pesar de que la Audiencia de la Española no estaba conforme
con la determinación, Tapia viajó a la Villa Rica de la Vera
Cruz y fue recibido por el alcalde Rodrigo Rangel y por el
regidor Bernardino
Vázquez de Tapia en diciembre de 1521. Se enviaron
mensajeros con las nuevas noticias a Coyoacán, en donde ya
residía Cortés.
Con su acostumbrada
diplomacia ante estas situaciones, Cortés envió una carta de
bienvenida al veedor. La misiva fue llevada por fray Melgarejo y
en ella se explicaba que los trabajos de conquista no habían
sido concluidos, y por tanto, se excusaba de no poder asistir a
la entrevista personalmente. Los procuradores de las villas de
Vera Cruz y Segura de la Frontera, coludidos con el plan,
hicieron eco a las aseveraciones de su capitán. De manera atenta
reconocieron la autoridad de Tapia, así como las instrucciones
reales pero le solicitaron retirarse por el bien de los trabajos
de la conquista. Tapia no tuvo más opción que acceder, y zarpó
de regreso a La Española.[270] Casi
de inmediato arribó procedente de Cuba Juan Bono de Quejo.
Velázquez lo había enviado con cartas en las cuales el nombre
del destinatario era un espacio en blanco para ser llenado. Los
documentos estaban firmados por el obispo Fonseca y en ellos se
ofrecían beneficios a quienes aceptaran reconocer a Cristóbal de
Tapia como nuevo gobernador. Para mala suerte de Velázquez, el
veedor se había marchado a La Española, en donde había
determinado no interferir más, por el bien de la conquista.
En enero de 1522,
el cardenal Utrecht fue nombrado sucesor del papaLeón
X. A partir de entonces los asuntos de Indias fueron
atendidos por el tesorero de Castilla, Francisco Pérez de
Vargas. El nuevo papa, Adriano
VI, ratificó al emperador Carlos
V, la bulaExponi
nobis fecisti y la intención de enviar frailes de la orden
mendicante y frailes menores de orden regular a los
territorios recién conquistados por Hernán Cortés.
En marzo de 1522 ya
habían llegado noticias del sometimiento de la Ciudad de
México-Tenochtitlan. Carlos I organizó un nuevo comité que fue
antecedente del Consejo
de Indias. Confirmó la decisión de Adriano VI, de excluir al
obispo Fonseca de los asuntos de la Nueva
España. Entre
los miembros que participaron en esta ocasión estuvo el doctor
Diego Beltrán, el licenciado Francisco de Vargas, el canciller Mercurino
Gattinara, el comendador de la orden
de Santiago Hernando de la Vega, el consejero real Lorenzo
Galíndez de Carvajal y los consejeros flamencos Charles de
Poupet, señor de la Chaulx, y De La Roche.
A fin de llegar a
conclusiones, el comité analizó las cartas de Diego Velázquez,
las quejas de Vázquez
de Ayllón, el informe de Cristóbal de Tapia, las cartas de
Hernán Cortés y las cartas firmadas por los procuradores de la
Villa Rica de la Vera Cruz. Así mismo, se entrevistaron a
diversos testigos, entre los más importantes Andrés de Duero,
Benito Martín, Diego de Ordás, Alonso de Mendoza y Francisco de
Montejo.
Se determinó que no
había razón para que Diego Velázquez tratara como suya la
conquista, pues solamente había gastado parte de dinero para
financiar la empresa y eso podría ser reembolsado por Cortés,
siempre y cuando el gobernador demostrase que era su propio
dinero y no de la corona. Además se concluyó que el documento
con el que había nombrado a Cortés como capitán no tenía validez
pues carecía de autoridad.
El 11 de octubre de
1522 se nombró oficialmente a Hernán Cortés como «adelantado,
repartidor de indios, capitán general y gobernador de la Nueva
España». Cortés quedó obligado a reembolsar los gastos
erogados por Diego Velázquez. A este último se le indicó que no
volviera a inmiscuirse en los asuntos de Cortés y se le ordenó
presentar una probanza por su conducta. Cuatro
días más tarde, el 15 de octubre de 1522, se firmó un decreto
real en el cual fue nombrado Alonso
de Estrada como tesorero real de la Nueva España, Gonzalo
de Salazar como factor, Rodrigo de Albornoz como contador y Pedro
Almíndez Chirino como veedor para ayudar a Hernán Cortés en
su gobierno.
Los primeros
frailes que viajaron a Nueva España en 1523 fueron Juan
de Aora, Juan
de Tecto, y Pedro
de Gante. En mayo de 1524 llegaron a San
Juan de Ulúa los franciscanosMartín
de Valencia, Toribio
de Benavente «Motolinía», Francisco de Soto, Martín de
Jesús, Juan Suárez, Antonio de Ciudad Rodrigo, García de
Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Ribas, Francisco Ximénez,
Andrés de Córdoba y Juan de Palos, conocidos como los doce
apóstoles. En 1528 Juan
de Zumárraga fue nombrado primer obispo de la Nueva España.
Debido en parte a ausencias
frecuentes de Cortés y también a permanentes intrigas, Alfonso
de Aragón y de Estrada, Rodrigo de Albornoz y Alonso
de Zuazo sustituyeron a Cortés en varias ocasiones entre
1526 y 1528. Debido a las mismas intrigas y con el objeto de
restar poder a Hernán Cortés, el 13 de diciembre
de 1527 se confió el gobierno a la primera Real
Audiencia de México, presidida por Beltrán
Nuño de Guzmán y cuatro oidores, la cual entró en
funciones los primeros días de 1528. Ese mismo año, Carlos
I de España también nombró a Nuño de Guzmán como gobernador
de la provincia de Pánuco y como capitán
general de la Nueva España en 1529. El nuevo gobernador se
comportó como un acérrimo enemigo de Cortés, llegando al punto
de arrestar a Pedro
de Alvarado solo porque este hablaba bien del conquistador.
En 1529 Carlos I ordenó a Cortés regresar a España recibiéndole
en Toledo.
El rey ya no le devolvió el cargo de gobernador de Nueva España,
pero le nombró «marqués
del Valle de Oaxaca», con veintidós villas y veintitrés
mil vasallos. Después de esto Cortés volvió a
casarse, esta vez con Juana de Zúñiga, hija del conde de Aguilar
y sobrina del duque de Béjar y en 1530 regresó
a México con el encargo de organizar expediciones al Pacífico
sur.
Nuño de Guzmán
comenzó una campaña cruenta, sitiando poblados, arrasando
cultivos, torturando y ejecutando a los jefes de las
poblaciones. Quebrantó la paz con el cazonci purépecha Tangáxoan
Tzíntzicha a quién asesinó. Su pueblo se sublevó y fue
sometido. Nuño de Guzmán continuó su campaña por los actuales
territorios de los estados de Nayarit, Jalisco, Colima, Aguascalientes y
partes de Sinaloa, Zacatecas y San
Luis Potosí, fundando el reino de Nueva
Galicia. Fueron siete años hasta que las quejas hicieron que
la Corona
española lo enjuiciara y mandara regresar preso y con
grilletes a España.
Fue así, con lo que
ha denominado la Conquista de México, como se forjó
a partir de la expedición de Francisco
Hernández de Córdoba, descubridor de Yucatán en 1517,
la expedición de Juan
de Grijalva en 1518 y hasta las
campañas militares de Hernán Cortés y sus capitanes de 1519 a
1525 el territorio de lo que sería la Nueva
España. Faltaban algunos territorios por agregarse al
creciente dominio español en América
del Norte y lo que se conoce hoy como México:
En el occidente Nuño
de Guzmán condujo cruentas campañas contra los purépechas, pames, guamares, zacatecos y guachichiles,
logrando establecer el reino de Nueva
Galicia en 1531. La posición fue de gran importancia
estratégica para continuar la conquista hacia el noroeste, pero
los pueblos indígenas se rebelaron en 1541 en el episodio
conocido como «Guerra
del Mixtón». Los caxcanes, nayeríes
(coras) se sublevaron y vencieron de manera contundente a Cristóbal
de Oñate. El virrey solicitó ayuda al experimentado
conquistador y capitán Pedro
de Alvarado, quién en esa época era gobernador, capitán
general y adelantado de Guatemala. Alvarado (que era apodado
por los nativos «Tonatiuh» o Dios
del sol debido a su cabello rubio) acudió a la zona para
enfrentar a 15
000 caxcanes dirigidos por Tenamaxtle,
pero murió el 12 de junio de 1541 siendo accidentalmente
arrollado por un caballo de un jinete español inexperto en Nochistlán.
La rebelión fue sometida hasta 1542.
Yucatán
La Conquista
de Yucatán llevada a cabo por parte de Francisco
de Montejo con ayuda de Alonso
de Ávila, ambos experimentados excapitanes de Cortés,
comenzó en 1527. Fue esta también una tarea harto difícil.
La primera campaña realizada por el oriente de la península
entre 1527 y 1529, así como la segunda campaña, realizada por el
occidente de la península entre 1530 y 1535, fueron repelidas
por las tribus mayas, quienes en forma organizada atacaron las
posiciones españolas en la ciudad real de Chichén
Itzá.
Francisco de
Montejo, quien había logrado el título de «adelantado»
para la península
de Yucatán, también tenía interés en las gobernaciones de Guatemala, Chiapas y Tabasco,
lo cual distrajo su atención durante cinco años, por lo que
suspendió las actividades de conquista entre 1535 y 1540.
Francisco de
Montejo se reunió con su hijo y sobrino en San
Francisco de Campeche en 1546 para ejercer su gobernación,
pero una nueva rebelión de las tribus mayas estalló
coordinadamente en la región, por lo que los Montejo tuvieron
que realizar una labor de reconquista en toda la zona oriental
de la península durante un año más, logrando su objetivo en
1547.
Fue hasta la
realización de las expediciones de Francisco
de Ibarra, entre 1562 y 1565, cuando se sometió a los cáhitas, acaxees, totorames, pacaxes y xiximes,
que eran los habitantes del actual estado de Sinaloa.
Con ello se logró fundar las villas de San Juan Bautista de
Carapoa y San Sebastián (Concordia)
para explotar las minas de plata de Copala, Pánuco, Maloya y San
Marcial, estableciéndose los primeros límites territoriales
de Nueva
Vizcaya.
Al no encontrar las
riquezas buscadas avanzó hasta los territorios actuales de Arizona, Kansas, Oklahoma y golfo
de California, logrando encontrar algunas minas de
plata. Fue acusado de castigar con fuerza excesiva a los acoma,
por lo que en 1613 se le desterró a perpetuidad del
territorio de Nuevo
México. Las minas de plata descubiertas no fueron tan
atractivas como se esperaba y los primeros colonos fueron
abandonando el lugar paulatinamente, pero con la fundación de Santa
Fe se logró ampliar «el
camino real de tierra adentro».
Nuevo Reino de
León
Hacia la zona
noreste de los territorios actuales de Tamaulipas, Coahuila y Nuevo
León, diferentes tribus nómadas de
cazadores-recolectores habitaban la región. Entre ellos los
azalapas, guachichiles, coahuiltecas y
borrados, pero los colonizadores los identificaron de acuerdo a
diferentes características físicas, tatuajes y modo de
comportamiento hasta en 250 tribus.
Algunos de los nombres asignados fueron: los amapoalas,
ayancuaras, bozalos o negritos, cuanaales, catujanes o catujanos,
gualagüises, gualeguas y gualiches.
Alberto del Canto exploró la región y
fundó la Villa
de Santiago de Saltillo en 1577. Poco después
encontró un valle en donde estableció la villa de
Santa Lucía, la cual fue considerada como la primera
fundación de la actual ciudad de Monterrey.
En 1579 el rey Felipe
II autorizó a Luis
de Carvajal y de la Cueva realizar la conquista,
pacificación y colonización de lo que se llamaría el Nuevo
Reino de León. En 1582, en las inmediaciones de Santa
Lucía, fundó la villa de San Luis Rey
de Francia hecho que se consideró como la segunda
fundación de Monterrey. Sus tenientes fueron Felipe Núñez
para la zona de Pánuco, Gaspar Castaño de Sosa para el noreste,
y Diego de Montemayor en el centro.
Carvajal fundó
la villa de León, la villa de San Luis y la villa de la Cueva,
pero en 1588 las localidades fueron atacadas por los nativos. En
1588 Diego
de Montemayor fue nombrado lugarteniente y gobernador de Coahuila y
en 1596 fundó la ciudad de Nuestra
Señora de Monterrey. A finales del sigloXVII un
grupo de tlaxcaltecas fue llevado para pacificar a los nativos
de la región así como para enseñarles la agricultura; no
obstante, los ataques a las ciudades eran constantes y causaron
problemas a los colonizadores hasta principios del sigloXVIII,
al grado que la producción minera y algunas de las ciudades
fueron abandonadas.
Más avanzado el
período virreinal de la Nueva
España, el Nuevo Reino de León se dividió en tres
regiones: la colonia de Nuevo
Santander, que corresponde en gran medida al actual estado
de Tamaulipas;
el propio Nuevo Reino de León, que corresponde prácticamente al
actual estado de Nuevo
León y Nueva
Extremadura, que es el actual estado de Coahuila.
10 de febrero: Tras casi
tres meses de organización, la expedición de Cortés finalmente parte
de la isla de Cuba. Días después llegará a la isla
Cozumel (México).
12 de marzo: Cortés
desembarca en la población de Potonchán (Tabasco).
13 de marzo: Se oficia
la primera misa cristiana y la primera actuación notarial en
territorio continental de la Nueva
España.
Nació en la ciudad
extremeña de Medellín, en el seno de una familia noble (hidalga),
cuya riqueza ha sido tema de debate historiográfico.[7][8][9][10] Decidió
buscar fortuna en el Nuevo Mundo viajando a La
Española y Cuba,
donde en 1512 fue alcalde de Baracoa,
la segunda ciudad fundada por los españoles durante la tercera
expedición a tierra firme, la cual financió parcialmente. Entre 1504 y
1519 se desarrolló como tesorero, escribano, ganadero, encomendero y
hasta se dedicó a la extracción de oro. La ruptura en la relación con su
socio y compadre, el gobernador de Cuba, Diego
Velázquez de Cuéllar, provocó la cancelación de su viaje a las
recién descubiertas costas occidentales, una orden que Cortés ignoró.[11]
Llegando al continente,
Cortés realizó una exitosa estrategia de aliarse con determinados grupos
indígenas para derrotar a otros. Fue de inestimable ayuda su relación
con una mujer nativa, doña
Marina (la Malinche), que le sirvió de intérprete y con quien tuvo
un hijo llamado Martín.
Cuando el gobernador de Cuba mandó emisarios para apresar a Cortés, este
se enfrentó a ellos y los derrotó, al tiempo que enroló a la tropa que
iba a arrestarlo como refuerzos para su expedición. Cortés mandó varias
cartas al rey Carlos
I a fin de que fuese reconocido su éxito de conquista en lugar de
ser penalizado por su amotinamiento. Finalmente le fue concedido el
título de marqués
del Valle de Oaxaca, si bien el más prestigioso título de virrey le
fue dado a un aristócrata de alto rango, Antonio
de Mendoza y Pacheco. En 1541, Cortés retornó a España, donde
falleció seis años después. Sus restos fueron exhumados y hubo
intenciones hostiles/simbólicas contra él.
Nacimiento y juventud
Hernán Cortés fue hijo de Martín Cortés de Monroy, un hidalgoextremeño,
y de su esposa Catalina Pizarro y Altamirano. Era pariente lejano de Francisco
Pizarro, quien posteriormente conquistó el Imperio
inca. Hay
indicios de que tuvo tres hermanas.
El único que relató su
infancia fue Francisco
López de Gómara. Según él, fue un niño enfermizo. En una ocasión,
encontrándose en trance de muerte, su nodriza escogió al azar entre los
nombres de los apóstoles el de san
Pedro para que intercediera por él. Se dieron misas, se rezaron
oraciones y sanó. Por eso Cortés tuvo a san Pedro por su intercesor y
mandaba dedicarle una misa cada año en su día.
Su padre lo envió a los
catorce años a estudiar a Salamanca,
donde estudió gramática en
casa de Francisco Núñez de Valera, quien se encontraba casado con Inés
de Paz, hermana de su padre. Según Juan
Suárez de Peralta, estuvo un año en Valladolid trabajando
con un notario. Estos
estudios preparatorios y los conocimientos prácticos de la ley que
adquirió en Valladolid han dado pie al mito de que Cortés cursó leyes en
la Universidad
de Salamanca. Según Bernal
Díaz del Castillo, hablaba el latín, aunque algunos de sus biógrafos
consideran que es una exageración.
Tenía un temperamento
altivo y bullicioso, y
se decidió a abrazar la carrera de las armas. Se le presentaron dos
opciones: participar en las campañas
militares de Gonzalo
Fernández de Córdoba en Nápoles o trasladarse a América en la flota
de Nicolás
de Ovando, que era la próxima en zarpar, allá por 1502. Se
decidió por lo segundo, ya que era conocido de Ovando y pensaba que este
le favorecería. Mientras
esperaba para partir, escaló la tapia del corral de la casa de una
recién casada para «tener una cita nocturna» con ella. La tapia se
derrumbó, se cayó y salió el marido, que lo hubiera matado de no
intervenir la suegra. Cortés
quedó enfermo por la caída y además le apareció una fiebre
palúdica que le impidió zarpar con Ovando. Luego decidió irse a las
campañas militares en Italia, para lo cual se trasladó a Valencia.
Pero aquí tampoco llegó a embarcar y pasó por trabajos y necesidades
durante un año. Regresó a Medellín y decidió, nuevamente, ir a las
Indias.
Según López de Gómara,
zarpó en 1504 en una nao de
Alonso de Quintero, vecino de Palos
de la Frontera. El
propio Cortés, en una carta a Carlos I, dice que pasó a las Indias en
1504. Un
documento del Archivo
de Protocolos de Sevilla indica que el 29 de agosto de 1506, su
padre se obligó a abonar un pasaje a Santo
Domingo en la nao San Juan Bautista, propiedad de
Luis Fernández Alfaro.Esteban
Mira supone que debió ir en 1504, para posteriormente regresar a España,
y que volvió a ir a América en 1506.
Matrimonios y descendencia
Hernán Cortés se casó dos veces y
tuvo once hijos documentados en seis
relaciones diferentes. Su primera esposa, Catalina
Suárez Marcayda, contrajo matrimonio con él en 1512 y
falleció el 1 de noviembre de 1522. Previamente y durante este enlace,
Cortés tuvo cinco hijos extramatrimoniales:
Catalina
Pizarro, nacida en 1514 o 1515 en Santiago de Cuba, o quizás más
tarde en la Nueva España. Su madre fue Leonor Pizarro, probable
pariente de Cortés. Fue legitimada junto con sus hermanos Martín y
Luis en una bula papal de Clemente VII en 1529.
Martín Cortés Malintzin (el Mestizo) nacido en Coyoacán en
1522. Su madre fue la
Malinche, la compañera y traductora indígena de Cortés. Fue
legitimado junto con sus hermanos Catalina y Luis en una bula papal
de Clemente VII en 1529. Se casó con Bernardina de Porras, de quien
tuvo a Fernando Cortés de Porras.
Luis
Cortés de Hermosillo, nacido en 1525, hijo de la española
Antonia o Elvira de Hermosillo, y quien también sería legitimado
junto con Martín y Catalina. Se casó en 1557 con Guiomar Vázquez de
Escobar, sobrina del conquistador Bernardino
Vázquez de Tapia, de quien tuvo a Antonia Cortés de Hermosillo
Vázquez, casada y madre de Ana Rodríguez de Hermosillo, y Fernando
Cortés de Hermosillo Vázquez.
Luis
Cortés y Ramírez de Arellano, nacido en Texcoco en 1530 y
fallecido poco después de nacer.
Catalina Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca en 1531 y
fallecida poco después de nacer.
Martín Cortés Zúñiga, nacido en Cuernavaca en 1532. Sucesor
de su padre como II marqués del Valle de Oaxaca.
María
Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca entre 1533 y 1536. Su
padre había pactado su casamiento con Álvar Pérez Osorio, hijo del
IV marqués
de Astorga, sin embargo, estos cancelaron en el último momento,
causándole un grave enfado a Cortés, del que incluso se presume le
causó la enfermedad de la que murió. Después María se casó con Luis
Fernández de Quiñones y Pimentel, V conde
de Luna.
Catalina Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca entre 1533 y
1536. Fallecida soltera en 1565 en Sevilla,
después de morir su padre.
Juana
Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca en 1538. Se casó en 1564
con Fernando Enríquez de Ribera, II duque
de Alcalá.
A diferencia de un rudo
soldado, Cortés era bienhablado: nunca blasfemaba ni decía palabras
altisonantes. Tenía un fino sentido del humor y resultaba un conversador
ameno. Era un hombre muy culto, conocedor de la filosofía de Aristóteles,
y con estudios en la Universidad
de Salamanca de latín y de derecho. Pasó muchas horas ejercitándose
en el manejo de las armas. Consiguió muchos éxitos, tanto con la espada
como con la pluma.
Buen jinete y diestro de todas las armas, así de a pie como
a caballo, y sabía muy bien menearlas.
Siguiendo con la
descripción de Miralles, Cortés era muy emprendedor en materia de
negocios y realización de obras públicas, de lo cual daría muestras en
México. También sabía elegir los lugares, como cuando escogió Cuernavaca para
edificar su
casa palaciega.
En ninguno de los
escritos, incluso los que son obra de sus acérrimos enemigos, se dice
algo de que le hubiese faltado el valor. Para Miralles, Cortés se crecía
frente al peligro. En
reiteradas ocasiones serían acciones personales suyas las que decidieran
victorias militares. En los momentos que precedían al combate, hacía los
planes, y cuando todo estaba a punto dejaba el puesto para incorporarse
como un soldado más a primera fila.
Según Bartolomé
de las Casas, daba la impresión de que había nacido entre brocados.
Para Miralles, era alguien con aires principescos. Solía vestir con
elegancia sobria, con un jubón negro y dos medallas, una con la Virgen
con el Niño y otra con San Juan Bautista, completando todo con unas
lazadas de oro. En cuanto fue investido como alcalde de Santiago se puso
un sombrero con plumas y se hizo tratar como señoría.
Según fray
Toribio de Benavente «Motolinia» (un defensor de los derechos de los
indios), Cortes era un buen caballero y venturoso capitán.
En su «Carta al Emperador», le comunicaría a Carlos
I de España una descripción muy positiva de su personalidad,
defendiéndolo de lo que consideraba difamaciones de Bartolomé de las
Casas, y considerando a Cortés como un modelo de civilizador y
evangelizador, ponderando las disposiciones dadas por éste en favor de
los indios.
Además,
durante la llegada de su misión franciscana,
Cortés los recibió con fuerte devoción y humildad, dándole reverencias
para darles una buena impresión a los indios (quienes en un inicio, por
la apariencia pobre de los franciscanos, no pensaban que tuvieran un
papel importante para la futura organización
social de Nueva España), facilitándoles en todo momento para hacer
efectiva la misión de los franciscanos por hacer cumplir las Leyes
Nuevas y las indicaciones de la Iglesia
católica, mostrándose caballeroso e indicando a los caciques indígenas
que tratasen con el mismo respeto y veneración a los sacerdotes
católicos, que el que ellos le daban a los conquistadores y el propio
Cortés a estos (quien presentó una fuerte admiración a los franciscanos
por su humildad). Fue tal el respeto de Cortés a los sacerdotes
católicos, que terminó confiándole a Toribio la supervisión del Reino
de México cuando Cortés se ausentara en expediciones militares.
¿Quién así amó y defendió los indios en este mundo nuevo
como Cortés? Amonestaba y rogaba muchos a sus compañeros que
no tocasen a los indios ni a sus cosas, y estando toda la
tierra llena de maizales, apenas había español que osase
coger una mazorca. Y porque un español llamado Juan Polanco,
cerca del puerto, entró en casa de un indio y tomó cierta
ropa, le mandó dar cien azotes. Y a otro llamado Mora,
porque tomó una gallina a indios de paz, le mandó ahorcar, y
si Pedro de Alvarado no le cortase la soga, allí quedara y
acabara su vida. Dos negros suyos, que no tenían cosa de más
valor, porque tomaron a unos indios dos mantas y una
gallina, los mandó ahorcar. Otro español, porque desgajó un
árbol de fruta y los indios se le quejaron, le mandó
afrentar. No quería que nadie tocase a los indios ni los
cargase, so pena de cada (vez) cuarenta pesos.
Cortés tenía fama de
mujeriego. Tuvo 11 hijos de 6 mujeres, 4 de ellas eran nativas de Mesoamérica,
entre estas La
Malinche. Se desconoce cómo le afectó psicológicamente la muerte
repentina de su primera esposa, Catalina
Suárez Marcayda, pero
lo cierto es que, al principio, no quiso casarse con ella y
la consideraba una mujer débil de salud e inútil para llevar la
hacienda. Si
bien, tres años después de casarse, le manifestó a Bartolomé de las
Casas que estaba contento con ella. Debido
a riñas por mujeres, tenía una cicatriz bajo el labio que cubría con la
barba.
De parte de un cronista
coetáneo, Francisco
López de Gómara, en su Historia
general de las Indias, describe a Cortés con una personalidad
más propia de un gobernador prudente, y no la de un déspota con afán de
lucro (aunque críticos como Bernal
Díaz del Castillo documentaron las excesivas alabanzas a Cortés en
esta obra).
La conquista de Méjico y conversión de los de la Nueva
España, justamente se puede y debe poner entre las historias
del mundo, así porque fue bien hecha, como porque fue muy
grande. Por ser buena, la escribo aparte de las otras, como
muestra de todas. Fue grande, no en el tiempo, sino en los
hechos, pues se conquistaron muchos y grandes reinos con
poco daño y sangre de los naturales, y se bautizaron muchos
millones de personas, los cuales viven, a Dios gracias,
cristianamente.
Cortés rompe con el esquema clásico de la violencia y de la
fuerza y es un conquistador que amó a los vencidos y más que
rey o emperador soñó con ser tlatoani (el que habla, el
gobernante).
A Cortés le gustaban los
juegos de azar: tanto naipes como dados. Pero en lo que respecta a la
bebida, era muy parco e incluso rebajaba el vino con agua.
Llegada al Nuevo Mundo
Cortés desembarcó en 1504,
con diecinueve años a la isla
Española, donde el secretario del gobernador, Medina, le acogió con
favor y le explicó los usos de la colonia; a cambio del compromiso de
quedarse cinco años en la isla, recibiría un solar para edificar su
casa, una tierra de una superficie decente para poder cultivar y, pasado
un cierto tiempo, algunos indígenas en encomienda. Ya registrado como
ciudadano, participó en una campaña contra los caciques taínos en
las regiones de Higüey, Bauruco,
Dayguao, Iutagna, Zuaragua y Amguayagua. Como
antes acordado y en recompensa, el entonces gobernador Nicolás
de Ovando le dio tierras y un puesto de escribano público en la villa
de Azua.Ya
con su función de escribano en el pueblo de Azua y con sus indígenas se
entregó a la cría de caballos y vacas, lo que le hizo un hacendado
relativamente acomodado. Duró 7 años viviendo en Santo
Domingo. Cuando
el nuevo gobernador de la Española, Diego
Colón, envió a Diego Velázquez de Cuéllar a la conquista de Cuba, en
1511, éste recluto a Cortés como secretario del tesorero de la empresa,
con el fin de administrar el quinto
real.[48]
Conquista de Cuba
Ya en Cuba,
recibió en encomienda a los indios de Manicarao y
pudo desarrollar su ganadería y explotar las minas de oro cubanas.[49][50][47] Cortés
comenzó a cortejar a Catalina
Suárez Marcayda y se convirtieron en pareja. Cortés le prometió
matrimonio pero luego se arrepintió. Ella le exigió el cumplimiento de
la palabra dada. Diego Velázquez, a su vez, era pareja de una de las
hermanas de Catalina, aunque no tenía intención de casarse con ella.
Catalina le pidió a su hermana que interviniese ante Velázquez y este,
para complacer a su amante, exigió a Cortés que cumpliese la palabra
dada y se casase con ella.
Las quejas contra el
gobierno de Velázquez fueron en aumento y los agraviados decidieron
hacer llegar a la Audiencia una serie de memoriales denunciando sus
manejos. Cortés se habría ofrecido a llevar estos memoriales a La
Española. Varias versiones dicen que fue apresado por este motivo. Consiguió
evadirse y se refugió en una iglesia, tras lo cual fue hecho prisionero
de nuevo por el alguacil Juan de Escudero, ayudado por otros. Lo
encerraron en las bodegas de un barco, pero escapó de nuevo. Finalmente,
habría sido perdonado por Velázquez gracias la intercesión de varios
amigos. Otra versión dice que fue hecho prisionero por negarse al
casamiento con Catalina. Finalmente,
Cortés fue liberado y se casó con ella en 1512.
Cortés fue nombrado
alcalde de Santiago de Baracoa. No
vivirá con Catalina hasta que se asiente en Santiago en 1515. En
1517 Velázquez, ya gobernador de Cuba, encargó una expedición a Francisco
Hernández de Córdoba, que volvió habiendo descubierto Yucatán.
En 1518 mandó otra expedición a la zona al mando de Juan
de Grijalva y, como tardaba en llegar, mandó a Cristóbal
de Olid a buscarlo.
El 23 de octubre de 1518
Velázquez le confió a Cortés el mando de una nueva expedición al
Yucatán.[55] Entre
los objetivos de la expedición se encontraban: buscar la flota de
Grijalva y la carabela de Cristóbal de Olid para, en caso de necesidad,
darles la ayuda necesaria; rescatar a seis españoles que se encontraban
en el interior de Yucatán en poder de caciques; averiguar si ya habían
predicado el Evangelio en esas tierras; y dar a conocer a los caciques
quién era Carlos I señalándoles, al mismo tiempo, la obligación en que
estaban de enviarle un tributo.[56]
Se trataba de una
expedición de refuerzo, pero Cortés empezó a darle la apariencia de una
expedición de conquista, provocando la desconfianza de Velázquez.
Reclutó un contingente de desocupados, entre los cuales había veteranos
de las campañas de Italia. Cortés se gastó en esta expedición toda su
fortuna y contrató empréstitos cuantiosos. De los cinco barcos que había
en el puerto de Santiago, tres eran de él y otros dos lo eran a medias
con Andrés Duero y con Pedro de Santa Clara respectivamente.[57]
Cuenta Bernal
Díaz del Castillo, autor de Historia
verdadera de la conquista de la Nueva España, que un bufón de
Velázquez, llamado Cervantes el Loco, le dijo a su
señor, a la manera de los bufones: «A la gala de mi amo Diego, Diego,
¿qué capitán has elegido? Que es de Medellín de Extremadura,
capitán de gran ventura. Más temo, Diego, no se te alce con la armada,
que le juzgo por muy gran varón en sus cosas».
La conquista del Imperio mexica
La expedición salió de Santiago el 18 de noviembre de 1518 y
pasó por los puertos cubanos de Macaca[59] y
Trinidad.[60] Velázquez
intentó detener a la flota enviando cartas al alcalde de Trinidad,
Francisco Verdugo, pero este vio imposible cumplir la orden.[61] Posteriormente,
la expedición llegó a Puerto Carenas, de donde partió el 10 de febrero
de 1519 con destino a Cozumel.
La
Malinche traduce la lengua de los mexicas a Cortés
La expedición llegó a la isla de Cozumel, al noreste de la península de
Yucatán. Cuando se produjo el contacto con los españoles, las
poblaciones mayas más
importantes y densas estaban en las 16 provincias autónomas de las
tierras bajas que se asentaban en la región norteña de la península de
Yucatán, en las costas oriental y occidental, y en los alrededores del
lago Petén Itzá.
[77] Ya
se había producido la caída de la Liga
de Mayapán, alrededor del 1441. Al momento de la llegada de los
españoles algunos sitios que antes fueron importantes enclaves
comerciales habían perdido su importancia y se habían convertido en
lugares más o menos poblados, que subsistían explotando los recursos
marinos.
A su llegada, los nativos
se escondieron en el interior de la isla. Ante ello, Alvarado ordenó una
requisa de pavos y
se apropió de los objetos de oro que se encontraban en los adoratorios.
Hernán Cortés utilizaba de intérprete a un joven maya tomado prisionero
por Hernández de Córdoba, que fue bautizado como Melchor. A
través de él, se mandó un recado a los nativos que habían huido para que
volviesen. Cuando estos regresaron, Cortés ordenó que les restituyesen
lo que les habían robado, pero como ya se habían comido los pavos,
fueron obligados a pagarlos con cuentas de colores y cascabeles. Aquello
condujo a que hubiera una coexistencia pacífica entre españoles y
nativos. Cortés
instó a los sacerdotes y caciques a que se apartasen de su religión y
que destruyeran los ídolos. Al no atreverse estos, a una orden suya, los
soldados se encargaron de eso. Luego, mandó encalar la plataforma de un
templo y puso allí una cruz de madera. El sacerdote Juan Díaz ofició una
misa.
Una biografía del rey Carlos
I, escrita en 1603, relata la estancia de los españoles en Cozumel
del siguiente modo:
Espantáronse los isleños de ver aquella flota y metiéronse
al monte, dejando desamparadas sus casas y haciendas.
Entraron algunos españoles la tierra adentro y hallaron
cuatro mujeres con tres criaturas y trajéronlas a Cortés, y
por señas de los indios que consigo llevaba, entendió que la
una dellas era la señora de aquella tierra y madre de los
niños. Hízole Cortés buen tratamiento, y ella hizo venir
allí a su marido, el cual mandó dar a los españoles buenas
posadas y regalarlos mucho. Y cuando vio Cortés que ya
estaban asegurados y contentos, comenzó a predicarles la fe
de Cristo.
Mandó a la lengua que llevaba, que les dijese que les quería
dar otro mejor Dios que el que tenían. Rogóles que adorasen
la Cruz y una imagen de Nuestra Señora, y dijeron que les
placía. Llevólos a su templo y quebrantóles los ídolos y
puso en lugar dellos cruces y imágines de Nuestra Señora, lo
cual todo tuvieron los indios por bueno. Estando allí Cortés
nunca sacrificaron hombres, que lo solían hacer cada día.
Estando en Cozumel
encontraron a Gerónimo
de Aguilar, que llegó en canoa. Había
naufragado en Yucatán en 1511 con otros siete hombres y dos mujeres
cuando se dirigían del Darién a La Española. Escaparon de un cautiverio,
donde los engordaban para comérselos, para caer en otro donde tenían que
realizar duros trabajos, como resultado de los cuales fueron muriendo
todos menos dos. Gerónimo
partió en busca del otro superviviente: Gonzalo
Guerrero. Este último vivía en Chetumal.
Había estado al servicio del cacique Nachán
Can, para volverse posteriormente un nacom o
jefe militar maya. Se había casado con una nativa, que según algunos
autores era la hija del cacique. Con ella había tenido varios hijos, que
fueron los primeros mestizos de México. Aguilar
decidió volver con Cortés convirtiéndose en uno de sus intérpretes de mayense,
pero Guerrero decidió quedarse con los mayas y murió en 1536 en una
batalla contra los españoles en las Hibueras.
Toma de Potonchán y batalla de Centla
La expedición de Cortés continuó bordeando la costa guiada por el
piloto Antón
de Alaminos hasta llegar el 12 de marzo de 1519 a la desembocadura
del río
Grijalva, en Tabasco. Grijalva
ya había estado en este lugar, donde había sido recibido con regalos de
oro por parte del cacique Taabscoob.
Este le informó de que en al oeste había un lugar donde encontrarían más
oro y que llamaban Culúa o México.
A diferencia de la
expedición de Grijalva a este lugar, en que los españoles fueron bien
recibidos, los mayas
chontales le pidieron a Cortés y a sus hombres que se fueran y que
no entrasen al lugar.. Cortés
intentó tranquilizarlos, a través de Aguilar,y
les dijo que era portador de un mensaje del rey de España. Sin embargo,
los nativos respondieron con una lluvia de flechas.
El 13 de marzo, después de
una misa, Cortés ordenó al Alonso de Ávila que se dirigiera a Potonchán
con cien hombres mientras él se acercaba remontando el río y que, en
cuanto escuchase disparos, entrase en el pueblo. Posteriormente, Cortés
y sus hombres desembarcaron, enfrentándose a los nativos con armas de
fuego. Al escuchar las detonaciones, Ávila se dispuso a atacar la ciudad
por la retaguardia, mientras Cortés con sus hombres lo hacían por la
parte delantera, y lograron tomar la ciudad. Cortés
tomó posesión del territorio en nombre del rey y dio tres golpes con su
espada en una ceiba, árbol sagrado de los mayas, que había en aquella
ciudad.
El 14 de marzo, los
nativos continuaban negándose a ser vasallos del rey. El traductor
Melchor se escapó y fue a darle a los mayas información sobre las tropas
españolas. Cortés
ordenó a Alvarado que se adentrase dos leguas con cien hombres, Al mismo
tiempo, Francisco de Lugo se internó con cien hombres dos leguas en otra
dirección. A
poco de comenzar la marcha, ambos grupos fueron atacados. La batalla
tuvo lugar en el valle de Centla.
En la
Batalla
de Centla, que intervino de forma decisiva el caballo en una
guerra en América.
La batalla
de Centla fue de grandes proporciones. Por todas partes aparecían
escuadrones de nativos que pusieron a los españoles en una situación muy
difícil. Pero apareció Cortés al mando de un pelotón de diez jinetes y
cambió el curso de la contienda.
Según una carta de Cortés
a Carlos I, después del combate, al ser interrogados los caciques, estos
dijeron que habían participado 40000
indígenas, lo que tal vez sea una cifra exagerada.[95] En
su crónica, Bernal dice que hubo ochocientos indios muertos y que
murieron tres soldados españoles, pero Cortés dice que solo hubo
doscientos veinte indios muertos y veinte heridos.[95] Con
posterioridad, López de Gómara dijo que en la batalla aparecieron san
Pedro y Santiago.
... Y después de apeados debajo de unos árboles y casas que
allí estaban, dimos muchas gracias a Dios por habernos dado
aquella victoria tan cumplida; y como era día de Nuestra
Señora de Marzo, llamóse una villa que se pobló, Santa María
de la Victoria, así por ser día de Nuestra Señora, como por
la gran victoria que obtuvimos. Esta fue la primera guerra
que tuvimos en compañía de Cortés en la Nueva España(...) y
dejemosle aquí y diré lo que más pasamos.
Bernal Díaz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista
de la Nueva España
Luego de la derrota, las
autoridades nativas le hicieron a Cortés ofrenda de víveres, joyas,
tejidos, y un grupo de veinte esclavas, que fueron aceptadas, cambiados
sus nombres al ser bautizadas y repartidas entre sus hombres. Entre
estas esclavas había una llamada Malinali, a la que los españoles
renombraron Marina,
conocida también como la
Malinche. Según Alicia
Gaspar de Alba, se trató de una mujer astuta e inteligente, que supo
colaborar con diferentes grupos indígenas y con los españoles. Se
trata de una mujer controvertida, sobre la que existen opiniones
favorables y adversas. Ella,
además de hablar el idioma de sus anteriores amos mayas, hablaba náhuatl,
que era el idioma de sus padres. Cortés hablaba con Malinali a través de
Aguilar y ella, a su vez, hablaba con los nativos. Cortés
tendría con ella un hijo, Martín
Cortés, del
mismo nombre que el hijo
legítimo que Hernán Cortés tendría catorce años después con Juana de
Zúñiga.
Cortés mandó grabar una cruz en una ceiba de la ciudad y ordenó
construir un altar a la Virgen María y poner una cruz de madera. El
fraile Bartolomé de Omedo predicó a los nativos contra la idolatría.
Cortés celebró el Domingo de Ramos, 17 de abril, con
los jefes indígenas y les encargó que cuidasen de la imagen de la Virgen
y de las cruces.] Los
españoles partieron de allí sin dejar a nadie.
Ese año de 1519 comenzaría
una epidemia de viruela, traída sin saberlo por los conquistadores, que
en el curso de las siguientes décadas aniquiló al 97%
de la población de la región[106] y
que facilitaría la conquista
de México.
