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Textos de santa Teresa del Niño Jesús

Santa Teresa del Niño Jesús por Don José María Iraburu 1

Santa Teresa del Niño Jesús por Don José María Iraburu 2

Santa Teresa del Niño Jesús por Don José María Iraburo 3

Santa Teresa del Niño Jesús por Don José María Iraburu 4

HISTORIA DE UN ALMA.....

El Caminito....

Manuscrito C Dirigido a la Madre María de Gonzaga
 

Nuestra doctora nos ha redescubierto el Evangelio
(Textos de Pacelli/Pío XII sobre santa Teresita)

Divini Amoris Scientia de san Juan Pablo II, 1997, proclamando doctora de la Iglesia a Santa Teresa de Lisieux

Santa Teresa de Lisieux explicada por Benedicto XVI

"Teresa nos indica a todos que la vida cristiana consiste en vivir plenamente la gracia del Bautismo en el don total de sí al amor del Padre, para vivir como Cristo, en el fuego del Espíritu Santo, su mismo amor por todos los demás". (Santa Teresa de Lisieux explicada por Benedicto XVI, 6.04.2011)

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Cómo llegó santa Teresita a ofrecerse como víctima de holocausto al amor de Dios
"¿Será solo tu Justicia la que recibirá a las almas que se inmolan como víctimas?… ¿Acaso tu Amor Misericordioso no las necesita también?… Por todos lados es incomprendido, rechazado; los corazones a quienes deseas prodigarla se vuelven hacia las criaturas que les piden felicidad con su miserable afecto, en lugar de arrojarse en tus brazos y aceptar tu infinito Amor… ¡Oh, Dios mío! ¿Permanecerá tu Amor despreciado en tu Corazón? Me parece que si encontraras almas ofreciéndose como Víctimas de holocaustos a tu Amor, las consumirías rápidamente; me parece que serías feliz de no reprimir las inundaciones de infinita ternura que hay en ti… Si tu Justicia ama descargarse, la que se extiende solo en la tierra, cuánto más desea tu Amor Misericordioso encender almas, ya que tu Misericordia se eleva hasta los Cielos… ¡Oh, Jesús mío! Permíteme ser esa víctima feliz". (Manuscrito A, folio 84r). [LEER MÁS].

Acto de santa Teresita de ofrenda de sí misma como víctima de holocausto al amor de Dios
¡Oh Dios mío! Santísima Trinidad, deseo amarte y hacerte amar... Deseo cumplir perfectamente tu voluntad... deseo ser santa, pero siento mi impotencia y te pido, oh Dios mío, que seas tú mismo mi Santidad.
...con confianza te pido que vengas a tomar posesión de mi alma... te suplico que me quites la libertad de desagradarte...
Para vivir en un acto de perfecto Amor, me ofrezco como víctima de holocausto a tu Amor misericordioso, suplicándote que me consumas sin cesar, dejando desbordar en mi alma las aguas de ternura infinita que encierras y que así me convierta en mártir de tu Amor, ¡oh Dios mío! [LEER MÁS].

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Quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo (Historia de un Alma, Manuscrito C, 2vº).

Os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré... ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! (Historia de un Alma, Manuscrito C, 3rº).

«Os voy a mostrar un camino inigualable». Y el apóstol va explicando cómo los mejores carismas nada son sin el amor... Y que la caridad es ese camino inigualable que conduce a Dios con total seguridad.
(Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

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«Un caminito totalmente nuevo». «Mi camino está hecho todo él de confianza y amor».

Es el «camino de la infancia espiritual», en el que Jesús pide a sus discípulos que vuelvan a ser «como niños». Es el Evangelio a secas, el corazón del Evangelio:

«Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,3).

«Estoy segura de que, aunque tuviera sobre la conciencia todos los pecados que pueden cometerse, iría, con el corazón roto de arrepentimiento, a echarme en brazos de Jesús, pues sé cómo ama al hijo pródigo que vuelve a él» (MS C, 36v-37r)

«Yo no puedo tener miedo a un Dios que se ha hecho tan pequeño por mí (...) ¡Yo lo amo! Pues él es sólo amor y misericordia» (Carta 266)

«Jesús, mi alegría es amarte a ti» (P 45/7)

«Confianza y amor» como faros, iluminaron todo su camino de santidad para poder guiar a los demás por su mismo «caminito de confianza y de amor», de la infancia espiritual (cf. MS C, 2v-3r; Carta 226). Confianza como la del niño que se abandona en las manos de Dios, inseparable del compromiso fuerte, radical, del verdadero amor, que es don total de sí mismo, para siempre, como dice la santa contemplando a María: «Amar es darlo todo, darse incluso a sí mismo» (Poesía Por qué te amo, María: p 54/22). (Benedicto XVI, 6.04.2011)

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Pedirle a Jesús su Corazón para amar con el Corazón de Jesús:

Recuerda compasivo que en la tierra deseo
reparar el olvido de tantos pecadores.
Amor único mío, escucha mi plegaria,
para amarte, Jesús, ¡dame mil corazones!
Pero no basta aún, ¡oh belleza suprema!,
préstame para amarte tu Corazón.

Poema 24, “¡Jesús, Amado mío, Acuérdate!” 21 de octubre de 1895

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 Querida hermana, yo te amo mil veces con más ternura de lo que se aman las hermanas ordinarias, ya que yo te puedo amar con el Corazón de nuestro Esposo celestial.
(Carta 186, a su hermana Leonia, monja salesa de la Visitación, 11 de abril de 1896)

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Multiplicar los pequeñísimos méritos propios hasta el infinito poniéndolos en el Corazón de Jesús.

Sé que nuestras justicias y todos nuestros méritos
carecen de valor a tus divinos ojos.
Para hacer meritorios mis pobres sacrificios,
sobre tu Corazón divino los arrojo.

(Poema 23, “Al Sagrado Corazón de Jesús”, escrito en 1895 para su hermana, María del Sagrado Corazón).

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https://cipecar.org/maestros-de-oracion/santa-teresa-de-lisieux/orar-con-teresa-de-lisieux/el-caminito-de-teresa-de-lisieux/

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"EL CAMINITO" DE STA. TERESITA "QUIERO PASAR MI CIELO HACIENDO BIEN EN LA TIERRA'' CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE S. TERESITA

https://obtienearchivo.bcn.cl/obtienearchivo?id=documentos/10221.1/58136/1/224915.pdf

Al cumplirse un siglo del nacimiento de Sta. Teresita, las Carmelitas de la Paz, de Lo Chacón, nos entregan su "caminito ". Es un folleto pequeño, casi insignificante, pero que contiene un gran tesoro. Ahora que tanta gente está desorientada, buscando un camino, creo que este librito es providencial. Quienes estén dispuestos a " perder" un poco de tiempo leyéndolo con tranquilidad, no quedarán defraudados. Y muchos recibirán la Luz que sólo Dios puede dar para encontrar la perfecta felicidad. Pido a Dios que así sea. 3 de Octubre de 1972. Carlos Camus Obispo de Copiapó

Sta. Teresita del Niño Jesús, "la santa más grande de los tiempos modernos" al decir de S.S. Pío X, es una humilde Carmelita de Lisieux, Francia, que murió de tuberculosis a los 24 años de edad, a fines del siglo pasado [el siglo XIX]. Ella supo encontrar lo que todos buscamos a veces tan a tientas, y por los más diversos medios: el camino de la felicidad y de la paz. Ella lo llamó "el caminito", el camino de la infancia espiritual, de la confianza y del total abandono en los brazos de Dios. Un teólogo moderno lo comenta: "Se llama caminito, porque es tan corto, que si realmente se sigue, en todo momento se está en el término" (Von Balthasar). Estas páginas no tienen más objeto que el de llevar a todos los hombres de buena voluntad una invitación de Dios para ir hacia El en forma directa, simple y profunda, sin Codeos inútiles, falsos temores, inhibiciones. DIOS ES AMOR. ES NUESTRO PADRE. Mientras más hondamente nos abramos a la experiencia humilde y gozosa de esta suprema realidad de nuestra Fe, más felices y plenos seremos, y "conoceremos a Dios, porque Dios es Amor". Sta. Teresita conoció a Dios así, íntimamente, "por dentro". Y fué con El tal como El desea que seamos. Como lo expresa ella: "humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad, y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre". Esta es la suprema

Sabiduría que Teresita nos transmite a través de sus palabras sencillas pero profundamente vividas, y que son un eco de las Palabras de Jesús: "Cuando oréis decid: PADRE NUESTRO..." —"Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos"... —"Cualquiera que se humillare como este parvulito, ése será el mayor en el Reino de los Cielos". Realmente, será más santo en el Cielo el que mejor vive como hijo de Dios aquí en la tierra. Y ésto es lo que Sta. Teresita nos enseña en su "caminito". Aquí presentamos algunos de sus pensamientos entresacados de su autobiografía, de sus cartas, de sus poésías, de sus conversaciones postreras. CONFIANZA.— "Presiento que mi misión va a comenzar, la misión de hacer amar a Dios como yo le amo, la de enseñar mi caminito a las almas sencillas. El caminito de la infancia espiritual, de la confianza y del total abandono. Jesús se complace en 'enseñarme el único camino que conduce al Amor y este camino es el del abandono del niño que se duerme sin temor en brazos de su Padre. "Si alguno es pequeñito, que venga a Mí", dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón. Y este mismo Espíritu de Amor dijo también que "La Misericordia se concede a los pequeños".— Y el profeta Isaías nos revela que "El Señor conducirá su rebaño a los pastos, reunirá a los corderitos, y los estrechará junto a su Corazón."

Y como si no bastaran estas promesas. el mismo profeta exclama en nombre del Señor:

"Como una madre acaricia a su hijito, así os consolaré Yo. Os llevaré en mi regazo, os acariciaré sobre mis rodillas".

Después de escuchar semejante lenguaje, no queda más que callar, llorar de gratitud y de amor. Ah! si todas las almas débiles e imperfectas sintieran lo que siento yo, la más pequeña de todas, ni una sola perdería la esperanza de llegar a la cumbre de la montaña del Amor. Jesús no pide grandes cosas, sino únicamente gratitud y abandono. No tiene ninguna necesidad de nuestras obras, sino sólo de nuestro amor. ¡Oh Jesús! Si yo pudiera revelar a todas las almas pequeñas cuán inefable es tu condescendencia! Estoy segura que, si por un imposible encontrases una persona más débil, más pobre que yo, te complacerías en colmarla de mayores favores aún, con tal que ella se abandonase con entera confianza a tu Misericordia infinita... Lo que al Señor le agrada en mí, es verme amar mi pequeñez, y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su Misericordia. Este es mi único tesoro. La confianza, y sólo la confianza nos puede conducir al Amor. Aún cuando yo tuviese sobre mi conciencia todos los crímenes que se pueden cometer, no perdería nada de mi confianza: iría con el corazón roto por el arrepentimiento, a arrojarme en los brazos de mi Salvador: Sé qué El ama al hijo pródigo; he oído las palabras que dirige a la Magdalena, a la mujer adúltera, a la samaritana. ¡No! Nada podría asustarme. Sé a qué atenerme respecto a su Amor y su Misericordia. Sé que toda esa multitud de ofensas se abismaría en un abrir y cerrar de ojos, como una gota de agua en un brasero ardiendo. Se cuenta en la vida de los padres del desierto que uno de ellos convirtió a una pecadora pública, cuyos pecados escandalizaban a toda la comarca. Esta pecadora, movida por la Gracia, siguió al santo al desierto, para llevar una vida de rigurosa penitencia. La primera noche del viaje, antes de llegar al lugar de su retiro, la impetuosidad de su arrepentimiento lleno de amor, rompió süs lazos mortales; y el santo solitario vió como en aquel mismo momento su alma era llevada por los ángeles al Reino de Dios. Es un ejemplo de lo que yo quisiera decir; pero éstas cosas no se pueden expresar... ¡Qué dulce es el camino del Amor! Ciertamente se puede caer, se puede cometer infidelidades, pero sabiendo el amor sacar provecho de todo, bien pronto consume lo que puede disgustar a Dios, no dejando más que una humilde y profunda paz dentro del alma. Si soy humilde, tendré el derecho de cometer, sin ofender a Dios, pequeñas travesuras hasta la muerte. Los niños pequeños no cesan de romper, rasgar, caer, a pesar de amar tanto a sus padres. ¡Ah! cuando caigo así, como un niño, toco con el dedo mi propia nada y mi debilidad. ¿Qué sería de mí, qué haría, si me apoyase en mis propias fuerzas?

—Señor, me siento débil y pequeña en vuestra Presencia, y mi corazón se llena de paz.

—Siempre he buscado la verdad. He comprendido la humildad de corazón.

OFRENDA AL AMOR DE DIOS

Parte esencial del caminito de Teresita fue el descubrir íntimamente el Infinito Amor de Dios hacia nosotros, y ofrecer todo su ser a la acción maravillosa de este Amor. Ella descubrió que el Amor de Dios es un Amor" lleno de bondad y de misericordia, lento a la cólera, rico en piedad y fiel". Teresita comprende que "lo propio del amor es abajarse", y que el que ama de verdad goza tanto más cuanto más puede comunicarse, regalarse, entregarse. Es lo que ella llama "ser víctima de la Misericordia y del Amor de Dios", ser el recipiente de su Bondad infinita. Y el 9 de Junio de 1895 realiza su consagración y ofrenda al Amor Misericordioso de Dios. Es el paso de la miseria a la Misericordia, de la pequeñez a la Grandeza, de la debilidad al Poder infinito del Amor de Dios. Es

"La esperanza ciega en su Misericordia"...

"Me ofrezco como víctima a vuestro Amor Misericordioso, suplicándoos me consumáis sin cesar, desbordando en mi alma las olas de infinita ternura que se encierran en Vos, y así llegue a ser mártir de vuestro Amor"... Desde este dia siento que el Amor me penetra y me rodea: siento que este Amor Misericordioso me renueva y purifica en cada instante, no dejando en mi alma huella alguna de pecado. Por esto, no puedo temer el purgatorio. Sé que por mí misma ni siquiera merecería entrar en este lugar de expiación donde sólo tienen acceso las almas santas. Pero sé también que el Fuego del Amor es más santificante que el del Purgatorio. Sé que Jesús no puede desearnos sufrimientos, inútiles, y que no me inspiraría los deseos que tengo, si no estuviera dispuesto a colmarlos.

—"Atraído por su brillo, el insecto se lanza hacia el fuego. Asi, tu Amor es mi esperanza, y hacia El quiero volar y quemarme"...

—"Consume mis imperfecciones, como el fuego, que todo lo transforma en sí mismo".

"Yo quiero ser la presa de tu Amor, y espero que un día, abatiéndote sobre mí, me llevarás al foco del Amor, y me hundirás al fin en este horno ardiente..."

— "Sí, para que el Amor quede plenamente satisfecho, es menester que se abaje hasta la nada, y que transforme en fuego esta nada".

Es el salto en el abismo de la Misericordia, que está siempre realizándose, porque la Misericordia es infinita, y la confianza que se arroja en sus brazos no puede ser nunca demasiado grande.

"Jamás se tiene demasiada confianza en Dios, que es tan potente y misericordioso. Se alcanza de El tanto cuanto se espera".

—"A veces Dios quiere ver hasta donde llevaré mi confianza. Pero no en vano, ha penetrado en mi corazón la palabra de Job: Aún cuando Dios me matara, yo esperaría en El".

"Dios quiere que dejemos esta tierra completamente puros, purificados por el santo abandono del niño que, después de haber dormido sencillamente en los brazos de su Padre, al morir, despierta y se abalanza sin demora en el eterno abrazo del Amor Misericordioso de Dios".

A una de sus hermanas escribe: "No eres bastante confiada. Tienes miedo de Dios. Te aseguro que lo apenas. Si, lejos de ofenderse por una confianza audaz que parece rayar en presunción, más se aflige El de una falta de confianza. Si tienes la confianza inconmovible de que te purifica a cada instante en su amor, y que no deja en tí ningún vestigio de pecado, ten por seguro que no irás al Purgatorio. —No lo temas por lo que en él se sufre, mas desea evitarlo para dar gusto a Dios, a Quien duele tanto imponer esa expiación. —Se hace una gran injuria a Dios pensando en el Purgatorio. Cuando se ama, no puede haber Purgatorio. Escuchad! hasta dónde debe llegar vuestra confianza: Os debe hacer creer que el Purgatorio no se hizo para vosotros, sino únicamente para los que no han conocido el Amor Misericordioso de Dios, o que dudaron de su poder puriflcador. Con los que se esmeran en corresponder a su Amor, Dios está "ciego" y no tiene cuentas, o mejor, las tiene para purificarlas con este fuego de Caridad que "cubre todas las faltas". "Sí, a pesar de vuestras infidelidades, podéis esperar ir al Cielo, porque El lo está deseando más que vosotros; os dará seguramente lo que hayáis esperado de su Misericordia. Esta confianza vuestra, ese abandono completo, será premiado por su Amor. Unicamente os recomiendo que, apoyados en esta seguridad os preocupéis de que El sea más amado.