Fundación de Veracruz
Los españoles subieron a sus navíos y
llegaron a San
Juan de Ulúa, el último punto al que había llegado la anterior
expedición de Grijalva, el
Jueves Santo, 21 de abril de 1519. Desembarcaron el Viernes Santo.Marina
informó de que esas tierras pertenecían a un señor llamado Moctezuma.
El Domingo de Resurrección
se personaron dos caciques, Cuitlalpitoc y Tehutile (Teuhtilli o Tendile
para los españoles), quienes
les entregaron obsequios y se sorprendieron de que Cortés quisiese ver a
Moctezuma, el tlatoani o
emperador del Imperio
azteca, con capital en Tenochtitlán.
Tehutile fue a la capital a informar a Moctezuma de lo que había visto.
Este envió a Tehutile de regreso con cien cargadores con oro, piedras
preciosas, mantas, plumas y dos grandes ruedas (una era un calendario y
otra tenía contenido astral). Estos regalos, en lugar de disuadir a
Cortés, le animaron a continuar y conquistar México.
Los aztecas creían en un
mito de origen tolteca, según el cual el mundo en que vivían debía
desaparecer. El dios Quetzalcóatl,
una serpiente emplumada, se había marchado con cincuenta y tres años de
vida en un año Acalt y se había autoincinerado estallando en una gran
llamarada que se dirigió a los cielos en la costa donde había
desembarcado Cortés. El fin de ciclo era inevitable y llegaría con el
retorno de Quetzalcóatl un año como aquel desde donde sale el sol. Según
la obra del fraile Bernardino
de Sahagún y sus colaboradores nahuas, según un discurso de
Moctezuma recogido en la segunda
carta de Cortés a Carlos I y según otras fuentes redactadas en
español, el emperador azteca interpretó que Cortés era Quetzalcóatl. Por
esto, los aztecas consideraban que los españoles eran teules (de teolt,
dios) que marcharían sobre ellos inexorablemente.
Cortés fundó la ciudad de Villa
Rica de la Vera Cruz. La fundación tuvo lugar primero en un arenal
en la costa con chozas.[116] Pronto
se acercaron los totonacas,
diciendo que el cacique les invitaba a visitar su pueblo. Luego Alaminos
y Montejo informaron de que habían encontrado un buen fondeadero,
situado a pocas jornadas al norte, y como el pueblo de los totonacas se
encontraba en esa dirección emprendieron la marcha. Fueron recibidos a
las afueras de Cempoala por
el cacique Quauhtlaebana. Este les contó que hacía veinte años los
totonacas eran libres, pero llegaron los mexicas con sus dioses. En un
principio les ordenaron que les dieran culto, pero luego empezaron a
pedir tributos y que enviaran a jóvenes de su nación para ser
sacrificados en Tenochtitlan.Luego empezaron a
construir la ciudad Villa Rica de la Vera Cruz con casas de piedra en un
nuevo lugar, cerca del pueblo totonaca de Quiahuiztlán. Un
grupo de españoles pensó que la expedición sería breve y, tras la
fundación de la ciudad, pidieron regresar a Cuba. Cortés puso a su
disposición un barco. Los que habían decidido quedarse se plantaron ante
Cortés y le dijeron que marcharse era deserción ante el enemigo, por lo
que este revocó la autorización.
Hay tres documentos acerca
de la fundación de esta ciudad: la primera carta de relación de Cortés
(que se encuentra desaparecida), la carta del cabildo (del 10 de julio
de 1519) y el pliego de instrucciones a los procuradores. Este último
documento, escrito probablemente a principios de julio de 1519, abarca
instrucciones impartidas por el cabildo a un grupo de procuradores y
constituye un alegato en defensa de Cortés, justificando su actuación.
Se solicitaba al rey que no concediese a Velázquez cargos sobre los
nuevos territorios y que ratificase a Cortés en los cargos de capitán y
justicia mayor que le habían sido otorgados por el cabildo.[120]
Mientras se preparaba la
partida de los procuradores, un grupo de partidarios de Velázquez quiso
apoderarse de un navío para advertir a este de lo que se tramaba. Cortés
procedió contra unos pocos: Escudero y Diego Cermeño fueron condenados a
muerte, Gonzalo de Umbría a serle amputados los dedos de un pie y a unos
marineros conocidos como los Peñates se les azotó.[121]
Los procuradores partieron
a España en el barco Santa María de la Concepción con
los documentos y el tesoro que habían recibido de los nativos el 26 de
julio de 1519.[122] Llegaron
sin incidentes a Sevilla, donde todo lo que portaban les fue confiscado
por la Casa
de Contratación de Indias. Tras esto, optaron por dirigirse a
Medellín para informar a Martín Cortés.[123]
Posteriormente, llegó un
barco desde Cuba con Francisco de Saucedo. Este trajo la noticia de que
Velázquez había sido nombrado gobernador y adelantado, saltándose en el
cargo a Diego
Colón. Esto reveló que la pugna de Cortés ya no era contra un
teniente de gobernador, sino contra un gobernador designado por la
Corona.[123]
«Quema» (barrenado) de las naves
El paso siguiente de
Cortés fue evitar futuras deserciones cortando la retirada. Un día en
que se encontraba departiendo en medio de un grupo se acercaron unos
maestres que le eran afectos y, según el plan convenido de antemano, le
hicieron saber en público que unos navíos se encontraban carcomidos por
el molusco broma y
que no podían navegar. Según una declaración de Montejo, uno ya se había
hundido por sí solo. Aparentando no tener otra opción, Cortés ordenó que
se sacase de ellos todo lo aprovechable y que se los echase sobre la
playa. Los marinos confabulados fueron abrieron vías de agua en otros
buques para, a continuación, declararlos inservibles.[124]
En el pueblo totonaca de Quiahuiztlán aparecieron
cinco recaudadores aztecas, llamados calpixques. Se
dirigieron a los notables del pueblo, recriminándoles que hubiesen
acogido a los españoles sin autorización de Moctezuma y exigieron como
reparación la entrega de veinte jóvenes para el sacrificio. Cortés, al
informarse de qué se trataba, animó a líder totonaca Quauhtlaebana a
liberarse del yugo azteca. Este aceptó la ayuda de los españoles y
apresaron a los recaudadores. Cortés encargó que dos de los calpixques fuesen
a su presencia, se mostró ajeno a lo ocurrido y les dio un mensaje para
Moctezuma, indicando que quería ser su amigo e ir a visitarlo.
Posteriormente, repitió la operación con los otros tres.[129]
Tras esto, un pueblo
vecino, por instigación de los aztecas, se dispuso a atacarlos. Cortés
mandó a un vasco apellidado Heredia con una escopeta que pegó un tiro y
aterrorizó a los enemigos, provocando una victoria.[130]
Cortés quiso formalizar su
alianza con este pueblo. Malintzin les tradujo a los caciques totonacas
el juramento de vasallaje al rey de España. Diego de Godoy lo consignó
todo en una escritura pública. Los caciques ofrecieron ocho doncellas
para que tuvieran descendencia con los españoles. Cortés exigió que
estas mujeres se bautizasen y que se abandonase el culto a los dioses
paganos. Ellos decidieron que no tocarían a sus ídolos pero no
impedirían que otros los destruyesen y, tras esto, españoles destruyeron
los ídolos. Cortés también prohibió los sacrificios humanos, el
canibalismo y la sodomía. Según Bernal la prostitución con jóvenes
travestidos era habitual entre estos nativos.[131]
Guerra y posterior alianza con Tlaxcala. Matanza de
Cholula
El 16 de agosto de 1519, Cortés abandonó la costa e inició su marcha
hacia el interior, rumbo hacia al corazón del Imperio mexica, con un
ejército de 1300 guerreros totonacas,
[132] 200
indios de carga, 6 cañones, 400 infantes españoles y 15 de caballería.
Llegaron a Zautla,
donde fueron atendidos por el cacique Olintetl.[134] En
esta población, los españoles vieron por primera vez un tzompantli,
hecho con centenares de cráneos humanos. Cortés le preguntó al cacique
cuál era la mejor ruta para ir a ver a Moctezuma y este respondió que
por Cholula. Sin embargo, los totonacas dijeron que ir por Cholula sería
peligroso porque habría guarniciones de mexicas y señalaron que lo mejor
era ir por Tlaxcala. En
ese momento Cortés tuvo conciencia de la rivalidad entre los mexicas y
los tlaxaltecas.
A partir de 1455 el
Imperio mexica, conformado sobre la base de la Triple
Alianza entre Tenochtitlán, Tetzcuco y Tlacopan,
había iniciado las llamadas guerras floridas contra Huejotzingo, Cholula y Tlaxcala,
con el fin de capturar prisioneros para sus sacrificios religiosos, y
las cuales le garantizaron el repudio del resto de los señoríos
indígenas.[137] La
Confederación o República
de Tlaxcala estaba integrada por los señoríos de Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán.
Tlaxcala se había organizado como una confederación de ciudades-estados
unidas en una república gobernada
por un Senado; México-Tenochtitlán, por el contrario se organizó como
un imperio.
Cortés y sus hombres
llegaron a una construcción antigua de unos tres metros de altura que
discurría entre dos montañas y cerraba un valle. En este lugar, el
cacique de Ixtacamaxtitlan, llamado Tenamaxcuicuitl, puso a cargo de
Cortés a trescientos guerreros nativos. Era 29 o 30 de agosto cuando
atravesaron esta construcción, por una pequeña puerta en forma de ese.
El primer día en tierras
de Tlaxcala tuvieron que enfrentarse a contingentes indígenas hasta el
anochecer, logrando derrotarlos a todos sin ninguna baja entre los
españoles. Estos combates dejaron algunos caballos muertos. Luego llegó
una delegación tlaxcalteca que hizo responsables de pagar los caballos
muertos y argumentaron que los de Cortés habían sido atacados por una
fuerza a su servicio formada por otomíes. No obstante, al día siguiente
llegaron huestes de Tlaxcala con un estandarte del guerrero Xicohténcatl
Axayacatzin que también fueron derrotadas. Cortés hizo algunos
prisioneros importantes, les transmitió que quería la amistad de su
pueblo y los dejó en libertad. Este gesto no tuvo consecuencias, porque
dos días después les atacaron tropas de Xicohténcatl y del chichimeca Chichimecatecuhtli,
que terminó desertando.[139] Este
ataque tampoco provocó entre los españoles ninguna baja.[140]
Los tlaxcaltecas pasaron a
culpar de nuevo a los otomíes y enviaron mensajeros con comida, que en
realidad eran espías. Cortés detuvo a cincuenta de estos y ordenó
cortarles las manos a todos.[141]Cortés
mandó una expedición de castigo que quemó algunos caseríos. Luego se
dirigió al poblado de Tzompantzinco. Los moradores huyeron y Cortés dio
orden de no perseguirlos ni hacerles daño.[142]
Xicohténcatl se presentó
en el campamento español. Cortés dijo que había venido de muy lejos para
buscar su amistad y el guerrero nativo se disculpó diciendo que les
había atacado porque iban con los de Ixtacamaxtitlan, que consideró
tributarios de Moctezuma y enemigos suyos.[143]
Cortés y sus hombres
entraron en Tlaxcala el 23 de septiembre de 1519. Fueron recibidos por
Maxicatzin de Ocoteluco, Xicohténcatl de Tizatlán, Tlahuexolotzin de
Tepeticpac y Citlalpococa de Quiahuiztlán. Los jefes nativos fueron
catequizados por fray Bartolomé de Olmedo y se bautizaron. También se
fueron bautizando el resto de los habitantes y se colocó una cruz sobre
la pirámide de Tlaxcala.[144]
En su paso hacia Tenochtitlan Cortés
llegó a Cholula,
aliada del Imperio mexica, que era la segunda ciudad más grande después
de México-Tenochtitlan, con 30000
habitantes. Bernal
Díaz del Castillo cuenta en su crónica que luego de haber recibido a
Cortés y su enorme ejército, las autoridades de Cholula planearon
tenderle una emboscada y aniquilar a los españoles. Díaz del Castillo
cuenta que él y las tropas vieron a un costado de los templos las varas
con collares que supuso destinadas a los españoles para ser llevados
cautivos a Tenochtitlan. Díaz del Castillo también cuenta que una
anciana y unos sacerdotes de los templos de Cholula alertaron a Cortés,
quien mandó inmediatamente a su ejército a atacar, masacrando a entre
4000 y 6000 cholultecas en lo que se conoció como la matanza
de Cholula. Este episodio ha sido analizado por historiadores,
como Christian Duverger, como una batalla entre dos bandos, no como una matanza.
El contingente permaneció en Cholula durante octubre y noviembre y al
salir Cortés mandó incendiar la ciudad.
Después llegó a Santa
Catarina Ayotzingo, desde donde preparó el ataque a Tenochtitlan. A
su llegada a México-Tenochtitlan, Cortés quedó sorprendido por la
belleza del lugar, que es descrita por Díaz del Castillo como «un
sueño». En su paso desde Cholula, Cortés había recorrido el camino
hacia el Valle
de México, cruzando por entre dos volcanes, el Popocatépetl y
el Iztaccíhuatl hasta
llegar a en un paraje boscoso y de espléndida belleza que hasta hoy
lleva el nombre de Paso
de Cortés. Del otro lado, avistó por primera vez el lago de Texcoco
aproximándose a ella por el rumbo de Xochimilco.
Tenochtitlan
Hernán Cortés, en su
marcha hacia México-Tenochtitlan,
el ejército de Cortés (unos trescientos españoles) y el apoyo de unos
3000 tlaxcaltecas avistó los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
Y uno de los capitanes de Cortés, llamado Diego
de Ordás fue el primer europeo en ascender a la cima del volcán Popocatépetl en
compañía de dos compañeros de armas, causando una gran impresión entre
los nativos que acompañaban la expedición de Cortés. Por tal hazaña y
méritos militares, el emperador Carlos
V le otorgó a Diego
de Ordás mediante decreto expedido el 22 de octubre de 1523, el
derecho de poseer un escudo de armas con una vista del volcán.
A la entrada de la ciudad, realizada el 8 de noviembre de 1519, se
produjo el encuentro de Moctezuma y Cortés, haciendo de intérpretes Doña
Marina y Gerónimo
de Aguilar. Moctezuma
II creyó que los españoles eran enviados del dios que vendría del
Este —este es Quetzalcóatl o
Serpiente Emplumada— y fue un espléndido anfitrión de estos,
obsequiándole entre otras cosas, el Tocado del Dios Quetzalcóatl,
conocido como Penacho
de Moctezuma y el cual, fue enviado junto con otros presentes a la
Corte Imperial. Dado que Carlos V era un Austria —casa de los Habsburgo—
al extinguirse la rama española, este regalo terminó en Austria.
Mientras los españoles se
quedaban en Tenochtitlan, Moctezuma los hospedó en el templo de su
antecesor Axayácatl (en
el palacio del padre de Moctezuma), pudiendo entonces admirar la
grandiosidad de aquella ciudad. En los días siguientes, los españoles
visitaron los palacios y templos de la gran capital mexica, así como el
gran cú (templo) de la ciudad gemela del imperio, Tlatelolco, y su
mercado: una plaza de más del doble de grande que la Plaza
Mayor de Salamanca (tenida entonces por la más grande de la
cristiandad). Residiendo los españoles en el palacio, se les ocurrió que
ya era hora de tener capilla propia y, puesto que Moctezuma se había
negado a que la erigieran en el templo de Huitzilopochtli,
resolvieron levantarla en su alojamiento, previo permiso del emperador.
Buscaban los capitanes el mejor sitio para emplazarla cuando un soldado,
que era carpintero, notó en una pared la existencia de una puerta
tapiada y encalada de pocos días. Recordaron entonces que se susurraba
que en aquellos aposentos tenía depositados Moctezuma los tesoros que
había ido reuniendo su padre Axayácatl.
Allí entraron Cortés y algunos capitanes y tras la vista de un enorme
tesoro ordenó que se volviera a tapiar. Debido a advertencias previas de
los tlaxcaltecas, les empezó a inquietar entonces la posibilidad de ser
asesinados. Cuatro capitanes y doce soldados se presentaron a Cortés
para hacerle presente la conveniencia de prender al emperador,
manteniéndole como rehén, para que respondiera con su vida de la vida
del ejército. No se tomó de momento ningún acuerdo, pero una noticia
precipitó la resolución.
Mientras tanto en las
cercanías de la Villa
Rica de la Vera Cruz, aconteció la batalla de Nautla,
entre los mexicas dirigidos
por Cuauhpopoca y
los totonacas aliados
de los conquistadores
españoles, en el conflicto mataron a Juan
de Escalante, alguacil mayor, y a siete españoles lo que supuso un
desprestigio para las armas españolas al ver que no eran semidioses y
que podían ser vencidos. Un soldado llamado Argüello fue hecho
prisionero, murió en el camino por las heridas de la guerra y su cabeza
enviada al emperador mexica, quien no quiso colocarla en ningún templo.
Una vez que Moctezuma cayó
en la celada de los españoles, Cortés lo tuvo como rehén so pena de
muerte inmediata. Apaciguó a su guardia diciendo que iba de propia
voluntad, y tras ser trasladados con los españoles todos sus enseres
siguió manifestando a todas sus visitas que estaba allí de propia
voluntad.
Cortés exigió que los
caciques autores de la agresión a Veracruz fueran
castigados. Llevados a su presencia, confirmaron que obedecían órdenes
de Moctezuma. Los capitanes mexicas fueron
sentenciados a morir en la hoguera. Consiguió también que Moctezuma se
declarase vasallo de Carlos
V. La casta sacerdotal y la nobleza conjuraron para liberar a su
señor y aniquilar a los españoles.
Lucha entre españoles
En esos días se recibió la
noticia de la llegada de 18 navíos al Puerto
de Veracruz, creyéndose en un principio que eran refuerzos del
emperador, pero enseguida se supo que eran tropas mandadas por Diego
de Velázquez para castigar a los rebeldes. Estas tropas estaban
mandadas por Pánfilo
de Narváez. Para colmo, pusieron sobre aviso a Moctezuma de que
Cortés era un rebelde a su rey, y que si podía, lo matase. Así que
Cortés no tuvo más remedio que dejar una guarnición de poco más de un
centenar de españoles en México-Tenochtitlan al
mando de Pedro
de Alvarado, y él con trescientos españoles y varios cientos de
indios, salió al encuentro de las tropas de Narváez. Cortés atacó el
campamento enemigo en plena noche, derramando muy poca sangre y
capturando a Narváez solo unos momentos después de haber entablado
combate. Tras mostrar a los soldados los adornos de oro, y de incitarlos
a unírsele, la mayoría cambió de bando a favor de Cortés, que gracias a
esto triplicó sus efectivos de la noche a la mañana. Por su parte,
Narváez regresó por donde había venido, con unos cuantos seguidores,
mientras que Cortés regresaba a Tenochtitlán.
La matanza del Templo Mayor
Mientras, en Tenochtitlan,
Alvarado, temeroso de una concentración masiva de guerreros en la Plaza
Mayor de Tenochtitlán, y temiendo los posibles augurios de Cholula,
había cometido una matanza de nativos, de nobles, caciques y jefes de
ejército cuando estos estaban celebrando la fiesta de Tóxcatl (quinto
mes de los 18 que tenía el calendario mexica) en honor a Tezcatlipoca.
Algunas fuentes hablan también de culto al siempre presente Huitzilopochtli.
Dado el desatino de Alvarado, la población, lógicamente, se indignó,
porque Pedro de Alvarado les quitó sus joyas y materiales preciosos que
vestían. Al haber hecho esto los pobladores se rebelaron contra
Moctezuma, no teniéndole nadie respeto. Los españoles se tuvieron que
refugiar en los alojamientos del palacio.
La rebelión y La Noche Triste
El 24 de junio de 1520 el
ejército de Cortés entraba nuevamente en la ciudad. El hermano de
Moctezuma, Cuitláhuac,
fue liberado para que gestionase la pacificación, pero en vez de eso, se
puso al frente de los mexicas y se unió al jefe de los caciques,
llamado Cuauhtémoc —y
quien sería el siguiente tlatoani mexica—, para oponerse a la ocupación
española. Cortés consiguió que Moctezuma tratase de apaciguar a los
inconformes y que dejasen salir a los españoles de la ciudad. Existen
dos versiones de la muerte de Moctezuma: una es que cuando hablaba a su
pueblo, recibió una pedrada de los propios mexicas que lo hirió de
muerte; la otra dice que Hernán Cortés ordenó matarlo cuando vio que no
podía calmar al pueblo, si bien esta última versión fue aportada por los
mexicas y se considera menos probable.
Estando así la situación,
los soldados españoles fueron sitiados en la casa en la que estaban
alojados, rodeados por multitudes de indígenas indignados. Los sitiados
veían disminuir el agua, las municiones y toda clase de víveres. La
única salida era la retirada. Y la hicieron en la lluviosa noche del 30
de junio al 1 de julio de 1520, conocida como la Noche
Triste. Al escabullirse silenciosamente, los españoles se dirigieron
a una de las calzadas que conducían a la salida de Tenochtitlán. Ya no
les faltaba mucho para completar la retirada cuando fueron descubiertos
por una anciana, que dio la alarma, y en unos momentos, miles de
guerreros mexicas atacaron en tromba a los españoles; les acosaron a lo
largo de la calzada, mientras otros atacaban desde sus canoas. En
aquella retirada cayó la mayoría de los españoles, sobre todo los que
llegaron con Narváez, que al llevar muchas piezas de oro consigo, a
pesar de las advertencias de Cortés, murieron ahogados en el lago: Se
perdió además gran cantidad de piezas de artillería y de caballos, así
como gran parte del tesoro que se transportaba. Perseguidos por los
mexicas, el 7 de julio, cerca de Otumba,
los españoles se reorganizaron, y plantaron batalla a los guerreros que
les perseguían, logrando derrotarles.
Sitio y caída de Tenochtitlan
Después de su derrota de
la Noche Triste, los españoles y sus aliados tlaxcaltecas se replegaron
en Tlaxcala; se reorganizaron y atacaron Tenochtitlan, poniendo en sitio
a la ciudad. Cabe meditar si en este punto la alianza de los
tlaxcaltecas podría o no considerarse legítima, porque dada la
fragilidad de los españoles, les hubieran podido eliminar y no lo
hicieron. En vez de eso, les aprovisionaron y les cobijaron, con la
consecuente obtención de prebendas y privilegios posteriores, que el
conquistador esta vez sí parece haber respetado.
Dada la indignación de los
mexicas por la profanación de una de sus fiestas principales —donde
ocurrió la matanza perpetrada por Alvarado—, y entendiendo que los
mexicas no se rendirían, Cortés mandó construir en Tlaxcala 13
bergantines, de unos 12m,
llevarlos desmontados a Texcoco, pieza por pieza, y montarlos allí,
equipándolos con material de los navíos que estaban varados en Veracruz,
con el fin de ponerle sitio a Tenochtitlan también por las aguas. Tras
un sitio que duró 75 días, los mexicas, que pelearon hasta su práctico
exterminio, finalmente fueron derrotados y sometidos a esclavitud. Es
por esta razón que podemos decir, que los actuales descendientes
indígenas o el mestizaje derivado de estos, se dio más que con el pueblo
mexica, con los vencedores tlaxcaltecas y otros señoríos indígenas que,
al término de la guerra, obtuvieron estatus de principales en sus
provincias y en diferentes casos, como representantes ante la Corona
española como caciques gobernantes.
Después de consumada la
conquista, Cortés se hizo acompañar por Cuauhtémoc.
Cortés llevó a Cuauhtémoc a sus expediciones posteriores donde más tarde
resultaría muerto, presuntamente mandado a ahorcar por Cortés.
El viaje de Cortés a Las Hibueras
Cortés tenía conocimiento
de las riquezas que existían en Las Hibueras (actual Honduras),
así que envió en el año de 1524 al mando de su capitán Cristóbal
de Olid cinco navíos y un bergantín, a bordo de los cuales iban 400
hombres, suficiente artillería, armas y municiones, además de ocho mil
pesos oro para comprar en Cuba caballos y bastimentos. Simultáneamente,
había partido una expedición por tierra al mando del capitán Pedro
de Alvarado para conquistar y explorar Centroamérica.
En Las Hibueras, el
capitán Cristóbal
de Olid, hombre de toda su confianza, había entrado en tratos con su
principal enemigo, el gobernador de Cuba, Diego
de Velázquez, para robarle a Cortés las nuevas tierras que se
habrían de descubrir en el viaje de exploración y conquista que él mismo
estaba sufragando. El conquistador montó una segunda expedición en junio
de 1524 al mando de su primo Francisco de las Casas, en cinco navíos y
con cien hombres con órdenes de aprehender y castigar al infiel
Cristóbal de Olid. Al arribar la expedición punitiva a la actual
Honduras después de un naufragio, se sucedieron unas escaramuzas y fue
tomado prisionero el enviado de Cortés, su primo Francisco
de las Casas, en compañía de Gil
González de Ávila, este recién llegado con el título de gobernador
del golfo
Dulce.
De las Casas y Gil
González lograron escapar. Amigos de Cortés en una cena tomaron
prisionero a Cristóbal de Olid y lo degollaron. Enterado Cortés de la
rebelión de Cristóbal
de Olid, decidió viajar hacia Las Hibueras a pesar de tener pocos
españoles en Tenochtitlan.
Decidió llevar con él en el viaje, como medida preventiva ante una
posible sublevación, a Cuauhtémoc y
otros nobles mexicas.[146]
Hernán Cortés se dirigió
hasta Veracruz rumbo a Las Hibueras en compañía de su ejército, en donde
se embarcó hasta la villa del Espíritu Santo. De ahí continuó por tierra
hasta Tabasco transitando
por Cupilco, Cimatán, Nacaxuxuca, Zaguatán, Chilapan, Ixtapa, Acalán,
Tatahuitalpan, Teutiercas y Usumacinta.
Al cruzar el río
Candelaria (afluente del río
Grijalva) las huestes de Cortés tuvieron que construir una serie de
puentes para lograr atravesar la zona del actual municipio de Candelaria,
en el actual estado de Campeche.
De acuerdo a las crónicas
de Indias la tarea no fue nada fácil. En el lugar fue recibido por
el batab o halach
uinik de Acalán, llamado Apoxpalón, quien comerciaba cacao, algodón, sal y esclavos.
La reunión fue pacífica y el gobernante local ayudó a la expedición a
continuar su camino. Por su parte Cortés le entregó una carta o
salvoconducto para mostrar a posibles futuras expediciones españolas, en
la cual se hacía constar el acuerdo de paz logrado.
De acuerdo con el
investigador Juan Miralles, uno de los caciques de Itzamkanac previno a
Cortés acerca de que Cuauhtémoc junto
con Tetlepanquétzal y Coanácoch promovían
una conjura para matarlo a él junto a todos los españoles. Cortés detuvo
a los sospechosos de la posible sublevación y los interrogó por
separado. El interrogatorio sacó en limpio que los principales
responsables eran Cuauhtémoc y Tetlepanquétzal.[147] Por
tal motivo, al sureste de Xicalango,
aún dentro de la jurisdicción de Acalán de los mayas chontales,se
realizó la sentencia y ejecución por ahorcamiento del último huey
tlahtoani Cuauhtémoc.
También fueron ejecutados
el señor de Tlacopan,
Tetlepanquétzal, y muy probablemente el señor de Tetzcuco,
Coanácoch. De acuerdo a Ixtlilxóchitl, el ahorcamiento fue en Acalán y
no en Itzamkanac, por otra parte Coanácoch fue salvado cuando estaba
siendo ejecutado en la horca, sin embargo murió a consecuencia de la
acción, pocos días después, el
día 28 de febrero de 1525. Años
más tarde, Juan de Torquemada en su obra Monarquía
Indiana introdujo la versión de que Coanácoch fue otro de los
ahorcados.
... estando para ahorcar al Quauhtemoc, dijo estas palabras:
«O capitan Malinche, dias ha que yo tenia entendido, é habia
conocido tus falsas palabras: que esta muerte me habias de
dar, pues yo no me la di, cuando te entregaste en mi ciudad
de Méjico; porque me matas sin justicia?»
El viaje continuó y la
expedición tuvo contacto con los mayas itzáes en
las inmediaciones de Tayasal.
Fueron bien recibidos y Cortés se entrevistó con el Halach
Uinik Ah Can Ek (Canek).
Cortés explicó lo acontecido con el poderío mexica, y el halach
uinik no tenía aún las noticias de Tenochtitlan, pero le contó
acerca de noticias de guerras acontecidas con los mayas chontales de Centla con
los dzules (hombres blancos). Cortés explicó que él era el capitán de
esas guerras y trató de convencerlos de que se convirtiesen al
cristianismo. Ante
el resguardo de la ciudad y
el número de habitantes mayas, Cortés prefirió no llevar a cabo ninguna
acción militar y se despidió de los itzáes, dejando un caballo lastimado
y moribundo que Ah Can Ek prometió cuidar. En
1618 los misioneros franciscanos encontraron a los descendientes mayas
adorando a un caballo fabricado de madera.
La expedición continuó el camino durante más de treinta días en un
trayecto accidentado y sinuoso hasta que, en abril de 1525 llegaron al
puerto maya de Nito (actual aldea Buena Vista, departamento de Izabal,
Guatemala). Para entrar en la localidad, tuvieron que cruzar el río
Dulce; allí encontraron, sorpresivamente, a cuatro españoles
pescando en el río, los que fueron capturados para ser interrogados. Los
colonos habían sido dejados allí por Gil
González de Ávila en marzo de 1524, cuando atacaron el puerto de
noche, tomando el pueblo, provocando que los nativos huyeran del sitio,
el cual González Dávila había renombrado como San Gil de Buena Vista.
Después de la pequeña escaramuza establecieron su base en el sitio
durante algunos días. Los 80 colonos vivían en la miseria y no pusieron
abastecer de alimentos a las tropas de Cortés, pero la inesperada
llegada de un navío mercante de las Antillas permitió a Cortés construir
una pequeña flota, lo que les permitió subir por el río Dulce y el lago
de Izabal, y así incursionar en el río
Polochic río arriba, en busca de provisiones. Al
inicio, confiscó las milpas de las aldeas de las riberas, al no ser
suficiente, indagó dónde conseguir más alimentos. Fue así como supo de
la existencia de una ciudad en el río Polochic, que llamó Chacujal:
En este pueblo estuve dos días porque la gente descansase, y
pregunté a los indios que allí se prendieron si sabían de
algún pueblo adonde hobiese bastimiento de maíz seco, y
dijéronme que sí, que ellos sabían un pueblo que se llama
Chacujal, que era muy grande pueblo y muy antiguo, y que era
muy abastado de todo género de bastimientos.
Cortés cruzó el lago y dejó sus naves en la boca del río Polochic para
seguir a pie. Atacó la ciudad por la noche, pero ya estaba abandonada,
toda su población había huido. Aparentemente ya avisados, debieron haber
visto desde días antes la flota en el lago. De todas formas, debió ser
impresionante, pues Cortés quedó impresionado por su grandeza y la
planificación de sus plazas, calles y edificios. Lo comparó con las
ciudades del valle de México (Culúa) e Itzamkanac de
Acalán, la última referencia, en el río
Candelaria, Campeche. Había pasado después por Tayasal de los itzaes
y luego por Nito, sin que estos pueblos lo impresionaran tanto como
Chacujal.
... y con mi gente junta salí a una gran plaza donde tenían
sus mezquitas (templos) y oratorios, y como vimos las
mezquitas y los aposentos alrededor de ellas a la forma y
manera de Culúa, púsonos más espanto del que traíamos,
porque hasta allí, después que pasamos de Acalan, no las
habíamos visto de aquella manera...
Cortés envió un pequeño
grupo para solicitar una embarcación y poder continuar su trayectoria
por mar hacia Naco (las Hibueras).
Al llegar la embarcación a Naco les informaron que Cristóbal de Olid ya
había sido ejecutado.
Llegada y estadía en Las Hibueras
Llegando a Naco, Cortés se
reunió con sus capitanes y evaluó las noticias que llegaban de
México-Tenochtitlan, donde se habían amotinado los españoles. Envió
inmediatamente a Gonzalo
de Sandoval de regreso. En la zona, los pueblos
vecinos de Papayca y Chiapaxina habían recibido amistosamente a los
españoles, pero poco tiempo después las condiciones cambiaron y
comenzaron los enfrentamientos. Cortés logró capturar a los señores
principales llamados Chicuéytl, Póchotl y Mendexeto para de esta manera
negociar la paz a cambio de la vida y libertad de los prisioneros. Los
de Chiapaxina se rindieron, pero los nativos de Papayca continuaron las
hostilidades. Fue capturado y ahorcado el líder llamado Mátzal. También
fue capturado otro líder de nombre Pizacura, a quien Cortés mantuvo en
cautiverio, pero las hostilidades continuaron. En las cercanías Cortés
fundó la villa
de Trujillo el 18 de mayo de 1525 y nombró a Juan de Medina como
alcalde.[158] No
obstante, en las inmediaciones de la zona los lencas,
aliados con los cares y dirigidos por el caudillo lenca Lempira,
resistieron la conquista durante doce años. En 1537 durante las campañas
de conquista de Francisco
de Montejo, el capitán Alonso
de Cáceres concertó una reunión para negociar la paz, sin embargo la
reunión fue una trampa y un arcabucero asesinó al dirigente indígena.
Llegaron a la villa de
Trujillo fuerzas españolas dirigidas por Francisco
Hernández de Córdoba, fundador de Nicaragua, homónimo del
descubridor de Yucatán, que estaba bajo las órdenes de Pedro
Arias Dávila (Pedrarias). Al escuchar que la zona era rica en
metales preciosos, Cortés se interesó en las minas y acciones de
conquista. Se encontraba preparando su expedición a Nicaragua cuando
llegó fray Diego de Altamirano con noticias acerca de la situación en
Ciudad de México, por lo que prefirió cancelar su expedición y regresar
por vía marítima a San
Juan de Ulúa. Envió a sus soldados a Guatemala para poblar la zona y
dar apoyo a Pedro de Alvarado, y partió de la villa de Trujillo, el día
25 de abril de 1526.
Descubrimiento de la «California»
Sabed que a la diestra mano de las Indias existe una isla
llamada California muy cerca de un costado del
Paraíso Terrenal; y estaba poblada por mujeres negras, sin
que existiera allí un hombre, pues vivían a la manera de las
amazonas. Eran de bellos y robustos cuerpos, fogoso valor y
gran fuerza. Su isla era la más fuerte de todo el mundo, con
sus escarpados farallones y sus pétreas costas. Sus armas
eran todas de oro y del mismo metal eran los arneses de las
bestias salvajes que ellas acostumbraban domar para
montarlas, porque en toda la isla no había otro metal que el
oro.
Se considera actualmente a
Hernán Cortés como el descubridor de la península
de Baja California, cuando el primer europeo que desembarcó en dicha
península fue el piloto y navegante español Fortún
Jiménez, quien al mando del navío Concepción,
propiedad de Hernán Cortés, avistó y desembarcó en el año 1534 en la
península, de la cual pensó que era una isla.
En la cuarta Carta
de Relación, fechada en México el 15 de octubre de 1524, escribe
Hernán Cortés al rey de España de la preparación de barcos para explorar
y someter nuevos reinos sobre la mar
del Sur (océano Pacífico), idea que bullía en su mente desde dos
años atrás, recién consumada la conquista de la gran Tenochtitlan.
En 1529, estando Cortés en España, firmó un convenio con la Corona
española por el cual se obligaba a enviar por su cuenta «armadas para
descubrir islas y territorios en la mar del Sur».
Deseaba encontrar además
del dominio territorial y las posibles ganancias en metales preciosos en
las nuevas tierras a descubrir, un paso de mar entre el Pacífico y el
Atlántico, pues se pensaba que si Fernando
de Magallanes había encontrado un estrecho que comunicaba ambos
océanos por el Sur, también debería existir otro paso por el Norte. Ese
paso marítimo era el mítico estrecho
de Anián. En el mencionado convenio se estipulaba que de las tierras
y ganancias que se obtuvieran, una décima parte corresponderían al
descubridor en propiedad perpetua, para sí y sus descendientes.
Expediciones posteriores
La primera expedición
Durante su estancia en
España en 1529, Cortés consiguió de Carlos V el título de marqués
del Valle de Oaxaca[161] y
el gobierno sobre los futuros descubrimientos en el mar del Sur.[162] Ya
de regreso a México, el 30 de junio de 1532 envió a su primo Diego
Hurtado de Mendoza para que explorara las islas y litorales de la
mar del Sur, más allá de los límites de la audiencia de la Nueva
Galicia gobernada por Nuño
de Guzmán enemigo acérrimo de Hernán Cortés. Partió la expedición en
dos barcos desde el golfo
de Tehuantepec, después de tocar el actual puerto de Manzanillo (Colima)
se fueron costeando las costas de Jalisco y Nayarit,
que en aquel entonces formaban parte de la audiencia de la Nueva
Galicia, hasta descubrir las islas
Marías, de allí regresaron a tierra firme y trataron de obtener
abastecimiento de agua en la bahía de Matanchén, Nayarit,
abastecimiento que les fue negado por órdenes de Nuño
de Guzmán, dueño y señor de la región.
Uno de los barcos
maltratados por las tormentas emprendió el regreso, arribó a las costas
de Jalisco y
terminó en manos de Nuño de Guzmán, en tanto el otro navío en el que
iba Diego
Hurtado de Mendoza tomó rumbo al norte, jamás ninguno de los que
iban a bordo regresó a la Nueva
España, no se volvió a tener noticias de ellos, años después el
autor de la Segunda Relación anónima de la jornada que
hizo Nuño de Guzmán a la Nueva Galicia, recogió algunas
informaciones que hacen suponer que la nave que comandaba Diego Hurtado
de Mendoza había naufragado en el litoral norte del hoy estado de Sinaloa,
pereciendo él y el resto de la tripulación.
La segunda expedición
El navío Concepción al
mando del capitán y comandante de la expedición Diego de Becerra, era
una de las dos naves que Cortés envió en 1533, poco después de la
conquista de la gran Tenochtitlan,
en un segundo viaje de exploración de la Mar del Sur, la otra nave era
el navío San Lázaro al mando del Capitán Hernando
de Grijalva.
Zarpó la expedición desde
el hoy puerto de Manzanillo el 30 de octubre de 1533, para el día 20 de
diciembre las naves se habían separado. El barco San
Lázaro, que se había adelantado, esperó en vano al navío Concepción durante
tres días y al no tener avistamiento del navío acompañante se dedicó a
explorar el océano Pacífico y descubrió las islas
Revillagigedo. A bordo del Concepción todo era
diferente, el navegante y segundo en el mando, Fortún
Jiménez, se amotinó y asesinó mientras dormía al capitán Diego de
Becerra, después agredió a los tripulantes que se mostraron leales al
asesinado capitán para posteriormente abandonar a los heridos en las
costas de Michoacán junto
con los frailes franciscanos que
le acompañaban en la travesía.
Fortún Jiménez navegó
hacia el noroeste siguiendo la costa y en algún momento giró hacia el
oeste y llegó hacia una apacible bahía, hoy se sabe que arribó a la hoy
ciudad y puerto de La
Paz, él pensó que había arribado a una isla, jamás supo que había
arribado a una península que con el tiempo se llamaría península
de Baja California, allí se encontró con nativos que hablaban una
lengua no conocida y además andaban semidesnudos, eran muy diferentes de
los nativos del altiplano mexicano que tenían una cultura propia.
Los tripulantes que le
acompañaban al ver a las mujeres semidesnudas y a causa de la larga
vigilia sexual, se dedicaron a tomarlas por la fuerza. Para ese entonces
se habían dado cuenta de que en el lugar abundaban las perlas que los
nativos extraían de las conchas de moluscos que abundaban en la bahía,
así que se dedicaron a saquear el lugar y a abusar de las mujeres. Es
necesario resaltar que Fortún Jiménez y acompañantes no otorgaron nombre
alguno a ninguno de los sitios que encontraron, siendo otros
exploradores quienes diesen nombre a los lugares visitados por Fortún
Jiménez.
El abuso de las mujeres
por parte de la tripulación aunado al saqueo al cual se dedicaron
provocó un violento enfrentamiento con los nativos que terminó en la
muerte de Fortún Jiménez y algunos de sus compañeros, los sobrevivientes
se retiraron del lugar, abordaron a duras penas el navío Concepción,
navegaron erráticamente durante varios días hasta llegar a las costas
del hoy estado de Jalisco,
en donde se toparon con los subalternos de Nuño
de Guzmán quienes les requisaron la nave y los tomaron prisioneros.
La tercera expedición
Después de haber
patrocinado dos viajes de exploración en la Mar del Sur y sin haber
obtenido resultados materiales, Hernán Cortés decidió encabezar el
tercer viaje de exploración. Molesto Cortés porque Nuño
de Guzmán, su archienemigo de siempre, le había requisado un buque
durante la primera expedición que sufragó, además del buque Concepción que
Cortés había enviado en el segundo viaje de exploración del mar
del Sur, decidió enfrentarlo en su propio terreno y desde allí
montar la tercera expedición, para ello preparó un gran número de tropas
a pie y a caballo para marchar sobre la provincia de la Nueva
Galicia de la cual Nuño de Guzmán era gobernador.
El virrey de la Nueva
España advierte a Hernán Cortés el 4 de septiembre de 1534 «que no
enfrentase a quien le había requisado sus barcos» a lo que Hernán Cortés
se negó alegando que había gastado más de 100000
castellanos de oro, además de haber sido designado por su majestad el
rey de España Carlos
I para conquistar y descubrir nuevos territorios. Para ese entonces
Cortés ya había organizado un astillero en Tehuantepec y tenía tres
navíos dispuestos; el San Lázaro (en el que regresó
Grijalva de la segunda expedición a la mar del Sur), y el Santa
Águeda y el Santo Tomás que recién habían sido
construidos.
El proyecto de Cortés era
ambicioso, enviaría los navíos a Chametla, Sinaloa (cerca
de la actual población de Escuinapa)
en el territorio gobernado por Nuño
de Guzmán y allí abordaría el ejército de tierra comandado por él.
Para llegar a Chametla, Cortés tuvo que atravesar por varios días con su
ejército el Nuevo Reino de la Nueva
Galicia, la Nueva Galicia era una provincia de la Nueva España
gobernada por su acérrimo enemigo Nuño de Guzmán.
Cuenta Bernal
Díaz del Castillo que cuando en la Nueva España se supo que el
marqués de Oaxaca iba de conquista nuevamente, muchos «creyeron que era
cosa cierta y rica» y se ofrecieron a servirle soldados de a caballo,
arcabuceros y ballesteros, y 34 casados con sus mujeres, en total 320
personas y 150 caballos. Y añade que los navíos estaban muy bien
provistos de bizcocho, carne, aceite, vino y vinagre, mucho rescate,
tres herreros con sus fraguas y dos carpinteros de ribera con sus
herramientas, además de clérigos y religiosos, y médicos, cirujanos y
botica.
Con los pendones a todo lo
alto arribó el ejército de Cortés a la población de Santiago de Galicia
de Compostela, ubicada en esos días en el valle de Matatipac (en la
actualidad la ciudad de Tepic),
donde fue acogido amistosamente por el gobernador Nuño
Beltrán de Guzmán, su enemigo de siempre. En esa población Cortés y
su ejército permanecieron durante cuatro días antes de proseguir su
viaje. Se dice que Nuño de Guzmán aconsejó a Cortés no proseguir con el
viaje de exploración y le proveyó de bastimentos, en tanto Cortés se
asombró de la pobreza en que vivía Nuño de Guzmán. Sin duda alguna el
recibimiento de que fue objeto el Conquistador de México de parte de
Guzmán se debió al ejército que acompañaba a Cortés.
Después de la partida de
Cortés, Nuño de Guzmán dirigió una carta a la Audiencia en México en
«que se queja de que el marqués del Valle quería penetrar con su gente
en su gobernación, siendo que solo era Capitán General de la Nueva
España». En Chametla (Sinaloa),
después de atravesar los hoy estados de Jalisco y Nayarit,
territorio conocido como parte del reino de la Nueva Galicia en esa
época, Cortés y su comitiva embarcaron los buques Santa
Águeda y San Lázaro en los cuales subieron 113
peones, 40 jinetes con todo de a caballo y dejó en tierra a 60 jinetes
más, según lo reportó a la Real
Audiencia el gobernador Nuño
de Guzmán.
Una vez embarcado en el
buque San Lázaro, Cortés junto con su expedición tomó
rumbo al noroeste, y el día 3 de mayo de 1535 arribó a la bahía que
nombró bahía de la Santa Cruz, actualmente La
Paz (Baja California Sur), lugar en el cual confirmó la muerte de su
subalterno Fortún
Jiménez a manos de los nativos.
Una vez que hubo tomado
Cortés posesión de la bahía de la Santa Cruz, decidió establecer una
colonia, mandó traer a los soldados y bastimentos que había dejado en
Sinaloa pero el mal tiempo no le ayudó, los buques se perdieron y
únicamente regresó a la bahía de la Santa Cruz un navío llevando una
carga de cincuenta fanegas de maíz, insuficientes para alimentar a la
población, por lo cual Cortés salió personalmente en busca de víveres,
mas lo conseguido fue insuficiente por lo cual decidió retornar a la Nueva
España con la intención de proveer desde ahí a la nueva colonia.
Al mando del poblado de la
Santa Cruz quedó Francisco
de Ulloa, pero las quejas de los familiares de quienes se habían
quedado en la península hicieron que el virrey ordenara el abandono de
la población y el retorno de los pobladores a la Nueva España.
La cuarta expedición
Península de Baja California y el mar de Cortés o golfo de California
(NASA).
Hernán Cortés quien ya
había patrocinado tres viajes de exploración de la mar
del Sur (océano Pacífico) y los cuales habían terminado en fracasos,
decide enviar un cuarto viaje de exploración a la Mar del Sur al mando
de Francisco
de Ulloa en 1539. Partió la expedición del puerto de Acapulco el
día 8 de julio del año citado a bordo de los buques Santo
Tomás, Santa Águeda y Trinidad,
a la altura de las islas
Marías se vieron obligados a abandonar el navío Santo
Tomás, por lo cual continuaron el viaje de exploración en los dos
buques restantes.
Se adentraron en el golfo
de California y visitaron en el viaje de ida y de regreso la
abandonada población de la Santa Cruz, conocida actualmente como la
ciudad de La
Paz, en el viaje de ida llegaron al extremo norte del golfo el 28 de
septiembre, a lo que se conoce actualmente como desembocadura del río
Colorado y llamaron a la boca del río Ancón de San Andrés, una breve
acta fue levantada cuyo texto se transcribe:
Yo Pedro de Palenzia, escribano público desta
armada, doy fe e verdadero testimonio a todos los señores
que la presente vieren, a quienes Dios nuestro señor guarde
de mal, como en veinte e ocho días del mes de septiembre de
quinientos e treinta e nueve años, el muy magnfifíco señor
Francisco de Ulloa, teniente de gobernador y capitán desta
armada por el iustrísimo señor Marqués del Valle de Guajaca,
tomó posesión en el ancón de San Andrés y mar bermeja, que
es en la costa desta Nueva España hazia el Norte, que está
en altura de treinta y tres grados y medio, por el dicho Sr.
Marqués del Valle en nombre del Emperador nuestro rey de
Castilla, actual y realmente, poniendo mano a la espada,
diziendo que si abía alguna persona que se lo contradijese,
que él estaba presto para se lo defender, cortando con ella
árboles, arrancando yerbas, meneando piedras de una parte a
otra, y sacando agua de la mar; todo en señal de posesión.
(...) Testigos que fueron presentes a lo que dicho es los
reverendos padres del señor San Francisco, el padre Fray
Raymundo, el padre fray Antonio de Mena, Francisco de
Terrazas, veedor Diego de Haro, Gabriel Márquez. Fecho día
mes y año susodicho. E yo Pedro de Palenzia, escribano
público desta armada, le escribí según ante mi pasó; por
ende fize aquí este signo mío, que es tal, en testimonio de
verdad. — Pedro de Palencia, escribano público. Frater
Ramundus Alilius, Frater Antonius de Mena, — Gabriel
Márquez. — Diego de Haro. — Francisco de Terrazas.
Acta del viaje
Después de haber
desembarcado y tomado posesión de las tierras del extremo norte de la
Mar Bermeja (conocido hoy en día como golfo
de California), nombre que le dieron por la coloración rojiza de las
aguas, que se teñían con las aguas procedentes del río
Colorado, iniciaron el regreso al poblado de la Santa Cruz, doblaron
el cabo
San Lucas e ingresaron en el océano
Pacífico. Por la actual bahía
Magdalena pasaron el día 5 de diciembre sin haber ingresado por
estar herido Ulloa, a causa de una escaramuza que sostuvo con los
nativos.
Con fecha del 5 de abril
de 1540 dirigió a Cortés desde la isla
de Cedros una relación de los sucesos de la exploración en el navío Santa
Águeda, en el navío Trinidad continuó con la
exploración, nunca más se supo de Francisco
de Ulloa y de sus compañeros de navegación.
Faceta de encomendero
Inmediatamente después de
la caída de Tenochtitlan, Cortés comenzó a repartir encomiendas, con la
doble intención de estabilizar el control de la región ante una eventual
rebelión de sus propios soldados —constantemente inconformes por la
retribución de sus servicios— y a la vez para impedir que las
comunidades indígenas se organizaran bajo sus propias autoridades.
Desde 1523, la encomienda
ya era una institución ampliamente establecida en el valle de México,
que se mantendría a pesar de recibir, ese mismo año, una orden real
prohibiéndola expresamente.
El desacato abierto de
Cortés a la provisión real, se convirtió en el primer acto de desafío de
los encomenderos mexicanos contra el rey. La corona se vio obligada a
ceder, otorgando una aprobación condicionada, para no poner en riesgo su
soberanía sobre las regiones conquistadas.
Por la riqueza y población
de la región del Anáhuac, los encomenderos mexicanos se fueron
convirtiendo en una pujante aristocracia colonial hereditaria,
encabezada por el propio Cortés, quien se quedó con el control —así como
el monopolio del tributo y la mano de obra— de los núcleos más poblados
y productivos del valle de México, como Texcoco, Huexotla, Chiauhtla,
Tezayuca, Coatlichan, Chalco (incluyendo todas sus cabeceras), Otumba,
Tacubaya y Coyoacán. Incluso buscó impedir que la propia Tenochtitlan
fuese entregada a la corona en 1526, y trató de retenerla como su feudo
privado.
En 1529, Cortés recibió títulos que,
además de otorgarle la dignidad de marqués, le concedieron la propiedad
un gran número de pueblos, con más de 23 mil vasallos indígenas,
convirtiéndose en el hombre más rico de América y quizá de todo el mundo
hispánico.
Acreditado la experiencia lo
molestados que eran los yndios que estaban en ellas, y
la disminuzión a que avían venido por los malos
tratamientos y demasiado trabajo que les havían dado los
españoles (...) mandó S.M. para cumplir principalmente
con el servicio de Dios, y con lo que la Santa Sede le
tenía encomendado por Bula de Donación y Concesión,
(...) ordenó al Virrey de México Don Hernando Cortés no
lo consistiese sino que los dejase vivir libremente como
vasallos de estos reynos, y en caso de averles hecho
algunos repartimientos o encomiendas las revocase, y
pusiese abominaciones. Capítulo de ynstrucción de 26 de
Junio de 1523. Cedulario tomo 34, fol. 267 vº, n.º 237[sic][163]
—Carlos
V
Fallecimiento y sucesivos traslados de sus restos
Hernán Cortés
falleció
en una casa palacio de de Castilleja
de la Cuesta, Sevilla,
que fue construida como si fuera una fortaleza. La casa pasó en
1855 a manos del duque
de Montpensier, que realizó algunas reformas en el interior. En 1889
la ocuparon monjas irlandesas, que crearon en ella un colegio.
En 1540, Cortés retornó a España, donde falleció siete años después,
el viernes 2 de diciembre del año 1547, cuando pensaba volver a sus
posesiones americanas. Su muerte se produjo en una casa palacio en Castilleja
de la Cuesta que pertenecía al jurado don Alonso Rodríguez,
amigo de Hernán Cortés, en la que el conquistador residió hasta su
fallecimiento. Recibió sepultura en el cercano monasterio
de San Isidoro del Campo, en la cripta de la familia del duque
de Medina Sidonia, bajo las gradas del altar mayor, con un epitafio
que le dedicó su hijo Martín
Cortés, segundo marqués del Valle. El epitafio decía:
Padre cuya suerte impropiamente
Aqueste bajo mundo poseía
Valor que nuestra edad
enriquecía,
Descansa ahora en paz, eternamente.
Martín Cortés
Los restos mortales de
Hernán Cortés fueron inhumados nueve veces.[171] Esto
se debió, en parte, porque en su testamento cambió varias veces la
ubicación del lugar en donde deseaba reposar. Cuando residía en la Nueva
España, primero solicitó ser sepultado en la iglesia contigua al Hospital
de Jesús Nazareno, en Ciudad de México, hospital que el conquistador
había fundado. Posteriormente declaró sus deseos de ser sepultado en un
monasterio que había ordenado construir en Coyoacán,
una población aledaña a la capital mexicana, monasterio que nunca fue
construido debido a que tuvo que partir a España con el fin de
enfrentarse a un juicio de residencia al que fue citado. En octubre de
1547, pocas semanas antes de su muerte, había modificado una vez más su
testamento para indicar su voluntad de ser sepultado en la parroquia del
lugar donde falleciera. Fue sepultado en Sevilla, en el monasterio
de San Isidoro del Campo el 4 de diciembre de 1547.
En 1550, a los tres
años de su muerte, sus restos fueron cambiados de lugar, en la misma
iglesia de San Isidoro del Campo, e inhumado justo a un lado del altar
dedicado a Santa Catalina. En 1566, y por decisión familiar sus restos
mortales fueron trasladados a la Nueva
España y sepultados junto con su madre y una de sus hijas en el templo
de San Francisco de Texcoco,
ubicado en la población de Texcoco cercana
a la Ciudad de México. Sus restos yacerían allí hasta 1629.
En 1629 a la muerte de
Pedro Cortés, cuarto marqués del Valle y último descendiente de Hernán
Cortés en línea masculina, las autoridades civiles y eclesiásticas
de la provincia española decidieron sepultarlos en la misma iglesia, así
que los restos de Cortés fueron inhumados cerca del altar mayor (en un
nicho detrás del sagrario) en la iglesia del convento de San Francisco
(México), ubicado frente a la plaza de Guardiola, en la capital
mexicana, allí dejaron grabada la siguiente inscripción: Ferdinandi
Cortés ossa servatur hic famosa.
En 1716 una remodelación
del templo de San Francisco obligó a los franciscanos a exhumar los
restos y trasladarlos a la parte posterior del retablo mayor, lugar en
el que permanecerían durante 78 años.
En 1794 las autoridades
del virreinato exhumaron nuevamente los restos de Cortés con el fin de
cumplir con los deseos del conquistador de México que en una ocasión
solicitó ser sepultado en la iglesia contigua al hospital de Jesús
Nazareno, así que sacaron la osamenta de Cortés del templo de San
Francisco que yacía en su nicho en una urna de madera y cristal con asas
de plata y pintado en la cabecera de la urna el escudo de armas de
marqués de Oaxaca, sus restos fueron trasladados con gran pompa a lo que
se creía sería su última morada, se colocaron blandones de plata sobre
el sepulcro y dentro del templo se erigió un zócalo y sobre el zócalo un
busto del conquistador, en ese sitio sus restos descansarían durante 23
años.
En 1823, a los dos años de
la independencia
de México inició el monumento para honrar a los insurgentes muertos
durante la guerra de Independencia, los restos de ellos fueron llevados
a Ciudad de México, en cuya catedral fueron depositados, un gran
movimiento nacionalista surgió entre los habitantes de la capital
mexicana al grado que se temió que una turba asaltara el templo para
tomar los restos de Cortés, por ello el ministro mexicano Lucas
Alamán y el capellán mayor del hospital desmantelaron la noche del
15 de septiembre el mausoleo, en tanto el busto y demás ornamentos
fueron enviados a Italia para hacer creer a los agitadores que los
restos mortales de Cortés habían salido del país, en realidad la urna
con la osamenta fue escondida bajo la tarima del templo
del hospital de Jesús Nazareno, durante trece años los restos
permanecieron escondidos allí.
En 1836, ya calmadas las
pasiones se extrajeron los restos y fueron depositados en un nicho que
se construyó en la pared del templo a un lado de donde estuvo el
mausoleo, en ese lugar reposaron los restos durante 110 años hasta ser
encontrados. El ministro Lucas
Alamán en algún momento informó a la embajada española del lugar en
el cual habían depositado los restos de Cortés.
La
tumba de Hernán Cortés está en el Templo del Hospital de Jesús Nazareno
(Ciudad de México).
En 1946, algunos
historiadores del Colegio
de México tuvieron acceso al acta notarial, en la cual se detallaba
la última morada de Cortés y decidieron buscar los restos, el lunes 25
de noviembre del mismo año los historiadores encontraron el nicho que
guardaba la urna, después de realizar algunos estudios para
autentificar los huesos procedieron a restaurar la urna y recomendaron
conservar los restos de Hernán Cortés en el mismo lugar. El 28 de
noviembre de 1946 el presidente de México
El 9 de julio de 1947 se reinhumaron los restos en el mismo lugar en el
que los encontraron y se puso sobre el muro de la iglesia una placa de
bronce con el escudo de armas de Cortés grabado y la inscripción:
HERNÁN CORTÉS 1485-1547
Desde entonces, sus restos
descansan en el lugar que eligió en su juventud para ser sepultado: el templo
del Hospital de Jesús Nazareno, edificio que en 2015 estaba
abandonado y necesitado de restauración.
Bernal Díaz del Castillo, posible «seudónimo» de Hernán
Cortés
En los últimos años ha
surgido la teoría, impulsada por académicos como el historiador
Christian Duverger, de que Hernán Cortés fue el verdadero autor de la Historia
verdadera de la conquista de la Nueva España, pero el texto se
mantuvo anónimo y se trajo de la península ibérica al continente
americano bajo un relativo secreto, para evadir la censura de Carlos V y
Felipe II. Años después, Bernal Díaz simplemente habría adquirido el
manuscrito y sus hijos lo publicaron. Duverger respalda su teoría en el
hecho de que la Historia Verdadera narra múltiples datos y
conversaciones de Cortés, tanto en territorio americano como europeo, a
los que Bernal Díaz jamás habría podido tener acceso, además de que el
texto de la Historia verdadera está salpicado de
referencias de «alta cultura», que Cortés sí conocería, pero le serían
completamente ajenas al casi analfabeto Bernal Díaz. Sin embargo,
la tesis de Duverger ha sido refutada, entre otros, por el académico
español Guillermo Serés, quien defiende la autoría de Bernal Díaz de la
obra que siempre se le ha atribuido.
Heráldica
El rey Carlos I reconoció los hechos de Cortés mediante la concesión de
un escudo de armas para él y sus descendientes otorgado en Madrid el 7
de marzo de 1525:
[...] traher por
vuestras armas propias y conocidas un escudo que en el medio
del a la mano derecha en la parte de arriba aya una aguila
negra de doss cabezas en campo blanco que son las armas
de nuestro ymperio y en la otra meitad del dicho medio
escudo a la parte de abaxo un leon
dorado en campo colorado en memoria que vos el dicho
hernando cortes y por vuestra yndustria y esfuerzo truxistes
las cosas al estado arriba dicho y en la meytad del otro
medio escudo de la mano yzquierda a la parte de arriba tress
coronas de oro en campo negro launa sobre las dos en
memoria de tress Señores de la gran cibdad de tenustitan y
sus provincias que vos vencistes que fue el primero muteccuma que
fue muerto por los yndios temendole vos preso y cuetaoacin su
hermano que sucedio en el señorio y se rrevelo contra nos y
os echo de la dicha cibdad y el otro que sucedio en el dicho
señorio guauctemncin y
sostubo la dicha rrevelion hasta que vos le vencistes y
prendistes y en la otra meytad del dicho medio escudo de la
mano yzquierda a la parte de abaxo podais traher la cibdad
de tenustitan armada
sobre agua en memoria que por fuerza de armas la ganastes y
sujetastes a nuestro señorio y por orla del
dicho escudo en campo amarillo siete capitanes y señores de
siete provincias y poblaciones que están en laguna y
en torno della que se rrevelaron contra nos y los enastes y
prendistes en la dicha cibdad de tenustitan apresionados y
atados con una cadena que se venga a cerrar con un candado
debaxo del dicho escudo y encima del un yelmo cerrado
con su tinble en un escudo atal [...]
Las armas representan una
sinopsis de la gesta del conquistador. El primer cuartel representa el
patronazgo del emperador mediante el águila de dos cabezas propio del Sacro
Imperio Romano Germánico aunque sobre campo de plata en lugar del
habitual oro. El segundo representa la victoria sobre los tres últimos huey
tlatoque o grandes gobernantes de Tenochtitlan. El tercero
representa el valor de Cortés («yndustria y esfuerzo») y finalmente el
cuarto cuartel trae la ciudad de México-Tenochtitlan sobre
ondas de azur y plata (representando el lago de Texcoco, similar al escudo
otorgado a Ciudad de México dos años antes, en el que la ciudad era
simbolizada, sin embargo, con un castillo dorado). La bordura (llamada
orla, que es otra pieza heráldica) es una pieza habitual que otorga el
emperador y simboliza mediante cadenas y cabezas a los líderes indígenas
de las ciudades próximas a Tenochtitlan. Timbra el escudo un yelmo,
condición de caballero y propio a la condición de Cortés de hidalgo.
Posteriormente Cortés
modificaría el escudo añadiendo varios símbolos personales. Sobre el
todo añadió un escusón con
las armas de los Rodríguez de las Varillas, que eran las armas que
escogió utilizar como propias de su linaje. El padre de Hernán Cortés,
Martín Cortés, aunque llevaba el apellido de su madre pertenecía por vía
paterna a la rama extremeña de la ilustre familia Monroy, o más
correctamente a los Monroy-Rodríguez de las Varillas. Desde que los
Monroy se unieron por matrimonio con los Rodríguez de las Varillas,
utilizaron desde entonces como blasón una combinación de las dos armas:
las de los Monroy, escudo cuartelado, en el primer y cuarto cuartel un
castillo de oro sobre campo de gules, en el segundo y tercer cuartel un
campo de veros blancos y azules; y las de los Rodríguez de las Varillas,
un escusón con las barras
de Aragón rodeadas de una bordura con ocho cruces de brazos
iguales).
Posiblemente por evitar recargar
demasiado sus nuevas armas y porque los Cortés no tenían armas propias,
Hernán Cortés solo incorporó como referencia a su linaje el mismo
escusón que aparecía en las armas de los Monroy, y que como ya se ha
dicho, eran las propias de la familia Rodríguez de las Varillas.
Posteriormente, siguiendo el ejemplo del conquistador, hubo miembros de
la familia Cortés que se apellidaron Cortés de Monroy y que utilizaron
el escudo de las barras de Aragón, como fue el caso de Pedro
Cortés de Monroy y Zabala, nombrado en 1697 marqués
de Piedra Blanca de Huana. Hernán Cortés añadió también
posteriormente a su blasón un lema personal: Judicium
domini aprehendit eos et fortitudo ejus corroboravit brachium meum.
(El señor los juzgó en sus actos y fortaleció mi brazo). Y sobre el
yelmo añadió un león alado que algunos de sus descendientes continuaron
utilizando.
El 20 de julio de 1529
concedió el rey a Cortés el título nobiliario de marqués
del Valle de Oaxaca por lo que pudo timbrar sus armas con corona de
marqués además de otros beneficios sujetos a este privilegio.
Monumentos y representaciones artísticas en México
En México existen pocas
representaciones de Cortés. Sin embargo, muchos puntos geográficos de
interés llevan su nombre, desde el castillo en la ciudad de Cuernavaca a
nombres de calles en toda la República Mexicana.
Uno de los pocos
monumentos auténticos de Ciudad de México está en el paso entre los
volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl,
por donde Cortés llevó a sus soldados en su marcha a la Ciudad de
México. Actualmente es conocido como el Paso
de Cortés.
En 1981, el entonces
presidente de México José
López Portillo trató de promover el reconocimiento público de Hernán
Cortés. En primer lugar, hizo pública una copia del busto de Cortés
hecha por Manuel
Tolsá en el Hospital de Jesús Nazareno con una ceremonia oficial,
pero pronto un grupo nacionalista trató de destruirla, por lo que tuvo
que ser retirado de la vista del público. Hoy en día la copia del busto
se encuentra en el «El Hospital de Jesús» en un rincón poco visitado,
mientras que el original se encuentra en Nápoles, Italia, en la Villa
Pignatelli (propiedad de los descendientes de Cortés).
Más tarde, otro monumento
conocido como «Monumento al Mestizaje» de Julián
Martínez y M. Maldonado (1982) fue comisionado por López Portillo
para ser puesto en el «zócalo» (plaza principal) de la delegación de
Coyoacán (Ciudad de México), cerca del lugar donde Cortés tuvo su casa
de campo. Debido a las protestas públicas, este tuvo que ser trasladado
a un parque poco conocido: el Jardín Xicoténcatl, en el barrio de San
Diego Churubusco, cerca del exconvento
de Churubusco. La estatua muestra a Cortés, la Malinche y su hijo.
Hay otra estatua de
Cortés, realizada por Sebastián
Aparicio, en la ciudad de Cuernavaca, estado
de Morelos. Se encontraba en un popular hotel, El Casino de la
Selva. La figura de Cortés es apenas reconocible, por lo que provocó muy
poca polémica. El hotel fue cerrado para hacer un centro comercial, y la
estatua quedó fuera de la exhibición pública por disposición de Costco,
el constructor del centro comercial, y hasta la fecha no está disponible
al público
La conquista del Perú
La conquista del Imperio incaico, también conocida como conquista
del Perú o del Tahuantinsuyo, fue el proceso mediante el
cual la Monarquía
Hispánica incorporó los territorios del Imperio
incaico a sus dominios en América durante el sigloXVI.
Formó parte de la expansión española en el continente y condujo al
establecimiento de las gobernaciones de Nueva
Castilla y Nueva
Toledo, antecedentes del posterior Virreinato
del Perú.
Las primeras expediciones españolas hacia los Andes partieron desde Panamá
durante la década de 1520. Inicialmente fueron encabezadas por Pascual
de Andagoya, y después por Francisco
Pizarro, Diego
de Almagro y Hernando
de Luque. La conquista se desarrolló en un contexto de crisis interna del
Tahuantinsuyo, marcada por el conflicto
entre Huáscar y Atahualpa. Después de la captura
de Atahualpa en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532 y la ejecución del Sapa
Inca al año siguiente, los conquistadores marcharon en dirección al Cuzco con
el apoyo de diversos pueblos indígenas, así como sectores de la nobleza
cusqueña, logrando ocupar la ciudad el 15 de noviembre de 1533. La derrota
definitiva de los partidarios de Atahualpa no se completó hasta finales de 1534
y comienzos de 1535, con la muerte de Quizquiz a
manos de su propia soldadesca, la captura y ejecución de Rumiñahui,
y la ocupación de las regiones septentrionales del antiguo imperio.
Aunque los españoles gobernaron inicialmente en alianza con una facción de la
nobleza incaica, pronto surgieron tensiones entre conquistadores e incas, así
como entre los propios españoles. Estas culminaron en la rebelión de Manco
Inca en 1536. Tras el fracaso de los sitios de Cuzco y Lima,
el soberano inca se retiró primero a Vitcos y
posteriormente a Vilcabamba,
desde donde dirigió la resistencia contra el dominio español y promovió
levantamientos en diferentes regiones andinas. Paralelamente, el control de los
europeos se vio debilitado por una serie de guerras
civiles entre los propios conquistadores.
La autoridad de la Corona se consolidó tras la derrota de los rebeldes españoles
a mediados del sigloXVI.
No obstante, la resistencia de Vilcabamba perduró
hasta 1572, cuando las fuerzas del virrey Francisco
de Toledo ocuparon el territorio y ejecutaron a Túpac
Amaru I, poniendo fin al último Estado inca independiente. Este
acontecimiento se considera el cierre definitivo de la conquista del
Tahuantinsuyo.
Hipótesis sobre los primeros contactos entre europeos
e incas
Los primeros contactos entre los europeos y el mundo andino son poco claros. El
cronista mestizo Felipe
Guamán Poma de Ayala afirma que el inca Huayna
Cápac recibió en el Cuzco al conquistador Pedro
de Candía hacia 1526. De acuerdo con este relato, ambos se comunicaron por
señas. El Sapa
Inca interpretó que Candía comía oro, por lo que le dio oro en polvo y
después le permitió marcharse. Guamán
Poma también sostiene que Candía trajo consigo a España con un indígena
huancavelica, llamado Felipillo, que después sería un importante traductor. , Se
dice que la entrevista fue utilizando señas, según la cual el Inca interpretó
que Candía comía oro, por lo que le brindó oro en polvo y luego le permitió
marcharse. Pedro de Candía llevó a España a un indígena huancavilca que
posteriormente regresó al Tahuantinsuyo;
este personaje sería identificado más tarde con Felipillo.
Sin embargo, diversos historiadores consideran que la crónica de Guamán Poma
contiene imprecisiones históricas, por lo que el supuesto encuentro entre Candía
y Huayna Cápac suele ser considerado una leyenda carente de respaldo documental.
Por otro lado, el historiador José
Antonio del Busto sostiene que el primer encuentro de los europeos con el
Imperio incaico se habría producido en realidad entre 1524 y 1526, cuando el
portugués Aleixo
Garcia, atraídos por la leyenda del “Rey blanco” o Reino de la plata, se
internó en el Tahuantinsuyo al frente de una expedición compuesta por
portugueses e indígenas aliados. Según esta hipótesis, la expedición atacó a la
fortaleza incaica de Cuscotuyo situada en el límite oriental del Imperio, y
aniquiló su guarnición. El cronista Pedro
Sarmiento de Gamboa cuenta que, durante el reinado de Huayna Cápac los
chiriguanas asaltaron dicha fortaleza, por lo que el inca mandó tropas al mando
del general Yasca, para repeler a los atacantes, aunque no menciona la presencia
de Aleixo
Garcia. Este emprendió luego el retorno, cargado de un rico botín e incluso
informó a Martim
Afonso de Sousa, gobernador de San Vicente de Brasil, hoy Santos, sobre la
existencia de un opulento reino hacia el oeste de su gobernación. No obstante,
él y sus compañeros acabaron siendo asesinados por sus propios aliados indios,
en la orilla izquierda del río
Paraguay, desapareciendo también su botín y las pruebas de la existencia del
imperio incaico.
Situación del Tahuantinsuyo
En 1527, cuando los españoles se hallaban explorando las costas norteñas del
imperio incaico, el inca Huayna Cápac y su heredero Ninan
Cuyuchi murieron a causa de una rara enfermedad,[17] que
algunos autores atribuyen a la viruela traída
con los europeos, aunque también se ha sugerido que Huayna Cápac fue envenenado
por un curacachachapoya.
Tras la anarquía posterior al deceso del Inca, Huáscar asumió
el gobierno por orden de los orejones (nobles)
del Cuzco,
quienes creían que su experiencia como vicegobernante era suficiente para asumir
el mando. Huáscar, preocupado por el excesivo poder que tenía su hermano
Atahualpa en la región de Quito,
donde era apoyado por los generales Quizquiz, Rumiñahui y Chalcuchímac,
ordenó a Atahualpa que le rindiera vasallaje. Pero este reaccionó organizando un
ejército y declarándole la guerra. El enfrentamiento, que habría de durar tres
años, finalizó con la victoria de Atahualpa y la captura y posterior muerte de
Huáscar.
Durante las primeras décadas del sigloXVI,
la expansión hacia América estuvo impulsada por la búsqueda de riqueza,
prestigio y nuevas tierras, así como por la intención de difundir el
cristianismo. Muchos conquistadores procedían de la baja nobleza o de sectores
sin grandes recursos, y vieron en las expediciones una oportunidad de ascenso
social.
En el aspecto político, la Monarquía
Hispánica era una monarquía
compuesta, formada por distintos reinos unidos bajo un mismo soberano, pero
que conservaban sus propias leyes, instituciones y tradiciones administrativas.
El modelo se basaba en la idea de una autoridad común del rey, más que en una
unificación política uniforme. La administración de los territorios se realizaba
mediante instituciones delegadas, como los virreinatos,
encabezados por representantes del monarca encargados de gobernar en su nombre.
El Virreinato
de Indias estaba adscrito al Consejo
de Castilla, ya que la conquista y organización inicial de los territorios
americanos se vinculó a esta Corona. En la relación con las poblaciones
indígenas, la Corona reconocía formalmente la existencia de autoridades locales,
como caciques o curacas, que en muchos casos fueron incorporados al sistema
colonial. El derecho
indiano establecía su protección jurídica en el plano formal,[21] aunque
su aplicación en la práctica fue variable durante el proceso de conquista y
colonización.
Exploración y descubrimiento
Descubrimiento del Mar del Su
Después de los viajes descubridores de Cristóbal
Colón, los españoles se fueron asentando en las islas de las Antillas y se
dedicaron a explorar las costas septentrionales de América
Central y América
del Sur, territorio al que llamaron Tierra
Firme.[22]
Estos conquistadores, partieron hacia sus provincias desde la isla de La
Española, que por entonces era el centro de las operaciones de los españoles
en el Nuevo Mundo[24].
Nicuesa fundó Nombre
de Dios, pero tuvo que lidiar con el agreste territorio y la hostilidad de
los indígenas. Ojeda, por su parte, desembarcó en la actual Cartagena
de Indias y fundó el fuerte de San Sebastián. Dejó allí a un soldado poco
conocido en ese momento, llamado Francisco
Pizarro.[25] No
obstante, la situación del fuerte se volvió insostenible, por lo que, tras
escapar en un bergantín con otros sobrevivientes, Pizarro se unió de mala gana a
los refuerzos enviados desde La Española por Martín
Fernández de Enciso, en cuya expedición también estaba Vasco
Núñez de Balboa. Juntos a Tierra Firme
Enciso fundó la villa de Santa
María la Antigua del Darién, considerada el primer asentamiento estable
español del continente americano en 1510.[27] Pero
su autoridad fue pronto cuestionada por los colonos, especialmente por Balboa,
quien aprovechó que el asentamiento se encontraba en territorio legalmente
asignado a Nicuesa para iniciar una disputa legal. Tras una serie de conflictos,
Enciso fue enviado preso a España y Nicuesa, despojado del mando por Balboa,
murió en el trayecto rumbo a La Española[28].
De ese modo, Balboa terminó convirtiéndose en el principal caudillo de los
españoles en Tierra Firme.
Fue también el primero en recibir noticias de un fabuloso imperio situado más al
sur, por el lado donde se abría un inmenso mar. Las crónicas cuentan que, en una
ocasión, estando un grupo de españoles riñendo por una pequeña cantidad de oro,
se alzó la voz de Panquiaco, el hijo del cacique Comagre, quien les increpó:
«¿Qué es esto cristianos? ¿Por tan poca cosa
reñís? Si tanta gana tenéis de oro... yo os mostraré provincia donde
podáis cumplir vuestro deseo; pero es menester para esto que seáis
más en número de los que sois, porque habéis de tener pendencia con
grandes reyes, que con mucho esfuerzo y rigor defienden sus tierras».
Y al decir esto señaló hacia el sur, añadiendo que allí había un mar
«donde navegan otras gentes con navíos o barcos...
con velas y remos». (Bartolomé
de las Casas, Historia de las Indias, libro III, cap. XLI).
Balboa tomó en serio la información y organizó una expedición desde La Antigua
con dirección al oeste. Tras cruzar el istmo, el 25 de septiembre de 1513
avistó el Mar
del Sur, hoy Océano
Pacífico. Este hecho fue decisivo para la futura conquista del Perú,
pues orientó la expansión española hacia las costas meridionales en busca del
imperio rico en oro mencionado por Panquiaco
Tras el descubrimiento del Mar del Sur, el istmo
de Panamá se convirtió en un punto clave para la conquista y colonización de
América del Sur. Balboa fue nombrado Adelantado de la Mar del Sur en 1514[31] y
planeó una expedición por sus costas, para lo cual comenzó a construir una
flota. Sin embargo, el proyecto no llegó a realizarse. Las quejas de Enciso ante
la Corona llevaron al nombramiento de Pedro
Arias Dávila, o Pedrarias, como gobernador de las nuevas tierras
conquistadas. Este llegó con más de 2000 hombres, en la expedición más numerosa
enviada hasta entonces desde España al Nuevo Mundo.[32]
Pedrarias acusó a Balboa de conspiración y ordenó su arresto, ejecutado por un
grupo al mando de Francisco Pizarro. Balboa fue llevado a La Antigua, juzgado
con rapidez por Pedrarias y el alcalde Gaspar
de Espinoza, y decapitado en Acla en 1519[33].
Pedrarias comprendió la importancia del a Mar del Sur u Océano Pacífico para los
futuros descubrimientos y trasladó la sede de su gobernación a Panamá,
fundada el 15 de agosto de 1519. Desde entonces, la ciudad se convirtió en la
principal vía de comunicación con el Pacífico y en la puerta de entrada hacia el
Perú[34]. Nombre
de Dios quedó como puerto de conexión con el Atlántico
Las noticias sobre un imperio rico en oro y plata impulsaron nuevas expediciones
hacia el sur. En 1522, Pascual
de Andagoya fue el primero en intentarlo, aunque su expedición fracasó
estrepitosamente[35].
A partir de entonces, las tierras situadas al sur del golfo
de San Miguel comenzaron a ser llamadas Birú, término que luego derivaría
en Perú[36].
Su origen es incierto, aunque posiblemente aludía al nombre de un cacique de la
actual costa pacífica colombiana, nombre que los soldados españoles, en el habla
coloquial, harían paulatinamente extensivo a todo el Levante, como también se
conocía a esa región en términos geográficos.
Formación de la empresa conquistadora y primer viaje de Francisco
Pizarro
Hacia 1523, Francisco
Pizarro residía en Panamá como
vecino acomodado. Allí comenzó a coordinar con su más cercano amigo, Diego
de Almagro la organización de una expedición hacia el llamado Birú. Ambos
eran soldados experimentados en la conquista de Tierra Firme. En 1524 se
concretó la sociedad con la incorporación del cura Hernando
de Luque, encargado de aportar el financiamiento necesario. Pizarro
comandaría la expedición, Almagro se ocuparía del abastecimiento militar y de
alimentos, y Luque asumiría las finanzas y la provisión de apoyo. Las ganancias
serían divididas en tres partes iguales para cada socio o sus herederos, y que
ninguno tendría más ventaja que otro.
La necesidad de asociarse con Luque sugiere que Pizarro y Almagro no contaban
con recursos suficientes para financiar la empresa por sí solos. También se
menciona la existencia de un cuarto socio oculto, el licenciado Gaspar de
Espinosa, quien habría sido el verdadero financista de las expediciones mediante
Luque como intermediario, aportando hasta 20.000 pesos.[39]Ello
debió ser así, por cuanto nunca uno solo de los socios decidía de manera
unilateral las acciones. Solo posteriormente, iniciada ya la conquista física
del Perú, Pizarro tomaría decisiones de campaña o sobre acciones militares y
administrativas, prerrogativas de su cargo de gobernador de Nueva Castilla,
concedido por la Corona española a través de la Capitulación
de Toledo, firmada en 1529.
Con la autorización del gobernador Pedrarias Dávila, Pizarro partió de Panamá el
14 de noviembre de 1524 a bordo del bergantín Santiago, con cerca de 80 hombres,
algunos indígenas nicaraguas de servicio y cuatro caballos.[40] Dejó
a Almagro el encargo de reclutar más voluntarios y armar otra nave para que le
siguiera cuando estuviera listo.
Pizarro pasó por las islas Perlas y bordeó las costas de Chochama o Chicamá,
Puerto Piñas y Puerto del Hambre, en la actual costa pacífica colombiana. La
expedición sufrió hambre, enfermedades y falta de víveres hasta llegar a Pueblo
Quemado, donde enfrentó a los indígenas. El combate dejó varios españoles
muertos y heridos, entre ellos el propio Pizarro.