¡Qué alegría pensar que Dios es Justo, es decir, que tiene en cuenta nuestras debilidades, que conoce perfectamente la fragilidad de nuestra naturaleza! ¿De qué podemos tener miedo? .. .Mientras más débiles somos, sin deseos ni virtudes, más dispuestos estamos para las operaciones de este Amor que consume y transforma.

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TEOLOGIA DEL CAMINITO, según H. von Balthasar.

El abandono del espíritu de obras en gracia del espíritu de puro amor (que, como tal, es más eficaz que toda justicia de obras) constituye el meollo de la doctrina teresiana. El verdadero amante quiere recibirlo todo, no como recompensa o paga de sus méritos, sino como gracia pura e inmerecida. Teresita sabe que "Jesús quiere darnos gratuitamente su Cielo". De ahí que quiere presentarse ante Dios con las manos vacías para recibirlo todo por amor.

"Bienaventurado aquél a quien Dios justifica sin las obras, porque respecto de aquéllos que obran, la recompensa no se les da por Gracia, sino como cosa debida". La miseria es el terreno más apropiado para el amor, porque da al alma la máxima receptibilidad. Una persona, mientras más miserable es, menos derechos y exigencias tiene ante Dios. Por tanto, allí es donde con más libertad puede El derramar gratuitamente sus dones, donde mejor puede demostrar el Dios de Amor lo que es en Sí, donde mejor puede ser "Puro Amor"

"Mientras más débil y miserable se es, más aptos somos para las operaciones de este Amor que consume y transforma".

—"En ésto es perfecto nuestro amor: en que tengamos confianza en el día del Juicio. No hay temor en el Amor, porque el amor perfecto echa fuera el temor. El temor mira al castigo, y el que teme no es perfecto en el amor. (I Jn. 10, 16-18) Quien se pone decididamente bajo la ley del perfecto amor, y somete a esa ley su vida entera, está en verdad, fuera del juicio de Dios, y no tiene ya nada que temer de ese juicio.

—"Nuestro Señor es la Justicia perfecta, y si no juzga nuestras buenas acciones (porque nos presentamos a El con las manos vacías para recibirlo todo por amor) tampoco juzgará las malas. Para las víctimas de su Amor, yo creo que no habrá juicio sino mas bien Nuestro Señor se apresurará en recompensar con Gozo eterno su propio Amor, que verá arder en sus corazones"; Pero para ésto se ha de ordenar la vida entera y los pensamientos todos bajo la ley del Amor y del no juzgar. Se han de tener sólo pensamientos de amor. El "caminito" exige en la sencillez, la máxima entrega de sí mismo. No quiere, acciones aisladas, extraordinarias, sino la actitud y los motivos del alma, de donde proceden los actos. No solo las obras, sino también el espíritu. El camino de la debilidad es el más meritorio, porque despojando al alma de todo lo propio, deja efectivamente a la Gracia el terreno entero.

"Dónde estaría la gracia si Ud. combatiera sólo cuando siente valor? ¿Qué importa que no lo tenga con tal que obre como si lo tuviera?". Es el continuo "pasar por debajo" de Teresita. "Qué le importa a la cañita doblarse? Su debilidad constituye su fuerza". Teresita desocupó su alma de toda propia perfección, para hacer lugar en ella al Amor de Dios. No hace lugar para una virtud, sino para Dios. No le importa ni siquiera su amor a Dios, sino la necesidad de que Dios ha de ser amado. Con ello, el amor del hombre pierde hasta el último residuo de propia finalidad, y se convierte en puro servicio al Amor de Dios. Para Teresita una filosofía de la angustia hubiese significado lo mismo que una filosofía de la desobediencia o de la desconfianza. Para ella cada minuto es igualmente nuevo e igualmente cerca del corazón y de las fuentes de Dios. De ahí que no conozca la inquietud:

"Los que corremos por el camino del amor, no debemos inquietarnos por nada. Si yo no sufriera sino minuto por minuto, me sería imposible tener paciencia". Esto es lo que da a su vida una plenitud tal, que, no obstante sus "pequeñas faltas" no tiene conciencia de distancia alguna perceptible entre ella y la Voluntad de Dios. Las "pequeñas faltas" son, sin más, abrasadas en fuego del Amor de Dios, y no entran en la cuenta. En la Gracia de la Misericordia de Dios, se cierra la cima.

Teresita, al amar su debilidad, ama aquel estado que le permite encontrarse más verdadera y descubiertamente con el Amor de Dios. Su flaqueza física y moral le confiere una determinada sensibilidad para la Gracia, que tal vez no tendría sin sus faltas. La concepción que ella tiene del tiempo como encuentro con la eternidad, —encuentro que se realiza y cumple en cada momento, exige esta extrema sensibilización del alma, a fin de que en cada momento esté expuesta a la plena energía amorosa de Dios. Esto, empero, en este mundo de pecado origipal, sólo es posible por la humillación constantemente renovada. El pensamiento de una caída implica casi siempre una derrota. Pero dentro de las leyes del amor, no es así. La condición bajo la cual este caer y faltar es permitido, está puntualmente cumplido por Teresita: levantarse apenas se ha caído, volver inmediatamente de la desviación iniciada, al pleno amor. "Jesús se estremece de alegría con aquéllos que le aman, y que después de cada indelicadeza, vienen a pedirle perdón arrojándose a sus brazos... Cierto que para ésto es menester humillarse, y ésto es lo que muchas personas no quieren hacer. Cuando se acepta con alegría la humillación de haber sido imperfecta, Dios vuelve enseguida al alma". Esta conversión inmediata no es producida por la vergüenza de que semejante cosa me haya sucedido a mí. No. Sólo debe proceder de la necesidad de ofrecer nuevamente a la luz de Dios toda la superficie del alma. Es la prontitud amorosa del alma para ponerse a disposición y servicio del Amor. Sólo está dispuesto a recibir la misericordia de Dios aquél que desde lo más íntimo se siente necesitado de ella".

SUFRIMIENTO EN PAZ:

—"Mi vida espiritual de enferma consiste en sufrir, y nada más... No puedo sujetarme a fórmulas, diciendo: Dios mío, por la Iglesia; Dios mío, por Francia, etc. Dios sabe muy bien lo que ha de hacer con lo que le ofrezco; se lo he dado todo por complacerle. Además, me fatigaría el espíritu diciéndole a cada instante: Dad ésto a Pedro, dad ésto a Pablo; lo hago, sin embargo, cuando alguien me lo pide, pero luego ya no vuelvo a acordarme. Cuando ruego por mis hermanos misioneros, digo sencillamente: "Dios mío, dadles todo lo que deseo para mí". —"Sufro momento a momento. El pensamiento del pasado y del futuro es lo que nos hace caer en la desesperación." —"De momento en momento se puede aguantar mucho. Yo no sufro mas que de instante en instante. Para el sufrimiento del cuerpo, soy como un niño pequeño, muy pequeñito... Voy siguiendo sin pensar; sufro de minuto en minuto. —"Nuestro Señor quiere que me entregue como un niño pequeño, que no se inquieta para nada con lo que se hace con él".

AMOR A DIOS

¡Qué fácil es agradar a Jesús! Basta amarle, sin mirarse a sí mismo.

—El amor es lo único que cuenta.

—Puesto que mi alma está entregada al Amor, todas mis acciones, aún las más insignificantes, llevan este sello divino.

—Nuestro mérito no consiste en hacer ni en dar mucho, sino más bien en recibir el Amor que Dios nos ofrece, y en amar mucho.

—El amor es a lo único que debemos aspirar; de ahí que, en cada caso, hay que escoger aquélla obra en la que ponemos más amor, sea fácil o difícil. Es preferible hacer algo de suyo indiferente que no algo en sí valioso si hacemos lo primero con más amor que lo segundo.

—Cuando se me manifestó la perfección, comprendí que para llegar a ser santa, era necesario sufrir mucho, buscar siempre lo más perfecto, y olvidarse de sí misma. Comprendí que en la perfección había muchos grados, y que cada alma era libre de responder a las insinuaciones de Nuestro Señor, libre de hacer poco o mucho por Él. En una palabra, libre de escoger entre los sacrificios que Dios pide. Entonces exclame: "Dios mío, lo escojo todo; no quiero ser santa a medias... escojo todo lo que Vos queráis".

Lo que más me gusta, lo que yo escogería para mí, si me fuera posible, es precisamente lo que Dios quiere en cada momento para mí.

"Hallo siempre bella mi suerte, me colmáis de alegría, Señor, con todo cuanto hacéis" (Salmos).

En el caminito, hay que hacer cuanto esté en nosotros, dar sin medida, renunciarse continuamente. En una palabra, probar nuestro amor por medio de todas las buenas obras que estén en nuestra mano. Pero, como al fin, ésto es bien poco... después de haber hecho todo lo que debíamos hacer, confesémonos "siervos inútiles", esperando que Dios nos dé, por Amor, todo lo que le pedimos. No quiero atesorar méritos para el Cielo, sino trabajar sólo por vuestro Amor, con el único fin de agradaros y de salvar almas que os amen eternamente. En el ocaso de mi vida me presentaré a Vos con las manos vacías, pues que no os pido que contéis mis obras... "Todas nuestras justicias están manchadas a vuestros ojos" Quiero revestirme de vuestra propia Justicia, y recibir por puro Amor, la posesión eterna de Vos Mismo. En vuestra presencia, nada es el tiempo: "Mil años son ante tus ojos como el día de ayer que ya pasó". Podéis pues, en un instante, prepararme a comparecer ante vuestra Presencia. ¿Hay acaso, un alma más débil e Impotente que la mía? Y fué precisamente esta misma debilidad lo que te movió siempre a colmar mis pequeños deseos. Yo puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad. Que crezca es imposible.

Debo soportarme tal como soy, con mis imperfecciones sin número, pero quiero buscar el medio de ir al cielo por un caminito muy recto, muy corto; estamos en el siglo de los grandes inventos; ya no hace falta subir los peldaños de una escala, un ascensor la reemplaza con ventaja. También yo quería encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir por la dura escala de la perfección. He pedido, pues, a los Libros Santos, que me muestren el ascensor que demanda mi deseo, y he leído estas palabras, salidas de la boca misma de la eterna Sabiduría: Si alguno es pequeño, que venga a Mí. Y me he acercado a Dios, adivinando bien que había descubierto lo que buscaba, y queriendo saber aún que es lo que El haría con el niño pequeño, he encontrado ésto: "Igual que una madre acaricia a su hijo, así os consolaré Yo, asi os estrecharé contra mi pecho: y os meceré sobre Inis rodillas". Ah, nunca palabras más tiernas han venido a regocijar mi alma. El ascensor que me ha de elevar hasta el cielo son vuestros brazos, oh Jesús. Para eso no me hace falta crecer, al contrario, es preciso que continúe siendo pequeña, que lo sea cada vez más. ¡Oh Dios mío! Vos habéis superado mis deseos, quiero cantar eternamente vuestras misericordias!". El único medio de progresar rápidamente por el camino del amor es el permanecer siempre humilde y débil. Permanecer pequeño. Yo así lo hago, por eso puedo cantar con San Juan de la Cruz: "y abatíme tanto, tanto, —que fui tan alto, tan alto— que le di a la caza alcance".

Dios a mí me ha dado su Misericordia infinita, y a través de este espejo inefable es como yo contemplo todos sus demás atributos. Todos ellos se me aparecen entonces deslumbrantes de amor... El quiso hacer brillar en mí Su Misericordia. Por ser pequeña y débil se inclinó hacia mí, y me instruyó en los secretos de su Amor.

Como dice San Juan de la Cruz: "Sin otra luz ni guía — sino la que en el corazón ardía"... Mis protectores en el cielo son los que lo han robado, como los santos Inocentes y el Buen Ladrón. Los grandes santos lo han ganado con sus obras, yo quiero imitar a los ladrones, quiero conseguirlo por maña y por amor, por astucia de amor, que me abrirá la puerta a mí y a los pobres pecadores. El Espíritu Santo me alienta, pues dice en los Proverbios: "Venid pequeñuelos, y aprended de Mí sagacidad". El Amor me dió la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diversos miembros, no le faltaría el más necesario, el más noble de todos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón tenía que arder de amor. Comprendí que solo este amor ponía en movimiento a los miembros de la Iglesia; que si el amor se apagase, los apóstoles no anunciarían ya el Evangelio, y los mártires se negarían a derramar su sangre Comprendí que el amor encierra todas las vocaciones, que el Amor lo es todo, que el Amor abarca todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, que el Amor es eterno,

Entonces, en un transporte de alegría inmensa, exclame: "Oh Jesús! Por fin he encontrado mi vocación: MI VOCACION ES EL AMOR!

Sí, he hallado mi lugar en la Iglesia. En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el Amor. Así lo seré todo!

Mis hermanos trabajan en mi lugar. Yo, niña pequeña, me mantengo muy cerca del trono del Rey y de la Reina. AMO POR LOS QUE COMBATEN... Pero, ¿cómo demostraré mi amor, ya que el amor se prueba con obras?

Pues bien, arrojaré flores... Así se consumirá mi vida. No tengo otro medio para probar mi amor que el echaros flores; es decir, no desperdiciar ningún sacrificio, ninguna mirada, ninguna palabra; aprovechar las más pequeñas cosas, haciéndolas todas por amor. Quiero sufrir y gozar por amor Así echaré flores delante del trono. No hallaré flor en mi camino que no deshojar por Tí; y al echar mis flores, cantaré... Cantaré, aunque tenga que coger mis flores de en medio de las espinas... Soy un alma pequeñita que sólo puede ofrecer a Dios cosas muy pequeñas. Pero me sucede muchas veces, desperdiciar la ocasión de hacer estos pequeños sacrificios que tanta paz dan al alma. Pero no me desanimo por ésto; me resigno a tener un poco menos de paz, y procuro ser un poco más cuidadosa en lo futuro. He comprendido que la santidad no está en tal o cual práctica, sino en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad, y confiados hasta la audacia en su Bondad de Padre.

Trozos de poemas de Sta. Teresita

...Oh buen Jesús, ¿qué importa el porvenir sombrío? Rogar para mañana... yo no lo haré mañana... Conserva mi alma pura, cúbrame tu sombra, por hoy día, no más. Si pienso en el mañana me asusta mi inscontancia y siento la tristeza y el tedio en mí brotar. Dios mío, yo amo mucho la prueba, el sufrimiento de este día, no más... Mi Cielo es sonreír al Dios que reverencio cuando quiere ocultarse para probar mi fe. Mi cielo es sonreír, esperando en silencio que mire otra vez, "Llamarte ¡Padre mío! y ser tu hija... ¡éste es mi Cielo, si!

VIVIR DE AMOR

Vivir de amor es darse sin medida sin buscar en el mundo algún salario; prodigar los favores a porfía y buscar tu Sonrisa como pago. Dios mío, Tú serás mi recompensa, tu Amor infinito mi salario Tú vendrás a buscarme en tu ternura para darme lo que sólo he deseado: tu Amor!

Mi única riqueza en tu Faz veo y nada más deseo. Pues en ella, oh Jesús, siempre escondida, podré amarte a Tí solo sin medida. Características del "Caminito de infancia espiritual" según las Carmelitas de Lisieux. "Humildad gozosa, confianza perdida en el Amor Misericordioso; abandono total a la Voluntad divina. Arte exquisito de dar gusto a Dios hasta en las menores cosas de la vida. Conocimiento profundo y vivido de la PATERNIDAD DE DIOS, llevado hasta la ternura filial". "Si la vista de sus caídas, de su miseria, es para un alma manantial de paz y de alegría; si estima su importancia sobre todos los tesoros porque sólo cuenta con la Misericordia Divina para santificarla en la tierra y glorificarla en el Cielo, ésa alma está en plena senda". —Dios mío, espero firmemente de vuestra Misericordia que si muriera en este mismo instante, me llevarías derecho al Cielo. Cuento sólo con vuestra infinita Bondad para expiar todos mis pecados".

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https://catholic-link.com/camino-infancia-espiritual-santa-teresita/

Seguro que has escuchado sobre santa Teresita del Niño Jesús y su camino de infancia espiritual.

Un camino que consiste en tomar la actitud de los niños pequeños y dejarse conducir por la vida abandonados en los brazos de su Padre.

Volvernos como niños frente a Dios, confiar nuestra existencia plenamente a Él, lejos de lo lúdica y divertida de la infancia, es un camino exigente. Seguir este camino responde a un llamado por el que debemos discernir.

Es un hermoso medio que tenemos a disposición para transitar este camino de santidad. Constituye el legado de amor de esta santa por Dios, su misión misma.

«Presiento —dijo entonces— que va a comenzar la misión mía, la misión de hacer amar a Dios como yo le amo… la de dar mi caminito a las almas. Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra. No es esto imposible, puesto que en el seno mismo de la visión beatífica los ángeles velan sobre nosotros.

No, no podré tomar descanso alguno hasta el fin del mundo. Pero cuando el ángel haya dicho: ya no existe el tiempo, entonces descansaré, podré gozar porque el número de los elegidos será completo».

Aquí les dejamos un pequeño vistazo a este caminito espiritual.

«Mamá, no puedo. Es que soy pequeño». Cuántas veces hemos escuchado a nuestros hijos decir esto. Sin querer somos testigos de una pedagogía que nos muestra lo que significa el saberse pequeño y débil, necesitados absolutamente de sus padres.

Esta pequeñez y debilidad es de la que nos habla la santa y que constituye un verdadero camino de humildad. Como niño pequeño asombrado por un mundo tan enorme frente al que él se siente casi insignificante.

Necesitados de la grandeza y sostén de Aquel que nos dio la existencia misma. Una pequeñez que no aflige, sino que se alegra en el cuidado del Padre.

«No me aflijo —decía— al ver que soy la flaqueza misma. Al contrario, en ella me glorifico y me resigno a descubrir en mí cada día nuevas imperfecciones. Lo confieso: estas luces sobre mí nada me hacen mayor bien que si fueran luces sobre la fe».

Así como los niños que en casa de los padres saben que nada poseen, pero que aún así todo lo tienen porque lo que les basta es el amor proveedor de sus padres. Esa conciencia de saberse sin nada.

De no poseer nada propio, de entender que todo en nuestra vida es un don gratuito entregado por Dios. A esa pobreza de niño nos llama santa Teresita.

Sabiéndose pobre, poder esperarlo todo del Padre. Poder vivir sin apegos, olvidándose incluso de uno mismo. Sin ataduras a lo material, porque nada se tiene, y así poder corresponder plenamente a los mandatos de Dios.

Ser como niños que viven en el momento presente y que no necesitan nada más que la presencia vigilante de su Padre que garantiza su propia vida y seguridad.

«He notado muchas veces —escribe la santa— que Jesús no quiere darme provisiones. Me sustenta a cada instante con alimento del todo nuevo. Lo hallo en mí sin saber cómo está allí.

Creo sencillamente que es Jesús mismo oculto en el fondo de mi pobre corazón, el que obra en mí de un modo misterioso y me inspira todo lo que quiere que haga en el momento presente».

Santa Teresita nos enseñaba que el amor de Dios, su misericordia y su justicia eran los fundamentos de la confianza plena. Como el niño que lo encuentra todo en el amor de su madre y en el cuidado de su padre.

Que habiendo podido cometer el más grande de los errores siempre encontrará perdón, consuelo y abrigo. Ante cualquier fracaso, encontrará esa mano que lo levante y le señale el camino, una y otra vez y otra vez.

Que frente al temor y la desolación comprenderá que el Padre está presente, aunque no lo podamos ver, que vendrá en nuestra ayuda en el momento indicado. Y que su presencia, aunque no sensible es real.

Dios entiende nuestra desesperación y tristeza y en paciencia de la espera va forjando nuestra alma para esperar confiadamente el encuentro del amor.

«Se obtiene de Dios todo cuanto de Él se espera».

Sin el amor de los padres la vida del hijo no existe. Sin esa sobreabundancia del amor de Dios, nosotros, pequeñas criaturas, nunca hubiéramos existido. Conocer ese amor nos hace entender que al rechazarlo nos podríamos perder para siempre.

Santa Teresita nos enseña que todo empieza en el amor y todo termina en el amor. Y, que «cuando se ama no se calcula», el amor lo da todo y no se guarda nada para sí mismo.

Sufrir por amor, gozar por amor y hacerlo todo por amor. Cada pequeña renuncia, cada pequeño sacrificio del día a día va alimentando el camino de amor a Dios. No se requieren de grandes acciones heroicas, el camino de renuncia cotidiana basta.

Este amor del que habla santa Teresita en un amor que llega al extremo de cargar sobre sus hombros el peso de las faltas de otros hasta entregar la vida misma. ¿Quién podría entregarse por amor a otro hasta dejarse la vida? Cristo y a imagen de Él y con ayuda de la gracias de Dios, tal vez nosotros.

La escena de esos niños pequeños, hermanos muy queridos. El error de uno puede ser el castigo de otro. Qué hermoso es ver cuando uno asume la carga por los dos: «Fui yo mami, ella es muy pequeña. La culpa es toda mía».

En palabras inocentes de pequeños hermanos vemos esa huella, esa semilla de grandeza alimentada por el amor mismo que puede llegar a la plenitud de la entrega.

«A la hora de mi muerte, cuando yo vea a Dios tan bueno que querrá colmarme de ternuras durante toda la eternidad y que yo nunca jamás podré ya probarle la mía con sacrificios, esto me será imposible de soportar si no he hecho yo en la tierra todo cuanto haya podido para complacerle» (Espíritu de Santa Teresita).

El santo abandono, superior a la confianza, es entregarse a la acción divina. Otorgar el manejo absoluto de nuestra existencia a las manos de Dios.

Todas estas grandes virtudes son imposibles de alcanzar por nuestro propio mérito. Abandonarse a la acción de Dios, libre, voluntariamente y por amor. Para llegar a la grandeza necesitamos que la grandeza misma tome el control absoluto de nuestras vidas.

Para seguir el camino de la santidad, en lo grande, en lo pequeño y cotidiano, es absolutamente necesaria la gracia de Dios. Hacia allí conduce el sentirse pequeño, pobre, débil, humilde, confiado y amante de Aquel que lo da todo.

«El total abandono, esa es mi única ley. Descansar sobre su corazón, muy cerca de su rostro. ¡Ese es mi cielo!».

Amor intenso que consume. Amor profundo a Dios se transforma en llamas que acrisolan la propia alma que ya no puede vivir sin arder en el amor divino. Ese es el celo que tiene que ver con el cuidado, con el no poder vivir sin amar y amar cada vez más y mejor.

Lejano de los celos que nos consumen porque necesitamos gobernar y poseer a aquel de decimos amar. El celo libera, el celo se vuelve detallista, es un amor desinteresado, reverente, fiel, que nada lo espera, todo lo entrega, se propaga y  se «contagia» de ese fuego para que lo pueda consumir todo.

Ese celo del que nos habla del «gusto» de estar con Dios. De esos niños que gritan a sus amigos «ven conmigo, que aquí se está bien». Santa Teresita nos deja en este celo la tarea de conseguir almas para Cristo.

«En el corazón de la Iglesia, Madre mía, yo seré el amor… Mis hermanos trabajan por mí, y yo, pobre niñita, permanezco junto al trono real: Amo por los que combaten» (Historia de un Alma, c. XI).

La sencillez de un niño se mide en su autenticidad, por ser él mismo, sin temor de presentarse con lo poco o con lo mucho. Es algo tan bonito, tan cautivante por la pureza de su presentación. Esa sencillez sincera, que ubica la bondad con rapidez, que no se enreda ni cuestiona, que simplemente ama.

«No tengo valor —decía— para sujetarme a buscar hermosas oraciones en los libros: no sabiendo cuáles elegir, hago como los niños que no saben leer: digo sencillamente a Dios lo que quiero decirle y siempre me comprende».

¿Qué tal esta maravilloso de camino que nos propone santa Teresita? Déjanos saber en los comentarios cuál de estos puntos es que te gusta o se te dificulta más. Pidámosle a Dios que nos otorgue la gracia de ser niños, ¡Santa Teresita del niño Jesús, ruega por nosotros!

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https://delaruecaalapluma.wordpress.com/2022/10/01/el-verdadero-significado-del-caminito-de-santa-teresita/

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Divini Amoris Scientia de san Juan Pablo II en 1997, proclamando Doctora de la Iglesia a santa Teresita de Lisieux

Su «caminito», no es más que el camino evangélico de la santidad para todos

Una doctrina sencilla y, a la vez, profunda que ella tomó de los manantiales del Evangelio bajo la guía del Maestro divino y luego comunicó a sus hermanos y hermanas en la Iglesia con amplísima eficacia (cf. Ms B 2 v - 3 r)

Esta doctrina espiritual nos ha sido transmitida sobre todo en su autobiografía

Comunica a las novicias encomendadas a su cuidado el caminito de la infancia espiritual

El núcleo de su mensaje es el misterio mismo de Dios Amor, de Dios Trinidad, infinitamente perfecto en sí mismo. Si la genuina experiencia espiritual cristiana debe coincidir con las verdades reveladas, en las que Dios se revela a sí mismo y manifiesta el misterio de su voluntad (cf. Dei Verbum, 2), es preciso afirmar que Teresa experimentó la revelación divina, llegando a contemplar las realidades fundamentales de nuestra fe encerradas en el misterio de la vida trinitaria. En la cima, como manantial y término, el amor misericordioso de las tres divinas Personas, como ella lo expresa, especialmente en su Acto de consagración al Amor misericordioso. Por parte del sujeto, en la base se halla la experiencia de ser hijos adoptivos del Padre en Jesús; ese es el sentido más auténtico de la infancia espiritual, es decir, la experiencia de la filiación divina bajo el impulso del Espíritu Santo. También en la base, y ante nosotros, está el prójimo, los demás, en cuya salvación debemos colaborar con Jesús y en él, con su mismo amor misericordioso.

Con la infancia espiritual experimentamos que todo viene de Dios, a él vuelve y en él permanece, para la salvación de todos, en un misterio de amor misericordioso. Ese es el mensaje doctrinal que enseñó y vivió esta santa

«De Teresa de Lisieux se puede decir con seguridad que el Espíritu de Dios permitió a su corazón revelar directamente a los hombres de nuestro tiempo el misterio fundamental, la realidad del Evangelio (...). El "caminito" es el itinerario de la "infancia espiritual". Hay en él algo único, un carácter propio de santa Teresa de Lisieux. En él se encuentra, al mismo tiempo, la confirmación y la renovación de la verdad más fundamental y más universal. ¿Qué verdad hay en el mensaje evangélico más fundamental y más universal que ésta: Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos?» (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de junio de 1980, p. 15).

En el Magisterio ordinario:

la confianza en Dios justo y misericordioso, de la alegría cristiana

su doctrina en el reciente Catecismo de la Iglesia católica (nn. 127, 826, 956, 1.011, 2.011 y 2.558)

La fuerza de su mensaje radica en que explica de modo concreto cómo todas las promesas de Jesús se cumplen plenamente en el creyente que acoge con confianza en su vida la presencia salvadora del Redentor.

El "caminito" es el itinerario de la "infancia espiritual".

 

 

Cómo llegó santa Teresita a ofrecerse como víctima de holocausto al amor de Dios
"¿Será solo tu Justicia la que recibirá a las almas que se inmolan como víctimas?… ¿Acaso tu Amor Misericordioso no las necesita también?… Por todos lados es incomprendido, rechazado; los corazones a quienes deseas prodigarla se vuelven hacia las criaturas que les piden felicidad con su miserable afecto, en lugar de arrojarse en tus brazos y aceptar tu infinito Amor… ¡Oh, Dios mío! ¿Permanecerá tu Amor despreciado en tu Corazón? Me parece que si encontraras almas ofreciéndose como Víctimas de holocaustos a tu Amor, las consumirías rápidamente; me parece que serías feliz de no reprimir las inundaciones de infinita ternura que hay en ti… Si tu Justicia ama descargarse, la que se extiende solo en la tierra, cuánto más desea tu Amor Misericordioso encender almas, ya que tu Misericordia se eleva hasta los Cielos… ¡Oh, Jesús mío! Permíteme ser esa víctima feliz". (Manuscrito A, folio 84r). [LEER MÁS].

Acto de santa Teresita de ofrenda de sí misma como víctima de holocausto al amor de Dios
¡Oh Dios mío! Santísima Trinidad, deseo amarte y hacerte amar... Deseo cumplir perfectamente tu voluntad... deseo ser santa, pero siento mi impotencia y te pido, oh Dios mío, que seas tú mismo mi Santidad.
...con confianza te pido que vengas a tomar posesión de mi alma... te suplico que me quites la libertad de desagradarte...
Para vivir en un acto de perfecto Amor, me ofrezco como víctima de holocausto a tu Amor misericordioso, suplicándote que me consumas sin cesar, dejando desbordar en mi alma las aguas de ternura infinita que encierras y que así me convierta en mártir de tu Amor, ¡oh Dios mío! [LEER MÁS].

Santa Teresa del Niño Jesús y el misterio del Corazón de Cristo,
por Jesús Solano, S.I....

Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz recibió el hábito marrón de carmelita, en el Carmelo de Lisieux, el 10 de enero de 1889, el mismo día y a la misma hora en que la beata María del Divino Corazón recibió el hábito blanco de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, en el Convento del Buen Pastor de Münster (Alemania).

Santa Teresa de Lisieux y el Apostolado de la Oración

«No seáis niños en juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio».
(I Corintios 14,20)

San Juan Pablo II al proclamar doctora de la Iglesia a santa Teresita, el 19.10.1997

 

Los Papas acerca de santa Teresita

Texto completo de la Exhortación Apostólica C’est la confiance del papa Francisco con motivo del 150 aniversario del nacimiento de santa Teresa del Niño Jesús

Extracto

Hubo un año jubilar en Lisieux y en Alençon con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Santa Teresita desde el 8.01.2023 hasta el 7.01.2024

En la tarde del 30 de septiembre de 1897, a las 19:20 h. muere santa Teresita de Lixieux:
"Yo no muero, entro en la vida", había escrito a su hermano espiritual misionero, P. Mauricio Belliére.
Sus últimas palabras: "Dios mío, te amo".

Hay cosas que se hacen sin alegría y con amor, según enseña santa Teresita

"La medida del amor es amar sin medida", decía San Francisco de Sales.
Al decir de Benedicto XVI, sin él no hubiera existido el heroico «
caminito» de santa Teresa de Lisieux.

El encargo suavísimo de Jesús a los jesuitas y a las salesas de dar a conocer la misericordia de su Sagrado Corazón y de promover su amor y su devoción fue el antídoto contra el molinismo para impedir que sus disparates les llevaran al semipelagianismo y al orgullo. A muchos jesuitas que admitían el molinismo no se les notaba porque predominaba en ellos el amor a la misericordia divina; y en San Francisco de Sales, el abandono a dicha misericordia
(LEER MÁS)

También se encuentra formulado en los escritos de san Francisco de Sales el modo de vida de santidad que santa Teresa de Lisieux practicó heroicamente y que consistía en aprovechar todas los pequeños sacrificios que se le presentaban para ofrecerlos con alegría, mientras ardía en deseos de padecer por Jesús los mayores martirios.

Véase lo que dice san Francisco de Sales en el Tratado del amor a Dios, Libro XII, Capítulo VI, con el título:

"Que es menester aprovechar todas las ocasiones que se ofrezcan en la práctica del divino amor"

Y véase lo que decía y hacía santa Teresa de Lisieux: Las flores de Santa Teresa de Lisieux

 

JESÚS ANSÍA ADUEÑARSE DE NUESTRO CORAZÓN Y QUE ASÍ SEAMOS SANTOS
“Jesús quiere adueñarse por entero de su corazón, quiere que sea usted un gran santo. Para ello tendrá que sufrir mucho, pero también ¡qué alegría inundará su alma cuando llegue el momento feliz de su entrada en la vida eterna…! (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº244, al Abate Bellière, 9 de junio de 1897)

HUMILLARSE
“Si, basta con humillarse, con soportar serenamente las propias imperfecciones. ¡He ahí la verdadera santidad!” (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 243, a sor Genoveva, 7 de junio de 1897).

DIOS CONOCE NUESTRA DEBILIDAD
“¡Qué dulce alegría pensar que Dios es justo!, es decir, que tiene en cuenta nuestras debilidades, que conoce perfectamente la debilidad de nuestra naturaleza. Siendo así, ¿de qué voy a tener miedo?” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 83vº)

DESEAR LA SANTIDAD, TENIENDO IMPERFECCIONES
“Usted, Madre, sabe bien que yo siempre he deseado ser santa. Pero, ¡ay!, cuando me comparo con los santos, siempre constato que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde en el cielo y el oscuro grano que los caminantes pisan al andar. Pero en vez de desanimarme, me he dicho a mi misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito C, 2vº)

SER SANTOS CON LOS MÉRITOS INFINITOS DE ÉL
“Sigo teniendo la misma confianza audaz de llegar a ser una gran santa, pues no me apoyo en mis méritos –que no tengo ninguno-, sino en Aquel que es la Virtud y la Santidad mismas. Sólo Él, conformándose con mis débiles esfuerzos, me elevará hasta Él y, cubriéndome con sus méritos infinitos, me hará santa”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 32rº)

UNA VIDA COMO LA NUESTRA
“Lo que me hace mucho bien, cuando pienso en la Sagrada Familia, es imaginármela llevando una vida totalmente ordinaria (…) en su vida todo discurrió como en la nuestra”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones ,” Cuaderno amarillo” 20.8.14).