Pizarro llegó a las islas Perlas y bordeó las costas de Chochama o Chicamá,
llegando hasta Puerto Piñas y Puerto del Hambre, en la costa pacífica de la
actual Colombia.[40] La
expedición sufrió hambre, enfermedades y falta de víveres hasta llegar a Pueblo
Quemado, donde enfrentó a los indígenas locales en una batalla, dejando al menos
entre 2 y 5 españoles muertos, además de entre 17 y 20 heridos incluido el mismo
Pizarro.
La hostilidad indígena y las malas condiciones de la zona obligaron a Pizarro a
regresar hacia el norte, arribando nuevamente a las costas de Chochama. Por su
parte, Almagro, salió de Panamá con 60 hombres y siguió su rastro, aunque no
llegó a encontrarlo. Desembarcó también en Pueblo Quemado, donde combatió con
los indígenas y perdió un ojo a causa de un lanzazo o un flechazo.[Almagro
decidió continuar más al sur, llegando hasta el río San Juan, pero, al no hallar
a Pizarro, regresó a la isla de Perlas. Allí supo de sus movimientos y fue a
reunirse con él en Chochama. Pizarro, interesado en continuar con la empresa,
ordenó a Almagro que dejara allí a sus soldados y que retornara él solo a Panamá
para reparar los dos navíos y juntar más gente.
En Panamá, el gobernador Pedrarias culpó del fracaso de la expedición y de la
pérdida de vidas españolas a Pizarro. Ello motivó a que Almagro y Luque
intercedieran por Pizarro ante el gobernador, logrando aplacar por el momento la
tensa situación. Pedrarias autorizó con recelo la continuación de la empresa, y
Almagro obtuvo el nombramiento de capitán adjunto
egundo viaje de Pizarro y la Capitulación de Toledo
Antes del segundo viaje, Pizarro, Almagro y Luque formalizaron su sociedad
mediante el llamado Contrato
de Panamá, suscrito el 10 de marzo de 1526, aunque existen discrepancias
sobre la fecha.[44] En
diciembre de 1525, Almagro partió de Panamá con dos navíos, el Santiago y el San
Cristóbal, llevando refuerzos para reunirse con Pizarro en Chochama. Entre los
nuevos expedicionarios destacaban el piloto Bartolomé
Ruiz y el artillero Pedro
de Candía.[45] Reunidos
ambos grupos, la expedición alcanzó unos 160 hombres.[46]
El año siguiente Pizarro y Almagro, junto con sus 160 soldados, zarparon
nuevamente hacia el sur. Al llegar al río San Juan, Almagro regresó a Panamá en
busca de refuerzos y provisiones, mientras Bartolomé Ruiz fue mandado al sur con
el fin de seguir explorando la costa.[47]Ruiz
avanzó hasta la zona de Atacames y Coaque, donde encontró una balsa de indígenas
tumbesinos que comerciaban por mar. Tomó algunas mercancías, como objetos de oro
y plata, tejidos de algodón, frutas y víveres, y retuvo a tres jóvenes indígenas
para prepararlos como intérpretes. Luego enrumbó al norte, de vuelta al río San
Juan, donde le esperaba Pizarro.[48]Bartolomé
Ruiz fue el primer navegante europeo que traspasó la línea ecuatorial en el
Océano Pacífico, de norte a sur (Magallanes también
lo había hecho en 1521, pero de sur a norte),[49] descendiendo
uno o dos grados de la línea equinoccial (1527).[47]
Mientras Ruiz exploraba y Almagro buscaba refuerzos, Pizarro permaneció en la
zona del río San Juan, donde sus hombres sufrieron enfermedades, hambre y
ataques de animales como caimanes.[50] Cuando
Ruiz y Almagro regresaron, la expedición continuó hacia el sur.[51] Los
españoles llegaron a la bahía de San Mateo y luego a Atacames,
donde encontraron alimentos y algunas piezas de oro,[52]pero
también enfrentaron resistencia indígena. Las pérdidas, enfermedades y
frustraciones ocasionaron tensiones entre los expedicionarios, especialmente
entre Pizarro y Almagro, episodio conocido como la Porfía de Atacames, donde se
hubieran batido en duelo de no ser porque sus hombres lograron separarlos.[53]
Ante las dificultades, Pizarro y Almagro decidieron trasladarse a la isla del
Gallo en mayo de 1527. Allí se acordó que Almagro volvería a Panamá para
conseguir más apoyo.[54] Sin
embargo, las quejas de los soldados llegaron al nuevo gobernador, Pedro
de los Ríos, mediante una copla escondida en un ovillo de lana enviado como
obsequio a su esposa, Catalina de Saavedra:
Pues señor gobernador,
mírelo bien por entero,
que allá va el recogedor
y aquí queda el carnicero.
Informado así de los padecimientos de los expedicionarios, el gobernador impidió
la salida de Almagro con nuevos auxilios y, por el contrario, envió un barco al
mando del capitán Juan Tafur para que recogiese a Pizarro y sus acompañantes,
que se hallaban en la isla del Gallo.
El descontento entre los soldados de Pizarro era grande, pues llevaban mucho
tiempo enfrentando hambre, enfermedades y peligros sin conseguir ningún
resultado. Cuando Juan Tufaur llegó a la isla del Gallo en agosto de 1527, buena
parte de los 80 maltrechos hombres decidió regresar a Panamá[58].
Según la tradición, Pizarro trazó una raya en la arena y pidió que quienes
desearan continuar la expedición la cruzaran. Solo trece hombres aceptaron
seguirlo, conocidos luego como los Trece
de la Fama o Trece de la isla del Gallo".
Sobre la escena que se vivió en la Isla del Gallo, luego que Juan Tafur le
trasmitiera a Pizarro la orden del gobernador Pedro de los Ríos, cuenta el
historiador José
Antonio del Busto:
"El trujillano [Pizarro] no se dejó ganar por la
pasión y, desenvainando su espada, avanzó con ella desnuda hasta sus
hombres. Se detuvo frente a ellos, los miró a todos y evitándose una
arenga larga se limitó a decir, al tiempo que, según posteriores
testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena: Por
este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser
ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le
estuviere. Un silencio de muerte rubricó las palabras del héroe,
pero pasados los primeros instantes de la duda, se sintió crujir la
arena húmeda bajo los borceguíes y las alpargatas de los valientes,
que en número de trece, pasaron la raya. Pizarro, cuando los vio
cruzar la línea, "no poco se alegró, dando gracias a Dios por ello,
pues había sido servido de ponelles en corazón la quedada". Sus
nombres han quedado en la Historia".
José Antonio del Busto, La conquista del Perú.[60]
Pizarro y los Trece de la Fama esperaron cinco meses por los
refuerzos, los cuales llegaron de Panamá en enero de 1528, enviados por Diego
de Almagro y Hernando
de Luque, al mando de Bartolomé Ruiz .[61]El
navío los encontró en la isla
Gorgona, (situada más al norte de la isla del Gallo), hambrientos y acosados
por los indígenas.[62] Ese
mismo día, Pizarro ordenó zarpar hacia el sur, dejando en la Gorgona a tres de
los “Trece” que se hallaban enfermos: Cristóbal de Peralta, Gonzalo Martín de
Trujillo y Martín de Paz. Estos quedaron al cuidado de unos indígenas de
servicio.[63]
La expedición llegó luego a Tumbes,
en el extremo norte del actual Perú, la primera ciudad incaica que divisaron los
españoles divisaban. Allí fueron recibidos por un noble inca, quien invitó a
Pizarro a visitar a Chilimasa, curaca tallán de Tumbes y tributario del Imperio
inca. Pizarro envió primero a Alonso
de Molina que desembarcara con un esclavo negro y llevara como obsequios
para el curaca un par de puercos y unas gallinas, todo lo cual causó gran
impresión entre los indígenas.[64]Luego
a Pedro de Candía, quien mostró el uso del arcabuz y
pudo recorrer los principales edificios de la ciudad: el Templo del Sol, el Acllahuasi o
casa de las escogidas y la Pucara o fortaleza, donde el griego apreció los ricos
ornamentos de oro y plata. Luego, sobre un paño Candía trazó el plano de la
ciudad, y posteriormente escribió una relación, hoy perdida. De vuelta donde sus
compañeros, relató su experiencia, afirmando que Tumbes era una gran ciudad
construida a base de piedra, todo lo cual causó asombro y alentó más a continuar
en la empresa conquistadora.
Pizarro prosiguió la exploración más hacia el sur, recorriendo las costas de los
actuales departamentos peruanos de Piura, Lambayeque y La
Libertad, hasta la desembocadura del río
Santa, el 13 de mayo de 1528. En algún punto de la costa piurana, se
entrevistó con la curaca lugareña, de la etnia de los tallanes,
a la que los españoles dieron el nombre de Capullana,
por la forma de su vestido. Durante el banquete con el que le agasajó la
Capullana, Pizarro aprovechó para tomar posesión del lugar a nombre de la Corona
de Castilla. Se dice que uno de los Trece de la Fama, Pedro de Halcón, se
enamoró locamente de la Capullana y quiso quedarse en tierra, pero sus
compañeros lo subieron a la fuerza al navío y zarparon todos.
Durante el viaje de retorno, Pizarro volvió a pasar por Tumbes, donde Alonso de
Molina obtuvo permiso para quedarse entre los indígenas.[68]Otros
españoles, como Bocanegra y Ginés, también habían permanecido en distintos
puntos de la costa.[69][70] Finalmente,
Pizarro pasó por la isla Gorgona, recogió a los expedicionarios que había dejado
allí y supo que Gonzalo Martín de Trujillo había muerto.[71]Luego
regresó a Panamá convencido de haber encontrado un opulento imperio.
Ante la negativa del gobernador Pedro de los Ríos de autorizar un nuevo viaje,
Pizarro, Almagro y Luque acordaron solicitar el permiso directamente ante la
corte española. Para ello designaron a Pizarro como el procurador, encargado de
presentar la petición directamente al rey Carlos
I de España.[72] Esa
elección no estuvo limpia de consecuencias, pues Pizarro terminó obteniendo
mayores beneficios personales que sus socios, pese a haber prometido defender
los intereses de todos.[73]
Pizarro salió de Panamá en septiembre de 1528 y viajó a España, acompañado por
el griego Pedro de Candía,Domingo
de Soraluce, algunos indígenas tallanes de Tumbes (entre ellos el
intérprete Felipillo),
además de tejidos, objetos de oro y plata, camélidos
sudamericanos, y otros elementos recogidos durante sus viajes. El fin era
mostrarlas al soberano español, como pruebas del descubrimiento de un gran
imperio.[74]
Tras llegar a Sevilla en
marzo de 1529, Pizarro fue apresado brevemente por una demanda de deudas
presentada por Martín
Fernández de Enciso, aunque el rey Carlos I ordenó su liberación.[75] Luego
viajó a Toledo, donde fue recibido por el monarca. Sin embargo, como Carlos I
estaba próximo a partir hacia Italia, el asunto quedó en manos del Consejo de
Indias.[76][77]En
Toledo también se encontró con Hernán
Cortés, destacado conquistador por sus acciones durante la conquista
de México y próximo a recibir su título de Marqués
del Valle de Oaxaca, quien se dice que lo ayudó a vincularse con la Corte.
Fue así como Francisco Pizarro terminó negociando con el Consejo de Indias,
presidido entonces por el conde de Osorno, García
Fernández Manrique. Tanto Pizarro como el griego Candía expusieron ante los
consejeros sus razones para que el rey diera la autorización para la conquista y
población de la provincia del Perú; Candía exhibió su paño donde había dibujado
el plano de la ciudad de Tumbes.
Finalizadas las negociaciones, se redactó la Capitulación
de Toledo, firmada el 26 de julio de 1529 por la reina consorte Isabel
de Portugal, en nombre de Carlos
I. Mediante esta capitulación, la Corona autorizó a Pizarro la conquista y
población de la provincia del Perú o Nueva
Castilla. Además, le concedió los títulos de gobernador, capitán general,
alguacil mayor y adelantado, todos de por vida. A Diego de Almagro se le otorgó
la gobernación de la fortaleza de Tumbes y el título de hidalgo; a Hernando de
Luque, el Obispado de Tumbes y el cargo de Protector de los Indios; a Bartolomé
Ruiz, el título de Piloto Mayor de la Mar del Sur; y a Pedro de Candía, el de
Artillero Mayor del Perú. También se reconoció a los Trece de la isla del Gallo
con títulos honoríficos[79].
La Capitulación
de Toledo favoreció principalmente a Francisco Pizarro, en desmedro de sus
socios Almagro y Luque. En el caso de Almagro, Pizarro arguyó en su defensa que
fue el rey en persona quien se opuso a que el mando se dividiera entre ambos
socios;[80][81] fue
así que Pizarro concentró en su persona los títulos de gobernador, capitán
general, alguacil mayor y adelantado, mientras que a Almagro solo se le dio la
gobernación de Tumbes.
El tercer viaje de Pizarro y la llegada al Imperio
Inca (1531-1532)
Tras obtener en España la autorización para emprender la conquista del Perú,
Francisco Pizarro regresó a América acompañado de sus hermanos Gonzalo, Hernando y Juan.[82][83] Aunque
tuvo dificultades para reunir los hombres exigidos por la Capitulación de
Toledo, logró organizar una nueva expedición y zarpó de España en enero de 1530.[84]
Al llegar a Panamá se reunió con sus socios Diego de Almagro y Hernando de
Luque. La distribución de cargos y privilegios obtenidos por Pizarro generó
tensiones con Almagro, quien se sintió relegado. Sin embargo, Luque consiguió
mantener unida la sociedad conquistadora.
Durante varios meses se realizaron en Panamá los preparativos de la expedición
definitiva. Durante ocho meses, de abril a diciembre de 1530, los soldados
reclutados realizaron su adiestramiento militar.[87] Pizarro
logró reunir tres naves a las que proveyó con todo lo necesario para realizar la
“entrada” definitiva al Perú.[86] El
28 de diciembre de 1530 los expedicionarios oyeron misa en la iglesia de La
Merced de Panamá.[86] Estaban
ya listos para embarcarse, pero tuvieron que esperar unos días más para dar
cumplimiento a las disposiciones que exigía que la expedición llevara oficiales
reales.[86]Los
que se preparaban para embarcar fueron 180 ochenta hombres y 37 caballos.[88]
El 20 de enero de 1531, Francisco Pizarro partió de Panamá rumbo al Perú,
mientras Diego de Almagro permanecía en la ciudad para gestionar refuerzos y
suministros.[89] Tras
trece días de navegación, la expedición llegó a la bahía de San Mateo, en la
actual costa ecuatoriana, desde donde continuó su avance por tierra.[90] La
marcha estuvo marcada por las dificultades del clima tropical, las enfermedades
y la escasez de alimentos. En Coaque,
los españoles permanecieron varios meses y obtuvieron un importante botín de
oro, plata y esmeraldas. Pizarro envió parte de estas riquezas a Panamá y
Nicaragua para atraer nuevos expedicionarios, logrando la llegada de refuerzos y
despertando el interés de conquistadores como Hernando
de Soto.[91]Durante
su estancia en Coaque,
una epidemia conocida por los españoles como "bubas" afectó al campamento y
causó numerosas bajas.Del Busto señala:
"Una epidemia de verrugas había atacado el campamento".
En octubre de 1531, Pizarro reanudó la marcha hacia el sur a lo largo de la
costa del actual Ecuador.
Recorrió luego la bahía de Caráquez, donde embarcaron a toda la gente enferma,
continuado el resto por tierra. A toda esa región los cronistas llaman Puerto
Viejo o Portoviejo.[94]La
expedición recibió un importante refuerzo al incorporarse Sebastián
de Belalcázar con treinta hombres y doce caballos procedentes de
Nicaragua.
Pasaron después por Picuaza, Marchan, Manta, la Punta de Santa Elena, Odón,
hasta la entrada del golfo
de Guayaquil.[96] El
hambre y la sed siguieron castigando a los expedicionarios, pero se hallaban ya
cerca de las puertas del imperio incaico.
Al llegar al golfo
de Guayaquil, Pizarro se dirigió a la isla
de Puná, cuyo curaca, Tumbalá, recibió inicialmente a los españoles
incitándolos a que visitaran sus dominios Pizarro aceptó, pese al peligro de una
emboscada, pues planeaba usar la isla como cabeza de puente para el desembarco
en Tumbes.[98][93] Durante
su estancia, los conquistadores tuvieron noticia de la muerte de algunos
españoles que habían permanecido en la región tras expediciones anteriores.
Por el golfo
de Guayaquil, Pizarro y sus expedicionarios avistaron la gran isla
de Puná, separada de tierra firme por un delgado brazo de mar, llamado «el
paso de Huayna Cápac». El curaca de
la isla, llamado Tumbalá, invitó a los españoles a que cruzaran el paso y
visitaran sus dominios. Pizarro aceptó, pese al peligro de una emboscada, pues
planeaba usar la isla como cabeza de puente para el desembarco en Tumbes.[98][93]De
acuerdo con el Diego
de Trujillo, cuando Pizarro arribó a Puná en el curso de su tercer viaje,
halló en la isla un lugar que tenía una cruz alta y una casa con un crucifijo
pintado en una puerta y una campanilla colgada y que luego salieron de dicha
casa más de treinta chiquillos de ambos sexos, diciendo en coro «Loado
sea Jesucristo, Molina, Molina».[99]
En la isla, Pizarro estableció una alianza con el curaca Tumbalá, quien le
ofreció apoyo para su proyectado avance hacia Tumbes.[100] La
alianza se desarrolló en el contexto de la rivalidad existente entre los
habitantes de Puná y los de Tumbes, conflicto que había dado lugar a la captura
de numerosos tumbesinospor
parte de los punaeños. Poco después llegó a la isla Chilimasa, curaca de Tumbes,
quien también entró en contacto con los españoles. La intervención de Pizarro
para mediar en el conflicto favoreció un acercamiento entre ambos líderes
locales, quienes, siguiendo órdenes de Atahualpa,
crearon un plan para eliminar a los europeos.
Las tensiones entre los españoles y los habitantes de Puná desembocaron en un
enfrentamiento armado conocido como la Batalla
de Puná. Durante los combates, los conquistadores recibieron importantes
refuerzos procedentes de Nicaragua al mando de Hernando
de Soto, cuya llegada contribuyó decisivamente a la victoria española.
Pizarro buscó consolidar su posición en la región y obtener el apoyo de los
líderes de Tumbes, para lo cual liberó a prisioneros tumbesinos que se
encontraban en la isla y aseguró el uso de embarcaciones locales para el
traslado de sus hombres y pertrechos. Estas medidas facilitaron la
reorganización de la expedición tras los enfrentamientos en Puná.
Pizarro buscó consolidar su posición en la región y obtener el apoyo de los
líderes de Tumbes, para lo cual liberó a prisioneros tumbesinos que encontraron
en la isla. Como señal de agradecimiento, Chilimasa aceptó prestar sus balsas
para que los españoles pudieran trasladar en ellas sus fardajes. Pero detrás de
esas muestras de amistad, Chilimasa mantenía su plan secreto de exterminar a los
españoles, siguiendo las directiva que le había dado Atahualpa.[103] Pizarro
permaneció en Puná hasta abril de 1532, cuando emprendió el avance hacia la
costa tumbesina.
Tras zarpar desde Puná, la expedición de Pizarro llegó a las costas de Tumbes en
tres días de navegación. Durante el desembarco se produjo un enfrentamiento con
los habitantes locales, en el que varios españoles que viajaban en las primeras
balsas fueron atacados antes de que el resto de la expedición pudiera intervenir
y restablecer la situación.[105]Una
vez en tierra, los españoles encontraron Tumbes parcialmente destruida, con una
población reducida y comprobaron que no era una gran ciudad de piedra, como
había informado el griego Candía, sino de adobes, lo que desilusionó a no pocos
pues contrastaba con las descripciones previas sobre su riqueza y tamaño.[106] Esta
situación generó descontento entre algunos miembros de la expedición, que no
reconocían la ciudad que esperaban hallar.
En los días siguientes se produjeron nuevos enfrentamientos con grupos locales.
Estos actos bélicos se conocen como la Batalla
de los Manglares, tras los cuales el curaca Chilimasa fue capturado e
interrogado por los españoles, quien, después de negarlo todo y acusar a sus
jefes principales de haber tramado la conspiración contra los españoles,
restableció la alianza con Pizarro.
Con los datos proporcionados por los cronistas españoles, se puede reconstruir
el contexto de la situación encontrada en Tumbes por los conquistadores. Según
estas fuentes, el poblado habría sido arrasado por orden de Atahualpa, en
castigo por su apoyo a Huáscar durante la guerra
civil incaica. Se señala también la posible incidencia de una epidemia que
habría diezmado a la población, posiblemente la viruela traída por los
españoles, relacionada a su vez con la muerte de Huayna Cápac. Los tumbesinos
habrían sido obligados a rendir vasallaje a Atahualpa, quien ordenó al curaca
Chilimasa una misión para ganarse la confianza de los españoles y, llegado el
momento del desembarco, atacarlos. Sin embargo, otras versiones indican que el
plan habría sido ejecutado por un capitán incaico dejado en la región, con apoyo
parcial de algunos jefes locales, mientras Chilimasa se mantenía al margen. En
cualquier caso, el intento no tuvo éxito.
Con los datos proporcionados por los cronistas españoles, se puede reconstruir
el contexto de la situación encontrada en Tumbes, por los conquistadores: el
poblado habría sido arrasado por orden de Atahualpa, en castigo por su apoyo a Huáscar durante
la guerra
civil incaica. Es posible también la aparición de una epidemia que mermó a
sus pobladores, tal vez la viruela traída por los españoles, relacionada a su
vez con la muerte de Huayna Cápac. Los tumbesinos fueron obligados a rendir
vasallaje a Atahualpa, quien ordenó al curaca Chilimasa una misión para
demostrar su lealtad: ganarse la confianza de los españoles y, llegado el
momento del desembarco, atacarlos. Otras versiones indican que quien llevó a
cabo el plan fue un capitán incaico dejado en Tumbes por el mismo Atahualpa, con
el apoyo de algunos jefes de Chilimasa, mientras que este se mantuvo al margen.
En cualquier caso, el intento fue infructuoso.[108]
Fue en Tumbes donde Pizarro se enteró de la existencia de la ciudad del Cuzco,
a través de una conversación que sostuvo con un indio tumbesino, según se relata
en la crónica de Pedro
Pizarro:
«...pues preguntando al indio qué era, el dijo que
era un pueblo grande donde residía el Señor de todos ellos, y que
había mucha tierra poblada y muchos cántaros de oro y plata, y casas
chapeadas con planchas de oro...».
Se informó también sobre la existencia de valles más fértiles. Todos estos
informes entusiasmaron a Pizarro, quien quedó muy alentado para continuar con la
conquista.[109]
Cabe contar también que hubo un conato de rebelión entre los españoles,
específicamente en la persona de Hernando de Soto. Este, durante la correría que
hizo al interior persiguiendo a los tumbesinos rebeldes, quedó maravillado al
ver el majestuoso camino inca (el Qhapaq
Ñan) que iba hacia el norte, a la provincia de Quito. Quiso entonces Soto,
que comandaba una nutrida hueste, independizarse de Pizarro y dirigir por su
cuenta una expedición a ese territorio, pero varios de sus hombres no quisieron
seguirle, y algunos fueron a contarle a Pizarro, por lo que el motín debió
frustrarse. Pizarro hizo como que no se enteró, pero a partir de entonces vigiló
rigurosamente a Soto.[110] El
16 de mayo de 1532 Pizarro abandonó Tumbes, donde dejó una guarnición española
al mando de los oficiales reales.[111]
Primeras noticias de Atahualpa y el espionaje del Inca a la hueste hispana
Las huestes de Pizarro, de unos 200 hombres, avanzaron hacia Poechos,
divididos en dos grupos: la vanguardia estaba al mando del susodicho Francisco
Pizarro con Hernando de Soto, y la retaguardia encabezada por Hernando Pizarro,
que seguía desde Tumbes con mayor lentitud debido a la presencia de enfermos.
El 25 de mayo de 1532 llegaron a Poechos,[113] localidad
de los tallanes gobernada
por el curaca Maizavilca, quien recibió cordialmente a los españoles y facilitó
la incorporación de su sobrino, posteriormente bautizado como Martinillo,
que actuó como intérprete.[114]Desde
allí los españoles emprendieron exploraciones en las zonas adyacentes. Hernando
de Soto recorrió los márgenes del río
Chira, donde encontró poblaciones numerosas y capturó a varios curacas
locales, a quienes trasladó a Poechos. Allí fueron obligados a jurar vasallaje
al rey de España.
Fue en Poechos donde los españoles recibieron las primeras noticias detalladas
sobre el inca Atahualpa, el cual se estaba desplazando de Quito a Cajamarca,
así como sobre el conflicto dinástico con Huáscar,
quien tras ser derrotado se hallaba prisionero. Preocupado por la guarnición
dejada en Tumbes, Francisco comisionó a Hernando Pizarro a que volviera allá y
trajera consigo a todos sus hombres.[116]
Hernando Pizarro regresó por tierra, mientras algunos contingentes lo hicieron
por mar. En ese contexto, los curacas de la Chira y de Amotape se
sublevaron, obligando a las fuerzas de Hernando Pizarro a atrincherarse en la
huaca Chira y a solicitar auxilio a Francisco Pizarro. Este acudió con 50
jinetes y logró salvarlos. Tras la acción los curacas fueron castigados: luego
de someterlos a tormento para que confesaran su conjura, trece de ellos fueron
estrangulados y quemados sus cuerpos, según lo cuenta Pedro Pizarro en su
crónica.[117] Pizarro
quería tener una visión lo más clara posible de las fuerzas a las que se
disponía a enfrentarse y además esperaba refuerzos. Entonces decidió tomarse su
tiempo y montar una especie de colonia que podía servir como cabeza de puente de
cara a futuras operaciones.
Al conocer estos planes, el curaca Maizavilca se mostró inquieto y coordinó con
otros líderes tallanes la forma de expulsar a los españoles. Enviaron mensajeros
al inca Atahualpa, que se encontraba entonces en Huamachuco celebrando
su triunfo sobre Huáscar, para informarle de la presencia de hombres blancos y
barbados llegados por mar, a quienes identificaban con los dioses
viracochas de la tradición loca, con el propósito de que el Sapa
Inca mostrara interés e invitara a los españoles a su encuentro.[118]En
efecto, Atahualpa se interesó y mandó un espía a Poechos. Pedro Pizarro lo
describe como un orejón o noble inca, llamado Apo (que en realidad es un título,
que significa “señor”). Cristóbal
de Mena lo llama simplemente “capitán del Inca” y Juan
de Betanzos afirma que se llamaba Ciquinchara y que era un orejón natural de
Jaquijahuana.[119]El
espía ingresó disfrazado de vendedor de pacaes en
el campamento español, pero fue descubierto por Hernando Pizarro, lo que provocó
un incidente que le permitió retirarse y regresar con Atahualpa. En su informe
destacó a tres españoles: el domador de caballos, el barbero y el herrero,
recomendando que, en caso de un futuro ataque, fueran preservados por su
utilidad.
Fundación de San Miguel de Tangarará
Luego de apaciguar a Chira, Pizarro se dirigió a Tangarará o Tangarala, a
orillas del río Chira, en donde se propuso fundar una villa. Se encomendó la
exploración de la región al fraile dominico Vicente
de Valverde.
La villa de San Miguel de Tangarará, fue fundada el 15 de agosto de 1532 (según
el cálculo hecho por el historiador José Antonio del Busto). Se eligió ese lugar
pues era muy fértil y se hallaba regularmente poblada de nativos; estaba a la
margen derecha del río Chira, a unas 6 leguas de un lugar llamado Amotape y a 40
km del mar.] Luego
de la ceremonia se inscribieron como vecinos 46 conquistadores. Como su teniente
de gobernador fue nombrado el contador Antonio Navarro y como alcaldes
ordinarios al asturiano Gonzalo Farfán de los Godos y al castellano Blas
de Atienza. Francisco Pizarro hizo el primer reparto de tierras y siervos indios
entre los españoles que quisieron afincarse en la villa. Este primer reparto
incluyó además de Piura, Tumbes, el más codiciado repartimiento, que le fue
concedido a Hernando de Soto.
Tenía todas las apariencias de un pequeño pueblo español. Estaba dotado de una
iglesia, una fortaleza y hasta una sala de audiencias, donde funcionaban
distintas instituciones, cada una con sus propios administradores civiles o
eclesiásticos. Este acto pretendía demostrar que la colonización de la región
había comenzado.
Para validar mejor la posesión del distrito, Pizarro impuso a todos los
habitantes el respeto a las leyes españolas, suscitando evidentemente un
descontento generalizado que derivó, en algunos casos, en abierta rebelión. Sin
embargo, los españoles no tenían la intención de soportar acciones hostiles y
golpearon con una violencia despiadada.
San Miguel de Tangarará, actual ciudad de Piura,
fue la primera ciudad española fundada en el Perú y en todo el hemisferio
sur. Tiempo después, en 1588, su sede fue trasladada a donde se halla
actualmente, en Tacalá, en el valle del río
Piura.
El camino hacia Cajamarca
Los españoles siguieron recibiendo noticias sobre la riqueza y extensión del
imperio incaico. Supieron de la existencia de Chincha,
importante emporio comercial marítimo y terrestre, y del Cuzco, capital del
imperio. Sabían también que Atahualpa, luego de derrotar a su hermano Huáscar,
se hallaba en Cajamarca, al otro lado de la cordillera.
El temor ante la expedición hacia el interior del imperio condujo a algunos
españoles a plantear el regreso a Panamá. En ese contexto, Juan
de la Torre, uno de los trece de la fama, fue acusado de haber escrito una
copla contra Pizarro. Aunque confesó bajo tortura y fue condenado a muerte, la
pena le fue conmutada. Sería desterrado, aunque años después se comprobó su
inocencia y retornó al Perú.[125]
Atahualpa fue el primero de los dos contendientes de la guerra civil inca en
establecer contacto con los españoles, enviando una embajada, para obtener
información sobre los recién llegados. Por su parte, Pizarro decidió dirigirse
a Cajamarca para
entrevistarse con el Inca.
Tras asegurar su retaguardia, Pizarro partió de San Miguel el 24 de septiembre
de 1532. Luego de cruzar el río Chira y permanecer varios días en el valle de
Piura, reorganizó sus fuerzas. La expedición que continuó hacia Cajamarca quedó
conformada por 62 jinetes y 102 infantes.
El 8 de octubre de 1532. Pizarro mandó una avanzada al mando de Hernando de Soto
hacia Caxas,
donde se suponía que se encontraba el ejército de Atahualpa; de paso, Soto debía
conseguir el vasallaje de los nativos.[128] Al
llegar, Soto encontró al poblado destruido y parcialmente despoblado, situación
atribuida a las represalias de los partidarios de Atahualpa contra un curaca
favorable a Húascar. Recibió allí a Ciquinchara, el espía inca enviado a Poechos,
quien se presentó como embajador de Atahualpa, con la misión de ir a invitar a
Pizarro para que fuese al encuentro con el Sapa Inca. Ciquinchara llevaba unos
curiosos presentes para Pizarro: unos patos desollados y unas fortalecillas de
piedra.[129] El
13 de octubre, Soto continuó hacia Huancabamba acompañado
por Ciquinchara. Durante el recorrido los españoles observaron el Qhapaq Ñan,
que causó asombro a los españoles por su grandeza y su buena fábrica,
enterándose de que unía Quito con el Cuzco a lo largo de 300 leguas.[130]
Mientras tanto, Pizarro llegó a Serrán,
donde permaneció hasta reunirse con Hernando de Soto el 16 de octubre.[131] Ciquinchara
se entrevistó con Pizarro para hacerle saber que el Inca deseaba recibir a los
españoles pacíficamente en Cajamarca. Luego de esto el embajador retornó donde
Atahualpa llevando consigo unos regalos que enviaba con él Francisco Pizarro
(una camisa blanca y muy fina, cuchillos, tijeras, peines y espejos de España) y
para informarle que el jefe español «se apresuraría en llegar a Caxamarca y ser
amigo del Inca».El 19 de octubre de 1532, Pizarro reanudó la marcha hacia
Cajamarca atravesando diversos poblados de la costa norte. Durante el trayecto
recibió noticias de que Atahualpa había estado en Huamachuco y
que se dirigía a Cajamarca con un numeroso ejército. Desde Cinto, Pizarro
envió a un jefe tallán, de nombre Guachapuro, como su mensajero para hablar con
Atahualpa, con algunos presentes (una copa de cristal de Venecia, borceguíes,
camisas de Holanda, cuenta de vidrio y perlas). Cinto, unida posteriormente a
Collique, sería el origen de la ciudad de Chiclayo.
El 4 de noviembre Pizarro prosiguió su marcha, pasando por Reque, Mocupe y Saña,
esta última una población grande y con mucha comida, al pie de la sierra.[135] Allí
los españoles encontraron una bifurcación del camino, donde uno de ellos llevaba
a Chincha y el otro a Cajamarca. Aunque algunos españoles propusieron dirigirse
a la costa y postergar el encuentro con Atahualpa, Pizarro decidió continuar
hacia Cajamarca, pues cambiar la ruta haría creer a Atahualpa de que los
españoles rehuían por cobardía.[136] Pizarro
consideraba importante asegurar la captura del principal líder indígena como
forma de controlar la situación, una táctica que asociaba a la experiencia de
otras campañas anteriores de la conquista
de América como la de Hernán Cortés en México.
El 8 de noviembre de 1532, los españoles empezaron a subir la
cordillera. Pizarro decidió dividir su ejército en dos grupos: la vanguardia con
él y cuarenta de a caballo y sesenta de a pie. El resto, al mando de Hernando
Pizarro, formaría la retaguardia y se uniría a Pizarro cuando él lo indicase.
Luego de un día de marcha, Pizarro mandó decir a su hermano Hernando que se le
uniese para continuar el viaje juntos.
La expedición avanzó por un terreno montañoso y difícil, atravesando
desfiladeros y zonas de acantilados, en condiciones climáticas adversas que
afectaron especialmente a los caballos. Durante la marcha, los españoles no
encontraron resistencia indígena, aunque recibieron mensajes de Atahualpa que
reiteraban su presencia en Cajamarca y su disposición a recibirlos.
El 9 de noviembre de 1532, Pizarro acampó en la sierra, donde recibió una
embajada con regalos de Atahualpa, avisándole que este se hallaba hacía cinco
días en Cajamarca. Al día siguiente, la expedición continuó su marcha y volvió a
recibir nuevos emisarios del Inca con información similar, reiterando la
invitación a los españoles para que acudieran a la ciudad. Ciquinchara acompañó
a Pizarro durante todo el camino a Cajamarca.[139] El
avance prosiguió por terreno montañoso y difícil hasta las proximidades de
Llapa, donde la expedición descansó brevemente antes de continuar hacia
Cajamarca.[140]
El 13 de noviembre de 1532 regresó Guachapuro, mensajero tallán enviado por
Pizarro, quien, según Jerez, agredió al emisario de Atahualpa (Ciquinchara) al
encontrarse con él, siendo separado por Pizarro. Informó además que Atahualpa no
se encontraba en Cajamarca sino en los Baños del Inca, con un numeroso ejército,
relantando las dificultades de su misión. No permitieron que hablara
directamente con el Inca, porque estaba ayunando, y se entrevistó, por fin, con
un tío de Atahualpa, quien le requirió por los cristianos, siendo esta su
respuesta:
«Y yo les dije que son valientes hombres y muy
guerreros; que traen caballos que corren como viento y los que van
en ellos, llevan unas lanzas largas, y con ellas matan a cuantos
hallan, porque luego en dos saltos los alcanzan, y los caballos con
los pies y bocas matan muchos. Los cristianos que andan a pie dije
son muy sueltos, y traen en el brazo una rodela de madera con que se
defienden y jubones fuertes colchados de algodón y
unas espadas muy
agudas que cortan por ambas partes, de cada golpe, un hombre por
medio, y a una oveja (nota: llama) llevan la cabeza, y con ella
cortan todas las armas que los indios tienen; y otras traen
ballestas que tiran de lejos, que de cada saeteada matan un hombre y
tiros de pólvora que tiran pelotas de fuego, que matan mucha gente».
Ciquinchara respondió que Atahualpa no estaba en Cajamarca porque sus
alojamientos habían sido preparados para los españoles, y que el Inca
acostumbraba permanecer en campaña debido a la guerra con Huáscar. Añadió que,
durante sus ayunos rituales, el soberano solo trataba con su entorno más
cercano. Pizarro dio por buenas estas explicaciones y reafirmó su confianza en
la disposición pacífica de Atahualpa.[142]
Los españoles continuaron su camino. El 14 de noviembre, descansaron en Zavana,
a falta de un solo día para llegar a Cajamarca. En Zavana recibieron otra
embajada de Atahualpa, con comida.[143] Estando
a solo una legua de Cajamarca, «toda la gente y caballos se armaron, y el
Gobernador los puso en concierto para la entrada del pueblo, e hizo tres haces
de los españoles de pie y de caballo». Los españoles divisaron Cajamarca desde
las alturas de Shicuana, al noreste del valle. Era el mediodía del viernes 15 de
noviembre de 1532. Habían caminado 53 días desde San Miguel de Tangarará.[144][134]
El Inca
Garcilaso de la Vega y Miguel
de Estete aseguran que los españoles encontraron en Cajamarca «gente popular
y algunos de la gente de guerra» de Atahualpa. Además, que fueron bien
recibidos. Otros cronistas, como Jerez, aseguran que los españoles no
encontraron gente en el poblado. Antonio
de Herrera y Tordesillas dice que «sólo se veían en un extremo de la plaza
unas mujeres que lloraban la suerte que el destino reservaba a los españoles que
habían provocado la cólera del emperador indio»[145]
Cuando Pizarro entró en Cajamarca, Atahualpa se encontraba a media legua de la
ciudad, en Pultumarca o los Baños
del Inca, donde había asentado su real, «con cuarenta mil indios de guerra»,
como cuenta Pedro
Pizarro. Este campamento, conformado por extensas hileras de tiendas
blancas, con miles de guerreros y servidores incas, apostados en la falda de una
sierra, debió ofrecer una vista sorprendente a los conquistadores. El cronista
soldado Miguel
de Estete, testigo de los hechos, relata así sus impresiones:
Y eran tantas las tiendas... que cierto nos puso
harto espanto; porque no pensamos que indios pudieran tener tan
soberbia estancia, ni tantas tiendas, ni tan a punto; lo cual hasta
allí en las Indias nunca se vio; que nos causó a todos los españoles
harta confusión y temor…
Embajada española ante Atahualpa
Al llegar a Cajamarca, Francisco Pizarro mandó a Hernando de Soto con veinte
jinetes y el intérprete Felipillo, como embajada para invitar a Atahualpa a
reunirse con él en nombre de Dios y del rey de España. Después de apreciar la
magnitud del campamento inca, Pizarro decidió reforzar la embajada enviando a su
hermano Hernando Pizarro con otros veinte jinetes y el intérprete Martinillo.[146]
Los españoles atravesaron el campamento y llegaron al palacete donde se
encontraba Atahualpa, custodiado por unos 400 guerreros incas. Los españoles
inquirieron la presencia del Sapa Inca, pero este demoró en salir, a tal punto
que inquietó a Hernando, quien ofuscado, ordenó a Martinillo: «¡Decidle al perro
que salga...!»[147].
Tras ser informado de la presencia de los españoles, Atahualpa se animó a salir,
caminando hacia la puerta del palacete y procediendo a sentarse sobre un banco
colorado, siempre tras una cortina que únicamente dejaba ver su silueta.
Soto se acercó a la cortina, aún encabalgado, y presentó la invitación a
Atahualpa, pero el Inca inicialmente lo ignoró y conversó con uno de sus nobles.