CONSEGUIR LA GRACIA DE NO PREOCUPARNOS POR SER TAN MISERABLES
“Te equivocas, amiga mía, si crees que tu Teresita recorre siempre ilusionada el camino de la virtud. Ella es débil, muy débil, y experimenta a diario esa triste realidad. Pero (…) Jesús se complace en enseñarle, como a San Pablo, la ciencia de gloriarse en sus debilidades. Es esta una gracia muy grande, y pido a Jesús que te la enseñe, porque sólo ahí se encuentra la paz y el descanso del corazón. Cuando una se ve tan miserable, no quiere ya preocuparse de sí misma y sólo mira a su único Amado…” (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 109, a María Guérin, julio de 1890).

EL AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS
“Desde que se me ha concedido a mi también comprender el amor del corazón de Jesús, le confieso que Él ha desterrado todo temor de mi corazón. El recuerdo de mis faltas me humilla y me lleva a no apoyarme nunca en mi propia fuerza, que no es más que debilidad; pero sobre todo, ese recuerdo me habla de misericordia y de amor”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº247, al abate Belliére, 21 de junio de 1897)

AMAR AL PRÓJIMO
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Madre querida, meditando estas palabras de Jesús, comprendí lo imperfecto que era mi amor a mis hermanas y vi que no las amaba como las ama Dios. Si, ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que se les vea practicar”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito C, 12 rº).

DIOS NOS MIMA
“¡Si supieras, María, qué gran verdad me parece lo que nos dices! Dios nos mima”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº21, a María, 2 de octubre de 1886).

Lo entiendo, Señor. Cuando un alma se ha dejado fascinar por el perfume embriagador de tus perfumes, ya no puede correr sola, todas las almas que ama se ven arrastradas tras de ella [Ms C, folio 34rº]. [Como en el Evangelio: "Creyó él y toda su casa" (Jn 4,53)]. [Sta Teresita cita libremente Jn 17, 4 y sig; y concluye con estas palabras de Jesús: "Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo" (Jn 17,24)]. Sí, Señor, esto es lo que yo quisiera repetir contigo antes de volar a tus brazos. ¿Es tal vez una temeridad? No, no. Hace ya mucho tiempo que tú me has permitido ser audaz contigo. Como el padre del hijo pródigo cuando hablaba con su hijo mayor, tú me dijiste: «Todo lo mío es tuyo». Por tanto, tus palabras son mías, y yo puedo servirme de ellas para atraer sobre las almas que están unidas a mí las gracias del Padre celestial... Quiero simplemente pedir que un día nos veamos todos reunidos en tu hermoso cielo [Historia de un Alma, Manuscrito C, folio 34vº].

"El mérito no consiste en hacer ni en dar mucho, sino más bien en recibir, en amar mucho Se ha dicho que es mucho más dulce dar que recibir, y es cierto; pero entonces, cuando Jesús quiere tomar para sí la dulzura de dar, no sería educado negarse. Dejémosle tomar y dar todo lo que quiera". (Santa Teresita, carta nº 142, a Celina, 6 de julio de 1893)

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Canals decía: "¡Pobres mujeres!"

Y santa Teresita del Niño Jesús dijo por escrito:

"¡Pobres mujeres! ¡Qué despreciadas son...! Sin embargo, ellas aman a Dios en número mucho mayor que los hombres, y durante la pasión de Nuestro Señor las mujeres tuvieron más valor que los apóstoles, pues desafiaron los insultos de los soldados y se atrevieron en enjugar la Faz adorable de Jesús... Seguramente por eso él permite que el desprecio sea su lote en la tierra, ya que lo escogió también para sí mismo... En el cielo demostrará claramente que sus pensamientos no son los de los hombres, pues entonces los últimos serán los primeros..." (Manuscrito A, 66rº).

[Sí, las mujeres son muy superiores a los varones. Muchos lo sabemos desde la preadolescencia. Aunque las mujeres, por algo que tiene que ver con lo preternatural, desde la expulsión del paraíso terrenal, se supeditan a su marido y a los varones en general. Pero no por eso dejan de ser en sí claramente superiores a ellos, y esto deja patente que es un sinsentido la sugestión de que pretendan ser como los varones, en tareas, aficiones, modos de vestir, usos y costumbres, etc. Deja en evidencia al feminismo].

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Jesús, déjame que te diga, en el exceso de mi gratitud, déjame, sí, que te diga que tu amor llega hasta la locura... ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza?...
Sí, ya sé que también los santos hicieron locuras por ti, que hicieron obras grandes porque ellos eran águilas...
Jesús, yo soy demasiado pequeña para hacer obras grandes..., y mi locura consiste en esperar que tu amor me acepte como víctima... Mi locura consiste en suplicar a las águilas mis hermanas que me obtengan la gracia de volar hacia el Sol del amor con las propias alas del Aguila divina... (Dt 19,1-6)
Durante todo el tiempo que tú quieras, Amado mío, tu pajarito seguirá sin fuerzas y sin alas, seguirá con los ojos fijos en ti. Quiere ser fascinado por tu mirada divina, quiere ser presa de tu amor...
Un día, así lo espero, Aguila adorada, vendrás a buscar a tu pajarillo; y, remontándote con él hasta el Foco del amor, lo sumergirás por toda la eternidad en el ardiente Abismo de Este Amor al que él se ofreció como víctima
¡Que no pueda yo, oh Jesús, revelar a todas las almas pequeñas cuán inefable es tu condescendencia..!
Estoy convencida de que, si por un imposible, encontrases un alma más débil y más pequeña que la mía, te complacerías en colmarla de gracias todavía mayores, con tal de que ella se abandonase con entera confianza a tu misericordia infinita.
¿Pero por qué estos deseos, Jesús, de comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú, y nadie más que tú, el que me los enseñó a mí? ¿Y no puedes, entonces, revelárselos también a otros...?
Sí, lo sé muy bien, y te conjuro a que lo hagas. Te suplico que hagas descender tu mirada divina sobre un gran número de almas pequeñas... ¡Te suplico que escojas una legión de pequeñas víctimas dignas de tu AMOR!...
La insignificante sor Teresa del Niño Jesús de la Sta. Faz, rel. carm. ind.
(Fin del Manuscrito B).

La fuente básica está en este texto bíblico (Dt 19,1-6). Fue la primera lectura de la misa del domingo 18.06.2023:

"A los tres meses de salir de la tierra de Egipto, aquel día, los hijos de Israel llegaron al desierto del Sinaí. Salieron de Refidín, llegaron al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña. Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:

«Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel: 
“Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”.
Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel»" (Dt 19,1-6).

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COMENCEMOS NUESTRO MARTIRIO
"El sueño de mi Celina es muy bonito [Celina había soñado que sufría el martirio], tal vez un día se realizará; pero mientras tanto, comencemos nuestro martirio, dejemos que Jesús nos arranque todo lo que nos es más querido, y no le rehusemos nada. Antes de morir a espada, muramos a alfilerazos". (Santa Teresita del Niño Jesús, carta del 15 de marzo de 1889 a Celina)

LA VERDADERA SANTIDAD
“Sí, basta con humillarse, con soportar serenamente las propias imperfecciones. ¡He ahí la verdadera santidad!”
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 243, a sor Genoveva, 7 de junio de 1897)

Enseña nuestra doctora de parte de Jesús, el Verbo hecho carne
VALE MÁS RECURRIR A DIOS QUE A SUS SANTOS
“No encontraba ayuda alguna en la tierra, que me parecía un desierto agostado y sin agua. Sólo en Dios tenía puesta toda mi esperanza… Acababa de conocer por experiencia que vale más recurrir a Él que a sus santos…”
(Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 66rº)
La Virgen María nos redirige automáticamente a Jesús, el Verbo hecho carne. San José, el ángel de la guarda y los demás santos, también.
Como hace Santa Teresita en este texto.

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Enseña nuestra doctora de parte de Jesús, el Verbo hecho carne

Comprendo y sé muy bien por experiencia que «el reino de los cielos está dentro de nosotros». Jesús no tiene necesidad de libros ni de doctores para instruir a las almas. Él, el Doctor de los doctores, enseña sin ruido de palabras... Yo nunca le he oído hablar, pero siento que está dentro de mí, y que me guía momento a momento y me inspira lo que debo decir o hacer. Justo en el momento en que las necesito, descubro luces en las que hasta entonces no me había fijado. Y las más de las veces no es precisamente en la oración donde esas luces más abundan, sino más bien en medio de las ocupaciones del día...
(Manuscrito A, Folio 83vº)

“Pide mucho al Sagrado Corazón. Tú sabes que yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo. Pienso que el Corazón de mi Esposo es para mí sola, como el mío es para Él solo, y le hablo entonces en la soledad de este delicioso corazón a corazón esperando contemplarlo un día cara a cara” (Carta 122, a su hermana Celina, con ocasión del viaje de ésta a Paray-le-Manial, 14 octubre 1890).

SÓLO JESÚS LO VERÁ
“Pídele [a Jesús] que me dé mucho amor también a mí. No pido amor sensible, sino un amor conocido sólo de Jesús”. (Carta nº114, a sor Inés de Jesús, 3 de septiembre 1890)

SEGUIR EN LA NIÑEZ ESPIRITUAL
“Que no piensen que, si me curo, eso me va a desconcertar o a desbaratar mis planes. ¡En absoluto! La edad no es nada a los ojos de Dios, y yo me las arreglaré para seguir siendo una niña aunque viva mucho tiempo”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones, “Cuaderno amarillo” 27.5.5)

CONTAR CON DIOS
“No tengo absolutamente ningún miedo a los últimos combates, ni a los sufrimientos de la enfermedad, por grandes que sean. Dios me ha socorrido siempre, me ha ayudado y me ha llevado de la mano desde mi más tierna infancia… cuento con Él. Estoy segura de que continuará ayudándome hasta el fin”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones, “Cuaderno amarillo” 27.5.2)

GRATITUD
“Cuando pienso en todas las gracias que Dios me ha concedido, tengo que contenerme para no derramar incesantes lágrimas de gratitud”.
(Santa Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones “Cuaderno amarillo”, 12.8.3)AMAR MUCHO A JESÚS

CONSOLAR A JESÚS
“Consolemos juntas a Jesús, de todas las ingratitudes de las almas, hagamos con nuestro amor que se olvide de sus dolores”.
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº119, a sor Marta de Jesús, 23 de septiembre de 1890).

SER COMO EL HIJO PRÓDIGO QUE RETORNA
«Estoy segura de que, aunque tuviera sobre la conciencia todos los pecados que pueden cometerse, iría, con el corazón roto de arrepentimiento, a echarme en brazos de Jesús, pues sé cómo ama al hijo pródigo que vuelve a él» (Manuscrito C, 36v-37r)

«Yo no puedo tener miedo a un Dios que se ha hecho tan pequeño por mí (...) ¡Yo lo amo! Pues él es sólo amor y misericordia» (Carta 266)

«Jesús, mi alegría es amarte a ti» (P 45/7)

«Lo sabes, Jesús mío. Yo te amo. Me abrasa con su fuego tu Espíritu de Amor. Amándote yo a ti, atraigo al Padre» (P 17/2)

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AMAR LA PROPIA POBREZA

“Lo que le gusta [ a Jesús] es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia… este es mi único tesoro (…) Hermana querida, te lo ruego, comprende a tu hijita, comprende que para amar a Jesús, para ser su víctima de amor, cuanto más débil sea uno, sin deseos ni virtudes, tanto más dispuesto estará a las operaciones de ese Amor consumidor y transformante” (Carta nº 197, a Sor María del Sagrado Corazón, 17 de Septiembre de 1896)

NO DESPERDICIAR NINGÚN SACRIFICIO

“No tengo otro medio de probarte mi amor que el de echar flores; es decir, no desperdiciar ningún sacrificio, ninguna mirada, ninguna palabra; aprovecharme de las pequeñas cosas, aún de las más insignificantes, haciéndolas por amor…Quiero sufrir por amor y también gozar por amor. Así echaré flores delante de tu trono”.(Manuscrito B, 4 rº-vº).

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Desde mi niñez he soñado con combatir en los campos de batalla. Cuando comencé a estudiar la historia de Francia, el relato de las hazañas de Juana de Arco me entusiasmaba; sentía en mi corazón el deseo y el ánimo de imitarla; me parecía que el Señor me destinaba a mí también a grandes cosas. Y no me engañaba. Sólo que, en lugar de una voz del cielo invitándome al combate, yo escuché en el fondo de mi alma una voz más suave y más fuerte todavía: la del Esposo de las vírgenes, que me llamaba a otras hazañas y a conquistas más gloriosas. Y en la soledad del Carmelo he comprendido que mi misión no era la de hacer coronar a un rey mortal, sino la de hacer amar al Rey del cielo, la de someterle el reino de los corazones. En el Sagrado Corazón de Jesús, soy para toda la eternidad Su indigna hermanita, Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz rel. Carm. Ind.
(Santa Teresita Carta 224 al abate Bellière 25 de abril de 1897. Desde seminarista era su hermano espiritual)

“Quiero trabajar por vuestro solo Amor, con el único objeto de agradaros, de consolar a vuestro Sagrado Corazón y de salvar las almas que os amarán eternamente” (Acto de ofrenda al amor misericordioso).

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..Esto es el Apostolado de la Oración ramierista
Sí, Amado mío, así es como se consumirá mi vida... No tengo otra forma de demostrarte mi amor que arrojando flores, es decir, no dejando escapar ningún pequeño sacrificio, ni una sola mirada, [MS B, 4vº] ni una sola palabra, aprovechando hasta las más pequeñas cosas y haciéndolas por amor...
Quiero sufrir por amor, y hasta gozar por amor. Así arrojaré flores delante de tu trono.
No encontraré ni una sola en mi camino que no deshoje para ti. Y además, al arrojar mis flores, cantaré (¿puede alguien llorar mientras realiza una acción tan alegre?), cantaré aun cuando tenga que coger las flores entre las espinas, y tanto más melodioso será mi canto, cuanto más largas y punzantes sean las espinas.
¿Y de qué te servirán, Jesús, mis flores y mis cantos...? Sí, lo sé muy bien: esa lluvia perfumada, esos pétalos frágiles y sin valor alguno, esos cánticos de amor del más pequeño de los corazones
te fascinarán.
Sí, esas naderías
te gustarán y harán sonreír a la Iglesia triunfante, que recogerá mis flores deshojadas por amor y las pasará por tus divinas manos, Jesús. Y luego esa Iglesia del cielo, queriendo jugar con su hijito, arrojará también ella esas flores -que habrán adquirido a tu toque divino un valor infinito- arrojará esas flores sobre la Iglesia sufriente para apagar sus llamas, y las arrojará también sobre la Iglesia militante para hacerla alcanzar la victoria...
(
SANTA TERESA del NIÑO JESÚS: Ms B, Carta a sor María del Sagrado Corazón, 1896, folio 4r y 4vº)

Santa Teresa de Lisieux y el Apostolado de la Oración

Si no escucho tu voz, que desborda dulzura,
Ni veo el resplandor de tu adorable Faz,
¡muy bien puedo, Dios mío, bienvivir de tu gracia
Y en tu Corazón Sacro el mío reposar!

(Poema 23, “Al Sagrado Corazón de Jesús”, escrito en 1895 para su hermana, María del Sagrado Corazón).

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Sí, toda mi fuerza se encuentra en la oración y en el sacrificio; son las armas invencibles que Jesús me ha dado, y logran mover los corazones mucho más que las palabras.

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Sé que nuestras justicias y todos nuestros méritos
carecen de valor a tus divinos ojos.
Para hacer meritorios mis pobres sacrificios,
sobre tu Corazón divino los arrojo.

(Poema 23, “Al Sagrado Corazón de Jesús”, escrito en 1895 para su hermana, María del Sagrado Corazón).

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Junto a ese corazón se aprende a ser valientes, y sobre todo a confiar. (Carta 200, a Sor María de San José).

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Cuando veo a Magdalena adelantarse, en presencia de los numerosos invitados, y regar con sus lágrimas los pies de su Maestro adorado, a quien toca por primera vez, siento que su corazón ha comprendido los abismos de amor y de misericordia del corazón de Jesús y que, por más pecadora que sea, ese corazón de amor está dispuesto, no sólo a perdonarla, sino incluso a prodigarle los favores de su intimidad divina y a elevarla hasta las cumbres más altas de la contemplación. Querido hermanito, desde que se me ha concedido a mí también comprender el amor del corazón de Jesús, le confieso que él ha desterrado todo temor de mi corazón. El recuerdo de mis faltas me humilla y me lleva a no apoyarme nunca en mi propia fuerza, que no es más que debilidad; pero sobre todo, ese recuerdo me habla de misericordia y de amor.
(Carta 247, de Teresa a Maurice Bellière, el seminarista que era su hermano espiritual, 21 de junio de 1897.)