Tras un nuevo exabrupto de Hernando Pizarro, Atahualpa ordenó retirar la cortina
que lo ocultaba. Por primera vez, los españoles pudieron ver al soberano inca, a
quien describieron como un hombre de unos 35 años, de cabello largo,[148] vestido
con un traje multicolor y portando la mascapaicha,
insignia del soberano del Tahuantinsuyo.[149]
Atahualpa respondió a Soto que al día siguiente acudiría a reunirse con
Francisco Pizarro en Cajamarca, donde los españoles deberían devolver o
compensar lo tomado durante su paso por sus dominios. Hernando Pizarro intentó
reafirmar su autoridad ante el Inca, pero este continuó dirigiéndose
principalmente a Soto. Durante la conversación, Atahualpa reprochó a Hernando el
trato dado a varios caciques y mencionó los informes de Maizavilca sobre los
enfrentamientos con los españoles, a lo que este respondió desafiando el poder
militar de los incas.
El Sapa Inca ofreció chicha a los españoles, quienes inicialmente dudaron en
beberla por temor a un posible envenenamiento. Tras comprobar el Inca la bebida,
aceptaron el ofrecimiento. Durante el encuentro, Hernando de Soto realizó una
demostración ecuestre ante Atahualpa, quien permaneció impasible incluso cuando
el caballo se aproximó bruscamente a él. Algunos de los servidores del Inca
mostraron temor y por ello fueron castigados. Atahualpa ordenó luego traer más
bebida y todos bebieron. Finalizó la entrevista con la promesa de Atahualpa de
ir al día siguiente a encontrarse con Francisco Pizarro.
Tras la partida de los españoles, Atahualpa ordenó que 20 000 soldados se
apostaran en las afueras de Cajamarca para capturarlos, encargando la operación
a Rumiñahui. Sin embargo, el plan no llegó a ejecutarse debido a la captura del
Sapa Inca al día siguiente.
Los sucesos de Cajamarca
El enfrentamiento de Cajamarca
La hueste española estaba integrada por 165 hombres: 63 jinetes, 93
infantes, 4 artilleros, 2 arcabuceros y 2 trompetas. Además de Francisco
Pizarro, sólo Hernando de Soto y Pedro de Candía eran soldados de profesión.
También contaban con los interpretes Felipillo, Francisquillo y Martinillo, así
como un reducido número de esclavos negros e indígenas auxiliares. No tenían
perros de guerra, pues estos se habían quedado en San Miguel.[153]
La noche del 15 de noviembre de 1532, víspera del encuentro con Atahualpa, el
temor se apoderó de la hueste española ante la superioridad numérica del
ejército inca.[154] Pese
a ello, Pizarro decidió ejecutar un plan inspirado en la captura de Moctezuma
por Hernán Cortés, consistente en sorprender al Sapa Inca y tomarlo prisionero.
Para ello, distribuyó a sus hombres en los edificios que rodeaban la plaza de
Cajamarca. Pedro
de Candía se situó con la artillería en un tambo que dominaba la plaza,
mientras que la caballería y la infantería quedaron divididas en varias
compañías al mando de Hernando de Soto, Hernando Pizarro, Juan Pizarro y el
propio Francisco Pizarro. La señal para iniciar el ataque sería un disparo de
arcabuz, acompañado del grito de «¡Santiago!», tras lo cual debían irrumpir en
la plaza y capturar al Sapa Inca.
Antes de entrar en combate, Pizarro en forma de arenga alentó
a sus hombres:
Los cronistas sitúan hacia las cuatro de la tarde la llegada de Atahualpa a la
plaza de Cajamarca. El Sapa Inca ingresó acompañado por su séquito y una
vanguardia de unos 400 hombres, confiado en que la superioridad numérica de su
ejército intimidaría a los españoles, por lo que sus tropas no iban armadas.
Atahualpa llegó en una litera ricamente adornada, que según Jerez estaba
«guarnecida de chapas de oro y plata» y cubierta con plumas de diversos colores.
Detrás de él iban otras dos literas ocupadas por figuras importantes del
Imperio: el Chinchay Cápac, el gran señor de Chincha, y el otro probablemente
era el Chimú Cápac o en todo caso, el señor de Cajamarca. Los guerreros incas
que entraron en la plaza se estiman entre 6 000 y 7 000, ocupando parte del
recinto.[157]
Francisco Pizarro envió ante Atahualpa al fraile dominico Vicente
de Valverde, acompañado por Hernando de Aldana y el intérprete Martinillo.
Valverde realizó el requerimiento para
que el Sapa Inca aceptara la fe católica y se sometiera al rey de España,
entregándole un breviario o
Evangelio. Las crónicas difieren sobre el desarrollo exacto del diálogo, aunque
coinciden en que Atahualpa rechazó la propuesta, arrojó el libro al suelo tras
examinarlo, exigió la devolución de los bienes tomados por los españoles y
cuestionó su autoridad para imponerle sus demandas, diciendo que si no se
retiraban los mataría.
Tras el intercambio, Valverde regresó junto a Pizarro y le informó de la
reacción del Inca, solicitando la intervención española. Según las crónicas, el
fraile interpretó el gesto de Atahualpa como una ofensa religiosa y alentó a los
españoles a actuar contra él.
A una señal de Francisco Pizarro, los españoles iniciaron el ataque: Pedro de
Candía disparó el falconete, sonaron las trompetas y la caballería, dirigida por
Hernando de Soto y Hernando Pizarro, irrumpió en la plaza. La aparición de los
caballos provocó el pánico entre los incas, quienes intentaron huir en medio de
la confusión, causando numerosas muertes por la aglomeración y el derrumbe de
parte del muro que rodeaba la plaza. Los jinetes españoles persiguieron a los
fugitivos fuera de Cajamarca.[160]
Mientras tanto, en la plaza, Francisco Pizarro avanzó hacia el anda de
Atahualpa, mientras Juan Pizarro y sus hombres atacaban a otros nobles incas.
Los españoles arremetieron especialmente contra los nobles y curacas, que se
distinguían por sus libreas o uniformes con escaques de color morado.[161] Al
final el soberano fue capturado, siendo llevado preso a un edificio, llamado
Amaru Huasi.[162]
De acuerdo con Fernando
de Trazegnies, Pizarro habría decidido mantener con vida a Atahualpa debido
a la importancia política del Sapa Inca como figura de autoridad dentro del
Tahuantinsuyo y como posible intermediario en la incorporación del territorio a
la Monarquía española. Esta estrategia no implicaba necesariamente la
desaparición inmediata del sistema político inca, sino su adaptación bajo
dominio español, como demostraría el posterior reconocimiento de soberanos incas
como Túpac Huallpa y Manco Inca Yupanqui, así como la continuidad de la nobleza
indígena como vínculo entre ambas sociedades.[21]
Jerez estimó en unos 2000 los muertos incas durante el episodio, muchos de ellos
a causa de la estampida y la aglomeración durante la huida. Por ello, algunos
autores han cuestionado la denominación de "batalla" para referirse al
enfrentamiento.[163]
Tras la captura de Atahualpa, los españoles se apoderaron de un abundante botín
compuesto por objetos de oro, plata, textiles y otros bienes, que fue trasladado
a Cajamarca para su reparto. Los metales preciosos alcanzaron aproximadamente 80
000 pesos de oro y 7000 marcos de plata, además de 14 esmeraldas. [164]Debido
a la magnitud del botín, recurrieron a numerosos cargadores indígenas para
transportar principalmente las piezas de oro y plata. Según las crónicas, muchos
de estos indígenas eran partidarios de Huáscar y consideraban a los españoles
aliados contra Atahualpa. Pizarro seleccionó entre ellos a algunos cargadores
para el traslado del botín.
Negociaciones para el rescate de Atahualpa
Los relatos que nos han dejado los cronistas españoles y en especial los de
Pedro Pizarro, que pudo entrevistar al soberano durante su encarcelamiento,
permiten conocer las fuertes emociones que sufrió tras las traumáticas
situaciones del enfrentamiento en la plaza de Cajamarca.
Una vez conducido al recinto de una casa estrecha, Atahualpa había temido por su
vida. Cada vez que un soldado español aparecía en el umbral de su celda, se
ponía rígido ante la expectativa de un golpe fatal, pero el tiempo pasaba y
nadie lo ofendía. Finalmente apareció Pizarro y, a través de un intérprete, le
dijo que se preparara para disfrutar con él de una sencilla cena. El Inca se
esforzó por mantener durante toda la velada un porte lo más digno posible,
respondiendo en pocas palabras a las muchas preguntas que le hacían. Mientras
tanto, estudiaba a sus interlocutores.
Estando en prisión Atahualpa, recibía en visita a los curacas que le traían
obsequios, en oro y plata. El Inca se dio cuenta entonces de que esos metales
preciosos tenían para los españoles otro valor, diferente, al que él y su pueblo
le daban. También se dio cuenta y se convenció de que la única forma de salvarse
era ofreciéndoles gran cantidad de oro y plata. Y así lo hizo. Le propuso a
Francisco Pizarro que le daría, a cambio de su libertad, una sala llena, hasta
donde alcanzaba su mano alzada, con diversas piezas de oro: cántaros, ollas,
tejuelos, etc.; y dos veces la misma sala llena de objetos de plata. La sala,
conocida ahora como el Cuarto
del Rescate, medía 22 pies de largo y 17 de ancho (datos de Jerez).
Atahualpa prometió que cumpliría en reunir toda esa cantidad de metales
preciosos en un plazo de dos meses.
Pizarro, incrédulo, no había pensado en un rescate y aún estudiaba cómo sacar el
mejor provecho de su prisionero real. Evidentemente, el encarcelamiento hirió al
gobernante inca y le provocó alucinaciones. Sin embargo, al ver que el Inca
persistía, le siguió el juego, tal vez pensando que aunque solo obtuviera una
cantidad mínima de oro, sería mejor que nada. Para evitar dudas, Pizarro hizo
venir a un notario y se estipuló un contrato en toda regla.
Pizarro comenzó a tomar una serie de providencias; reforzó la seguridad de
Cajamarca, con obras civiles, en las cuales trabajaron «muchos indios
huascaristas». La vigilancia se hizo permanente, por rondas, de 50 soldados de a
caballo, durante el día y gran parte de la noche. Durante las madrugadas, era de
150 de a caballo, amén de los espías, informantes y vigías de pie; indios y
españoles.
El primer cargamento de oro ofrecido por Atahualpa llegó del sur y lo trajo un
hermano del Inca, «trájole unas hermanas y mujeres de Atahualpa, y trajo muchas
vasillas de oro; cántaros y ollas y otras piezas y mucha plata, y dijo que por
el camino venía más; que como es tan larga la jornada, cansan los indios que lo
traen y no pueden llegar tan aína; que cada día entrará más oro y plata de los
que quedan más atrás». «Y así, entran algunos días veinte mil, y otras veces
treinta mil, y otras cincuenta, y otras sesenta mil pesos de oro en cántaros y
ollas grandes de tres arrobas y de a dos, y cántaros y ollas grandes de plata y
otras muchas vasijas». Pizarro, cambiado de percepción, iba acumulando esas
piezas en uno de los aposentos donde estaba Atahualpa, «hasta que cumpla su
promesa».
Sin embargo, los soldados españoles comenzaron a murmurar que, al ritmo que iba
la recolección, no se llenarían los cuartos o galpones en el plazo fijado. Al
darse cuenta de esos comentarios, Atahualpa propuso a Pizarro que, para agilizar
el acarreo del oro y la plata, enviara a sus soldados, tanto al santuario de Pachacámac,
que se encontraba a «diez jornadas al sur», como a la ciudad del Cuzco, capital
del Imperio, lugares que estaban repletos de esas riquezas. Pizarro aceptó la
propuesta.[167]
La expedición de Hernando Pizarro a Pachacámac
Mientras ocurrían los sucesos de Cajamarca, arribaron al puerto de Manta (actual
Ecuador) seis navíos. El 20 de enero de 1533, Pizarro recibió mensajeros
enviados desde San Miguel de Tangarará, avisándole de tal arribo. Tres de las
naves mayores venían de Panamá, al mando de Diego de Almagro, con 120 hombres.
Las otras tres carabelas llegaron de Nicaragua, con 30 hombres más. En total
desembarcaron 150 hombres, además de 84 caballos, refuerzo apreciable para la
empresa de la conquista. El curaca de Tumbes entró en rebeldía, mas no levantó a
su gente.
Se iniciaba una nueva etapa de la conquista, que fue más de consolidación del
triunfo que habían tenido en la plaza de Cajamarca y de reparto del primer botín
de guerra. A Francisco Pizarro debió preocuparle no sólo la presión de sus
hombres para el reparto del oro y la plata, sino la presión que debían estar
recibiendo sus socios en Panamá y Nicaragua para el pago de los fletes y demás
pertrechos, para demostrar el éxito de su empresa y poder así reclutar más gente
para la empresa, gente que por otro lado debía necesitar con suma urgencia, dada
la escasez de hombres con que contaban.[137]
Siguiendo el consejo de Atahualpa para apresurar la recolecta del oro y la
plata, Pizarro envió a un grupo de españoles a Pachacámac, en la costa del valle
de Lima; se trataba de un célebre santuario de origen preinca,
sede de un oráculo de
prestigio, donde iban en peregrinación los nativos.[168] La
expedición a Pachacámac estuvo al mando de Hernando Pizarro; lo conformaban 14
jinetes, 9 infantes y un número indeterminado de cargueros indígenas. Entre los
expedicionarios se hallaba Miguel
de Estete, quien escribiría una Relación de este viaje.
Para que les sirvieran de guías, Atahualpa entregó a los españoles al gran
sacerdote de Pachacámac y otros cuatro sacerdotes menores; también fueron en la
expedición cuatro orejones o nobles incaicos.[169] Atahualpa
no sentía ningún respeto por el dios Pachacámac,
pues, en una ocasión, no acertó en uno de sus oráculos consultados con respecto
a su persona, durante la guerra contra Huáscar.[170] La
expedición partió de Cajamarca el 5 de enero de 1533 y siguió el camino real o
Qhapaq Ñan. La primera escala importante fue Huamachuco.
Luego siguieron por el Callejón
de Huaylas, Huaylas, Huaraz y Recuay,
bajando a la costa. Pasaron luego por la fortaleza
de Paramonga, Barranca y Chancay,
y entrando al valle de Lima, se detuvieron en el pueblo de Surco,
antes de llegar a Pachacámac, el 2 de febrero de 1533.[171]
Llegado ante el templo principal de Pachacámac (llamado Templo del Sol), que era
una pirámide escalonada, Hernando exigió a los servidores del templo que le
entregaran todo el oro que guardaban. Estos le dieron una pequeña cantidad, que
no contentó al español, quien ingresó al recinto sagrado y subió hasta la cima,
donde se hallaba, dentro de una bóveda pequeña, el ídolo del dios Pachacámac,
tallado en madera. Viéndolo como cosa de idolatría, Hernando sacó la imagen y lo
quemó, aprovechando la ocasión para adoctrinar a los pobladores en la fe
cristiana.[172] La
profanación conmovió a los nativos, quienes temieron una catástrofe como
castigo; sin embargo, nada ocurrió.
Como encontró poco metal precioso en Pachacámac, en los siguientes días,
Hernando mandó mensajeros a los curacazgos aledaños, ordenándoles que trajeran
todo el oro posible. Llegaron cargamentos de distintas zonas, como de Chincha, Yauyos y Huarochirí.
Los españoles reunieron un botín valorado en 90.000 pesos. Según Cieza «es
público entre los indios que los principales y los sacerdotes del templo [de
Pachacámac] habían sacado [de este] más de 400 cargas de oro, lo cual no ha
aparecido ni los indios que hoy son vivos saben donde está».
El 26 de febrero de 1533, Hernando Pizarro partió de Pachacámac y se adentró en
la sierra, rumbo a Jauja,
pues se enteró de que allí se encontraba el general atahualpista Chalcuchímac,
con gente de guerra y más oro. Pasando por la meseta
de Bombón y Tarma,
Hernando llegó a Jauja, el 16 de marzo. Allí, Chalcuchímac lo recibió con
grandes fiestas y comedimientos. Hernando, con astucia, convenció al general
atahualpista para que lo acompañara con sus tropas a Cajamarca: "sería
un deshonor que tan prestigioso general no visite a su majestad inca".
La expedición de Hernando Pizarro regresó a Cajamarca el 14 de abril de 1533,
trayendo «veintisiete cargas de oro y dos mil de plata», pero quizás lo más
importante: traía como rehén al feroz Chalcuchímac, así como el conocimiento del
vasto territorio en que se extendía el Tahuantinsuyo, al que pudo recorrer
gracias a su maravilloso camino o Qhapaq Ñan.
La misión al Cuzco y la muerte de Huáscar
Mientras tanto, el 21 de enero de 1533, ingresó a Cajamarca otro cargamento de
oro y plata, traídos por un hermano de Atahualpa. Fueron «trescientas cargas de
oro y plata en cántaros y ollas grandes y otras diversas piezas».
Francisco Pizarro, desde Cajamarca, comisionó a un orejón o noble incaico
(posiblemente un hermano de Atahualpa), junto con los españoles Pedro Martín de
Moguer, Martín Bueno y Juan de Zárate (que se ofrecieron de voluntarios), para
que viajaran hacia el Cuzco. Su misión era apresurar el envío del oro y plata,
tomar posesión de la capital del Imperio e informarse de su situación.
Los comisionados salieron de Cajamarca el 15 de febrero de 1533, acompañados de
negros esclavos y cientos de nativos aliados. Los españoles iban en hamacas
cargadas por muchos indios y con la confianza que les inspiraba la compañía del
noble incaico, que garantizaba el respeto de los nativos hacia sus personas.
Los tres españoles llegaron a Jauja, continuando a Vilcashuamán,
y finalmente, tras dos semanas de viaje, avistaron la gran ciudad del Cuzco, de
la que sin duda quedaron impresionados. Fueron los primeros europeos en ver la
capital de los incas. Allí se hallaba acantonado el general atahualpista Quizquiz,
con tropas quiteñas que sumaban unos 30000
hombres. Este acogió amigablemente a los españoles, pues iban acompañados del
orejón o noble inca, por lo que les dejó en plena libertad de actuar. Los
españoles procedieron a saquear la ciudad todo lo que pudieron, llegando a
deschapar las planchas de oro del templo de Coricancha.
Al descubrir el acllahuasi o
casa de las vírgenes del sol, se dedicaron a violar a las doncellas.
Los tres españoles retornaron a Cajamarca llevando unas 600 arrobas de oro, no
pudiendo llevar el cargamento de plata, por ser excesivo, dejándolo al cuidado
de Quizquiz, que prometió guardarlo hasta la llegada de Francisco Pizarro. Uno
de esos españoles, Juan de Zárate, que era escribano, informó a Pizarro que «se
había tomado posesión en nombre de su majestad en aquella ciudad del Cuzco»,
entre otras cosas, como el número y descripción de las ciudades existentes entre
Cajamarca y el Cuzco, de la cantidad de oro y plata recogidas. Un dato
importante que informaron a Pizarro fue la presencia en el Cuzco del general
Quízquiz con «treinta m.
1851).
Atahualpa, en su prisión, se mostraba desenvuelto, alegre y conversador con los
españoles, aunque sin perder nunca su solemnidad de gran monarca. Sus captores
le permitieron tener todas las comodidades, siendo atendido por sus servidores y
sus mujeres. Demostraba tener una inteligencia superior. Los españoles le
enseñaron a jugar ajedrez y a los dados.[181]
Atahualpa recibía todas las noches la visita de Francisco Pizarro. Ambos cenaban
y conversaban a través de un intérprete. En una de esas conversaciones, el
español se enteró de que Huáscar, el hermano y rival de Atahualpa, estaba vivo y
prisionero de los atahualpistas, en las cercanías del Cuzco. Pizarro hizo
prometer a Atahualpa que no mataría a su propio hermano y que lo trajese a
Cajamarca sano y salvo.[182]
En efecto, Huáscar fue trasladado con dirección a Cajamarca, a través de los
caminos de la cordillera, con los hombros horadados con las cuerdas que
arrastraban sus custodios. En algún momento Huáscar, ya enterado de la prisión
de Atahualpa a manos de extrañas gentes, se enteró de que aquel había ofrecido
un enorme tesoro en oro y plata por su libertad. Se dice que en ese momento,
Huáscar dijo en voz alta que él era el verdadero dueño de todos esos metales, y
que se los entregaría a los españoles para salvarse y sería Atahualpa el que
fuera muerto. Al parecer, ello llegó a oídos de Atahualpa, quien decidió
entonces eliminar a Huáscar antes de que se encontrara con los españoles,
enviando un mensajero con el encargo. Los atahualpistas cumplieron la misión:
arrojaron a Huáscar desde un acantilado al río Andamarca (en la sierra de Áncash). Asimismo,
la mujer y la madre de Huáscar, que le acompañaban en su cautiverio, fueron
asesinadas. Ello debió ocurrir por el mes de febrero de 1533.
Llegada de Almagro y reparto del tesoro
El 25 de marzo de 1533, poco antes del retorno de Hernando Pizarro de Pachacámac,
arribó Diego de Almagro a Cajamarca. Traía 120 hombres de Tierra Firme y 84
caballos, más los 30 soldados procedentes de Nicaragua que se le sumaron en la
bahía de San Mateo. En total, 150 hombres. Entre ellos estaban el tesorero
Alonso de Riquelme, y dos de los Trece de la Fama, Nicolás
de Ribera y Laredo y Martín
de Paz. También estaban Nicolás
de Heredia, Juan
de Saavedra, entre otros.[185]
Almagro y sus hombres quedaron completamente decepcionados al enterarse de que
no les correspondía nada del fabuloso rescate del Inca, pues habían llegado muy
tarde. Sin embargo, se tranquilizaron en algo al saber que, en adelante, todo lo
recaudado se repartiría entre todos. Pero para que ello pudiera ser viable debía
morir el Inca.[186] Fue
por eso que Almagro fue uno de los que más instigó la ejecución de Atahualpa,
contra la opinión de los hermanos Francisco y Hernando Pizarro, en especial de
este últim
Mientras tanto, seguían llegando a Cajamarca los cargamentos de metales
preciosos. El 28 de marzo de 1533 entró un envío de oro y plata procedente de
Jauja, que traía «ciento siete cargas de oro y siete de plata».
Pizarro y los suyos, ansiosos por repartirse el rescate, no esperaron a que se
llenaran las habitaciones y dispusieron el inicio de la tarea del reparto. El 13
de mayo de 1533, se empezaron a fundir las piezas de oro y plata, labor que
realizaron metalistas indígenas, de acuerdo con su método. Los tomó un mes
entero en realizar la labor.[187] Comúnmente
se fundían cada día cincuenta o sesenta mil pesos. No entró en la fundición el
trono o sitial que el Inca usaba cuando entró en andas en la plaza de Cajamarca,
el cual era una pieza de gran valor, pues era oro de 11 quilates y pesaba 83
kilos. Esta pieza quedó en poder de Francisco Pizarro.
El 17 de junio de 1533, culminada la fundición, Francisco Pizarro ordenó por
bando el reparto del botín. Al día siguiente presidió dicho reparto.[189] La
suma total del oro alcanzó «un millón y trescientos veintiséis mil quinientos
treinta y nueve pesos de oro» (1.326.539 pesos de oro). El total de plata
fundida se valorizó en «cincuenta y un mil seiscientos diez marcos.» (51.610
marcos de plata). Para dar una idea de la magnitud del valor del oro, Prescott
dice que «teniendo presente el mayor valor de la moneda en el sigloXVI,
vendría a equivaler en el actual (sigloXIX)
a cerca de tres millones y medio de libras esterlinas o poco menos de quince
millones y medio de duros… La historia no ofrece ejemplos de semejante botín,
todo en metal precioso y reducible como era a dinero constante.»
Luego de pagar los derechos del fundidor español (1% del total, que da 13.421
pesos), se separó el quinto
real para la Corona española, que fue de 262.259 pesos de oro de alta
pureza. En cuanto a la plata, a la Corona le tocó 10.121 marcos.
Pizarro, según su criterio, premió a unos con más y a otros les quitó algo. A
continuación, reseñamos algunos datos tomados del acta de repartición del
rescate de Atahualpa levantada por el escribano Pedro
Sancho de la Hoz. Para el obispado de Tumbes se separó 2220 pesos de oro y
90 marcos de plata. A Pizarro, el gobernador, se le otorgaron 57.220 pesos de
oro y 2350 marcos de plata. A Hernando Pizarro le correspondió 31.080 pesos y
1267 marcos; a Hernando de Soto, 1.740 pesos y 724 marcos; a Juan Pizarro,
11.100 pesos y 407,2 marcos; a Pedro de Candía, 9.909 pesos y 407,2 marcos; a
Sebastián de Benalcázar, 9.909 pesos y 407.2 marcos… Los de a caballo recibieron
en total 610.131 pesos de oro y 25.798,60 marcos de plata, lo que da un promedio
individual de 8880 pesos de oro y 362 marcos de plata. Los de infantería
recibieron en total 360.994 pesos de oro y 15.061,70 marcos de plata, lo que da
un promedio individual de 4.440 pesos de oro y 181 marcos de plata. Algunos más
o algunos menos; se trata solo de promedios.[191]
También se entregó unos 15.000 pesos de oro a los vecinos que quedaron en San
Miguel. A pesar de que a Diego de Almagro y su hueste no le correspondía nada
del rescate, Pizarro quiso mostrarse algo generoso y les otorgó 20.000 pesos de
oro para que se repartieran entre todos ellos (150 hombres), es decir, a cada
uno les correspondió muchísimo menos que a los caballeros e infantes que
intervinieron directamente en la captura de Atahualpa (si tenemos en cuenta que
a cada uno de estos se les dio una cifra que va de 4.000 a 8.000 pesos).[191] Almagro
había pedido que a él y a sus compañeros les tocase la mitad que a los de
Cajamarca. Como no se pusieron de acuerdo, fue otro motivo para que ambos socios
se distanciasen más, arrastrando en sus diferencias a los soldados que estaban
bajo el mando de cada uno de ellos.
Pablo Macera nos da cifras calculando el peso del oro y la plata en
kilogramos: «El Rescate de Atahualpa consistió en 6,087 kilogramos de oro y
11,793 kilogramos de plata. A cada soldado a caballo le tocaba 40 kilogramos de
oro y 80 kilogramos de plata. A los peones, la mitad. A los soldados con perros
más que a los peones. A Pizarro 7 veces lo que a un jinete de caballo, además
del trono de Atahualpa que pesaba 83 kilogramos de oro. Los sacerdotes
recibieron la mitad de un peón.»
Muchos españoles decidieron entonces retornar a España, con miras a disfrutar en
su patria de las riquezas que habían conseguido; y así fue que unos treinta de
los que participaron en la captura del Inca, colmados de oro y plata, arribaron
a principios de 1535 a Sevilla. Sin embargo, no habían podido enterarse de que,
por orden de Carlos I, todos sus bienes les serían confiscados apenas al
desembarcar, ya que el emperador estaba reuniendo fondos para costear sus
empresas de conquista en el norte de África.[192] Dice
el cronista Jerez, uno de los que abandonó la conquista, que era tanta la
abundancia de dinero que hizo que aumentara enormemente el valor de las cosas.
Se ha dicho que fue la primera inflación de la historia del Perú.[n
3] Este
fenómeno se produjo también en España, cuando llegaron a Sevilla los tesoros
procedentes del Perú.
Los conquistadores pudieron hacer todo ello gracias a la cooperación prestada
por los indígenas y a la tranquilidad que reinaba en el Imperio. Nada turbó la
paz de los españoles: ninguno de los generales de Atahualpa, ni Rumiñahui en el
norte, ni Chalcuchímac en el centro, ni Quizquiz en el sur, movilizaron sus
ejércitos, posiblemente en acatamiento de lo ordenado por el Sapa Inca que
esperaba confiado su libertad. Ya vimos que incluso Chalcuchímac fue traído a
Cajamarca por Hernando Pizarro, donde quedó vigilado;[193] incluso,
fue torturado con fuego para que revelara el lugar donde ocultaba el tesoro del
rescate proveniente del Cuzco. El general atahualpista se limitó a responder que
todo el oro lo guardaba Quizquiz en dicha ciudad. Sufrió quemaduras en las
piernas y quedó bajo la custodia de Hernando Pizarro.[194]
Viaje de Hernando Pizarro a España
El 12 de junio de 1533, Hernando Pizarro partió de Cajamarca, rumbo a España,
comisionado para llevar lo que hasta ese día se había separado del Quinto
Real. Francisco Pizarro se deshacía así de uno de los más fervorosos defensores
de la vida del Inca; evidentemente planeaba acabar ya con el problema que
significaba la prisión de Atahualpa.
Hernando
llegó a San Miguel de Tangarará; ahí embarcó rumbo a Panamá. Cruzando el istmo,
se embarcó nuevamente, rumbo a Sevilla, España. La primera de las cuatro naos,
llegó a Sevilla, el 5 de diciembre de 1533, con los españoles Cristóbal de Mena
y Juan de Sosa (misionero de la Orden de La Merced); el oro y la plata que se
desembarcó de dicha nao,
ascendía a 38.946 pesos. El 4 de enero de 1534, arribó y ancló en Sevilla la
nao Santa María del Campo, en donde estaba embarcado Hernando
Pizarro.
Desembarcó con 153.000 pesos de oro y 5.048 marcos de plata. Todo lo traído de
Perú, fue depositado en la Casa
de la Contratación de Indias; de ahí fue trasladado al aposento del rey de
España. Finalmente, el 3 de junio de 1534, llegaron las otras dos naos, en donde
estaban embarcados Francisco
de Jerez, primer secretario del gobernador Francisco Pizarro y Francisco
Rodríguez, en una y otra nao; se desembarcó de estas naos, 146.518 pesos de oro
y 30.511 marcos de plata. Villanueva dice que el total desembarcado por las
cuatro naos «… fue valorizado en 708.580 pesos. El peso y el castellano eran
monedas equivalentes; pero cada uno era igual a 450 maravedíes. Sólo el oro
fundido (convertido en barras y otros pedazos) se valorizó en 318.861.000
maravedíes. La plata fundida valió 180.307.680 maravedíes».
Proceso y ejecución de Atahualpa
Uno de los acontecimientos de la conquista del Perú del cual se carece de
documentación fidedigna es el proceso que se le siguió al Inca Atahualpa. Todo
indica que Pizarro nunca tuvo la intención de dejar libre al Sapa Inca. Cuando
terminó el reparto del rescate, la situación de los españoles en Cajamarca se
tornó espinosa para Pizarro. Especialmente por la gente que había llegado con
Almagro, que estaban ansiosos por entrar en acción y marchar al sur, hacia los
territorios aún desconocidos.[197]
El carácter del Inca y su digno comportamiento, hicieron que muchos de los
capitanes de Pizarro tomaran partido por su persona (incluido el propio
Pizarro). De entre ellos sobresalen Hernando de Soto y Hernando Pizarro, que se
opusieron tenazmente a la muerte del Atahualpa. En especial, se resalta la
amistad que trabó Hernando Pizarro con el Inca. En cuanto a Soto, se dice que
quería que Atahualpa fuera llevado a España. Pero otros, los más, deseaban la
eliminación del Inca, entre los que se contaban Almagro y los suyos (quienes
querían de una vez salir de Cajamarca y continuar con la conquista), el cura
Valverde (que se escandalizaba por los “pecados” del Inca), el tesorero Riquelme
y otros más.[198]
También es de mencionar el papel desempeñado por el intérprete Felipillo, que
puso sus ojos en una de las jóvenes prometidas de Atahualpa, Cuxirimay
Ocllo,[n
5] lo
que le atrajo la ira del Inca. Tuvo que intervenir el mismo Pizarro para obligar
a Felipillo a desistir de sus pretensiones. El intérprete se vengó del Inca
transmitiendo noticias alarmantes a los españoles, fingiendo que aquel preparaba
su fuga en connivencia con sus generales y planeaba la muerte de todos los
cristianos.[199]
Pizarro solo habría fallado por la ejecución por presión de sus socios
almagristas que argumentaban que más importaba la seguridad de la empresa (ya
que los soldados españoles no tendrían posibilidad de ganarle al ejército
incaico, en caso volviera la hostilidad), mientras que los pizarristas eran más
partidarios de enviar a Atahualpa a España a entablar relaciones con Carlos
I de España (mientras la facción almagrista rechazo tal opción arguyendo
falta de tiempo, influyendo en que Francisco Pizarro se deshiciera de los
defensores de Atahualpa para evitar una guerra civil entre españoles).[200][201]
Francisco Pizarro utilizó una vez más la astucia, urdiendo todo un esquema para
deshacerse de Atahualpa. Su hermano Hernando ya estaba lejos, comisionado para
llevar el Quinto Real a España. Solo quedaba Hernando de Soto como único
opositor prominente de la muerte del Inca. Pizarro, aprovechando las denuncias
formuladas contra el Inca, en el sentido de que estaba en secretas connivencias
con sus capitanes para atacar a los españoles por sorpresa, despachó a Hernando
de Soto con una fuerte dotación hacia Huamachuco, a fin de comprobar y batir si
era preciso a los nativos que se hallaran en pie de guerra. Apartado así Soto,
Pizarro hizo abrir un proceso al Inca con la finalidad de justificar la
sentencia de muerte que le tenía reservada.[202]
El tribunal que juzgó a Atahualpa fue un consejo
de guerra. Lo presidió el mismo Francisco Pizarro. Lo integraba un “doctor”
(no identificado) y un escribano (posiblemente Pedro
Sancho de la Hoz). También es probable que lo conformasen el tesorero Alonso
de Riquelme, el alcalde mayor Juan de Porras, el fraile Vicente
de Valverde y algunos capitanes como Diego
de Almagro, Pedro
de Candía, Juan
Pizarro y Cristóbal
de Mena. También se nombraron un fiscal, un defensor del reo y se citaron
diez testigos. El juicio fue sumario y se realizó en Cajamarca, iniciándose el
25 de julio de 1533, y culminando al amanecer siguiente.[203] Se
dice que las respuestas del Inca, como las declaraciones de los testigos
debieron ser amañadas y modificadas por el intérprete Felipillo, quien así
remataba su venganza contra el Inca.
Vargas Ugarte dice que sobre el proceso, «no conocemos ni ha llegado a nuestras
manos y por lo tanto, sobre el mismo no existen sino conjeturas». Agrega que las
famosas preguntas del proceso mencionadas en la Historia
General del Perú (Libro 1, capítulo 37) del Inca
Garcilaso de la Vega, «o fueron un amaño del Inca Historiador, bastante
propenso a tejer estas marañas, o bien, se las sugirió a él, o a alguno de los
cronistas de entonces los partidos del Cuzco que, en el hermano de Huáscar no
veían sino un usurpador sanguinario». Sin embargo, el historiador Del Busto
considera que esas preguntas bien pueden] Las
preguntas que transcribe Garcilaso fueron las siguientes:
¿Qué mujeres había tenido Huayna Cápac? ¿Si Huáscar
era hijo legítimo y Atahualpa bastardo? ¿Si Huayna Cápac había
tenido otros hijos fuera de los citados? ¿Cómo había llegado
Atahualpa a adueñarse del Imperio? ¿Fue Huáscar declarado heredero
de su padre o lo destituyó éste? ¿Cuándo y cómo tuvo lugar la muerte
de Huáscar? ¿Atahualpa forzaba a sus súbditos a sacrificar a sus
dioses mujeres y niños? ¿Habían sido justas las guerras que movió
Atahualpa, pereciendo en ellas mucha gente? ¿Habían derrochado las
riquezas del Imperio? ¿Favoreció a sus parientes en estos derroches?
¿Hallándose preso, dio órdenes para que se diese muerte a los
españoles?
Atahualpa fue hallado culpable de idolatría, herejía, regicidio, fratricidio,
traición, poligamia e incesto y fue condenado a morir quemado en la hoguera. La
sentencia se dio el 26 de julio de 1533 y para ese mismo día se programó la
ejecución de la misma. Atahualpa rechazó todas las acusaciones y solicitó hablar
en privado con Pizarro, pero este se negó.[206]
A las 7 de la noche Atahualpa fue sacado de su celda y llevado al centro de la
plaza, donde se hallaba clavado un tronco. Allí, rodeado de los soldados
españoles que portaban antorchas y del cura Valverde, fue puesto de espaldas al
tronco y luego atado fuertemente, mientras que a sus pies eran arrimados leños.
Un español se acercó con una tea encendida. Viendo que iba a ser quemado,
Atahualpa entabló un diálogo con Valverde. Preocupado por el hecho de que su
cuerpo fuera consumido por las llamas y no conservado como se estilaba entre los
incas, aceptó la oferta que Valverde le hizo, es decir, bautizarse como
cristiano para de esa manera cambiar la pena de hoguera por la del garrote
(ahorcamiento); de esa manera su cuerpo sería enterrado.[n
6] Fue
bautizado allí mismo y le pusieron de nombre Francisco (no Juan, como algunas
versiones dicen). Luego se le enrolló una soga al cuello ajustándola al tronco,
y aplicando un torniquete, se procedió a su estrangulamiento (26 de julio de
1533).[207]
Ha habido mucha discusión sobre la fecha de este acontecimiento. Prescott
menciona el 29 de agosto como la fecha de la ejecución del Inca. Pero María
Rostworowski la considera errónea:
«…parece lógico suponer que la muerte del Atahualpa
ocurriera después del 8 de junio y antes del 29 de julio de 1533.
Los españoles se quedaron aún unos días en Cajamarca preparando la
partida que tuvo lugar hacia mediados de agosto. El día 26 [de
agosto] ya estaban en Andamarca y el dos de septiembre en Huaylas.
Es importante aclarar la fecha de la muerte de Atahualpa y
rectificar que no tuvo lugar el 29 de agosto como ha sido sugerido
sin fundamento alguno».
Fue el historiador peruano Rafael
Loredo quien fijó la fecha en el 26 de julio, basándose en un documento que
halló en el Archivo
de Indias de Sevilla en
1954, donde se dice lo siguiente:
“Y en dicho pueblo de Caxamalca en treinta y un días
del dicho mes de julio en presencia de los dichos oficiales de S.M.
manifestó Francisco Pizarro mil ciento ochenta y cinco pesos en
piezas labradas de indios que dijo que se le había dado el cacique
Atahualpa y manifestóles después de la muerte de dicho Atahualpa
cinco días”.
Lo que, haciendo cuentas, nos da la fecha de 26 de julio de 1533. El historiador
Del Busto apoya esta fecha.[210]
De hecho, y pese a la creencia popular, cronistas como Pedro
Cieza de León o Pedro
Pizarro mencionan que Pizarro quedó deprimido por haber asesinado a quien ya
había logrado apreciar y considerar como un amigo (pues ambos comían y jugaban a
cartas, ajedrez o dados), a palabras de Pedro Pizarro: «Yo vide
llorar al marqués de pesar por no podelle dar la vida…».[211]
Muerto Atahualpa, terminó la dinastía de los Incas, que gobernaron el Imperio
más grande de la América precolombina (aunque Atahualpa no fuera reconocido por
las panacas reales cusqueñas, los españoles si lo consideraron Sapa Inca). Para
guardar las apariencias, y tener un seguro hasta la toma del Cuzco, Francisco
Pizarro, decidió nombrar otro Inca, título que recayó en otro de los hijos del
inca Huayna Cápac: Túpac
Hualpa, que los cronistas españoles nombran como Toparpa, un gobernante
títere, que reconoció vasallaje al rey de España.
Consolidación de la presencia española (1533–1535)
Marcha hacia el Cuzco
Tras consolidar su dominio en el norte del Tahuantinsuyo, Francisco Pizarro
controlaba solo la región comprendida entre San
Miguel de Piura y Cajamarca.
El resto del territorio permanecía bajo el poder de los atahualpistas. Aunque
contaban con el apoyo de curacas aliados, de los partidarios de Huáscar y de
diversos pueblos andinos contrarios a Atahualpa, el avance hacia el Cuzco seguía
siendo incierto. Las fuerzas atahualpistas, dirigidas por el general Quizquiz,
mantenían posiciones defensivas en la ruta hacia la capital imperial.
En ese contexto, tras la captura de Atahualpa en Cajamarca, los cañaris establecieron
contacto con los españoles y ofrecieron su alianza. Su oposición al dominio de
Atahualpa los convirtió en uno de los primeros grupos del Tahuantinsuyo en
colaborar con los conquistadores. Poco después, se sumaron los chachapoyas, huaylas, huancas, chankas,
así como de algunos nobles del bando huascarista del Cuzco. Con el apoyo de
estas alianzas iniciales, Pizarro organizó su ejército en Cajamarca y partió a
la conquista del Cuzco.
Pizarro decidió partir desde Cajamarca con dirección al sur. Antes de iniciar la
marcha, envió a diez soldados a San Miguel para recibir los refuerzos y
suministros que llegaran desde Panamá o Nicaragua, con orden de reunirse luego
con la expedición.
El ejército español salió de Cajamarca el 11 de agosto de 1533. Lo integraban
cerca de 400 soldados europeos, númerosos guerreros indígenas aliados
(principalmente huancas, cañaris y cajamarcas) y cargueros nativos, en su
mayoría cajamarcas, encargados de transportar el oro y la plata. Entre los
prisioneros iba Chalcuchímac,
general atahualpista, aún convaleciente de las torturas sufridas en Cajamarca,
pero considerado por los españoles un líder peligroso.
La vanguardia estaba encabezada por Túpac
Hualpa, el Inca designado por los españoles, acompañado de su séquito.
Detrás marchaban los soldados, seguidos por los cargueros indígenas, y
finalmente los jinetes cerraban la columna. Ese primer día acamparon junto a un
afluente del valle de Cajamarca, donde recibieron la noticia del asesinato de
Huari Tito, hermano de Túpac Hualpa, cometido por atahualpistas mientras
inspeccionaba los caminos y puentes.
El 14 de
agosto la expedición llegó a Cajabamba y
el 17 a Huamachuco.
Esta ciudad, centro principal del antiguo señorío de Huamachuco, era un
importante santuario dedicado al dios Catequil.
Sus habitantes, resentidos por la profanación del santuario y la ejecución de su
sacerdote ordenadas por Atahualpa, recibieron a los españoles como aliados. Tras
descansar dos días, Pizarro continuó hacia el sur y envió una avanzada dirigida
por Diego de Almagro. Ambos grupos se reencontraron en el valle de Huaylas el 31
de agosto, donde permanecieron una semana para reagruparse antes de continuar
hacia el sur. El paso por esta región resultó decisivo para consolidar la ruta
andina que conduciría al Callejón de Huaylas y, posteriormente, al Cuzco
El 8 de septiembre la expedición avanzó por el callejón de Huaylas, pasando por
Andamarca, Corongo, Yungay, Huaraz y Recuay.
El 1 de octubre alcanzaron Cajatambo,
donde Pizarro reforzó la vanguardia y la retaguardia ante el riesgo de
levantamientos locales. Observó que muchos pueblos estaban deshabitados, lo que
interpretó como señal de resistencia.
El 2 de octubre los españoles partieron de Cajatambo y llegaron al día siguiente
a Oyón.
El 4 de octubre cruzaron la cordillera
de Huayhuash, bordeando la laguna
de Chinchaycocha y divisando el río
Mantaro.[217] Informantes
locales advirtieron a Pizarro que los generales atahualpistas Inquillabilla,
Yquaparro y Motay reclutaban tropas en Bombón (Pumpu) y seguían los movimientos
españoles gracias a noticias enviadas por Chalcuchíma, quien fue entonces puesto
bajo estricta vigilancia.[218] Según
el cronista Sancho de la Hoz, los atahualpistas deseaban enfrentarse a los
conquistadores porque “veían la tierra ganada por los españoles y querían
gobernarla ellos”.
El 7 de octubre los españoles ocuparon Bombón. Pizarro temió un ataque inminente
y extremó la vigilancia. Esa noche supo que en las cercanías de Jauja se
concetraban las fuerzas quiteñas y otros grupo aliados, que planeaban replegarse
al Cuzco tras devastar la zona para impedir el abastecimiento enemigo. Pizarro
decidió avanzar sin demora hacia Jauja, llevando encadenado a Chalcuchímac como
rehén.[218] Con
esta decisión, consolidó la ruta del valle del Mantaro como eje principal de la
marcha hacia el Cuzco y de las futuras expediciones españolas en la sierra
central.
En Chacamarca hallaron 70.000 pesos de oro, parte del rescate de Atahualpa que
había quedado allí. Pizarro dejó el tesoro bajo custodia y prosiguió la marcha.
El 10 de octubre alcanzaron Tarma,
donde acamparon bajo lluvia y granizo y padecieron la falta de alimentos y agua.
Al amanecer reanudaron el avance hacia Jauja,[219]cuya
próxima ocupación marcaría el establecimiento del primer centro administrativo
español en la sierra central antes del ingreso al Cuzco.
A dos leguas de Jauja, Francisco Pizarro dividió su ejército para asegurar la
entrada al valle.
Al aproximarse, comprobó que el poblado permanecía intacto y fue recibido
cordialmente por los huancas, habitantes
del valle del Mantaro, aliados de los españoles desde la caída de Atahualpa.[220] Su
apoyo reforzó la posición de Pizarro antes del enfrentamiento con las fuerzas
atahualpistas.
En Jauja, Pizarro se enfrentó a las fuerzas atahualpistas comandadas por los
generales Yurac Huallpa e Ihua Paru. Los españoles, con apoyo de sus aliados
huancas, emboscaron a las fuerzas contrarias y las derrotaron, en un combate que
culminó con la masacre de los atahualpistas. Este episodio, conocido como la
batalla de Jauja o batalla de Huaripampa, consolidó el control de Pizarro sobre
el valle del Mantaro.
Las fuerzas atahualpistas vencidas formaban parte del contingente principal
dirigido por los generales Inquillabilla, Yquaparro y Motay, acampados a unas
seis leguas de Jauja y en comunicación constante con el ejército de Quizquiz,
establecido en el Cuzco. Al conocer su posición, Pizarro envió un destacamento
para enfrentarlos, pero las fuerzas atahualpistas lograron hacer retroceder a
los españoles. Posteriormente, Pizarro intentó atacarlos por sorpresa, pero las
fuerzas atahualpistas anticiparon la maniobra y destruyeron los puentes
estratégicos del camino, lo que impidió el avance español hacia el Cuzco.
Muerte
de Túpac Hualpa
En Jauja murió Túpac Hualpa en circunstancias no esclarecidas. Según las
crónicas de Pedro
Cieza de León y Pedro
Sancho de la Hoz, ya se hallaba enfermo desde su partida de Cajamarca y que
su estado se agravó durante el viaje, hasta perder el conocimiento y fallecer
poco después.
Tras su fallecimiento, circuló el rumor de que el general Chalcuchímac lo había
envenenado con un brebaje administrado en Cajamarca. Francisco Pizarro desestimó
inicialmente esa versión y convocó a una reunión con Chalcuchímac y otros nobles
incas para designar a un nuevo soberano. Durante la deliberación resurgieron las
divisiones entre los partidarios de Huáscar y los de Atahualpa. Chalcuchímac
propuso a Ataoc (o Aticoc, según algunas crónicas), quien habría sido hijo de
Atahualpa y originario de Quito, mientras que los nobles del Cuzco apoyaron a Manco
Inca, hermano del Inca fallecido. Dado que el ejército español se encontraba
ya próximo al Cuzco, Pizarro respaldó al candidato cuzqueño
Mientras se buscaba al nuevo soberano, Pizarro envió destacamentos hacia la
costa para reconocer lugares adecuados para fundar puertos. Permaneció en Jauja
a la espera de los resultados y, al mismo tiempo, ordenó otra expedición hacia
el Cuzco para reparar los puentes destruidos durante las campañas anteriores.
Asentamiento español en Jauja
Tras la victoria sobre las fuerzas atahualpistas, Francisco Pizarro decidió
establecer una población española en el valle del Mantaro, con el fin de
asegurar la ruta hacia el Cuzco y disponer de un punto intermedio entre la costa
y la sierra central. La elección del lugar respondió a la fertilidad del
territorio y al apoyo ofrecido por los huancas, quienes proporcionaron víveres,
alojamiento y asistencia militar.
Pizarro comunicó su proyecto a los expedicionarios, y alrededor de ochenta
españoles solicitaron ser admitidos como vecinos para resguardar el oro y la
plata del tesoro de Atahualpa, mientras el resto continuaba la marcha hacia el
sur. Sin embargo, antes de concretar la fundación, el conquistador recibió
noticias de sus aliados huancas sobre nuevas incursiones atahualpistas en los
alrededores, lo que lo llevó a posponer el establecimiento.
Dejó una pequeña guarnición al mando del tesorero Alonso de Riquelme y partió
con el resto de su ejército hacia el Cuzco el 27 de octubre de 1533, tras
permanecer quince días en Jauja. El capitán Hernando de Soto se había adelantado
con una avanzada de jinetes.[222]
Batalla de Vilcas o Vilcashuamán
Durante la marcha por el valle del Mantaro, las tropas españolas continuaron
recibiendo apoyo de los huancas, cuya colaboración fue decisiva en el avance
hacia el Cuzco. El 30 de octubre de 1533 llegaron a Panarai (actual Paucaray)
y luego a Tarcos (actual Parcos), donde un curaca local informó a Pizarro sobre
el paso de Hernando de Soto, que se preparaba para enfrentar a las fuerzas
atahualpistas en Vilcas (actual Vilcashuamán). El 3 de noviembre[223],
al llegar a un asentamiento cercano —probablemente el actual Tambillo de
Illahuasi—, Pizarro recibió una carta de Soto relatando el combate librado en
Vilcas.
Hernando de Soto había partido como avanzada con un destacamento de jinetes
españoles y numerosos aliados huancas. Su destino era Vilcas, donde se hallaba
una fortaleza incaica que funcionaba como centro administrativo y militar del
Tahuantinsuyo, bajo el mando del general atahualpista Apo Maila. En ese momento,
las fuerzas quiteñas estaban fuera de la ciudad realizando un chaku o
cacería colectiva, lo que permitió a Soto ocupar la ciudadela y tomar
prisioneras a las mujeres que la habitaban.
Al conocer la incursión, Apo Maila regresó para recuperar la plaza. Hacia fines
de octubre de 1533 se produjo el combate. Las fuerzas españolas y sus aliados
indígenas fueron rodeadas, pero lograron resistir el ataque. Apo Maila murió
durante la batalla, lo que provocó la dispersión de sus tropas. Los
atahualpistas intentaron reorganizarse, pero Soto, para evitar nuevas pérdidas,
inició negociaciones y liberó a las mujeres cautivas.
La ofensiva indígena concluyó cuando Quizquiz ordenó la retirada hacia el sur al
conocer la aproximación de Pizarro con el grueso del ejército. La maniobra puso
fin a los enfrentamientos en la zona y permitió a las fuerzas españolas asegurar
su avance hacia el Cuzco.
La presencia de Chalcuchímac, prisionero de los españoles, también influyó en la
reducción de los ataques atahualpistas. Las tropas de Quizquiz temían que una
ofensiva provocara su ejecución, ya que el general era muy estimado entre los
guerreros quiteños.
Continúa la marcha española
Francisco Pizarro llegó a Vilcas el 4 de noviembre de 1533 y comprobó que Soto
había partido dos días antes. Al día siguiente, reanudó la marcha hacia el sur.
En las cercanías de Curamba observó
grandes piedras dispuestas estratégicamente en las laderas, lo que interpretó
como una posible defensa. Temiendo que Soto hubiera sido atacado nuevamente,
envió a Diego de Almagro con un destacamento de caballería en su auxilio.[225]
El 6 de noviembre Pizarro entró en Andahuaylas (llamada
Andabailla por los españoles) sin encontrar resistencia y acampó allí. Al día
siguiente continuó hacia Airamba, donde recibió una carta de Hernando de Soto
informando que se dirigía hacia el Cuzco. Señalaba que el camino estaba
despejado y que aún no había logrado reunirse con Diego de Almagro, lo que
confirmaba que ambos destacamentos seguían avanzando por rutas separadas.
Tras abandonar Andahuaylas, Pizarro avanzó por Curahuasi.
Cerca del río
Apurímac recibió una nueva carta de Soto, en la que le comunicaba que se
encontraba cercado en Vilcaconga por un numeroso contingente de guerreros
atahualpistas. La comunicación terminaba abruptamente y el mensajero indígena no
pudo aportar más información, ya que había partido de noche y desconocía el
desenlace. Este silencio llevó a Pizarro a temer que la fuerza de Soto hubiera
sido destruida.
Batalla de Vilcaconga
Durante el avance hacia el Cuzco, Soto decidió adelantarse con un grupo de
jinetes españoles para llegar antes a la capital inca y apropiarse de sus
riquezas. Después de vadear un río cuyo puente había sido destruido, se encontró
con tropas atahualpistas que lo enfrentaron en la empinada cuesta de Vilcaconga
el 8 de noviembre de 1533. Estas fuerzas pertenecían al ejército de Quizquiz y
contaban con el apoyo de guerreros tarmas, procedentes del valle
andino de Tarma. El jefe de las tropas era Yurac Huallpa.
Los tarmas se habían aliado con Quizquiz tras sufrir una afrenta de Soto, quien
había mutilado a sus emisarios por desconfiar de ellos y temer un engaño.
Aprovechando el cansancio de los españoles, los atahualpistas atacaron durante
el ascenso por la cuesta. En el enfrentamiento murieron cinco jinetes: Hernando
de Toro, Francisco Martín (“el narigudo”), Rodas (sastre), Gaspar de Marquina,
de origen vasco, y Miguel Ruiz. Los cronistas relatan que fueron rodeados y
abatidos con hachas y porras.
Tras el primer ataque, los atahualpistas se replegaron a una colina cercana a la
espera de un combate abierto, de acuerdo con las prácticas bélicas andinas. Soto
fingió una retirada hacia el llano para atraerlos y, cuando parte de las tropas
quiteñas los persiguió, la caballería española contraatacó y logró desorganizar
sus filas. Al observar la derrota, el resto del ejército atahualpista se retiró
y ambos bandos acamparon a poca distancia.
Poco después llegó Diego de Almagro con un contingente de refuerzo, lo que
consolidó la posición española y provocó la retirada definitiva de las fuerzas
atahualpistas. Según las crónicas españolas, la llegada de Almagro fue decisiva.
Sin embargo, el Inca Titu
Cusi Yupanqui atribuye la retirada a una orden de Quizquiz, quien habría
recibido noticias del avance de Manco Inca, líder del bando huascarista, que se
dirigía hacia la zona con intención de enfrentarlo y de aliarse con los
españoles.[231]
Superado el enfrentamiento, Hernando de Soto y Diego de Almagro continuaron
juntos el viaje hacia el Cuzco, donde esperaban reunirse con Francisco Pizarro.
Ejecución de Chalcuchímac
Durante la marcha hacia el Cuzco, Francisco Pizarro atribuyó los ataques contra
la avanzada de Hernando de Soto a una posible filtración interna y dirigió sus
sospechas hacia Chalcuchímac,
prisionero desde Cajamarca.
Las crónicas españolas presentan esta sospecha como una de las razones de su
posterior ejecución, aunque no registran pruebas directas de colaboración con
las fuerzas de Quizquiz. Durante la marcha hacia el Cuzco, Diego de Almagro se
incorporó a la expedición y un contingente cañari encabezado por Chilche reafirmó
su alianza con los españoles. Este grupo, originario del actual Ecuador, apoyaba
a Pizarro desde la captura de Atahualpa debido a su oposición al dominio quiteño
y a las tropas de Quizquiz.[232] El
ejército español acampó en Sacsahuana el 12 de noviembre de 1533. Almagro y Soto
sostuvieron ante Pizarro que los ataques en Vilcashuamán y Vilcaconga se debían
a la supuesta traición de Chalcuchímac, pues el enemigo conocía con precisión
los movimientos del ejército. Pizarro atribuía las pérdidas de Vilcaconga a la
imprudencia de Soto, pero evitó formular cargos para mantener la cohesión del
mando.
Los jefes españoles acordaron ejecutar a Chalcuchímac. El clérigo Vicente de
Valverde, por medio de un intérprete, intentó persuadirlo para que aceptara el
bautismo. Chalcuchímac rechazó la conversión y afirmó que desconocía la fe
cristiana, invocando al dios Pachacámac en
espera de la llegada de Quizquiz
Chalcuchímac fue ejecutado en Sacsahuana el 12 de noviembre de 1533. Tras su
muerte, Pizarro declaró que perseguiría y castigaría de igual modo a Quizquiz,
quien continuaba en resistencia.
Manco Inca se alía con los españoles
El 14 de noviembre de 1533, se presentó en el campamento de Francisco Pizarro,
en Jaquijahuana, Manco Inca, hijo de Huayna Cápac, de ascendencia cuzqueña (es
decir, del bando huascarista). Este personaje, llamado también Manco II, era uno
de los hijos de Huayna Cápac con la coya imperial, nacido probablemente en 1515,
de modo que era todavía muy joven. Había escapado de la matanza de nobles
cuzqueños que los atahualpistas hicieron en el Cuzco, durante la guerra civil, y
desde esa época había permanecido escondido. Ahora reaparecía, para ofrecer su
apoyo a los españoles, en la guerra común que enfrentaban contra las tropas
atahualpistas de Quizquiz. Pizarro aceptó gustoso esta alianza, y apresuró la
marcha al Cusco, que según Manco, se hallaba amenazada de ser incendiada por los
quiteños.
Villanueva Sotomayor opina que los incas habían observado las costumbres de los
españoles, y que fatalmente, no pudieron aprovechar las debilidades de los
mismos, por las rivalidades, producto de la guerra civil que aún continuaba, a
pesar de la presencia del verdadero invasor. Y lo gráfica muy bien, diciendo que
Manco Inca, sabía muy bien que los españoles en día domingo, no comían carne
roja y habiendo ido a pescar con unos indios la «comida de los españoles del día
de guardar», recibió a un chasqui que
le avisaba noticias del Cuzco. Regresó Manco Inca al campamento donde Francisco
Pizarro para decirle: «… dice que Quízquiz con su gente de guerra va a quemar el
Cusco y que está ya cerca, y he querido avisártelo para que pongas remedio».
Batalla de Anta
La adhesión de Manco Inca a los españoles, adicionó más tropas cuzqueñas al lado
de Francisco Pizarro; este inesperado apoyo, influyó en el ánimo del
conquistador para entrar al Cuzco. Ya cerca de la ciudad imperial, se toparon
con las huestes de Quizquiz, a las que presentaron batalla en Anta.
Los atahualpistas atacaron y lograron matar a 3 caballos y a herir a muchos más;
muchos españoles resultaron también heridos (se salvaban más que nada por estar
protegidos con corazas y cascos de metal), y llegaron incluso a retroceder
varios grupos de jinetes. Pero finalmente, viendo que era improbable ganar la
batalla, los hombres de Quizquiz se retiraron; tampoco quisieron defender el
Cuzco, pues vieron lo difícil que sería defender la ciudad imperial calle por
calle.[238] Cansados
de una larga campaña llevada tan lejos de su tierra, muchos de ellos querían
solo volver a Quito.
Toma y saqueo del Cuzco
Entrada de los españoles en la ciudad
El 15 de noviembre de 1533, y sin obstáculos, Pizarro entró al Cusco, junto con
Manco Inca, la hueste española y los aliados incas (huascaristas o cusqueños).
«De este modo entró el Gobernador con su gente en
aquella gran ciudad del Cusco sin otra resistencia ni batalla, el
viernes a la hora de misa mayor, a quince días del mes de noviembre
del año del Nacimiento de Nuestro Salvador y Redentor Jesucristo
MDXXXIII [año 1533].»
No hay duda que en el Cuzco era
la ciudad principal de todo el Tahuantinsuyo.
Al ser tomada por los españoles, mermó significativamente la resistencia nativa,
no sólo porque allí se encontraba toda la organización del imperio, sino por el
significado que tenía para los ejércitos incas ver su capital tomada y dominada
por los españoles.
Hay en dicha ciudad otros muchos aposentos y grandezas; pasan por
ambos lados dos ríos que nacen una legua (5,5 kilómetros)
más arriba del y desde allí hasta que llegan a la ciudad y dos
leguas (11 kilómetros) más abajo, todos van enlosados para que el agua corra
limpia y clara y aunque crezca no se desborde; tienen sus puentes
por lo que se entra a la ciudad...
Pizarro llegó con su gente hasta la gran
plaza cuadrada y, después de escudriñar sus edificios, mandó a algunos
peones para que los visitasen. Como no encontraron nada que los llevase a
desconfiar el gobernador tomó para sí el palacio de Casana, morada que fue del
inca Huayna Cápac. Almagro se apropió de otro palacio que daba a la plaza
ubicado junto al de su compañero. Gonzalo Pizarro hizo lo propio con el de
Cora-Cora, mansión edificada por el inca Túpac
Yupanqui.[240]
Según explica el historiador José
Antonio del Busto; parece que a continuación los soldados pidieron permiso
para saquear la ciudad y el gobernador les concedió la gracia; por lo que los
españoles entraron en los edificios de piedra, algunos de los cuales habían sido
incendiados por los atahualpistas pero la mayoría se encontraba en buen estado.
Dentro no hallaron tanto oro como quisieron encontrar pero recogieron, en
cambio, muchísima cantidad de plata y piedras preciosas, chaquira reluciente,
topos artísticos, cántaros metálicos y plumería multicolor. Después visitaron
los depósitos de ropa fina siguiendo por los depósitos de comida, de calzado, de
sogas de todos los tamaños, de armas ofensivas y defensivas, de barretas de
cobre, los depósitos de coca y de ají; encontraron, también, los depósitos de
cuerpos desollados usados para fabricar tambores de guerra.
Los españoles prosiguieron el saqueo hacia los barrios sacerdotales. Primero
enrumbaron al Acllahuasi o Casa de las Vírgenes, con la intención de violar a
las vírgenes del Sol, pero los atahualpistas se las habían llevado para
librarlas de ser profanadas junto con el oro y la plata del recinto. Enfadados y
llenos de indignación, prosiguieron al Coricancha esperando hallar allí "más oro
que en todo el Cuzco junto". Se cuenta que los soldados iban corriendo por las
calles de muros pétreos rumbo al Templo del Sol cuando salió de aquel el
anciano Víllac
Umu o sumo sacerdote "lleno de santa ira" quien, tratando de cerrarles el
paso, les advirtió que para entrar al recinto sagrado se debía ayunar un año,
además de estar descalzo y con una carga sobre los hombros. Los españoles se
detuvieron un instante y alguien tradujo sus palabras. Al entender estas ideas,
lanzaron una carcajada y se precipitaron al interior del templo.[241]
El oro y plata recolectados fueron fundidos, obteniéndose 580.200 pesos de «buen
oro». El quinto
real representó 116.460 pesos de oro; además la plata representó 25.000
marcos: 170.000 «eran de plata buena en vajilla y planchas limpias y buena, y el
resto no porque estaba en planchas y piezas mezcladas con otros metales conforme
se sacaba de la mina.»
Proclamación de Manco Inca
Francisco Pizarro se apresuró en nombrar Sapa Inca a Manco Inca, por las razones
que nos explica Villanueva Sotomayor:
“El 16 de noviembre, a un año de la toma de Cajamarca y
de la captura de Atahualpa, Pizarro convirtió a Manco Inca en Sapa
Inca. … e hízolo tan presto para que los señores y caciques no
se fueran a sus tierras, que eran de diversas provincias y
muy lejos unas de otras, y para que los naturales, no se juntaran
con los de Quito sino
que tuvieran un señor separado al que habían de reverenciar y
obedecer y no se abanderizaran, y así mandó a todos los caciques que
lo obedecieran por señor e hicieran todo lo que les mandara”.
Era costumbre inca que cada curaca tuviera en el Cuzco su alojamiento, porque
tenía que venir a la ciudad imperial para entregar sus tributos al Sapa Inca, a
las fiestas (principalmente, al Inti
Raymi) y a toda convocatoria que se le hiciera desde el «Ombligo del mundo».
Pero, además, el auqui del curaca (su hermano o uno de sus hijos) siempre estaba
en el Cusco, disfrutando de los favores de la corte del Inca. Su permanencia era
la garantía del vínculo entre el Estado cuzqueño y los dominios del curaca. Era
una especie de rehén. Si Pizarro no optaba por darle el mando imperial a Manco
Inca, los auquis y los curacas que estaban en esos momentos en el Cuzco, podían
romper ese vínculo y actuar a su manera. Tal vez, podrían haberse unido a las
tropas rebeldes de Quizquiz u organizar de otro modo la resistencia.
Los nobles del Cusco no se daban cuenta aún de que Francisco Pizarro estaba
manipulando el gobierno del Imperio al nombrar como Sapa Inca primero a Túpac
Hualpa y luego a Manco Inca, manteniéndolos como rehenes, incluso. Para
organizar mejor la resistencia inca, bien pudieron haber nombrado los curacas
del Cusco al nuevo Inca de entre las panacas reales y manejar el gobierno con
más independencia, pero la guerra civil ya había llegado a la capital del
imperio. Lo cierto es que ni huascaristas ni atahualpistas lo hicieron, con lo
que se perdió la oportunidad de unir nuevamente al Imperio y ofrecer a los
españoles una resistencia más organizada y efectiva.
El otro concepto que podría explicar la aislada resistencia sería el modo de
combatir de ambos ejércitos: mientras los incas ofrecían batalla en campo
abierto de manera franca; los españoles apelaban a argucias para derrotarlos
incluso antes de presentar batalla.
Manco Inca fue proclamado Sapa Inca, pero a la vez vasallo de la Corona
española. Los españoles lo llamaron Manco II, pues se enteraron de que el
primer Inca se llamaba también Manco (Manco
Cápac). Francisco Pizarro hizo legalizar el vasallaje de Manco Inca un día
domingo saliendo de misa a la que había asistido junto con él. Los hizo salir a
la plaza al Sapa Inca, y le ordenó a su secretario Sancho de la Hoz que leyera
la «demanda y requerimiento.» Pizarro siguió el protocolo español tradicional
para estos casos; al final Pizarro abrazó a Manco Inca y este retribuyó el
gesto, ofreciéndole chicha en un vaso de oro.
Pizarro, entre tanto, al no ser hostilizado cuando tomó el Cusco, organizó otro
ejército con gente de Manco Inca que logró reunir «cinco mil guerreros». Pizarro
ordenó a Hernando de Soto, que apoyara a dicha tropa indígena con 50 de a
caballo, saliendo del Cuzco para presentar batalla a Quizquiz a 5 leguas de la
ciudad, en donde estaba su campamento. En la localidad de Capi, se enfrentaron
ambos ejércitos, de donde salió victoriosa la tropa combinada de Manco Inca y
los españoles, pero sin poder redondear su triunfo. Luego de esta batalla,
regresaron al Cusco. El general Paullu
Inca, que comandaba las tropas de Manco Inca, persiguió al ejército de
Quizquiz, siendo derrotados en esa persecución; en el Cuzco se recibió la
noticia «que les habían muerto mil indios». Entre tanto Manco Inca solicitó a
los curacas «gente de guerra», y en menos de diez días, tenía en el Cuzco un
ejército de 10 mil guerreros.
Llegado el verano y las copiosas lluvias estivales, no se organizó ninguna
campaña contra las tropas de Quizquiz. En febrero de 1534, el ejército de Manco
Inca, que a la sazón contaba con 25 mil soldados y los 50 de a caballo de
Hernando de Soto, se puso en movimiento, persiguiendo al general atahualpista,
por la ruta de Vilcashuamán. Llegando a Vilcashuamán, el ejército de Manco Inca,
descansó; allí fueron noticiados de que el ejército de Quizquiz marchaba sobre
Jauja. Esto preocupó sobremanera a la tropa española, porque en Jauja, se
encontraba la guarnición que había dejado Pizarro, durante su avance sobre el
Cuzco. No pudiendo cruzar el río
Pampas en balsas, demoraron 20 días en rehacer el puente destruido por los
atahualpistas.
Mientras tanto, en Jauja se producía una cruenta batalla, entre el capitán Gabriel
de Rojas y Córdova y el general Quizquiz. El primero tenía a su mando 40
españoles, 20 de ellos jinetes, y estaba apoyado por 3000 huancas, especialmente
jaujinos, enemigos mortales de los atahualpistas. Los españoles alinearon
también en su bando a los indios yanaconas,
que por primera vez participaban como soldados. La alianza indo-española surtió
efecto y las tropas de Quizquiz tuvieron que retirarse sin lograr tomar Jauja.
Por su parte, los jinetes de Hernando de Soto más 4.000 guerreros del ejército
de Paullu Inca, se apresuraron a ir en auxilio de los españoles de Jauja. Manco
Inca y el resto de su ejército, regresó al Cuzco.
Fundaciones españolas y campañas finales
Fundación española del Cusco
El 23 de marzo de 1534, Francisco Pizarro realiza la fundación española de la
ciudad del Cuzco con
el título de «La Muy Noble y Gran Ciudad de Cuzco». Se hizo el acta de
fundación, extendida por el escribano Pedro Sancho de la Hoz, que firmaron Diego
de Almagro, Hernando de Soto, Juan Pizarro y el capitán Gabriel
de Rojas y Córdova. Al día siguiente se formó el primer Cabildo:
como alcaldes ordinarios figuraban Francisco
Beltrán de Castro y Pedro de Candía; y como regidores, Juan Pizarro, Rodrigo
Orgóñez, Gonzalo Pizarro, Pedro del Barco, Juan de Valdivieso, Gonzalo de
los Nidos, Francisco Mexía y Diego Bazán.[243] Como
en toda ciudad española, se escogió la Plaza Mayor, el sitio de la iglesia, y se
procedió a hacerse el reparto de solares, tierras e indios, entre los 40
españoles que decidieron instalarse como vecinos.
Bajo el pretexto de «los enseñaran y doctrinarán en las cosas de nuestra santa
fe católica», se entregó a los españoles una cantidad de indios para su uso en
trabajo e impuestos. Pizarro favoreció a sus amigos en el reparto de solares,
tierras y nativos. Ello disminuyó la ya frágil cohesión española, aumentó las
diferencias y ahondó los resentimientos entre ellos.
Por ese tiempo llegó la noticia de que Pedro
de Alvarado, el conquistador que actuó en México y Guatemala, se hallaba
proyectando un expedición al Perú, reuniendo barcos y gente, con el evidente
propósito de arrebatarle a Pizarro y a sus hombres la conquista del imperio
incaico. Esa fue una de las razones que impulsó a Pizarro la fundación del
Cuzco, a fin de que Alvarado no arguyera que la tierra carecía de dueño y que
podía reclamar derechos sobre ella. Pizarro envió también a Diego de Almagro a
que bajara a la costa y la tomara en posesión del rey de España. Luego, como ya
vimos, envió a Hernando de Soto con una partida de jinetes e indios aliados en
persecución de Quizquiz. Por su parte, Pizarro se alistó para regresar a Jauja,
donde dejara una guarnición al mando de Alonso de Riquelme; se proponía fundar
allí una ciudad destinada a ser la capital de su gobernación.[244]
Fundación española de Jauja
Preocupado por la situación de Jauja, Francisco Pizarro, en compañía de Manco
Inca y de su ejército, salió del Cuzco con dirección al norte, en busca de
Quizquiz. En el trayecto encontró las señales de guerra que dejaron los
atahualpistas en su retirada: puentes quemados, campos de cultivo arrasados,
tambos saqueados. En Vilcas, se enteró de que Quízquiz y su ejército se hallaban
en retirada hacia el norte, tras haber sido rechazados por los españoles de
Jauja y sus aliados huancas. Pero junto con esta noticia alentadora, llegó otra
preocupante: un hijo de Atahualpa bajaba desde Quito con un gran ejército de
indios caníbales, dispuesto a vengar la muerte de su padre. Pizarro le pidió
entonces a Manco Inca que avisara a los suyos el envío de un refuerzo de 2000
indios; luego continuó a Jauja, donde entró el 20 de abril de 1534. Allí le
recibió alborozado Riquelme, quien le puso al tanto de los sucesos ocurridos.
El 25 de abril de 1534, Pizarro fundó la nueva ciudad española de Jauja,
con el propósito de convertirla en la capital de su gobernación.
Se realizó el reparto de solares y demás actos protocolares de la ocasión. En
este ínterin llegaron los refuerzos del Cuzco, consistente en otros 2000
indígenas, que se sumaron a los españoles.
Batalla de Maracaylla
Hernando de Soto y Paullu Inca, al frente de 20 españoles de a caballo y
3000 guerreros incas, fueron en búsqueda de Quizquiz, alcanzándolo en Maracaylla,
en donde se produjo el enfrentamiento (posiblemente a fines de mayo de 1534).
Villanueva, dice que el enfrentamiento fue duro, aunque no de «cuerpo a cuerpo»,
ya que un ejército se encontraba en una orilla del río Mantaro y el otro, en la
otra orilla; las armas que más se usaron en esta batalla, fueron la ballesta,
flechas y «arcos como de piedra». Los españoles, decidieron cruzar el río,
mientras las tropas atahualpistas iniciaron la retirada del lugar, siendo
perseguidas por las tropas de Paullu Inca «hasta hacerlas ocultar en un monte».
Como no salían de él, las tropas de Paullu Inca, las atacaron en ese monte,
muriendo varios curacas comarcanos y miles de las tropas de Quizquiz, que se
retiraron, siendo perseguidos por Paullu Inca, «tres leguas». Maracaylla
significó la derrota definitiva de Quizquiz.
El ejército atahualpista se retiró a Tarma. Allí, el curaca lugareño le impidió
la entrada al pueblo, presentándole batalla. Quizquiz continuó entonces su
retirada hacia Quito.
Campañas en Quito y expedición de Pedro de Alvarado
Por su parte, Diego de Almagro recorría la costa. Cerca de la antigua ciudad
chimú de Chan
Chan realizó la primera fundación de la ciudad de Trujillo.
Siguiendo más al norte, Almagro llegó a San Miguel de Tangarará (Piura), donde
se enteró de que el capitán Sebastián de Belalcázar (que había quedado allí al
frente de la guarnición española), había partido rumbo a Quito, al frente de 200
hombres, atraído por las inmensas riquezas que, según se decía, poseía esa
región.
Belalcázar emprendió así, por su cuenta la conquista de Quito, donde se hallaba
en pie de guerra el general atahualpista Rumiñahui,
que había levantado un numeroso y aguerrido ejército de quiteños. Los cañaris,
que hasta entonces formaban parte de la confederación quiteña, se aliaron con
los españoles, y juntos marcharon contra Rumiñahui. Se libró la sangrienta batalla
de Tiocajas o Teocaxas. En ella se revelaron los cañaris como excelentes
guerreros, convirtiéndose así en valiosos auxiliares de los españoles. Las
tropas hispano-cañaris lograron romper el cerco de los quiteños y maniobrando
con la caballería, atacaron al enemigo por la retaguardia, derrotándole.
Rumiñahui se fortificó en Riobamba,
donde los españoles y cañaris le atacaron; aunque estos en un primer momento
fueron rechazados, luego contraatacaron dando un rodeo y capturaron la ciudad.
Otra victoria española se produjo en Pancallo, cerca de Ambato.
Es muy célebre un episodio de esta guerra, que cuenta que, estando Rumiñahui a
punto de ganar a las tropas españolas y cañaris, erupcionó el volcán
Tungurahua (julio de 1534), lo que causó que parte de su ejército, temiendo
la ira divina, se desmoralizara y se retirara, pudiendo así los españoles
contraatacar y hacerse del triunfo.
Los quiteños se retiraron más hacia el norte. Rumiñahui, viendo que era
imposible defender la ciudad de Quito, la abandonó, llevándose sus riquezas y
matando a las acllas o vírgenes del sol, para evitar que cayeran en poder de los
hispanos. Belalcázar ingresó a Quito, encontrándola incendiada.
Rumiñahui, con los últimos restos de sus diezmadas tropas, puso todavía alguna
resistencia en Yurbo, hasta que se adentró en la selva y no se supo de él por
algún tiempo.
Tras la retirada de Rumiñahui, Almagro y Benalcázar se encontraron cerca de
Riobamba, donde fundaron, en las llanuras de Cicalpa, cerca de la laguna de
Colta, la ciudad de Santiago de Quito (antecedente de la actual Quito),
el 15 de agosto de 1534.[251] Pero
antes de consolidar la conquista, los dos capitanes españoles se pusieron de
acuerdo para enfrentar otro peligro que se cernía: la presencia del adelantado
Pedro de Alvarado, que pretendía arrebatarles sus conquistas.
Efectivamente, una expedición de cuatro navíos, procedente de Guatemala y al
mando Pedro de Alvarado, había arribado a las costas del actual Ecuador,
desembarcando en Puerto
Viejo, más precisamente en la Bahía
de Caráquez, el 10 de febrero de 1534.[252] En
total eran 500 soldados españoles, de los cuales 150 eran de a caballo, así como
2000 indios centroamericanos y considerable número de negros. Enrumbaron hacia
Quito, a través de una región tropical poblada de pantanos y maleza. Fue una de
las más desgraciadas expediciones de la conquista española. El hambre y el frío
causaron grandes estragos. Murieron 85 españoles y 6 mujeres castellanas; así
como un crecido número de indios auxiliares y negros esclavos, aunque nadie se
preocupó en llevar la cuenta exacta. La marcha por la cordillera fue igualmente
penosa, en medio de la nieve que cegaba la vista y en el preciso momento en que
erupcionaba el volcán
Cotopaxi. Pero Alvarado insistió en su empeño de llegar a Quito y no torció
de rumbo.
Preocupado Francisco Pizarro por la presencia de Pedro de Alvarado en el Perú,
instruyó a Diego de Almagro para que celebrase negociaciones con él. Almagro
dejó a Sebastián de Benalcázar como gobernador en Quito y fue al encuentro de
Pedro de Alvarado. En el trayecto, trabó un encuentro con los indios rebeldes, a
quienes derrotó en la batalla de Liriabamba.
El encuentro entre Almagro y Alvarado se produjo en Riobamba.[254] En
un principio se temió un enfrentamiento bélico entre ambos, a tal punto que el
intérprete de Almagro, el célebre Felipillo,
viendo que las fuerzas de Alvarado eran más numerosas, se pasó al campamento de
este y le ofreció su apoyo, llevando consigo a algunos curacas o caciques
indios. Pero ambos capitanes españoles optaron por celebrar conversaciones para
solucionar el problema de manera pacífica. Alvarado sostenía que la ciudad del
Cuzco no estaba incluida dentro de los límites de la gobernación de Pizarro, por
lo que cualquiera podía ir a marchar a conquistar esa ciudad y los territorios
situados más al sur. Alvarado se equivocaba, pero se dice que Almagro, al
principio, quiso negociar con él una alianza para ir a conquistar juntos las
regiones situadas al sur del Cuzco. Pero luego de tres días de conversaciones,
Almagro notó que los títulos de Alvarado no estaban del todo claros, por lo que
optó por defender la causa de Pizarro. Almagro aprovechó también la ocasión para
ganarse a los soldados de Alvarado, quienes se pasaron a su bando. Pedro de
Alvarado, viendo que tenía las de perder, optó por transar con Almagro: decidió
retornar a Guatemala, dejando en el Perú a su tropa, buques y todo el parque, a
cambio una crecida suma de dinero: 100.000 pesos de oro.[255] Esa
compensación significaba el doble del oro que recibió Francisco Pizarro en la
repartición de Cajamarca. Por solo llegar hasta el Perú, Alvarado recibió más
oro que la que obtuvo por todas sus conquistas de Mesoamérica.[137] El
acuerdo se firmó el 26 de agosto de 1534.
Posteriormente, a principios de 1535, Alvarado se entrevistó con Pizarro en
Pachacámac, y recibió su pago en oro. Hubo festejos por este acontecimiento.[257] Se
dice que Pizarro, no tan conforme con el abultado precio acordado, adulteró el
oro con cobre.[258] De
todos modos, para Pizarro y Almagro, fue un gran negocio haber adquirido las
tropas, los navíos y los pertrechos traídos por Pedro de Alvarado, pues con
ellos podían consolidar la conquista.