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"No tiemblo al ver mi debilidad, porque los tesoros de la madre pertenecen también a su hija, y yo soy tu hija, mi querida Madre mía"

“Sí, estoy segura de que aunque tuviera sobre la conciencia todos los pecados que pueden cometerse, iría, con el corazón roto de arrepentimiento, a echarme en los brazos de Jesús, pues sé como ama al hijo pródigo que vuelve a él.” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito C, 36 vº)

“Te amo porque te mezclas con las demás mujeres que dirigen sus pasos al templo del Señor, te amo cuando presentas al Niño que nos salva poniéndolo en los brazos del viejo Simeón”. (Santa Teresita del Niño Jesús, poesía 54, “Por que te amo , María”, estrofa 11)

“Pan vivo, pan del Cielo, divina Eucaristía, ¡oh misterio sagrado, regalo de tu amor…! Ven a habitar mi alma, Jesús.” (Santa Teresita del Niño Jesús, Poesía 5 “Mi canto de hoy” estrofa 8)

“Yo creo que los bienaventurados tienen una enorme compasión de nuestras miserias; se acuerdan de que cuando eran frágiles y mortales como nosotros, cometieron las mismas faltas que nosotros y sostuvieron los mismos combates, y su cariño fraternal es todavía mayor que el que nos tuvieron en la tierra, y por eso no dejan de protegernos y orar por nosotros”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Carta nº 263 Al Abate Bellière, 10 de Agosto de 1897)

“Lo único que constituye toda mi alegría es el pensamiento de hacer la voluntad de Dios”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Carta nº258 Al abate Bellière,18 de Julio de 1897)

“¡Qué poco conocida es la bondad y el amor misericordioso de Jesús…! Es cierto que, para gozar de estos tesoros, hay que humillarse, reconocer la propia nada, y eso es lo que muchas almas no quieren hacer. (…) el camino de la confianza sencilla y amorosa está hecho a la medida para usted”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Carta nº 261 Al abate Bellière, 26 de Julio de 1897)

“¡Celina…!, aprovechémonos de esa predilección de Jesús que en tan pocos años nos ha enseñado tantas cosas…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Carta nº 89 a Celina, 26 de abril de 1889)

“¿Cómo se las habrá arreglado Jesús para desligar nuestras almas de todo lo creado? Sí, nos ha infligido un golpe muy duro, pero es un golpe de amor”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Carta nº 94 a Celina, 14 de Julio de 1889)

“Muchas veces el Señor se conforma con nuestros deseos de trabajar por su gloria, y usted sabe, Madre mía, que mis deseos son muy grandes”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito C, 8 vº)

“Jesús, hasta aquí puedo entender tu amor al pajarito, ya que este no se aleja de ti. Pero yo sé, y tú también lo sabes, que muchas veces la imperfecta criaturita (…) acaba distrayéndose un poco de su único quehacer: coge un granito acá y allá, corre tras un gusanito… luego, encontrando un charquito de agua, moja en él sus plumas apenas formadas (…) ve una flor que le gusta, y su espíritu débil se entretiene con la flor… (…) sin embargo, después de todas sus travesuras, el pajarito, en vez de ir a esconderse en un rincón (…) se vuelve hacia su amado Sol, expone a sus rayos bienhechores sus alitas mojadas (…) y en su dulce canto confía…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito B, 5rº)

“Apenas entré en el confesonario, sentí que se dilataba mi alma (…) Mi alma era como un libro abierto, en el que el Padre leía mejor incluso que yo misma… Me lanzó a velas desplegadas por los mares de la confianza y del amor (…) me dijo que mis faltas no ofendían a Dios, y que como representante suyo, me decía de su parte que Dios estaba muy contento de mí…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 80 vº)

“En cuanto llegaba esa hermana, se ponía a hacer un extraño ruido, parecido al que se haría frotando dos conchas una contra otra. (…) Imposible decirle, Madre, cómo me molestaba aquel ruidito. Sentía unas ganas enormes de volver la cabeza y mirar a la culpable (…) pero en el fondo del corazón sentía que era mejor sufrir aquello por amor de Dios y no hacer sufrir a la hermana. (…) Trataba de amar aquel ruidito tan desagradable (…) en vez de procurar no oírlo (lo cual era imposible) centraba toda mi atención en escucharlo bien, como si se tratara de un concierto maravilloso y pasaba la oración ofreciendo aquel concierto a Jesús.”
(Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito C, 30 vº)

“Me aplicaba, sobre todo, a la práctica de las virtudes pequeñas, al no tener facilidad para practicar las grandes. Así, por ejemplo, me gustaba plegar las capas que dejaban olvidadas las hermanas…”
(Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A 74 vº)

“Querida hermanita, no dejes de rezar por mi durante el mes del Niño Jesús. Pídele que sea siempre pequeña, ¡muy pequeña…! Yo le haré para ti la misma súplica…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Carta nº154, a Leonia, 27 de diciembre de 1893).

“Los cristianos más fervorosos, los sacerdotes piensan que exageramos, que deberíamos de servir con Marta en vez de consagrar a Jesús los vasos de nuestras vidas con los perfumes que en ellos se encierran…Y sin embargo, ¿qué importa que se rompan nuestros vasos, si Jesús recibe consuelo?” (Santa Teresita del Niño Jesús, Carta nº169, a Celina, 19 de Agosto de 1894)

“Cuando rezo por ti, no digo el Padrenuestro o el Avemaría, digo simplemente, en un arranque del corazón:”Dios mío, colma a mi Madrecita de toda clase de bienes, ámala aún más si puedes.
(Santa Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones, Cuaderno amarillo,18.4.2)

“¡Cuánto bien hace trabajar sólo por Jesús, absolutamente SÓLO por Él…! ¡Cómo se llena entonces el corazón y qué ligero se siente!” (Santa Teresita del Niño Jesús, Carta nº 95 a sor Inés de Jesús, Julio de 1889)

“El amor llama al amor. Por eso, Jesús mío, mi amor se lanza hacia ti y quisiera colmar el abismo que lo atrae. Pero, ¡ay!, no es ni siquiera una gota de rocío perdida en el océano…Para amarte como tú me amas, necesito pedir prestado tu propio amor. Sólo entonces encontraré reposo”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito C, 35 rº)

“¡Qué alegría ver a Dios, ser juzgados por Aquel a quien hemos amado sobre todas las cosas!” (Carta nº56 a Sor Inés de Jesús, 11 de julio 1888)

“Cada vez que se me presenta un combate, cuando los enemigos vienen a provocarme, me porto valientemente (…) vuelvo la espalda a mis adversarios sin dignarme siquiera a mirarlos a la cara y corro hacia mi Jesús”. (Manuscrito C, 7rº)

Durante los cortos instantes que nos quedan no perdamos el tiempo… salvemos almas… vivamos para las almas… seamos apóstoles… salvemos, sobre todo las almas de los sacerdotes (…) oremos y suframos por ellos y en el último día Jesús estará agradecido.” (Carta nº 94 a Celina, 14 de Julio de 1889)

“¡Qué afortunada eres María, de tener un corazón que sabe amar de esa manera…! Da gracias a Jesús por haberte dado un don tan precioso y entrégale todo entero tu corazón. Las criaturas son demasiado pequeñas para llenar el vacío inmenso que Jesús ha abierto en ti, no les des cabida en tu alma...” (Carta nº93 a María Guérin, 14 de Julio de 1889)

“Si, toda mi fuerza se encuentra en la oración y en el sacrificio; estas son las armas invencibles que Jesús me ha dado, y logran mover los corazones mucho más que las palabras. Muchas veces lo he comprobado por experiencia”.
(Manuscrito C, 24vº)

”Puesto que nuestra Madre lo permite, me alegro de ponerme a conversar contigo que eres dos veces mi hermana; contigo, que me prestaste tu voz cuando yo no podía hablar, prometiendo en mi nombre que no quería servir más que a Jesús…” (Manuscrito B, 1rº. anuscrito dirigido a su Hermana mayor, María, que fue su madrina de bautismo).

“Fui yo la encargada de pronunciar el acto de consagración a la Santísima Virgen (…) puse todo mi alma al hablarle y al consagrarme a ella, como una niña que se arroja en los brazos de su Madre y le pide que vele por ella”. Santa Teresita del Niño Jessús (Manuscrito A, 35vº)

“Acuérdate, Jesús, de pastores y magos, que alegres te ofrecieron corazones y dádivas. (…)…Recuerda que los brazos cálidos de María preferiste a tu trono del reino celestial. (…) de tu pequeña hermana que hizo latir tu alma… ¡acuérdate!”
(Poesía 24, “Jesús, amado mío, acuérdate” estrofas 3-4)

"Sentí también el deseo de no amar más que a Dios y de no hallar alegría fuera de Él. Con frecuencia, durante las comuniones, le repetía estas palabras de la Imitación:”¡Oh, Jesús, dulzura inefable, cámbiame en amargura todos los consuelos de la tierra…!” Santa Teresita del Niño Jesús (Manuscrito A, 36vº).

“También me sentía feliz de poder tocar los vasos sagrados y de preparar los corporales destinados a recibir a Jesús. Sabía que tenía que ser muy fervorosa y recordaba con frecuencia estas palabras dirigidas a un santo diácono: “Sé santo, tú que tocas los vasos del Señor”. (Manuscrito A, 79 vº)

“”El que sea pequeñito, que venga a mí”, dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón. Y ese mismo Espíritu de Amor dijo también “a los pequeños se les compadece y perdona”. Y en su nombre, el profeta Isaías nos revela que en el último día “el Señor apacentará como un pastor a su rebaño, reunirá a los corderitos y los estrechará contra su pecho”. (Manuscrito B, 1rº)

“Tenía razón el santo rey David cuando cantaba: Ved qué dulzura, qué delicia convivir los hermanos unidos. Es verdad, y yo lo he experimentado muchas veces, pero esa unión tiene que realizarse en la tierra a base de sacrificios”.
(Manuscrito C , 8vº)

“Comprendo que tu alma, Virgen Inmaculada, le sea a Dios más querida que su eterna mansión, comprendo que tu alma, humilde y dulce Valle, contenga a mi Jesús, ¡Océano de amor…! (…) ¡Oh, Madre muy amada, pese a mi pequeñez, como tú, yo poseo en mí al Omnipotente! Más no tiemblo de espanto al mirar mi flaqueza: de la Madre el tesoro a la hija pertenece, y yo soy tu hijita…” (Poesía 54 “Porque te amo, María”, estrofas 3 y 5)

“Querida Santísima Virgen, ¿sabes que tengo ganas de irme? Porque canso demasiado a mis hermanitas y además las hago sufrir al estar tan enferma…” (Últimas conversaciones “Cuaderno amarillo”, 28.8.9).

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Quieres que en el cielo ruegue por ti al Sagrado Corazón. Puedes estar segura de que no me olvidaré de darle tus encargos y de pedirle encarecidamente todo lo que necesites para llegar a ser una gran santa. (Carta 257, de Teresa a Leonia,  17 de julio de 1897).

“Si quieres ser santa, a ti te resultará muy fácil, pues en lo hondo de tu corazón el mundo no es nada para ti. Tú puedes, por tanto, igual que nosotras, ocuparte de “la única cosa necesaria”, es decir, que, aun entregándote con entusiasmo a las obras exteriores, tu único objetivo sea: agradar a Jesús y unirte más íntimamente a Él.” Santa Teresita del Niño Jesús (carta nº257 a Leonia, 17 de Julio de 1897)

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¡Cómo me gustaría hacerle comprender la ternura del Corazón de Jesús y lo que él espera de usted! (Carta 258, de Teresa a Maurice Bellière, el seminarista que era su hermano espiritual, 18 de julio de 1897)

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“Quisiera intentar haceros comprender por medio de una comparación muy sencilla cuánto ama Jesús a las almas, aun imperfectas, que se confían a Él. Supongo que un padre tiene dos hijos traviesos y desobedientes, y que, al ir a castigarles, ve que uno tiembla y se aleja de él con terror, teniendo, sin embargo, en el fondo del corazón el sentimiento de que merece ser castigado; su hermano, al contrario, se arroja en los brazos del padre, diciendo que siente haberle disgustado, que le ama y que, para probarlo, de ahora en adelante se portará bien. Después, si este hijo pide a su padre que le “castigue” con un “beso”, no creo que el corazón del padre dichoso pueda resistir a la confianza filial de su hijo, cuya sinceridad y amor le son conocidos. No desconoce, sin embargo, que más de una vez su hijo caerá en las mismas faltas, pero está dispuesto a perdonarle siempre, si siempre su hijo “le toma” por “el corazón”...” (Carta de 18 julio 1897).

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“Te pido, Dios mío, que Tú mismo seas mi santidad” (Historia de un Alma, Manuscrito A, )

Poema 36, “Sólo Jesús,”  15 de agosto de 1896.

 Tú supiste crear el corazón de madre,
¡entre todos los padres yo encuentro en ti al más tierno!,
y me es tu corazón aún más que maternal,

Tu corazón que cuida y salva la inocencia,
¡no podría frustrar mi filial confianza!

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Poema 13, “La Reina del Cielo a su Hija Querida María de la Santa Faz,”  25 de diciembre de 1894

Si alguna vez Jesús duerme,
cerca de él reposarás.
Su corazón siempre en vela
de apoyo te servirá.

Pues el niñito…y sigue durmiendo sobre el corazón del Gran General...

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Para poder un día contemplarte en tu gloria,
lo sé, debo aceptar el fuego del dolor;
por eso he escogido para mi purgatorio
tu amor consumidor, ¡Corazón de mi Dios!

Poema 23, “Al Sagrado Corazón de Jesús”, escrito en 1895 para su hermana María del Sagrado Corazón

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Poema 23, “Al Sagrado Corazón de Jesús”, escrito en 1895 para su hermana María del Sagrado Corazón

 «Yo quiero un corazón ardiente de ternura
Que me sirva de apoyo sin jamás vacilar,
que todo lo ame en mí, incluso mi pobreza…,
que nunca me abandone, ni me olvide jamás».

Cómo me has comprendido, único Amigo que amo,
Mi corazón robaste, haciéndote mortal
Y vertiendo tu sangre, ¡oh supremo misterio…!
Y aún vives desvelado por mí sobre el altar.

Si no escucho tu voz, que desborda dulzura,
Ni veo el resplandor de tu adorable Faz,
¡muy bien puedo, Dios mío, bienvivir de tu gracia
Y en tu Corazón Sacro el mío reposar!

Corazón de Jesús, tesoro de ternura,
tú sólo eres mi dicha y mi única esperanza
Pues supiste hechizar mi tierna juventud,
que nuestra unión acabe con mi postrer jornada.

 ¡Corazón de Jesús,  yo me quiero perder
En tu dulce bondad, por siempre ilimitada!

Sé que nuestras justicias y todos nuestros méritos
carecen de valor a tus divinos ojos.
Para hacer meritorios mis pobres sacrificios,
sobre tu Corazón divino los arrojo
.

Ni a tus ángeles puros encontraste sin mancha.
Destellando relámpagos nos diste tu ley de oro…
Tu Corazón sagrado, Jesús, es mi escondite,
¡no tiemblo ya, tú eres mi virtud y mi Todo…!

Para poder un día contemplarte en tu gloria,
lo sé, debo aceptar el fuego del dolor;
por eso he escogido para mi purgatorio
tu amor consumidor, ¡Corazón de mi Dios!

Mi desterrada alma, al dejar esta vida,
quisiera hacer un acto del más sincero amor;
y enseguida, volando a tu Patria del cielo,
tomar como morada tu Sacro Corazón.

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Poema 24, “¡Jesús, Amado mío, Acuérdate!” 21 de octubre de 1895

Recuerda compasivo que en la tierra deseo
reparar el olvido de tantos pecadores.
Amor único mío, escucha mi plegaria,
para amarte, Jesús, ¡dame mil corazones!
Pero no basta aún, ¡oh belleza suprema!,
préstame para amarte tu Corazón.

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 Querida hermana, yo te amo mil veces con más ternura de lo que se aman las hermanas ordinarias, ya que yo te puedo amar con el Corazón de nuestro Esposo celestial.
(Carta 186, a su hermana Leonia, monja salesa de la Visitación, 11 de abril de 1896)

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"Desde hacía mucho tiempo, Jesús y la pobre Teresita se habían mirado y se habían comprendido... Aquel día no fue ya una mirada, sino una fusión. Ya no eran dos: Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en medio del océano. Sólo quedaba Jesús, él era el dueño, el rey. ¿No le había pedido Teresa que le quitara su libertad, pues su libertad le daba miedo? ¡Se sentía tan débil, tan frágil, que quería unirse para siempre a la Fuerza divina...!" (El día de su Primera Comunión. En Historia de un Alma, Manuscrito A, 35 r).

"Todo está ordenado al bien de cada alma" (Historia de un Alma, Manuscrito A, 3r).

"La santidad consiste en la disposición del corazón” (Santa Teresa de Lisieux)

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"La Iglesia es Reina, pues es tu Esposa, oh, divino Rey de reyes" (Santa Teresa del Niño Jesús: Historia de un Alma, Manuscrito B, 4rº)

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Las profundas palabras de Nuestro Señor a Simón resuenan con gran dulzura en mi alma... Lo sé muy bien: «Al que poco se le perdona, poco ama». Pero sé también que a mí Jesús me ha perdonado mucho más que a santa María Magdalena, pues me ha perdonado por adelantado, impidiéndome caer (Historia de un Alma, Manuscrito A, 37v).