Poco después de la firma del pacto con Alvarado, Almagro fundó la villa de San
Francisco de Quito, el 28 de agosto de 1534. Esta fundación se realizó en la
llanura de Cicalpa, en el mismo sitio donde poco antes fundara la ciudad de
Santiago de Quito. Sentó el acta respectiva el escribano Gonzalo Díaz. Se nombró
a los funcionarios del cabildo y se designó a Sebastián de Benalcázar como
teniente de gobernador. Sin embargo, se trataba solo de disposiciones nominales,
ya que la conquista aún no se había definido.[259]
Benalcázar se quedó en Quito, mientras que Diego de Almagro y Pedro de Alvarado,
iniciaron su marcha hacia el sur, rumbo al Perú, al encuentro de Pizarro.[260]
Benalcázar se encargó de asentar la conquista española de Quito, lo que le llevó
algunos meses. Finalmente, el 6 de diciembre de 1534, ingresaba, por segunda
vez, en el centro de la ciudad incaica de Quitu, fundando, sobre los escombros
que dejara Rumiñahui, la villa de San Francisco de Quito, actual ciudad de
Quito.[261]
Campaña en el norte y muerte de Quizquiz
Mientras que Almagro y Alvarado avanzaban al sur, Quizquiz, que había escapado
de la persecución de Hernando de Soto y Manco Inca, reorganizaba sus fuerzas y
marchaba hacia la región de Quito. Planeaba recuperar esta ciudad. Actuando con
habilidad, el general atahualpista logró separar a las fuerzas de Almagro y
Alvarado, y se abalanzó sobre este último. Pero Alvarado, hábil militar fogueado
en la conquista de México, pasó a la ofensiva y capturó al general Socta Urco,
jefe de la vanguardia de Quizquiz.
Envalentonado, Alvarado prosiguió su avance hacia el sur, sin esperar a Almagro,
que se había quedado rezagado. En una pelea que entabló con Quizquiz perdió a 14
españoles. Por su parte, Almagro enfrentaba a un lugarteniente atahualpista, Huayna
Palcón (un noble de sangre inca), sin lograr desalojarlo de las posiciones
que ocupaba.
En otro ocasión, Quizquiz atacó a los españoles cuando subían por una cuesta
luego de cruzar un río, logrando matar a 53 de ellos y a un buen número de
caballos. Fue la primera batalla en la que murieron un número crecido de
españoles, si se compara con el número total de la hueste hispana. Sin embargo,
unos 4.000 hombres atahualpistas desertaron y se pasaron al bando español
(posiblemente eran los cargadores, reclutados a la fuerza). A partir de
entonces, Quizquiz sufrió grandes derrotas, hasta que finalmente, los últimos
restos de sus tropas fueron deshechas por Benalcázar en la segunda batalla de
Riobamba.
Quizquiz, junto con Huayna Palcón, se replegó hacia la selva para planear la
estrategia a seguir en la lucha contra los invasores hispanos. Quizquiz quería
desarrollar una lucha de guerrillas hasta rehacer sus fuerzas, a lo que Huayna
Palcón se opuso. Este, al parecer, deseaba un entendimiento con los españoles.
En medio de la acalorada discusión que se desató, Huayna Palcón cogió una lanza
y atravesó el pecho de Quizquiz, matándolo.
Así terminó la vida el indómito general de Atahualpa que en todo momento se
mantuvo fiel a su señor. Se sabe que, al igual que Chalcuchímac, era cuzqueño,
de origen plebeyo, y que por sus hazañas militares mereció su ascenso a la
nobleza de privilegio. Su nombre quechua significa “langosta” y dícese que lo
adoptó pues al igual que el sonido de las langostas atemorizaba a sus enemigos.
Cabe señalar que del famoso trío de generales atahualpistas –Rumiñahui, Quisquis
y Chalcuchímac–, solo el primero era quiteño; sin embargo, hay que destacar que
todos ellos condujeron tropas quiteñas en apoyo de Atahualpa, enfrentando al
bando cusqueño u huascarista, durante la guerra civil incaica.
Fin de Rumiñahui y conquista de Quito
Rumiñahui intentó reorganizar la resistencia indígena y recuperar Quito, pero
fracasó ante la poderosa alianza forjada entre españoles e indios. Si bien los
españoles eran solo unos cientos, sus aliados indígenas eran miles; estos
últimos fueron sin duda los que inclinaron la balanza a favor de los invasores
europeos. No solo eran los cañaris los que apoyaban a los españoles, sino
también los cuzqueños, traídos por Almagro, que clamaban venganza contra los
quiteños por las masacres que estos habían cometido en el Cuzco durante la
guerra civil incaica. Los cuzqueños pensaban que los españoles les ayudaban a
recuperar la comarca de Quito; pronto se darían cuenta de su error. El indómito
Rumiñahui fue finalmente reducido y capturado junto con algunos de sus
capitanes, siendo ejecutado en Quito, en junio de 1535.
Con la muerte de Quizquiz y Rumiñahui, se cerró todo un ciclo de la conquista
española del Tahuantinsuyo. En resumen, esta etapa se vio marcada por la
resistencia que los atahualpistas, al mando de Quizquiz y Rumiñahui, dieron a
los españoles, mientras que estos eran apoyados por los cusqueños o huascaristas,
así como por diversas etnias del imperio incaico, como los cañaris y los huancas.
En la siguiente etapa, sería un grupo de rebeldes incas propiamente
dichos, es decir, pertenecientes a la etnia del Cuzco, quienes, al mando de
Manco Inca, emprenderían un levantamiento armado que se convertiría en una
cruzada por la reconquista, enfrentando a los españoles, los demás nobles
incaicos y a sus aliados nativos de otras etnias.
De la coexistencia a las rebeliones indígenas
(1536–1540)
Consolidación del dominio español
Fundación de la Ciudad de los Reyes (Lima)
Con la entrada de los españoles en la ciudad del Cuzco en noviembre de 1533,
concluyó la conquista militar del Tahuantinsuyo llevada a cabo por Francisco
Pizarro, y dio comienzo el desarrollo del asentamiento español en el área
dominada hasta ese momento por el Imperio
inca. La Corona
española nombró a Pizarro gobernador de las tierras que había conquistado,[264] éste
emprendió la búsqueda de un lugar adecuado para establecer su capital.
Su primera elección fue la ciudad de Jauja,
sin embargo, esta ubicación fue considerada inconveniente por su altitud y su
lejanía del mar al estar situada en medio de los Andes.[265] Exploradores
españoles dieron cuenta de un mejor lugar en el valle del Rímac, cerca del océano
Pacífico, con abundantes provisiones de agua y madera, extensos campos de
cultivo y un buen clima. Se trataba del pueblo de Rimac (pronunciado por los
yungas como Limac), habitado aproximadamente por 20.000 habitantes[266] y
ubicado en territorios del curaca de
Rímac, Taulichusco.
En la que sería la Plaza
Mayor de Lima, Pizarro, como era costumbre entre los conquistadores
españoles, fundó su nueva capital sobre una ciudad ya existente, el 18 de
enero de 1535 con el nombre de "Ciudad de los Reyes", denominada
de esta forma en honor a la epifanía.[267] Con
todo, al igual que había sucedido con la región, en un principio llamada Nueva
Castilla y después Perú,
la Ciudad de los Reyes perdió pronto su nombre en favor de "Lima".[268] Pizarro,
con la colaboración de Nicolás
de Ribera, Diego
de Agüero y Francisco Quintero trazaron personalmente la Plaza de Armas y
el resto de la cuadrícula de la ciudad, construyendo el Palacio Virreinal
(hoy día transformado en el Palacio
de Gobierno del Perú, que de ahí conserva el nombre tradicional de "Casa
de Pizarro") y la Catedral,
cuya primera piedra puso Pizarro con sus propias manos.
En agosto de 1536, la floreciente ciudad fue sitiada por las tropas de Manco
Inca, pero los españoles y sus aliados indígenas consiguieron derrotarlas.[270] En
los siguientes años Lima ganó prestigio al ser designada capital del Virreinato
del Perú y sede de una Real
Audiencia en 1543.
Expedición de Almagro al Collasuyo
Reforzada el dominio español por el norte del Tahuantinsuyo, Almagro inició los
preparativos de su expedición al Collasuyo con
buenos auspicios. Le llegaron noticias de los incas de que la región al sur del
Cuzco estaba poblada de oro, por lo que juntó fácilmente 500españoles
para la expedición, muchos de los cuales no lo habían acompañado al Perú.
Iban también en la expedición unos 100esclavos
negros y unos 1500yanaconaspara
el transporte de las armas, ropas y víveres.
Las noticias que les llegaban del valle
de Chileeran absolutamente falsas, pues los incas planeaban una
rebelión contra sus dominadores y deseaban que aquel grupo tan numeroso de
españoles se alejara del Perú, sabiendo que al sur solo encontrarían indígenas
hostiles. Para convencerlos, Almagro le pidió a Manco Inca que les preparara el
camino junto a tres soldados españoles, el Inca les entregó a Vila
Oma (sumo
sacerdote inca) y a su hermano Paullu
Inca como guías.
Almagro encomendó a Juan
de Saavedra que se adelantase con una columna de 100soldados
para que, a la distancia de unas 130leguas,
fundase un pueblo y lo esperase con los alimentos e indios de relevo que pudiera
reunir en aquellas comarcas.
Terminada los preparativos, el conquistador español salió del Cuzco el 3 de
julio de 1535 con 50 hombres y se detuvo en Moina (a 5 leguas al oeste del
Cuzco) hasta el 20 de ese mes, detenido por el inesperado arresto de Manco Inca
por Juan
Pizarro, acción que le dio problemas. En el Cuzco Almagro dejó a Rodrigo
Orgóñez reclutando soldados para unirse a la expedición, cumpliendo Juan
de Rada la misma comisión en la Ciudad de los Reyes.
Dejada atrás Moina, Almagro se encaminó por el Qhapaq
Ñan recorriendo el área occidental del lago
Titicaca. Cruzó el río
Desaguadero y se encontró con Saavedra en Paria (Bolivia)
a principios de agosto, quien había reunido a sus fuerzas a 50 españoles más,
que pertenecían al grupo del capitán Gabriel de Rojas, y que decidieron
abandonar a su jefe y dirigirse a Chile.
En Tupiza,
Paullu Inca y Vila Oma habían recolectado oro de los tributos de la región. Los
tres españoles que los acompañaban, mientras esperaban a Almagro, se habían
dedicado al pillaje y continuaron el viaje sin esperarlo. Una caravana que
supuestamente provenía de Chile con 90000
pesos de oro fino de los tributos al Inca fue entregada a Almagro. En dicha
ciudad, el conquistador se informó de los dos caminos posibles para llegar a
Chile, desechando el del inhóspito desierto
de Atacama.
Antes de que Almagro llegara a Tupiza, Vila Oma se escapó de la expedición con
todos los porteadores y volvió al norte con planes de aprovechar la división de
las fuerzas españolas. Pero Almagro y sus hombres siguieron adelante, ya que aún
contaban con Paullu Inca como aliado.
En el otoño austral de 1536 llegaron al pie de la cordillera
de los Andes, Almagro inició la transmontada con aproximadamente 2.500
hombres entre españoles, yanaconas y esclavos negros. En su avance por la
cordillera, los expedicionarios sufrieron muchas penalidades, ya que caminaban
agotados por el frío y el congelamiento de sus manos y pies, y además las
penurias aumentaron al internarse por ese paisaje helado, inhóspito y
silencioso, llegando incluso a detener el avance por falta de ánimos.
Después de cruzar la cordillera llegaron al valle
de Copiapó y continuaron hacia el sur. En el valle de Aconcagua los
indígenas fueron amistosos, gracias a la influencia que Gonzalo
Calvo de Barrientos tenía sobre el cacique. Calvo era un español que se
había establecido entre los indígenas luego de que en el Perú le cortaran las
orejas como castigo por robo. Instalaron allí su campamento base y en el
invierno de 1536, Gómez
de Alvarado, con cerca de 90 hombres, avanzó por el valle central hasta el río
Itata, donde se enfrentaron por primera vez con los mapuches en
la batalla que después se conoció como Reinohuelén.
La ausencia de oro y ciudades indígenas, pero principalmente la noticia de que
los representantes de la capitulación para
resolver la jurisdicción sobre el Cuzco, habían llegado de España, decidieron a
Almagro regresar a Copiapó.
Allí, dos de sus capitanes que habían salido más tarde del Cuzco, le informaron
que los españoles se encontraban sitiados en esa ciudad por un levantamiento por
parte de Manco Inca. Tal situación reafirmó su intención de regresar al Cuzco,
ayudar a los españoles, y después reclamar la ciudad de Cuzco para su gobernación.
Una vez en Perú, el conflicto entre Almagro y Pizarro se agudizó convirtiéndose
en una cruenta guerra
civil.
Rebelión de Manco Inca (1536–1539)
Sublevación contra el régimen español
Finalizada la guerra contra los que acabaron con su panaca,
se esperaría que existiese una armonía entre Manco
Inca y los españoles, sin embargo la realidad fue diferente. Pronto el nuevo
monarca se dio cuenta del craso error de confiar en los peninsulares por la
serie de razones siguientes:
Estando en el palacio de sus
antepasados, no podía reinar.
No podía recibir a sus súbditos
sin ser vigilado.
No podía circular por el Cuzco
con libertad.
Veía múltiples abusos que
cometían los españoles contra las mujeres de la nobleza, pueblo y vírgenes
del sol.
Se burlaban de él con bromas
muy pesadas.
Era, desde el principio, un
rehén de los conquistadores, llegando a ser en dos ocasiones un vilipendiado
prisionero.
Por estas y otras razones planeó sacudirse de la influencia española. No
obstante, sus planes fueron descubiertos y fue hecho prisionero a mediados del
año 1535.
Mientras seguía prisionero Manco Inca, llegó a la capital imperial el
conquistador Hernando
Pizarro, incipiente teniente de gobernador general del Cuzco, quien
prontamente lo puso en libertad en febrero de 1536, aunque sin que pudiera salir
de la ciudad de Cuzco.
El monarca escondió su ira y se mostró resignado ante el español, al cual en
señal de agradecimiento le regaló una vajilla, estatuas, vigas del Coricancha y
aríbalos, todos hechos enteramente de oro. Notando el aumento de la ambición de
Hernando le ofreció traerle la estatua del Inca Huayna Cápac «toda de oro,
incluso las tripas».[272] El
comandante español mordió el anzuelo y dejó salir al Inca y a Vila
Oma (mismo que se había escapado de la expedición de Almagro)
de la ciudad, el 18 de abril de 1536, haciéndoles prometer su retorno.[272] Sin
embargo, la verdadera intención de Manco era reunir a sus generales y capitanes
en Calca para
rebelarse contra los españoles.
Hernando Pizarro, tras darse cuenta de su error, encabezó una expedición contra
el ejército inca, que se había reunido en el cercano valle de Yucay. Este ataque
fue un fracaso debido a que los españoles subestimaron gravemente el tamaño del
ejército de Manco Inca. Éste, sin embargo, no atacó Cusco directamente sino que
esperó hasta que reunió a todo su ejército, de entre 100.000 y 200.000 soldados
con los que el 3 de mayo de 1536, de acuerdo con la cronología establecida por
el historiador José
Antonio del Busto,[273] inició
el cerco del Cusco contra las tropas españolas compuestas por 190 españoles (80
de ellos a caballo) y algunos miles de auxiliares indios.[274]
Manco Inca dividió su ejército en cuatro cuerpos: las tropas del Chinchaysuyo eran
conducidas por los generales Coyllas, Osca, Curi Atao y Taype; las del Collasuyo,
las más numerosas, eran conducidas por el general Lliclli; las del Contisuyo,
por los generales Sarandaman, Huaman Quilcana y Curi Huallpa; y las del Antisuyo,
mayormente flecheros y cerbataneros, por los generales Rampa Yupanqui y Anta
Allca.
El ejército inca lanzó un ataque a gran escala contra la plaza principal de la
ciudad, conquistando gran parte de esta. Los 190 conquistadores comandados por Hernando, Juan y Gonzalo
Pizarro, junto con esclavosnegros,
nicaraguas, guatemalas, chachapoyas, cañaris,
huascaristas y miles de indios auxiliares a su servicio, se hicieron fuertes en
dos grandes edificios cercanos a la plaza central, desde donde consiguieron
rechazar los ataques incas y lanzaron frecuentes contraataques.[275]
La estrategia inicial de los españoles fue resistir el ataque perpetrado en los
edificios. Ello generó burlas por parte del ejército de Manco Inca, quienes
desde sus posiciones avanzaron sobre la ciudad, logrando incendiar los tejados
de las casas. Los españoles, presas del pánico, creyeron ver al Apóstol
Santiago el Mayor luchando contra los incas y a la Virgen
María apagando los incendios.
Nuevamente la situación de los conquistadores se logró empeorar, cuando las
tropas de Manco Inca tomaron Sacsayhuamán,
lugar estratégico para dominar el Cuzco. Una vez roto el cerco, impetuosamente
se dirige el ataque español a la fortaleza, chocando varias veces con las
enormes murallas del complejo.
Batalla de Sacsayhuamán
Tras varios días de lucha, las tropas incas conquistaron la fortaleza de
Sacsayhuamán desde la que se dominaba la ciudad, lo que ponía en graves
dificultades a los defensores españoles.
Como respuesta, cincuenta soldados a caballo al mando de Juan
Pizarro, acompañados por auxiliares indios, fingieron una retirada y
salieron del Cusco, rodearon la ciudad y atacaron Sacsayhuamán desde el exterior
de la ciudad. Durante el ataque, Juan Pizarro fue alcanzado por una piedra en la
cabeza y murió varios días después debido a sus heridas. Muchos españoles
cayeron de la misma forma y tuvieron que ser retirados de la lucha en dirección
a la ciudad.
Al día siguiente, las fuerzas españolas y sus aliados indígenas rechazaron
varios contraataques incas e intentaron un nuevo asalto nocturno con escalas. En
este ataque consiguieron el control de las murallas de Sacsayhuamán y el
ejército inca tuvo que refugiarse en dos torres del complejo. El comandante inca
Paúcar Huaman decidió abandonar las torres con parte de sus soldados para
dirigirse hacia Calca (donde se encontraba el cuartel de Manco Inca) y volver
con refuerzos.[276] Con
el número de defensores disminuido, los españoles consiguieron conquistar el
resto de la fortaleza, y cuando Paúcar Huaman volvió con refuerzos, la encontró
bajo firme control español.
La lucha había sido tan intensa que comenzó a disminuir el número de flechas y piedras que
llovían de la fortaleza. El agua, así mismo, empezó a escasear y el ánimo de los
cusqueños comenzó a decaer. El sumo sacerdote Vila Oma dispuso que se abandone
la lucha, pero muchos de sus capitanes decidieron permanecer en el lugar.
Dado esto, los españoles apreciaron que un gran número de soldados enemigos se
retiraban, por lo que presionaron con mayor continuidad hasta ganar las terrazas y
llegar a los torreones de la fortaleza.
En la defensa de una de las torres de Sacsayhuamán se destacó un "jefe orejón"
(de la realeza incaica), llamado Cahuide por
los españoles, quien, con una maza de puntas de cobre y armado de coraza y escudos españoles,
causó estragos entre los españoles que escalaban la fortaleza. Al fin, estos
atacaron con más número, aniquilando la poca resistencia que quedaba. Hernando
Pizarro, admirado del valor del capitán incaico ordenó que lo capturaran vivo.
Pero Cahuide cuando fue evidente que los españoles iban a conquistar la torre se
lanzó al vacío envolviéndose en su manto, "se arrojó al vacío
donde se hizo muchos pedazos".[277]
Campañas de Quizu Yupanqui en la sierra central
Iniciada la rebelión inca, Quizu
Yupanqui fue nombrado capitán general (apuquispay) del
ejército de la sierra central, por Manco
Inca y Vila Oma (sumo sacerdote inca). Salió de Tambo para atacar Lima y
acabar con la recién fundada ciudad española, de manera simultánea al sitio
del Cusco.
En su avance hacia Lima, derrotó a cuatro expediciones de españoles, que
partiendo de Lima iban en auxilio de la guarnición sitiada en el Cusco:
La primera, que estaba al mando
del capitán Gonzalo de Tapia, fue derrotada en Huaytará.
La segunda, que estaba al mando
del capitán Diego Pizarro, fue derrotada en Parcos.
La tercera, al mando del
capitán Alonso de Gaete, fue derrotada en Jauja.
La cuarta, al mando de
Mogrovejo Quiñones, fue derrotada en el camino a Vilcashuamán en
Angoyacu y Lunahuaná.
Todos los expedicionarios españoles, incluyendo sus indios auxiliares, fueron
exterminados por Quizu Yupanqui. Solo se salvaron dos soldados españoles,
quienes en su huida a la costa se tropezaron con el capitán y alcalde
de Lima, Francisco
de Godoy, quien subía a la sierra al frente de una quinta expedición.
Enterado de los hechos, Godoy ordenó el repliegue total de sus tropas a Lima
(120 españoles y miles de aliados indígenas). En total, durante estas
expediciones frustradas, los españoles perdieron casi 200 hombres y cuatro
capitanes experimentados. Pizarro llegó a creer que los indios habían acabado
con todos los españoles que se hallaban en el Cusco, entre ellos sus hermanos
Hernando, Gonzalo y Juan.
Cerco de Lima
Con una fuerza aproximada de 40.000 hombres, Quizu Yupanqui inició la marcha
hacia Lima. Iba acompañado de los capitanes Illa
Túpac y Puyo Vilca. Algunas crónicas mencionan también los nombres de otros
capitanes, como Páucar Huamán, Yanqui Yupanqui, Hualpa Roca, Apu Siloalla y
Allín Songo Inca.
Quizu Yupanqui descendió sobre la sierra de Huarochirí,
por el pueblo de Mama y acampó en las faldas del actual cerro
San Cristóbal, previamente capturado antes de entrar en Lima y destruida la
cruz que allí se encontraba. En Lima los vecinos españoles se refugiaron en el
puerto a la espera de que los barcos los recojan para Panamá mientras los
defendía Francisco Pizarro y unos mil soldados españoles, quienes se prepararon
para la lucha, contaban, además, con el valioso apoyo de miles de indios
aliados.
Una avanzada del ejército incaico trabó combate con un contingente
español-indígena al mando de Pedro de Lerma, en el lecho seco del río
Rímac. Los cuzqueños lograron matar un caballo y a un español, y a herir a
varios españoles; sin embargo, la lucha más recia se trabó entre las fuerzas
indígenas rivales. Luego de la lucha, ambas fuerzas se retiraron a sus
posiciones.
Según una Relación Anónima de 1539, Quizu
Yupanqui, al sexto día de asedio, reunió a sus capitanes y les dijo:
”Yo quiero entrar hoy en el pueblo y matar todos los
españoles que están en él, y tomaremos sus mujeres con quien
nosotros nos casaremos y haremos generación fuerte para la guerra,
los que fueren conmigo han de ir con esta condición, que si yo
muriese mueran todos y si yo huyese huyan todos”.
Tras estas palabras, el ejército inca, luciendo sus estandartes y sus indumentos
de vistosa policromía, y al compás de sus pututos y tambores, inició el asalto
de la ciudad de Lima, al grito de “¡A la mar barbudos!”.[282]
Quizu Yupanqui, que iba adelante, cargado en andas, junto con un selecto
número de sus capitanes, cruzó el río Rímac, pero cuando ya comenzaba a entrar
por las calles de la ciudad, en la zona donde después se elevaría el barrio de
Santa Ana, fue emboscado por la caballería española.
Según fuentes españolas, Quizu, que combatía desde su litera, recibió un lanzazo
en el pecho, que le privó de la vida; la autoría de esa hazaña se le atribuye a
Pedro Martín de Sicilia. Los demás jefes incas que acompañaban a Quizu sufrieron
la misma suerte.[283] En
otras versiones se asegura que Quizu Yupanqui recibió un disparo de arcabuz que
le destrozó una pierna, herida que le causó la muerte, cuando ya se hallaba
retirado en la meseta
de Bombón, cerca al lago
Chinchaycocha, en la sierra central del Perú.[284]
A pesar de ello, la lucha continuó por algún tiempo más, aunque con resultados
desfavorables a los incas, pues no sólo tenían que enfrentar a la caballería,
armas de fuego y ballestas españolas sino también a los miles de aliados indios
de estos. Entre estos últimos se encontraban un ejército huayla de
alrededor de un millón de soldados, enviados porContarhuacho,
curaca de Huaylas y madre de Quispe
Sisa, concubina de Pizarro.
Ante los resultados desfavorables del asalto a la ciudad, los capitanes Páucar
Huamán e Illa
Túpac, convencidos de la inutilidad de sus esfuerzos, decidieron levantar el
cerco y replegarse por el valle del Chillón, obligando a Puyo Vilca hacerlo por
el de Lurín.[287]Poco
después llegó un ejército hispano-cañari comandado por Diego de Sandoval,
encomendero de los cañaris, y el curaca Vilchumlay,
cuya presencia habría contribuido a la retirada de Quizu Yupanqui.[288] Según
el historiador José
Antonio del Busto, influyó también en la retirada el hecho que Manco Inca no
les enviara capitanes de relevo,[289] pues
los soldados incas acostumbraban replegarse al perder a la mayoría de sus jefes.
Para Juan
José Vega, el fracaso del cerco de Lima se debió, fundamentalmente, a la
deserción de los huancas y otras etnias, las cuales debían penetrar por el sur
en apoyo de Quizu Yupanqui. Los huancas, en especial, se convirtieron en los más
entusiastas aliados de los españoles. Otros historiadores, como María
Emma Mannarelli, Luis
Guillermo Lumbreras y María
Rostworowski han destacado que la intervención de los huaylas enviados por
Contarhuacho constituyó un factor determinante en el desenlace del sitio de Lima[290] y
ha sido vinculada con la inesperada retirada de las tropas de Manco Inca.[286] Los
mismos españoles reconocieron que, de haberse puesto en práctica el plan
completo de Quizu, no habría sobrevivido ningún español en Lima.
Con la conquista española de Sacsayhuamán, la presión sobre la guarnición de
Cusco se aligeró, y la lucha se convirtió en una secuencia de escaramuzas
diarias, interrumpidas solo por la tradición religiosa inca de suspender la
lucha durante la Luna
nueva.[291]
Alentado por el éxito, Hernando Pizarro lideró un ataque contra el cuartel
general de Manco Inca, que se encontraba en ese momento en Ollantaytambo,
más alejado de Cusco. Los españoles enviaron un contingente de 100 soldados
españoles y unos 30000
aliados indígenas a atacar a Manco Inca.[292]
Contra los españoles, Manco Inca tenía más de 30000
soldados reunidos en Ollantaytambo, entre ellos había una gran cantidad de
reclutas provenientes de tribus de la selva
amazónica.[293] El
ejército de Manco Inca era una milicia compuesta
en su mayoría de agricultores conscriptos con solo una buena capacitación
militar como mayor ventaja en el conflicto.[294] Esta
era la práctica habitual en el Imperio Inca, donde el servicio militar formaba
parte del deber de todos los hombres casados entre la edad de 25 y 50 años.[295] En
combate, estos soldados eran organizados por grupo étnico y conducidos a la
batalla por sus propios líderes étnicos, llamados curacas.[296]
Al llegar a la fortaleza, Hernando Pizarro decide mandar una expedición de
flanqueo al mando de un capitán. Luego, momentos después, se dirige al pie de la
misma, con intención de capturar al monarca inca topándose con una situación
completamente inesperada....
"...Llegado pues Hernando al amanecer sobre Tambo
halló las cosas muy diferentes de lo que esperaba porque había
puestas muchas centinelas en el campo y por los muros, y muchos
cuerpos de guardia tocando al arma con gran gritería como los indios
suelen... era cosa notable ver salir algunos ferozmente con espadas
castellanas, rodelas y morriones, y tal indio hubo que armado de
esta manera se atrevió a embestir con un caballo... aparecía el Inca
a caballo entre su gente con su lanza en la mano, teniendo al
ejercito recogido y arrimado al lugar que estaba muy bien
fortificado de muralla y de un río, con buenas trincheras y fuertes
terraplenes, a trechos y en buen orden."
crónicas de Antonio de Herrera. Historia general de los
hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano .
Madrid (1601 – 1615).
Oportunamente informado Manco
Inca descubrió el plan de Hernando y mandó que se sacara al río de su lecho,
con fin de inundar la tierra de tal forma que los españoles no pudieran usar
bien su caballería. Se desata el combate con una carga frontal coordinada entre
caballería española e infantería indígena por oleadas hacia los andenes del
lugar, siendo repelido por una enorme cantidad de piedras y flechas con una
puntería mortal.
La batalla se tornaba más sangrienta y la lucha era heroica en ambos bandos. Si
bien es cierto los españoles podían resistir mejor los ataques de los rivales,
los aliados indígenas se hallaban en igualdad de armamento con los soldados
cusqueños por lo que la cantidad de bajas entre ellos era enorme, además las
armas y caballos capturados a los españoles muertos en los enfrentamientos
anteriores eran ahora hábilmente utilizados por los guerreros incas, más aún
estos sustrajeron prácticas hispanas de combate como los perros y las aplicaban
a su modo presentándose en esa fase del combate un escuadrón de pumas amaestrados
que causaron gran mortandad entre los atacantes y sus aliados.
Mientras más dura se tornaba la lucha, Hernando
Pizarro recibió noticias de que la tropa que había enviado para flanqueo
resultó vencida por los soldados incas. Para empeorar la situación, un grupo de
soldados había pasado inadvertido y los atacó desde un flanco. Hernando había
ido a atrapar al inca en su propia base, pero ahora los papeles habían cambiado.
Era Manco el que quería capturar vivo al capitán español. La victoria cuzqueña
empezaba a tomar forma y el comando español dispuso una retirada pronta antes
del anochecer.
El plan de Hernando era
sacar a su ejército en orden, pero las medidas tomadas por el comando cuzqueño
hicieron que los españoles cayeran en la desesperación, por lo que la retirada
se transformó en fuga, los españoles huyeron precipitadamente del campo
de batalla, olvidando a sus aliados indígenas en el camino, quienes fueron
siendo eliminados por los soldados cuzqueños que los perseguían.
La persecución fue feroz, otro pariente del conquistador Francisco Pizarro, su
primo Pedro Pizarro al perder su montura estuvo a punto de ser víctima de los
guerreros incas...
"...acudieron tantos indios sobre Pizarro y su caballo que se le
soltó, y a él le cercaron defendiéndose valerosamente con su espada
y su adarga, acudieron a socorrerle dos de a caballo, que tomandole
en medio aunque trabajosamente le sacaron de la furia y porque para
salir de entre ellos era necesario correr, hallandose Pedro Pizarro
muy cansado se ahogaba y rogó a los compañeros que le aguardasen
porque más quería morir peleando que huyendo ahogado ... ."
crónicas de Antonio de Herrera. Historia general de los hechos de los
castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano . Madrid (1601 –
1615).
La victoria había sido tan contundente que, al día siguiente, un grupo de
cuzqueños que había ido a perseguir a los rivales que huían, encontraron el
campamento español completamente abandonado. Dice la crónica de Titu
Cusi Yupanqui que los cuzqueños rieron ruidosamente porque los españoles
habían huido de miedo.
Estado neo-inca de Vilcabamba (1539–1572)
Retirada hacia Vilcabamba e instalación del Estado inca
Con la llegada de las tropas de Almagro desde Chile,
Manco Inca se retiró a Ollantaytambo para pasar de allí hacia Vilcabamba.
Desde allí, e invitado por los antis, marchó hacia Chachapoyas,
derrotando en Ongoy a
un ejército español que intentó sorprenderlo, obteniendo una aplastante victoria
en la que solo se salvaron dos cristianos. Sin embargo tuvo que distraer sus
victoriosas fuerzas en sostener un nuevo frente, el de los huancas.
El Sapa Inca mandó a someterlos y castigarles por haberse aliado a los
españoles, para lo cual mandó expediciones de castigo que acabaron vencidas por
la coalición huancas-hispana. Enfurecido el Inca, marchó el mismo saliendo de Sapallanga matando
a todos los que encontró en reñidos combates en el camino. Llegó a Jauja, la
Grande, donde se produjo un gran combate en el que tropas españolas participaron
de lado de los huancas. Tras dos días de combate, el Inca vence al ejército
enemigo matando 50 españoles y miles de aliados huancas. Tras estas acciones de
castigo en el valle
del Mantaro, Manco Inca regresa al sur donde manda sacar al ídolo huanca,
llamado Varihuillca, y echarlo al río
Mantaro, cumpliendo de esta forma su venganza.
Después de terminada la campaña huanca, el Inca pasa a Pillcosuni, donde en
Yeñupay derrota y pone en fuga a una expedición española. Después de producida
la batalla
de las Salinas el 6 de abril de 1538, Manco Inca regresa a Vilcabamba y Vitcos,
desde donde pone espías y atalayas en los caminos que llevan a esa región,
enterándose de que una gran expedición iba en su búsqueda al mando de Gonzalo
Pizarro y con la compañía de sus traidores hermanos, Paullo, Inguill y Huaspar.
Salió Manco a defender el paso y para mejor cumplir se encastilló en una
fortalecilla de piedra junto a un río.
La lucha fue tan tenaz como ardua, prolongándose durante 10 días. En la refriega
caen presos del monarca Inguill y Huaspar, y pese a las súplicas de la coya Cora
Ocllo, los decapitó diciendo: «más justo es que corte yo sus cabezas que no
llevar ellos la mía».
Se reanuda la lucha con furor y los españoles logran capturar la fortalecilla.
Acosado por sus enemigos, Manco Inca hubo de echarse al río y atravesarlo a
nado, ganando la otra orilla para gritar a sus burlados adversarios desde ella:
«Yo soy Manco Inca, yo soy Manco Inca», para desconcertarlos y que lo dejasen de
buscar, pero no pudo impedir que capturen a su esposa la Coya y al general Cusi
Rimachi.
Los vencedores partieron inmediatamente al Cusco y, estando descansando en
Pampacona, algunos quisieron violar a la Coya pero ella se defendió cubriéndose
con «cosas hediondas y de desprecio», por lo que el abuso no se consumó. Así
llegaron al pueblo de Tambo, donde para vengarse de su marido entendieron más
provechoso matar a la Coya, lo que hicieron los españoles ballesteros
asaeteándola.
Los españoles, como vieron que no se podían
aprovechar dél, determinaron de bolverse al Cuzco y llevaron por
delante a mi tia Cura Ocllo y a Cusirimache, hermano tanbien de mi
padre, que consigo tenia y otras cosas, los quales llegaron con mi
tia al pueblo de Panpaconac, a donde intentaron a querer forçar a mi
tia y ella no queriendo se defendia fuertemente, en tanto que vino a
ponerse en su cuerpo cosas hediondas y de disprescio, porque los que
quisiesen llegar a ella hubiesen asco, y ansi se defendio muchas
vezes en todo el camino hasta el pueblo de Tanbo, donde los
españoles de muy enojados con ella, lo uno porque no quiso consentir
a lo que ellos querían y lo otro porque hera hermana de mi padre, la
asaletearon biva, sufriendo ella por la castidad, la qual dixo
estas palabras quando la asaletearon: ¿En una muger bengais
vuestros enojos? ¿Qué mas hiziera otra mujer como yo?, Dados priesa
a acabarme porque se cunpla vuestro apetito en todo. Y ansi la
acabaron de presto, teniendo con un paño tapados sus ojos ella mesma.[297]
También sirvió la ocasión para encender varias hogueras y matar en ellas al
valeroso Vila
Oma y a los generales Tisoc,
Taipi, Tangui, Huallpa, Urca Huaranga y Atoc Supi; días después estando ya en Yucay,
los españoles quemaron a Ozcoc y Curi Atao, también caudillos de la rebelión
incaica, en mayo de 1539.
Gobierno y muerte de Manco Inca
Vuelto el Inca a Vilcabamba, hizo hurtar del Cusco a su hijo Titu
Cusi Yupanqui y a la madre de este, saliéndolos a recibir a Victos en 1541.
Estando en Victos llegaron siete almagristas sobrevivientes de las Salinas,
suplicando servir al Inca a perpetuidad si este protegía sus vidas. Aceptó Manco
Inca a tomarlos como vasallos para aprender mejor los usos de la guerra entre
los españoles, por lo que pronto se supo que ningún indio los debería tocar
siendo establecidos como criados y amigos del Inca. Pronto los españoles
alcanzaron una amistad con el monarca, enseñándole a este y a su corte a
perfeccionar sus conocimientos sobre los caballos y adentrándolo también en los
juegos de bolos y el herrón. Manco Inca utilizó a los esclavos para que se vayan
a la guerra a luchar con otros.
Alonso de Toro, teniente
gobernador general de Cuzco, ofreció en 1545 (algunos sostienen que fue en
1544) una oportunidad a los almagristas que habían traicionado a España.
Les dijo que si mataban a Manco Inca les perdonarían, y ellos aceptaron; por lo
que un día de los primeros meses de 1545, en Vilcabamba,
los siete almagristas asesinaron a Manco Inca delante de su hijo,[298]Titu
Cusi Yupanqui, quien fue más tarde cronista y
narró la muerte de su padre:
Estaban un día con mucho regocijo jugando al herrón (nota: juego
antiguo con tejo de hierro, que tenía hueco en el centro, y que se
trataba de meter en un clavo hincado en el suelo) solos mi padre y
ellos y yo, que entonces era muchacho, sin pensar mi padre cosa
ninguna ni haber dado crédito a una india de uno de ellos, llamada
Bauba, que le había dicho muchos días antes que le querían matar
aquellos españoles. Sin ninguna sospecha de esto ni de otra cosa se
holgaba con ellos como antes; y en este juego como dicho tengo,
yendo mi padre a levantar el herrón para haber de jugar, descargaron
todos sobre él con puñales y cuchillos y algunas espadas; y mi padre
como se sintió herido, con mucha rabia de la muerte, procuraba
defenderse de una parte y de otra; mas como era solo y ellos siete,
y mi padre no tenía arma ninguna, al fin lo derrocaron al suelo con
muchas heridas y lo dejaron por muerto. Y unos andes, que a la sazón
llegaron y el capitán Rimachi Yupangui, les pararon luego de tal
suerte, que antes que pudiesen huir mucho trecho, a unos tomaron el
camino mal de su grado, derrocándolos de sus caballos abajo, y
trayéndolos por fuerza para sacrificarlos. A todos los cuales dieron
muy crudas muertes.
Los españoles salieron por la puerta celebrando la muerte del que fuera su
protector y amigo, más los descubrió el capitán Rimachi Yupanqui, quien con
algunos antis les cortó la retirada derribándolos de sus cabalgaduras y
arrastrándolos hasta el poblado, donde enterados de lo sucedido, dieron cruel
muerte a aquellos, quemando a los más culpados. Las cabezas de los siete
españoles que asesinaron a Manco Inca fueron exhibidas en las plazas y calles
de Vitcos y
Vilcabamba.[299]
Manco Inca sobrevivió unos cuantos días en agonía y entre las últimas
conversaciones que tuvo con su
hijo se encuentra este mensaje:
No te dejes engañar con sus melosas palabras, son todas mentiras, si
tú les crees te engañarán como lo hicieron conmigo.[298]
Le sucedió su segundo hijo, Sayri
Túpac, quien renunció y dejó el trono a su hermano mayor (hijo mayor de
Manco Inca) llamado Titu
Cusi Yupanqui y cuando este murió le dejó el trono a su hermano llamado Túpac
Amaru. Los cuatro Incas
de Vilcabamba fueron de la familia de Manco Inca, descendientes de la panaca
de Huayna Cápac.
Primeros años coloniales (1542–1572)
Consolidación del dominio español
Creación del Virreinato del Perú
Al mismo tiempo que se producía la caída del Tahuantinsuyo, se desató un
conflicto entre los conquistadores. Para concluirla, el 20 de noviembre de 1542,
el reyCarlos
I de España firmó en Barcelona por Real
Cédula las llamadas Leyes
Nuevas, un conjunto legislativo para las Indias entre
las cuales dispuso la creación del Virreinato del Perú en reemplazo de las
antiguas gobernaciones de Nueva
Castilla y Nueva
Toledo, al tiempo que la sede de la Real
Audiencia de Panamá fue trasladada a la Ciudad
de los Reyes o Lima,
capital del nuevo virreinato.
y te ordenamos y mandamos que en las provincias o reinos del Perú
resida un virrey y una audiencia real de cuatro oidores letrados y
el dicho virrey presida en la dicha audiencia la cual residirá en
la ciudad
de los reyes por ser en la parte mas convenible porque de aquí
adelante no ha de haber audiencia
en panamá.
Fue su primer virreyBlasco
Núñez Vela, nombrado por real cédula del 1 de marzo de 1543. Sin embargo, no
pudo ejercer la autoridad real debido a los enfrentamientos entre los
partidarios de Francisco
Pizarro y Diego
de Almagro por el dominio del Perú,
y pereció asesinado por Gonzalo
Pizarro. El asesinato de la primera autoridad del rey produjo mucha
consternación en España; la Corona dispuso castigar severamente a quien había
atentado contra el virrey, el representante del rey en territorios conquistados.
Para ello, Carlos I envió a Pedro
de la Gasca con el título de Pacificador para solucionar esta situación. Ya
en el Perú, La Gasca, seguro de haber infundido la semilla de la traición entre
los partidarios de Gonzalo Pizarro, se enfrentó al conquistador cerca del Cuzco,
en 1548. Gonzalo Pizarro vio a sus capitanes pasarse al bando de la Gasca y la
derrota para él resultó aplastante. Conducido a la ciudad del Cuzco, fue
ejecutado por delito de alta traición al rey.
Tras la muerte de Manco Inca en 1544, sus hijos continuaron al frente del
reducto de la resistencia incaica, pero su accionar ya no tuvo la
radicalización, ni la fuerza del movimiento que encabezó su padre. Desde los
primeros años en que Sayri Túpac estuvo a cargo del gobierno, buscó establecer
relaciones con el gobernador español Pedro
de la Gasca. Sin embargo el pacificador solo le ofreció unas cuantos
terrenos para aquietar sus necesidades. El Sapa Inca prefirió quedarse en su
reducto hasta poder lograr un mejor acuerdo. También tuvo contacto con el
virrey Andrés
Hurtado de Mendoza en 1550 y 1556. Sayri Túpac logró un acuerdo beneficioso
en 1558 y salió de Vilcabamba con un repartimiento en el valle de Yucay. El
monarca entendió que debía adecuarse a las nuevas reglas establecidas por los
españoles. La nobleza
incaica era reconocida de alguna manera y por ello recibían ventajosos
beneficios.
Sayri Túpac murió en 1561 y es su hermano Titu
Cusi Yupanqui quien toma el control del gobierno. Este nuevo Sapa Inca se
declaró enemigo de los intereses españoles, organizando en un primer momento
expediciones de hostilización a las poblaciones cercanas a Vilcabamba. En 1564,
se temía la organización un alzamiento general desde Quito hasta Tucumán,
aliándose con las resistencias chiriguana, diaguita y
jurí; se llegaron a encontrar y destruir armerías y depósitos clandestinos en Jauja[301]
Titu Cusi también se contactó con el gobernador Lope
García de Castro, tratando de llegar a algún acuerdo beneficioso para los
rebeldes. Firmó el Tratado
de Acobamba en 1566 y en dicha capitulación se ponía fin a las hostilidades
y se perdonaban los actos cometidos por los rebeldes. Una de las medidas de la
capitulación fue el bautizó de Titu Cusi Yupanqui y su familia en 1568, hecho
que no fue bien visto por los curacas más radicales.
El Inca murió repentinamente de una extraña enfermedad. Los misioneros
agustinos que lograron entrar tras el tratado, fueron vistos como
responsables de la muerte, ya que en su afán de ayudar le dieron brebajes que
los andinos pensaron era veneno. El misionero Diego Ortiz fue encontrado
culpable siendo torturado y ajusticiado posteriormente. Los españoles y mestizos
que se encontraban en Vilcabamba también fueron ajusticiados. La elite buscó un
sucesor y fue así que su hermano Túpac
Amaru empuñó el cetro y se ciñó la mascapaycha a
comienzos de 1570.
El más joven de los hermanos de Titu Cusi tomó entonces el mando: Túpac
Amaru —es decir: Serpiente de Fuego—, (conocido como Túpac Amaru I para
diferenciarlo de José
Gabriel Condorcanqui quien también llevó el mismo nombre aunque en el sigloXVIII,
y que también se enfrentó a los españoles). El nuevo Sapa Inca formó un ejército
y lo puso a las órdenes de los generales Huallpa Yupanqui, Cori Páucar Yauyo y
Colla Túpac. Denunció el Tratado
de Acobamba, expulsó a los españoles de Vilcabamba, cerró sus fronteras y
pregonó que luchaba por la restauración del Tahuantinsuyo.
El virrey
del Perú, Francisco
Álvarez de Toledo, quinto gobernante del Perú hispano (1569–1581), que ya
había recibido de España el
"cúmplase" que incluida la bula que
autorizaba el matrimonio de Quispe Titu, el 20 de julio de 1571, envió al
dominico Gabriel de Oviedo y al licenciado García de los Ríos a Vilcabamba, para
que entregaran los documentos a Túpac Amaru y solucionar el problema de forma
pacífica. Esta comisión no fue recibida por el monarca y tuvo que volver al
Cusco. Encontrándose el virrey en el Cusco, envió a Tilano de Anaya con una
carta amenazante al Inca. Al cruzar el puente de Chuquichaca, fue muerto por los
leales a Túpac Amaru. Conocido el hecho, el virrey Toledo decidió terminar las
conversaciones y el concordato con Vilcabamba, enviando una expedición militar
al mando de Martín
García Óñez de Loyola, Martín Hurtado de Arbieto y Juan
Álvarez Maldonado, para ocupar Vilcabamba "a sangre y fuego".
Ofreció a la ñusta Beatriz,
heredera de las riquezas de su padre Sayri Túpac, como trofeo en matrimonio para
quien capturase al Inca rebelde.
Para la defensa de Vilcabamba, el inca Túpac Amaru contaba con aproximadamente
2000 soldados, de los cuales 600 o 700 eran guerreros anti (llamados chunchos por
los incas del Cuzco), de quienes el fallecido Titu Cusi solía decir a los
emisarios españoles, fingida o realmente, que aún practicaban el canibalismo.
Entre sus generales figuraban
Hualpa Yupanqui, Parinango, Curi Paucar y Coya Topa.[302]
Para atacar el baluarte, Hurtado de Arbieto dividió a su ejército en dos grupos,
el primero de ellos bajo su mando directo atacaría por Chuquichaca mientras que
la segunda columna, al mando de Arias de Sotelo, lo haría por Curahuasi. Las
tropas virreinales estaban compuestas por españoles, diversas etnias indígenas e
incluso un destacamento 1500 tropas de "alrededores del Cusco" comandados por el
inca Francisco Cayo Topa.[301]
Se libraron gran cantidad de escaramuzas, pero la única gran batalla de la
campaña tuvo lugar en Coyaochaca,
a orillas del río Vilcabamba. Los vilcabambinos atacaron primero con mucho
espíritu a pesar de estar solo ligeramente armados, pero los españoles y sus
aliados lograron resistirlos; según Martín
García Óñez de Loyola, los españoles llegaron a estar en un momento crítico
a punto de ser arrollados, pero el ejército de Vilcabamba colapsó súbditamente
tras ser arcabuceados y
muertos sus generales Maras Inga y Parinango.[303] Un
momento cumbre del combate se alcanzó con la pelea personal y a mano limpia
entre el capitán vilcabambino Huallpa y el español García de Loyola, cuando este
último se hallaba en una situación desesperada por haber recibido varios golpes
directos y encontrarse en riesgo de ser desabarrancado, uno de sus leales
disparó traidoramente sobre la espalda del inca, matándolo y provocando un clima
de indignación que reavivó el combate.
Tras esta batalla los españoles capturaron la ciudad y el palacio de Vitcos. Al
acercarse la expedición a la ciudadela de Tumichaca, fueron recibidos por su
comandante Puma Inga, quien rindió sus fuerzas y manifestó que la muerte del
comisionado español Anaya había sido responsabilidad de Curi Paucar y otros
capitanes rebeldes a sus incas deseosos de la paz. El 23 de junio cayó ante la
artillería española el último foco de resistencia vilcabambina, el fuerte de
Huayna Pucará, que los nativos habían construido recientemente y se encontraba
defendido por 500 amazónicos armados con arco y flecha. Los restos del ejército
inca, ahora en retirada, optaron por abandonar Vilcabamba, su última ciudad, y
adentrarse en la selva para reagruparse.
El 24 de junio los españoles tomaron posesión de la ciudad cumpliendo Sarmiento con
las solemnidades del caso, quien tras enarbolar el estandarte real en la plaza
del poblado proclamó:
"Yo, el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa, alférez general de este
campo, por mandato del ilustre señor Martín Hurtado de Arbieto,
general de él, tomo posesión de este pueblo de Vilcabamba y sus
comarcas, provincias y jurisdicciones".
Acto seguido campeó tres veces el estandarte y a grandes voces dijo:
Clavó el estandarte en la tierra y realizó las salvas de ordenanza. Acompañado
de los suyos, Túpac Amaru se había marchado el día anterior con dirección al
oeste, dentro de los bosques de las tierras bajas. El grupo, que incluía a sus
generales y a los miembros de su familia, se había dividido en pequeñas partidas
en un intento de evadir la persecución. Grupos de soldados españoles y sus
indios auxiliares fueron enviados para cazarlos trenzándose en sangrientas
escaramuzas con la escolta del inca. Uno capturó a la esposa e hijo de Wayna
Cusi. El segundo regresó. El tercero regresó también; lo hizo con dos hermanos
de Túpac Amaru, otros parientes y sus generales. El inca y su comandante
permanecieron sueltos.
A continuación, un grupo de cuarenta soldados españoles elegidos personalmente
salieron en persecución del inca. Siguieron el río Masahuay durante 170 millas,
donde encontraron un almacén inca con cantidades de oro y vajilla de los incas.
Los españoles capturaron un grupo de chunchos y los obligaron a informarles de
los movimientos incas, y si habían visto al monarca inca. Estos informaron que
se había ido río abajo, en bote, por lo que los españoles construyeron 20 balsas
y continuaron la persecución.
Río abajo descubrieron que Túpac Amaru había escapado por tierra. Continuaron
con la ayuda de los aparis, los cuales avisaron qué ruta habían seguido los
incas e informaron que Túpac se veía ralentizado debido a que su mujer estaba a
punto de dar a luz. Después de una marcha de 50millas
vieron una fogata alrededor de las nueve de la noche.[citarequerida] Encontraron
al inca Túpac Amaru y a su mujer calentándose entre sí. Les aseguraron que no se
les produciría ningún daño y asegurarían su rendición. Túpac Amaru fue apresado.
Los cautivos fueron traídos de regreso a las ruinas de Urcos y, desde allí,
llegaron al Cuzco por el arco de Carmenca[304] el
30 de noviembre. Los vencedores también trajeron los restos momificados de Manco
Cápac y Titu
Cusi Yupanqui, y una estatua de oro de Punchao, la más preciada reliquia del
linaje inca que contenía los restos mortales de los corazones de los incas
fallecidos. Estos objetos sagrados fueron luego destruidos.[citarequerida]
Tupac Amaru fue conducido por su captor, García de Loyola, ante el virrey
Francisco de Toledo, quien ordenó su reclusión en la fortaleza de Sacsayhuamán bajo
la alcaidía de
su tío, Luis de Toledo.[304] Refiere Guamán
Poma que pesó mucho en el animo de Toledo que habiéndole mandado llamar,
Amaru le contestó.
Los españoles hicieron varios intentos para convertir a Túpac Amaru al cristianismo pero
se cree que estos esfuerzos fueron rechazados por un hombre muy fuerte, que
estaba convencido de su fe. Los cinco generales incas capturados recibieron un
juicio sumario en el que nada fue dicho en su defensa y fueron sentenciados a la
horca, aunque varios no pudieron ser ejecutados porque la peste -la
llamada chapetonada- atacó a todos en prisión
imposibilitándolos de caminar, tuvieron que sacarlos agónicos y en mantas de la
celda, muriendo tres en el trayecto y solo dos, Cusi Paúcar y Ayarca, llegaron
al patíbulo.[304]
El juicio del inca comenzó un par de días más tarde. Túpac Amaru fue condenado
por el asesinato de los sacerdotes en Urcos,
de lo cual fue probablemente inocente.[305] Fue
sentenciado a la decapitación.
Numerosos clérigos, convencidos de la inocencia de Túpac Amaru, suplicaron de
rodillas al virrey que el líder inca fuera enviado a España para
ser juzgado en vez de ser ejecutado.
Ejecución de Túpac Amaru I y fin de la conquista española
Un testigo ocular del día de la ejecución, el 24 de septiembre de 1572, lo
recordaba montado en una mula con
las manos atadas a su espalda y una soga alrededor del cuello. Otros testigos
dijeron que había grandes masas de personas y que el Uari inca salió de
Sacsayhuamán rodeado por entre 500 cañaris,[306] enemigos
de los incas, armados con lanzas y la comitiva bajó a la ciudad. Frente a la
catedral, en la plaza central de Cuzco,
un patíbulo había sido erigido. Había más de 300 000 personas presentes en las
dos plazas, calles ventanas y tejados.[306] Túpac
Amaru subió al patíbulo acompañado por el obispo de Cuzco. Mientras lo hacía, se
dice en las fuentes que
una multitud de indios [sic], que llenaron completamente la
plaza, vieron el lamentable espectáculo de que su señor e inca iba a
morir, ensordecieron los cielos, haciéndolos reverberar con sus
llantos y lamentos
(Murúa, 271)
Refiere Garcilaso que
el Inca alzó el brazo derecho con la mano abierta y la puso en el oído, y de
allí la bajó poco a poco hasta ponerla sobre el muslo derecho. Con lo cual los
presentes cesaron su grito y vocería, quedando con tanto silencio que «parecía
no haber ánima nacida en toda aquella ciudad».[307]
Como es relatado por Baltasar de Ocampo y fray Gabriel de Oviedo, prior de
los dominicos en
Cuzco, ambos testigos oculares, el inca levantó su mano para silenciar a las
multitudes, y sus últimas palabras fueron:[308]
Ccollanan Pachacamac ricuy auccacunac yahuarniy hichascancuta (‘Ilustre Pachacamac,
atestigua como mis enemigos derraman mi sangre’)
Túpac Amaru I
Los españoles y el Virrey entre
ellos, quienes desde una ventana observaban la ejecución de la sentencia, se
admiraron mucho de esta escena. Notando con espanto la obediencia que los
indígenas tenían a su príncipe el Virrey mandó a su criado, Juan de Soto, quien
salió a caballo con un palo en la mano para abrirse paso hasta llegar al
cadalso, diciendo allí que se procediese a ejecutar al Inca. El verdugo, que era
un español (según Martín
de Murúa[309] y Felipe
Guamán Poma[310]),
preparó el alfanje y
Túpac Amaru puso la cabeza en el degolladero «con estoicismo andino».[311] Al
momento de la ejecución rompieron a doblar todas las campanas del Cuzco,
incluyendo las de la catedral.
La cabeza quedó clavada en una picota, pero el cuerpo se llevó a casa de Da.
María Cusi Huarcay, tía del decapitado monarca, enterrándosele al día siguiente
en la capilla mayor de la catedral, asistiendo los vecinos españoles que no
creyeron comprometerse con ello ante el Virrey, y la totalidad de indígenas
Nobles, descendientes de los incas.[312] El
virrey Toledo comunicó al rey FelipeII la
ejecución de Túpac Amaru, en una carta del 24 de septiembre de 1572,
manifestándole
lo que vuestra majestad manda acerca del Inca, se ha hecho[313]
Algunos historiadores[314] indican
que, cuando el virrey Toledo dejó su cargo para regresar a España, fue recibido
por el rey
Felipe ll con las siguientes palabras aludiendo a la ejecución de Túpac
Amaru.
Podéis iros a vuestra casa, porque yo os envié a servir reyes, no a
matarlos
Con su muerte terminó oficialmente la conquista del Tahuantinsuyo. No obstante,
el último territorio alguna vez dominado por los incas no fue conquistado
definitivamente hasta 1667, tratándose de la antigua provincia
de Kiri-Kiri en el marco de las Guerras
calchaquíes. Los territorios incaicos ocupados por los chiriguanos tras
las invasiones
guaraníes tampoco fueron conquistados e integrados plenamente.
Asimismo, se suscitarían distintas protestas,
motines y alzamientos indígenas a lo largo del periodo virreinal que
crecerían exponencialmente durante el siglo XVIII, integrando incluso a
españoles y criollos, alcanzando su punto álgido con las rebeliones del Gran
Pajonal, liderada por Juan
Santos Atahualpa y que consiguió exitosamente expulsar a los españoles de
la Selva
Central, y la de José
Gabriel Túpac Amaru la cual desató una ola de persecución contra la cultura
andina.
Colonización portuguesa
Portugal obtuvo del Tratado
de Tordesillas un amplio territorio en América, dando inicio a la
colonización de América.
Reclamó la soberanía de isla de Terranova, Labrador (Canadá) y Groenlandia
(Dinamarca) tras la exploración de las costas de Gaspar
Corte Real en 1500, fundando São
João (1519).
La
oposición del resto de las naciones europeas a la exclusividad americana de
España y Portugal ocasionó sucesivas guerras transcontinentales e intentos de
ocupación o anexión. Además, durante el periodo de la Unión
Ibérica, del siglo XVI y
hasta 1640 los comerciantes criptojudíos del
imperio portugués tenían en exclusiva el asiento
de negros para la importación desde sus colonias de la costa oeste de África
de esclavos africanos a los puertos Hispanoamericanos de Cartagena y Veracruz.
La guerra
luso holandesa supuso el cambio en la soberanía de algunos territorios,
especialmente en Asia. De 1630 a 1654 el imperio holandés estableció el Brasil
holandés. Además, 1678 Portugal estableció la Colonia
do Sacramento (Uruguay) en la Banda
Oriental, considerado por los españoles una amenaza a la integridad del virreinato
del Perú, ocasionado sucesivos abandonos y reconquistas a lo largo de los
años.
Francia estableció el control de un amplio territorio en Norteamérica, además de
colonias en las Antillas. En la actualidad, mantiene territorios franceses en
América.
Un
primer intento de colonización a expensas del imperio portugués tuvo lugar con
la fundación del fuerte
Coligny en 1555.
Tras
la exploración del río
San Lorenzo, Samuel
de Champlain fundó Quebec (Canadá)
en 1608 con el propósito de establecer una factoría peletera. Esta fundación fue
precedida de varios intentos de establecer colonias y la presencia habitual
durante el sigloXVI de
pesqueros franceses en la costa atlántica del norte del continente. Francia
emprendió acciones junto a la confederación
Huronesa contra sus enemigos, conocidas como las guerras
de los Castores. Además de Quebec, Francia estableció puestos en Nueva
Escocia, Annapolis y
la zona de Grandes
Lagos y a lo largo del río
Misisipi. Durante el siglo XVII Francia
llevó a cabo exploraciones adentrándose en Norteamérica, con el propósito de
ocupar el territorio y evangelizar a los indígenas, siguiendo un modelo similar
al español y opuesto al inglés. Por ello, para la primera mitad del sigloXVIII había
establecimientos franceses en Detroit, Niágara, Illinois y Nueva
Orleans. Estos puestos le proporcionaron a Francia el control de un
territorio que se extendía desde Canadá hasta la actual
Luisiana. En sus inicios, la administración del territorio estaba
descentralizada y conferida a los comerciantes o corredores de
bosques que colonizaban cada zona. Posteriormente, la administración se
profesionalizó con el nombramiento de gobernadores o capitanes generales.
En
1612 el rey Luis
XIII propició el efímero establecimiento de São
Luís (Brasil). Sin embargo, los esfuerzos colonizadores de Francia se
materializaron al norte, con la fundación de Cayena (1643)
en la denominada Francia
Equinoccial, actual Guayana Francesa, que en 1674 pasó ser propiedad
personal de LuisXIV.
En el transcurso del sigloXVII,
estableció colonias en las Antillas menores en el Caribe ocupando las islas
de Saint Christopher, Saint Croix, San Bartolomé, Granada, San Martín, Tortuga,
Marie Galante. En 1697, tras la guerra
de los Nueve Años, obtuvo un tercio de La
Española que se llamó Saint
Domingue (Haití).
Las islas francesas tenían una economía basada en la producción y exportación
de azúcar, algodón, cacao y tabaco con
mano de obra esclava procedente del comercio
triangular de sus colonias en Gorea (Senegal)o de otros comerciantes europeos de esclavos africanos.
Además, Francia promovió acciones de corso y piratería contra España como el ataque a Cartagena
de Indias en 1697. En la segunda mitad del sigloXVII el
gobierno de los territorios americanos era de carácter absolutista y
centralizado. Canadá fue convertida en provincia y se otorgaron señoríos jurisdiccionales,
que a su vez se dividían en parroquias bajo autoridad eclesiástica o militar.
En
1858 Francia se anexionó la isla
Clipperton, cuya soberanía frente a México le fue reconocida en 1931. Tras
la invasión de
México de 1862, Napoleón
III estableció el gobierno títere del Segundo
Imperio mexicano. Tras la retirada del ejército francés en 1865 y gracias
al apoyo de los estadounidenses Grant y Sheridan,
en 1867 Juárez volvió
a hacerse con el poder en México. Además, en 1878 Francia obtuvo la Concesión
Wyse sobre el territorio del Canal
de Panamá, que terminó en 1903 con la independencia
de Panamá de Colombia propiciada por EE.UU.
para el control estadounidense del estratégico Canal.
Inglaterra fue el segundo país que se rebeló contra el reparto hispano-luso de
América, y en la actualidad mantiene posesiones ingleses en América
(considerados territorios no
autónomos), además de ejercer influencia política y económica y control de
hecho sobre los que se independizaron teóricamente en el XIX; y de la monarquía
del rey británico en Canadá y de la influencia británica a través de la Commonwealth.
Otros
establecimientos fueron la colonia
de Terranova (Canadá) establecida en 1610 o la colonia de Bermudas
con capital en Saint
George (1612). De 1650 data la colonia de Anguila (Reino Unido), y en 1670 Inglaterra
ocupó las islas Caimán
y ya en 1649
Jamaica (Jamaica). Además, en 1672 estableció las colonias de las islas
Vírgenes Británicas.
Durante el sigloXVIII Inglaterra
fue ocupando los territorios al norte de las Trece Colonias incorporándolos a
la Norteamérica
británica. En 1718 ocuparon las islas Bahamas.
En 1763, tras la guerra
de los Siete Años, ocupó Nueva
Francia, después Canadá Británico. Tras la guerra
de Independencia de Estados Unidos, Inglaterra perdió las Trece Colonias y
le fue permitido en 1787 ocupar la Honduras
británica (Belice), Islas Turcas y Caicose isla Montserrat . Tras la guerra
de Coalición obtuvo la Guyana
Británica, habiendo tenido establecimientos temporales en los siglos
anteriores. Los territorios caribeños ingleses fueron empleados para la
explotación agrícola con destino al comercio monopolístico con la metrópoli, con
el uso de mano de obra esclava procedente
del comercio
triangular, siendo la Royal
African Company,
fundada por Carlos
II y Jacobo
II, una de las principales empresas comerciantes de esclavos desde África.
Las principales poblaciones y puertos relacionados con el comercio de esclavos y
con el Caribe inglés fueron Londres, Liverpool y Bristol.Del sigloXVIII data
también el sistema de segregación de las reservas
indias en Norteamérica.
Provincias Unidas de los Países Bajosfue el primer país en intentar
socavar la exclusividad americana luso-española del Tratado de Tordesillas y en
la actualidad mantiene posesiones neerlandesas en América.
Tras
realizar la exploración del río
Hudson en 1609 y el establecimiento de puestos en 1621, en 1625 se fundó Nueva
Ámsterdam (la actual Nueva York) como capital de Nuevos
Países Bajos, cuya actividad era la peletera.
En
1634 Países Bajos ocupó la isla de Curaçao
y en 1636 Aruba)
y Bonaire.
Desde el final de la Unión Ibérica en 1640 y hasta finales del siglo XVII el
imperio neerlandés controló el comercio de esclavos africanos en América.
Además, durante el sigloXVII y XVIII ocuparon
de manera interrumpida algunas de las Antillas menores del Caribe dentro del
marco de alianzas y comercio con el resto de naciones europeas con colonias en
esta islas.
En
cuanto al régimen administrativo implantado por los neerlandeses durante la
época colonial, en sus orígenes fue similar al inglés y al portugués dado el
carácter de factorías o establecimientos comerciales que tuvieron sus
efímeras colonias. Sin embargo, la colonia establecida en Brasil fue gobernada
por un miembro de la familia real. En las islas también se estableció un
gobierno subordinado a la Corona.
Lista de posesiones:
Guayana Neerlandesa (Actualmente corresponde a Guyana esequiba, Guyana,
Surinam y Guayana Francesa)
En
1528 el rey Carlos
I de Castilla
concedió a los banqueros ausburgueses Welser el
arrendamiento de Klein-Venedig o
Welserland en la provincia
de Venezuela (Venezuela) por su apoyo en la elección a emperador del Sacro
Imperio Romano Germánico. La colonia no prosperó por el empeño en la costosa
expedición en busca de El
Dorado, la huida o rebelión de los indígenas por el riesgo de ser
esclavizados en contra de la legislación española y las acusaciones de abusos y
saqueos reportados a la Real
Audiencia de Santo Domingo.
En el sigloXVII, Federico
Guillermo impulsó que la Compañía
Brandemburguesa Africana arrendara una parte, Saint
Thomas a Dinamarca. La colonia duró de 1685 a 1693, con el empleo de esclavos de
la Costa
de Oro brandeburguesa (Ghana) para la producción de caña de azúcar.Además, ocupó isla
Vieques (Puerto Rico) de 1689 a 1693. Brandeburgo-Prusia llevó a cabo otros
intentos por hacerse con colonias en las islas caribeñas, sin resultado ante la
competencia de las diferentes naciones europeas en la zona. En 1669 el condado
de Hanau negoció sin éxito con Países Bajos el establecimiento de la colonia
de Indias
hanauesas (Surinam, Guayana Francesa y Brasil). En 1731 colonos alemanes se
asentaron en los terrenos de la Compañía
del Mississipi dando lugar a la Costa
Alemana (actual Luisiana, EE.UU.).
Durante el siglo XIX hubo
iniciativas privadas de control económico en América como el control de la
producción de café
en Guatemala propiciada por Barrios
Auyón,la fallida colonia de Nueva
Germania (Paraguay)o la colonización de Valdivia,
Osorno y Llanquihue (Chile). Desde finales del siglo XIX diáspora
alemana se encuentra repartida por todo el continente.
En
cuanto a iniciativas gubernamentales, Alemania impulsó desde finales del sigloXIX la
obtención sin éxito de colonias en el Caribe, el denominado Caribe
alemán. Además, en 1972 la RDA obtuvo
la isla Ernest
Thaelmann (Cuba), a cuya soberanía renunció en 1990 con la reunificación
alemana.
Catedral primada de América, Santo Domingo, en estilo plateresco (siglo XVI),
que, al formar parte de la época renacentista, se incluye dentro de la
influencia italiana, por abultarla.
Durante el siglo XIX se
sucedieron las iniciativas privadas como la malograda colonia venezolana
impulsada por Carlo
Castelli
de 1841.Desde finales del siglo XIXdiáspora
italiana se encuentra repartida por todo el continente. Lo que demuestra que
no es necesario tener colonias para dar salida a la demografía creciente. Ni a
la inversa.
Colonización danesa
La
fundación del reino
de Dinamarca y Noruega supuso la adquisición por Dinamarca de los territorios
noruegos de Groenlandia que habían sido abandonados en el sigloXV.
En 1728 el religioso Hans
Egede realizó un nuevo esfuerzo colonizador en Groenlandia con la fundación
de Godthåb,
cuyo principal interés económico era la pesca ballenera.
En
1672 la Compañía
danesa de las Indias Occidentales y Guineaocupó Santo
Tomás (Islas Vírgenes hoy posesión de EE.UU.),
y se estableció también en otras islas del Caribe como Saint
John (1683) o Saint
Croix (1733), adquirida a Francia. En 1754 pasaron a la propiedad personal
del rey Federico
V. Se trataba de colonias productoras de caña de azúcar con empleo intensivo
de mano de obra esclava procedente
del comercio
triangular con la Costa
de Oro danesa (Ghana). Además, el grueso de los esclavos africanos fue
vendido a otras colonias europeas establecidas en el Caribe, siendo Saint Thomas
el centro de este comercio, en el que se permitía la participación de los piratas.
Tras la abolición del comercio de esclavos en 1803, y su posesión en 1848, estas
colonias entraron en declive. Dinamarca vendió la Costa de Oro danesa a
Inglaterra en 1850 y en 1917 vendió las Indias Occidentales danesas a EE.UU.
En
1638, durante la guerra de los Treinta Años, el Imperio
sueco estableció una serie de colonias a lo largo del río
Delaware (Estados Unidos) denominadas Nueva Suecia. Fueron propiciadas por
el neerlandés Peter
Minuit, gobernador de la vecina Nuevos
Países Bajos, quien cedió algunos asentamientos previos como Fort
Nassau
o Fort
Christina. Los colonos procedían de Savo y Kainuu (actual Finlandia).
Otras poblaciones fueron Nuevo Estocolmo o Swedesboro.
En 1655 el militar neerlandés Peter
Stuyvesant derrotó a los suecos y anexionó Nueva Suecia a Nuevos Países
Bajos.
En
1784 el rey Gustavo
III negoció con Francia la compra de Saint-Barthélemy (Francia)
y el uso del puerto de Gotemburgo.
La Compañía Sueca de las Indias Occidentales la convirtió en
puerto franco y se importaron esclavos africanos.
De 1812 a 1844 fue una colonia en propiedad personal del rey Carlos
XIII. Tras casi un siglo de ocupación, en 1878 fue vendida a Francia.
Además, Suecia ocupó brevemente Guadalupe (Francia)
de 1813 a 1814.
En
1741 se llevó a cabo la exploración de las islas
Aleutianas y las costas de Alaska, y en 1759 el peletero Stepan Gavrilovich
Glotov fundó el puesto de Unalasca (Alaska).
En época de Catalina
la Grande se fundaron otras poblaciones como Kenai (1781)
o Kodiak (1784),
y después Sitka (1799),
capital de la América
rusa.El principal interés económico eran las factorías
peleteras con mano de obra aleuta,
atha o tlingitcautiva,
y sus principales desafíos fueron lo costoso de su aprovisionamiento desde
Siberia, las expediciones
españolas hasta Alaska y los ataques de los indígenas. Además, para
frenar la amenaza expansionista rusa, España comenzó en 1769 un sistema de misiones y presidios militares
hasta la actual Columbia Británica (Canadá).
Aprovechando la invasión
francesa de España, en 1812 la Compañía
ruso-americana realizó una expedición a la costa de la Alta
California española fundando el puesto de Fort
Ross, que se mantuvo como un enclave comercial
aislado hasta 1848. Finalmente, como ya los EE. UU. se habían adueñado de
California, el 9 de abril de 1867 Alejandro II firmó la venta
de Alaska a EE.UU. para
financiar la guerra
ruso-turca y compensar los daños de la guerra de Crimea. Se trataba de un
vasto territorio agreste, escasamente poblado por población autóctona.
El reino
de Noruega fue el primer país con colonias en América, con la fundación en Groenlandia de
la población de Brattahlíd por Eric
el Rojo en 985. Su economía se basaba en la pesca, la piel y el marfil y
alcanzó los 5.000 habitante contando con la diócesis
de Gardar. La Pequeña
Edad de Hielo, lo costoso del aprovisionamiento y la rebelión de los
inuit thule supuso
el declive y abandono en el XV tras más de cuatrocientos años de presencia en
Groenlandia.
Desde
su proclamación de soberanía en 1905 Noruega ha
llevado a cabo intentos de control sobre algunos territorios de Canadá y
Dinamarca. Los territorios controlados por Noruega antes de 1814, por formar
parte Noruega del reino de Dinamarca y Noruega se refieren a la colonización
dano-noruega de América.
El
explorador Otto
Sverdrup reclamó para Noruega las islas Sverdrup (Canadá)
durante su expedición de 1898 a 1902. Finalmente, en 1930 Noruega reconoció la
soberanía canadiense de éstas a cambio de establecer la soberanía noruega de
isla Jan
Mayen. En 1933 la Corte Internacional de Justicia reconoció la soberanía
danesa de Tierra
de Erik el Rojo (Groenlandia),
reclamada por Noruega desde 1931.
A
finales del sigloXVIII siguieron
intentos de establecimiento de población en los territorios de las Trece
Colonias británicas. Stuart
Town, fundada en 1684, fue considerada una amenaza anexionista y fue
desmantelado en 1686 por una expedición española desde el fuerte
de San Agustín.A partir de 1683 el gobernador ausente Robert
Barclay importó mano de obra barata de
origen escocés en East
Newark. En 1735 se fundó Darien (Georgia)
con colonos escoceses.
Los Caballeros
de Malta estaban integrados por un amplio número de aristócratas
franceses, influyentes en el desarrollo de la colonización
francesa en Nueva
Francia, actual Canadá y
Estados Unidos. Sin embargo, en 1635 el Gran Maestre Antoine
de Paule rechazó el proyecto de Isaac de Razilly para establecer un priorato
en Acadia (Canadá).
En
1627 la isla de San Cristóbal se repartió entre Inglaterra y Francia. En 1648
Phillippe de Longvilliers de Poincy firmó el tratado
de Concordia para el reparto de la isla de Saint Martín entre Francia y Provincias
Unidas. En 1651 el Gran Maestre Juan
de Lascaris-Castellar promovió la compra de las colonias francesas de
Saint-Christophe, junto con las dependencias de Saint Croix, Saint Barthélemy y
Saint Martin a la Compañía
de las Islas de América. Con el empleo de esclavos de Senegambia (hoy,
Senegal), traídos por la Compañía
Neerlandesa de las Indias Occidentales, Longville cultivó principalmente
azúcar y tabaco. San Bartolomé fue abandonado tras un ataque caribe,
con un nuevo intento de colonización en 1664. Además, una revuelta expulsó a la
Orden de Saint Croix en 1657. Ante la falta de rentabilidad de las colonias por
la imposibilidad de control del territorio, en 1665 la Orden las revendió a Compañía
francesa de las Indias Occidentales, sucesora de Compañía de
Islas de América.
Las enfermedades de origen asiático y africano, como la viruela que se originó
en África o Asia,la peste en Asia,el cólera en Asia,la gripe en Asia,la malaria en África y Asia,el sarampión viene de la peste
bovina en Asia,la tuberculosis en Asia,la fiebre amarilla en África,la lepra en Asia, la fiebre
tifoidea en África,la sífilis en América y África,el herpes en África,el zika en África,
fueron introducidas en América desde el Viejo Mundo a partir
de los primeros contactos entre los indígenas y los europeos.
En
cuanto a la propagación de las enfermedades procedentes del Viejo Mundo se puede
destacar la mortandad producida por la viruela y
el contagio del sarampión y
las paperas,
entre otras.Las epidemias de los siglos XVI y XVII de
viruela, tifus, gripe, difteria y sarampión afectaron al conjunto de la
población americana.Hay estudios que afirman que el 90% de los indígenas de
Hispanoamérica perecieron por las enfermedades
Además, el proceso de conquista de los territorios llevó aparejado una sucesión
de acciones bélicas y de alianzas con los reinos y pueblos indígenas,
alterando la estructura de poder vigente.
El
alcance de la mortandad debido a enfermedades y el sometimiento de la población
indígena de América en estos años es objeto de estudio y varía en función de los
autores.
En
Hispanoamérica, los reyes de España concedieron encomiendas
Los reyes de España promovieron las pioneras Leyes
de Burgos (1512-13) y las Leyes
Nuevas (1542) que prohibían la esclavitud de los indígenas americanos.
En
ocasiones los indígenas también poseían y comerciaban con esclavos indígenas
como en el caso de los comanches durante
el sigloXVIII.
Sin embargo, en el conjunto de América, en el sigloXVIII el
trabajo esclavo indígena era menos frecuente por la presencia masiva de esclavos
africanos.
La segregación y mestizaje de los pueblos indígenas con respecto a los europeos
y africanos fue desigual en función de la potencia colonizadora. Norteamérica
fue un exponente de segregación y la población de Hispanoamérica un exponente de
mestizaje.
Asentamiento de población afroamericana
El comercio triangular trajo a América 12'5 millones de personas desde África
en condiciones de esclavitud.La duración en el tiempo y la dimensión en cifras de
este comercio de esclavos se debió a alianzas entre las élites africanas, los
agentes comerciales o negreros, y comerciantes europeos. Hasta el siglo XIX los
principales comerciantes de esclavos negros fueron ingleses, portugueses,
franceses y holandeses. En Hispanoamérica el comercio de esclavos negros se
licitaba a través del asiento de negros.
El
rigor de las condiciones de esclavitud varió en función de la potencia
colonizadora, siendo más duras en las colonias inglesas, portuguesas y francesas
(code
Noir) y, después, en Estados
Unidos.En Hispanoamérica, la raza en sí no implicaba
limitaciones en derechos civiles o sociales, siendo frecuentes los matrimonios
mestizos. La esclavitud de negros fue abolida, siendo Cuba la
última en abolir la esclavitud en 1886.
En la
actualidad los países con mayor proporción de población de origen
africano son antiguas colonias situadas en países del Caribe, con
porcentajes superiores al 90%
en el caso de antiguas colonias inglesas y francesas. En Estados Unidos se
importaron unos esclavos africanos, es decir, el 5% de los 12 millones de
esclavos traídos de África.El modelo de colonización basado en la explotación
agraria, siendo el cultivo principal la caña
de azúcar, suponía el uso intensivo de mano de obra esclava.
Intercambio colombino
La
época posterior a 1492 se conoce como el periodo del Intercambio
colombino. Supone la introducción de especies animales nuevas y la difusión
a nivel mundial de plantas americanas. Las especies animales introducidas fueron
perros, bueyes, caballos, gallinas, ovejas, conejos, burros o cerdos. Las
especies vegetales fueron la cebada, trigo, olivo, vid, algodón, caña de azúcar,
arroz o café. Entre las procedentes de América se encuentran la patata, el maíz,
el girasol, el tabaco, el cacao, el tomate, el
palo de campeche, elpalo
brasil, la piña y la vainilla. El chocolate llegó a ser la bebida nacional
en España, siglos después.
Además, el intercambio colombino supone la difusión de las lenguas europeas en
el continente americano y los americanismos en
las lenguas europeas. Las lenguas más habladas en la actualidad son el español, inglés, portugués,
seguidas en menor medida del francés y neerlandés.
La pervivencia hasta la actualidad de idiomas indígenas americanos de relativo
gran uso, como el quechua, guaraní, mapudungún o náhuatl se
sostuvo en su gran peso demográfico y amplia difusión que tuvieron respecto
otros idiomas prehispánicos dentro del continente, lo que motivó a estudiosos
españoles, sobre todo misioneros a publicar obras detalladas como Gramática
o arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú o
establecer la primera cátedra
de quechua en 1576. Sólo en Brasil se hablan en la actualidad unos 150
idiomas indígenas, entre los que los más usados en ese país son el tikuna,
el guaraní
kaiowá, el kaingang,
el xavante y
el yanomami, que
en muchos casos han subsistidos en contextos de relativo aislamiento geográfico.
En EE.UU. el navajo es
la lengua indígena más empleada con mayor presencia en los estados de Arizona y
Nuevo México en los territorios que pertenecieran a la Nueva España. En Canadá
subsisten también diversos idioma indígenas.
Evangelización de América
La
colonización europea supuso la evangelización, es decir, difusión del
cristianismo en América, siendo la rama católica propia de Hispanoamérica,
imperios portugués y francés y el protestantismo calvinista en
el imperio neerlandés, o anglicano en
el imperio inglés.El cristianismo es la religión predominante en América.
En número, Brasil es el país con más cristianos de América, EE.UU. el de mayor
número de cristianos practicantes y Colombia el de mayor proporción de
cristianos en su población.