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Yo no pensaba entonces [a los nueve años] que para llegar a la santidad había que sufrir mucho. Dios no tardó en mostrármelo, enviándome las pruebas que he contado
(Historia de un Alma, Manuscrito A, 32r).

Sentí nacer en mi corazón un gran deseo de sufrir, y, al mismo tiempo, la íntima convicción que Jesús me tenía reservado un gran número de cruces...
Hasta entonces, había sufrido sin amar el sufrimiento; a partir de ese día, sentí por él un verdadero amor (Historia de un Alma, Manuscrito A, 36r-36v).

Aquel día recibí la fortaleza para sufrir, ya que pronto iba a comenzar el martirio de mi alma... (El día de su Confirmación. En Historia de un Alma, Manuscrito A, 36v).

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Él me ha amado a mí, con un amor de admirable prevención, para que ahora yo le ame a él ¡con locura...! (Historia de un Alma, Manuscrito A, 39rº).

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Ahora no tengo ya ningún deseo, a no ser el de amar a Jesús con locura... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 83vº).

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Jesús, déjame que te diga, en el exceso de mi gratitud, déjame, sí, que te diga que tu amor llega hasta la locura... ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza...? (Historia de un Alma, Manuscrito B, 5vº)

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Sobre todo y por encima de todo, amado Salvador mío, quisiera derramar por ti hasta la última gota de mi sangre...
¡El martirio! ¡El sueño de mi juventud! Un sueño que ha ido creciendo conmigo en los claustros del Carmelo... Pero siento que también este sueño mío es una locura, pues no puedo limitarme a desear una sola clase de martirio... Para quedar satisfecha, tendría que sufrirlos todos...
Como tú, adorado Esposo mío, quisiera ser flagelada y crucificada... Quisiera morir desollada, como san Bartolomé... Quisiera ser sumergida, como san Juan, en aceite hirviendo... Quisiera sufrir todos los suplicios infligidos a los mártires... Con santa Inés y santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada, y como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera, Jesús... Al pensar en los tormentos que serán el lote de los cristianos en tiempos del anticristo, siento que mi corazón se estremece de alegría y quisiera que esos tormentos estuviesen reservados para mí... Jesús, Jesús, si quisiera poner por escrito todos mis deseos, necesitaría que me prestaras tu libro de la vida, donde están consignadas las hazañas de todos los santos, y todas esas hazañas quisiera realizarlas yo por ti.
(Historia de un Alma, Manuscrito B, 30r).

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Sí, Amado mío, así es como se consumirá mi vida... No tengo otra forma de demostrarte mi amor que arrojando flores, es decir, no dejando escapar ningún pequeño sacrificio, ni una sola mirada, [4vº] ni una sola palabra, aprovechando hasta las más pequeñas cosas y haciéndolas por amor...

Quiero sufrir por amor, y hasta gozar por amor. Así arrojaré flores delante de tu trono. No encontraré ni una sola en mi camino que no deshoje para ti. Y además, al arrojar mis flores, cantaré (¿puede alguien llorar mientras realiza una acción tan alegre?), cantaré aun cuando tenga que coger las flores entre las espinas, y tanto más melodioso será mi canto, cuanto más largas y punzantes sean las espinas. (Historia de un Alma, Manuscrito B, 4rº-4vº)

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“Ofrenda de mí misma como víctima de Holocausto al Amor Misericordioso de Dios.”

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Pensaba en las almas que se ofrecen como víctimas de la justicia de Dios a fin de desviar y atraer sobre sí los castigos reservados a los culpables. Esta ofrenda me parecía grande y  generosa, pero yo estaba lejos de sentirme atraída de hacerla.  “Dios mío –exclamé en lo íntimo de mi corazón-- ¿sólo tu justicia recibirá almas que se inmolan como víctimas?  ¿Tu Amor Misericordioso no las necesita también?... En todas partes lo desconocen y lo rechazan. … Dios mío, ¿tendrá que permanecer encerrado dentro de Tu corazón tu amor despreciado? Me parece que si  encontraras almas que se ofrecieran como  víctimas de holocausto a Tu Amor, las consumirías rápidamente; me parece que serías feliz de no reprimir las oleadas de infinita ternura que hay en ti.
(Historia de un Alma, Manuscrito A)

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Yo lo escojo todo

«Cuando se ofreció ante mis ojos el horizonte de la perfección, comprendí que para ser santa había que sufrir mucho, buscar siempre lo más perfecto y olvidarse de sí misma. Comprendí que en la perfección había muchos grados, y que cada alma era libre de responder a las invitaciones del Señor y de hacer poco o mucho por él, en una palabra, de escoger entre los sacrificios que él nos pide. Entonces, como en los días de mi niñez, exclamé: «Dios mío, yo lo escojo todo. No quiero ser santa a medias, no me asusta sufrir por ti, sólo me asusta una cosa: conservar mi voluntad. Tómala, ¡pues "yo escojo todo" lo que tú quieres...!» (Historia de un Alma, Manuscrito A, 10r, 10v).

La noche oscura de santa Teresa de Lisieux referida por ella misma (Manuscrito C, 5rº- 5vº- 6rº - 6vº - 7rº - 7vº)

"La oración y el sacrificio son mis armas invencibles; constituyen todas mis fuerzas, y sé por experiencia que conmueven los corazones más que las palabras".
(
Santa Teresa de Lisieux)

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Para llegar a la santidad había que sufrir mucho. Dios no tardó en mostrármelo (Historia de un Alma, Manuscrito A, 32rº).

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He sufrido mucho desde que estoy en la tierra. Pero si en mi niñez sufría con tristeza, ahora ya no sufro así: lo hago con alegría y con paz, soy realmente feliz de sufrir (Historia de un Alma, Manuscrito C, 4vº).

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¡Qué bueno es el Señor...! Él acompasa siempre sus pruebas a las fuerzas que nos da (Historia de un Alma, Manuscrito A, 21rº)

Nunca, Madre, he experimentado tan bien como ahora cuán compasivo y misericordioso es el Señor: él no me ha enviado esta prueba hasta el momento en que tenía fuerzas para soportarla; antes, creo que me hubiese hundido en el desánimo... Ahora hace que desaparezca todo lo que pudiera haber de satisfacción natural en el deseo que yo tenía del cielo... Madre querida, ahora me parece que nada me impide ya volar, pues no tengo ya grandes deseos, a no ser el de amar hasta morir de amor... [9 de junio de 1897] (Manuscrito C, 5rº- 5vº- 6rº - 6vº - 7rº - 7vº)

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La enfermedad que me aquejó provenía, ciertamente, del demonio. Furioso por tu entrada en el Carmelo, quiso vengarse en mí del daño que nuestra familia iba a causarle en el futuro. (Historia de un Alma, Manuscrito A, 27r).

No sé cómo describir una enfermedad tan extraña. Hoy estoy convencida de que fue obra del demonio (Historia de un Alma, Manuscrito A, 28v).

Parecía estar en un continuo delirio, diciendo palabras que no tenían sentido, y sin embargo estoy segura de que no perdí ni un solo instante el uso de la razón... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 28v).

Pienso que el demonio había recibido un poder exterior sobre mí, pero [29rº] que no podía acercarse a mi alma ni a mi espíritu, a no ser para inspirarme grandísimos terrores a ciertas cosas, por ejemplo a las medicinas sencillísimas que intentaban en vano hacerme tomar... Dios permitía al demonio acercarse a mí (Historia de un Alma, Manuscrito A, 29rº).

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He observado que Jesús no quiere probar a sus hijas en el día de sus esponsales, esta fiesta debe ser una fiesta sin nubes, un anticipo de las alegrías del paraíso. (Historia de un Alma, Manuscrito A, 27v).

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[Fue el 25 de diciembre de 1886 cuando...] sentí la necesidad de olvidarme de mí misma para dar gusto a los demás, ¡y desde entonces fui feliz...! (Historia de un Alma, Manuscrito A, 45v)

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Gracias a Dios, tendré el cielo para resarcirme. Mi Esposo es enormemente rico, y yo meteré la mano en sus tesoros de amor para poder devolveros centuplicado todo lo que sufristeis por causa mía... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 29r).

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Sentía que vale más hablar con Dios que hablar de Dios (Historia de un Alma, Manuscrito A, 41rº).

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¡Pobres mujeres! ¡Qué despreciadas son...! Sin embargo, ellas aman a Dios en número mucho mayor que los hombres, y durante la pasión de Nuestro Señor las mujeres tuvieron más valor que los apóstoles, pues desafiaron los insultos de los soldados y se atrevieron en enjugar la Faz adorable de Jesús... Seguramente por eso él permite que el desprecio sea su lote en la tierra, ya que lo escogió también para sí mismo... En el cielo demostrará claramente que sus pensamientos no son los de los hombres, pues entonces los últimos serán los primeros... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 66vº)

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A pesar de esta prueba que me roba todo goce, aún puedo exclamar: «Tus acciones, Señor, son mi alegría» (Sal XCI). Porque ¿existe alegría mayor que la de sufrir por tu amor...? [Historia de un Alma, Manuscrito C, folio 7rº].

Lo entiendo, Señor. Cuando un alma se ha dejado fascinar por el perfume embriagador de tus perfumes, ya no puede correr sola, todas las almas que ama se ven arrastradas tras de ella [Ms C, folio 34rº]. [Como en el Evangelio: "Creyó él y toda su casa" (Jn 4,53)]. [Sta Teresita cita libremente Jn 17, 4 y sig; y concluye con estas palabras de Jesús: "Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo" (Jn 17,24)]. Sí, Señor, esto es lo que yo quisiera repetir contigo antes de volar a tus brazos. ¿Es tal vez una temeridad? No, no. Hace ya mucho tiempo que tú me has permitido ser audaz contigo. Como el padre del hijo pródigo cuando hablaba con su hijo mayor, tú me dijiste: «Todo lo mío es tuyo». Por tanto, tus palabras son mías, y yo puedo servirme de ellas para atraer sobre las almas que están unidas a mí las gracias del Padre celestial... Quiero simplemente pedir que un día nos veamos todos reunidos en tu hermoso cielo [Historia de un Alma, Manuscrito C, folio 34vº].

«Nadie puede venir a mí, dice Jesús, si no lo trae mi Padre que me ha enviado» [Jn 6,44]. Y a continuación, con parábolas sublimes -y muchas veces incluso sin servirse de este medio, tan familiar para el pueblo-, Él nos enseña que basta llamar para que nos abran, buscar para encontrar, y tender humildemente la mano para recibir lo que pedimos... Dice también que todo lo que pidamos al Padre en su nombre nos lo concederá [Mt 7,8] [Historia de un Alma, Manuscrito C, folio 35vº].

He aquí mi oración, yo pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a Él que sea Él quien viva y quien actúe en mí. Siento que cuanto más abrase mi corazón el fuego del amor, con mayor fuerza diré «Atráeme»; y que cuanto más se acerquen las almas a mí (pobre pequeño despojo de hierro inútil, si me alejase de la hoguera divina), más ligeras correrán tras los perfumes de su Amado [Historia de un Alma, Manuscrito C, folio 36rº].

De izquierda a derecha, Celine, Marie, Pauline y Léonie, las cuatro hermanas de Santa Teresita, reunidas en 1915 para testificar en el proceso sobre su hermana

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Todo esto no impide que las distracciones y el sueño vengan a visitarme. Pero al terminar la acción de gracias y ver que la he hecho tan mal, tomo la resolución de vivir todo el día en una continua acción de gracias... Dios está muy lejos de llevarme por el camino del temor. Sé encontrar siempre la forma de ser feliz y de aprovecharme de mis miserias... Y estoy segura de que eso no le disgusta a Jesús, pues él mismo parece animarme a seguir por ese camino... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 80rº)

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Debería entristecerme por dormirme (¡después de siete años!) en la oración y durante la acción de gracias. Pues bien, no me entristezco... Pienso que los niños agradan tanto a sus padres mientras duermen como cuando están despiertos; pienso que los médicos, para hacer las operaciones, duermen a los enfermos. En una palabra, pienso que «el Señor conoce nuestra masa, se acuerda de que no somos más que polvo» (Historia de un Alma, Manuscrito A, 76rº) .

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El que sea pequeñito, que venga a mí.

Y entonces fui (Historia de un Alma, Manuscrito C, 3rº).

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La verdadera sabiduría consiste en «querer ser ignorada y tenida en nada», en «cifrar la propia alegría en el desprecio de sí mismo» (Historia de un Alma, Manuscrito A, 71rº).

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Veo que todo es vanidad y aflicción de espíritu bajo el sol..., y que el único bien que vale la pena es amar a Dios con todo el corazón y ser pobres de espíritu aquí en la tierra... (Historia de un Alma, Manuscrito A, 32r).

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Siento la vocación de guerrero ... Siento en mi alma el valor de un cruzado, de un zuavo pontificio. Quisiera morir por la defensa de la Iglesia en un campo de batalla... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 2vº)

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Como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3rº)

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Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias: «Me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, y las seguiré publicando hasta mi edad más avanzada».
Sal. LXX. (Historia de un Alma, Manuscrito C, 3rº).

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Sigues viviendo en este valle de lágrimas, escondido bajo las apariencias de una blanca hostia... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 5vº)

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Quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo (Historia de un Alma, Manuscrito C, 2vº).

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Os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré... ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! (Historia de un Alma, Manuscrito C, 3rº).

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Pero, sobre todo y por encima de todo, amado Salvador mío, quisiera derramar por ti hasta la última gota de mi sangre...

¡El martirio! ¡El sueño de mi juventud! Un sueño que ha ido creciendo conmigo en los claustros del Carmelo... Pero siento que también este sueño mío es una locura, pues no puedo limitarme a desear una sola clase de martirio... Para quedar satisfecha, tendría que sufrirlos todos...

Como tú, adorado Esposo mío, quisiera ser flagelada y crucificada... Quisiera morir desollada, como san Bartolomé... Quisiera ser sumergida, como san Juan, en aceite hirviendo... Quisiera sufrir todos los suplicios infligidos a los mártires... Con santa Inés y santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada, y como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera, Jesús... Al pensar en los tormentos que serán el lote de los cristianos en tiempos del anticristo, siento que mi corazón se estremece de alegría y quisiera que esos tormentos estuviesen reservados para mí... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

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«Os voy a mostrar un camino inigualable». Y el apóstol va explicando cómo los mejores carismas nada son sin el amor... Y que la caridad es ese camino inigualable que conduce a Dios con total seguridad.
(Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ARDIENDO de AMOR.

Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

Comprendí que ¡el AMOR ENCERRABA EN SÍ TODAS LAS VOCACIONES, QUE EL AMOR LO ERA TODO, QUE EL AMOR ABARCABA TODOS LOS TIEMPOS Y LUGARES... EN UNA PALABRA, QUE ES ETERNO!...

Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío..., al fin he encontrado mi vocación! ¡MI VOCACIÓN ES EL AMOR!...

Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado... En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor... Así lo seré todo... ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad!!!...
(Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

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El amor me ha escogido a mí, débil e imperfecta criatura, como holocausto... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº)

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¿Por qué hablar de alegría delirante? No, no es ésta la expresión justa. Es, más bien, la paz tranquila y serena del navegante al divisar el faro que ha de conducirle al puerto... ¡Oh, faro luminoso del amor, yo sé cómo llegar hasta ti! He encontrado el secreto para apropiarme tu llama. (Historia de un Alma, Manuscrito B, 3vº) [p 226].

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La Iglesia es Reina, pues es tu Esposa, oh, divino Rey de reyes... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 4rº)

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Yo no soy un águila, sólo tengo de águila los ojos y el corazón, pues, a pesar de mi extrema pequeñez, me atrevo a mirar fijamente al Sol divino, al Sol del Amor, y mi corazón siente en sí todas las [5rº] aspiraciones del águila...

(Historia de un Alma, Manuscrito B, 4vº-5rº)

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Y si oscuras nubes llegaran a ocultarle el Astro del amor, el pajarito no cambiará de lugar: sabe que más allá de las nubes su Sol sigue brillando y que su resplandor no puede eclipsarse ni un instante.

Es cierto que, a veces, el corazón del pajarito se ve embestido por la tormenta, y no le parece que pueda existir otra cosa que las nubes que lo rodean. Esa es la hora de la alegría perfecta para ese pobre y débil ser. ¡Qué dicha para él seguir allí, a pesar de todo, mirando fijamente a la luz invisible que se oculta a su fe!... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 5rº)

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Te suplico que hagas descender tu mirada divina sobre un gran número de almas pequeñas... ¡Te suplico que escojas una legión de pequeñas víctimas dignas de tu AMOR!... (Historia de un Alma, Manuscrito B, 5vº)

La insignificante sor Teresa del Niño Jesús de la Sta. Faz, rel. carm. ind.

Fin del Manuscrito B

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Hasta tanto que su pequeño cáliz no estuvo lo suficientemente lleno del rocío de la humillación, se vio privada del agua de las alabanzas. Ahora ya no existe ese peligro; al contrario, a la florecita le parece tan delicioso el rocío que la llena, que no lo cambiaría por el agua insípida de los halagos. (Historia de un Alma, Manuscrito C, 2rº)

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Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo. Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos, un ascensor la suple ventajosamente. Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección. Entonces busqué en los Libros Sagrados algún indicio del ascensor, objeto de mi deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de la Sabiduría eterna: El que sea PEQUEÑITO, que venga a mí [Prov 9,4]. Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré [Is 66,13,12]. Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más. Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias: «Me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, y las seguiré publicando hasta mi edad más avanzada». Sal LXX [17-18]
(Historia de un Alma, Manuscrito C, 2vº-3rº)

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Ésta es la vocación del Carmelo... el único fin de nuestras oraciones y de nuestros sacrificios es ser apóstoles de apóstoles, rezando por ellos mientras ellos evangelizan a las almas (Historia de un Alma, Manuscrito A, 56rº)

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«He venido para salvar almas, y, sobre todo, para orar por los sacerdotes» (Historia de un Alma, Manuscrito A, 69vº).

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Yo no podía darle ya [57rº] otro nombre que el de «mamá», que me parecía mucho más tierno que el de Madre... (Historia de un Alma, Manuscrito A)

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El esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas... Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. El ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos... (Historia de un Alma, Manuscrito A, )

- “Soy un alma muy pequeña, que sólo puede ofrecer cosas muy pequeñas a Nuestro Señor, pero quiero buscar un camino nuevo hacia el cielo, muy corto, muy recto, un pequeño sendero. Me gustaría encontrar un ascensor para ascender hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir los empinados escalones de la perfección…”.   - “Lo que agrada a Dios de mi pequeña alma, es que ame, mi pequeñez y mi pobreza”. 

- "Para mí, la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús”.  

- “He ahí el misterio de mi vocación, de mi vida entera, y sobre todo el misterio de los privilegios que Jesús ha querido dispensar a mi alma… El no llamó a los que son dignos, sino a los que él quiere como dice San Pablo: "Tendré misericordia de quien quiera y me apiadaré de quien me plazca. No es pues del que quiere o se afana sino de Dios que es misericordioso". 

 - “El amor todo lo puede: las cosas más imposibles no le parecen difíciles. Jesús no mira tanto la grandeza de las obras, ni siquiera su dificultad, cuanto el amor con que tales obras se hacen...”. 

- "No poseo el valor para buscar plegarias hermosas en los libros; al no saber cuáles escoger, reacciono como los niños; le digo sencillamente al buen Dios lo que necesito, y Él siempre me comprende”. 

- "Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta”. 

 - "En lugar de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad”. 

- “¿Qué ocurriría si un jardinero no conociese bien la naturaleza de los árboles y se empeñase en hacer brotar rosas de un melocotonero...? Haría morir al árbol, que, sin embargo, era bueno y capaz de producir frutos. De la misma manera hay que saber reconocer desde la infancia lo que Dios pide a las almas y secundar la acción de su gracia, sin acelerarla ni frenarla nunca”.

 - “Mi alegría es cumplir siempre la santa voluntad de mi Jesús, mi único y solo amor. Así, vivo sin miedo, amo el día y la noche por igual”. 

- "Yo nunca aconsejo nada a nadie sin haberme encomendado a la Virgen Santísima. Ella es la que hace que las palabras que digo tengan eficacia en los que las escuchan”. 

- "¡Qué grande es el poder de la oración! Se diría que es una reina que en todo momento tiene acceso directo al rey y puede conseguir todo lo que le pide”.  

- "La Santísima Virgen me demuestra que nunca deja de protegerme. Enseguida que la invoco, tanto si me sobreviene una inquietud cualquiera, un apuro, inmediatamente recurro a ella, y siempre se hace cargo de mis intereses como la más tierna de las Madres”. 

 - "En el lavadero mi compañera de trabajo sacudía la ropa con tal fuerza que me salpicaba de jabón la cara. Esto me hacía sufrir, pero jamás le dije nada al respecto, y así ofrecía este pequeño sacrificio por los pecadores”.  

- "Lo que me impulsa a ir al Cielo es el pensamiento de poder encender en amor de Dios una multitud de almas que le alabarán eternamente”. 

- "La vida es un instante entre dos eternidades”. 

 - "Se sabe muy bien que la Santísima Virgen es la Reina del Cielo y de la Tierra, pero es más Madre que Reina”.  

- "Voy a pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”.

  - “Lo acepto todo por amor de Dios, aún toda esa clase de pensamientos extravagantes que me asaltan”.

 - “Santo ángel de mi guarda, cúbreme siempre con tus alas, para que nunca tenga la desgracia de ofender a Jesús”.

 - “Jesús, no quiero probar ninguna alegría fuera de ti”. 

- “Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña, así, si alguna vez en el camino caigo, me levanto enseguida, y mi Jesús me coge de la mano”. 

- “Jesús, enséñame a renunciar siempre a mí misma para agradar a mis hermanas”.

 - "La santidad consiste en la disposición del corazón”.

 - “¿Qué me importa mi vida? ¿Qué me importa la muerte? ¡Amarte, ése es mi gozo! ¡Mi única dicha, amarte...!”.

 - “Vivir de amor no es en la cima del Tabor su tienda plantar el peregrino de la vida. Es subir al Calvario a zaga de las huellas de Jesús, y valorar la cruz como un tesoro

 - “Vivir de amor es disipar el miedo, aventar el recuerdo de pasadas caídas. De aquellos mis pecados no veo ya la huella, junto al fuego divino se han quemado”.

 - “Vivir de amor es navegar sin tregua en las almas sembrando paz y gozo. ¡Oh mi Piloto amado!, la caridad me urge, pues te veo en las almas, mis hermanos. La caridad me guía, ella es mi estrella, remo siempre a su luz. En mi vela yo llevo grabada mi divisa: ¡Vivir de amor!”.

 - “Vivir de amor es mientras Jesús duerme permanecer en calma en medio de la mar aborrascada. No temas, ¡oh Señor!, que te despierte, espero en paz la orilla de los cielos...”.

 - “Vivir de amor es imitar, Jesús, la hazaña de María cuando bañó de lágrimas y perfumes preciosos tus fatigados y divinos pies y los besó arrobada, enjugándolos luego con sus largos cabellos... Y alzándose del suelo, rompió el frasco y tu cabeza María perfumó”.

 - “Morir de amor, es ésta mi esperanza, cuando vea romperse mis cadenas. Mi Dios será mi recompensa grande, otros bienes no quiero poseer. Quiero ser abrasada por su amor, quiero verle y unirme a él para siempre. Este será mi cielo y mi destino: ¡¡¡Vivir de amor...!!!”. 

- “Yo quisiera ser el cáliz en el que adoro la sangre de mi Dios y Salvador. Mas puedo en la santa Misa recogerla cada día”.

 - “¡Morir de amor, dulcísimo martirio, y es el martirio que sufrir quisiera! Llama de amor, consúmeme sin tregua. ¡Oh vida de un momento, muy pesada tu carga se me hace! ¡Oh divino Jesús!, haz realidad mi sueño: ¡morir de amor!”. 

- “El altar es un Calvario donde por mí y para mí se derrama gota a gota toda Su sangre divina”.

 - “¡Oh qué suerte para mí! Fui contada entre los granos de maduro y puro trigo destinados a perder por Jesús su ser y vida. Oh exquisito arrobamiento! Tu esposa querida soy, ven, mi Amado, vive en mí. Ven, tu belleza me encanta, ven a transformarme en ti!”.

 - “Tu amor es mi martirio, mi único martirio. Cuanto más él se enciende en mis entrañas, tanto más mis entrañas te desean... ¡¡¡Jesús, haz que yo muera de amor por ti...!!!

 - “¡Qué lástima me dan las almas que se pierden...! Es tan fácil extraviarse por los senderos floridos del mundo...”.

 - “¡Cuántas almas llegarían a la santidad si fuesen bien dirigidas...! Sé muy bien que Dios no tiene necesidad de nadie para realizar su obra. Pero así como permite a un hábil jardinero cultivar plantas delicadas y le da para ello los conocimientos necesarios, reservándose para sí la misión de fecundarlas, de la misma manera quiere Jesús ser ayudado en su divino cultivo de las almas”.

LA UNIÓN CON JESÚS Y LAS LLAMAS DE SU AMOR
“Madre querida, ésa es mi oración. Yo pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, y que me una tan íntimamente a Él que sea Él quien viva y quien actúe en mí. Siento que cuanto más abrase mi corazón el fuego del amor, con más fuerza diré “Atráeme”; y que cuanto más se acerquen las almas a mí (…), más ligeras correrán tras los perfumes de su Amado. Porque un alma abrasada de amor no puede estarse inactiva”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito C, 36rº).

ENCONTRAR EL CIELO EN EL CORAZÓN DE JESÚS
“Quien ama a Jesús (…) encuentra en ese corazón único, que no tiene IGUAL, todo lo que desea. ¡Encuentra allí su cielo…!
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº130, a Celina 23 de julio de 1891).

EL DUEÑO
“¡Qué dulce fue el primer beso de Jesús a mi alma…! Fue un beso de amor. (…) Desde hacía mucho tiempo, Jesús y la pobre Teresita se habían mirado y se habían comprendido… Aquel día no fue ya una mirada, sino una fusión. Ya no eran dos: Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en medio del océano. Sólo quedaba Jesús, él era el dueño, el rey”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 35rº).

DAR GUSTO A JESÚS
“Si, por un imposible, ni el mismo Dios viese mis buenas acciones, no me afligiría por ello lo más mínimo. Le amo tanto, que quisiera darle gusto sin que ni él mismo supiese que soy yo”.
(Santa Teresita del Niño Jesús, Ultimas conversaciones, “Cuaderno amarillo” 9.5.3)

LAS MISERICORDIAS DE JESÚS

“La flor que va a contar su historia se alegra de poder pregonar las delicadezas totalmente gratuitas de Jesús. Reconoce que en ella no había nada capaz de atraer sus miradas divinas, y que sólo su misericordia ha obrado todo lo bueno que hay en ella…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A,3vº).

DIOS NOS SOSTIENE
“Considerémonos almas pequeñas a las que Dios tiene que sostener a cada instante. Cuando Él nos ve profundamente convencidas de nuestra nada, nos tiende la mano”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 243, a Sor Genoveva, 7 de junio de 1897)

LA HUMILDAD DE MARÍA NOS PERMITE SEGUIRLA
“Tú me haces comprender que no es cosa imposible caminar tras tus huellas, ¡Oh Reina de los santos!; al practicar tú siempre las virtudes humildes, el camino del cielo dejaste iluminado”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Poesía 54, “Por qué te amo, María”).

AL PIE DE LA CRUZ
“Un domingo, mirando una estampa de Nuestro Señor en la cruz, me sentí profundamente impresionada por la sangre que caía de una de sus divinas manos. Sentí un gran dolor al pensar que aquella sangre caía al suelo sin que nadie se apresurase a recogerla. Tomé la resolución de estar siempre con el espíritu al pie de la cruz para recibir el rocío divino que goteaba de ella”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A,45vº).

PEQUEÑAS ALEGRÍAS
Esta mañana he tenido dos “pequeñas” penas. ¡Muy agudas, si…! Nada me produce tantas “pequeñas” alegrías como las “pequeñas penas".
(Santa Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones, Cuaderno amarillo, 19.5).

EL ASCENSOR SON LOS BRAZOS DE JESÚS
“Quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo. Estamos en el siglo de los inventos. Ahora no hay que tomarse el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos, un ascensor la suple ventajosamente. Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús… ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito C, 3rº).

CON LAS FUERZAS DE JESÚS
”No me apoyo en mis propias fuerzas, sino en las fuerzas de Aquel que en la cruz venció el poder del infierno”.
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº109, a la Madre Inés de Jesús, junio de 1987)

ES PROPIO DEL AMOR ABAJARSE
“Siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se parecieran a las de los santos doctores (…) parecería que Dios no tendría que abajarse demasiado para venir a sus corazones. Pero el ha creado a niño (…) y al pobre salvaje (…) ¡También a sus corazones quiere Él descender!” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A 2vº)

QUIEN NOS LLEVA AL CIELO ES DIOS
“¿Quieres saber si estoy contenta de ir al paraíso? Lo estaría enormemente si fuese a ir, pero… para ello no cuento con la enfermedad, es una conductora muy lenta. Sólo cuento ya con el amor”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 242, a Sor María de la Trinidad, 6 de junio de 1897).

DESEAR EL DESCONSUELO Y TENERLO
“La sequedad se hizo el pan de cada día. Mas, aunque estaba privada de todo consuelo, era la más feliz de las criaturas, pues veía cumplidos todos mis deseos…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A 73rºvº).

DIOS NOS AMA CON SU INFINITA MISERICORDIA
“¡Qué felicidad pensar que Dios, la Trinidad entera nos está mirando, que vive en nosotras y se complace en contemplarnos! (…) ¡Qué grande tiene que ser un alma para contener a Dios…!” (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº165, a Celina, 7 de julio de 1894).

ACOGER LA IMPERFECCIÓN PROPIA
“Al principio de mi vida espiritual (…) me preguntaba qué progresos tendría que hacer más adelante, pues creía que no podría comprender ya mejor la perfección. Pero no tardé en convencerme de que cuánto más adelanta uno en este camino, más lejos se ve del final. Por eso, ahora me resigno a verme siempre imperfecta, y encuentro en ello mi alegría…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A 74 rº).

SÓLO DIOS BASTA
“¡Nos hace tanto bien reconocer que sólo Él es perfecto, que sólo Él debe bastarnos cuando quita la rama que sostiene al pajarillo! ¡El pájaro tiene alas, está hecho para volar!” (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 250, a sor María de San José, julio de 1897).

OLVIDARSE DE SÍ MISMO POR EL AMOR DE JESÚS
“Hermanita querida, no seas una chiquilla triste pensando que no te comprenden, que te juzgan mal, que te olvidan, sino ríete de todo el mundo (…) tratándote a ti misma como (dices que) te tratan las demás, es decir, olvidándote de todo lo que no es Jesús y olvidándoTE a ti misma por su amor…” (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº251, a sor Marta de Jesús, Julio de 1897)

LA ALEGRÍA PERFECTA EN LA NOCHE OSCURA DEL ALMA
“Es cierto que, a veces, el corazón del pajarito se ve embestido por la tormenta, y no le parece que pueda existir otra cosa que las nubes que le rodean. Esa es la hora de la alegría perfecta (…) ¡Qué dicha para él seguir allí, a pesar de todo, mirando fijamente a la luz invisible que se oculta a su fe…!” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito B, 5rº).

NO DESEAR VER NADA
“No os extrañéis si no me aparezco a vosotras después de la muerte y si no veis ninguna cosa extraordinaria como señal de mi felicidad. Acordaos de que en mi “caminito” no hay que desear ver nada”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones, “Cuaderno amarillo” 4.6.1).

EL SILENCIO DE MARÍA
“Cuando el buen San José la maravilla ignora, que quieres ocultar en tu dulce humildad (…) ¡Cuánto estimo, María, tu elocuente silencio! Para mí es un concierto melodioso sin par, que me habla de la altura y de la omnipotencia de un alma que su auxilio sólo espera de Dios…” (Santa Teresita del Niño Jesús, poesía 54,8, “Por qué te amo, María").

CUSTODIA VIVA
“¡Oh, sagrada patena!, yo te envidio: sobre ti Jesús viene a reposar. Que su infinita majestad se digne descender hasta mi alma a descansar…Y Jesús, accediendo a mi esperanza (…) a mi viene, me inunda su presencia, ¡yo me convierto en su custodia viva…!” (Santa Teresita del Niño Jesús, Poesía 25: “Mis deseos junto a Jesús escondido en su prisión de amor”)

EL CIENTO POR UNO
“Hay incluso una florecita, llamada la negrilla de los trigos, que yo no había vuelto a encontrar desde cuando vivíamos en Lisieux; tenía muchas ganas de volver a ver esa flor de mi niñez (…) pues también ella vino a sonreírme en el Carmelo… a mostrarme que, tanto en las cosas más pequeñas como en las grandes, Dios da el ciento por uno ya en esta vida a las almas que lo han dejado todo por su amor”.
(Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 81vº)

SACRIFICIOS GRANDES O PEQUEÑOS
“Robémosle a Jesús el corazón (…) no le neguemos el más pequeño sacrificio (…) Recoger un alfiler por amor, puede convertir un alma. ¡Qué gran misterio…! Sólo Jesús puede dar un valor tan grande a nuestras acciones. Amémosle, pues, con todas nuestras fuerzas…”
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº164, a Leonia, del 22 de mayo de 1894 2rº).

ÉL SE OCUPA PERSONALMENTE DE CADA UNO DE NOSOTROS
“Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada florecilla, cómo si sólo ella existiese en la tierra, del mismo modo se ocupa también Nuestro Señor de cada alma personalmente, como si no hubiera más que ella”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 2vº).

LOCURAS DE AMOR
“¡El martirio! ¿El sueño de mi juventud! Un sueño que ha ido creciendo conmigo en los claustros del Carmelo… (…) quisiera ser flagelada y crucificada… Quisiera morir desollada como San Bartolomé…Quisiera ser sumergida, como San Juan, en aceite hirviendo (…) Jesús mío, ¿y tú que responderás a todas mis locuras…? ¿ Existe acaso un alma más pequeña e impotente que la mía…?” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito B, 3rº)

EL ROSTRO DE JESÚS ESTÁ ESCONDIDO
“Comprendí en qué consistía la verdadera gloria. Aquel cuyo reino no es de este mundo me hizo ver que la verdadera sabiduría consiste en “querer ser ignorada y tenida en nada”, en “cifrar la propia alegría en el desprecio de sí mismo”. Sí, yo quería que “mi rostro” como el de Jesús, “estuviera verdaderamente escondido y que nadie en la tierra me reconociese””. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 71rº)

ACERCARSE A MARÍA
“ Para que un niño pueda a su madre querer, debe ella compartir su llanto y sus dolores. (…) Contemplando tu vida según los Evangelios, ya me atrevo a mirarte y hasta a acercarme a ti; y me resulta fácil creer que soy tu hija, pues te veo mi igual en sufrir y morir…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Poesía 54, “Por qué te amo, María)

JESÚS LO COMPRENDE TODO
“Muchas veces, sólo el silencio es capaz de expresar mi oración, pero el huésped divino del Sagrario lo comprende todo, incluso el silencio del alma de una hija que está llena de gratitud…”
(carta nº138, a la señora de Guérin, 17 de noviembre de 1892)

PRACTICAR LA VIRTUD SIN GANAS
“¡Y pensar que, si Dios nos diese el universo entero con todos sus tesoros, eso no sería comparable con el más ligero sufrimiento! ¡Qué gracia tan grande cuando por la mañana nos sentimos sin ánimo y sin fuerzas para practicar la virtud! (…) En vez de perder el tiempo en reunir unas pocas pepitas de oro, extraemos diamantes…” (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº65, a Celina, 20 de octubre de 1888)

JUGUETITO DEL NIÑO JESÚS
“…me había ofrecido al Niño Jesús para ser su juguetito. Le había dicho que no me tratase como a uno de esos juguetes caros que los niños se contentar con mirar sin atreverse a tocarlos, sino como a una pelotita sin valor que pudiera tirar al suelo, o golpear con el pie, o agujerear, o dejarla en un rincón (…) en una palabra, quería divertir al Niño Jesús, agradarle (…) y Él había escuchado mi oración…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 64 rº)

A MERCED DEL VIENTO DE SU AMOR
“No me sorprende que no entiendas nada de lo que ocurre en tu alma. Un niño PEQUEÑO, completamente sólo en el mar, en una barca perdida en medio de las olas borrascosas (…) lo único que puede hacer es abandonarse y dejar flotar la vela a merced del viento…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Carta nº144, de Celina,23 de julio de 1893).

LA LLAMADA DE JESÚS
“Ese lugar era el Carmelo (…) la llamada divina era tan apremiante, que si hubiera tenido que pasar por entre las llamas, lo habría hecho por ser fiel a Jesús…”
(Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 49rº).

ESCOGER TODO LO QUE DIOS QUIERE
“Dios mío, yo lo escojo todo. No quiero ser santa a medias, no me asusta sufrir por ti, sólo me asusta una cosa: conservar mi voluntad. Tómala, ¡pues yo escojo todo lo que tú quieres…!”
(Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A ,10vº).

LA ORACIÓN NOS UNE A JESÚS
“La oración es… algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A 25rº-25vº).

SÓLO PARA ÉL
“Celina…la vida será corta, la eternidad sin fin…hagamos de nuestra vida un sacrificio continuado, un martirio de amor (…) El no quiere más que una mirada, un suspiro, ¡pero una mirada y un suspiro que sean sólo para él…! Que todos los instantes de nuestra vida sean sólo para él”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº96, a Celina, 15 de octubre de 1889).

ADORNAR EL CORAZÓN PARA JESÚS CON SACRIFICIOS
“…yo también quiero adornar el mío (el corazón) con todas las lindas flores que encuentre, para ofrecérselo al Niño Jesús el día de mi primera comunión; pues quiero (…) que el Niño Jesús se encuentre tan a gusto en mi corazón, que no piense ya en volverse al cielo…” (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº11, a sor Inés de Jesús, marzo de 1884)

CADA INSTANTE UN TESORO
“No miremos más que al instante presente… Un instante es un tesoro… Un solo acto de amor nos hará conocer mejor a Jesús… nos acercará a él por toda la eternidad…”
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº89, a Celina, 26 de abril de 1889)

JESÚS ENSEÑA
“Jesús no tiene necesidad de libros ni de doctores para instruir a las almas. El, el Doctor de doctores, enseña sin ruido de palabras…Yo nunca le he oído hablar, pero siento que está dentro de mí, y que me guía momento a momento, y me inspira lo que debo decir o hacer”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 83vº)

LA PROTECCIÓN MATERNA DE MARÍA
“Desde el primer instante de mi vida me tomaste, Señora, entre tus brazos; y desde el día aquel, Madre querida, me vienes protegiendo aquí abajo”.
(Santa Teresita del Niño Jesús, poesía nº 7, ”Canto de gratitud a la Virgen del Carmen”, estrofa 1ª).

ROGAD AL DUEÑO DE LA MIES…
“¡Qué gran misterio…!(…)¿Por qué dice Jesús: “Rogad al Señor de la mies que envíe trabajadores”? Y ¿Por qué…? ¡Ah!, es que Jesús siente por nosotras un amor tan incomprensible, que quiere que tengamos parte con él en la salvación de las almas. El no quiere hacer nada sin nosotras”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 135, a Celina, 15 de agosto de 1892)

LA VERDADERA POBREZA
“Una noche, después de Completas, busqué en vano nuestra lamparita (…) era tiempo de silencio riguroso, por lo que no podía reclamarla… Supuse que alguna hermana, creyendo coger su lámpara, había cogido la nuestra, que, por cierto, yo necesitaba mucho. En vez de disgustarme por verme privada de ella, me alegré mucho, pensando que la pobreza consiste en verse una privada, no sólo de las cosas superfluas, sino también de las indispensables.” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 74 rº-vº)

EL AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS
“Desde que se me ha concedido a mi también comprender el amor del corazón de Jesús, le confieso que él ha desterrado todo temor de mi corazón. El recuerdo de mis faltas me humilla y me lleva a no apoyarme nunca en mi propia fuerza, que no es más que debilidad; pero sobre todo, ese recuerdo me habla de misericordia y de amor”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº247, al abate Belliére, 21 de junio de 1897)

"Viendo de cerca a estas almas inocentes, comprendí la desgracia que supone el no formarlas bien desde su mismo despertar, cuando se asemejan a la cera blanda sobre la que se puede dejar grabada la huella de las virtudes, pero también la huella del mal... Comprendí lo que dijo Jesús en el Evangelio: 'Mejor sería ser arrojado al mar que escandalizar a uno solo de estos pequeños'. ¡Cuántas almas llegarían a la santidad si fuesen bien dirigidas!"
Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz (1873-1897). Virgen y Doctora de la Iglesia. (Historia de un alma).

Poesia 33

UNA ROSA DESHOJADA

Jesús, cuando te veo
que abandonas los brazos de tu Madre,
y tenido por ella,
ensayas,
vacilante,
por nuestra triste tierra
tus indecisos y primeros pasos,
yo quisiera ir delante
deshojando una rosa blanca y fresca,
y así tu piececito posaría
muy suave y dulcemente
sobre una flor.

La rosa deshojada,
¡oh mi Niño divino!,
es la más fiel imagen
del corazón que quiere a cada instante
por tu amor inmolarse enteramente.
Hay muchas rosas frescas
que gustan de brillar en tus altares
y se entregan a ti.
Mas yo anhelo otra cosa:
deshojarme...


La rosa en su esplendor
puede, mi Niño, embellecer tu fiesta.
A la rosa en deshoje se la olvida,
se la tira y arroja
al capricho del viento.
La rosa, deshojándose,
se entrega a cada instante
con ansia de no ser.
Como ella, quiero yo buscar mi dicha
dándome, mi Jesús, del todo a ti.


Se pasa sobre pétalos
de rosa deshojada,
y se pisan sin pena
.
Y esos muertos despojos
son un simple ornamento,
dispuestos al azar,
sin arte y sin estudio,
lo comprendo...

Yo prodigué mi vida,
prodigué mi futuro
por tu amor, ¡oh Jesús!
A los ojos profanos de los hombres,
como rosa marchita para siempre
un día moriré...


Mas moriré por ti, ¡oh Niño mío,
hermosura suprema!
¡Oh suerte venturosa!
Deshojándome quiero demostrarte
mi amor,
¡oh, mi tesoro...!


A zaga de tus pasos infantiles,
escondida vivir quiero aquí abajo.
Y aun suavizar quisiera
tus últimas pisadas
camino del Calvario...

GRATITUD
“Madrecita, ¿por qué será Jesús tan bueno conmigo? ¿Por qué no me riñe nunca…? ¡Si, verdaderamente es cómo para morir de gratitud y de amor!”
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº230, a la madre Inés de Jesús, 28 de mayo de 1897).

AMAR MUCHO A MARÍA Y ASÍ CONTENTARLE A JESÚS
“No temas amar demasiado a la Santísima Virgen, nunca la amarás lo suficiente, y Jesús estará muy contento, pues la Virgen es su Madre”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº92, a María Guérin, 30 de mayo de 1889)

EL HONOR MÁS GRANDE
“El sabe muy bien que los corazones a los que se dirige comprenden “que el honor más grande que Dios puede hacer a un alma, no es darle mucho sino pedirle mucho”".
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº172, a la señora de Guérin, 17 de noviembre de 1894)

DARLE A JESÚS ALMAS DE SACERDOTES
“Si, Celina, siento que Jesús nos pide a nosotras dos que apaguemos su sed dándole almas, almas de sacerdotes, sobre todo (…) Jesús quiere que la salvación de las almas dependa de nuestros sacrificios y de nuestro amor”.
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº96, a Celina, 15 de octubre de1889)

ABANDONARSE EN JESÚS
“Parece que mi peregrinación no quiere acabarse (…) me alegro de que Dios me permita sufrir un poco más por su amor. ¡Y qué dulce es abandonarse entre sus brazos, sin temores ni deseos!” (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº263, al abate Bellière del 10 de agosto de 1897)

EL CAMINO DEL AMOR
“¡Qué dulce es el camino del amor! Es cierto que se puede caer, que se pueden cometer infidelidades; pero el amor, haciéndolo todo de un sabor, consume con asombrosa rapidez todo lo que puede desagradar a Jesús. No dejando más que una paz humilde y profunda en el fondo del corazón…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 83 rº)

NO NEGARLE NADA A JESÚS, POR AMOR
…mi Director, que es Jesús, no me enseña a llevar la cuenta de mis actos, el me enseña a hacerlo todo por amor, a no negarle nada…”
(Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº142, a Celina, 6 de julio de 1893)

NUESTRO TESORO ES JESÚS
““Dónde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón”. Nuestro tesoro es Jesús”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº134, a Celina, 26 de abril de 1892)

BAJAR A LA POBREZA TOTAL PARA SER MORADA DE JESÚS
“Jesús nos dice que bajemos… ¿Adónde tenemos que bajar? (…) he ahí hasta dónde tenemos que bajar nosotras para poder servir de morada a Jesús: hacernos tan pobres que no tengamos donde reposar la cabeza”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº 137, a Celina, 19 de octubre de 1892)

ASI NOS AMA JESÚS
“Cuando veo a Magdalena adelantarse (…) y regar con sus lágrimas los pies de su Maestro adorado (…) siento que su corazón ha comprendido los abismos de amor y de misericordia del corazón de Jesús y que, por más pecadora que sea, ese corazón de amor está dispuesto, no sólo a perdonarla, sino incluso a prodigarle los favores de su intimidad divina y a elevarla hasta las cumbres más altas de la contemplación”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº247, al abate Belliére, 21 de junio de 1897)

LA VIRGEN NOS HA DADO DEL TODO A JESÚS
“A propósito de la Virgen Santísima (…) a veces me sorprendo diciéndole: ”Querida Virgen Santísima, me parece que yo soy más dichosa que tu, porque yo te tengo a ti por Madre, mientras que tu no tienes una Virgen Santísima a quien amar… Es cierto que tu eres la Madre de Jesús, pero ese Jesús nos lo has dado por entero a nosotros”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº137, a Celina 19 de octubre de 1892, 1vº)

MARÍA TE CUIDA
“La Santísima Virgen me hizo sentir que había sido realmente ella quien me había sonreído y curado. Comprendí que velaba por mi y que yo era su hija; y que, entonces, yo no podía darle ya otro nombre que el de “mamá”, que me parecía mucho más tierno que el de Madre…” (Santa Teresita del Niño Jesús, Manuscrito A, 56vº-57rº)

ENTREGAR EL CORAZÓN A JESÚS
“María, entrega todo tu corazón a Jesús. El tiene sed de él, está hambriento de él. Tu corazón, he aquí lo que el ambiciona, hasta el punto de que, por poseerlo, consiente en alojarse en un cuartucho sucio y oscuro…” (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº109, a María Guérin, 27 de Julio de 1890)

MIRAR EL LADO BUENO DE LAS COSAS
“Siempre miro el lado bueno de las cosas. Hay quienes se lo toman todo de la manera que más les hace sufrir. A mi me ocurre todo lo contrario”. (Santa Teresita del Niño Jesús, Últimas conversaciones, “Cuaderno amarillo”, 27.5.6)

SOMOS ALMAS PEQUEÑAS A LAS QUE DIOS TIENE QUE SOSTENER A CADA INSTANTE
“A veces comprobamos con sorpresa que estamos deseando lo que brilla. Entonces, coloquémonos humildemente entre los imperfectos, considerémonos “almas pequeñas” a las que Dios tiene que sostener a cada instante”. (Santa Teresita del Niño Jesús, carta nº243, a Sor Genoveva, 7 de Junio de 1897)

MARÍA ES NUESTRA MADRE
“Es cierto que ninguna vida humana está exenta de faltas, que sólo la Virgen Inmaculada se presenta absolutamente pura delante de la Majestad divina. ¡Y qué alegría pensar que esta Virgen es nuestra Madre! Puesto que ella nos ama y conoce nuestra debilidad, ¿qué podemos temer?” Santa Teresita del Niño Jesús (carta nº226 al P.Roulland 9 de Mayo de 1897)

Un día, mi Señor, como la Magdalena, quise verte de cerca, y me llegué hasta ti. Se abismó mi mirada por la inmensa llanura a cuyo Dueño y Rey yo iba buscando. Al ver la flor y el pájaro, el estrellado cielo y la onda pura, exclamé arrebatada: «Bella naturaleza, si en ti no veo a Dios, no serás para mí más que un sepulcro inmenso».



«Necesito encontrar un corazón que arda en llamas de ternura, que me preste su apoyo sin reserva, que me ame como soy, pequeña y débil, que todo lo ame en mí, y que no me abandone de noche ni de día».

No he podido encontrar ninguna criatura capaz de amarme siempre y de nunca morir. Yo necesito a un Dios que, como yo, se vista de mi misma y mi pobre naturaleza humana, que se haga hermano mío y que pueda sufrir.


Tú me escuchaste , amado Esposo mío, por cautivar mi corazón, te hiciste igual que yo, mortal, derramaste tu sangre, ¡oh supremo misterio!, y, por si fuera poco, sigues viviendo en el altar por mí. Y si el brillo no puedo contemplar de tu rostro ni tu voz escuchar, toda dulzura, puedo, ¡feliz de mí!, de tu gracia vivir, y descansar yo puedo en tu sagrado corazón, Dios mío.



¡ Corazón de Jesús, tesoro de ternura, tú eres mi dicha, mi única esperanza! Tú que supiste hechizar mi tierna juventud, quédate junto a mí hasta que llegue la última tarde de mi día aquí. Te entrego, mi Señor, mi vida entera, y tú ya conoces todos mis deseos. En tu tierna bondad, siempre infinita, quiero perderme toda, Corazón de Jesús.

Sé que nuestras justicias y todos nuestros méritos carecen de valor a tus divinos ojos. Para darles un precio, todos mis sacrificios echar quiero en tu inefable corazón de Dios no encontraste a tus ángeles sin mancha. En medio de relámpagos tú dictaste tu ley ¡Oh corazón sagrado, yo me escondo en tu seno y ya no tengo miedo, mi virtud eres tú.


Para poder un día contemplarte en tu gloria, antes hay que pasar por el fuego, lo sé. En cuanto a mi me toca, por purgatorio escojo tu amor consumidor, corazón de mi Dios.
Mi desterrada alma, al dejar esta vida, quisiera hacer un acto de purísimo amor, y luego, dirigiendo su vuelo hacia la patria, ¡entrar ya para siempre en tu corazón...!


Poema de Santa Teresita del Niño Jesús

Escrito el 21 de junio o de octubre de 1895